"Más afilado que el diente de una serpiente es tener a un hijo ingrato." - William Shakespeare.
"'Es la esperanza el ser con plumas
que se posa en el alma,
y sin palabras su canción entona
y ya nunca se calla." - Emily Dickinson
Capítulo 1
Seis meses antes...
Esme Cullen se movió nerviosamente en la rígida silla localizada en el vestíbulo del palacio de justicia municipal de Phoenix. Su esposo estaba en las deliberaciones en el quinto piso con su abogado, el Dr. Stanton y el juez que fue seleccionado para su caso. Mirando alrededor del familiar lugar, notó que estaba más lleno que las bastantes previas ocasiones en las que ella y su familia habían tenido el desafortunado placer de estar allí.
Evitando su mirada a su hijo, suspiró tristemente. ¿Cómo habían llegado a eso? ¿Por qué eso estaba pasando? Hace tres años, tenía un feliz, saludable, y bien educado hijo, talentoso en el mundo académico y la música; y ahora, apenas reconocía al enojado, depresivo, suicida chico de diecisiete años que se sentaba al otro lado de ella. Nada sobre él era familiar aparte del físico. Todavía tenía el cabello bronce desordenado de su juventud, pero los ojos verdes que solían arder con vida ahora eran fríos y muertos.
Edward Anthony Cullen, un nombre que solía traer una brillante sonrisa a su rostro, ahora sólo traía preocupación y miedo. Se sentó al otro lado de ella, envuelto en jeans oscuros, camiseta negra y sudadera negra, la capucha sobre su cabello, un par de converse grises en sus pies. Sus largas piernas estaban estiradas al frente de él, sus brazos cruzados sobre su pecho, la cabeza inclinada hacia atrás; parecía estar tomando una siesta. Los audífonos de su iPod estaban puestos y Esme podía escuchar el ruidoso rock pesado. El único movimiento que Edward hacía era el patrón de sus golpes con su pie izquierdo.
Sintió culpa por el actual estado de su hijo. Cualquier madre lo haría. Los eventos de los últimos dos años y medio habían dejado a su anteriormente frágil hijo, roto. Esas destrozadas piezas de su alma se habían endurecido hacia cualquiera y hacia todos los intentos que ella y su esposo hacían para sacarlo de la desesperación en la que él estaba. Estaba molesto; y con razón en la opinión de ella. Pero esperaba desesperadamente que podría salir de aquello para ahora. Ya han pasado casi tres años; necesitaba dejarlo ir. Pero, actualmente recordando por lo que su hijo había pasado, sabía que dejarlo ir tal vez nunca pase. Había una batalla ocurriendo dentro de su hijo y todo lo que ella podía hacer era sentarse en el margen y ver cómo todos los errores de alguien más desgarraban a su hijo por las costuras; y sintió la culpa por no ser capaz de pararlo. Y el comportamiento que ha estado exhibiendo por los últimos pocos años le decían que él tenía un largo y tortuoso camino delante de él.
Al principio, sólo fueron pequeñas cosas; un resultado de las repercusiones. Hacer trampa en el colegio, hacer novillos, meterse en numerosas peleas con chicos que eran sus amigos anteriormente. Ella lo pasó por alto, aclamando que su hijo necesitaba reajustar algunos aspectos de su vida. Cuán ingenua había sido. Claro que cualquier quinceañero se sentiría devastado luego de lo que su Edward había sido sometido; hubiera sabido que él necesitaba más que sólo reajustarse. Después, ella había encontrado las drogas. Fue justo después de que cumplió dieciséis en el verano. Las cosas alrededor de la casa Cullen habían regresado a algún tipo de normalidad y Esme había sentido que podía volver a respirar. Había estado haciendo un poco de la colada y revisando los bolsillos de los jeans de su hijo, encontró una bolsa de marihuana, un par de tiras de papel y un encendedor. Cuando fue confrontado por ella y su padre esa noche, Edward les había dado un regaño de enojados gritos y maldiciones sobre nunca revisar entre sus cosas de nuevo.
Por supuesto, le habían tenido que regañar severamente. Limitando el tiempo que pasaba afuera de la casa y otros ciertos privilegios como no teléfono, no televisión, no computador, sólo parecieron hacer a Edward determinarse en presionar sus botones mucho más. El esposo de su madre, un doctor en la Clínica Mayo de Phoenix, lo matriculó en tratamiento de drogas, pero eso sólo avivó el ya ardiente odio en el alma de Edward.
Habían tratado todo luego de aquello; manejo de rabia, terapia familiar, terapia individual para cada uno de los tres, terapia grupal de adolescentes, Edward vio numerosos psicólogos que le prescribieron anti-depresivos, pero nada pareció ayudarle. Él pensó que todo era una gran broma y le gustaba afirmar aquello lo más que podía. Uno de los terapeutas de Edward le dijo a ella que la falta de voluntad de curarse era el papel clave del caso de su hijo. Edward era cruel; casi pretencioso. El uso de drogas sólo aumentó en respuesta de los esfuerzos de ella y su esposo para ayudarlo y ella se sintió impotente y pequeña.
Volviendo a suspirar, Esme llevó su atención de vuelta a los elevadores, esperando el veredicto del último debacle de su hijo. Había robado un auto. No cualquier auto, si no el auto de uno de los doctores compañeros de Carlisle, el Dr. Stanton. Y por si fuera poco, cuando la policía encontró el coche horas después en algún callejón, habían encontrado a su hijo también, teniendo sexo con la hija de quince años del Dr. Stanton en el asiento trasero. Él había estado levemente ebrio, drogado y tenía un polvo de cocaína por su nariz, o al menos eso es lo que el informe decía. Ella y Carlisle habían estado horrorizados, recogiéndolo en la Oficina del Alguacil del Condado de Maricopa, y cuando los vio, Edward empezó a maldecirlos al tope de sus pulmones antes de desmayarse. Sí, realmente se había desecho esta vez.
Escuchando el cercano elevador abrirse, Esme volteó su cabeza y vio a su esposo, Carlisle, sacudiendo manos con su abogado. Esperaba que se hubiera llegado a un arreglo adecuado, aunque todavía sentía dudas en su estómago; esta era la sexta ofensa en el registro de su hijo por las drogas, pero sólo la primera ofensa por robo. Parándose de su asiento, caminó hacia su hijo y sacudió su hombro suavemente. Perezosamente abriendo un verde ojo para verla, lo volvió a cerrar y puso su música más fuerte. Suspirando y volteándose hacia su esposo, esperó por las novedades.
Cuando Carlisle los alcanzó en el vestíbulo, besó su mejilla silenciosamente, y luego se dirigió hacia su hijo, arrancó los audífonos fuera de las orejas de Edward y tomó el iPod de su bolsillo, apagándolo.
Sosegado, Edward bostezó ligeramente, estiró sus brazos y piernas, y luego se levantó, encarando a sus padres. Frotando una mano por su rostro, le dio a su padre una sonrisa condescendiente.
"Así que, papá, ¿qué tipo de servicio a la comunidad es esta vez? ¿Recoger la basura del lado de la autopista? ¿Leer Dr. Seuss a idiotas desamparados? ¿Ayudar a las personas mayores de nuevo?, porque todos sabemos lo mucho que me divertí la última vez." Edward dijo, sarcásticamente.
Carlisle simplemente miró a su hijo neutralmente. "No. Ningún servicio a la comunidad esta vez." Le dijo a Edward en una tranquila voz. Esme sintió una sensación de frío en su estómago ante su tono.
Riendo tranquilamente y sacudiendo su cabeza lentamente, Edward no pareció notar el modo tenso de su padre.
"¿Cuánto dinero usaste para sacarme de problemas?" Edward preguntó.
"Ningún dinero." Carlisle dijo, sacudiendo su cabeza negativamente.
"Bueno, debes ser mejor en la persuasión de lo que pensé. Buen trabajo papá." Edward dijo con esa fría sonrisa de vuelta en su rostro.
Carlisle, todavía mirando uniformemente a su hijo, sólo asintió. Una breve sensación de alivio inundó el sistema de Esme; creyó de verdad que a Edward se le había dado un respiro.
"Sí," Carlisle le dijo a Edward, "sólo tendrás que estar allí por tres meses, cuatro o cinco máximo."
El alivio ido, Esme observó mientras la sonrisa era borrada del rostro de su hijo. "¿Estar dónde por tres meses?" Edward preguntó, un filo hostil llenando su voz.
La mano de Esme apretó el hombro de su esposo desesperadamente. "¿Cárcel?" susurró en una pequeña y asustada voz.
"No." Carlisle dijo, tranquilizándola con un suave apretón en su mano. "Edward todavía es un menor y desde que es la primera ofensa de robo, y porque el Dr. Stanton suprimió los cargos, no tendrá que servir ningún tiempo en la cárcel. El juez, sin embargo, revisó tus registros." Dijo volteándose de nuevo a Edward. "Siente que estar de esta forma, con todos los lujos que te hemos dado, sólo se está volviendo perjudicial para tu terapia. Ha ordenado para ti el enviarte a un centro de tratamiento."
"No iré." Edward dijo furiosamente, cruzando sus brazos en una manera defensiva.
"Sí, lo harás. Si tengo que sedarte y arrastrarte allí yo mismo, entonces que dios me ayude, porque irás." Carlisle dijo, dando un paso hacia Edward; la mano de Esme apretada sobre su hombro tratando de recordarle dónde estaban y no hacer ninguna escena.
"Esto va a terminar." Carlisle dijo en una peligrosa voz baja. "Estas payasadas, las drogas, los novillos, el sexo; ¡todo va a terminar! Has terminado conmigo y con tu madre, y ahora es tiempo de madurar. Deja de actuar como si el mundo es tuyo y madura."
Tratando de calmar la situación, desde que ni su hijo ni su esposo parecían echarse atrás, se metió entre los dos. "¿Dónde está el centro de tratamiento? ¿Cuál es el nombre?"
"El Hospital Psiquiátrico de Palo Verde. Está en Tucson y está altamente recomendado para...casos...como el de Edward." Carlisle le dijo a ella, nunca apartando sus ojos del rostro de Edward, casi desafiando a su hijo a que hablara contra él de nuevo.
Volteándose hacia su hijo, Esme dubitativamente levantó una mano hacia su mejilla. "Creo que será bueno para ti. Hemos tratado todo lo demás, cariño."
Ante el cariño que salió de su boca, Edward sacudió su mano de su rostro. "La única cosa que no han tratado es dejarme en paz." Edward se mofó. "¿De verdad crees que me importa lo que tú piensas?"
Carlisle dio un paso adelante de nuevo. "Es suficiente." Susurró con el peligroso tono de vuelta en su voz. "Vas a ir y eso es todo."
Edward mantuvo sus ojos en su padre. "Cumplo dieciocho en cinco meses; no puedes mantenerme allí luego de ese tiempo." Dijo en un tono desafiante.
Suspirando y cerrando sus ojos cansadamente, Carlisle simplemente asintió con la cabeza. Edward, echando humo silenciosamente, salió por las puertas de vidrio del juzgado, siguiendo el camino hacia el auto. Esme agarró la mano de su esposo y juntos, salieron del juzgado, con esperanza en sus dos corazones de que sería por última vez.
Hola! Muchas gracias a todos los que han comenzado a leer la historia. Aquí ven más o menos lo que ocurre con Edward, aunque todavía hay algunas cosas que no se han aclarado.
Espero que les haya gustado ^^
Gracias por leer!
-Mariale
