El viejo detective. Parte 1.
- (…) igual, te digo, yo no la vi más desde el sábado - le conté a Dai mientras desayunábamos en el comedor.
Había muy pocas personas levantadas, y esas pocas eran las que estaban desayunando en el mismo lugar que nosotras. Ninguno de los chicos estaba levantado, así que aprovechamos para hablar cosas de chicas.
- Bueno - dije al fin - pero no hablemos más de Verónica, por favor. Quiero que me cuentes lo que no pudiste decirme el sábado pasado. Ya pasó una semana y todavía no lo largas, quiero la verdad -
- ¿Cómo te fue esta semana con Nick? - preguntó Dai como si no me hubiera escuchado
Le di una mirada que la hizo reaccionar.
- Vamos Dai, ¡contame! -
- Esta bien, esta bien. Bueno, así como vos y Nick se hicieron muy cercanos, nosotros también. No se si alguna vez te diste cuenta, pero desde primer grado que me gusta Alf - abrí los ojos bien grandes y me atraganté con una tostada
Tosí un poco, y Dai me dio unas palmadas en la espalda.
- ¡Nunca me había dado cuenta! - chillé y por suerte nadie me escuchó
- ¡Que ciega sos! Toda la vida fue mas que un amigo. Y ese sentimiento creció en este campamento. No se, creo que tiene algo de magia este lugar, no quiero irme -
- Si - suspiré - ya se terminó la primer mitad, y la verdad que me gusta estar acá investigando. Es mucho mejor que tener historia - bufé
- Ajam - seguimos comiendo y decidimos no darle muchas mas vueltas al asunto
Cuando estábamos por terminar nuestros desayunos, vemos que alguien se nos acerca. Nos sorprendió saber quien era.
- Hola chicas -
- Ah, hola Mark - saludamos
- ¿Qué hacían? - preguntó
- Nada, solo desayunábamos - lo miré sin entender - ¿pasa algo Mark? -
- Ehm… si - dijo sin titubear y se sentó a mi lado - estuve investigando sobre la leyenda, y encontré que en… -
- Ya lo sabemos Mark - interrumpió Dai - fuimos a la biblioteca que nos dijiste, y en un libro encontramos todo, hasta el detective que siguió la causa. Hoy cuando se levanten los chicos vamos a ir a verlo -
- ¡Tienen que ir a verlo YA! - exclamó
- Pero… ¿hay algún problema? - pregunté algo asustada
- No, solo que no podemos esperar a que se despierten. No creo que el hombre sea muy "acogedor" -
- Bueno, iré a ponerle una nota en la cabaña a Nick -
- Y yo una a Alf - nos levantamos y nos fuimos
Llegué a la cabaña y Nick estaba dormido como un bebé, quise despertarlo, pero no tenía sentido. Tomé un papel y le escribí una nota. Luego, salí disparada hacia la casa de ese detective con Dai y Mark.
Narra Nick
Me desperté con un ruido. Una puerta se cerró y deduje que era la de la cabaña, pero decidí no levantarme porque supuse que era Clara, tal vez se iría a desayunar.
Estuve unos segundos titubeando en la cama, y luego el impulso de besarla y volver a tocar su espalda volvió, me levanté apresuradamente y me vestí.
Disparado salí al comedor, pero no sin antes pasar por la cabaña de los chicos, de donde salió Alf y me acompañó.
Cuando llegamos al comedor, había unas pocas personas sentadas, pero ninguna de ellas eran las chicas. Salimos afuera para ver si andaban por ahí, pero no estaban por ningún lado. Comenzamos a buscarlas, fuimos al lago, a todas las cabañas, pero no había resultado.
- ¿Y si vamos al cementerio? - preguntó luego de un rato Alf
- Si, sería lo mejor -
Pero tampoco tuvimos resultado, en el cementerio no estaban. Entonces dedujimos que estarían en la casa de ese detective. Después de todo, hoy lo íbamos a ver, pero nos sorprendió que se fueran sin nosotros.
Caminando despacio, nos dirigimos hacia el norte, en dirección a la casa de Stolan. Estaba bastante cerca, pero a pie parecía más. Cuando llegamos escuchamos unos gritos de un hombre, palideciendo, nos acercamos a la puerta.
Narra Clara
- Dios, caminar tanto me está matando - exclamé exhausta
- Tranquila, ya casi llegamos - dijo Mark, que iba al frente
Visualizamos una casa grande, hecha toda de madera. El patio parecía el de una casa abandonada. El pasto crecía por encima de nuestras rodillas, y los jazmines estaban marchitos. No nos gustó nada, pero sólo seguimos a Mark.
- Hola, ¿hay alguien? - exclamó tocando la puerta
Un hombre menudo abrió la puerta y nos miró con curiosidad, tenía los parpados caídos y un aspecto horrible. Una joroba ocupaba más de la mitad de su espalda, y los anteojos simulaban tener mucho aumento. Ni hablar de su barba blanca, era más larga que sus hombros.
- ¿Y ustedes quienes son? - salté del susto cuando lo escuché hablar, ese hombre realmente gritaba mucho, seguramente era algo sordo
- Nosotros estamos en un campamento a unos metros de aquí - se apresuró a decir Mark. A veces me impresionaba que un chico bajito, con anteojos y con unos pocos amigos (suena a que soy re forra xD) pudiera ser tan astuto - donde hace muchos años vivían los Aiola - el viejo abrió los ojos grandes, y nos dio un poco de miedo
- Entren, entren - repitió cincuenta veces y accedimos
Nos sentamos en unos sillones que había en el living, la casa no era mucho mejor por dentro que por afuera, pero algo es algo. Sin dejarnos contestar se dirigió a la cocina a prepararnos un poco de té.
Consternada, sentada en ese roto sillón susurré.
- Esto no me gusta nada - y Dai me miró
El viejo detective. Parte 2.
El menudo señor volvió a aparecerse en la sala, y parecía no haber escuchado mi comentario. Nos dio el té, pero ninguno quiso tomarlo.
El señor tenía mas aspecto de mago loco que de detective, pero tal vez podría ayudarnos a averiguar que es lo que pasaba.
- Señor Stolan - empecé notando que ninguno iba a hablar - puede decirnos algo sobre el caso -
No me di cuenta y hable bastante bajo, bueno, bastante bajo para el señor, porque para mi no resultó así.
- ¿Cómo hija? -
- Que si sabe algo del caso - intenté levantar un poco más la voz pero el seguía sin escucharme
- No entiendo, habla mas fuerte -
- ¡Que si sabe algo del caso! - cada vez hablaba más fuerte, pero el hombre tenia un SEVERO daño en los oídos… porque todavía no lograba entenderme
- ¿COMO DICES NIÑA? - grito a los cuatro vientos y antes de que se abriera la puerta, le grité enfadada
- ¡¡QUE SI SABE ALGO DEL CASO!! - Nick y Alf interrumpieron en la sala
- Escuchamos gritos - explicó Nick - pensamos que había pasado algo
- No, solo estábamos hablando con el señor - Alf se sento al lado de Dai y Nick al lado mío, cuando lo hizo le susurré al oído - … y es un poco sordo - el sonrió
- Bueno niña, si preguntas sobre el caso se mucho… - se acomodó en el sillón individual en el que estaba sentado, como si se preparara para contar una larga historia. Todos rodamos los ojos, íbamos a estar mucho tiempo allí - ¿ustedes ya saben sobre la leyenda? -
- Si sabemos - se apresuró a decir Mark
- Bueno, entonces no hay necesidad de contarla - suspiré - pero yo tengo más información que la que esta en los libros de la vieja biblioteca. He investigado el misterio durante veinte años, veinte largos años, y hace unos pocos meses descubrí el final. Estaba impresionado… por fin había descubierto todo el enigma … - abrimos los ojos bien grandes.
Tomo un sorbo de té.
- Estaba sentado en este mismo sillón hace dos meses para ser exactos - comenzó a relatar, como si siguiera viviendo ese momento - cuando tomé uno de mis libros de la Universidad. Nunca los había vuelto a leer, pero ese día por alguna extraña razón, sentí el impulso de volver a sentirme dentro de ellos. Ya había oscurecido, realmente, era bastante tarde en la noche, pero a mi no me importaba. Tomé un libro titulado "Los enigmas de los detectives" un poco irónico supongo, pero con grandes verdades. El libro cuenta que cuando uno vive solo para una investigación, sus propios misterios salen a la luz, sus propios enigmas. Hace cinco años perdí a mi esposa - nuestro semblante detonó tristeza, pero él no lo notó, tenía la vista perdida en un punto fijo, más allá de la mesita ratona que se encontraba entre los sillones - y luego noté que la descuidé. Estaba días y noches pensando en los Aiola, pensando por qué habían ocurrido tantos asesinatos, y concluyendo con el de ellos mismos. Y… Cuando estaba enterrándola - unas amargas lágrimas corrieron por sus mejillas, yo me aferré a Nick, abrasándolo fuertemente y el me rodeó con su brazo - justo en ese momento, me di cuenta de cuan aislada estaba de mi vida. Por pensar tanto en ese maldito caso, deje de pensar en ella. Estos cinco años me propuse averiguar el enigma, en su memoria, no por nada había dejado de besarla, y de tenerla, de poder ver sus ojos y saber que no había nada mas en el mundo. Luego de otros años más de investigación estaba consternado, con la idea fija de que me moriría sin saberlo. Hasta que leí el libro, hasta que lo leí otra vez. En ese momento me di cuenta que la vida no tiene rodeos, que si los Aiola fueron asesinados, por algo tendría que haber sido, y terminé pensando que mi conclusión era acertada. El hijo de la tercer ama de llaves que asesinaron, los asesino a ellos. Sin piedad. Pero esas eran otra épocas. Creo que ustedes querrán saber si les va a pasar lo mismo - preguntó y nos miró por primera vez desde que comenzó su relato. Todos asentimos, y el continuó, perdido más allá de la mesita - no lo creo - todos suspiramos aliviados, y él se dio cuenta - nunca lo creí. El hijo de la ama de llaves, Steve, era un chico simpático, según dicen. Al principio nunca pensé que podría matar a los Aiola, hasta que supe el cariño que le tenía a su madre. Cuando la mataron estaba devastado, cualquiera esta devastado si matan a algún ser querido. Se volvió malvado, algo que no era muy particular en él. Y aunque el no lo admitió, yo sabía que él los había asesinado. Por si quieren saberlo, escapó. Algunas veces siento que yo lo dejé escapar, aunque es irónico, porque nunca pude conocerlo. Antes de irse, le juró a todo el pueblo que si volvían cuatro personas iguales a los Aiola, recibirían su merecido, el mismo volvería a matarlo. Suena un poco absurdo, ya que debe de haber pasado a otra vida hace mucho tiempo, y se debe haber mudado millones de veces, tenía esa obsesión - se paró en seco y por unos minutos no habló más.
Parecía que había terminado, pero ni nos avisó. Impaciente, me separé un poco de Nick y me acerque al viejo, que había estado gritando todo el relato, dejándonos un poco sordos. Fuerte y claro, le pregunté.
- ¿USTED QUIERE DECIR QUE NO NOS VAN A MATAR? - estaba algo asustada por su respuesta.
El viejo sacó sus ojos celestes de cualquier cosa que estuvo mirando más allá, y me clavó la mirada. De repente todo su sufrimiento fue transmitido hacia mi. El pobre hombre había sufrido la muerte de su mujer, eso debería afectarlo. Pero tenía un deje de felicidad en la mirada, ya que sabía que había descubierto el enigma, en memoria a su esposa.
- No lo creo niña - concluyó luego de pensarlo unos segundos - los rumores en los pueblos no siempre son acertados. Nadie supo que Steve se refería a que si cuatro personas que asesinaran a la gente sin razón alguna, volverían, recibirían su merecido. Lo que quiero decir, es que ustedes no son como los Aiola. La mayoría de la gente interpreta esa estúpida leyenda como si cuatro personas con el mismo nombre que los Aiola vuelven los asesinarán. Pero solo son historias absurdas niña, tienes que estar tranquila, nadie va a asesinarte -
Suspiramos.
- Ah, pero… - replicó - ustedes son cinco -
- Oh - dijo Mark - no no. Ellos son Clara, Nicholas, Daiana y Alfalfa. Mi nombre es Mark, yo solo soy un amigo. Escuché la leyenda y les avisé a los chicos.
- Ah, ya veo - dijo el viejo - ¿algo más que quieran saber? -
Nadie contestó, pero yo tuve la impresión de que debíamos saber algo más.
- Si - dije y todos me miraron - queremos que nos muestre todo lo que tenga sobre el caso -
