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Cuando llegué mi prima Jane – que tenía 16 años, seis más que yo - me abrió la puerta y me abrazó en cuanto entré. Me susurró una y otra vez que lo sentía y que ya no estaría sola. Por un momento me sentí bien, feliz de alejarme de Forks y nunca más volver a esa casa que tanto sufrimiento escondía entre sus paredes; pero por otra parte…echaría de menos a mi ángel…

Fin del Flash Back

Como decía, finalmente he vuelto. No es que en Italia se estuviese mal. Yo vivía bien, nunca me faltó nada material, ni tampoco el cariño de mis tíos y mis primos, incluso para ser una chica bastante tímida había conseguido tener amigas. Pero aun así, ya no podía más, todo el tiempo que estaba en Italia había sido incapaz dejar de pensar en mi pequeño ángel. Sabía que sería casi imposible encontrarlo aunque regresase a Forks, que quizás él ya se había mudado con su familia o se había marchado a estudiar al extranjero…pero aun así, yo he regresado a buscarlo y no desistiré hasta que vuelva a ver el brillo de sus cautivadores ojos verdes, aunque esos ojos…ya le pertenezcan a otra chica…

- ¡Señorita Swan! ¡Ya está todo listo! – Un hombre de unos cuarenta años y canoso se acercó hacia mí con una sonrisa y me tendió las llaves de mi casa – Ya puede entrar, espero que la decoración sea de su agrado, lo hemos situado todo tal y como usted nos ordenó.

- Muchas gracias – con cuidado cogí mi cartera y saque un billete – gracias por todo

- Es un placer trabajar para usted – tomó el billete, me estrechó la mano y se marchó junto con su equipo y sus ruidosos camiones de mudanza

- Bien Bella…llegó el momento de comenzar tu nueva vida

Tomé una gran bocanada de aire y tras introducir la llave en la cerradura…entré. No pude evitar que mis ojos se abrieran como platos y que un par de lágrimas recorriesen mi rostro. Los de la mudanza habían hecho un muy buen trabajo y la casa, estaba exactamente igual que mi antigua residencia de Forks. Sonreí y caminé embelesada por la casa. Recordando la armonía y la tranquilidad que me transmitía aquella decoración tan al estilo de mi madre y haciéndome olvidar la última imagen que tenía de la que fue mi casa.

*piiii* *piiii*

Rápidamente tomé mi teléfono móvil y miré la alarma… … …

- ¡Llego tarde a clase! ¡Y mi primer día!

Con la mayor rapidez que mis pies me lo permitían, corrí hacia mi preciada furgoneta roja y conduje hasta el instinto de Forks. Para mi desgracia, me perdí pro el camino y cuando llegue al instituto solo me dio tiempo de ir a poner en orden los papeles de la inscripción y de recoger un mapa y mi horario de clases, tras eso, la campana sonó indicando el descanso.

Me sentía asustada, no conocía a nadie y ahora tendría que comer sola en una mesa alejada de todos y con sus miradas posadas en mí. Por un momento pensé en entrar corriendo coger una limonada y salir por la puerta para refugiarme en la biblioteca hasta que las clases dieran comienzo; peor en cuanto abrí la puerta todos me miraron y me quedé paralizada.

- ¿Esa es la chica nueva? – escuché a unas chicas que me miraban por encima del hombro

- Es linda; pero no es tan guapa como para que los chicos la miren así…

- ¿Linda? Yo la veo una chica normalita. Además mira sus ropas, me habían dicho que era una chica Italiana de una familia muy importante pero…yo creo que apenas vive en una choza

Bajé la cabeza avergonzada. Puede que mis ropas no fuesen muy lujosas; pero tampoco era para tanto. Las chicas siguieron cuchicheando y las demás mesas se unieron al barullo general que ocasionó mi entrada. Tragué saliva con nerviosismo y me dispuse a dar media vuelta y salir corriendo; pero cuando estaba a punto de hacerlo una mano tomó la mía.

- ¿No vas a tomar nada? ¿Por qué no vienes y te sientas conmigo y mi familia?

Me giré con cuidado tras escuchar esa dulce voz. Ante mi, había una chica bajita, con aspecto de duendecillo, cabello negro y corto con cada punta en una dirección y unos hermosos ojos dorados. En su hermoso rostro bailaba una dulce sonrisa y su mano apretaba con dulzura la mía.

- ¡Vamos!

Con un poco de fuerza jaló de mi y caminamos hacia una mesa con tres personas que más que estudiantes parecían actores de Hollywood.

- Vamos que no te de vergüenza siéntate – me indicó mientras ello tomaba asiento

- Yo… - bajé la cabeza algo avergonzada

- Lo siento, no debí arrastrarte así; pero es que no soporto que nadie critique a mis amigas y tengo el presentimiento de que tu y yo seremos inseparables - volvió a dedicarme una sonrisa y no pude evitar reír con ella - ¡Al fin sonríes! – rió – Bueno me presentaré, soy Alice Cullen.

- Isabella, pero me gustan que me digan Bella – sonreí y en menos de un segundo Alice se lanzo sobre mí y me dio un beso en la mejilla

- Encantada Bella – sonrió

- Alice… ¿No se te olvida algo? – preguntó una chica que estaba sentada con nosotros.

Hasta el momento no había apreciado la perfección de aquellos rostros. Realmente parecían ángeles. La otra chica de la mesa era rubia, de ojos azules y con un cuerpo de modelo. A su lado estaba un chico que bien podría pasar por un ropero, era muy musculoso, de pelo negro rizado y ojos dorados. Al lado del chico musculoso había otro chico, era rubio y también musculoso; pero no tanto como el otro chico, sus ojos eran azules y tenía cierto parecido con la chica rubia.

- Oh perdona Rose – se disculpó Alice – Aun no os presente – rió – Bella ella es Rosalie Hale – señaló a la chica rubia – el que está a su lado es mi hermano Emmett, su novio – señaló al chico musculoso – y ese chico rubio tan guapo es Jasper, el hermano de Rosalie y mi novio – sonrió saltando a los brazos de Jasper

Rosalie se levantó de su silla y se acercó a mí dándome un beso en la mejilla y dedicándome una gran sonrisa.

- Es un placer Bella. Espero que seamos grandes amigas – sonrió y volvió a su sitió

No me dio tiempo a reaccionar cuando me vi envuelta entre unos fuertes brazos y empecé a girar suspendida en el aire.

- ¡Bella ya verás cómo nos divertiremos! ¡Seré tu hermano mayor! – me depositó en el suelo y me dedico una brillante sonrisa.

Emmett volvió a si lugar abrazando a Rosalie y Jasper, que consiguió librarse de Alice, se acercó a mí y estrechó mi mano.

- Encantado Bella – me dedicó una sonrisa y volvió a su sitio

- Yo…no sé qué decir…me habéis tratado tan bien…y sin conocerme…espero no defraudaros o…

- Anda Bella no digas tonterías. Ya te dije que tengo el presentimiento de que seremos grandes amigas ¡y mis presentimientos nunca fallan! Además, das la impresión de ser una chica muy linda

- Gr…gracias…

La verdad nunca antes me lo había pasado tan bien. Todos ellos eran magníficos y muy divertidos. Me trataron como si fuésemos amigos de toda la vida y me hicieron olvidar a los demás. Descubrí que ellos eran unos chicos muy populares y por un momento temí que por mi culpa dejasen de serlo; pero Alice me dijo que a ellos no les importaba lo que los demás dijesen, siempre que se tuviesen los unos a los otros.

De pronto, tras terminar de reír un chiste que Emmett acababa de hacer sobre vampiros, unos tremendos gritos se escucharon desde el otro lado de la puerta de la cafetería y mis acompañantes comenzaron a reír como locos. Yo no lo entendía y los gritos comenzaban a asustarme, parecían los típicos gritos de las colegialas que son perseguidas por un enmascarado con moto-sierra en las películas de terror.

- ¿Qu-Qué pasa? – me atreví a preguntar

- Hay viene Edward – respondió simplemente Alice mientras tomaba un sorbo de la limonada de Jasper

¿Edward? ¿Quién era Edward? ¿Y que tenía que ver él con esos gritos? Lentamente la puerta del comedor se abrió y por ella comenzaron a entrar un montón de chicas que perseguían a…a… ¡Un Dios griego! Ante mí, caminando con suma elegancia, había un chico alto, de cabello cobrizo despeinado, ojos verdes que brillaban como esmeraldas y un poco musculoso. Era hermoso, muy hermoso, como un Adonis, cómo un…ángel…

Las chicas que le seguían no paraban de gritar y de agarrarse a él hasta casi tirarle al suelo; pero él nunca se quejó, siguió caminando, tomó su desayuno y seguidamente se dirigió… ¡¿Hacia mí?! No me lo podía creer, ese chico estaba caminando en mi dirección y para mi desgracia… ¡había comenzado a sonreír!

- Buenos días chicos - saludó y sin preámbulos tomó lugar a mi lado. – Oh – exclamo al verme – tú debes de ser la chica nueva de la que tanto hablaba mi hermanita – con cuidado tomó mi mano – Es un placer, soy Edward Cullen – y depositó un beso en ella.

Cuando sus perfectos labios hicieron contactos con piel una extraña descarga eléctrica, para nada desagradable, recorrió mi cuerpo y la sangre se agolpó en mis mejillas haciéndome sentir aún más avergonzada. Pensé que ese hermoso chico se reiría de mí; pero en lugar de eso se quedó mirándome fijamente a los ojos, deteniendo el tiempo a nuestro alrededor y acelerando mi corazón. Sus ojos tenían un brillo, un brillo especial, familiar…un brillo como el de…

- ¡Hey Edward! – gritó Alice, haciendo estallar mi burbuja – No mires así a la pobre Bella o tus admiradoras acabaran matándola en su primer día en Forks - los chicos comenzaron a reír y eso aumentó aún más mi sonrojo.

- Cállate Alice y por favor no me recuerdes a…``esas´´ - Edward apoyó el codo en la mesa y dejó reposar su cabeza en su mano – pensé que escondiéndome en la biblioteca me libraría de ellas pero… ¡Me descubrieron! Alguien me vio entrar y se lo dijo a las chicas. El encargado de la biblioteca me hecho por armar escándalo y lo peor es que no me dejaron terminar de leer Cumbres Borrascosas – bufó y comenzó a juguetear con el tapón de la botella de agua de Rosalie

- Si quieres puedo dejártelo – me ofrecí rápidamente

- ¿Dejármelo?

- Me refiero a Cumbres Borrascosas, es uno de mis libros preferidos, si quieres puedo prestártelo

Todos me miraron como si tuviese monos en la cara y eso me asustó. ¿Había hecho algo malo? ¿Acaso no debía de haberle ofrecido ayuda?

- Yo…esto…si no lo quieres da igual…yo…solo quise ayudarte…pero…

- No es eso – se apresuró a decir – claro que acepto tu libro, solo que…bueno, digamos que nos sorprendiste.

- ¿Sorprenderos?

- Verás. Las chicas de aquí son muy egoístas y nunca se preocupan por nada, ni nadie que no sean ellas. Además, creo que ninguna ha leído un libro de más de 10 páginas. Por eso nos sorprendió que le ofrecieses algo a Edward sin pedir nada a cambio y más aún que te gustase leer. – explicó Alice

- Oh…ya veo. ¿Entonces lo quieres Edward?

- Te lo agradecería si me lo prestases un par de días.

Edward volvió a mirarme fijamente a los ojos haciendo que mi corazón volviese a latir a un ritmo muy poco normal y me dedicó una sonrisa torcida que me dejó sin aliento. ¿Es qué no se daba cuenta de lo que su físico ocasionaba en los demás?

- ¡Ainss! – suspiraron nuestros acompañantes – Que bonito es el amor…

Nuevamente me sonrojé y giré la cabeza mirando al suelo. ¿Amor? ¿Habían dicho amor? No, eso era imposible, yo no podía estar enamorada de Edward. Es cierto que él era guapo, muy guapo, era todo un caballero y además le gustaba leer. ¡Pero yo no podía estar enamorada de Edward! ¡Yo amaba a mi ángel! ¡A mi pequeño ángel que me rescató de las garras de Phil! Aunque…los ojos de Edward…me hacían, me hacían sentir tan especial, tan protegida…me sentía…como cuando mi pequeño ángel me dejaba hipnotizada con sus esmeraldas verdes.

- No digáis tonterías – susurró Edward

- Es verdad Edward aun sigue pensando en su chica desaparecida – rió Emmett intentando parecer dramático – ¡Vamos Edward deja ya de soñar!

- ¡Cállate Emmett! ¡Vosotros no entendéis nada!

Para mi sorpresa, Edward golpeó la mesa y se levantó con fiereza marchándose de la cafetería seguido nuevamente por un montón de chicas. No entendía nada, no sabía por qué Edward había reaccionado así, ni por qué me dolió tanto.

- ¿Qu-qué ha pasado?

Es una historia muy larga. Verás…

*Piiii* *Piiii* *Piiii* *Piiii*

El timbre sonó indicando que el descanso había terminado y dejándome sin conocer el pasado de Edward. Pero no me rendiría, por alguna extraña razón deseaba conocer que era aquello que le atormentaba, porque por mi extraño que pareciese, tenía la sensación de que cuando averiguase su pasado, estaría más cerca de encontrar a mi ángel.

CONTINUARA...


N/A: Bueno espero que os guste este segundo capitulo. Bella ya llegó a Forks y al fin conoció a los Cullen y a los Hale. ¿Qué es lo que tanto atormenta a Edward? ¿Podrá Bella descubrirlo y encontrar a su pequeño ángel? Para descubrirlo solo tenéis que estar atentos y leer la continuación de mi fic... Looking for mi ángel!

Bueno y ya que habeis llegado hasta aquí...¿Por qué no me dejais un lindo Reviews?

Besos chics!!

Nos leemos ^^