CAPÍTULO 14

BLANCA NAVIDAD

En un abrir y cerrar de ojos, los exámenes parciales ya se habían realizado. Aquello quería decir que las vacaciones de Navidad eran inminentes. Marian estaba bastante preocupada pues se acordaba perfectamente de la promesa que James le hizo a Sirius cuando estaban en primer curso: Pasar todos los años las Navidades con él. Ahora Marian era más consciente del grave problema que Sirius tenía con su familia, pero le fastidiaba mucho que su hermano se desviviera tanto por su mejor amigo. Durante los días previos a la partida, Marian no le comentó nada a James. Es más, viendo lo que pasó el año pasado, ninguno de sus respectivos amigos comentaron nada. El tiempo les daría todas las respuestas, como siempre.

¿Qué tal os ha ido chicas? – Lily estaba mirando su boletín de calificaciones provisional con expresión satisfactoria. Casi todo eran EXCELENTES.

Pues mejor de lo que me esperaba – comentó Alice mirando también su boletín.

¿Y tú Lauri?

Bueno, podrían haber sido mejores… - ambas chicas retiraron la mirada de sus boletines con preocupación – he tenido un SUPERA LAS EXPECTATIVAS en Pociones y otro en Cuidado de criaturas mágicas.

¡Bueno mujer! – suspiraron las dos – pensábamos que habías suspendido alguna.

¡Toma Mary! ¡McGonagall me ha dado tu boletín! – James sacudía el boletín de notas de su hermana, la cual bajaba a toda prisa por las escaleras del vestíbulo.

¡Trae! – James alzó el boletín para que su hermana tuviera que saltar – ¡Jo, Jimmy! ya estamos como siempre… - ante la imposibilidad de poder cogerlo, Marian se cruzó de brazos.

¿Cómo se dice? – preguntó James con un soniquete musical.

¡AHORA! – Marian estaba bastante nerviosa. De un salto inesperado, cogió el sobre y se fue corriendo con sus amigas. James se alzó de hombros.

¡TIENES CASI TODO EXCELENTES EMPOLLONA! – gritó. Al ver que su hermana no le hacía ni caso, se encaminó hacia donde estaban sus amigos - ¿Qué tal las notas chicos? – preguntó metiendo su boletín en el bolsillo de la túnica. Por supuesto, todas sus notas eran EXCELENTES menos en pociones, que sacó un SUPERA LAS EXPECTATIVAS.

Muy, pero que muy bien – dijo Remus con expresión satisfactoria extendiendo su boletín, que rápidamente cogió Sirius.

¡Guau! ¡EXCELENTES en todas las asignaturas! – exclamó el moreno – ¡Eres un lince!

Y eso que todos los meses se tiene que ir unos días.

Peter hizo aquel comentario de la forma más inocente del mundo. Remus bajó un poco la cabeza, pero enseguida se recompuso. Aquel gesto no le pasó inadvertido a Sirius y James los cuales, se miraban perspicazmente.

A mi tampoco me ha ido mal – dijo Sirius despreocupadamente doblando de cualquier forma el boletín.

Por supuesto, Sirius no había sacado nunca menos de un EXCELENTE en todas las asignaturas. En contra de lo que pensaba mucha gente, Sirius siempre presumía de cualquier cosa menos de sus notas. Nunca mostró el mayor interés por ellas pues sus padres nunca le felicitaban así que su motivación era casi nula.

Por cierto Sirius – James, aprovechando que Remus estaba consolando a Peter por haber suspendido defensa contra las artes oscuras, se acercó a Sirius – ¿Al final te vas a quedar en Hogwarts durante las vacaciones?

Pues… supongo que sí – Sirius intentaba que no se le notara la tremenda tristeza que le invadía en aquel momento – todo antes que pasar una navidad con mi familia – James se mordió el labio inferior pensando.

¡Vente a mi casa Sir! – exclamó empujando sin querer a Sirius, el cual perdió el equilibrio cayendo al suelo.

¡Au! – se lamentó mientras unos Hufflepuff que estaban cerca reían por la situación – pero qué dices Jimmy, ¿Estás loco? – dijo levantándose y arreglando su túnica – además, a la enana no le hará ni pizca de gracia.

Pero a mis padres seguro que no les importa. Es más, ¡estarán encantados de que vengas!

James estaba emocionadísimo, parecía que había descubierto el mundo lo que hizo que Sirius se lo pensara por un momento. La idea era tremendamente tentadora, pero como siempre, Marian Potter le echaba atrás.

No se Jimmy…

*****

Marian se despidió de sus amigas en la estación de King´s Cross. Luego echó un vistazo por todo el andén intentando divisar entre toda la gente, a su hermano o a sus padres.

¡Estamos aquí, Marian! – la señora Potter alzaba su mano entre la multitud.

¡Mamá! – exclamó la chica corriendo hacia sus padres los cuales rieron por la dificultad que tenía Marian en llevar su baúl.

Hola pequeña – cuando se reunió con ellos, su padre la estrujó en un fuerte abrazo alzándola un poco.

Hola cariño – su madre le dio otro apretón – ¿qué tal el viaje?

Muy bien, ya me despedí de mis amigas y…

Hola mamá, papá – James acababa de llegar.

Vaya James, te estuve buscando un rato – Marian se estaba quitando del zapato unos papeles que se le habían pegado.

Hola Señores Potter.

¡Black! – exclamó Marian alzando bruscamente la cabeza. Casi pierde el equilibrio si no es porque le había sujetado su hermano – ¡Y tú suéltame, traidor! – le espetó.

¡MARIAN JANE! – alzó la voz su madre – ¿Qué forma de hablar es esa? – Marian se cayó inmediatamente mirando de reojo a su hermano.

Hola Sirius, cielo – le recibió la señora Potter cambiando el tono radicalmente – Estamos Muy contentos de que vengas a casa ¿Qué tal el primer trimestre?

Sirius se quedó un poco conmocionado ante la reacción de Marian. En teoría ya se lo esperaba, pero nunca sabía por dónde podía salir la chica. Aún así, estaba muy agradecido a los señores Potter y haría todo lo que estuviera en sus manos para que estuvieran contentos con él.

Pues muy bien señora Potter – contestó el chico con la mejor de sus sonrisas – mejor de lo que esperaba.

Me alegro hijo – Sirius se estremeció al oír de una forma tan dulce la palabra "hijo" de los labios de Dorea Potter. – ayúdales con el equipaje, Charlus – ordenó a su marido.

Bueno chicos, vamos para casa – Charlus Potter cogió el equipaje de su hija, pues era el que más pesaba – oye Sirius, ¿Seguro que tus padres están de acuerdo en que pases las Navidades con nosotros? – Sirius le miró fijamente.

Siento decir, señor Potter, que seguro que sí.

Utilizaron la red Flú para llegar a la gran casa de los Potter. Llegaron de noche así que, casi sin deshacer las maletas, los chicos se fueron a dormir. Charlus y Dorea Potter se quedaron abajo charlando como de costumbre.

¿Crees que hemos hecho bien, querido? – preguntó Dorea sentándose en el sofá después de recoger los platos de la cena puesto que era el día libre de Mimi. Parecía un poco preocupada.

Yo creo que sí – contestó su marido – Sirius es un buen chico y no tiene la culpa de tener una familia tan…

¡Schh! baja la voz, que te pueden oír – le advirtió Dorea – Bueno, sea lo que sea, seguro que Sirius estará mucho mejor aquí que en su casa – Se quedaron en silencio durante unos segundos mirando cada uno a un punto de la sala – ¿Escribiste a Solitario comunicándole la situación?

Sí y espero su respuesta – Charlus tenía la vista perdida en algún punto del salón – si podemos impedir que alguien de esa familia no acabe siendo un Mortífago, estaría encantado de que Sirius viniera a vivir con nosotros. El chico no se merece esa familia – Dorea asintió sin vacilar.

Pero qué mal se lleva Marian con él ¿no? – la señora Potter decidió cambiar de tema. Charlus soltó una pequeña risa.

Parecen hermanos.

*****

Una gran nevada cayó aquella noche sobre el valle. Por la mañana, todo estaba cubierto por una espesa capa de la nieve más blanca que podía existir. Todo estaba quieto, pues aún era muy pronto. Marian se levantó como de costumbre, para ayudar a su madre y a Mimi con el desayuno. Bajó las escaleras que conducían a la cocina, pero no la encontró. Fue al salón y tampoco estaba allí. Luego a la sala de estar, a su habitación… nada, ni rastro de sus padres ni de Mimi, la elfina doméstica de los Potter. Al pasar cerca de la puerta trasera de la casa, oyó unos quejidos en el exterior.

¡Pero quita más nieve de ese lado Charlus, si no, no vamos a poder pasar! – era la señora Potter la que gritaba.

Lo intento, pero hay demasiada – replicaba Charlus con voz claramente molesta.

¿Mamá? – Marian vio por la ventana de la puerta, que estaba atrancada por la nieve. Había por lo menos un metro de nieve que le impedía salir de la casa – ¡MAMÁ! – sus padres no la oían desde fuera por los hechizos quitanieves.

¡JIMMY! – Marian corrió escaleras arriba para despertar a su hermano – ¡JIMMY, ESTAMOS ENCERRADOS! – entró sin llamar a su habitación como de costumbre y… - ¡POR MERLÍN BLACK! ¡TÁPATE!

Sirius se había despertado con los gritos de Marian y con el ruido de los hechizos de los señores Potter. No le había dado tiempo a ponerse los pantalones y Marian lo encontró en calzoncillos. La chica, avergonzada, se dio la vuelta enseguida.

¿No sabes llamar a la puerta, Potter? – Sirius estaba apuradísimo poniéndose los pantalones.

Estoy en mi casa, Black y hago lo que me da la gana – contestó la Gryffindor.

¿Pero qué gritos son esos, Marian? – James se acababa de despertar.

Estamos encerrados por la nieve – explicó ella, que estaba de espaldas tapándose también los ojos. Sirius esbozó una sonrisa pícara al ver a la chica roja como un tomate – papá y mamá están fuera quitándola, pero no se por dónde han salido.

¡¿QUÉ?! – exclamaron los dos chicos a la vez.

Para cuando bajaron, el señor Potter ya había conseguido quitar la nieve de la puerta trasera de la casa. Los chicos se enfundaron en sendos abrigos mágicos que mantenían un calor permanente y salieron a ayudar para quitar la nieve lo antes posible.

Nunca había visto tanta nieve… y tan blanca – Sirius miraba embobado el manto blanco que cubría toda la pradera.

Sí, pero todos los años tenemos esta misma cantinela – protestó James quitando nieve con una pala, ya que ellos no podían hacer magia fuera de la escuela – aún así, nuestro "Paraíso Salvaje" es único ¿Verdad, enana?

Marian quitaba nieve sin parar. Aún estaba un poco avergonzada por haber visto a Sirius en paños menores porque, al fin y al cabo, aunque fuera el amigo de su hermano, no dejaba de ser una persona de fuera. Ella había visto muchas veces a James de esa guisa, pero claro, era su hermano y la cosa cambiaba.

Venga chicos, menos charla – dijo el señor Potter haciendo que Marian soltara una risita malvada. James y Sirius se pusieron a quitar más nieve enseguida pues notaban que Charlus estaba un tanto irritado con tanta orden de su mujer.

¿Qué tal te fueron las notas, Coletas? – preguntó Sirius mientras seguía quitando nieve. Marian frunció el ceño.

Como me vuelvas a llamar Coletas… - se irguió para echarle una buena reprimenda y una gran bola de nieve fue a topar en su cara.

¡Muy buena, Jimmy! – Exclamó Sirius, el cual iba a hacer la misma broma a Marian, pero James se le adelantó. Marian, al ver que James y Sirius se mofaban de ella y que este último tenía una bola de nieve en la mano.

¡OS VAIS A ENTERAR! – gritó Marian furiosa.

Ahora seguro que va a chivarse a mamá, como siempre. No sabe aguantar una… ¡PLAF!

¿Que no se el qué? – preguntó Marian con otra bola ya en la mano. Sirius reía… ¡PLAF! – ¡Y tú no te rías tanto! – la bola de nieve le había despeinado por completo.

¡Te la has ganado! – gritaron los dos amigos.

En un abrir y cerrar de ojos, James y Sirius estaban construyendo una trinchera, al igual que lo hacía Marian por el otro lado. Eran dos contra una pero eso a ella no le importaba, nunca le importó en realidad. Los chicos se defendían más que atacaban, pues, no se sabe cómo, Marian siempre tenía bolas de nieve preparadas ¿Pero cómo puede hacer todo a la vez? se preguntaba James Sí, sí… muchas bola de nieve pero de su trinchera no sale… pensaba Sirius con una sonrisa maliciosa. En aquel momento, las bolas dejaron de atacarles y los pensamientos de Sirius, se vieron frustrados cuando Marian apareció en su trinchera y les asestó a los dos atontados Gryffindor unos buenos bolazos en la cara. Luego se fue corriendo hacia algún lugar, riendo como una auténtica bruja.

¡MARIAN! – exclamó James – ¡Me las vas a pagar! – en cuanto se quitó la nieve de la cara, vio que Sirius no estaba allí – ¡Sir!

¡Ven aquí, Coletas! – gritaba el moreno mientras escudriñaba entre la nieve de la pradera. Aguzó el oído y oyó que algo se movía. Visualizó el sitio cerrando los ojos y…

¡AU! – se quejó Marian, que fue descubierta por Sirius. Este se tiró encima recibiendo antes una enrome bola de Marian la cual le dio tiempo de tirársela a la cara. Empezaron a forcejear retorciéndose en el suelo blanco.

¡Sabes que soy más fuerte que tú, Potter! – decía Sirius parando los golpes de la chica.

¡Me da igual, Black! – contestó ella forcejeando más.

¿A sí? – Sirius decidió pasar a un plan menos agresivo, pues seguramente que en algún momento no podría controlar su fuerza y la haría daño. Marian empezó a reírse a más no poder.

¡Sirius! – exclamó James – ¿Le has lanzado un rictusempra? – preguntó algo preocupado, pues su hermana no paraba de reír.

¡Qué va! ¿Te unes? – le estaba haciendo cosquillas y James, ni corto ni perezoso empezó a colaborar también con la tortura de su hermana.

¿Pero aún estáis aquí? ¡Y sin hacer nada! – Los gritos del señor Potter acabaron con la diversión – Venga chicos, dejad a Marian y a trabajar, que aún queda bastante nieve por quitar.

Ya hacia el medio día, habían quitado gran parte de la nieve. Algunos vecinos del valle vinieron a ayudarles también. Su casa era la más apartada del pueblo, por lo tanto, se habían quedado incomunicados. Finalmente, invitaron a todos a comer después de una dura mañana de trabajo. Marian, James y Sirius tenían la cara roja por el frío y corrieron a la chimenea a calentarse mientras sus padres atendían a los vecinos y charlaban con ellos. Había sido una mañana divertida.