Un secreto, una rosa y un 'te quiero'
Disclaimer: Vocaloid es propiedad de Yamaha, Sega y Crypton. Este es un proyecto DE FANS Y PARA FANS. No hay ganancia monetaria en la realización de este trabajo.
Día IV(Parte I):
Sus ojos estaban fijos en el paisaje tras el cristal de la pared. El bosque que se abría paso en terrenos de la escuela era algo hermoso, digno de contemplar. Los recuerdos de aquellos bellos momentos que compartió en la infancia con su gemelo inundaron su mente. Aquella vez que ambos se perdieron allí… Cuando secuestraron a Miku y la ataron a un árbol en la noche de Halloween, diciendo que se la iban a comer… La ocasión en la que Len había quedado atrapado tras las rejas, cual prisionero en el holocausto… Tantos hermosos recuerdos compartidos capturaban toda su atención, las voces en el salón se escuchaban como zumbidos, murmullos en la distancia.
¿Y qué si estaba enamorada de Len? Eso era algo que ya no tenía reversa, jamás volvería a amara alguien como lo hizo con su hermano. ¿Y qué si imaginarlo con otras chicas volvía loca de celos? ¿Y qué si su ausencia le partía el corazón? ¿Y qué si la sensación de su cuerpo caliente contra el suyo, y el sonido de su voz dulce al oído, y el aroma de su sudor llenando su nariz era lo único que haría falta para hacer que todo el dolor desapareciera?
Se preguntó si los demás en el aula habían notado las lágrimas en sus ojos y las que recorrían sus mejillas. Se encontraban a tempranas horas de la mañana, y hoy una hora de detención en la sala de castigos le parecía totalmente absurdo. No era nada raro, ella visitó aquél salón para rebeldes cientos de veces…pero siempre acompañada de su fiel cómplice. Se sentía como un Sherlock que necesitaba a su Watson, un Tom que se comió a su Jerry, un coyote que perdió de vista al correcaminos, un pedazo de pan que había olvidado ser condimentado.
La relación entre ellos dos siempre había sido digna de admirar, tan dulce, tan real, tan perfecta… No imaginaba como llegó a tener el control suficiente para mantener esos sentimientos de amor enterrados en el fondo, y contenerse cuando él tan sólo estaba a unos centímetros. Tal vez Len había pasado por lo mismo. ¿Fue esta la razón por la que se entregaba a otras mujeres?
Su corazón estaba roto. En un mundo abstracto y carente de lenguaje inútil, se encerró a sí misma, su propia terapia, una vía de escape. Len jamás había llegado a comprender una parte de eso. Se culpaba a sí misma por lo inevitable. No hay vuelta atrás. No había nada más. El vínculo que compartían como hermanos había llegado a convertirse polvo.
Una voz masculina la despertó de su sueño consiente, haciéndola abandonar la vista a la ventana.
-Señorita Kagamine, ¿ha estado prestando atención?
Trató de ocultar las lágrimas dejando que el cabello cubra parte de su rostro y respondió con voz segura y firme, borrando todo rastro de un temblor que ésta pudiera poseer.
-Sí, sensei.
-Entonces podrá responderme con facilidad, ¿Cuál es el principal objetivo de un átomo en estado natural?
Estaba a punto de decir que no tenía idea, lo que la condenaría a un par de minutos fuera de la clase, cuando una voz susurró sutilmente a sus espaldas:
-Estabilidad, ¡electrones!-Nadie lo notó salvo Rin, aquella voz escondía el rostro tras un libro simulando distracción.
-Lograr la estabilidad atómica, cediendo, recibiendo o compartiendo electrones, sensei.
Al hombre canoso arqueó una ceja de impresión, como la mayoría de los alumnos. Cuando se recobró y continuó con la clase, la rubia se giró para agradecer el dato, y sus ojos se encontraron con lo que menos esperaban, una cabellera rosa y unos penetrantes ojos celestes. Ella negó con la cabeza en una sonrisa, para demostrar que no le había sido problema salvarla del apuro.
-Arigatou, Megurine-san.
-No te preocupes-dijo, jugando con uno de sus mechones sin mirarla a la cara- Perdón por lo del lunes, ¿estamos bien?
Rin se limitó a asentir con la cabeza, y girar el torso de nuevo. El cambio de actitud de Luka tal vez tenía que ver con la llamada de ayer, quién sabe. Pero de cualquier manera se sentía agradecida, porque era la primera vez en la semana que alguien le mostraba amabilidad.
El día fue bastante tranquilo, incluso en horas del almuerzo supo controlarse, hasta que sus compañeros empezaron con conversaciones incómodas.
-Nee, Rin-chan, ¿te apetece salir conmigo a tomar un helado o algo?
-Eso suena como algo que haría Kaito-dijo con una sonrisa, sin darle mucha importancia. Una cita en sus condiciones le parecía totalmente imposible.
-¡Hablando de eso, Rin! Escuché que Dell quería invitarte a salir este fin de semana… ¿Qué piensas hacer?-preguntó Ruko, la "chica" de género dudoso, que a pesar de su problema, le caía estupendamente a la rubia.
-Etto… ¿Y por qué no me lo pidió hace una semana o algo así?
Las expresiones de sus compañeros se transformaron en miradas de incredulidad. Rápidamente, Mikuo respondió.
-Pues primero, porque estaba liado con Aku, y segundo, porque como no te dejaban salir…
-…¿Qué?-No tenía ni la más pálida idea de lo que estaban hablando.
-¡Sí! Len-san nos había dicho que como tenías prohibido salir… Tal vez ahora que ya no estaba algunos probarían una oportunidad contigo.
-¿Así que Len les dijo eso…?
Cuando las cabezas asintieron al mismo tiempo, Rin sonrió de una forma algo sádica. ¿Qué se creía Len para espantar a todos sus cortejantes?
Les dijo que me prohibían salir… ¡por eso nunca he tenido una sola cita!
Miró a su alrededor, y recién en ese momento pudo fijarse en todas las miradas masculinas sobre ella. ¿Acaso Rin también despedía algo del efecto Kagamine Len? No parecía una posibilidad demasiado remota.
…Voy a partirle la cara…
Ocupada, pensaba en un castigo interesante para su gemelo, conservando la sonrisa macabra. El muy descarado era culpable de que la rubia se haya convencido a sí misma de ser extremadamente horrible para no tener siquiera una miserable cita como es debido. Ni siquiera un piropo, un coqueteo, una llamada de atención… Todo el amor y devoción que le tenía se le transformó en un momentáneo odio que le hervía la sangre. Hasta Neru se había detenido a mirar su expresión endemoniada como si fuera un bicho raro.
Todos los métodos de tortura y extorción posibles recorrían su mente, cuando una suave voz sonó a sus espaldas, provocándole un escalofrío que le recorrió el cuerpo.
-Es hora de irnos…
