Capítulo 6: Sin Reputación No Hay Respeto
Hermione subió hasta su cuarto extrañada por las palabras que le había soltado el Slytherin. Se desnudó sin darse cuenta ya estaba vestida y después de tumbarse unos minutos con la mente en blanco decidió dormir y poder descansar en los sueños.
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Era espléndido. Todo estaba cubierto de vegetación, una gran cascada estaba en el lado oeste de la ciudad que se alzaba entre árboles, roca y montaña haciendo de ella un paraje fabuloso. Los edificios eran blancos y su estilo era totalmente medieval, grandes puertas, ventanas con arcos y una gran bóveda en el centro de aquella ciudad.
Empezó a andar con cuidado pero se dio cuenta de que sus pasos eran silenciosos a pesar de que el suelo fuera de piedra. Un viento suave y fresco impregnaba el lugar de una fragancia primaveral de flores. Ese lugar era inimaginable para alguien que no supiera que existía la magia.
Se fijó en la ropa. Era un vestido hecho de seda fina de colores azules y verdes con bordes muy bien detallados en las mangas anchas al estilo medieval. Lo llevaba cogido por el cuello pero sentía que la espalda la llevaba al aire libre. Llevaba el pelo sujeto con una trenza, echa con su propio pelo como diadema y el resto cayendo con gracia en su espalda. Notaba que era más alta y estilizada, sus manos eran finas y suaves pero a la vez fuertes y ágiles. Antes de poder averiguar el color de su pelo una voz la llamó por detrás.
Era un hombre de su misma edad o algo mayor. Su pelo era de un color como los rayos del sol haciendo juego con el azul del cielo en un día esplendido de sus ojos. Su piel era bronceada. Se veía una agilidad al andar fuera de lo común, se veía fuerte aunque su porte era elegante. Sus labios finos estaban en una expresión que no pudo determinar pero sus ojos reflejaban desesperación, odio y temor. Realmente se sentía incómoda estando frente a él y fijar su mirada en la suya.
Izo un ademán de irse lo antes posible pero una mano fuerte y segura la agarró con suavidad por el antebrazo.
"No huyas más." Hermione se giró extrañada y lo miró a los ojos extrañada.
'¡Me está hablando en elfo!' Se puso erguida y lo desafío con la mirada.
"Respóndeme, ¿por qué huyes de mi desde aquella ocasión?" La miró esperando encontrar una respuesta en su mirada pero a cambio recibió una de interrogación. "Fuiste tú quien insistió en saber, ¿o no recuerdas?" Se le veía ansioso por tener una respuesta a algo que ella no sabía. Era un sueño y nada más. ¿Qué importancia tenía que lo supiera o no?
"Me haces daño." Bajó su mirada hasta la mano que la sujetaba y con un golpe brusco él la soltó pero atentó a que no volviera a huir.
Debía cuidar el lenguaje que tomaba pues era difícil responder sin saber.
"¿A que te refieres exactamente?" Se colocó de manera que lo pudiera ver de frente. Su mirada no expresaba ningún tipo de sentimiento ni acción.
El hombre se echó a reír sarcásticamente y se mesó el pelo. Clavó sus ojos azules en los otoñales de ella.
"Ya lo sabes. Sabes que no me importa la sangre, ni el rango ni nada de todo eso..." Bajó la mirada hasta el suelo y volvió a mirarla. "Y lo sabes. ¿Por qué no quieres entenderlo? Tú sientes lo mismo ¿Por qué me lo sigues negando?" Se acercó a ella despacio tomándola de los brazos.
Ahora lo entendía. Aquel hombre la quería y por alguna razón ella, o más bien dicho, la persona que ahora ocupaba, no quería corresponderle. ¿Por qué? Al parecer sentían lo mismo pero… había mencionado algo de un rango ¿qué era todo aquello del rango? ¿Y la sangre? ¿Acaso no eran ambos elfos? ¿Había alguna clase de raza diferente entre ellos? Lo miró confundida. ¿Qué debía contestar a ello?
"Kerthar… yo…" Abrió los ojos sorprendida. No conocía su nombre y lo había pronunciado como si nada.
"Iowenz… Zerk, mi nombre es Zerk… no me llames por mi apellido. Eso es lo único que odio." Ahora su mirada era de dolor.
"Zerk… sabes que no puedo…" Intentó marcharse pero sus brazos estaban presos de los de él.
"No me importa que seas una Fwerz… lo único que tienes que hacer… es…"
"¡NO!" Su mirada era fría pero triste. Se sentía mal por rechazarle sabiendo que podía arreglarlo pero no bastaban con sus palabras, había otro obstáculo. Aquel abismo que los separaba era la sangre real que corría por ambas venas. "Yo soy Iowenz Weilk, soy una Fwerz, futura reina de Zwernakyw y tú…" Lo miró a los ojos sabiendo el dolor que ambos sentían. "Tú eres Zerk Kerthar heredero de los Parajes de Tazkerwy. No podemos unirnos tú estás comprometido y yo pronto lo estaré." Las manos de él la soltaron. Ya no sabía si sus ojos expresaban dolor, rabia… eran indescriptibles.
"¡Sabes la solución! ¿Por qué no lo enfrentas? ¿Por qué me lo contaste? ¿Pretendes que viva el resto de la vida comprometido con otra mientras te amo a ti? ¡NO!" Izó un ademán de volver a sujetarla con fuerza por los brazos reteniendo la rabia pero las cerró antes de tocarla. Sonrió de lado sin mirarla. A los pocos segundos levantó lentamente la cabeza hasta que se encontró con sus ojos. "Si es eso lo que quieres… no volveré a molestaros, majestad…" Izó una reverencia de respeto y se levantó.
Estaba triste pues aquel respeto nunca lo habían mantenido o esa era la impresión que tuvo.
"Kerthar…" Este se volvió pues ya estaba a tres metros de ella. "De verás que lo siento…" Agachó la cabeza. Sintió como volvía a acercarse a ella.
Alzó su mano hasta tocar su piel suave y obligándola a mirarlo.
"Más lo siento yo Fwerz Weilk…" Fue a darle un beso en su mejilla pero se detuvo cerrando los ojos. Sabía que no debía hacerlo. Tenia que irse lo antes mejor. "Hasta dentro de un tiempo." Y la dejó allí sola con el viento primaveral que en esos momentos ambos lo sentían como el principio de un invierno muy duro que no terminaría jamás en sus corazones.
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Malfoy había tardado en dormirse. Había estado pensando en demasiadas cosas, las cuales lo habían mantenido despierto más de lo que había deseado. Después de olvidarse de todo por fin había podido cerrar los ojos cayendo en el manto de Morfeo.
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Sujetaba un cristal. Era cálido pero una sensación de frío lo envolvía por completo. Sus manos rodeaban el cristal el cual emitía una luz blanca como la nieve, iluminando todo lo que había a su alrededor. Estaba a la altura de su pecho. Miró hacía adelante y se fijo que estaba frente a una mujer bellísima.
Su piel era un poco bronceada pero no podía determinar cuanto pues al igual que él ella también sostenía un cristal que emitía una luz casi cegadora. Sus ojos eran de un ámbar muy claro, su pelo se podía definir como el otoño, ni muy castaño ni poco, un toque suave de rojizo… era una mezcla de todo. Tenía un porte muy elegante. Sus rasgos y su cuerpo eran finos, de una gran dama pero ambos transmitían seguridad y fuerza muy poderosa.
Entonces algo sucedió. Ambos conectaron sus miradas provocando que se exaltaran. Tenía ganas de abrazarla y besarla incluso podía notar como ella pasaba por lo mismo.
Miró a su alrededor. Estaban rodeados por una gran cantidad de gente, todas ellas con gran porte y elegancia y al parecer muy poderosos. Fijó mejor su mirada en todos ellos y comprobó que solo había dos rasgos diferentes. Unos eran rubios platinos y con ojos azules o grises y otros con el pelo otoñal, unos más rojizos otros más castaños pero el mismo estilo, al igual que los ojos eran ámbares oscuros o claros. Pero todos ellos eran… ¡elfos!
Era un ritual. ¿Para qué? ¿Qué hacía allí? ¿Quiénes eran todos ellos? De repente todos empezaron un ritual. No conseguía entender las palabras que pronunciaban pues llegaban como distorsionadas.
"Deberéis buscaros en otra vida, época y sobre todo… apariencia." Una voz general se alzó en sus cabezas. "Nunca olvidéis quienes sois. Zerk Kerthar heredero de los Parajes de Tazkerwy y Iowenz Weilk, una Fwerz, futura reina de Zwernakyw."
Se oía un cántico. Era maravilloso pero sentía que algo no iba bien.
"No hay otra solución para salvaros, es el único modo de conseguirlo. Sobreviviréis hasta que el tiempo decida volveros. Lo único que tendréis que hacer es rehacer vuestra vida lejos el uno del otro hasta que empecéis a recordar vuestra vida."
Fue a decir algo pero la mujer lo interrumpió.
"Espero que no sea mucho tiempo." Lo miró a los ojos con tristeza.
"Iowenz ¿sabes lo que debes hacer?" Un silencio inundó la sala.
"Sí." Respiró hondo. "Yo, Iowenz Weilk, Fwerz y futura reina de Zwernakyw, renunció a mi trono, sangre y cualquier otro vínculo de mi familia, raza y reino, hasta que el tiempo decida y poder estar a salvó de la maldición que se cierne sobre mí y mi protector." Sacó una mano y con una mano sostuvo la bola que ahora flotaba en una de sus manos mientras que la otra mostraba su palma hacía él.
"Zerk, es tu turno." La sala seguía en un silencio sepulcral. Aquello era su sentencia y la de Iowenz.
"Yo, Zerk Kerthar heredero de los Parajes de Tazkerwy renunció a mi trono, sangre y cualquier otro vínculo de mi familia, raza y reino, hasta que el tiempo decida y poder estar a salvó de la maldición que se cierne sobre mí y mi protectora." Soltó una mano de la esfera y junto su palma con la de Iowenz sosteniendo la esfera que ahora flotaba en su otra palma.
Ambas esferas se habían vuelto de un rojo esmeralda y ahora eran sus manos quienes transmitían una luz cegadora.
"Bien. Ambos renunciáis a todo lo que sois y a toda vuestra vida." Hubo un silencio de aprobación y resignación.
Ambas familias renunciaban a sus únicos herederos, por una maldición que amenazaba no solo a los principales sino a toda la raza de ellos. Algo por lo que nadie aceptaba, pues eran muchos siglos de vida y de esperanzas destruidas. Todas las miradas estaban posadas en ellos.
"Ahora… las esferas." Estás se elevaron y empezaron a dar círculos en torno a ellos. "Estás esferas contienen vuestra esencia. Vida… sangre… raza… reino… todo por lo que habéis jurado olvidar y renunciar, está aquí." Se detuvieron una en cada cabeza. "Serán protegidas y escondidas para que solo vosotros encontréis la manera de poder recuperarlas… Pero solo en el momento que se decida." En un destello envuelto de relámpagos y truenos, desaparecieron. "Es la hora."
Juntaron ambas manos mientras que todos se arrodillaban ante ellos. Muchos lloraban, otros no podían seguir mirando y habían decidido cerrar sus ojos. Algunos murmuraban al cielo y otros se doblaban de dolor. Había llegado la hora de que ambos desaparecieran incluso en sus recuerdos. No quedaría nada de ellos. Nadie sabría de su existencia. Aquel ritual sería olvidado, negado y rechazado de la verdad. El tiempo diría cuando podrían recuperar aquello por lo que alguna vez tuvieron esperanza.
Sin esperar nada más ambos se miraron sabiendo lo que debían hacer a continuación. Una última mirada a sus seres queridos. Aquellos por los que habían luchado y amado ahora serían abandonados sin poder hacer otra cosa.
Una lágrima recorrió el rostro de ella. No pudo reprimir la ansiedad que sentía y apretó más fuerte su mano. Ella fijó su mirada en sus ojos y asintió sin más.
"Hasta el resto de mi vida." La voz de Iowenz se alzó con fuerza sin mostrar su debilidad.
Ahora era él quien debía mostrar seguridad y no debilidad.
"Hasta el resto de mi vida." Se aferraron más de lo que podrían haber imaginado.
"¡Hasta el resto de los tiempos y los siglos!"
Una gran explosión sonó en la sala haciendo que todos en ella aparecieran en diferentes lugares sin saber porque estaban allí. Dentro de poco recuperarían el recuerdo que haría que continuaran con sus tareas aunque todos ellos sentían dolor y un gran vacío en sus vidas.
Estaban envueltos en una luz completamente blanca, los dos solos.
"No me olvides nunca Zerk…" Varias lágrimas salieron de sus ojos derrumbando la fortaleza que se había prometido no romper.
"Jamás lo haré…" La rodeó con un brazo por la cintura y con el otro lo alzó hasta que su mano rodeó su cuello. "Prométeme tú lo mismo." Su frente tocó la de ella fijando sus ojos en los claros de ella.
"Te lo prometo. Jamás Zerk… Jamás…" Cerró sus ojos.
"Jamás Iowenz…"
La última mirada… el último abrazo… la última caricia… la última lágrima… el último beso que ambos sentirían.
"Jamás… hasta el resto de los tiempos y los siglos…"
Y el último susurró.
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Hermione despertó sobresaltada. Tardó unos segundos en fijar la mirada y comprobar que se encontraba en su dormitorio. Se llevó ambas manos a la cara intentando sacarse el sudor que su piel desprendía. Se tranquilizó y cogiendo la toalla del armario se fue al baño. Necesitaba una ducha fría para terminar de despertarse y olvidar aquel sueño extraño.
Estaba frente al espejo. Era extraño pero desde hacía poco había notado algún cambio en su rostro, estaba algo más estilizado y ya no daba la sensación de una adolescente, el pelo estaba menos rebelde. Se peinó el pelo para desenredarlo y lavárselo con mejor facilidad.
Se enrolló la toalla después de desnudarse y fue hacía la ducha y abrió el agua. Pasaron algunos minutos hasta que el agua estuvo en su punto y se adentró. Notó como empezaba a mojarle el pelo, bajaba hasta sus brazos y así hasta cubrirla por una fina capa de agua. Con tranquilidad se lavó el pelo y el cuerpo y una vez enjuagada salió envolviéndose la toalla en su cuerpo y cogiendo otra pequeña para el pelo.
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Se despertó malhumorado. Aquel sueño no tenía sentido. Se sentó en la cama y una vez estuvo algo más relajado se levantó y abrió la ventana. Al parecer haría un buen día. Sonrió al pensar que sucedería aquel nuevo día.
Cogió la toalla que reposaba en una silla y fue al baño. No creía que la castaña se despertará expresamente para darse una ducha. Estaba frente a la puerta y sin hacer ruido como le habían enseñado la abrió pero no tuvo tiempo a soltarla.
Hermione estaba de espaldas a la puerta agachada mientras se secaba el pelo con un pie medio levantado del suelo y una toalla negra enrollada en su cuerpo.
Se fijo en su silueta. Tenía unas piernas bien bronceadas y no estaban para nada mal. Una cintura bien contorneada y su espalda parecía fuerte. Toda ella daba fuerza y seguridad pero a la vez delicadeza. Fijo su mirada en su nuca. Era algo extraño en su nuca había un pequeño dibujo. Fijo la mirada y se sorprendió al descubrirlo. Era una espada plateada dibujada boca abajo, envuelta en un tallo de rosa que terminaba en su empuñadura con una rosa de color azul plateado. La hoja de esta era irregular pues al principio salían unos cuernos y estos eran imitados al final de la hoja mientras que la punta hacía un par de zigs zags.
No lo podía creer. Llevaba el colgante tatuado en su cuerpo. ¿Cómo era posible que un colgante también estuviera tatuado en su piel? ¿Qué tenia aquello de especial?
Dejó a un lado todos aquellos pensamientos y decidió actuar pues si lo descubría saldría perjudicado.
"Bonita manera de empezar la mañana." Arrastró tanto como pudo las palabras. Hermione se sobresaltó y cogiendo la toalla con la que se había estado secando el pelo se tapo la parte de arriba e instintivamente su mano fue a cogerse la toalla.
"¡Malfoy!" Sus ojos se salían de órbita.
"En persona…" Abrió los brazos y sonrió divertido.
"¿No te enseñaron a llamar a la puerta?" Su cara empezaba a tomar un color rosado.
"Sí pero yo recuerdo unas normas de seguridad cada vez que ocupáramos el baño…" Alzó las cejas sin quitarse la sonrisa triunfante.
"Imbécil…" Murmuró. Se colocó el pelo como pudo y fue hacía la salida. "¿Te importa?" Dijo señalándolo.
"¿El que?" Tiró un poco la cabeza hacía adelante como si no comprendiera.
"Quisiera salir, por favor." Dijo apretando los dientes.
"A era eso claro, claro…" Se pegó a la puerta y esta no tuvo opción en pasar rozándolo.
Una vez ella estaba fuera vio como entraba en su cuarto, cerró la puerta asegurándola con un hechizo por si se le ocurría vengarse. Abrió el agua y esperó que tuviera su temperatura mientras se miraba en el espejo.
Su pelo ahora más claro que antes estaba algo revuelto su piel no tenía mucho bronceado pero eso le daba igual, tenía una musculatura perfecta gracias a todos los entrenamientos de quidditch y demás. Se apoyó en el lavamanos mirándose a los ojos más grises que de costumbre, mala señal. Solo se aclaraban cuando algo debía ocurrir, así lo había aprendido durante años.
Se movió y algo impacto en su pecho. Al llevarse la mano comprobó que llevaba puesta la cadena de la Gryffindor. Era realmente extraño, era igual a la imagen que estaba en la fina piel de la castaña. Debía averiguar a que se debía tanto misterio en aquel objeto.
Había echo un récord. Se había duchado en quince minutos. No tenía ganas de quedarse demasiado bajo el agua pues daría mucho para pensar. Se secó un poco el pelo y enrollándose la toalla a la cintura fue a vestirse.
"Mierda…" La ropa estaba en su cuarto y eso implicaba salir del baño tal como estaba. Con la esperanza que Granger se hubiera ido fue hasta la puerta de su habitación y fue abrirla pero al girar el pomo no fue la suya la que se abrió.
"Bonita imagen por la mañana…" Arrastró las palabras tal y como lo había hecho Malfoy al verla. Malfoy sonrió de lado y cerrando los ojos se dio la vuelta para encararla.
"Vaya, Granger volvemos a vernos…" La miró sin mostrar ningún tipo de vergüenza.
"Así es… veo que tienes calor…" Señaló la toalla mientras se cruzaba de brazos.
"Quería devolverte el favor y hacértelo a ti también." Hermione sonrió y se fue acercando.
"No estés tan seguro…" Solo los separaba un paso. "Creo… más bien diría… que todo esto…" Bajó la mirada disimuladamente mientras se posaba en una cadena plateada, sonrió disimuladamente y lo volvió a mirar. "…no está planeado..." Acercó su mano lentamente hasta su hombro. "… y se te empieza a escapar de las manos." Cogió la cadena y pronunciando un conjuro mental lo desató. "Hasta pronto, Malfoy." Sonrió y tan seguro como había salido del baño salió de la torre.
"Maldita sea…" Entró en su cuarto y dio un portazo. Ella tenía razón, había momentos que no sabía controlar la situación. Pero eso no terminaría así. Se tranquilizó y empezó a vestirse tranquilamente.
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Andaba por los pasillos sonriendo. Su mano le mostraba lo que tanto le había costado, su colgante. No podía permitirse volverlo a perder y menos de aquella manera tan estúpida. Ensanchó su sonrisa y se lo ató al cuello. Giró la esquina y vio a Zabinni apoyado en la pared. Algo extraño pues aquella zona no estaba para nada cerca de las mazmorras. Le quitó importancia y siguió su camino.
"¡Ei!" Zabinni la había cogido suavemente por el brazo deteniéndola. Hermione algo confusa pero molesta se volvió para mirarlo. "Buenos días."
"Buenos días." Su voz salió seca y arrogante.
"Vaya… ¿no te olvidas de algo?" La sujetó de la cintura y la encaró hacía él.
"¿Disculpa? Que yo sepa no te debo nada."
"No… pero se te olvida algo…" Se acercó a ella pero las manos posadas en su pecho lo detuvieron.
"No te creas tan importante, Zabinnni." Zabinni abrió los ojos y se separó un poco de ella.
"¿Zabinni? ¿Qué fue de Blaise?" Hermione abrió los ojos como sorprendida. "¿No recuerdas la biblioteca, el pasillo…?"
"Eso Blaise…" Enfatizó en su nombre. "…es agua pasada así que si no te importa quisiera seguir con mis planes." Fue a soltarse pero se encontró más aferrada a sus manos.
"Ya veo… así que Malfoy ya lo consiguió." Eso no lo iba a permitir. Le soltó un bofetón.
"¡YO NO SOY EL JUGUETE DE NADIE Y MENOS DE MALFOY! ¿Oíste?" Zabinni se giró bruscamente y tras cogerla por ambos hombros la estampo contra la pared. La espalda se le quebró al notar la fuerza del moreno pero no iba a mostrarle lo que quería, su debilidad.
"Pues a mi nadie me trata como a un juguete así que quieras o no vamos a arreglar las cuentas." Estaba a escasos centímetros pero ambos se fulminaban con la mirada.
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Su mente vagaba desde que había abierto la puerta del baño y se había encontrado con aquella imagen. No conseguía sacar nada en concreto y eso le estaba provocando dolor de cabeza pues solo hacía que darle vueltas a lo mismo. Seguía andando ignorando las miradas de asombro y asustadizas que algunos estudiantes que se cruzaban con él, le dirigían.
Fue a girar la esquina pero su nombre pronunciado lo detuvo justo al lado. En ese momento fue testigo de la brutalidad de Zabinni pero también de la fuerza interior de Granger.
Decidió no intervenir de momento así que se quedó medio escondido en la esquina observando a ver que ocurría.
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Hermione seguía con los brazos pegados a su cuerpo y mirando al Slytherin con odio. Zabinni por el contrario ejercía la suficiente fuerza sobre ella sin despegar su mirada de la suya.
"Zabinni déjame…" Su voz estaba pausada pero cargada de furia. Él se limitó a sonreírle.
"¿Por qué debería hacerlo? Si Malfoy lo consiguió no creo que para mi sea menos." Sonrió cínicamente.
"Me estás cansando con ese tema pero te lo vuelvo a repetir, suéltame ya." Zabinni la empujó un poco más hacía la pared.
"No." Hermione sonrió de lado.
"Tu lo has querido…" Cerró los ojos y de golpe lo miró fijamente. "Swaret…¡Wirz!" Como si de una ventisca salida del propio cuerpo de la chica se tratará, Zabinni salió volando estrellándose en la pared que quedaba enfrente. Éste cayó bocabajo mientras escuchaba un pequeño quejido al estar tirado en el suelo.
Hermione se arregló la ropa y el pelo y se irguió de nuevo.
"No vuelvas a meterte conmigo ni insultarme al decir que soy una más de las de Malfoy." Le dio la espalda y empezó a andar de nuevo.
"No he terminado…" Se levantó con algo de dificultad y la apuntó con la varita. "¡Portermis!" Un rayó salió disparado hacía ella.
"¡ABAJO! ¡EXPELLIARMUS!" No lo dudo ni un segundo. Sabía de quien era esa voz y se hecho al suelo. Un rayo azul paso a centímetros de su cabeza y con un estallido supo que había terminado. Levantó la cabeza y miró hacía arriba encontrándose con una mano. "¿Estás bien?" Una sonrisa apareció en su rostro.
"Sí, gracias Pansy pero…"
"Compañerismo, tu misma lo dijiste venía en tu busca y suerte tuviste." Ambas sonrieron.
"¡Traidora!" Ambas se giraron y miraron a Zabinni de pie encarándolas.
"¡El único traidor aquí eres tú!" Hermione estaba furiosa. "Atacar por la espalda… los cobardes son los únicos que actúan así." No podía contenerse y un temblor suave sacudía algunos cuadros pero paso desapercibido por todos. Zabinni alzó una mano medio abierta apuntándola.
"¡Luerwaq!" De su mano empezó a salir una bola de fuego que fue tomando forma de un león majestuoso. Zabinni veía con orgullo su arma mientras sonreía triunfante.
'¿Cómo se atreve a utilizarlo?' Pansy estaba horrorizada. Aquello eran artes oscuras y blancas pero no podían ser utilizadas hasta cierto grado y estaba incumpliendo las reglas, aquello era peligroso pero lo peor era que no podía detenerlo sin usar lo mismo. Miraba horrorizada a Hermione mientras asesinaba con la mirada a Zabinni.
Hermione respiró tranquilamente y entrecruzó las manos de una manera poco habitual y esperó.
"¡Zareq KLWYN!" Un dragón espléndido de color azul con una cola de remolino de rayos y agua fue avanzando hasta la bola de fuego convertida en león. El dragón sin más se abalanzó a este y tras envolverlo por completo lo extinguió y una vez desaparecida hasta la última chispa, volvió dirección a la castaña desvaneciéndose al tocar su cuerpo de nuevo.
Nadie de los que estaban allí podía creerse lo que acaba de suceder. Aquel hechizo era de los niveles más avanzados que existían y aquella castaña lo había conjurado con tal facilidad que era imposible creerse que se pudiera mantener en pie.
Zabinni estaba apunto de explotar, alzó de nuevo su varita apuntándolas.
"¡BASTA!" Las dos chicas miraron por detrás de Zabinni mientras que este se daba la vuelta extrañado. "Blaise guarda tu varita pues no me gustaría nada restarle puntos a mi propia casa por atacar a dos prefectas y una de ellas premio anual." Zabinni lo miró con odio aunque Malfoy no se quedaba atrás.
La guardó sin rechistar y fue dirección a las chicas sin apartar la mirada de la Gryffindor y desapareciendo por uno de los pasillos.
Malfoy tranquilamente se fue acercando mientras iba calmándose y disimulando lo que acababa de presenciar. Llegó frente a las chicas.
"Pansy." Agachó al cabeza como saludo mientras Pansy le imitaba devolviéndole el saludo.
"No pienses que te daré las gracias, podía apañármelas sin ningún problema yo sola." Lo fulminó con la mirada.
"Tranquila Granger. Esta mañana de momento fue suficiente." Pansy miró a Hermione algo curiosa.
"Bien, entonces nos vamos tenemos cosas que hacer. Ciao Malfoy." Se despidió con la mano y seguida de Pansy empezaron a caminar sin hacer más caso a nada.
Malfoy esperó a que desaparecieran para no tener que ir tras ellas. No podía creer como había sido capaz de conjurar un hechizo con magia antigua incluyendo que había echo desaparecer el conjuro de Zabinni.
Su cabeza empezó a darle punzadas pues aquello se sumaba al echo extraño que incluía el colgante y el tatuaje idéntico a éste. Pero de golpe su cabeza empezó a darle vueltas, su vista empezaba a nublarse y empezaba a notar un calor asfixiante. Fue poco a poco a la pared y se apoyó con un hombro mientras dirigía una mano a su cara. Estaba llena de sudor. Cerró los ojos para despejar aquel dolor de cabeza pero no podía abrirlos de nuevo.
Entonces empezó a deslizarse por la pared hasta que quedó tumbado boca abajo mientras parte de su pelo y una de sus manos cubría el rostro. Yacía tumbado en medio de un pasillo donde no pasaba nadie a media luz de aquel largo pasillo. Entonces su mente desapareció en el tiempo quedando solo en cuerpo y alma.
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Pansy miraba a Hermione confirmando sus teorías. Había cambiado muchísimo tanto física como mentalmente. Era una gran bruja, mejor de las que jamás existirían en Slytherin. Sonrió al pensarlo y se puso a su altura.
Se pasó la mano por los ojos intentando disimular el cansancio. Había utilizado magia antigua y sabia que no era segura practicarla en un lugar como Hogwarts. Se frotó los ojos y suavizó su respiración.
"Herms…" Ésta levantó la cabeza y se miró a Pansy. "¿Estás bien?" Hermione sonrió. Sabía que no podía engañarla y menos a ella pues seguramente sabía lo que había echo pero tampoco lo iba a preguntar.
"Sí es solo un pequeño mareo, se me pasara en seguida." Sonrió ampliamente. "Venga vamos que la comida no espera." Avanzó un par de pasos pero su cabeza no la dejó avanzar más. Su vista se nubló y sus piernas flaquearon de golpe e iba cayendo hacía adelante sin poder hacer nada para detenerlo.
"¡Herms!" Pansy salió corriendo y sin pensarlo se tiró al suelo mientras la castaña caía en su cuerpo inconsciente. La cogió con suavidad y la volteó para ver. Su cara estaba pálida y sus ojos cerrados con una expresión de preocupación. Se levantó y tras un hechizo de levitación la llevó a la enfermería lo más rápido que pudo.
Dos mentes habían desaparecido con el fin de encontrarse en el tiempo.
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"¡No!" Cerró la puerta de golpe y todo empezó a temblar. Se sentó en una silla de madera con tallados de rosas en los apoyabrazos y acolchada con un tapiz sencillo, tapó su cara con sus manos y de golpe todo estalló. Los cristales se habían echo triza, la ropa esparcida por toda la habitación, algunas sillas rotas en astillas, cuadros descolgados… Lo único que estaba intacto era su cuerpo y la silla.
Intentó calmarse y lo que quedaba intacto dejo de temblar. Respiró hondo y se levantó apoyándose en la ventana. Fijo su mirada en el paisaje que la rodeaba entonces una pequeña ráfaga de viento le acarició el rostro mientras que su pelo se mecía con el. Seguía disfrutándolo con aquella brisa hasta que notó como su pelo se soltaba dejándolo libre de la trenza. No se movió pues sabía que estaba allí.
Unas manos se posaron en su cintura y apoyó la cabeza en su hombro provocando que su respiración chocara con su cuello. Se estremeció y se giró. Ambos se miraron fijamente y sonrieron cómplices de un secreto que nadie más conocía. Poco a poco se fue acercando hasta que sus labios se besaban con dulzura y ternura. Estuvieron unos minutos así hasta que se separaron. Él sonreía divertido y ella con dulzura.
"¿Cómo llegaste hasta aquí?" Sus manos estaban posadas en su pecho y su mirada en aquellos ojos extraños ahora grises.
"Olvidas quien soy…" Sonrió y le dio un corto beso.
"Está bien…" Se abrazaron con anhelo. "Deberías…" Tenía los ojos cerrados pues no quería abrirlos.
"Lo sé…tenía ganas de verte…" La volvió a besar y fue hasta la puerta pero antes de abrirla se volvió hacía ella. "Por cierto, ¿qué ocurrió aquí?" Un segundo después todo estaba bien colocado y sin muestra de algún incidente. "No haré preguntas." Ella sonrió mientras veía como se colocaba la capucha cubriéndole el rostro.
Se volvió hacía la ventana esperando verlo salir pero alguien montado a caballo le llamó la atención. Salió corriendo esperando llegar a tiempo y haciendo uso del camino más corto que podía tomar llegó a la puerta y se escondió entre los arbustos. Antes de que su figura saliera del todo de la puerta tiró de él y lo dejo apoyado en la pared.
"No hace ni un momen…" Un dedo posado en sus labios lo cayó. Entonces dirigió la mirada hacía donde la dirigía ella.
"Bienvenido señor Relzon…" Un hombre de gran porte pero con muchos años de vida y algo cansado salió a recibir al gran invitado.
"Muchas gracias, siempre es un gusto volver… pero antes me gustaría ver a Iowenz." El hombre asintió y dejando al caballo seguir su camino, lo acompañó.
"Debo irme…" Su mirada se entristeció al ver que él no la miraba sino su mirada estaba en algún punto contrario al de ella. Se alzó y girándole la cara para que la mirara le besó dulcemente y transmitiéndole su dolor.
Salió corriendo esperando llegar antes que él aunque su corazón seguía detrás de aquellos arbustos. Él se había quedado un poco más allí recordando porque estaba allí. Siguió andando con un peso que jamás podría sacarse de encima al lugar donde él y los suyos habían ocupado en aquella ciudad.
Se sentó en la silla y justo en el momento tocaron la puerta. Allí estaba él, alto con su porte y su aura de grandeza que lo envolvía. No se levantó pero él se fue acercando hasta ella.
"Iowenz…" Izo una reverencia con respeto aunque su mirada seguía posada en su rostro. "Ha pasado mucho tiempo desde entonces…" Se acercó más y fue a acariciarla pero ésta fue más rápida y fue hacía la ventana quedándose de pie provocando una sonrisa en su rostro. "Has cambiado… siempre llevabas el pelo sujeto y ahora lo llevas libre…" Su mano se enredó en el pelo recorriendo su longitud hasta que este volvió a reposar en su espalda.
Una lágrima recorrió su rostro que pronto fue secada por el viento que le acariciaba.
La giró y la empezó a besar con pasión y poder. Sus ojos estaban cerrados mientras le cogía suavemente por la nuca mientras que ella tenía los ojos abiertos de sorpresa. Lo único que recordaba es que estaba pensando en él cuando notó una mano en su brazo y seguidamente la besaba. Esos labios que habían sido acariciados por otros de más anhelados, estaban olvidando el fuego por culpa de ese beso inesperado y robado. Lo empujó con todas sus fuerzas mirándolo con furia.
Sonrió satisfactoriamente y se acercó un paso mientras ella retrocedía dando una distancia segura.
"Vete ahora mismo Eloweq…" Su voz era como un susurro de tormenta escuchada a lo lejos.
"¿No me dirás que no lo sabes?" La miró comprobando como su rabia no disminuía pues su pecho subía más de lo normal. "Ya veo… quiero que te queda clara una cosa, no pienso negarlo y más te vale que tu tampoco." Iowenz negó con la cabeza. "No pienso desobedecer una orden y menos si se trata de formar alianza contigo…" Sus miradas no reflejaban otra cosa que furia y poder.
"Entonces, Elowenq, acata tu solo la orden, antes…" Se detuvo mientras Elowenq sonreía pensando que se arrepentía de lo dicho, pero estaba buscando la palabra adecuada, morir era referirse a huir de los hechos, no esa no era. "…antes el destierro." Su voz era tranquila y segura.
No se arrepentía de su decisión. El destierro era la deshonra por no acatar las órdenes y dejarse llevar, pues si era eso por lo que debía pagar así lo haría. Elowenq abrió los ojos primero sorprendido y después la miró con furia.
"No será conmigo, así que vete acostumbrando a mi presencia." Iowenz empezó a temblar.
"¡Basta!" Todo volvió a estallar dejándola intacta a ella y a él. "¡Vete! ¡No quiero volver a verte!" Era tal su rabia que todo su cuerpo temblaba y el suelo no dejaba de hacerlo.
"Siento no poder hacer realidad tus deseos, Fwerz…" Izo una reverencia y salió de la habitación.
Iowenz esperó a que se cerrara del todo la puerta y cayó al suelo de rodillas y dejando que sus lágrimas corrieran libre.
Esa no era la vida que quería para la eternidad. Quería estar al lado de la persona que quería con toda su alma. No iba fingir amar para complacer a los demás mientras se moría por dentro y a la vez mataba otro ser. Si ese era su destino por amar, no amaría jamás en el resto de sus siglos y en ninguna otra vida para no hacer sufrir aquel a quien amaba.
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Abrió los ojos asustada y notando su respiración agitada. Se tranquilizó y miró a su alrededor. Estaba todo blanco y el lugar le era conocido. La enfermería. No sabía como pero estaba en ella tumbada en una cama y con las sábanas hasta las piernas.
Se llevó las manos a la cara y se limpió el sudor que estaba en su frente. Todas aquellas imágenes empezaban a ser molestas. Recordaba que a principios de curso incluso antes de llegar tenia imágenes borrosas o no acaba de entender bien que representaban pero desde hacía muy poco aquellas imágenes eran claras y nítidas pero debía descubrir la razón de aquellos sueños ya que no era normal.
De repente un flash le vino a la mente, había utilizado la magia antigua y eso no terminaría allí. Decidió olvidar de momento aquel recuerdo y se incorporó para levantarse pero se detuvo al escuchar un quejido de molestia a un lado. Giró un poco y se encontró con él.
Malfoy se había despertado con un fuerte dolor de cabeza pero su mente se despejó al ver a la castaña igual que él en una de las camas. Ignoró el dolor de cabeza que en ese momento se formaba y centro toda su atención en intentar averiguar que había ocurrido mirándola.
Hermione estaba tan desconcertada que no sabía que había ocurrido para que ambos estuvieran allí. Iba a dejar de mirarlo pero algo le llamó la atención, sus ojos no eran grises, al menos en ese mismo momento sus ojos habían adquirido un color azulino mezclado con el gris que conocía. Su pelo era más rubio que anteriormente con algunos mechones algo más oscuros pero siempre como los rayos del sol y su piel ya no era tan blanquecina, había adoptado un tono de bronceado, poco pero se podía diferenciar.
No sabía si era efecto del dolor de su cabeza pero aquella figura, aquel porte le estaba empezando a atraer aunque pues ahora que se fijaba en su cuerpo veía que había adoptado cuerpo de adulto y el niño arrogante que conocía estaba desapareciendo.
Había algo raro en ella pero Malfoy no conseguía entender el qué. Sus ojos eran lo que más extraño le parecía. Habían pasado de ser ámbares a tener un ámbar más profundo con un pequeño tono rojo, dándole un aspecto totalmente mayor. Su pelo era de colores cobrizos con tonos rojizos y naranjas, pero sin dejar atrás el castaño que la caracterizaba, era como si el otoño se expresara en el. Y su piel con un tono más bronceado resaltando su pelo y ojos. Aunque lo que más le atraía era su cuerpo, su cara más estilizada. No sabía como pero había empezado a ser un cuerpo de mujer y hasta ahora no había caído.
Ambos se miraran como si acabaran de conocerse y se examinaran intentándose conocer. Sus miradas volvieron a cruzarse y como un flash una esfera de cristal rojiza cruzó sus mentes.
Entre abrió los labios para hablarle pero una puerta abriéndose y unos pasos hacía ellos la detuvo.
"Ya han despertado. Mucho mejor entonces." La señora Pomfrey se acercó a Hermione y le tomó el pulso mientras esta dirigía una mirada a Malfoy siendo devuelta de la misma manera. La enfermera avanzó hasta Malfoy e izo lo mismo. "Veo que ya tienen mejor aspecto." Sonrió a ambos chicos.
"Señora Pomfrey, ¿cómo llegué aquí?" Hermione estaba sentada en la cama con las piernas colgadas.
"¡Ay querida! Te trajo la señorita Parkinson. Me dijo que habías echo un gran esfuerzo y sin más caíste desmayada pero quien dio un gran susto fue usted señor Malfoy." Éste se encontraba mirando la ventana y levantó la vista frunciendo el cejo. "Lo encontraron tirado en un pasillo inconsciente y no sabíamos que le había ocurrido." Puso una cara preocupada pero en seguida su sonrisa volvió a aparecer en su rostro.
"Señora Pomfrey, me gustaría retirarme." La enfermera se giró y miró a Hermione.
"Claro querida, tomad." Dio un frasco verde a cada uno. "Tómenlo cada hora y media y esta noche estarán recuperados. Y por el resto de las clases tiene ambos un justificante conforme necesitan reposo." Malfoy se levantó y se arregló la ropa.
"Gracias madame Pomfrey." El rubio agachó la cabeza con respeto y salió por la puerta.
No quería estar ni un minuto más allí. El estar en la enfermería le producía dolor de cabeza pero el estar con aquella Gryffindor todavía era peor. Pensó donde podía ir y tras descartar casi todos los lugares se fue hacía los jardines, donde todavía no había estudiantes y se sentó a orillas del lago mientras se tumbaba en el césped.
"Yo también me marchó gracias por todo." Recogió sus cosas y salió de la enfermería. La biblioteca no era un buen lugar, quería intimidad así que se decidió por la torre de Premios Anuales.
Empezó a andar por los pasillos desiertos y sin saber como no producía ningún ruido al andar. Era como si sus pies andaran por encima del aire y no supieran lo que era el hacer ruido. De golpe le empezó otro mareo, intentaba aguantarlo pero no iba a llegar a la torre antes de que se le pasara. Cogió la botella y fue a abrirla pero su vista se nubló y notó como sus piernas volvían a flaquear.
"¡Cuidado!" Notó una voz a lo lejos. Su cuerpo de pronto se notó rodeado por unos brazos y como con cuidado estaba sentada con las piernas estiradas.
"La …po…poció..n…" Su respiración estaba agitada pues el mareo iba a más.
Notó como el frasco lo depositaban en sus labios y vertían en ella la cantidad justa para luego retirarlo. Empezó a notar un alivio, su respiración volvía a estar normal y las fuerzas volvían. Abrió despacio los ojos y sus ojos chocaron con unos de grises. No podía ser. Se apartó de golpe de él y se quedó a poca distancia de él.
"Lo siento no quería asustarte." No era él, era otra persona. Su mirada era gris pero tenían un brillo de vida diferente al de Malfoy y su pelo era rojizo con tonos diferentes.
"Lo siento, creí que eras otro." Fue a levantarse pero una mano que le ofrecía aquel hombre la ayudó.
"Vaya susto." Hermione se sonrojó. "No quería… bueno esto… ¿podrías ayudarme?" Hermione lo miró menos ruborizada.
"Sí, o eso espero."
"Mi nombre es Daryl, Daryl Sky."
"Yo soy Hermione Granger." Se estrecharon la mano.
"Estoy buscando a una persona, ¿sabes donde puedo encontrar al profesor Needik?" Hermione abrió los ojos contenta.
"¿A Keith? Quiero decir sí. Te acompaño."
"No quiero estorbarte." Hermione con una sonrisa negó con la cabeza. "Bien. ¿Conoces a Keith?"
"Un poco. Me parece una persona muy interesante y un gran profesor." Sonrieron. Cruzaron varios pasillos y subieron algunas escaleras.
"Vaya esto es más grande de lo que se cuenta." Daryl alzó la vista mirando el techo medieval.
"Sí, eso es la primera impresión de todos al llegar aquí, a más no puedes imaginártelo solo con los libros o de boca en boca, tienes que verlo por tu mismo, es la única manera de contemplar su belleza." Hermione lo miró a los ojos y vio como este le sonreía. Se sonrojó. "No quería ser plasta."
"No, no me lo parece me gusta escuchar las opiniones de las personas y escucharlas hablar." Sonrió para volver a la calma.
"¡Daryl!" Ambos se pararon en seco y miraron hacía donde provenía la voz. Vieron como Keith corría hacía ellos. Llegó frente a los dos y muy serio miró a Daryl. "¿Dónde diablos te habías metido?"
"Esta joven encantadora me ofreció su ayuda para buscarte." Daryl señaló a Hermione. Keith la miró y volviendo a sonreír algo travieso se abalanzó sobre Daryl.
"¡Cabrón!" Se abrazaron y se dieron unas palmadas en la espalda como grandes amigos. Se separaron al minuto y se dirigió a Hermione. "Gracias Herms, ya me ocupo yo de este despistado." Se llevó un empujón por parte de Daryl.
"Esta bien, entonces yo me voy pues estoy aquí mismo." Miró a Daryl. "Encantada de conocerte Daryl." Se alzó de puntillas y le dio dos besos. "Keith." Éste le dio dos besos y Hermione se despidió con un guiño amistoso.
Daryl se quedó mirando a Keith y reviviendo la escena que acababa de contemplar. Al poco rato Keith se miró a Daryl y se encogió de hombros.
"¿Eres así de cariñoso con todas tus alumnas?" Daryl sonrió pícaramente y Keith soltó algunas carcajadas.
"Amigo mío…" Le poso el brazo por los hombros y empezaron a andar. "¿Recuerdas aquella chica de Italia?" Daryl frunció el cejo y luego abrió los ojos de par en par. "Así es, esa chica es Hermione, pero ya hablaremos de eso más adelante."
"¿Por qué querías verme?" Daryl estaba algo ansioso. Keith suspiró.
"Siempre tan impaciente. Como ya sabrás Dumbledore me llamó para que impartiera clases aquí pues quería cambiar un poco lo clásico y hacer algo más, acepte y aquí estoy." Daryl se paró en seco.
"¿Me has hecho venir para tirarme en cara donde y con quien trabajas?" Le dio un empujón amistoso.
"No hombre. Dumbledore busca cosas nuevas, me comentó en mi llegada que quería hacer al menos dos cosas que no se había echo nunca, Filosofía en la magia, que hay es donde entro yo, y defensa, que es donde entras tú." Lo apuntó con el dedo. "Me pidió consejo de si sabía de alguien que impartiera defensa cuerpo a cuerpo y que tuviera buena reputación así que te aconseje." Daryl sonrió y abrazo a Keith.
"Gracias tío." Se abrazaron y poco después llegaron a la gárgola.
"Aquí es. No me decepciones." Le guiñó un ojo en broma. "Zanahorias con mermelada."
"Vaya gustos…" Sonrieron y empezaron a subir las escaleras de caracol.
Llegaron frente a una gran puerta con un gran letrero con letras doradas 'Director Dumbledore' tocaron un par de veces y tras escuchar una voz de su interior esta se abrió para dejarles paso.
"Bienvenidos, profesor Keith." Ambos inclinaron la cabeza. "Señor Daryl." Este estrechó la mano que el director le mostraba y los tres se sentaron. "Bien supongo que el profesor Keith ya le habrá informado de lo básico." Daryl asintió. "Bien entonces iremos al grano. Me interesa que mis alumnos salgan mejor preparados de lo que ya están así que ya que en estos tiempos la tranquilidad es muy acogedora hasta que hay que enfrentarla. Por eso he decidido añadir una clase más, defensa cuerpo a cuerpo, el profesor Keith me comentó que era uno de los mejores aurores que conoce y sobre todo en la lucha así que quiero ofrecerle un puesto en este colegio. ¿Qué me dice?" Daryl tragó saliva mientras Keith sonreía de oreja a oreja.
"Acepto encantado director Dumbledore." Dumbledore asintió.
"Estupendo. Espero que su estancia aquí sea de su agrado. Esta noche será presentado en el Gran Comedor. Bienvenido a Hogwarts profesor Sky." Volvieron a estrecharse la mano ambos sonrientes. "Sus aposentos están al lado de los Premios Anuales, el cuadro del unicornio. Bien, pueden retirarse, profesores."
"Director." Ambos se despidieron cortésmente y salieron del despacho sonrientes.
"Perfecto ahora solo me queda ver mi lugar durante ocho meses."
"Pero necesitaras un guía." Keith sonrió y los dos empezaron a andar. No fue muy cansado el trayecto ya que hablaban animadamente y empezaban a planear noches de diversión, como en tiempos anteriores. Llegaron frente al cuadro y lo miraron fijamente.
"¿Cómo funciona esto?" Keith soltó unas carcajadas frente a un enojado Daryl.
"Debes saber una contraseña y así solo tu podrás entrar." Daryl asintió.
"¿Y cuál es?"
"Ese es el problema, nos olvidamos de preguntarlo." Daryl abrió la boca.
"¡Plotew Flog!" Una voz femenina se escuchó tras ellos. Ambos se giraron y vieron a Hermione de pie tras ellos.
"Herms, siempre salvándome el pellejo." Hermione se encogió de hombros y sonrió.
"Toma, me llegó de parte del director, me dijo que te lo entregara." Se acercó a Daryl y le entregó un sobre con el sello de Hogwarts.
"Hermione, te presentó a tu nuevo profesor." Keith señaló a Daryl.
"¿Serás profesor? ¿Qué clases vas a dar?" Hermione sonreía contenta.
"Bueno, dado que la teoría no se me daba muy bien serán clases prácticas." Hermione abrió los ojos. "Aunque solo serán los dos últimos cursos. Para que estéis más preparados. Así que estás frente a tu nuevo profesor de defensa y lucha cuerpo a cuerpo." Extendió los brazos.
"Vaya que sorpresa. Estoy deseando empezarlas." Hermione miró su corpulencia y al parecer no estaba nada mal. Sus brazos eran fuertes al igual que sus manos. Tenía buenas pectorales y su altura lo hacía ver más fuerte. "Debo irme, nos veremos pronto. Profesores." Lanzó un beso al aire y con un guiño de ojo entró a la torre de premios anuales.
Keith sonrió y volvió su mirada a Daryl. Este seguía mirando el retrato por donde había desaparecido Hermione y al parecer no se daba cuenta de que lo estaban mirando. Keith chasqueó los dedos frente a sus ojos y este volvió en si.
"Vuelves a tocar tierra veo…" Sonrió burlón. "Anda entremos que estaremos mejor." Daryl asintió y ambos entraron en lo que a partir de ahora seria una sala de reuniones de amigos.
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Hermione entró sonriendo a la Sala. Por fin había conseguido un momento de tranquilidad, sin Malfoy ni nadie que le consultara, solo ella y su cuarto. Pero ese momento se había roto al llegar una lechuza de Hogwarts por parte del director.
Al coger la suya y leerla se había sorprendido. Al parecer Daryl no solo venía de visita sino que venía a impartir nuevas clases. En la carta, Dumbledore mencionaba la contraseña ya que ambos profesores se habían olvidado de preguntarla y él de decirla, también pedía que si necesitaba algo el nuevo profesor le ayudara en lo que pudiera y por último que la carta conjunta fuera entregada al mismo. Hermione divertida por ver como reaccionarían se levantó y acató las órdenes.
Ahora estaba de vuelta en su habitación tumbada en la cama sin pensar en nada, solo con la mirada fija en el techo. Miró el reloj y comprobó que quedaba una hora para la comida. Se levantó y con un movimiento de mano la música empezó a sonar. Fue hacía el armario y empezó a preparar todo para la noche, arregló la maleta para la mañana siguiente y finalmente se cambio de ropa. Sin darse cuenta tarareaba la canción y cantándola a trozos, era algo que la animaba.
Al mirar de nuevo el reloj, habían pasado unos 35 minutos. Se recogió el pelo algo descuidado, algo que le gustaba, se tomó la poción y salió del cuarto. Al cerrar la puerta se dio la vuelta aunque deseo no haberlo echo pues allí estaba, subiendo las escaleras con la cabeza altiva y mirada desafiante.
Ambos se detuvieron y por un momento se miraron fijamente queriéndose decir todo lo que querían. Sin percatarse él emprendió el paso y avanzó dirección a su habitación. Quedaba poca distancia cuando la miró fijamente.
"Hasta el resto de los tiempos y los siglos…" Fue un susurro completamente audible. Su corazón empezó a latir frenéticamente mientras lo miraba sin comprender. Millones de preguntas se agolpaban en su cabeza mientras él seguía andando sin apartar su mirada de la de ella.
Pasó de largo y cuando reaccionó dio media vuelta pero él ya estaba cerrando la puerta. Algo estaba pasando y quisiera o no debía aclarar del todo y de una vez por todas las cosas.
Olvido de momento ese encuentro y fue hacía el cuadro para ir a cenar algo.
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Malfoy cerró la puerta y se quedó apoyado en ella. Esperó unos segundos hasta que escuchó a la Gryffindor volver a moverse. Sonrió al recordar su reacción. Había mencionado la misma frase que había visto en una de aquellas visiones. La misma voz, el mismo tono, la misma mirada, todo había sido igual a la visión, no sabía como pero lo había echo. Pero la reacción de ella no era de temor ni nada que se le pareciera, sino que era de sorpresa, como si al mencionar aquello fuera solo algo que ella sabía.
Intento ordenar lo que acababa de averiguar y para ello necesitaba relajarse algo más. Cogió una toalla y salió del cuarto para darse una ducha. Sabía que la Gryffindor no estaba por lo que no tenía porque preocuparse.
No quería estar mucho rato bajo el agua por lo que no se entretuvo y en poco tiempo estaba como nuevo. Se enrolló la toalla y salió de nuevo para ir a vestirse.
No hacía falta llevar el uniforme a esa hora ni ir de punta en blanco, por lo que cogió una polera negra con tonos verdes y unos pantalones negros.
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Al salir del muro respiró algo más tranquila, estar en el mismo lugar y tener que compartir no solo las clases sino cuarto de baño y sala era algo agotador. Cogió fuerzas y se dispuso a ir al Gran Comedor. Dio un par de pasos pero alguien la llamaba a sus espaldas.
Suspiró. No había dado ni dos pasos que ya la reclamaban. A veces tenía ganas de huir y hacer que la gente la olvidara por unos momentos. Se volteó disimulando un poco el enfado. Su sorpresa fue mayor al descubrir a Daryl llamándola.
"Profesor Sky." Inclinó la cabeza en señal de saludo.
"Mejor profesor Daryl, no soy tan viejo." Sonrió haciendo que sus ojos brillaran más. "¿Vas hacía el Gran Comedor?" Hermione asintió. "Estupendo, así podrás acompañarme y al menos memorizar un camino." Hermione sonrió.
"¿No estaba Keith contigo?" Daryl sonrió y se encogió de hombros.
"Sí pero me abandonó." Ambos soltaron unas carcajadas. "Tenía que atender un asunto pendiente y ni siquiera se digno a darme las instrucciones. Tuve suerte que al salir te encontrara." Esta vez solo se miraron.
Anduvieron un rato en silencio mientras que de vez en cuando Hermione soltaba alguna indicación o información importante aunque también ambos se dirigían alguna mirada de reojo.
"Oye Hermione, ¿podría pedirte un favor?"
"Sí está dentro de mis capacidades entonces sí." Giró la cabeza para mirarlo directamente.
"Como Keith de vez en cuando estará muy ocupado y tu eres una buena estudiante y premio anual, aunque te prefiero como amiga…" Le guiñó un ojo. "¿Cuándo Keith no pudiera ayudarme o necesitara ayuda, podrías ayudarme tu?" Hermione se detuvo en seco observándolo. "Perdona si fui muy brusco o si te ha molestado alguno de mis comentarios no era mi…"
"No te preocupes." Lo atajó. "Será interesante ayudarte." Sonrió y siguió andando.
No tardaron en llegar frente a las puertas que se abrieron al estar frente a ellas. Hermione notaba todos los ojos posados en ella pero eso ya no la incomodaba ser el centro de atención era lo que ahora estaba dentro de sus planes. Siguió avanzando con Daryl a su lado hasta llegar a su asiento.
"Yo me quedo aquí." Daryl asintió.
"Muy bien, entonces nos vemos pronto." Le cogió una de sus manos y la besó como todo un caballero.
Todos y todas que estaban presentes se quedaron boquiabiertos. Siguieron al hombre y se sorprendieron al sentarse en una de las sillas de la mesa. Al momento muchas miradas fueron devueltas hacía Hermione. No sabían quien era pero lo que estaba claro era que Hermione lo conocía y que era importante para que estuviera allí.
Hermione estaba tranquilamente sentada cuando notó una muy conocida presencia a su lado. Sonrió aunque no volteó a mirar.
"Ya puedes empezar a explicarte." La voz quería aparentar ser amenazante pero su tono era más de curiosidad e impaciente.
"¿Qué quieres que cuente?" La miró directamente a los ojos y sonrió de lado manteniendo un gesto arrogante.
"Vamos Herms…" Ella la miró divertida.
"Está bien Pansy…" Suspiró. "¿Por donde quieres que empiece?" Se cruzó de brazos.
"Cuéntalo todo y desde el principio." Hermione volteó y se encontró con Parvati la cual había hablado por todas. Miró a su alrededor y se encontró con que muchas chicas de diferentes casas se estaban amontonando a su lado para informarse.
"Está bien pero no me matéis con esas miradas." Todas rieron. "Bien, el profesor Daryl…" Un chillido de emoción salió de varias chicas. "… bueno antes de que preguntéis, sí, impartirá clases, ¿y a que no saben de que?" Sonrió pícaramente. "De defensa cuerpo a cuerpo." Gritos de emoción fueron sustituidos por los de admiración. "Lo conocí volviendo de la enfermería, un pequeño problema solamente. Se me presentó y su nombre completo es Daryl Sky." Hubo algún halago. "Lo acompañé hasta el despacho del director y después me lo encontré de camino hacía aquí pues duerme al lado de la torre de premios anuales."
"¡Que suerte!"
"¡Podrás verlo cada vez que salgas!"
"¡Qué envidia! ¡Yo también quiero!"
Muchas se indignaban por lo último pero la mayoría pensaba en asistir a sus clases pues no se perderían oportunidad en verlo fuera cual fuera el lugar.
"Bueno chicas nos vemos esta noche." Pansy se despidió de todas y junto a otras Slytherins que se habían reunido fueron hacía la mesa de su casa.
"Yo también me iré. Hasta luego." Ferwon se dirigió a su mesa acompañada de las demás Hufflepuff y Ravenclaw.
"Ahora solo falta que anuncien el horario de sus clases." Lavender se veía entusiasmada en poder asistir.
El bullicio iba aumentando a medida que el comedor se iba llenando. Pasaron 15 minutos cuando el director apareció en la mesa y haciéndose notar, tocó la copa.
"Buenas noches alumnos." Todos repitieron a coro. "Como ya se habrán percatado hoy tenemos a un nuevo invitado que durante los próximos meses nos acompañará."Murmullos fue lo que se empezó a oír. "Como algunas ya sabrán…"Miró a Hermione y algunas chicas como Lavender o Ferwon. "Su nombre es profesor Sky. Profesor." Dumbledore se sentó y Daryl se levantó.
"Hola, como ha dicho el director mi nombre es profesor Sky aunque prefiero profesor Daryl." Algunas risitas se oyeron por el comedor. "De ahora hasta terminar el curso os enseñaré defensa cuerpo a cuerpo aunque solo impartiré los dos últimos cursos." Silbidos y abucheos explotaron en la sala. "Espero que eso no sea un problema y sino la próxima será. Muchas gracias." Todos aplaudieron. Daryl se miró el comedor y fijo la mirada en Hermione quien le sonrió amablemente y él respondió con otra.
"Dicho y echas las presentaciones, a cenar se ha dicho."
Los platos y copas se llenaron más fuentes y demás platos llenos de comida. Los tenedores resonaban por todo el comedor y todo el mundo hablaba animadamente. Aunque la diferencia que se apreciaba era que los grupos de chicas y chicos se diferenciaban cada vez más.
Los profesores empezaban a extrañarse por aquel comportamiento y debían encontrar una solución sino aquello podía convertirse en una pesadilla.
Hermione se disculpó de sus amigas y se fue hacía la mesa de los profesores. Su plan debía dar efecto en ese momento, no podía fallar.
"Buenas noches señorita Hermione, ¿en que puedo ayudarle?" Dumbledore la miraba fijamente algo curioso aunque su pequeña sonrisa y aquellos ojos inteligentes ya sabían de qué se trataba.
"En realidad vine a comentar un asunto con el profesor Snape." Dumbledore asintió comprendiendo y siguió comiendo aunque la mayoría de profesores la miraban curioso, ya que era una alumna de Gryffindor. "Profesor Snape." Éste alzó la mirada y la miró con despreció.
"¿Qué quiere señorita Granger?" Su tono de voz arrastraba las palabras. Se tranquilizó y se dispuso a hablar.
"Verá como esta tarde no pude cumplir con mi castigo me preguntaba si podría hacerlo en esta noche o recuperarlo en otra ocasión, si no es molestia." En ese momento la profesora McGonagall se atragantó y se miró a Hermione y después al profesor Snape.
"¿Esta usted retractada?" Hermione asintió algo avergonzada pero por dentro sonriendo de oreja a oreja. "¿Y puede saberse el motivo?" Ella agachó la cabeza.
De golpe el comedor estalló en murmullos y callaron al momento para escuchar lo que vendría a continuación.
"Por lo que escuche decir a varios alumnos…" McGonagall giró dirección a la voz y se encontró con Keith. El joven profesor al ver que le tomaban atención continuó. "… es que la señorita Granger se despistó en la biblioteca y llegó con un par de minutos con retraso a la clase del profesor Snape." Keith miró primero a McGonagall, y después a Snape quien empezaba a tomar un color rojizo en su cara.
"¿Es eso cierto?" Hermione volvió a asentir con la cabeza gacha y retorciéndose las manos. "¡Eso es una estupidez Snape!" Estaba furiosa. "¡Es el colmo!"
"¡Yo hago mis clases y las llevo como quiero!" Se intentó defender. "Nadie tiene porque intrometerse."
"Pero llegar tarde por unos minutos…" Sopló desesperada.
"Bueno tranquilícense." Dumbledore llamó la atención de ambos profesores. "Creo que McGonagall tiene razón. No puedes retractar a una de las mejores alumnas dos semanas por llegar tarde unos minutos." Snape se miró furioso al director. "Y usted profesora McGonagall tranquilícese." La animaga asintió mientras intentaba tranquilizarse.
"Está bien. Señorita Granger." Esta alzó la mirada tímidamente y lo miró a la cara. "Queda libre del castigo pero que no se vuelva a repetir sino ya sabe lo que le espera."
"Sí profesor." Agachó la cabeza y se fue de la mesa de los profesores. Miró de reojo a Malfoy y le sonrió triunfante dirigiéndole una mirada desafiante. Pasó al lado de la mesa de Gryffindor y sin detenerse guiñó un ojo a Lavender y Parvati y salió por las puertas con majestuosidad.
Al salir por la puerta escuchó como el Gran Comedor estallaba en murmullos casi charlas de lo ocurrido. No podía haberle salido mejor, incluso sin saberlo Keith había mejorado su plan. El dirigirse al profesor Snape no era lo que se dice muy habitual. Sabía que McGonagall se pondría en su defensa y tarde o temprano saldría a la luz la verdad.
Siguió andando sonriente hasta llegar a la torre de premios anuales. Por suerte Malfoy tardaría en llegar pues estaba cenando así que tendría tiempo para estar un rato sola. Pensó un hechizo y al momento su ropa se convirtió en unos mini shorts y una camiseta con un cuello de barca bastante pronunciado y unas sandalias negras.
"Mucho mejor." Se tumbo en el sofá boca abajo y empezó sus tareas del día que amablemente sus compañeras habían procurado recogerle. Una música de Mozart se escuchó por toda la sala. Le importaba muy poco lo que pensara o hiciera Malfoy al entrar.
Llevaba veinte minutos allí cuando escuchó el retrato abrirse. Con un rápido movimiento de mano la música bajó el volumen pero dándose a notar.
"Estupendo numerito Granger, magnífico." Dio dos palmadas secas.
"No se de que me hablas." Seguía subrayando su libro y tomando de vez en cuando apuntes.
"Claro que sí." Se agachó apoyándose en el apoyabrazos del sofá frente a ella. "'Profesor podría recuperar el castigo'" Malfoy puso la voz aguda intentando imitarla.
"Para empezar no fue así y para terminar no te importa lo que yo haga." Lo miró un momento y después volvió a lo suyo.
"Realmente te saliste con la tuya." Volvió a levantarse y se cruzó de brazos.
"¿Tienes envidia, Malfoy?" Esta vez lo miró sin bajar la mirada divertida. Malfoy por lo contrario empezó a enrabiarse. No aguantó y se acercó a ella hasta tomarle los apuntes. "Devuélvemelo." Su voz era amenazante y para alguien que no fuera Malfoy, se le hubieran puesto los pelos de punta.
"¿O si no qué?" Zarandeó los papeles haciendo que la mirada de la Gryffindor los siguiera.
"Malfoy, devuélvemelos ya." Malfoy soltó unas carcajadas.
"Creo que no, me parece que estará mejor en…" Unos toques en el muro les llamó la atención. Malfoy giró a mirar y Hermione aprovechó para arrancárselos y antes de que pudiera reaccionar gritó.
"¡Adelante!" Malfoy la miró furioso. "Profesor Daryl, buenas noches." Sonrió sincera.
"Buenas noches Hermione." Miró al chico. "Tu debes de ser…"
"Malfoy, Draco Malfoy, encantado de conocerle profesor." Malfoy le tendió la mano.
"Lo mismo digo." Estrechó la mano y ambos se mostraron sus fuerzas aunque sus miradas no eran del todo amistosas. "¿Comparten torre?"
"Así es, Malfoy y yo somos los dos premios anuales." Intentaba no decir alguna cosa desagradable hacía Malfoy.
"Vaya enhorabuena. Venía a hablar con Hermione. Encantado de nuevo, Malfoy." Él agachó la cabeza y se dirigió a la pequeña biblioteca. "¿Todo bien?" Ella asintió. "Se que es muy tarde y eso pero necesito un favor."
"Soy toda oídos." Le invitó a sentarse.
"Cómo soy nuevo no me conozco los pasillos ni nada de eso. ¿Te importaría acompañarme mañana a mi clase? No tendrías ningún castigo pues te toca clase conmigo a primera hora." Hermione abrió los ojos. "Sí, el director Dumbledore no lo anunció porque se decidió hace unos minutos, pero cuando antes empecemos mejor. Mañana saldrá un aviso y en el almuerzo se repartirán los nuevos horarios."
"Vaya, ahora eres tu el que esta mejor informado que yo." Soltaron unas carcajadas. "Ningún problema, será un gusto acompañarte." Daryl sonrió.
"¡Estupendo!" Se levantó ofreciendo una mano a Hermione. "Entonces mañana paso a buscarte a las ocho."Hermione asintió y ambos fueron hacía la salida. "Adiós Malfoy."
"Profesor Sky." Izo media reverencia y siguió con el libro que tenía en sus manos.
"Me voy. Que descanses y buenas noches." Le dio un beso en cada mejilla y salió de la sala.
Hermione se dirigió al sofá, recogió sus cosas y se dispuso a subir cuando la voz arrastrada de Malfoy le llamó la atención.
"Que amable eres." Sus ojos se clavaron en los de ella.
"Y tu que cortés." Ambos estaban que saltaban chispas.
"Todo un halago." Se acercó a ella. "Pero… ¿no crees que el asunto profesor-alumna ya esta un poco anticuado?" Hermione frunció el cejo.
"Eres un descarado." Se acercó a él furiosa. "Nunca pienses que yo soy de esas." Malfoy rió.
"¿Entonces dame un motivo para que no lo haga?" Se acercó peligrosamente a ella. Notó su respiración chocar con la suya y se alejó. "No puedes." Sonrió débilmente.
"No soy como las demás." Su tono de voz era pausado por la rabia que crecía en su interior. "A más…" Se quedó callada de golpe. Malfoy la miró extrañado.
"¿A más qué, Granger? ¿No puedes decirlo?" Alzó las cejas provocando una mirada furiosa por parte de ella.
"Jamás amaré a nadie solo por mi corazón." Malfoy abrió los ojos asustado.
En el momento que había terminado de pronunciar aquello Hermione había cerrado los ojos y ahora estaba levitando suavemente a medio metro del suelo. Malfoy se echó hacía atrás pues la Gryffindor empezaba a brillar con intensidad. Todo lo que estaba sujetando cayó al suelo y tras unos segundos una explosión cegadora salió de su cuerpo.
Cerró los ojos fuertemente y los abrió poco a poco. No podía creerlo. Allí estaba, frente a él, la criatura más hermosa que jamás hubiera visto, una elfa. Su pelo era como el otoño, con colores rojizos y anaranjados, una piel bronceada, una figura esbelta y bella. Poco a poco fue bajando hasta que tocar el suelo.
"No… puede ser…" No podía creer lo que estaba viendo. En ese momento la criatura abrió los ojos. Esos ojos, eran impresionantes, tenían un ámbar desconocido y un tono de rojo daba a su mirada misterio.
"¿Qué?" Hermione alzó la mirada y se encontró a Malfoy levitando y con los ojos cerrados. Parecía dormido. No tuvo tiempo a llegar hasta él pues una luz blanquecina la cegó completamente. Los volvió a abrir con cuidado hasta que volvió a visualizarlo. Aquello era imposible. Frente a ella flotaba un elfo. Una criatura maravillosa, con el pelo como el sol y su piel algo bronceada. Suavemente se posó en el suelo y fue cuando sintió una corriente por todo su cuerpo. Abrió los ojos dejando resplandecer un gris misterioso con un fino toque al azul cielo.
Ambos se miraron sorprendidos no podían creerse lo que veían sus ojos. Estaban frente a una criatura de las más poderosas y mágicas y no sabían como.
Reaccionó y la miró fijamente.
"¿Granger?" Dio un brinco asustada. Aquel elfo tenía un tono de voz familiar y sabía su nombre. Se llevó una mano al pecho pero de sus brazos notó como algunas pulseras y una suave tela se deslizaba hacía abajo.
Bajo la mirada y su sorpresa fue mayor cuando se vio convertida en la elfa que aparecía en sus visiones. Alzó de nuevo la mirada y como un flash su mente se detuvo en un único nombre.
"¿Malfoy?" Éste frunció el cejo.
Era evidente que era él. Izo un ademán de acercarse a ella pero se sintió diferente. Miró el suelo y descubrió que estaba vestido con finas túnicas de seda. Miró a un lado donde se encontraba la ventana y se vio. Era él por dentro pero por fuera era otro. Se había convertido en un elfo con su mismo aspecto aunque algo mayor.
Volvieron a cruzar sus miradas desconcertados. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? ¿Por qué ambos eran elfos?
Hermione se acercó a él con cuidado. Malfoy por el contrario no se movía, esperaba a que ella se acercara. Alzó una mano y con delicadeza la posó en su mejilla hasta que sus cuerpos casi se tocaban. Con solo el contacto de su mano él cerró los ojos respirando profundamente y como acto reflejo cogió la mano de ella con la suya sin apartarla de su cara y aspiró su aroma.
"Iowenz…" Su voz era tan hermosa, tan cálida. Abrió sus ojos fijándolos en ella. Solo pudo sonreír. Él se acercó lentamente.
"Zerk…" Su bello se erizó al escuchar su nombre con aquella voz tan dulce y llena de amor. No esperó y selló sus labios con los de ella. Se besaron profundamente mientras se abrazaban como si de un momento a otro algo les impidiera seguir.
Se separaron sin decir nada y se abrazaron con fuerza.
"Pronto, muy pronto." Su voz fue un susurro.
"Sí, pronto…" Sus palabras fueron las últimas que se escucharon, sin darse cuenta la misma luz apareció de ambos cuerpos dejándolos tal y como se habían separado por poco tiempo.
Notaba un calor extraño y a la vez un extraño frió en su espalda y cuello. Parpadeó un par de veces y abrió los ojos. ¿Qué estaba haciendo? Se fijo mejor y se dio cuenta que abrazaba a alguien. ¿Abrazando? ¿A quien estaba abrazando? Sus ropas eran completamente negras, su pelo le rozaba la mejilla y el cuello. Sus brazos eran fuertes y su espalda ancha. De repente se asustó. Su cuerpo empezó a temblar suavemente. No podía ser.
¿Qué ocurría? Estaba temblando. ¿Por qué temblaba? No, él no era el que temblaba. ¿Entonces como podía sentir que otra persona temblaba de aquella manera? Abrió los ojos parpadeando un par de veces y fijo su mirada a su alrededor. Entonces cayó en la cuenta de que estaba abrazando a alguien. Una pequeña figura, con el pelo largo y castaño ondulado, una piel bronceada y un aroma dulce. ¿Una chica? ¿Qué demonios hacía abrazando a una chica? Un flash de lucidez cruzó su mente y lo comprendió todo. Esa figura, ese pelo y ese temblor algo asustadizo.
Como si lo estuvieran ensayado, ambos se separaron de golpe. Ella lo miraba asustada por lo que acaba de ocurrir y él por descubrirse haciendo tal acto.
"¿Qué diablos te crees abrazándome?" Quería mostrar furia y asco pero estaba tan desconcertado como ella.
"Lo mismo te pregunto yo." Sus ojos eran el vivo espejo de su alma, confusión y asustada. Malfoy se acercó a ella.
"No te atrevas a repetirlo." Se acercó un paso a ella pero ella retrocedió.
"Te digo lo mismo y te digo más, repítelo y no seré responsable de lo que te pase." Malfoy la fulminó con la mirada y subió las escaleras hacía su cuarto.
Hermione al oír la puerta cerrarse se desplomó en el suelo pues su piernas ya no aguantaban más. Tardó unos minutos en volver a tener el control de su cuerpo. Recogió sus cosas del suelo y se fue a su cuarto.
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Al escuchar la puerta continua cerrarse se despertó de su relajación. Nada más llegar a su cuarto se había sentado en el suelo apoyado en la puerta y relajándose. Había conseguido tranquilizarse sin hacer estallar ni romper nada. Solo sentarse y cerrar los ojos.
¿Cómo había podido abrazar a esa Gryffindor? Solo podía haber una manera y era que ella lo hubiera hechizado. No, era imposible, la cara asustada de ella reflejaba que estaba en la misma situación que él, abrazando la persona que más odiaba de aquel lugar y de aquella manera tan tierna.
Pasó sus manos por el pelo desordenándolo y respiró profundamente. No podía seguir reflexionando y menos después de lo ocurrido. Se levantó y cogiendo el primer libro se fue hacía la cama, se quedó en boxers y se puso a leer para lograr distraer su mente de aquella chica que le estaba empezando a fastidiar todos aquellos acontecimientos extraños que sucedían a su alrededor.
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Tal y como estaba cogió sus bolsa de deporte y haciéndola invisible salió de su cuarto. Al parecer Malfoy no saldría hasta mañana.
Bajó con cuidado y en silencio las escaleras y una vez fuera de la torre se dirigió al pasillo escondido tras un tapiz. No tardó ni diez minutos que ya estaba frente la sala de los merodeadores.
Memorizó el lugar y la contraseña y tras un pequeño ruido abrió la puerta y entró. Estaban todas en silencio.
"¡Ay Herms!" Lavender se lanzó a ella temblando.
"¿Qué ocurre Lav?" Ésta se apartó y la miró.
"Estuvimos a punto de que Flich nos descubriera." Hermione abrió los ojos. "Tuvimos suerte de que un alumno que corría por aquí lo despistara."
"De acuerdo. Creo que por el momento deberíamos dejar los encuentros, ya que el profesor Daryl nos enseñará la lucha cuerpo a cuerpo. Yo os iré enviando algunas notas de vez en cuando informándoos."
"Está bien Jefa." Respondió Parvati.
"Bien, hoy no haremos nada. Necesito descansar. Haced lo que queráis y si queréis os podéis marchar." Hermione se dirigió al sofá más apartado y se tumbó allí.
Algunas chicas ya se habían marchado y otras no tardarían mucho. Algunas memorizaban los últimos entrenamientos y el resto hacía sus tareas.
"¿Herms?" Abrió los ojos y en el suelo sentada estaba Pansy.
"Dime Pansy." Intentó sonreír pero era demasiado forzada.
"¿Qué ocurrió?" Hermione frunció el cejo. "Me refiero que estas un poco pálida, ¿ocurrió algo grave?" Aquella chica empezaba a caerle bien. Hacía honor a su nombre y casa pero a la vez podía ser amiga de otra persona. Observaba las cosas como muy pocos lo hacían y no le pasaba nada por alto. Sonrió pero esta vez sinceramente.
"Me alegra que te preocupes, pero no es nada, solo necesito descansar." Pansy primero la miró fijamente pero luego se encogió de hombros.
"Está bien, sino quieres contármelo eres libre de hacerlo, pero te pido un favor." Hermione alzó las cejas esperando oír la petición de la rubia. "Cuídate mucho y confía en mí para lo que necesites." Hermione asintió y Pansy se levantó. "Bueno, nosotras nos vamos. Nos vemos mañana."
"Descansad para mañana." Sonrió y volvió a cerrar los ojos.
Había demasiado silencio, abrió los ojos y se descubrió sola en la sala. Se habían ido todas y la habían dejado dormida. Se encogió de hombros y recogiendo la bolsa salió con cuidado. Debía ir lo más deprisa que pudiera y en completo silencio.
Cogió el pasillo que había descubierto por casualidad y en pocos segundos estaba en la salida. Solo le quedaban pocos metros para llegar. Había llegado sin ningún problema frente al retrato.
"Loer Closz" No ocurrió nada hasta que el retrato habló.
"Contraseña errónea." Abrió los ojos y su cara se desencajó. No podían haber cambiado la contraseña. "Nueva contraseña por favor."
"No la sé. Salí un momento y no sabía que debía saberla." El personaje del cuadro frunció el cejo.
"Entonces no te puedo dejar pasar."
"¿Qué?" Hermione abrió la boca. "No puedes hacerme eso. Sabes quien soy."
"No, no se si eres tú o otra persona con otro aspecto por lo tanto no puedo dejarte pasar. Buenas noches." Y se fue sin esperar nada más. Lanzó la bolsa al retrato y ahogó un grito de frustración.
¿Qué podía hacer? La contraseña de Gryffndor tampoco la sabía. McGonagall estaría durmiendo pero eso implicaba tener una larga charla sobre los horarios respectados y las normas del colegio. Dumbledore era una opción imposible por el doble de motivos que los de McGonagall. ¿Entonces que hacía? Miró a su alrededor y un unicornio blanco le dio la solución.
Recogió la bolsa del suelo y se posó frente el cuadro cruzando los dedos. Miró el unicornio y este no tardó en darse cuenta de su presencia. Levantó el cuello y la miró fijamente.
"Contraseña si deseas entrar." Tragó saliva.
"Plotew Flog" El unicornio se suavizo y se volvió a dormir.
"Correcta." El retrato se abrió en silencio y la dejó entrar. Respiró hondo y entró en silencio.
Era estupendo. Tenía una sala el doble de grande que la suya. Habían colores violetas, azules y verdes. Una gran chimenea en medio la sala, un butacón con un sofá al lado de cuero blanco, un escritorio propio de un profesor, el ventanal con vistas al lago y un mueble bar con un par de sillas bastante cómodas. Se dirigió al sofá y se sentó. Era muy reconfortante.
Sacó su varita y con un pequeño hechizo un pergamino y pluma apareció de la nada. Escribió un par de líneas y la dejó encima la mesa. Una vez estaba todo hecho se acurrucó en el sofá y no tardó en dormirse.
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El despertador empezó a sonar. Inconscientemente alzó la mano y lo paró de un golpe. Se había quedado dormido pero lo que más le extrañaba era que había escuchado la puerta de la Gryffindor un par de veces y no la había escuchado más durante la noche.
Se sentó en la cama mientras se desperezaba. Al levantarse se enrolló la toalla a la cintura y salió de su habitación. Se quedó frente a la puerta de la Gryffindor. Era extraño pero no se oía ningún ruido ni dentro de este ni en el baño. Bajó las escaleras. Seguro que se había quedado dormida en el sofá como hacía muchas veces.
En realidad le importaba poco lo que aquella castaña hiciera pero era divertido como se comportaba en según que circunstancias. Cuando se despertaba alterada no le importaba el aspecto que tuviera, si iba con prisas pasaba completamente de los comentarios de su alrededor y así seguía la lista.
Llegó al sofá y no la encontró. Aquello si que era realmente extraño. Miró el reloj para confirmar que no se había dormido. Efectivamente, eran las siete. Era imposible que ella ya se hubiera levantado y marchado.
Se encogió de hombros y se fijo en ambos escritorios. Encima había un sobre de Hogwarts. La nueva contraseña. Era realmente cansado tener que memorizar varias contraseñas pero todavía más molesto tenerlas que cambiar y acordarse de todas. Un momento. Y si…
Fue hacía el muro y tras echar un vistazo a la nueva contraseña sacó la cabeza. Nadie. No, era imposible que la gran sabelotodo de Gryffindor se hubiera olvidado que se cambiaba la contraseña. Se encogió de hombros, al fin y al cabo no era su problema.
Con más tranquilidad se fue al baño y bloqueando la puerta se introdujo en la bañera.
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Hola!!
Bien, como os prometí aquí tenéis el siguiente capítulo aunque no os acostumbréis mucho a tanta rapidez ni a tanta extensión… xP… Tenéis muchísima información ya y ahora empieza la acción de verdad!!!
¿Qué tal salió? Espero no recibir ningún tomatazo…
Esta vez no puedo decir mucho así que espero vuestros Reviews que no cuesta nada y levantan mucho el ánimo!!
Y gracias a los que leéis mis humildes historias. Si queréis conocerme un pokito más actualicé también mi perfil así que si queréis preguntarme alguna cosa ya saben…
Gracias a los que os dais a conocer como: princesaartemisa, silviota, Hegoka, noelhia, sirinnete, saku - kamiya, negrita28malfoy.
Karyta34 – muchísimas gracias por tu apoyo desde un principio en ésta historia y en la otra. En agradecimiento prometo que el siguiente capítulo, te lo dedico.
Y haré lo mismo con otras que tanto en ésta como en mi otra historia me apoyan siempre a pesar de tardar siglos en actualizar.
Ciao, os quiero a tods!!
Zel.
