Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto y esta historia no tiene ningun fin de lucro.

Adulterio

Cáp.2

Relaciones


-Lo siento señora, no puedo ayudarla en su caso… me basta mirar la primer hoja para saber que está perdido.

-P-pero señor Sabaku no, usted es de los mejores abogados estoy segura de que…

-mire –Le sonreí sarcástico manteniendo mi usual tono frío, la anciana se en congio en el asiento de cuero, perfecto lo tendré que mandar lavar, sucios ancianos-. Soy abogado, no mago y este caso está perdido totalmente, no podrá recuperar esos terrenos así que deje de hacerme perder mi tiempo y mejor empiece a buscar empleo… lo necesitará.

La anciana se tapó su arrugada boca con sus más aun arrugadas manos y ahogo un sollozo, perfecto ahora tengo a una anciana llorando y es lo más deprimente que he visto en mi vida, bueno no lo mas deprimente, eso fue Matsuri el día de la noche de bodas.

-¿Puede irse a llorar afuera, señora? Mancha la tapicería.

Sé que soy un cínico, un insensible y frío pedazo de hielo que no siente lastima por nada ni nadie pero la verdad es que solo soy honesto, así que mejor le digo sus verdades a esa anciana ilusa.
No cabe duda de que este mundo está lleno de personas mediocres que creen que nosotros, las personas exitosas, podemos solucionar todos sus problemas.
Una mueca extraña se cruza por mi rostro, no puedo soportar el ambiente que se siente hoy en el trabajo, tomare un descanso tal vez unas vacaciones, algo, lo que sea no soporto mas esta oficina y el hablar con gente patética.

Me paro dando me cuenta que que la anciana ya no está y tomo un pedazo de papel asi que garabateo algo en el, un recordatorio: "mandar a limpiar la silla", perfecto. Hoy ya hace una semana que fuimos a esa casa de citas, de la que por cierto supe el nombre hace poco: Affidé. En fin, no he podido olvidar mi encuentro con aquella misteriosa mujer de cabello plateado, Silver, y creo que Uchiha planea otra salida para el lugar, no sé si ir o no, sé que soy una persona de mente centrada y temple impasible pero…

-¡Amigo querido!

-Uzumaki –Susurré al aludido un poco aturdido por la brusca entrada.

-Así que… ¿Asustando ancianas de nuevo, eh?

-¿Solo a eso vienes?

-Bueno ya, tranquilo… ¿Iras?

Le mire burlón y caminé hasta la puerta.

-Creo que ustedes se están haciendo adictos a ese lugar… –Una cínica sonrisa de lado cruzó por mi cara un momento-. Claro que iré.

Sí tal vez incluso yo me estaba volviendo adicto aunque solo e ido una vez, tal vez aun no caiga tan bajo como mis compañeros.

-Señor Sabaku No, su esposa en la línea 3… –Bufé al escuchar la voz de Sumomo en el intercomunicador, los acosos matutinos de Matsuri ya estaban empezando.

-Ya puedes irte Uzumaki.

Naruto me miró un momento y luego río mientras salía por la puerta. Era odioso en muchas maneras y ruidoso.

-¿Qué quieres ahora Matsuri? –Fue lo primero que dije al momento de tomar la llamada, molesto.

-Ah…Cariño ¿Te interrumpí en algo? –Preguntó con una voz que me dio a entender que eso hubiera deseado.

-No.

-Que bien –Susurró -. Mis padres nos han invitado a cenar así que yo les dije que aceptábamos gustosos, quede que…

-Espera –La corté antes de que siguiera mientras frotaba mis sienes desesperado-. Si deseas ir a verlos ve pero yo no voy contigo, tengo planes.

Simplemente colgué, no, no pienso esperar su respuesta porque la verdad no me interesa en lo mas mínimo, yo se que dirá me se su discurso de memoria y yo tengo planes.
Salí despacio, elegantemente, como siempre debe salir un hombre exitoso, e trabajado sin descanso un año así que e decidido tomar unas vacaciones, unas merecidas vacaciones que hace algunos meses me querían obligar a tomar "Nadie puede trabajar tango Gaara" es lo que habían dicho, así que obedeceré. Dos semanas lejos de Matsuri, del trabajo... de Affidé.

-Sumomo –La llamé cortante y ella se sobresalto moviendo su cabello rubio teñido de manera brusca.

-Si señor –Hizo un descarado énfasis en sus palabras, siempre intentando meter a uno a la cama. No aprende.

-Saldré temprano hoy.

No dijo nada y yo solo me dedique a salir de ahí en dirección a una agencia de viajes. La única persona con el permiso de salir a la hora que quisiera era yo, por supuesto si te la llevas siempre encerrado en ese lugar, entrando muy temprano saliendo muy tarde, te ganas el aprecio del jefe. Pero yo solo lo hago para alejarme de casa y del estorbo que tengo por esposa. No recuerdo como llegue a amarla lo suficiente como para casarme con ella. Bueno si es que en algún momento llegue a amarla realmente.

Ya me encontraba en mi automóvil dispuesto a entrar a la primera agencia que encontrará y el molesto pitido de mi celular empezó a sonar, incesante, lo ignore y todo quedó en silencio un par de minutos para volver con el sonido de nuevo.

-¿Qué? –Contesté brusco y molesto, típico en mí.

-saliste muy rápido –La voz del otro lado de la línea sonaba divertida-. No te pudimos decir a que hora nos reuniríamos para ir, Uzumaki dijo que no te lo perderías por nada.

-Esas no fueron exactamente mis palabras, pero si, acepté ir.

Río ligeramente, no tuve ninguna necesidad de verificar el número, una voz tan petulante y con aires falsos de superioridad solo podían pertenecer a Sasuke Uchiha.

-9 PM en la oficina, ¿Puedes inventarle algo a tu esposa verdad? –Note ese molesto sarcasmo.

-Estaré ahí.

El suave pitido que apareció a continuación me dio a entender que la conversación había acabado. Aun son las 2 de la tarde y no pienso volver a casa. Me gustaría recorrer la ciudad en círculos con mi auto, como anteriormente lo e hecho pero se que al final de 10 minutos terminare fastidiado así que supongo que me ahorrare esto. El sonido de las personas en sus autos, el de la gente y su bullicio, el de las personas que venden cosas, el de los anuncios con sonido, hacen que mi cabeza quiera explotar. No puedo creer que viva en una ciudad tan ruidosa.

Me estaciono en el primer lugar vacío que encuentro y voy lo más rápido posible a aquel parque solitario que frecuentaba con mi esposa en nuestra época de noviazgo.
Con cierta nostalgia recuerdo que este siempre fue mi lugar favorito. Entre las partes traseras de dos grandes edificios, escondido de la vista de cualquier curioso. Aun puedo recordar los días en que mucha gente frecuentaba este lugar antes de que la urbanización arrasara. A paso lento me acerco y puedo notar que no es el mismo lugar, se ve decrepito, sucio. Los juego oxidados y el pasto maltratado, me siento más en una película de terror que en un parque.

-¿Qué haces tú aquí?

Una suave voz femenina me hizo girar. Por un momento sentí como un escalofrío me recorría la espalda. Si justamente pensaba en películas de terror. Es solo una mujer de cabello rosado, que extrañamente me resulta familiar.

-¿Disculpe la conozco? –Conteste con voz aburrida viendo a la mujer menuda frente a mí.

-Claro, apuesto a que no me recuerdas –Bufó ofendida cruzándose de brazos, así en esa pose, la extraña mujer se parecía a mi esposa- Soy la chica a la que le quitaste su mesa en la cafetería.

-¿Chica? –Pregunte, aunque ya lo había recordado-. Yo solo recuerdo a una anciana molesta gritándome su vida.

Los ojos jade de ella se abrieron y apretó sus labios hasta que formaron una delgada línea, sus mejillas se sonrosaron y frunció las cejas, tanto, que pensé que las uniría. Una risa involuntaria salia de mi boca.

-¡Déjeme decirle que yo no soy ninguna vieja molesta! –Gritó con las mejillas encendidas-. ¡Y no veo que es lo gracioso!

-Tiene razón –Tosí un poco para aclara mi garganta, no entiendo porque me reí así-. Solo era una molesta. ¿Aun no puede superar lo de su mesa, señorita…?

-¡Sakura! –Espetó ofendida habiendo recuperado su color normal-. No puede ser posible que no recuerde mi nombre, yo recuerdo el suyo, señor Sabaku No Gaara.

-Yo no me aprendo el nombre de desconocidos, creo que eso es raro.

El sonrojo volvía de nuevo, era entretenido hacerla molesta. Espero que no se vaya pronto, ella es la cosa mas divertida que e tenido en todo el día, y debo esperar aun varias horas para que lo interesante venga.

-Bien, como sea –Se aparto de mí para sentarse en uno de los columpios oxidados, y la seguí.

-¿Qué hace en este parque? –Pregunte con cierta curiosidad, no propia de mí.

-Claro, no se aprende los nombres de desconocidos pero si hace preguntas personales –Contestó indignada, haciéndome reír de nuevo-. Valla don cubito de hielo esta muy risueño hoy.

-¿Ahora comenzara a molestarme? –Le pregunte divertido.

-Si sigues hablándome de "Tu", si.

La tercera sonrisa del día se formo en mi rostro. Era extraño como me podía sentir tan tranquilo con una desconocida, como podía entablar una conversación bajando la guardia, sin usar mi egocentrismo. No tengo ganas de mostrarme arrogante con ella.

-Bien. ¿Qué es lo que haces aquí?

-Mucho mejor –Me sonrío al contestar.

Esa sonrisa me desconcertó un momento, pero creo que ella no lo notó. Comenzó a mecerse en el columpio.

-Cuando era pequeña –Empezó-. Mi madre me traía a este lugar con frecuencia. Mi lugar favorito para olvidarme de las demás cosas, aunque no se porque le digo esto a un desconocido.

-Yo tampoco lo se.

Una risa se le escapo y musito un pequeño "cierto".

-¿Y tú? –Su voz sonó después de varios minutos en silencio-.

-¿Yo que?

Pregunte seco.

-Tú porque estas aquí. No es un lugar bonito, mucho menos conocido.

-Ah –Por muy agradable que me resultara su compañía no pensaba hablar con una extraña acerca de eso-. No lo se, todos los demás lugares eran muy ruidosos.

-Cierto, aquí es muy tranquilo.

El resto de la tarde no estoy seguro de poder recordarlo bien, paso como una nebulosa borrosa frente a mis ojos. Hablamos un poco, más bien ella fue la que hablo y yo solo daba pequeño datos sobre mí. Me contó sobre su vida, su esposo, su trabajo y sus amistades. Y aunque su vida es casi paralela a la mía coincidimos en el hecho de que ambos somos huérfanos y que nuestras respectivas parejas nos vuelven locos. Pareciera ser que una persona tan extrovertida es el mejor remedio para una persona como yo.

-No es como si quisiera sacar conclusiones apresuradas –Me dije a mi mismo mientras conducía a casa-. Pero presiento que volveré a verla.

Era un presentimiento extraño. Pero prefiero no darle mucha importancia, debo aprovechar que Matsuri no estará en casa para poder cambiarme y alistar todo.


-Bip bip bip bip

-¿Mmh? –Dije después de contestar en celular.

-¿Dónde se supone que estás?

-Inuzuka …

-¡Si! El mismo.

-¿Qué es lo que deseas? –Conteste molesto.

-Hace 10 minutos que debías estar aquí.

-Cálmate, ni siquiera mi esposa es tan molesta.

-Jajaja, creo que lo es o hasta mas.

-Hmp.

-Bien como sea. Apresúrate.

La llamada se corto y yo ya me encontraba a menos de de 5 minutos del lugar. Ese perro sarnoso si que era molesto.
Mi vista revoloteo al asiento del copiloto donde descansaba el antifaz rojo. Puedo sentir como se va formando cierta incomodidad en la boca de mi estomago, algo así como si mis entrañas se estuvieran molestando unas con otras, creo que Matsuri llama a eso "mariposas en el estomago". Aunque jamás e comprendido eso.
Me estacione cerca del automóvil de Hyuuga y baje con el antifaz ya puesto. Mis compañeros de trabajo me esperaban frente a la puerta del lugar y uno que otro tenia la mirada ansiosa, como una fiera a punto de atrapar la comida del día.

-Tardaste demasiado, estábamos a punto de entrar sin ti.

-Cálmate, Uzumaki. Mejor entra antes de que colapses en la banqueta.

Escuche la risa del Uchiha que después hablo con el sujeto de la puerta que nos abrió el paso.

El lugar estaba exactamente igual a como lo recordaba. El ambiente despedía un aroma a conquista y las ansias de mis compañeros se notaban a flor de piel. Poco a poco el grupo se fue dispersando, hasta que quede solo.
Sin querer mi vista empezó a sondear el lugar en busca de una cabellera plateada, que no pude encontrar. No pienso desperdiciar esta noche solo por no poder encontrarla. Así inicie mi búsqueda por otra.

-Ya te vas.

Escuche una voz tras de mi. Unas delgadas manos subían por mi espalda y se iban colando hasta mi cuello y una de ellas empezaba a hacer círculos con mi cabello.

-Ahora no.

Sabía quien era, me volteé para apreciarla mejor. Era ella, en todo su esplendor. Silver lucia un conjunto parecido al que le vi la primera vez que se me acerco más que ahora este era amarillo y negro.

-Te estuve esperando.

Sus manos trazaban círculos y espirales en mi pecho. Me tomó del cuello de la camisa y me condujo a uno de los cubículos privados. Ella me dirigió y no proteste, me arrojo sobre la cama y se poso sobre mí, bajo su cabeza a mi cuello y aspiro el aroma de mi colonia, dio lamidas y mordidas mientras subía hasta llegar a mi lóbulo.

-Déjame decirte algo –Empezó ella entre jadeos, aunque me costaba trabajo entenderle-. No soy de el tipo de mujeres que trabaja aquí, a mi no me pagan por estos servicios…

-Ya, entendí –Me separe de ella para poder sentarme-. Nada de sexo con los clientes.

-Eso, ¿representa un inconvenie…?

No la deje acabar, la tome con fuerza intentando no lastimarla y la coloque debajo de mí mientras contorneaba sus piernas con mis manos y besaba parte de su cuello.

-Creo que ahí tienes tu respuesta –Respondí entre beso y beso.

La sentí sonreír bajo mi pecho. Los besos se fueron expandiendo a otros lugares. Sus manos se deslizaban lentamente por mi dorso tocando y desabrochando cada uno de los botones de mi camisa, mis manos inquietas acariciaban todo lo que estuviera más expuesto mientras nuestras bocas seguían juntas en un beso salvaje.
La realidad y los objetos que nos rodeaban se iban desdibujando poco a poco, conforme nuestros cuerpos se acercaban más y ejercíamos fricción entre nosotros. Su cabellera plateada me hacia cosquillas en las mejillas y sus ojos azules, llenos de lujuria, me sondeaban.


Mire mi reloj algo turbado, marcaban las 2:00 AM. Mi cuerpo aun temblaba por las emociones que me hacia sentir ella. Abrí la puerta de mi casa y entre a mi habitación. Me incline para ver a mi esposa que se había acostado con su ropa y cuando me acerque puede notar en su rostro los rastros secos de las lágrimas que probablemente soltó por mi ausencia. A veces siento que soy algo injusto con ella, poco a poco puedo recordar algo a la distancia, un recuerdo lejano de porque me case con ella.
La arropo con un sentimiento extraño oprimiendo mi pecho. Y beso su frente.

-Perdón –Le susurro con sinceridad-. Pero ahora definitivamente ya no puedo ser tuyo.


No hay palabras que puedan expresar la pena que me da haber tardado tanto en actualizar, pero tuve una sequía de inspiración, prometo que actualizare muy pronto. Mil gracias por los Rw´s.

*Pd. Si de casualidad alguno de ustedes lee mi otro fic (Perdón jefe, te olvide) quiero avisar que muy pronto subiré el siguiente Cáp.

Besos