Holaaa! Aquí traigo otra actualización, perdón por el atraso pero este capítulo dio algo de lata. Muchas gracias por haber leído el capítulo anterior, también muchas grax a los reviews, contestándolos:
Maria: Muchas grax x comentar, qué buenon que te este gustando como se va desarrollando la historia. Me alegra que te haya gustado el capi, ojala este tmb te guste muxo ;)
Abril: Siii, Draco estaba celoso de qué los amigos de Hermione volvieran a ocupar su atención...pero bueno, en este capi hablaremos d esos sentimientos jeje :D
saku-kamiya: Grax x dejar tu review, en vdd :D Muchas gracias x tu observación respecto a la escapada de la isla, yo tampoco me sentí muy segura al respecto. Probablemente editare un poco esa parte. No dudes en dejar algún otro review sobre aspectos de la historia y x supuesto, D/Hr son geniales!!!
Gena D' Malfoy: Mostrar emociones es dificíl pero me alegra que sí hayan llegado. Me da gusto que la personalidad de Draco siga siendo estable ;) Sorry x lo de la estudiada jeje, ups! Pero qué bueno que te guste muxo la historia :D Me encantaría leer algo tuyo, no dudes en publicar ;)
Rochelle Kuchiki: Me alegra que el beso haya sido el adecuado jeje, tenía un poquitin de dudas.
Gracias nuevamente por leer y como ya saben, nunca duden en dejar su review ¡Es genial leerlos! Cuidense muxo y hasta el sig. capi ;)
Cap XXIX: Riesgos Frágiles
En un bar, siempre podían verse diversas cosas, escuchar muchas historias, susurrar rumores…
Y era en un bar, en la barra, donde se encontraba sentado un muchacho, un muchacho que no sabía estaba siendo observado.
Este muchacho en cuestión miraba su botella, medio vacía ya, de cerveza de mantequilla. No parecía haber algo más interesante que ver.
Como se podrá ya imaginar, este joven era nada menos Blaise Zabini.
Habían ya pasado un par de semanas desde el asesinato de la señora Malfoy pero había decidido no regresar a Hogwarts, aunque ahora que lo pensaba bien, tal vez ese no había sido el mejor movimiento.
"A estas alturas, Draco debe de estar seguro que yo asesine a su madre" se decía, tomando un sorbo más de la bebida.
Lo cierto era, que había actuado de la peor forma posible, se había dejado llevar por el miedo y la desesperación, había actuado como un cobarde.
El no regresar a Hogwarts bien podía haber sido antes una muy buena idea, pues con Nott atormentándolo a cada rato, seguramente no hubiera podido comportarse. Lástima que nunca se le ocurrió que podía haber pensado en alguna forma de que el chantaje (pues estaba seguro que Nott no dudaría en amenazarlo con decirle a Draco la verdad) pudiera ser a la inversa.
Suspiró mientras movía la cabeza. ¡Idiota! ¡Estúpido! Había echado todo a perder, completamente todo.
Pero y si hubiera… ¿Y si hubiera la remota posibilidad de que Nott hubiera mantenido todo este tiempo la boca cerrada?
A Nott le hubiera encantado atormentarlo pero quizás no le hubiera dicho nada a Draco, porqué si no se equivocaba, había un trato entre ellos dos.
Nott había entrado de inmediato a la sala común, Zabini entraba detrás de él, todavía pensando en las tonterías que pensaba en hacer el primero.
Vio como el chico subía con rapidez al dormitorio, seguramente iría a recoger algún libro o haría tarea. Hablando de tareas, él también tenía que responder unas preguntas que McGonagall había dado en la última clase, mejor subía por su libro de transformaciones.
Subió las escaleras a su dormitorio, estando ya a punto de abrir la puerta se detuvo. Oía voces, eran nada menos que Nott y Draco.
No estaba bien escuchar tras las puertas conversaciones ajenas, pero esto era demasiado interesante como para dejarlo pasar.
-¿Qué sabes del Espejo de Oesed?-había preguntado Nott, con toda la casualidad que le permitía su voz.
-¿Para qué quieres saber sobre él?-respondió Draco, igual con una pregunta.
-Es crucial para mi misión-respondió con absoluta sinceridad Nott.
-No creas que te voy a ayudar ¡Tu muerte no es la mía!
-¿Por qué crees que fallare?-preguntó Nott, se notaba su molestia al preguntar.
-Eres un principiante Nott, no tienes experiencia alguna en esto de las misiones-afirmó Draco con sequedad.
-No, no es ningún asesinato Draco-había afirmado el chico.- Zabini es quien deberá ser un asesino.
Al oír esto último, Blaise no pudo evitar el estremecerse un poco. Ahora no pensaba dejar de escuchar lo que se platicaba ahí dentro, de una forma u otra quizás le incumbía.
-Como sea, si tiene que ver con el espejo no espero verte vivo en unos meses.
-Sí, tal vez haya algo de verdad en eso-murmuró Nott, pero rápidamente añadió.- Tu ayuda es necesaria, incluso para ti.
-¿Por qué no me dejas en paz? Es tu misión ¡No tengo porqué derrumbarme más contigo!
-O ascender conmigo y ser de los favoritos del Lord, Draco-presentaba con elocuencia la alternativa.- Si me ayudas y después te unes a los mortífagos, seguramente empezaras con un nuevo expediente ante el Señor Tenebroso.
Hubo un silencio, seguramente Draco estaba pensando sobre lo dicho.
-No Theodore, no me agradan tus ideas-finalmente habló el muchacho.
-¿Por qué no Draco? Además de llevarte parte del crédito también sabrás de primera mano todo lo que desees sobre lo que planea el Señor Tenebroso, absolutamente todo.
Nuevamente, otro silencio.
-¿Qué te parece?
-Está bien, pero con una condición-aceptó Draco, hablando seriamente.- No me cuestionaras las razones por las que te pida cierta información.
-Acepto. Haría un Juramento Inquebrantable pero ya tengo demasiados.
Blaise se alejo de la puerta, bajo las escaleras y salió de la sala común, tal vez en la biblioteca podía pedir prestado un libro de Transformaciones.
Así que después de todo, Draco trabajaría con Theodore Nott.
Blaise tomó el último sorbo de la cerveza, recordando perfectamente la escena anterior.
¿Cómo había sido tan estúpido? Todo este tiempo, Nott había sido quien se había mofado de él por tener que asesinar a la madre de su mejor amigo y ahora, existía la posibilidad de que fuera todo lo contrario.
Tal vez era cierta la frase que decía qué quien ríe al último, ríe mejor.
Dio una mirada al bar, sentía que estaba siendo observado, había sentido esa sensación de una mirada en la espalda. Pero los pocos ocupantes del bar parecían estar ocupados bebiendo.
Depositó unas cuantas monedas de plata en la barra y se alejo hacía la salida, en su mente empezaba a formularse un plan que con algo de suerte, podría funcionar a la perfección.
Salió del mugriento y oscuro bar sin mirar atrás. Lo que necesitaba ahora era hacer una visita a su querida madre (nótese el sarcasmo con lo que lo pensaba), con un poco de elocuencia podría convencerla de ayudarlo, ya lo creía.
No podía imaginarse, que estaba siendo vigilado de lejos por Severus Snape.
Blaise siguió caminando, hasta que dobló una calle y se perdió de vista.
El hombre en cuestión trato de seguirlo pero desafortunadamente, ya no se veía. Con toda seguridad, se había desaparecido.
Maldiciendo un poco, regreso al bar donde habían estado hace minutos, pero entró por una puerta lateral que conducía hacía las habitaciones disponibles.
Entró a la suya, cerrando tras sí mismo la puerta y quitándose la capa que le cubría el rostro.
Se acercó a la chimenea, tomando Polvos Flu de un trasto que había cerca, acercó únicamente el rostro, diciendo su destino y lanzando los polvos verdes.
-Te estabas retrasando-fue el frío saludo de una mujer que se encontraba sentada frente a la chimenea, con los brazos cruzados.
-¿Por qué el mal humor? ¿Perdió Gryffindor acaso contra Hufflepuff?
La profesora McGonagall ignoró la pregunta, esperando que dijera algo más relevante.
-Como sea, encontré finalmente a Blaise Zabini.
-¿Enserio? ¿Dónde?
-En el mismo bar donde yo me encuentro, estaba tomando cerveza de mantequilla.
-¿Qué más?
-Permaneció al menos una hora, se encontraba muy pensativo y finalmente abandonó el lugar.
-Siendo tan hábil en legeremancia ¿No pudiste saber nada de lo que pensaba?
-Me hubiera reconocido de inmediato, además, él se encontraba en la barra.
Hubo una pausa de silencio.
-De acuerdo ¿Regresará a Hogwarts?
-Posiblemente, aunque lo dudo porqué ahí se encuentra Draco.
McGonagall asintió, comprendiendo el dilema.
-¿Crees que él tenga información del espejo?
Snape negó en silencio.
-¿Por qué no?
-Theodore Nott es quien tiene asignada esa misión, y conociéndolo, no querrá compartir la gloria con alguien más, si es que la alcanza, claro.
-No debemos de dejar que encuentre el espejo, no antes que la Orden.
-Lo sé. ¿Ya saben dónde está el espejo?
-Moody y otros más están viendo los posibles lugares y visitándolos, no creo que tarden mucho.
-Más vale que así sea, si ese espejo cae en manos de ese adolescente…
-Ira a manos de Quien-tú-sabes.
-Así es.
-De todos modos, removí los libros sobre espejos de la biblioteca-continuó hablando McGonagall.- Ese chico no la tendrá fácil.
-Ya lo creo.
-Bueno, sigue buscando más información. Te avisare si la Orden encuentra algo más.
-De acuerdo.
Ese fue el fin de la conversación, había muchas otras cosas que pensar y hacer.
°/°/°/°/°/°
-El tiempo empieza a agotarse ¡Dime donde se encuentra ese espejo!
-Nott, te lo repito por última vez, no sé donde está.
Ya faltaban pocos días para Navidad y las vacaciones estaban a punto de iniciar. El Gran Comedor ya estaba adornado como todos los años, con los doce árboles navideños decorados magníficamente.
Theodore Nott y Draco Malfoy se encontraban sentados en la mesa de Slytherin, apartados de sus demás compañeros, como siempre.
-Faltan sólo días para Navidad-murmuraba rápidamente Nott, era increíble que se diera a entender con la velocidad con la que hablaba.- Seguramente después de la fecha, querrá el espejo.
Draco se encontraba con toda la calma posible, viendo a Nott murmurar y balbucear sobre el espejo, donde se encontraba y claro, también la desesperación que empezaba a embargarlo.
-Hice todo lo que podía hacer, es una lástima que después de todo ese espejo no se pueda encontrar-musitó él, arrastrando las palabras, la caracterización de siempre.
-¡No juegues conmigo Malfoy! Ese maldito espejo lo necesito-murmuró enojado el chico, tratando de controlar la rabia y desesperación de esos momentos.
-Modera tu tono Nott, además, bien sabes que te lo advertí desde el principio.
Nott golpeó la mesa con las manos, haciendo que algunos estudiantes voltearan a verlos.
-¡No hay información de ese nigromante! Es bastante complicado encontrar información de él, sólo unos pocos mortífagos conocían su nombre.
-Es lo que he podido encontrar Nott, si tanto te interesa, bien puedes tú investigar sobre el asunto-replicó con sorna y frialdad.- Si mal recuerdo, tú únicamente te has limitado a pedir información.
-¡No olvides nuestro trato! ¡No lo olvides!-decía el chico, subiendo poco a poco el tono de voz.
-¿Quieres hacer el favor de callarte? Además, yo ya no he pedido información tuya ¿O sí?
Nott calló, negando.
-Entonces, entenderás que este pequeño trato ya no tiene razón de ser-concluyó Draco, con la voz con la que se le explica a un niño que dos más dos da cuatro.- Es todo.
Theodore estaba que echaba chispas, demasiado furioso para poder decir algo, a la vez que desesperado.
-¡Necesito el espejo! ¡Lo necesito!
-Yo lo dije, tu muerte no es la mía-susurró Draco, poniéndose de pie lentamente, sacudiendo un poco su túnica.
-Pero…
-Es todo Nott, no hay más que decir-se alejo caminando de la mesa de Slytherin, para salir por las enormes puertas e ir a su sala común.
Draco sonreía para sus adentros, había logrado obtener el espejo mucho antes que Nott, aunque este último no tenía la menor idea de donde se encontraba.
Tenía el tiempo que quisiera para pensar sobre lo que haría con ese espejo, una de las ideas más atractivas que se le presentaba era mostrar el mismo el espejo al Señor Oscuro, recuperaría en menos de un segundo el favoritismo, tal vez llegará a ser más importante que lo que su padre había sido.
Sí, podía imaginar la expresión de perplejidad y asombro de todos los mortífagos, incluyendo a su padre, si ponía esa idea en práctica.
Pero ¿Eso era lo que en verdad quería hacer con el espejo? La respuesta era un no, una negación que no estaba asegurada del todo. Una parte de él deseaba presentarse con el espejo y la otra, le decía que sería una hipocresía al recuerdo de su madre.
Esto último lo había pensado una y otra vez ¿Cómo podría dialogar o trabajar con alguno de esos hombres que la había matado? Este pensamiento le repugnaba, no era considerable, no.
Se encontraba ya en su sala común, subiendo las escaleras en su dormitorio, rara vez ya pasaba tiempo en la sala. Entró a su dormitorio, se acercó a su cama, se sentó en ella y sacó de un cajón el espejo de Oesed, que seguía encantado para estar en un tamaño inferior al real.
No miraba el cristal del espejo, ya sabía lo que vería. En estos últimos días, había estado también pensando en eso, en momentos aleatorios veía el espejo, pensando en cualquier cosa menos en ella. Pero el reflejo no cambiaba, no lo hacía.
Maldiciendo su fuerza de voluntad, vio el espejo.
Ahí estaba de nuevo esa imagen que parecía perseguirlo últimamente. Ella y él abrazados.
Metió el espejo al cajón no sin algo de brusquedad, aunque no se molestó en comprobar si había sufrido daño. ¡Claro que no! Era un espejo mágico ¿Cómo iba a sufrir daño?
Poco le importaba en esos momentos el espejo. Se encontraba muy inquieto pensando en ella y lo sucedido hace ya varios días.
"Ni siquiera me atrevo a pensar en su nombre, vaya, vaya" pensó Draco, formando puños para deshacerlos luego rápidamente.
¿Por qué le molestaba tanto? No era nada malo, simplemente algo que…algo que había empezado, no sabía cuando, no sabía bien que día empezaron a cambiar los sentimientos de amistad por otros más…otros que iban más allá de la amistad, punto.
Tenía que admitirlo, porqué ¿Qué sentido tenía el negarlo? ¿De que le serviría tratar de negar lo que sentía?
"Además, no se como detener sentimientos" pensó molesto.
Golpeando el suelo, se puso de pie y decidió salir a caminar, estar en su dormitorio no le ayudaba mucho a pensar con claridad, sólo se sentía confuso.
Bajo las escaleras y salió de la sala común. Después de alejarse de la zona de las mazmorras, se dirigió a los jardines, un poco de aire fresco no estaría mal, inclusive no habría mucha gente, podría pasear a sus anchas.
La nieve cubría con totalidad los terrenos de Hogwarts, el lago estaba congelado y había unos cuantos patinando en la superficie helada. Poca gente se encontraba en los alrededores, el frío hacía que se mantuvieran cerca del castillo.
Paso de largo las bancas vacías que había, también el lago, unos cuantos solitarios árboles y arbustos, para finalmente llegar a los lindes del Bosque Prohibido.
Era cierto que no le gustaba adentrarse en el bosque, pero al menos ahí estaría completamente solo, era muy probable que nadie lo molestara.
Tras asegurarse que nadie lo veía, entró al bosque y de inmediato tomó camino hacía donde se encontraban los matorrales de las rosas negras, ese seria un buen lugar para pensar.
No tardo mucho tiempo en dar con el ya tan familiar lugar. Tragó saliva al recordar la última vez que había estado en el, había sido cuando se había enterado de la muerte o mejor dicho, asesinato de su madre.
Alejando esos pensamientos de su mente, se volvió a sentar en la misma roca en la que se había sentado en aquella ocasión, parecía como si de cierto modo se repitiera la escena, él sentándose en esa piedra, únicamente pensando en su madre.
Y ahora volvía a hacer lo mismo, solamente pensando en ella.
Se cubrió la cara con las manos, en un vano intento de olvidar los últimos recuerdos pero era imposible. ¿Cómo olvidar uno de los mejores momentos de su vida? ¿Cómo poder olvidar seguramente el mejor momento con ella?
Ese beso había sido magnífico, es más, no había palabras suficientes para describir como había sido esa sensación para él, sentir sus labios en los de ella…
La negación definitivamente no era la solución, era obvio que no le serviría de nada.
Sí, le gustaba ella…le gustaba Hermione.
Pero era más que un simple gusto, ya que había también sentimientos en eso, sentimientos que iban más allá de una simple amistad, sentimientos más complejos. Porqué ella le importaba, le importaba mucho, era una de las personas más importantes para él ahora y posiblemente, la más importante.
Cuantas realizaciones, cuantas verdades.
Pero esta situación no era tan sencilla, claro que no. ¿Cuándo había sido fácil tratar con los sentimientos?
No, no debía de dejarse vencer por esos sentimientos. Sería aparte inapropiado ¿no? Ahora no era probable que él se convirtiera en un mortífago, pero si al final acababa tomando esa decisión ¿Qué diría Hermione? ¿Estar cerca de los mortífagos que seguramente tenían prisioneros a sus padres si es que no los habían matado todavía?
Sería mejor si dejara sus sentimientos de lado, sí, sería lo mejor. Y también tendría que alejarse de ella.
En efecto, eso sería lo mejor que podía hacer y lo haría.
Porqué el miedo de aceptar esos sentimientos no existía ¿Verdad?
/°/°/°/°/°
Hermione se encontraba en la sala común de Gryffindor, sentada en las cómodas butacas que se encontraban frente a la chimenea en compañía de Harry, Ron y Ginny.
-No puedo creer que te hayas perdido el partido-le decía Ginny, quien se encontraba sentada con Harry, muy cerca y tomados de la mano.- Prometiste que ibas a ir.
-Lo lamento, en verdad-se excuso ella, tratando de sonar convincente.- Me hubiera encantado estar en ese partido.
"Aunque siendo sincera, no me arrepiento" se dijo a sus adentros, mordiéndose el labio inferior.
-Fue de los mejores-intervino Harry.- Y Ginny estuvo de maravilla, al igual que Ron.
Ginny sonrió y Ron se limitó a mover la cabeza, se encontraba observando a su hermana y Harry muy juntos, era evidente que lo incomodaba un poco, pero no decía nada.
-De verdad, esa tarea de Aritmancia era muy importante-dijo ella, sonriendo en modo de disculpa.
-Podríamos contarte el partido-dijo Ginny.- Pero es posible que te aburres.
-No lo creo, no.
-Bueno, en ese caso ¿Por qué no platicas el partido Ron?-le preguntó a su hermano.
-Ella no parece estar interesada.
-De verdad me gustaría escuchar.
-No lo creo.
-Yo al menos sí quiero recordar el partido-comentó Harry.- Lo poco que observe me agradó, pero tú como guardián debiste de ver todo con una mejor perspectiva.
Finalmente, Ron quedó convencido, así que empezó a narrar el partido de Quidditch, Gryffindor versus Hufflepuff.
-Bien, este chico flacucho de Hufflepuff, creo que se apellida Brown, se hizo con la Quaffle al principio-empezó a narrar él sin mucho ánimo.- Nuestros cazadores no parecían poder quitarle la pelota, y hay que admitir que es hábil con las bludgers.
Hizo una pequeña pausa y continuó.
-Así que se acercaba rápidamente a nuestros aros, iba demasiado rápido, no estaba seguro de que aro debía de proteger, pero algo me decía que tenía que quedarme en el central.
-Tu primera parada ¿no?-inquirió Ginny.
-Exacto, todo pasó muy rápido. Parecía que tiraba la Quaffle hacía la derecha y en lo que yo hacía la finta de ir a ese lado, la enviaba al aro central y entonces ¡Defensa mía!
Ron no tardó en emocionarse al contar el partido, empezó a hablar detalladamente de lo que había hecho cada jugador de Hufflepuff, los que habían anotado y los que no, las bludgers del equipo contrario…en fin, un análisis digno de un fan del Quidditch.
Hermione escuchaba atenta, riendo en algunas partes o abucheando al equipo contrario al unísono que Harry y Ginny.
Pasó el tiempo, y no tardaron en aparecer las primeras estrellas en el cielo, eso significaba que era hora de la cena.
-Vamos a cenar ¿no?-dijo Harry, observando la ventana.
Los demás asintieron, así que se pusieron de pie y salieron de la sala común. Bajaron las escaleras y tomaron uno que otro atajo, en cuestión de minutos, se encontraban ya cruzando las puertas al Gran Comedor.
Se sentaron en la mesa de Gryffindor, ya había varios estudiantes no sólo en su mesa pero también en las demás.
Empezaron a cenar en silencio, de vez en cuando interrumpido por Ron al narrar algún otro gran pase.
-Bueno Hermione ¿Qué te pareció el partido?-preguntó Ginny, cuando finalmente Ron dio por acabado el partido.
-Emocionante, una pena que no estuviera allí. Me alegro que Gryffindor haya ganado, aunque claro, fue por ustedes que ganó.
Harry y Ginny sonrieron e incluso Ron se permitió esbozar una pequeña sonrisa al escuchar esto último.
Finalmente, hizo lo que había querido hacer desde haber entrado al Gran Comedor, voltear a la mesa de Slytherin.
Y como lo esperaba o al menos había deseado que así fuera, Draco se encontraba en ella.
Se le quedo viendo mientras tomaba zumo de calabaza de su copa. Hace varios días que no habían hablado, desde el día en que habían ido a buscar el espejo.
Era miércoles, cinco días sin haber hablado con él.
No debería de voltear a verlo de forma tan obvia, pero no podía retirar la vista de él. ¿Qué demonios le pasaba?
"Es ese beso, fue el beso" se dijo ella. No sin algo de esfuerzo, logró retirar finalmente la vista y volver a fijarla en su propia mesa.
El resto de la cena pasó de ese modo, a veces hablaba un poco, otras veces se limitaba a asentir y guardar silencio, dando vistazos fugaces a la mesa de cierto chico.
Se sintió incómoda de un momento a otro, hace tanto tiempo que no había cruzado una palabra con él, parecía ahora imposible el encontrar un momento adecuado para hablarle. Y todo había sido desde ese beso.
Fijo la vista en su plato ya vacío. ¿Había estado mal eso? ¿Había sido un error? Era probable, desde ese día no habían vuelto a hablar o al menos estar frente a frente.
Pero ese beso, ella no se arrepentía pero ¿Y él? ¡Ah! Era frustrante, confuso, no podía decir con exactitud cual eran los pensamientos de él al respecto, seguramente no estaba tan contento por ello.
Suspirando, se cruzo de brazos y volteó de nuevo a verlo, Draco seguía sentado, hablando con Crabbe y Goyle.
Volteó a ver hacía su propia mesa, verlo no le ayudaba mucho. Harry y Ginny la observaban, cambiando miradas entre ellos, pero nuevamente se encontraban callados, para luego iniciar una conversación sobre los próximos partidos de Quidditch, Ron estaba concentrado en la comida.
¿En verdad era tan difícil volver a hablar? Podían empezar a hablar de cualquier cosa, no necesariamente de lo último que había sucedido ¿O sí?
Era una tontería el intentar pensar eso, tarde o temprano, acabarían teniendo que abordar ese tema.
Volvió a dar un vistazo a él, ahora se estaba levantando, seguramente ya se iría a su sala común. Crabbe y Goyle no parecían hacer lo mismo, al parecer tardarían un poco más de tiempo con la cena.
Tratando de decidir rápidamente, pensando si era inteligente el hacer eso, mirando como cada vez más se acercaba a las puertas, para finalmente cruzarlas, se levantó de su asiento y caminó rápidamente.
No hizo caso de lo que le decían Harry y Ginny, a penas si había alcanzado a escuchar unas cuantas palabras, ya se encontraba ella en menos de un minuto, en un pasillo.
Lo veía a lo lejos, no caminaba rápidamente, había unos cuantos estudiantes que también salían o entraban al Gran Comedor. Respirando profundamente y convenciéndose que era lo mejor que podía hacer en esos momentos, caminó rápidamente hacia su ya distante figura.
Y de nuevo lo volvía hacer, ella iba tras él, tras Draco Malfoy.
Ignorando lo mejor que podía ese recuerdo, no tardo en alcanzarlo y en tomarlo del brazo.
Draco se dio la vuelta, mostrando poca sorpresa al verla pero de inmediato recuperando su característico gesto.
-¿Sí?-preguntó él como si nada.
-Debemos de hablar-murmuró ella, mirándolo seriamente.
-Lo siento, tengo otras cosas que hacer-contestó él, quitando la mano de Hermione de su brazo, ignorando la acostumbrada sensación.
Empezó a dar unos pasos pero escuchó perfectamente la voz de Hermione, con indignación.
-¿Perdón?
-Tengo cosas que hacer-repitió él, esta vez lentamente, volteando a verla.
-No lo creo-dijo ella, se encontraba cruzada de brazos y en el mismo lugar.- Yo ya te ayude a hacer lo que necesitabas, encontrar ese espejo.
Pausa de silencio.
-No es lo único que tenía que hacer, hay otras cosas-aseguró él, entonando la frase con algo de exasperación.- No entiendes.
-Sí, la misma historia-murmuró ella con desagrado.- No entiendes ¡No entiendes! ¿Cómo puedes asegurar eso? ¿Cómo?
-Es la verdad, es algo que no entiendes-afirmó él con un tono que no dejaba lugar a dudas.
Hermione se quedo sin palabras momentáneamente, pero volvió a hablar.
-Sabes que tarde o temprano tendremos que hablar.
-¿Hablar? No hay nada de que hablar-dijo él, aunque ni él mismo parecía muy convencido.
Hermione resopló, completamente exasperada. ¿Por qué era tan difícil? Recuperó la compostura y trató nuevamente.
-¿Qué te molesta?-preguntó finalmente.
-No me molesta nada-contestó Draco, pero su voz lo contradecía.
-¿Estás bien?
"No, la verdad no lo estoy" pensó él, viendo a Hermione, quien ahora parecía un poco menos enojada.
-Sí, estoy bien.
Hermione desvió la mirada y volvió a mirarlo, ahora ya no parecía enojada, simplemente exasperada.
No encontraba nada que decirle a él, o tal vez sí, pero su reacción podría ser peor de lo que hubiera esperado.
Como le encantaría quedarse parada frente a él, sin decir nada y simplemente llorar, llorar por todo lo que estaba pasando, pero no podía hacer eso ¿O sí?
Dejo escapar un par de lágrimas que se las secó rápidamente, se acomodó un poco el cabello y asintió.
-De acuerdo, si no quieres hablar, no hablaremos-susurró ella, ya no sabía que más hacer.
Lo miró fijamente por unos instantes y se dio la vuelta, caminando hacia las escaleras, debía de ir a su sala común, mañana había clases, ya eran los últimos días.
Draco se quedo viendo como se alejaba, sin voltear ni una sola vez. Se sentía indeciso ¿Qué debía de hacer? Seguirla y hablar… "No, así está bien todo" se dijo, por lo que volvió a prestar atención a su camino, aunque una voz lo detuvo.
-Tu novia está enojada.
Draco volteó a ver de donde provenía la voz, era de un niño al parecer de primero o segundo año de la casa de Ravenclaw, se encontraba parado cerca de una armadura.
-Escuchar conversaciones ajenas es indecoroso-murmuró él con frialdad.- Y ella no es mi novia.
-No te creo, así se hablan mi primo Jaden y su novia-contestó el niño, quien al parecer no se sentía intimidado por el Slytherin como la mayoría de los alumnos.
Sin hacer más caso del niño, empezó a caminar, pero el niño siguió hablando.
-Deberías de disculparte, tío Harold le dice a Jaden que no es bueno hacer llorar a las niñas.
Draco se detuvo súbitamente y volteó a ver al entrometido niño.
-Es mi asunto, no el tuyo. Vete antes de que me enfurezca más.
-Debiste de haber ido tras ella-y tras decir esto último, el niño se escabulló hacia otro pasillo, dejando a Draco solo.
Se pasó una mano por el cabello y volvió a mirar por el pasillo donde ella había caminado, sintiendo ahora pequeños atisbos de culpa.
Pero lo había prometido, esos sentimientos no eran buenos, tendría que alejarse de ella, así debía de ser.
"Debiste de haber ido tras ella" el comentario flotaba en su mente.
"¿Qué va a saber un niño sobre sentimientos?" se dijo, sintiéndose estúpido por considerar lo que le había dicho.
¡Menuda pérdida de tiempo! Se encontraba ya caminando hacía su sala común, con las manos en los bolsillos, haciendo su mejor esfuerzo para olvidar el incidente.
Y por extraño que pareciera, recordó algo, algo que había sucedido hace muchos años, cuando él era pequeño. El recuerdo lo hizo estremecerse un poco.
Draco se encontraba en el enorme jardín de la gran mansión Malfoy, era un día muy importante, al menos él lo consideraba así. Hace apenas unos minutos había recibido su primera escoba de juguete, un regalo de su papá.
-Querido, ten cuidado-le decía su madre, quien se encontraba sentada en una banca de piedra, vigilándolo.
Él volaba sólo un par de metros, feliz con la sensación de estar flotando.
Su padre se acercó caminando y le sonrió un poco, finalmente para susurrarle algo a su esposa, después se despidió de ella y del niño.
-Lucius, no vayas-le pidió su esposa.- Quédate conmigo y con Draco, hoy…
-Sé qué día es hoy querida, uno muy importante-contestó el señor Malfoy, haciendo aparecer con un movimiento de varita una rosa y entregándosela.- Pero es una reunión importante.
-Pero él ya no está, desapareció.
-Es mi deber ir, te veré después.
Draco había estado observando todo este intercambio de palabras, sin entender muy bien a su padre, ese día era el cumpleaños de su mamá, era un día muy importante, además de su escoba, claro.
-Papá, ella te quiere mucho-intervino él, las palabras formándose precipitadamente.- Tú la quieres mucho ¿no? Más que a esa reunión.
Sus padres se le quedaron viendo por unos instantes.
-No entiendes Draco ¡Diviértete!-dijo su padre, empezando a alejarse.- Los veré luego.
-Pero tú quieres a mamá ¡Lo sé! No te vayas, es su cumpleaños-insistió él, levantando la voz.
-¡Es suficiente!-dijo su padre, levantando una mano.- Narcisa, celebraremos como es debido.
Draco volteó a ver su madre, quien seguía sentada en la banca de piedra, paseando la rosa entre sus dedos. Se dirigió hacía ella en su escoba. Ella levantó la mirada y le dio una sonrisa gentil.
-Descuida Draco, se que tu padre me ama-murmuró ella.- Sólo que a veces se nos olvida a todos un poco.
Él se quedó callado, no entendía del todo lo que quería decir.
-Me da gusto que tengas sentimientos nobles-continuó hablando ella.- Qué aceptes siempre lo que sientes y digas la verdad.
Él seguía sin decir nada ¿Por qué su mamá le decía esas cosas? Era obvio que sus papás se querían ¿Cómo podían olvidarse de eso?
-Es lo lindo de la niñez, los sentimientos son transparentes-dijo ella, en un hilo de voz, volviendo la vista a su rosa.- Pero ¡Vamos! ¿No quieres enseñarme que tan alto llegas con esa escoba?
Draco pronunció la contraseña al pedazo de pared que ocultaba la entrada a la sala común y entró. Había muchas risas y bastante ruido, más de lo usual. Volteó a ver de donde provenía tal.
Era de un grupo de chicas, donde se encontraba Pansy Parkinson.
Se miraron por primera vez en bastante tiempo, él retiró primero la mirada, bastante rápido, pero ella siguió viéndolo, con algo de genuina curiosidad, pero no la suficiente como para subir y hablar con él.
Draco subió las escaleras y en un momento ya se encontraba cerrando la puerta tras él de su dormitorio. Se acercó a la ventana que estaba al lado de su cama y observó el panorama, estaba nevando.
Contempló un par de minutos como los copos de nieve caían y caían. Se alejó de la ventana y se sentó en su cama, sintiéndose bastante incómodo, sobretodo por ese recuerdo.
No podía creer que aún recordaba eso, había recordado antes cuando le habían dado esa escoba, pero no esa conversación, hasta entonces.
Se tapó la cara con las manos, pero no tardaron en llegar las imágenes de Hermione, aceptando que no hablaran, no le pasaban desapercibidas esas lágrimas que ella había secado rápidamente.
¿Por qué era tan difícil aceptar lo que sucedía? ¿Por qué?
/°/°/°/°/°/°/°
Llegó el último día de clases antes de vacaciones, el expreso de Hogwarts al día siguiente se marcharía con los alumnos que regresarían con sus familias para pasar las fiestas navideñas, mientras que algunos pocos se quedarían en el castillo.
Hermione no sabía que hacer al respecto, el sólo pensar en Navidad y sin saber nada de sus padres no era una agradable combinación.
Suspirando levemente, se levantó de su cama y se arregló para bajar al desayuno.
Varios minutos después, se encontraba sentada en la mesa de los leones, en compañía de sus amigos.
Últimamente no parecía haber tema de conversación porqué pasaban bastante tiempo en silencio, no es que fuera incómodo completamente, pero tampoco era tranquilizante.
Se concentró en su plato de avena, indiferente a lo demás.
-Hermione ¿A dónde irás estas Navidades?-abordó con timidez el tema Ginny, insegura de sus palabras.
Era extraño escucharla hablar así, a Hermione le recordaba de los primeros años en la que la había conocido.
-No estoy segura-admitió ella, siguiendo con la vista fija en su desayuno.
-Sabes que en la Madriguera eres bienvenida-le recordó con gentileza la muchacha.- Nos encantaría tenerte en Navidad.
Hermione levantó la vista y sonrío.- Gracias.
-Deberías de venir, a todos les gustaría verte-dijo para su asombro Ron. No parecía que Ginny o Harry le hubieran dicho que decir, hablaba con sinceridad.
Su hermana y su mejor amigo voltearon a verlo asombrados pero a la vez complacidos.
Hermione sonrío aún más, era lindo escuchar de él tales palabras, después de no haberse hablado por mucho tiempo.
-Gracias Ron, pero todavía no he tomado ninguna decisión.
El chico asintió, siguiendo tomando su desayuno.
El desayuno siguió en silencio hasta el final, donde Harry, Ron y Hermione se despidieron de Ginny para ir a clases.
Caminaron en silencio a la clase de transformaciones, el silencio sintiéndose absurdamente ridículo, sin haber forma o intento de romperlo.
La clase fue muy rápida o al menos eso pareció, quizás por el ambiente de las ya cercanas celebraciones Navideñas.
Se dirigieron a DCAO, igualmente sumidos en silencio. Tuvieron que esperar con sus demás compañeros a que salieran los de la clase anterior, en el caso, Slytherins de séptimo año.
Hermione resistió el impulso de buscar a Draco con la mirada y se concentró en un punto en el suelo, tratando de no prestar atención a su alrededor. Pero el espacio era poco, por lo que tenía que levantar la vista y estar atenta a no ser golpeada por accidente mientras los alumnos se hacían paso.
Apareció finalmente él, Hermione al verlo sintió un horrible nudo en la garganta, no uno que se debiera a una próxima tos, sino uno que se formaba debido al dolor, a un muy fuerte dolor.
No podía mover la mirada, no podía dejar de mirarlo. Y el nudo dolía más y más.
-¿Hermione? Debemos de entrar-dijo Harry, poniendo una mano en su hombro.
Ella brincó un poco y asintió, caminando rápidamente hacia la puerta, seguida por un perplejo Harry y tal vez un confuso Ron.
También la clase de DCAO pasó bastante rápido, a pesar de que era una asignatura de dos horas, pero el ambiente navideño parecía aligerar todo.
Así pasaba el día, bastante rápido, pero Hermione no prestaba mucha atención, parecía algo distante a todo lo que ocurría.
Llegó la última clase, nada más que Pociones, clase que compartían con los alumnos de Slytherin.
Respiró profundamente mientras se acercaban a la mazmorra donde se impartía la clase, esforzándose por relajarse.
La clase inició, el profesor Slughorn estaba muy alegre por las fiestas Navideñas y decidió ponerles una poción más o menos sencilla. Se paseaba entre los alumnos, elogiando algunas pociones y dando consejos sobre otras.
Hermione preparaba su poción, sonriendo débilmente de vez en cuando al profesor, cuando este elogiaba su trabajo.
-Ahora es tiempo que vayan por los últimos ingredientes-dijo el profesor, faltando ya un cuarto de hora para el fin de la clase.- Recuerden que un espacio ordenado es el mejor sitio para un elaborador de pociones.
Los alumnos se levantaron y se acercaron a los armarios donde se guardaban los ingredientes.
Hermione esperaba pacientemente su turno con los demás, finalmente le tocó, al mismo tiempo que a Draco.
La cercanía era incómoda y dolorosa para los dos, pero ninguno lo mostró.
Ella no pudo evitar el voltear a verlo por unos breves momentos, viendo como él estaba concentrado buscando los ingredientes correctos. Sintiendo su mirada, él también volteó a verla, pero ella ya se encontraba eligiendo sus ingredientes y alejándose.
Sus sentimientos eran confusos, sentía furia pero a la vez dolor. Tomó asiento al lado de Harry, vaciando con mano temblorosa los ingredientes restantes a la pócima.
¿Cómo podía la situación estar así? ¿Cómo? No hablaban, a penas si se atrevían a dirigirse miradas. Era una actitud infantil, seguramente, pero lastimaba bastante.
Hermione tragó saliva, al sentir como el nudo volvía a formarse, con mayor intensidad. No debía de llorar, no en plena clase, frente a todos.
-¡Tiempo!-anunció el profesor, y empezó a realizar el habitual chequeo, agitando unas cuantas pociones, olfateando otras…
Terminó bastante rápido y finalmente los dejo irse. Los alumnos guardaban sus cosas y se dirigían ya a la salida.
En un arrebato de ira y dolor, Hermione golpeó con fuerza su caldero, derramándose todo su contenido en el suelo. Todos la voltearon a ver, incluyendo al profesor.
-Oh, lo siento-musitó ella, sacando de inmediato su varita y limpiando el desorden.- Lo golpee sin querer con la mochila.
El profesor asintió y a los demás no pareció importarles mucho, porqué salían ya.
Respirando profundamente, caminó junto a Harry y Ron, quienes la miraban aprensivos pero sin comentar nada.
No aguantaba más, no podía, era demasiado.
Se separó de Harry y Ron, al parecer estos no lo notaron o respetaron su decisión, porqué seguían caminando, quizás a la sala de Gryffindor.
Salió a los jardines glaciales, había una leve pero fría brisa, no importaba. Seguramente con tanto frío no saldrían lágrimas, eso era lo que buscaba, no sentir dolor, no más, simplemente dejarse entumecer por el frío.
Caminó hasta encontrarse con una banca de piedra, donde tomó asiento y simplemente se dedicó a observar el nevado entorno.
Dolía tanto, dolía mucho no poder hablar con la persona más importante para ella en esos momentos, estar tan alejada de él, de apenas poder mirarse sin causar más dolor.
Suspiró, se sentía tan frágil y vulnerable, soltó ya lágrimas, sin importarle ya si alguien la veía llorar, todos a veces se sentían tristes ¿No? Lo entenderían.
Así pasaron varios minutos, ella llorando en silencio, llorando todo lo que no había podido días anteriores. Temblaba, no únicamente de frío pero también por el dolor que sentía.
Era un dolor al que no le veía comparación, y eso la frustraba, la molestaba bastante. El día en que se enteró de sus padres…había sido horrible e igual los días subsecuentes, y por supuesto, había dolido mucho, mucho…pero no tanto como esto.
O el ya lejano día en que Ron terminó su relación, sí, había dolido bastante también, no había podido creer que lo suyo terminaría simplemente por una disputa, defendiendo a Harry y Ginny.
¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué?
Recordó el beso que se habían dado, un beso tierno y silencioso, un beso que había significado bastante para ella.
Más lágrimas, pero no importaba, tenía que dejar escapar su dolor de alguna forma.
Se abrazó a sí misma, en un vano intento de calentarse un poco. Lo más sensato sería volver al colegio y al menos tomar una bufanda y unos guantes pero no deseaba moverse, no quería encontrarse con sus amigos y que le empezaran a hacer preguntas.
Sentía un cosquilleo en la espalda, esperaba que no fuera signo de que empezaba a resfriarse, claro qué, no se le ocurrió que podía ser la sensación de una mirada.
De hecho, alguien la estaba viendo desde unas no muy lejanas columnas, cerca del castillo.
Draco Malfoy se encontraba recargado en una de esas columnas, con los brazos cruzados y observando de lejos a Hermione.
No la había seguido, no. Simplemente él también se dirigía a los jardines cuando notó que había alguien sentado en una banca, y ese alguien resultó ser ella.
Encontrándose sin ganas de continuar, se había detenido. No existía la necesidad de ser un genio para saber que estaba llorando, bastantes veces la había visto llorar como para no saber.
Respiró profundamente, creía o estaba seguro, de las razones por las que se encontraba llorando y eso no le agradaba, en absoluto.
Cerró los ojos por un momento y los volvió a abrir, ella seguía ahí, llorando y llorando. Con este frío hasta se podía enfermar…
Movió la cabeza ¿Por qué se preocupaba por ella? Lo había prometido, se alejaría de ella, lo haría.
Y sin embargo, ahí se encontraba viéndola ¿Le gustaba torturarse?
No pudo soportarlo más y se encaminó hacía ella en pasos largos, estando en poco tiempo junto a ella. Se quitó sus guantes, inclinándose un poco hacia ella, se los extendió.
Hermione alzó la vista, con la mirada vidriosa, vio a Draco con un semblante serio pero ofreciéndole sus guantes.
Haciendo caso omiso de los guantes, lo abrazó, sollozando esta vez más fuerte.
Draco se quedó estático, ahora la culpa lo embargaba por completo, tragó saliva y empezó a jugar con el cabello de ella, pero luego la abrazó.
Quien sabe cuanto tiempo pasaron de ese modo, ¿Minutos, horas…?
Hermione ya no lloraba, tenía los ojos cerrados, simplemente contentándose con el placer de ese abrazo y tratando de evitar la pregunta ¿Cuánto duraría?
Abrió los ojos, su vista dirigida al congelado lago, otra lágrima resbaló por su rostro, la última.
-Gracias-susurró ella.
-Perdón-fue la respuesta de él.
Se separaron finalmente, Hermione notó que los guantes del chico se encontraban en la nieve, los tomo y se los devolvió, él negó con la cabeza y señaló sus manos, estaban casi moradas del frío y empezaban a doler un poco.
Ella sonrió un poco y se puso los guantes, que a pesar de que estaban algo fríos por haber estado en la nieve, resultaban ser un conforte.
Se hizo otro silencio, sólo roto por los movimientos que ocasionaba el aire al rozar con la flora cercana.
-Y ¿Qué harás para Navidad?-le preguntó Draco como quien comentara del clima.
-No lo sé-admitió Hermione.- Podría ir con los Weasley y Harry pero no estoy segura. Sería algo raro tal vez, pasar las fiestas con ellos en vez de mis padres, sabiendo que ellos no están bien.
-Te distraerías al menos-comentó él.- De todo lo que ha pasado.
Hermione se encogió de hombros.- ¿Tú que harás en Navidad?
-Quedarme en Hogwarts-habló con sinceridad.- Será extraño estar en casa, solo, en esta época. Prefiero estar solo aquí que allá.
Ella asintió, resultaba comprensible lo que decía.
-Sabes, yo también prefiero quedarme en Hogwarts.
-No tienes que hacerlo-se apresuró a decir él.- Será mejor si te vas con tus amigos.
-¿Y estar incómoda durante dos semanas? No creo soportarlo.
Draco se quedó callado, viendo la nieve que cubría el suelo, moviéndola con los pies.
Hermione se mordió el labio y volteó a verlo, viendo como parecía concentrado en mover la nieve con los pies.
-Todo esto que ha sucedido, fue por el beso ¿No es así?
Había un tono de tristeza y confusión en su voz, que no le paso desapercibido al chico, aún con la vista fija en la nieve. Después de unos segundos, decidió hablar con la verdad.
-Sí.
Hermione asintió, tratando de asimilar lo que estaba sucediendo, aunque eso no evitó que se formara otro doloroso nudo en su garganta.
-¿Por qué?-alcanzó a decir con un hilo de voz.
Draco no sabía que decir, ahora golpeando la nieve con bastante fuerza, gesto que notó Hermione, quien prefirió voltear a ver al lago otra vez.
-Es complicado-habló finalmente, sin emoción alguna.
Ella suspiró, no quería ponerse de nuevo a llorar.
-Será por… ¿Por mi sangre? ¿Por qué soy impura y tú no?
Draco la volteó a ver con una mirada divertida y dejo escapar una risa apagada, carente igualmente de emoción.
-¿Por eso? ¿Crees que es por la sangre? Todos estos años me has demostrado que tú eres mejor que yo, en especial estos últimos meses. Nunca creí que lo diría pero la sangre no es importante.
Hermione se permitió sonreír un poco, era bueno saber que ese no era el motivo pero aún así, todavía no hablaban de lo importante.
-¿Entonces qué es?
Draco se mostraba nuevamente serio y parecía vacilar. Finalmente se puso de pie (a Hermione se le había olvidado que se encontraban sentados en la banca de piedra) y volteó a verla con firmeza.
-Te prometo que hablaremos de eso, pero no aquí, no hoy.
Ella asintió, también seria.
-Te veré pronto-dijo Draco como despedida, alejándose como había venido, con grandes pasos.
Hermione lo vio alejarse, volteó a ver una última vez el lago congelado antes de ponerse de pie y dirigirse al castillo. Tenía que hablar con sus amigos.
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Empezaron los días de vacaciones, Hogwarts se encontraba vacío a excepción de algunos alumnos (entre ellos Draco y Hermione) y también algunos profesores.
El castillo estaba excepcionalmente decorado para las navidades y a pesar de que hubiera pocas personas, se respiraba un ambiente navideño.
Hermione se encontraba sola en su dormitorio, pensando en sus amigos y agradeciendo que se habían tomado bastante bien su decisión, en especial Ron. Tal vez cuando regresaran, empezarían a hablarse nuevamente.
Suspirando un poco, se levantó, tomó un baño y después de arreglarse, decidió salir de la sala común, esta vez con guantes y bufanda a la mano, no quería atrapar algún resfriado.
Llegó al Gran Comedor, en el que las mesas de las diferentes casas estaban orilladas, había muy pocos estudiantes como para utilizarlas.
Sólo había una mesa en el centro, donde incluso estaban los profesores, acompañados por algún que otro estudiante.
Hermione tomó asiento después de saludar a los profesores y empezó a tomar el desayuno con calma, sin tener que preocuparse por clases o deberes.
Minutos después, llegaron otros estudiantes, entre ellos Draco, quien se sentó algo apartado de los demás, como siempre.
El desayuno paso agradablemente entre pequeñas conversaciones y una que otra risa, aunque ni Draco ni Hermione participaron en ellas.
Finalmente, Draco se levantó y dirigió a Hermione una mirada antes de alejarse caminando con tranquilidad.
Hermione no tardó mucho en terminar, así que se levantó y salió caminando, un poco sorprendida al encontrar a Draco recargado en una pared, de brazos cruzados, evidentemente esperándola.
Sonrió al verlo, a pesar de estar vestido de negro, sin uniforme ni nada, se veía bien, bastante bien.
-¿Qué?-preguntó él, notando su mirada.
-Nada-murmuró ella, escondiendo un poco su sonrojo al ver al suelo.
-¿A dónde quieres ir?
-Donde sea ¿Los jardines? ¿La biblioteca?
-¿Te parece el Lago?
-Está bien.
Caminaron en un cómodo silencio, no tenían que preocuparse si alguien los vería o demás, era lo bueno de las vacaciones, Hogwarts estaba vacío, a excepción de unos cuantos.
-¿Traes guantes?-le preguntó Draco, cuando ya caminaban en la nieve.
-Sí, y bufanda.
Draco sonrío un poco y siguieron caminando. Llegaron a la orilla del lago, donde tomaron asiento debajo de un árbol. Afortunadamente ambos traían ropas que los calentarían pero aún así se sentaron muy cerca.
Observaron como la superficie helada del lago brillaba debido a unos cuantos débiles rayos de sol.
Fue Hermione quien rompió el silencio.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-Vamos a hablar ¿no?
-Estamos hablando-dijo Draco, como si resultara obvio.
Hermione le dio un codazo pero sonrío.
-Hablar sobre ese tema.
-Ah, ese tema.
-Sí, ese.
Hubo un inquietante silencio, que Draco para su pesar rompió.
-¿Qué quieres saber?
-¿Por qué me evitaste días? Todo fue después de eso y…-Hermione no acabó la frase y se encogió de hombros.
Draco cerró los ojos y los volvió a abrir, no estaba preparado para responder eso.
-¿Alguna otra pregunta?
-No, esa es la única.
-¿Tú que piensas de eso?
-¿Yo?-ahora, Hermione no había esperado que esa pregunta se la hiciera en esos momentos.
-Sí, tú.
Hermione lo volteó a ver y luego al lago, respirando profundamente.
-Supongo que ya te lo imaginas-murmuró ella, abrazando sus piernas y recargando en sus rodillas la cara.
Él no contestó por lo que siguió hablando.
- Eres una de las personas más importantes y…ahora eres la más importante-dijo ella con la voz ahogada, intentando contener las lágrimas.- Sé que debería de preocuparme por mis padres, y lo hago. Pero…
No quiso terminar, sentía la cara encendida por lo que acababa de decir.
-Ahora tú respóndeme esa pregunta.
-Es complicado.
-Tenemos bastante tiempo, créeme.
-También me importas mucho y eso lo sabes-habló Draco, viendo el lago.
Hermione se quedó callada, esperando el resto de la explicación. Draco parecía titubear, no encontraba las palabras adecuadas.
Volteó a verlo y se sorprendió al ver que su semblante denotaba molestia, una gran molestia, parecía muy enojado.
-Si quieres…-empezó ella, pero fue detenida por una mano.
-Déjame hablar-pidió él, viendo la nieve a su alrededor.
Ella asintió y esperó pacientemente. Después de lo que parecieron horas pero en realidad fueron minutos, habló.
-Porqué tenía miedo-musitó finalmente.- Tenía miedo de lo que sentía por ti.
El corazón de Hermione latía rápidamente, volteó a verlo.
-No quería aceptarlo pero ¿De qué me servía negarlo? Por eso me aleje de ti, porqué creí que así terminaría todo y me equivoque.
Hermione tragó saliva, escuchándolo atentamente.
-Ese día, el día que te observe llorar ahí sentada…-movió la cabeza.- No lo pude soportar más.
Se quedaron en silencio, contemplando el lago y viendo volar ocasionalmente a algún pájaro, no había ruido alguno.
-Gracias-dijo Hermione, tomando una mano de él.
Él apretó su mano, y ella hubiera podido jurar (aunque no estaba segura, lo veía de reojo), que estaba sonriendo.
