IMPORTANTE
Lo primero es deciros que se me olvido publicar el capitulo " El Partido" ha sido un fallo garrafal pero si lo quereis leer, ya esta a vuestra disposicion.
Siento mucho el fallo de las letras. El motivo es que mi ordenador se come las tildes y por eso sale asi. Ya lo he solucionado y os pediria por favor que los volvierais a leer para enteraros bien de la historia porque los capitulos molan mucho y hay muchisimos detalles en ellos como para que pasen desapercibidos porque, en esta historia, no hay nada por azar ;D
¡Un Abrazo a todas y muchas gracias por la espera!
CAPÍTULO 16
EL ARTE DE LEVITAR
Las vacaciones de Navidad pasaron muy rápido y los chicos pronto tuvieron que volver a hacer su baúl para volver al colegio. Los señores Potter ya estaban esperando abajo con impaciencia.
¡Vamos chicos, que no llegamos a tiempo! – se quejaba la señora Potter al ver aparecer a Sirius y a James cargados como mulas.
¡Pero si aún falta la enana! – protestó James.
Pues por quejarte, te ha tocado subir a por ella – dijo el señor Potter mirando el reloj con nerviosismo. James estaba apurado dejando las cosas.
No te preocupes, ya voy yo- dijo Sirius.
Una vez que James vio que Sirius se alejaba subiendo las escaleras, dejó las cosas en el suelo y miró con severidad a sus padres los cuales estaban muy asombrados por la actitud de su primogénito.
¿Quién es "Solitario"? – preguntó serio y directo. Su madre miró instintivamente a Charlus Potter con preocupación.
¿Cómo has sabido…? - balbuceó su padre.
Detrás de la felicitación de Dumbledore había otra carta y vi cómo te la guardabas en el bolsillo – James hablaba con serenidad – quiero saber quién es "Solitario".
Te prometemos que este verano lo sabrás todo, James – dijo la señora Potter sin perder la paciencia aunque estaba bastante nerviosa.
Eso me decís siempre y nunca ocurre – James se refería a hace casi dos años, cuando encontró por casualidad unos documentos que hablaban sobre una organización mágica.
Te lo prometemos, James – esta vez fue su padre quien miró directamente a su hijo a los ojos – antes de que venga Sirius de vacaciones tendremos una charla – James dudó un poco.
Pero tienes que prometer que no vas a decirle ni una palabra a Marian de esto – James torció el gesto – es pequeña aún, James – aquellas palabras convencieron a James, pues le encantaba sentirse el hermano mayor.
Vale, pero en su momento también se lo tendréis que contar a ella también ¿lo prometéis? – los señores Potter asintieron esbozando una sonrisa al ver cómo James defendía los derechos de su hermana.
Sirius subió a la habitación de Marian y tocó la puerta. Nadie contestó así que decidió entrar despacio y con los ojos cerrados ¡Me siento estúpido! pensó para sí y automáticamente abrió los ojos. Aparentemente seguía sin haber nadie.
¿Coletas? – volvió a llamar – Te estamos esperando abajo – nuevamente, el silencio reinaba Estará en otro lado pensó encogiéndose de hombros. Se disponía a bajar al salón, cuando su mirada se topó con un Marco colgado en la pared encima del escritorio. Se acercó poco a poco, lo observó y sonrió satisfactoriamente. ¡Me quedó genial!
Muchas gracias por el dibujo, Black… - una voz sonó detrás de él. Pegó un brinco y se dio la vuelta.
¡Potter! Qué susto, ¿Dónde estabas? – preguntó mirando a todos lados sin saber si hablaba con un fantasma o con la hermana de su amigo.
Pues en el cuarto de baño de mi habitación – Sirius recorrió con su vista todas las paredes de la estancia y no encontró ninguna puerta. Marian, sabiendo lo que Sirius estaba buscando, sonrió - La puerta es invisible Black – él arqueó una ceja incrédulo y ella sonrió – Bueno, da igual. Lo que quería decirte era que el dibujo me…
¡SIRIUS ORION BLACK Y MARIAN JANE POTTER, BAJAD AHORA MISMO!
¡Por Merlín! Aquella estruendosa voz de la señora Potter imponía, así que Sirius cogió precipitadamente el baúl de Marian y ella lo demás para bajar corriendo. ¿Orión? ¡Qué nombre más absurdo! Seguro que ni sabe lo que es pensó Marian. Cuando llegaron al andén 9 y ¾, el expreso de Hogwarts estaba a punto de salir.
*****
Hogwarts volvía a estar repleto de alumnos y un enorme bullicio en todo el castillo era prueba de ello. Todos presumían de sus regalos de navidad, pero algunos más que otros, como era el caso de James y Sirius. Todo el mundo quería contemplar de cerca sus nuevas Estrellas Fugaces. Peter las miraba embelesado, al igual que muchos otros alumnos Gryffindor, cosa que contribuyó a aumentar el ego que de por sí ya tenían ambos chicos. Los alumnos de las demás casas los miraban con envidia, en particular, los jugadores de los otros equipos que veían en aquellas escobas, unas serias competidoras.
Míradlos, están como pavos reales – parloteó Marian mientras se peinaba su habitual coleta – llevan todas la vacaciones así.
Ya, ya… ¿Qué tal las vacaciones con Black? – preguntó Laura mirando la escena al igual que las demás.
Pues si te soy sincera, mejor de lo que creía – contestó Marian colocándose los pelos más cortos detrás de las orejas – me parece que estos muros le afectan bastante al cerebro – todas la miraron extrañadas.
¿Como? – dijeron a la vez.
¡Hola chicas! – Stella acababa de aparecer detrás de ellas – ¿Qué tal las vacaciones?
¡Hola Stella! – saludaron todas. Lily, Laura y Alice ya le habían cogido más cariño a Stella.
Pues muy bien, papá Noel se ha portado genial este año – comentó Alice enseñando su reloj nuevo.
¿A ti que te han regalado, Mary? – preguntó Lily.
¿Te acuerdas de la gamberrada que me hicieron Black y mi hermano este verano con mis ositos de peluche, Al? – Alice afirmó con la cabeza – pues me han regalado otros a modo de disculpa o algo así.
Oh… - ironizó Lily – qué tiernos… - Marian le sacó la lengua.
También me regalaron esta cámara de fotos – Marian enseñaba orgullosa el aparato que se parecía más a una cámara muggle de principios de siglo que a otra cosa - ¡Foto! – colocó la cámara en las manos de una estatua del vestíbulo y todas se posicionaron mostrando su mejor sonrisa.
Al día siguiente, comenzaron de nuevo las clases. La primera de segundo curso era Transformaciones, la cual se solapaba en quince minutos con Encantamientos de tercero. Marian estaba agobiadísima. Corría y corría por los pasillos del colegio para llegar puntual a transformaciones ya que se le habían pegado las sábanas. Al fin, consiguió entrar contorsionándose un poco antes de que la profesora cerrara la puerta del todo con su varita, lo cual hizo que varios compañeros se rieran por lo bajo. Marian bajó la cabeza y se sentó todo lo deprisa que pudo al lado de Neville roja de vergüenza.
¿Qué te ha pasado? – preguntó éste en cuanto ella sacó sus cosas de la mochila.
Que me he quedado dormida y como las chicas no tienen clase hasta segunda hora…
¡SILENCIO! – ordenó la profesora McGonagall. Marian y Neville dieron un brinco en el sitio y rápidamente pegaron las narices en su libro de transformaciones.
Aquel día aprendieron cómo convertir una rana en un tintero de cristal. A Marian le parecía bastante absurdo, ya que creía que aquello no le serviría para nada en el futuro. Lo suyo eran los hechizos y defensa contra las artes oscuras. Aún así, fue la primera en toda la clase que consiguió convertir la rana en un tintero de cristal. Aunque, todo hay que decirlo, fue al segundo intento. La profesora McGonagall se mostró muy satisfecha con el trabajo de Marian lo que hizo que ganara 20 puntos para su casa.
Después de que Neville y Marian sudaran la gota gorda para que al chico le saliera bien la transformación, la profesora McGonagall les mandó un trabajo de treinta centímetros de pergamino sobre los objetos más propicios para una buena transformación en cristal, sin contar con un tintero. A Marian le tocó hacerlo con una chica de Ravenclaw de cuyo nombre no se acordaba.
Corriendo a más no poder, consiguió llegar a clase de Encantamientos aunque esta vez quince minutos tarde. Se moría de vergüenza cada vez que entraba en el aula, porque siempre llegaba tarde y todos los alumnos le clavaban la mirada desde la puerta hasta que se sentaba en el banco de madera. Aunque el profesor Flitwick lo sabía y consentía, ella estaba muy apurada así que sus amigas le hicieron hueco en su banco rápidamente.
¿Tu hermana siempre va a llegar tarde? – preguntó Peter por lo bajo a James.
Es que se le solapan las clases – explicó el moreno mirando a su hermana – no se cómo puede con todo…
¡Porques es una masoca! – espetó Sirius más alto de lo que debiera.
¿Quien es una masoca, Señor Black? – el profesor, que estaba de pie encima de un montón de viejos libros, se había girado hacia ellos. Su cara no era de broma precisamente. Sirius se encogió de hombros sin decir ni una palabra y el profesor siguió con la clase no sin antes resolpar – vale, os mandé de deberes practicar el hechizo Wingardium Leviosa, ¿no es así?
Todos los alumnos palidecieron en aquel momento. El hechizo no era fácil, ya que ahora tenían que levantar cosas más pesadas. En primero solo tuvieron que elevar una pluma, pero ahora tenían que realizar el hechizo sobre objetos como un libro pesado o una mochila cargada de cosas. Y cada año se complicaba más – vamos a ver… ¿Alguien se presenta voluntario? – preguntó el profesor mirando a los pálidos alumnos que de repente habían encontrado un gran interés en las mesas y en las paredes de la clase. Lily, levantó la mano.
Ya está la lista de la clase exhibiéndose - susurró James a Sirius haciendo que este tuviera que taparse la boca para no soltar una carcajada.
Pues es la que más puntos consigue en las clases para Gryffindor – Remus no entendía a sus amigos pues a ellos les encantaba exhibirse en cualquier momento. Definitivamente, eran unos hipócritas.
Te estas convirtiendo en un fuerte aliado del enemigo, Rem - James le miró con los ojos entornados y Remus resopló.
¡Bien, señorita Evans! – dijo el profesor efusivamente ante su mejor alumna – Háganos una demostración del hechizo con este libro, por favor – el profesor, convencido de las aptitudes de Lily, sacó un libro enorme de un armario. Era tan grande como él.
¡Buah! La va a cagar – volvió a decir James viendo la escena – es demasiado grande - Lily, estaba muy seria y concentrada cosa que sorprendió al chico ¿A que esta lo levanta al final? pensó cambiando de opinión.
Sus amigas y toda la clase la miraban con expectación. Sabían que Lily era tremendamente buena en la asignatura, pero levantar un libro de casi siete kilos de peso, era toda una hazaña. Lily se concentró, levantó su varita y pronunció el hechizo alto y claro.
Wingardium Leviosa.
El libro comenzó a tambalearse un poco en la mesa. Lily cogía su varita con firmeza y apuntaba al libro sin vacilar. Marian tenía los ojos como platos viendo a Lily ya que aprendía muchísimo de ella en aquella asignatura, pues era excepcional. Todos pudieron observar cómo la mirada de Lily estaba fija en el libro sin moverse un milímetro de su objetivo. Era como si hiciera magia a través de ella. Finalmente y para sorpresa de todos, el libro se levantó. Consiguió aguantarlo durante diez segundos para luego dejarlo caer suavemente. En la clase se formó un silencio sobrecogedor durante unos segundos después de que el libro se posara de nuevo en la mesa. Lily bajó la varita con un suspiro y todo el mundo rompió en aplausos. De repente, la pelirroja se dio cuenta de que estaba sudando como un pollo de granja pero lo atribuyó al esfuerzo pues nunca había intentado aquel hechizo con algo tan pesado.
¡BRAVO, SEÑORITA EVANS! ¡30 PUNTOS PARA GRYFFINDOR! – El profesor daba pequeños saltitos encima de los libros mientras aplaudía.
¡Excelente, Lils! – Dijeron sus amigas a coro. La chica, sonrió vagamente, ya que se había cansado un poco. Luego se sentó en su sitio.
¡Eres la mejor! – Marian seguía aplaudiendo como una loca cuando Lily se sentó a su lado pero vio que la chica estaba temblando – ¿Estas bien, Lily? – Marian no fue la única que se dio cuenta de aquel detalle.
Sí, sí… no te preocupes – la chica estaba un poco pálida pero se irguió en el sitio para continuar la clase. Marian alzó una ceja en plan "Cuéntame otra, Bonita".
Pronto todo el colegio sabía de la hazaña de Lily Evans en clase de Encantamientos. Las cuatro amigas fueron derechas al Gran Comedor para reponer fuerzas y afrontar las clases de la tarde. Entre mil alabanzas y cumplidos a Lily por parte de bastante gente, Marian tuvo tiempo para fijarse en un cartel del tablón de anuncios.
¡MIERDA! – exclamó sin saber que lo había dicho en alto. Poco a poco, se acercó más al cartel frunciendo el ceño mientras sus amigas entraban ya al Gran Comedor. ¡Se me olvidó por completo! Alguien le tocó en la espalda.
¿Te interesa el club de duelo? – era Frank Longbottom.
Hola, Frank – dijo ella sin mirarle, pues reconocía su voz a la perfección – ¿Sabes si este fin de semana hay alguna sesión del club de duelo? – Frank la miró extrañado.
Sí. Hay sesión el sábado por la mañana y el domingo hay salida a Hogsmeade.
Sí, sí… - Marian no le hacía ni caso. Realmente, al contrario que el resto de sus compañeros, salir al pueblo mágico no era algo tan esperado y especial para ella.
Hola, Potter – otra voz, esta vez desconocida, llamó a Marian detrás de ella. La morena dio media vuelta y reconoció perfectamente a la chica de Ravenclaw que tenía enfrente pero no se acordaba de su nombre lo que la hizo morirse de vergüenza.
Hola – optó por evitar decir alguna frase en la que tuviera que nombrarla – vienes por lo del trabajo de transformaciones ¿verdad?
Sí – contestó tímida la Ravenclaw. Marian miró a Frank buscando apoyo ya que parecía conocerla y el chico, sabiendo el apuro de Marian, decidió no hacerla sufrir más.
¿Qué tal, Adhara? – Frank hizo un especial énfasis en el nombre de la Ravenclaw. Marian suspiró aliviada.
Bien, ya ves, de trabajos con los Gryffindor – contestó la chica un poco menos avergonzada.
Pues quedamos cuando quieras – Marian, más relajada, retomó de nuevo el tema de la conversación.
¿El domingo te parece bien? – preguntó Adhara.
Sí, no hay problema – contestó Marian.
¿No vas a ir a Hogsmeade, Mary? – Marian no se había acordado de la salida al pueblo mágico y puso cara de malas pulgas, lo que hizo reír a Frank.
Es verdad – contestó entre dientes.
A claro, disculpa. No me acordaba que tú tienes permiso para ir a Hogsmeade también – Adhara se incomodó bastante por aquel fallo cosa que a Marian le agradó ya que era una de las pocas personas que no ironizaban con su situación escolar.
No te preocupes, si quieres podemos quedar el lunes – dijo finalmente la morena.
Pues… - Adhara miró por detrás de Marian y su sonrisa se ensanchó.
¡Felicidades Ethan! – la chica fue corriendo hacia los brazos de Ethan Cullen el cual la recibió levantándola del suelo mientras Marian les observaba con la boca abierta.
¡¿Felicidades… Ethan?! – logró articular hacia Frank.
Es el cumpleaños de Cullen. ¿No lo sabías? – Marian negó con la cabeza.
Ah vale, ahora lo entiendo todo – dijo dándose un pequeño golpecito en la cabeza – el muy salido es un asalta cunas.
Mira que eres mal pensada… - Frank comenzó a negar con la cabeza – nunca he conocido una mente tan retorcida como lo tuya Mary.
¿Lo vas a negar? – preguntó la Gryffindor con prepotencia.
Es su hermana – contestó cansinamente mientras señalaba a los chicos, los cuales venían ya hacia ellos – Adhara Cullen.
Marian enrojeció. Ahora que se fijaba con más atención vio el parecido de los dos hermanos. Adhara Cullen era morena, con el pelo recogido en una media coleta. Era tan alta como ella y sus ojos, de color marrón oscuro, parecían salidos de su mismo pelo. La chica era tan guapa como su hermano.
Veo que ya has conocido a mi hermana, Potter – Ethan se acercó cogido de la mano de su hermana y Marian no pudo reprimir un poco de envidia sana por aquel gesto.
Sí, Potter y yo tenemos que hacer un trabajo juntas de Transformaciones – contestó Adhara por Marian.
Llámame Marian, por favor – pidió la morena ya que la chica le caía bien. Adhara asintió agradecida por el gesto.
Mira, ya has conseguido llamarla por su nombre de pila - comentó Ethan con falso resentimiento – a mí no me deja ni eso – Adhara le miró extrañada.
Es una larga historia – contestó Frank por los dos.
Bueno, ¿me acompañas al comedor y así hablamos de cuando quedar? – preguntó Marian intentando zafarse de su amigo y de Ethan. La chica asintió y se despidió de su hermano con un beso. Ambas se alejaban cuando Marian se dio la vuelta.
Feliz cumpleaños, Cullen – este esbozó una sonrisa.
Gracias, Potter.
¡Es verdad, felicidades Ethan! – exclamó Seamus, que acababa de llegar.
¡A buenas horas! – le reprendió Frank de guasa, haciendo que el chico se alzara de hombros. Mientras, Ethan miraba cómo se alejaban Marian y su hermana.
Potter es un tanto extraña ¿no? - en aquel momento volvió en sí - Bueno, aunque viendo a su hermano…
Ella no es igual que James – comentó Seamus desenvolviendo una gragea con sabor a cactus - La verdad es que al contrario que su hermano, nunca busca la popularidad y aprobación de todo el mundo aunque… tampoco él es mal chico.
Si no se juntara con Black, otro gallo cantaría… - volvió a decir Ethan con algo de resentimiento – aunque se han crecido bastante desde que entraron en el equipo de Quidditch, todo hay que decirlo. Pero ya le bajaremos los humos a esos dos en el próximo partido…
A saber lo que harás, Cullen – los tres amigos se dirigieron al Gran Comedor charlando de otras cosas.
Mientras en el Gran Comedor, los alumnos ya estaban disfrutando de un buen banquete, como siempre. James, no hacía más que mirar hacia donde estaban las chicas. Mejor dicho, miraba hacia Lily Evans. Realmente le había dejado muy sorprendido e impresionado la habilidad en encantamientos de la pelirroja pero claro, nunca lo admitiría delante de nadie, ni siquiera de Sirius.
- Potter no hace más que mirarte… - Laura se inclinó hacia Lily para susurrarle aquello y esta, como impulsada por algo, levantó la cabeza para ver si aquello era verdad – ¡Wow, qué interés Evans!
- ¡Pero que dices, Laura! – la pelirroja había vuelto a torcer la cabeza hacia su plato de judías pintas. Alice, bajó su cabeza para comprobar que…
- ¡Se ha puesto roja! – exclamó con una carcajada.
- ¡BASTA YA! – exclamó Lily por su parte dando un golpe en la mesa, hecho que hizo que algunos alumnos la miraran con mala cara.
- ¡Quieto, toro bravo! – Marian, que acababa de llegar, hacía gestos de stop con ambas manos hacia Lily – ¿Qué pasa aquí? – preguntó sentándose a la vez que cogía la jarra con zumo de calabaza.
- Nada – cortó Lily – ¿Y tú qué hacías mirando hacia donde están estos impresentables? – preguntó vengativa Lily a Laura mirándola con desdén. Esta casi no supo que contestar.
- Torcí la vista, nada más – aquella fue su única respuesta.
Al acabar las clases de la tarde, todos los alumnos fueron a sus respectivas salas comunes pues fuera estaba lloviendo y no tenía pinta de parar en toda la noche. Por lo general los fines de semana, los prefectos dejaban que los alumnos se fueran un poco más tarde de lo habitual a dormir.
¡Nueva salida a Hogsmeade el próximo fin de semana! – exclamó Peter sentándose de un salto en el sofá de Los Merodeadores.
¡Sí! ¿Y a que no sabéis en qué invertiremos el tiempo? - dijo James haciendo que sus amigos se inclinaran hacia él para hablarles en voz baja - en buscar el hechizo para el mapa – susurró.
¡Es verdad! – exclamó Sirius – con todos los trabajos e historias varias no hemos tenido tiempo de buscar información.
Yo sí la he buscado – todos torcieron la cabeza hacia Remus, pues de quien menos se esperaban colaboración era de él – la librería de Hogsmeade tiene unos libros muy interesantes sobre encantamientos y durante la primera visita antes de las vacaciones de Navidad, ojeé unos cuantos.
¡Eres el tío más listo que han visto estas paredes, Rem! – le alabó James mientras le despeinaba con la mano. Luego volvieron a juntar las cabezas para planear la salida.
Secretitos al oído son de viejas…
Marian acababa de aparecer detrás del sofá con una sonrisa maliciosa. Laura y Alice se sentaron en una mesa de estudio para hacer los deberes ya que Lily se había quedado haciendo un trabajo de Aritmancia en la biblioteca.
Anda enana, vete a hacer los deberes – le espetó James indicándole la mesa de las chicas con desprecio.
La curiosidad te mata, Potter – la cabeza de la morena se giró hacia Sirius. Sus ojos lo decían todo.
¡De desagradecidos está el mundo lleno!
Y con aquella frase cuyo significado solo sabían ellos dos, se giró haciendo volar su coleta para ir hacia sus amigas con aire digno. ¡Eso ha sido un golpe bajo! exclamó Sirius para sí mismo mirando a la chica mientras iba a la mesa de estudios.
¿De qué habla Mary? – preguntó James un poco extrañado por aquella contestación supuestamente sin sentido para ellos. Sirius se alzó de hombros y no contestó – Bueno, me voy a pasar por el despacho de McGonagall a ver de qué va el castigo de esta semana - James había pegado una especie de gelatina viscosa en el asiento de Andrea Sloder, una Ravenclaw de quinto curso bastante corta de mente.
¡Un Merodeador nunca se arrepiente de sus bromas! – gritó Sirius dándose un golpe en el pecho y levantando el brazo.
¡Nunca! – contestó James con una sonrisa maliciosa mientras hacía el mismo gesto que Sirius.
*****
Lily no se había encontrado bien en todo el día. Después de haber acabado la clase de encantamientos, supuso que el mareo se le quitaría pero, en contra de lo que pensaba, no fue así. Sus amigas no querían dejarla sola en la biblioteca pero al final las convenció de ello ya que quería un momento de paz. Lily mentía realmente bien. No estaba segura de haber engañado a Marian pero suponía que para cuando regresara a la sala común, estaría más recuperada.
La señora Pince tocó la campanilla que avisaba del cierre de la biblioteca en la cual ya solo quedaban cuatro o cinco alumnos. Lily recogió sus cosas y salió del recinto sintiendo cómo mil agujas se clavaban en su cabeza. Iba andado por un corredor, cuando sintió que el mareo iba a más y, sin tener tiempo para reaccionar, vio cómo el suelo empezaba a ondularse notando que perdía el equilibrio.
¡EVANS!
Lily sintió cómo unos brazos la sostenían y la ayudaban a caminar hacia unas escaleras que había a tres metros. Cuando todo empezó a verse más claro, Lily alzó la vista para saber quien la había ayudado.
¿Potter? – Lily pensó que había gritado, pero su voz se quedó en un débil susurro.
El mismo que viste y calza – contestó el chico con chulería. Luego su expresión se tornó más seria – ¿Qué te ha pasado?
Lily cerró los ojos maldiciendo su mala suerte. De todas las personas que había en el colegio, tuvo que ser precisamente James Potter el que la auxiliara. Lily iba a contestarle con alguna bordería pero cuando le miró a los ojos, su cerebro no ejecutó tal orden.
Me he mareado – James intentaba que Lily metiera la cabeza entre las piernas para que le bajara la sangre al cerebro ya que estaba muy pálida – ¡¿Pero qué haces?! – protestó con más fierza zafándose del chico.
Al parecer hacer esto viene bien cuando tienes un mareo. Lo vi en un documental muggle – James se alzó de hombros, gesto que le pareció muy gracioso a la pelirroja la cual curvó las comisuras de sus labios hacia arriba de forma casi imperceptible.
¿Tienes televisión en casa? – preguntó Lily incrédula. James asintió.
A Marian le entró curiosidad gracias a ti y se empeñó el año pasado en que mis padres compraran una – Lily esbozó una pequeña sonrisa – te tiene en un pedestal… y la verdad es que no se porqué – Lily frunció el ceño pero no quiso discutir.
Pues qué raro que en una familia de magos haya utensilios muggle. En teoría eso es cosa de los… ¿cómo lo llamáis? – preguntó irónicamente – ¡Ah si! Sangre sucia - ahí fue cuando Lily puso a prueba a James.
¡Eso no lo vuelvas a decir nunca, Evans! – James cambió su semblante rápidamente a uno infinitamente más serio. Lily nunca le había visto así – sabes perfectamente que a mí familia eso se la trae al freso – Todo se quedó en silencio y a Lily le entró cargo de conciencia más por Marian y sus padres que por James.
Es verdad, perdona Potter.
Esto si que es una novedad. Lily Evans pidiendo perdón… ¡Imposible! pensó James, lo que hizo que se le dibujara una sonrisa maliciosa. Lily, sin saber porqué, adivinó sus pensamientos.
¡No te pases, Potter! – James reía mientras intentaba parar los golpes de la pelirroja.
Bueno, al menos ya estás mejor – dijo levantándose de las escaleras de un salto – durante todo el día parecías una muerta viviente – Lily alzó la vista sorprendida de que el chico se hubiera fijado en ella. Luego recordó que en la hora de la comida, no paró de mirarla – Como Filch nos encuentre a estas horas por aquí, el castigo va a ser gordo – James miraba a todos lados – y me temo que el cupo de castigos de esta semana ya lo he cubierto – Lily esbozó una sonrisa en contra de su voluntad, lo que volvió a sorprender a James - ¿Vamos?
James le tendió una mano para ayudarla a incorporarse de las escaleras pero la chica le seguía mirando. James se puso un poco nervioso ya que nadie nunca le había mirado de aquella forma tan penetrante y por primera vez, se fijó en los preciosos ojos verde esmeralda de Lily sintiéndose hipnotizado por ellos. James comenzó a tener una sensación extraña, pues le parecía que estaba levitando. Finalmente, Lily le cogió la mano y él hizo fuerza para levantarla.
- Gracias, James.
