¡Hola! Aquí estoy de nuevo. Muchisimas gracias x leer!! :) No puedo creer el número de hits y visitas que este fic ha recibido, muchas gracias. Contestando reviews:

.Chan: Hola! Gracias por leer y agregar la historia a favoritos, que bueno que te este gustando la historia, espero que así siga ;) Gracias x tu review

Nuevamente, gracias x leer. Aquí les dejo este capítulo como lo prometí. Espero poder actualizar esta semana que viene, aunque haya unas cuantas fechas especiales, como Navidad entre otras. Sería lindo poder dejarles un regalito x esas fechas jeje :)

Espero puedan dejar reviews, el botón para dejar reviews no muerde ;) Ya saben que sugerencias, comentarios, opiniones...son muy bien recibidos, me importa mucho saber lo que piensan. Sin mas, les dejo el capi. Nos leemos pronto.


Cap XXXII: Inicios del Fin

-Sabes, este fin de semana habrá una venta especial en la tienda de plumas-dijo ella con una sonrisa, enseñándole la propaganda que estaba a la reversa del periódico.- En Hogsmeade.

-No puedo perder el tiempo-fue su respuesta, saliendo de la biblioteca, dejándola sola.

"Él me dijo que le gustaba coleccionar plumas" pensó, frunciendo la frente.

*****

-Y ¿Qué hiciste en el fin de semana? Ni me cruce contigo en los pasillos-le comentó como cualquier cosa.

-Cosas, nada importante-contestó él, encogiéndose de hombros.

Ella asintió, no muy contenta con la respuesta. Él lo notó pero no comento nada.

*****

-¿Todavía tienes el espejo?

-¿Por qué no lo tendría?-preguntó él con algo de extrañeza, volteando a verla.

-Bueno, por una cosa u otra-murmuró ella, como si fuera algo obvio.- ¿Podría verlo?

-¿Para qué?-preguntó él con brusquedad.

Hermione negó con la cabeza.

-Mejor en otra ocasión-replicó ella seriamente.

*****

-¡No te entiendo! ¿Por qué estás actuando así?

-No es nada-masculló él entre dientes.

-¿Nada? Algo sucede, algo te molesta ¿Qué es?

-Nada-volvió a decir él, estaba vez con un dejo de impaciencia.

-¿Tiene que ver conmigo?

Draco la volteó a ver con un semblante serio, un semblante que ella nunca había visto antes y esto la preocupó aún más.

-¿Draco?-preguntó ella, tomando una de sus manos.

-No tiene nada que ver contigo-le aseguró, usando un tono de voz diferente, casi parecía como antes, casi.

-Pero…

No dijo más, pues el la besó gentilmente y se soltó de su mano, alejándose en el pasillo.

******

Hermione se levantó esa mañana con un fuerte dolor de cabeza, consecuencia que no había dormido mucho, dándole vueltas y vueltas a sus pensamientos, sus pensamientos sobre Draco.

Sin lugar a duda se traía algo entre manos pero ¿Qué era? Los días anteriores había estado muy esquivo con ella, tanto, que dolía. Le recordaba esos días en los que no habían hablado, ni siquiera intercambiado miradas, después de su pequeño viaje para encontrar el espejo de Oesed.

Esta vez era diferente, sí hablaban y sí se miraban pero… algo era distinto. Hablaban de trivialidades que a ninguno en verdad le importaba y cuando se miraban, uno u otro retiraba la mirada.

Después de un baño con agua fría, algo que la despertara del todo y arreglarse rápidamente, decidió bajar a desayunar, sin esperar a sus amigos. Ellos despertarían más tarde, después de todo, era sábado por la mañana.

Los Sábados por la mañana, el castillo estaba calmado, no como los días entre semana, todos bulliciosos desde las primeras horas.

Llevaba un libro con ella, uno de transformaciones. El Lunes la profesora vería que tal iban en las nuevas transformaciones que les había enseñado, no es que ella tuviera dificultad alguna pero nunca estaba de más repasar, eso creía.

Se sentó en la mesa de Gryffindor y como hábito común, volteó a ver la mesa de Slytherin. Le sorprendió encontrar a Draco sentado en ella, usualmente, él aparecía más tarde no tan temprano.

Él la volteó a ver con el semblante serio y bajo la vista a su plato de avena, ignorando su mirada.

Ella suspiró quedamente y desvió igualmente la mirada, las cosas parecían estar cambiando para mal.

El desayuno se pasó muy rápido, se levantó de la mesa bastante tiempo antes que sus amigos llegaran y se dirigió a los jardines, nada deseosa de ir a la biblioteca, sólo traía malos recuerdos.

-Has estado muy callado estos días-comentó ella una tarde en la que se encontraban en la biblioteca, un día normal, al menos eso parecía.

Draco se encogió de hombros y siguió leyendo, sin murmurar nada.

Hermione puso los ojos en blanco antes de volver a hablar.

-Antes solías hablar de muchas cosas.

Él levanto la mirada.

-No hay nada de que hablar-contestó en tono cortante y seco, parecido al de los primeros días que se habían juntado en la biblioteca, a principios de año.

-¡Claro que sí! Podemos hablar de la escuela, compañeros, amigos, Hogsmeade, el espejo de Oesed…

Ante esta última mención, el chico frunció la frente.

-No son relevantes-fue su contestación, antes de volver la vista a su libro.

-¿Qué es importante?

-Nada-fue su indiferente respuesta, cambiando de hoja sin desviar en ningún momento la mirada.

-Ah

Ninguno de los dos volvió a hablar el resto de la tarde, concentrados en sus deberes o en sus pensamientos.

"Son tiempos estresantes, es normal que esto suceda" trataba de convencerse a ella misma, tratando de quitarle importancia a ese suceso.

En días anteriores, en el Profeta habían aparecido varios relatos de desapariciones, asesinatos…noticias nada agradables.

La situación en Hogwarts era la misma. Todos los profesores estaban más irritables que de costumbre, la directora McGonagall parecía no poder quitar su semblante de preocupación aunque trataba de disimularlo.

Los estudiantes tampoco eran la excepción. Muchos de ellos ya no deseaban recibir lechuzas, temerosos de que trajeran tristes noticias y para algunos, esta era la realidad. Varios estudiantes se marchaban del colegio y algunos ya no volvían.

Incluso en sus amistades, Hermione podía notar un cambio.

Harry cada día estaba más serio, incluso cuando estaba en compañía de Ginny, ya no parecía tampoco mostrar mucho interés en el Quidditch. Ginny, ya no sonreía tanto como antes, al contrario, se encontraba inusualmente callada en estos días.

Ron no parecía actuar diferente, a excepción de que cada vez se iba más seguido a entrenar Quidditch aunque no hubiera práctica, ya no pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Sí, estos días eran extraños, el clima no hacía más que acentuarlos. Casi siempre estaba nublado y ya todas las noches caía una llovizna, a veces tranquila a veces fuerte.

Draco observó que nuevamente el día estaría nublado, el techo encantado del Gran Comedor lo reflejaba.

Desayunaba tranquilo, o al menos lo más tranquilo que pudiera aparentar porqué sabía que alguien lo estaría viendo; Hermione.

Casi siempre cuando sentía ese extraño cosquilleo que asociaba con una mirada, estaba seguro que la persona responsable sería ella, y así era.

Levantó la mirada justo a tiempo de ver como la chica en cuestión salía por las enormes puertas del Gran Comedor, fue entonces cuando se permitió relajarse un poco.

Las últimas semanas, los últimos días, habían estado llenos de constante tensión entre ellos dos.

Él sabía que su cambio de actitud no sería desapercibido por ella pero le hubiera gustado que al menos las interrogaciones no hubieran sido tan complicadas, tan molestas.

Para nada.

Las mentiras que decía o las respuestas que callaba estaban costándole más esfuerzo del esperado, las reacciones de ella, las expresiones que ponía…todo eso lo hacía más difícil.

Pero era lo mejor, ya lo había decidido, ya lo había aceptado.

-Entonces ¿Vendrás a esta reunión?-había preguntado por enésima ocasión Zabini.

Se encontraban sentados en un extremo de la mesa de Slytherin. Era sábado, día de la tan importante como temida reunión de mortífagos.

-Así es.

Zabini asintió, estaba desayunando muy lento a comparación de otros días. Draco no le dio importancia a esto, estaba repasando en su mente una y otra vez como debía de suceder esa reunión.

Llevaba días mentalizándose para ese día, todo debía de salir como lo esperaba.

Se presentaría con el Señor Tenebroso, le pediría que le diera el nombre del mortífago asesino de su madre y a cambio, tal vez podría proporcionarle información interesante del Espejo de Oesed.

Aún no estaba muy seguro de querer entregárselo.

Nott se sentó acompañado por Crabbe y Goyle, traía una cara de completa molestia, ocultando bastante bien en parte el miedo que sentía. Había hecho un juramento inquebrantable, y si el Señor Tenebroso le pedía hoy resultados…seguramente, ni regresaría al colegio.

-¿Por qué esa cara Nott? ¿El último desayuno?-preguntó Zabini con una inusitada frialdad en él.

Crabbe, Goyle y Draco lo voltearon a ver, este último levantando una ceja. No entendía el repentino cambio de actitud del chico. Es más, por lo que había sabido gracias a Hermione, había intentado ayudarlo. ¿Por qué ahora se burlaba de él?

Nott lo fulminó con la mirada y siguió desayunando, ignorando a los demás en la mesa que miraban expectantes.

Terminaron el desayuno en cuestión de minutos, sin volver a hablar entre ellos, mirando a sus compañeros, al techo del Gran Comedor que se mostraba nublado, etc.

-Deberíamos de irnos-murmuró Zabini, consultando su reloj y poniéndose de pie. Los demás hicieron lo mismo y abandonaron el Gran Comedor.

Draco mientras caminaba, vio a Hermione pasar junto a sus amigos. Se miraron por un momento antes de continuar con sus respectivos caminos.

Se dirigieron hacía los jardines, sobretodo al Bosque Prohibido. Tras asegurarse que nadie los miraba, se adentraron en el de manera presurosa. No tardaron en llegar al túnel que los sacó del colegio sin que nadie lo supiera. Se encontraban ya en las afueras de Hogsmeade, podían distinguir humaredas que se elevaban hacia el cielo, provenientes de las casas y tiendas del pueblo.

-¿Seguro que deseas venir Draco?-Zabini hizo la pregunta nuevamente, si había oportunidad de hacerlo dudar…sería la mejor opción.

Crabbe, Goyle y Nott voltearon a ver a Draco.

-Ya te lo he dicho Zabini, iré-afirmó sin dejar dudas en el tono de su voz.

El otro chico se limitó a asentir y tragar saliva, ahora todos lo veían a él. Ocultando su nerviosismo lo mejor que pudo, hizo una seña. Era tiempo de desaparecerse.

Draco se acercó a ellos, no le quedaba más remedio que la desaparición conjunta, no sabía donde se encontraba el Señor Tenebroso, aún no.

Luego de la horrible sensación que implicaba la desaparición, todos recobraron la compostura y tras asegurarse que se hallaban en el lugar correcto, empezaron a caminar.

Draco los siguió, estudiando con rápidas miradas el lugar. Parecían encontrarse en las afueras de un pueblo fantasma, no se oía ni el maullido de un gato. No muy lejos de ahí, se alcanzaba a divisar un gran caserón.

No era tan grande ni impresionante como la mansión Malfoy, pensó Draco, formando una mueca de satisfacción. ¿Ahí se ocultaba Lord Voldemort?

Llegaron a la entrada de la vieja casa, las puertas se abrieron ante ellos. El pasillo al que entraron estaba vacío pero se oían voces, provenientes de alguna habitación.

Se detuvieron en la segunda puerta del lado izquierdo. Zabini volteó a ver a sus compañeros, primero a Draco por último a Nott, y la abrió.

Se encontraron en una habitación amplia, la escasa luz provenía de un candelabro colgando precariamente del techo, con unas cuantas velas encendidas. Lord Voldemort se encontraba sentado en una especie de trono al fondo de la habitación, sus mortífagos estaban a su alrededor, formando un semicírculo.

-Vaya, que interesante visita-comentó él, al ver a los recién llegados.

Zabini, Crabbe, Goyle y Nott se pusieron del lado derecho del semicírculo, dejando a Draco solo.

Draco avanzó dando pasos firmes, tal y como se había mentalizado, todo estaba planeado, todo calculado.

-Mi Lord-dijo él, haciendo una reverencia primero antes de encararlo.

Podía sentir todas las miradas de los mortífagos en su ser, pero no era momento de ponerse nervioso.

-¿Qué haces aquí, Draco Malfoy?-inquirió Voldemort.- Vienes a pedir algo ¿No es así?

Draco estaba al tanto de que el Señor Tenebroso era hábil en Legeremancia. Él sabía Oclumencia, así que eso debía de servirle de algo. Era posible que Voldemort pudiera ver un poco en su mente, pero si tenía cuidado, incluso podía escoger que quería enseñarle.

-Está en lo correcto-declaró él.- Y sé que mi petición puede estar fuera de lugar debido a acontecimientos anteriores.

Las miradas parecían volverse más perforadoras, incluso la del mago tenebroso que tenía en su presencia. No se inmutó, siguió hablando.

-Mi misión fallida ante usted y mi comportamiento no han sido la más deseable forma de presentarme y lo lamento-hizo una breve pausa.- Pero, es posible que aún pueda serle útil.

-¿Útil? Menciona algo más aparte de entretenimiento-murmuró Voldemort, soltando una carcajada que fue secundada por algunos mortífagos.

-El Espejo de Oesed.

Ante la simple mención de esto sucedieron varias cosas. Algunos mortífagos dieron un grito ahogado, hubo varios murmullos, Lord Voldemort se mostró serio y volteó a ver a Nott, quien estaba poniendo la mejor cara que no delatara sus nervios.

-¿No eras tú quien había jurado traerme el Espejo de Oesed?

-Así es amo-respondió el interpelado con voz trémula.

-¿Dónde está?

Nott no respondió y no se hizo esperar la maldición de tortura ¡Crucio!

-Lo juraste Theodore Nott, ahora la muerte te espera.

-Pero, yo…yo estoy ayudando a Draco, ya casi tenemos el espejo.

Draco volteó a ver con ira al muchacho, así que después de todo, trataría de esconder su ineptitud tras él.

-Tengo información que puede servirle-habló Draco.- Quizás después de lo que le diga, sus mortífagos podrán encontrar el espejo ó yo, como prefiera.

El Señor Tenebroso le dirigió una mirada calculadora antes de ordenar a sus mortífagos que se retiraran, a excepción de Nott. Tras cerrar la puerta y dejándolos solos, habló.

-¿Sabes dónde está el espejo?

-Tengo una zona delimitada donde puede estar-aseguró Draco.

-Y bien Nott, ¿Por qué se te ha dado la lengua larga con quienes no son mortífagos? Sabes también como se castiga eso.

El muchacho no contestó y de nuevo profirió gritos de dolor por la maldición.

-Él me ha ayudado-dijo Draco.- No falta mucho para encontrar el espejo.

Lord Voldemort guardó silencio, al parecer meditando sobre lo que debía de hacer o tratando de indagar en la mente de Draco, quien no parecía ocultar nada.

-¿Cuál es tu petición?

-Deseo saber quien asesinó a mi madre.

-Eso fue un castigo, para tu padre y para ti-aseguró el Señor Tenebroso.

Draco se esforzó por controlar sus emociones, si no lo hacía, perdería incluso dominio de la Oclumencia.

-Lo sé-respondió Draco con un tono de frialdad y desafío.

-Nott puede decirme tu información.

-Él no la conoce completa.

-Con diversos métodos, puedo sacar de ti la localización.

-¿Cree que no he pensado en eso?

Nott quien se encontraba tirado en el suelo, respirando entrecortadamente, volteó a ver a Draco. No recordaba que alguien le hubiera hablado de esa forma al Señor Tenebroso antes.

-Entonces, me veré en la necesidad de otro castigo.

-¿Matará a mi padre? Adelante, ya mató a la única persona relevante para mí.

Draco sonrió con suficiencia y burla, no le dejaba otra salida a Lord Voldemort, ambos lo sabían.

Lord Voldemort dirigió su varita a Nott quien de nuevo volvió a soltar gritos desgarradores, revolviéndose en el suelo agitando piernas y brazos.

-De acuerdo, si me traes el espejo de Oesed podrás disponer del mortífago que asesinó a tu madre.

-Se lo agradezco mi lord-Draco hizo una reverencia.

-Serás parte de mis mortífagos al entregarme el espejo.

-Eso espero.

-Nott, irás con él a ayudarlo. No vuelvas a desobedecerme o morirás.

-Amo, se lo agradezco-ahí se encontraba Nott, arrodillado ante Lord Voldemort. Luego de una seña de él, abandonaron la habitación.

-Draco-era su padre, quien aguardaba a escasos metros de la puerta.

-Apártate-se limitó a contestar, seguido por Nott quien no podía dejar de agradecer su buena suerte entre susurros.

-¡No me contestes de ese modo!-vociferó él, tomándolo de un hombro.

-Ya no soy un niño ¡Suéltame!-dirigió su varita hacia la cara de su padre.

-¿Qué le dijiste al Señor Tenebroso? ¿Formaron un trato? ¿Qué…

-¿Qué te importa? ¡Nada!-Draco se soltó de su padre y siguió caminando. Su padre lo tomó de un brazo, varios mortífagos presenciaban la escena.

-Draco ¿Qué has…

-¡No te incumbe! ¿Entiendes? ¡No te importa! No te importo mi madre ¿Por qué lo haría yo?

La ira sucumbió ante Lucius Malfoy.

-¿¡Cómo te atreves?!

Draco con un movimiento de varita volvió a soltarse de su padre y caminó a grandes pasos junto a Nott, quien observaba todo con ojos como platos, al igual que los otros mortífagos.

Salieron de la casa, Zabini y los demás se encontraban esperándolos. Sin decir una palabra, todos se desaparecieron.

Volvían a sentir el frío aire aledaño a Hogsmeade.

Sí, todo había sucedido como esperaba. Quizás con el pequeño inconveniente que representaba Nott pero de ahí en fuera, todo parecía salir a pedir de boca. Su hábil uso de la Oclumencia había hecho que se mostrará ante el Señor Tenebroso con arrojo y firmeza, y había salido ganador.

Aunque, no todo estaba tan perfecto. El imperfecto era Hermione.

Si ella llegaba a enterarse de la verdad, no quería ni pensarlo. Sería mejor que las cosas siguieran como las había dispuesto, por mucho que no le agradara la idea, no era momento de acobardarse.

-Y bien Draco ¿Cuándo dejaras de hacerte el misterioso y me dirás donde se encuentra el maldito espejo?-preguntó Nott, tomando asiento.

-Modera tu tono Nott, si no fuera por mí estarías muerto. ¿Lo recuerdas?

Nott hizo una mueca de desagrado, sabía que tenía razón, le debía la vida a Draco ¡Qué pensamiento tan repugnante!

-Y bien, ¿A qué lugar tenemos que ir? ¿Qué hay que hacer? Han pasado semanas desde esa reunión, el Señor Tenebroso puede pedirlo de un momento a otro.

-Eso me tiene sin cuidado-afirmó Draco, sorprendiendo a Nott por la indiferencia.

-Escucha Malfoy, no me jugare la vida una segunda vez, si no tienes idea de donde se encuentra ese condenado espejo yo…

-¿Qué harás Nott? Vamos, dilo.

El chico se encontró sin palabras.

-Si dices eso al Señor Tenebroso, sabes que te matará.

Nott no encontró argumento contra eso.

-¿Lo ves? Ten paciencia-dijo Draco, poniéndose de pie.

Salió del Gran Comedor y decidió dar un rápido paseo por los jardines, sería relajante y estimulante a la vez. El aire de la mañana era frío pero no tanto como en los meses anteriores, se encontraban a mediados de Marzo.

No había nadie, los jardines eran todos suyos. Caminó cerca del lago, paso cerca de los invernaderos y finalmente decidió internarse en el Bosque Prohibido, para ir concretamente a ese rincón de las rosas negras.

Mientras caminaba a ese recodo, en su mente pasaban imágenes de su primera visita al Bosque Prohibido, un castigo impuesto por McGonagall en su primer año. Había tenido mucho miedo pero claro, trato de ocultarlo lo mejor posible. Y ahora, se encontraba caminando en el bosque como si fuera dueño del mismo.

Desechando esa confianza, miró a su alrededor, atento por si veía algún movimiento o escuchaba ruidos. Pero no, todo estaba tranquilo.

En poco tiempo se encontraba con los arbustos rebosantes de rosas negras, brillando con intensidad debido a los escasos rayos de luz solar que traspasaban las inmensas copas de los árboles.

Draco se sentó en la roca de siempre. Parecía que ese lugar del bosque se había convertido en su preferido cuando quería estar solo y pensar.

La cuestión que debatía en su mente era si debía entregar el espejo al Señor Tenebroso o no, habían hecho un trato y era evidente que sí él faltaba al mismo, podía considerarse muerto pero…no, aún no estaba convencido del todo sobre lo que tenía que hacer, no en ese aspecto. Un encantamiento, o alguna otra forma…

Mientras pensaba en eso, se dedicó a rozar las rosas negras con una mano. Se preguntó como era que se mantenían tan lozanas, tan vivas…en esa parte del bosque no parecía que la lluvia pudiera penetrar con toda su fuerza, las copas de los árboles eran muy tupidas, con trabajo apenas llegaban unos cuantos rayos de luz.

El silencio era absoluto, ni siquiera se oía el gorjeo de algún pájaro.

Finalmente, después de estar ahí por más de media hora, tomó una rosa negra y se marchó del bosque.

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Hermione podía sentir la emoción en cada escalón que subía hacia su dormitorio. Acababa de recibir muy buenas noticias, posiblemente las únicas en mucho tiempo.

En su mente, no dejaba de repetir y repetir la escena.

Había dicho la contraseña al retrato de la Dama Gorda con abatimiento, dispuesta a pasar otra tarde haciendo tarea en su dormitorio o en la sala común, estaba haciendo demasiado aire frío como para pasar un minuto más en los jardines.

Lo que no se esperaba, fue su recibimiento.

-¡Hermione, Hermione! ¡No vas a creerlo!-le dijo Ginny, abrazándola cuando ella apenas había dado unos pasos.

-¿Qué pasa Ginny?-preguntó ella levantando una ceja. Hace bastante tiempo que no la veía tan risueña, recordó las vacaciones lejanas anteriores a su sexto año en Hogwarts, en casa de los Weasley. Última vez en la que todos parecían un poco relajados, sólo un poco.

-Ha llegado una carta-contestó Ginny, separándose de ella y guiándola hacia donde estaban sus amigos, sentados cerca de una ventana.

-Acaba de llegar esto-dijo Harry, extendiéndole una hoja doblada.- No leímos nada.

Hermione con mano temblorosa tomó la hoja, la desdobló y empezó a leer. ¡Era una carta de sus padres! Se interrumpió para preguntarles más sobre la misma.

-¿Cómo supieron que era de mis padres?

-Estaba adjunta a otra carta de la Orden-explicó Harry, enseñando el sobre que tenía otra carta.- Ahí explicaban que esta carta era para ti de tus padres, para que supieras como estaban.

Hermione sonrío por primera vez en mucho tiempo.

-Gracias-dijo ella, con la sonrisa aún en los labios. Sus amigos también le devolvieron la sonrisa.- Cuando le respondas a la Orden Harry, diles que les agradezco mucho…o quizás sea mejor que yo también les escriba una carta a ellos, aparte de a mis padres…

Empezó a divagar sobre lo que tenía que hacer al respecto, sus amigos observándola.

-¿Les importaría si leo esto en privado?

-No, adelante-dijo Ginny, Harry y Ron asintiendo.

-Bajo en un rato, de nuevo gracias-dijo ella, dirigiéndose a las escaleras.

Volvió a sonreír, finalmente había llegado a su dormitorio. Se abrió la puerta, salían Parvati Patil y Lavender Brown, hablando quien sabe de qué, sin hacerle caso. Ella entró y cerró la puerta tras ella, nuevamente tenía el dormitorio para ella sola. Mejor, no quería preguntas ni nada parecido.

Temblando un poco por la emoción, se sentó en su cama y desdobló nuevamente la hoja, leyendo la carta de sus padres.

¡Estaban bien! Se encontraban al parecer con la familia de Tonks, seguían asistiendo a su trabajo aunque siempre acompañados por un miembro de la Orden y habían dejado su casa deshabitada por un tiempo indefinible, la Orden aún no estaba segura de que los mortífagos no harían un nuevo ataque contra muggles en la zona donde ellos vivían.

Terminó de leer la carta sintiéndose tranquila, la angustia que había estado con ella durante largos y dolorosos meses se disipó un poco. Sabía que sus padres estaban bien, eso ya era algo.

Volvió a doblar la carta de sus padres y la dejo encima de una de sus mesitas de noche, luego pensaría en un lugar más apropiado para guardarla.

Una brisa de aire entró, haciendo que la carta volara hacía el suelo. Se apresuró a recogerla, no quería perderla o peor, que cayera en manos de alguien más. Volteó hacia las ventanas, todas habían estado cerradas al parecer cuando había entrado.

Una de ellas estaba abierta, un búho se encontraba en el alfeizar. Ese búho se le hacía muy familiar ¿Dónde lo había visto antes? Se fijo entonces en su pico, llevaba una ¿rosa negra?

Se acercó rápidamente, el búho dejo que ella tomara la rosa y luego abrió las alas, para alejarse volando elegantemente.

Hermione lo observó con admiración, pocas veces había visto a un búho tan de cerca y menos volar, generalmente veía lechuzas.

Ya no tenía dudas de donde había visto ese búho o quien era su dueño, esa rosa negra había eliminado por completo sus dudas.

Le gustaría también recibir buenas noticias concernientes a él, pero lo dudaba. Ella sentía como se distanciaban con cada día que pasaba, sin poder hacer nada al respecto.

Y ahora esa rosa negra… ya no sabía que hacer. Todo lo que había sucedido en estas últimas semanas parecía un preámbulo para algo, esperaba que no fuera para un adiós, eso no lo soportaría.

Se mordió el labio inferior, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir, no quería llorar, no quería.

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La clase de transformaciones parecía alargarse para desesperación de los estudiantes, McGonagall seguía hablando y hablando, caminando por toda el aula sin deseos de querer parar, aparentemente.

Estaban viendo ese día una transformación importante, cambiar un ser humano a un ser u objeto distinto. Aunque ninguna de esas transformaciones era fácil, la profesora quería empezar primero con la más difícil a su parecer, transformar a un humano a otra clase de ser.

-Deben de concentrarse, deben dejar a la mente en un estado relajado pero a la vez firme para que puedan realizar la transformación-decía mientras paseaba entre los estudiantes, quienes estaban acomodados por pareja, intentando transformar a la otra persona.

Los estudiantes rogaban en silencio que la campana ya tocara, a pesar de que ese día la clase durara una hora, parecía no tener fin.

Finalmente, la campana sonó.

-Repasen por favor los capítulos catorce, quince y dieciséis-ordenó la profesora.- Para la siguiente clase ya quiero empezar a ver algún avance.

Los alumnos asintieron y guardaron libros en mochilas, amontonándose en la puerta para salir lo más pronto posible.

-Potter ¿Puedes esperar por favor?-dijo McGonagall cuando ya quedaban pocos alumnos en el aula.

Hermione y Ron hicieron un gesto a Harry, lo esperarían fuera del aula.

-Pueden quedarse.

Tras asegurarse que ya todos hubieran salido excepto ellos, la profesora cerró la puerta.

-Bien Potter, hace poco recibí una carta de la Orden. Están empezando a impacientarse por tu…ehm, digamos falta de acción.

La tensión emergió por arte de magia (Qué irónico).

-Las cosas están empezando a salirse de control en el mundo mágico como seguramente has notado en El Profeta, muchas personas han sido secuestradas, asesinadas… es todo un caos, un completo caos.

La profesora o mejor dicho, ahora directora, esperaba que Harry comentara algo pero como no fue así, siguió hablando.

-Varios lugares importantes han sufrido ataques por parte de mortífagos, Gringotts, el hospital San Mungo…

-Eso no aparecía en el profeta-dijo Harry, cruzándose de brazos.

-Así es, el ministerio como en ocasiones pasadas ha hecho, ha preferido omitir esa información por temor a que desate más caos o en las peores circunstancias, anarquía.

-Se suponía que esos lugares tenían mucha protección ¿No? De eso sí hizo mención el periódico.

-Es lo que no llegamos a entender completamente, varios aurores fueron asignados a proteger esos lugares. Hechizos muy poderosos se pusieron en esos lugares.

-Seguramente hay infiltrados en el ministerio.

-De eso no tenemos duda pero queremos saber cómo y cuando. El departamento encargado de que estos hechizos funcionen es muy…es difícil de penetrar ¿sabes? A sus miembros diariamente se les realizan inspecciones y hechizos para evitar estas situaciones.

-Alguna maldición Imperius, poción multijugos, hay diversas maneras-opinó Hermione.

-No están entendiendo-dijo McGonagall.- En el lugar donde ellos trabajan hay encantamientos de todo tipo que pueden detectar poción multijugos, se puede detectar cada encantamiento que se realiza.

-Si es así ¿Por qué todavía no saben quienes son los falsos funcionarios en el ministerio?

-Esos encantamientos únicamente funcionan en ese departamento ya que es magia muy complicada. Se necesitan de muchos magos y brujas para que estos funcionen correctamente, es magia delicada además.

-¿Y no pueden hacer nada? Hay mortífagos seguramente en el ministerio ¿Y ellos no los detectan?-dijo Ron atónito a lo anterior.

-Sé que es difícil de comprender pero les aseguro que esa magia es en verdad compleja, da suficiente quehacer para un solo departamento. Se los digo por experiencia, antes de Hogwarts, trabaje ahí unos años.

Sus alumnos se quedaron callados, asintiendo ante lo que decía.

-Entonces, esa magia…-empezó a hablar Harry pero fue interrumpido por McGonagall.

-Basta, hablaremos de eso más adelante. Lo que nos importa ahora eres tú, lo que debes de hacer.

Hermione y Ron voltearon a ver a su amigo con curiosidad, no les había comentado nada al respecto.

"Bueno, a mí…lo comprendo" pensó Hermione, recordando sus peleas pasadas concernientes a la confianza entre amigos.

-La Orden aún no ha encontrado el espejo de Oesed, pero ya tienen una buena idea de la zona donde puede estar-dijo McGonagall.- Es una lástima que Dumbledore no haya sido más explícito en lo referente al espejo.

Harry asintió. Hermione se limitó a ver a McGonagall o a un punto fijo detrás de ella. Esto no le estaba agradando mucho.

-Sabemos lo que tienes que hacer, destruir el espejo. Lo que nos inquieta son los sucesos después de ello.

-Como terminar con Voldemort ¿no?-habló tan bajo Harry que parecía un murmuro nada más.

-Así es-afirmó con gravedad la directora.- Sabemos su plan principal o al menos las intenciones que tiene con el espejo, si lo destruimos, ya tenemos una parte ganada pero faltaría él.

-Tendrá que ser una confrontación directa, no veo otra opción.

Se hizo un incómodo silencio, que nadie parecía querer interrumpir.

-Informaré pronto a la Orden de mis planes-dijo Harry, tomando la mochila de la banca.- Les escribiré lo más rápido posible.

McGonagall asintió, suspirando por lo bajo.

-Bien, los veré luego en clase.

Los tres Gryffindors salieron del aula, cada quien con diversos pensamientos.