Advertencia del autor: Este capítulo contiene algunos temas oscuros.
"La verdadera razón para no cometer suicidio es porque tu siempre sabes que regresas a la vida luego de que el infierno termina." - Ernest Hemingway
"La piel soporta las tormentas del presente; la mente, las del pasado y futuro al igual que el presente." - Epicuro
Capítulo 2
Dejando que los numerosos folletos cayeran al suelo de azulejos del baño, Bella se hundió sobre sus rodillas, sentándose hacia atrás sobre sus talones, su espalda chocando contra la blanca pared con un suave golpe. Estaba encarando los gabinetes apegados al lavabo y al espejo, la tina al lado de ella. Respirando profundamente, cerrando sus ojos y dejando que su cabeza se inclinara hacia la pared detrás de ella, soltó un largo suspiro. Hoy, su padre, la única familia que tenía, le había dado un ultimátum. Recibe ayuda o vete. Y había hecho su trabajo también. Yendo a sus espaldas y hablando con su terapeuta, Charlie había descubierto que ella no estaba exactamente haciendo el tipo de progreso que ella le había hecho creer que estaba haciendo. Sólo había estado yendo a sesiones de terapia semanal por unos cuatro meses; sólo en teoría por supuesto. Charlie había venido a casa del trabajo, le lanzó todos aquellos coloridos folletos de información y demandó que buscara el tipo de ayuda que necesitaba, o que amablemente saliera de su casa. Aparentemente, él había perdido la ironía, ya que los dos casos requerían que Bella se fuera.
Con sus ojos todavía cerrados, Bella esparció los folletos en el suelo a su lado. Le permitió a su mano extenderse sobre ellos, moviéndola lentamente de un lado a otro, antes de colocarla sobre uno y trayéndolo hacia su rostro. Bizqueando por la ausencia de sus anteojos, vio su futuro. El Hospital Psiquiátrico de Palo Verde. Paso uno: completo.
Colocando el folleto del hospital en su otro lado para encargarse de aquello después, Bella arremangó la manga larga de su camiseta blanca. La fábrica de algodón era lo suficientemente gruesa para cubrir lo que necesitaba cubrir. No es como si quisiera hacerlo. No, tenía que hacerlo. Y eso era algo que ellos no entendían. Ellos pensaban que ella era problemática; tal vez. Ellos pensaban que ella quería morir; posiblemente. Le rogaron que parara; no era tan fácil. Esta era la única conexión que le había quedado. Era era su forma de una sesión mórbida. En esos momentos en los que tomaba la cuchilla y la presionaba contra su piel, sentía la presencia por la que tanto ansiaba; sentía la aprobación que tanto deseaba. En estos momentos era como si su madre nunca la hubiera dejado.
Alcanzando a través del suelo para los gabinete, abrió una de las puertas y buscó debajo de la tabla suelta del fondo para encontrar su "escondite". Agarrando las curitas como un pensamiento ocurrido luego de lo hecho, se sentó de nuevo contra la pared y observó la brillante hoja de afeitar. Cómo una pequeña pieza de metal afilado podía causar tanto disgusto era algo que siempre se preguntaba. A ella siempre le habían gustado los objetos brillantes, pero cuando cumplió trece, tuvieron un nuevo significado. Brillante significaba metal, metal significaba un cuchillo de cocina, un cuchillo de cocina significaba muerte. Le tomaron un par de años para ganar el coraje y hacerlo de verdad, pero había mantenido un cuchillo cerca de ella desde aquél día, para que así nunca se le olvidaría. En eso, finalmente, al menos unos diez meses después, sintió la desesperada ansia de saber cómo se sentía. De lo que había sido testigo cuando tenía trece se había reproducido una y otra vez en su mente, y quería saber si podía tenerlo también. Esa emoción en el rostro de su madre había sido...bueno, Bella no sabía qué había sido. Estaba esperando encontrarlo. Así fue como todo empezó.
Su madre no había querido morir; sólo había estado satisfaciendo aquél lado de ella que había estado reprimido por demasiados años de matrimonio con el padre de Bella. Charlie y Renée simplemente no encajaban juntos, hasta Bella lo sabía. Charlie nunca quería hacer nada; Renée quería probarlo todo. Y uno de sus experimentos había ido horriblemente mal. Eso es lo que le habían dicho a Bella, llegando a casa un día de primavera hace cuatro años, encontrando a su madre en el suelo de la cocina, cuchillo en mano, líneas rojas en sus dos muñecas. No se le había permitido llamar a su padre o a la policía porque su madre aclamó que estaría bien, sólo era un rasguño.
Había sido un terrible error; Bella se había sostenido a esa idea por casi cinco años, a pesar de lo que la policía dictaminó como el cumplido suicidio de su madre, sus intentos de su madre para hacerle ver la razón y los intentos de sus terapeutas para hacer que dejara de querer la misma sensación de la que había sido testigo en los ojos de su madre ese día. La emoción que Bella todavía no le podía poner nombre. Sabía que sería capaz de nombrarla cuando la tuviera ella misma.
Tomando un profundo respiro, sacudiendo esos pensamientos de su cabeza, y cerrando los ojos, Bella colocó el cuchillo en su piel y lo presionó hacia abajo. Sintió el dolor al principio; siempre lo hacía. Pero en eso, todo desaparecía. Todo el ruido de afuera, la televisión de abajo en la sala de estar reproduciendo unos eventos de deportes de su padre, el golpeteo de su corazón; todo era puesto en mudo mientras la calma se extendía sobre y a través de ella. Y detrás de sus ojos cerrados, Bella vio el rostro de su madre. La forma en que habían estado ese día; el día de su muerte. El único momento en que Bella la vio realmente viva.
Tomando otro profundo respiro y soltándolo lentamente, Bella limpió la pequeña raya de sangre de su brazo, y colocó la curita sobre éste. Se levantó lentamente y encaró el espejo. Levantando su cabello marrón oscuro en una cola de caballo y limpiando las pocas lágrimas de sus mejillas, se inclinó y recogió el folleto del hospital que sería su nuevo hogar.
Espero que les haya gustado! Finalmente ya saben qué es lo que le ocurre a Bella.
Dejen reviews! :)
-Mariale
