CAPÍTULO 15

CARTAS Y REGALOS

La señora Potter preparó junto con Mimi, la elfina doméstica de los Potter, una cena de Navidad riquísima. Ella, Mimi y Marian habían estado toda la tarde cocinando mientras los hombres de la casa terminaban por decorar el exterior sin más magia que sus manos. Los señores Potter, intentaban utilizar la varita lo menos posible cuando sus hijos estaban en casa para no incitarles ya que ellos al ser menores de edad, no podían hacer magia fuera de la escuela.

Pasaron una velada de Nochebuena estupenda. El pavo a la naranja de la señora Potter, estaba para chuparse los dedos y el postre de tarta de milhojas con tejas de chocolate de Mimi fue toda una delicia.

¡Bueno! – El señor Potter se recostó en el respaldo de la silla con la mano en la tripa – vamos al salón a leer las felicitaciones de Navidad.

¿Felicitaciones de Navidad? – preguntó Sirius aún con un trozo de tarta en la boca.

Sí, Black – contestó Marian – durante toda la tarde han estado llegado lechuzas con felicitaciones de Navidad ¿Es que no te has dado cuenta? – Sirius entornó los ojos mientras intentaba tragar mientras Marian le sacaba la lengua.

Las nuestras las enviamos mañana – dijo James para completar la explicación y evitar que Sirius y Marian comenzaran a discutir.

Sirius se sorprendió muchísimo por aquello. En su casa, casi nunca llegaban lechuzas con felicitaciones de Navidad. Simplemente venían sus tíos con sus primas a cenar y se iban sin cantar ni un triste villancico. Su madre nunca cocinaba, pues para eso tenían toda una legión de elfos domésticos a su servicio. Las Navidades en su casa siempre eran frías y distantes, muy al contrario que en casa de los Potter.

¡Mirad! – James señalaba hacia la ventana en la cual, había una lechuza blanca preciosa y majestuosa. Era tan blanca, que se confundía con la nieve – yo quiero una lechuza así – dijo con tono soñador.

Ábrele papá – pidió Marian. El señor Potter miró a su mujer con duda. James se dio cuenta, pero no dijo nada – ¿A qué esperas papá? – volvió a reiterar la morena impacientándose.

Charlus Potter abrió la ventana y la lechuza entró volando por todo el salón con dos cartas atadas en sus patas. El señor Potter las miró detenidamente y se dispuso a mezclarlas en el montón que había encima de una mesita que había en el recibidor. Realmente, solo metió en el montón una carta. La otra se la guardó en el bolsillo aprovechando que los chicos estaban ayudando a recoger la mesa a la Señora Potter, la cual miraba de reojo a su marido. James, que desde hacía un año estaba muy atento a aquellas extrañas actitudes de sus padres, se dio cuenta del gesto de su padre cuando guardó la carta en bolsillo derecho de su chaqueta de terciopelo azul marino. Luego miró instintivamente a su madre, la cual observaba a Marian, que discutía nuevamente con Sirius, con semblante serio para luego cruzarse con la mirada inquisitiva de su hijo mayor. James decidió que aquel momento no era el adecuado para hacer preguntas.

Me parece que esa era la última felicitación, querido – dijo Dorea para desviar lo antes posible la incertidumbre en los ojos de su hijo.

¡El pelo no, coletas! – por otro lado, Sirius intentaba zafarse de Marian, la cual lo perseguía por toda la casa con la mano en alto.

¡Es que vas demasiado peinado, Sirius! – la risa de Marian se oía por toda la casa.

En aquel momento, Sirius paró en seco su carrera como siempre le pasaba cuando Marian le llamaba por su nombre, lo que permitió a la pequeña de los Potter alcanzarlo, cayendo ambos al suelo.

James y los señores Potter miraban la escena desternillados de la risa mientras Marian, desde el suelo, se retorcía como una croqueta por culpa del ataque de risa. Sirius, el cual se estaba levantando del suelo con cierto bochorno en la cara, no pudo evitar sonreír finalmente ante la risa contagiosa de Marian. Y, tal y como haría James con su hermana, Sirius volvió a tirarse al suelo para hacerle cosquillas a Marian.

Vale ya chicos, que os vais a hacer daño… ¡James, quieto! – James se paró en seco a medio camino entre sus padres y Marian y Sirius, pues iba decidido a unirse a la broma.

Venga, ¡vamos a abrir las felicitaciones! – el señor Potter había recobrado su tono jovial de siempre.

¡Seguro que las chicas me han escrito! – exclamó Marian sentándose de un salto en el sillón.

Marian, que esto no es un parque de atracciones - le reprendió su madre. James y Sirius le sacaron la lengua ¿Serán tontos? pensó la chica entrecerrando los ojos.

Hazme un hueco, enana – pidió James apartando a su hermana sin mucha dificultad. Sirius se sentó a su lado.

Bien – comenzó el señor Potter – ¿Quien quiere abrir la primera? – James y Marian levantaron el brazo efusivamente pidiendo ser los primeros. Sirius se volvió a extrañar.

¿No abre cada uno las suyas? – preguntó a James en voz baja.

¡No! Abrimos las cartas de todos – James forcejeaba con su hermana para que no levantara la mano y ser él el primero.

¡Ay, Jimmy! ¡Quita! – Marian intentaba escabullirse de su hermano. El señor Potter, viendo la actitud de sus hijos decidió tirar por la calle de en medio.

¿Haces los honores, Sirius?

Los ojos de Sirius en aquel momento parecían los de un sapo. Marian y James bajaron las manos mirando extrañamente a su padre, pero pronto James se dio cuenta de las intenciones de éste.

¡Claro, ábrela tú, Sir! – le animó dándole él mismo la primera felicitación. Marian cruzó los brazos soltando un bufido Siempre tiene que ser el primero en todo… ¡SIEMPRE ES ÉL! pensaba enfurruñada.

La señora Potter acababan de sentarse en el sofá de enfrente junto a su marido y Mimi lo hacía en su Puff. Sirius, muy sorprendido por todo aquello, hizo caso de la petición del señor Potter y de su amigo y se dispuso a abrir la carta.

¡Feliz Navidad!

Esperamos que paséis una feliz noche y que se haya solucionado el problema de la nieve. Marian, James, ya sabéis que papá Noël pasa también por casa de los abuelos así que le pediremos que os deje vuestros regalos en el valle de Godric. Por cierto, sabemos que el joven Black está también con vosotros. Que no se olvide de coger el suyo también.

Os queremos mucho

Abuelo y abuela

Sirius tuvo que hacer tremendos esfuerzos porque las lágrimas que peleaban por salir de sus ojos, no lo hicieran. Se quedó por unos segundos mirando la carta. Sus abuelos nunca le escribían y cuando lo hacían, era para soltarle el mismo rollo de siempre, la importancia de la pureza de sangre. Viendo la reacción del chico, a Marian se le pasó el enfado. Bueno… solo por esta vez… lo dejaremos pasar pensó.

¡Los abuelos nos siguen tratando como si fuéramos bebés! – protestó James mientras cogía otra carta.

¡Me tocaba a mí, Jimmy! – se quejó nuevamente Marian. Por culpa de estar pensando en Sirius, su hermano se le adelantó. James cogió otra carta y la abrió.

Querida Marian

Deseo de todo corazón que pases una feliz navidad junto con tu familia. Mis padres también mandan recuerdos. Por cierto, te he mandado un regalo, pero mi lechuza está aún un poco despistada porque es nueva así que supongo que tardará un poquito en llegar. ¡Ah! No te olvides del trabajo para DCAO.

¡Un Abrazo enorme!

Lily Evans

Esta Evans, siempre pensando en los trabajos, los exámenes… ¡tonterías! ¿Ni siquiera puede dejar de comentar nada acerca de los estudios en una simple felicitación Navideña? – protestó James dejando la carta en la mesa con cierto aire de desprecio.

Estás celoso, Jimmy – le espetó su hermana con un soniquete irritante – Lily es mucho más inteligente y responsable que tú y eso te fastidia.

Acabas de decir la gran tontería de las vacaciones, Marian Jane Potter – James le dio un caponcito.

Vale ya, chicos - dijo el Señor Potter poniendo orden.

¡Me toca! – esta vez era Marian la que cogía un sobre.

¡Feliz Navidad chicos!

Espero que estéis pasando una buenas vacaciones y que no enredéis mucho con… ya sabéis qué. Yo tardaré en incorporarme a las clases unos días así que no os preocupéis. ¡ Mañana hay regalos!

Un Saludo y recuerdos también a Marian

Remus J. Lupin

¡Qué majo! – Marian dio un pequeño saltito en el sofá mientras James le quitaba la carta.

¿Remus te ha mandado recuerdos? – James y Sirius observaron de cerca el pergamino – ¡Se está pasando al otro bando! – exclamó.

Remus es una persona normal… y no como vosotros dos, que sois una panda de gamberros – los señores Potter miraron a ambos chicos con la ceja alzada y ellos, pusieron cara de angelitos – ¿Qué es eso que estáis tramando? – preguntó Marian acerca de lo que escribió Remus. Ellos se miraron mutuamente.

Nada, nada…

Leyeron las felicitaciones de los tíos y primos de James y Marian, las de Alice, Neville y Laura, la de Peter y las de Frank y Seamus. Ya solo quedaban dos felicitaciones en la mesa. Una era la típica felicitación de Hogwarts que escribía Dumbledore todos los años y otra la acababa de coger James empujando a su hermana para que no la cogiera.

¡Me tienes harta, Jimmy! – Marian volvió a cruzarse de brazos.

¿Pero es que ningún año vamos a abrir las cartas en paz? – preguntó al aire la señora Potter. Sirius se limitó a sonreír por la escena de ambos hermanos. Cómo les envidio… pensaba mientras se acercaba a James para ver la carta. Este, la abrió.

Feliz Navidad

Espero que en estas vacaciones entrenéis duro para que podamos lucir una hermosa copa de ganadores del campeonato de Quidditch en la sala de trofeos. ¡Tenemos que hacer historia!

Un Saludo

Tom Cullen

P.D: Recuerdos a Marian.

¡Wow! – se sorprendió james – no sabía que el capitán mandara felicitaciones de Navidad.

Tom es muy majo – volvió a comentar Marian releyendo la carta.

A ti todos te parecen majos menos nosotros, Potter – el tono de Sirius era un tanto molesto ¿Pero cómo hace Marian para ser el centro de atención siempre? ¡Si hasta el capitán le manda saludos!.

¡Piérdete, Black! – exclamó ella.

Un momento – James le quitó la carta a su hermana. Había otra pegada muy sutilmente a la de Tom – Aquí dice: Para Marian Potter. Marian la cogió enseguida y la leyó rápido en silencio. Su cara se tornó roja.

Léela en alto, cariño – le animó su padre curioso por saber que era lo que había hecho que su hija pareciera un pimiento morrón.

Eee… nnn… no – Marian no sabía cómo salir del apuro.

Estas obligada, enana – dijo James – la leeré yo – el moreno le quito la carta a su hermana y esta se quedó inmóvil.

Feliz Navidad, "chica inteligente de Gryffindor"

Ethan Cullen

Marian cogió un cojín del sofá y se lo puso en la cara muerta de vergüenza. Sus padres, la miraron divertidos. James se quedó mudo sin creer que el hermano de Tom le escribiera una felicitación, si podía llamarse así, a su hermana y Sirius… la cara de Sirius era un poema en aquel momento.

¿Tan bien te llevas con el hermano de Tom? – preguntó James releyendo la carta.

Parece ser que sí – dijo cortantemente Sirius. Lo de Tom vale, pero esto… ¡Esto ya es pasarse! Encima el muy imbécil va a cuarto… será…

Marian no dijo nada pues estaba roja como un tomate. Una vez que terminaron de leer todas las cartas, se fueron a dormir. Para Sirius, había sido una noche muy especial. Por primera vez pasó una Nochebuena en un ambiente familiar, sin discursos absurdas sobre la pureza de sangre, sin protocolo ni cortesías… sin frialdad.

*****

¡YA ES NAVIDAD!

James y Sirius oyeron unos gritos en el pasillo y se levantaron rápido de la cama. Marian ya estaba impaciente esperando en lo alto de las escaleras a los chicos para bajar todos juntos pues los hermanos Potter tenían aquella costumbre. Una vez que llegaron Sirius y James, bajaron los tres en tropel encontrándose un montón de regalos al pie del gran árbol de Navidad que había en el salón.

¡¿A qué esperamos?! – gritó James a su hermana y a su amigo.

¡VAMOS!

Los señores Potter bajaron enseguida al oír el estruendo que habían formado los chicos. Estos, ya estaban tirados en la alfombra esperándoles. James y Marian tenían un regalo cada uno en la mano esperando a ser abierto.

¿Podemos abrirlos ya papá? – preguntó Marian impaciente.

¡Al ataque! – gritó el padre sentándose con ellos en el suelo. La señora Potter lo hizo en un sillón.

Sirius y James regalaron a Marian tres ositos de peluche iguales a los que le habían roto en verano. Sus padres, le regalaron una cámara de fotos entre muchos otros regalos. Marian regaló a James una snitch en miniatura para coleccionistas y Sirius un poster firmado por el equipo de la selección Francesa de Quidditch Los Quiberon Quafflepunchers. Lo había conseguido el verano pasado durante su visita a Francia. La señora Potter, tejió jerseys para todos, incluido su marido y Sirius. Los jerseys eran de colores llamativos y llevaban un reno bordado y la señora Potter les obligó a ponérselos durante todo el día. Los hombres de la casa hicieron algún que otro gesto de resistencia, pero Marian se enfundó el jersey muy rápido y le dio un enorme beso a su madre.

Sois unos desagradecidos – se quejó la señora Potter mientras su hija la abrazaba.

No es eso, cariño… - Charlus intentaba disculparse sin mucho éxito.

Jo mamá, son bonitos pero… - James no sabía por dónde salir tampoco.

Pues a mí me parece un jersey precioso – dijo Sirius bajo el asombro de James, el cual le miró abriendo la boca. ¡Pero qué dice este! pensó.

Seguro que no tienes valor para ponértelo en el colegio – cizañeó Marian consciente de que Sirius Black nunca se pondría un jersey con un reno bordado en Hogwarts.

¿Qué te apuestas? – amenazó. Marian se acordó de la última apuesta que hicieron y denegó la propuesta ¡Tiene una suerte impresionante! se quejó para sus adentros. miedica… pensó Sirius a su vez.

¿Qué es eso que hay detrás del sofá? – preguntó el señor Potter guiñando un ojo a su esposa – parecen como palos ¿no?... ir a ver chicos – James y Sirius se acercaron.

¡¡¡NO PUEDE SER!!! – gritó James

¡¡¡MADRE MIA!!! – gritó Sirius

¡¡¡DOS ESCOBAS ESTRELLA FUGAZ!!! – gritaron los dos.

¡¡HALA!! ¡¡QUÉ MORRO!! – se quejó Marian observando de cerca las escobas.

La escoba voladora Estrella fugaz era la última que había salido al mercado. Estaba fabricada por Arkie Alderton, que era el mejor fabricante de escobas que había en aquel momento. Era la más rápida y aerodinámica, pero la más cara también. Los padres de James y Marian se lo podían permitir, ya que poseían una buena fortuna. Sirius no podía creer lo que estaba pasando pues a él nunca le habrían regalado una escoba voladora perteneciendo al equipo de Quidditch de Gryffindor.

¡Muchas gracias papis! – James se tiró encima de su madre al igual que lo había hecho antes marian. Luego hizo lo mismo con su padre.

Claro, claro… tú les das abrazos a mamá y a papá cuando te regalan lo que quieres… – Marian decía eso mientras observaba la escena agarrada a uno de sus ositos de peluche.

No te quejes enana, que a ti te han regalado una cámara de fotos – contestó James.

Muchas gracias señores Potter, pero yo no… - Sirius no sabía qué decir. Tenía sujeta su nueva Estrella Fugaz como si la vida le fuera en ello, pero le daba la sensación de que esa escoba no era suya.

… claro que puedes aceptarla Sirius – dijo tajantemente Dorea Potter – es nuestra ilusión que ambos tengáis una buena escoba para poder jugar – Sirius, sin previo aviso, le dio un abrazo a la Señora Potter.

Todos en la sala enmudecieron. Hasta ahora, Sirius nunca había dado muestras de cariño físico en aquella casa. Siempre era cariñoso en palabras y muy educado, pero no lo demostraba abiertamente. Para cuando Sirius dejó de abrazar a la señora Potter, Marian sintió que se le había saltado una lágrima rebelde así que se la secó enseguida y nadie se enteró. Desde aquel momento, ya nunca más le importó compartir a sus padres con Sirius Black.

¡Foto! – gritó James, el cual le había robado la cámara a su hermana.

¡Jimmy, que la cámara es mía! – se quejó Marian.

James colocó la cámara en el alfeizar de la gran chimenea para disparar el automático y que así pudieran salir todos. Sirius y James posaron con sus Estrellas Fugaces nuevas y Marian cogió uno de sus ositos. James y Sirius se cogieron por los hombros mientras con la otra mano enseñaban sus maravillosas escobas nuevas y Marian se colocó delante de sus padres. Una foto para el recuerdo.

Parece que aquí queda otro regalo – dijo James cogiéndolo – es para ti, Sir.

¿Para mí? – Sirius, aun un poco compungido pero con una sonrisa flamante, abrió el regalo. Marian se levantó del sofá y comenzó a mirar por la ventana.

¿Una pelota? – James no daba crédito. Sirius acababa de desenvolver una pelota mediana de goma – esto es de la enana, seguro.

Sirius, con la pelota en la mano, no hacía más que mirar a marian, pero todo el interés de la niña en aquel momento, recaía en lo que había fuera de la casa. Quizá James no cayera en la cuenta de lo que significaba una simple pelota de goma, pero él lo sabía muy bien. Fue a darle las gracias a Marian cuando unos aullidos juguetones y divertidos sonaron fuerte fuera de la casa. Marian le miró de repente y le guiñó un ojo.

¡Vamos a estrenar la pelota, Black! – Marian se puso su abrigo y salió fuera.

¿Hocicos? – exclamó Sirius poniéndose también el abrigo.

¡Ah vale! ¡El perro! – exclamó James cansinamente mientras se disponía a salir también.

El día de Navidad lo pasaron jugando con Hocicos y volando sin descanso por los alrededores de la zona. Marian, como no tenía escoba, volaba con su hermano. Sirius estuvo bastantes veces a punto de ofrecerle que volara con él pero enseguida desechaba la idea pues, ¿Quién era él para pedirle a la hermana de su amigo que montara con él en su escoba?