Disclaimer: todos los personajes son propiedad de S. Meyer, pero la historia es invención mia. Y solo hago esto para desarrollar mi imaginación y mejorar mis facultades como escritora, por supuesto sin animo de lucro.
Capítulo XII
~~~~ Ilusiones rotas ~~~~
~Bella POV
Tras salir de la cafetería intimidé a Alice con la mirada para exigirle una explicación de lo que había sucedido allí dentro. Me quedé mirándola fijamente a la espera de que se dignara a hacerme caso, pues estaba ignorándome claramente.
Cuando por fin decidió darme la importancia que me merecía y me devolvió la mirada, agachó los ojos al momento. Cómo lo diría... ¿disgustada? ¿amedrentada? ¿desilusionada?
-¿Alice?
La aludida se abalanzó sobre mí, aferrándome en un fiero abrazo, y asfixiándome también al hacerlo. Empezó a temblar en mis brazos y yo no pude hacer otra cosa sino corresponder a su abrazo. Empezó a convulsionar contra mi pecho y a temblar bajo mis brazos. Comencé a acariciarle el pelo, intentando así tranquilizarla, sin saber muy bien por qué había reaccionado así de pronto.
Cuando finalmente se detuvo el subir y bajar de su espalda contra mis brazos -que denotaba una respiración forzada-, alzó la cabeza y me miró compungida, con los ojos anegados en lágrimas y las mejillas rojas de tanto llorar.
-¿Alice, me vas a decir de una vez que te pasa?
-Lo, lo siento Bella.
-No tienes de qué disculparte Alice, solo quiero saber que te pasa y que ha pasado en la cafetería.
Tras unos segundos -que fue lo que le llevó limpiarse la nariz y recuperar el aliento necesario para hablar- me dirigió hacia un banco del patio del instituto e hizo un ademán con la mano indicándome que me sentara a su lado.
-¿Y bien? ¿Me vas a decir que ha sido toda esa cháchara que habéis mantenido ahí dentro?
-No estoy segura. Es tan confuso para mí como para tí, ¿vale?
-Pero, ¿¡Tu los has escuchado!? Uno dice que lee las mentes, otro que controla sentimientos, el otro que tiene súper fuerza... Y encima la rubia, pánfila, niña rica, pija ésa de Rosalie "no-me-creo-superior-es-que-lo-soy" Hale controla la voluntad de las personas... ¿Qué son súper héroes o qué? Bah, súper héroes no sé, pero raritos son un rato, ¿no crees?
-En todo caso somos, Bella- me dijo con una pizca de afligimiento en la voz.
-Lo siento, Alice- me golpeé mentalmente por mi estupidez-, ya no recordaba lo tuyo...
-¡Sí, lo mio! ¡Habla de ello como si fuera un tabú!
-Oye, conmigo no lo pagues que eres tú la que ve cosas extrañas ¿sabes?
-Sí, veo cosas extrañas, ¿y qué? Ayer no te importaba. Lo que te pasa es que estás celosa de que todos nosotros tengamos algo especial y tu... ¡sigas siendo tan vulgar como siempre!
Me quedé en estado de shock cuando Alice me dijo eso. Ella jamás, jamás, me había gritado, y mucho menos para echarme algo en cara. No sabía que decirle y mucho menos sabía que hacer.
Pude comprobar cómo la cara de Alice se contrariaba en una mueca de pena y segundos después mi ojos se anegaron en lágrimas y me impidieron ver nada más.
-Bella yo...
Pero salí corriendo y le impedí que dijera nada más que pudiese seguir hiriéndome. Corrí por los pasillo del instituto sin saber hacia donde me dirigía pero huyendo lo más lejos posible de Alice.
Sabía que tenía razón. Y eso era lo que más furiosa me ponía, y lo que hacía que las amargas lágrimas que corrían por mis mejillas no dejasen de brotar de las cuencas de mis ojos. Momentos antes, durante la reunión en la cafetería, no había podido evitar sentirme excluida y apartada de ellos. Los miraba, y los veía hablando sobre sus maravillosas proezas, sobre aquello que los tenía intrigados, asustados, y que los hacía especiales.
Y mientras, la envidia me corroía por dentro. Yo nunca había destacado en nada que no fuese mi extrema torpeza, y eso, desde luego, no era nada bueno. Siempre había sido la persona más invisible que había pisado la tierra y, no sé porqué hablo en pasado, pues lo sigo siendo. Y lo seré.
Nunca había destacado en nada. Desde pequeña mi madre se había empeñado en apuntarme a clases de ballet, pintura, piano, violín, ajedrez, francés, natación, y un larguísimo etcétera con el que Renée había intentado despertar algún talento en mí. Pero todo fue tiempo perdido.
Lo único en lo que fui mejorando con los años es a caer haciéndome el menor daño posible.
Así que, ahora que Alice había tenido esa visión extraña en la que decía que me había visto junto con el resto del grupo, tuve la esperanza de desarrollar algún tipo de característica especial, al igual que ellos. Pero está claro que era falso. Yo jamás había sido especial en nada, ¿por qué iba a cambiar eso ahora?
Y encima le había dicho aquellas cosas a Alice, cuando ella no tenía culpa de nada. Debería volver y disculparme con ella para...
-¡Auch!
-¿Otra vez tú, Swan?
La voz de Masen retumbó en mi cabeza por segunda vez en aquel día. Y por segunda vez, tampoco fueron amables sus palabras.
Alcé la cabeza, que había chocado contra su duro (y fibroso) abdomen y le miré, fulminándolo con la mirada. O al menos esa había sido mi intención, hasta que me di cuenta de que tenía los ojos hinchados y húmedos por el llanto.
-Mira Masen...
-¿Qué te ha pasado Swan?- ese tono trataba de ser ¿amable?
-A ti eso no te importa- iba a decir algo pero le corté-. Y si vas a cachondearte de mí, por favor, mándame un e-mail o algo, porque ahora mismo no estoy de humor.
En ese momento iba a darme la vuelta para irme por donde había venido, para volver a disculparme con Alice, pero Masen me agarró por el brazo y me giró para que le mirase.
-Espera, no te vayas.
Mi cara de escepticismo debió de ser la hostia, pues se apresuró a seguir.
-Sólo quiero saber porqué estás llorando.
-No estoy llorando.- Le dije haciéndome la digna.
-Swan...
-Mira Masen, no sé a que viene esto, pero si tratas de hacerte el niño bueno para luego reírte más de mí, deja que te diga que no voy a caer. Además me dan igual tus juegecitos y apuestas. Corre con tu panda de raritos y cuéntales que la torpe de Swan estaba llorando como una desconsolada por los pasillos.
-Isabella Swan, de verdad no sé a que te refieres con eso que acabas de decir pero, quiero que sepas que entiendo que pienses mal de mí. No he sido muy amable contigo nunca ¿no?
Vale, a estas alturas que sea amable y encima me llame por mi nombre completo me daba que pensar.
-Masen, me sorprendes. ¿A que viene que de pronto seas tan amable y te preocupes por mí?
-Es... difícil.
-¿El qué? ¿Yo soy difícil?
-Algo así. ¿Podríamos sentarnos a hablar?
-Mira...- miré mi reloj haciéndome la interesante e intentando ganar tiempo para pensar algo y encontrarle sentido a aquello-. Es tardísimo, hace cosa de 10 minutos que debería estar en clase y...
-Por favor.
Ese tímido y desvalido "por favor" me rompió el alma. Se le veía triste y preocupado de verdad... Está bien, le daría una oportunidad.
-De acuerdo, Masen. Tu dirás.
Cambios inesperados ¿no? Espero haberos sorprendido y también entretenido.
Nos vemos en un par de días. I promisse it. (Vivan las vacaciones).
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