Hola a todos! Sé que prometí este capítulo hace mucho tiempo atrás, pero este capítulo es el que más lata me dio por una u otra razón. Lo que escribía no me gustaba hasta que finalmente quede conforme con un final, que es este. No hay palabras suficientes para agradecerles todo su apoyo en este fic que me ha tomado años (literalmente) terminar. Muchas gracias a todas las personas que han leído, puesto en alerta y favoritos y dejado review, siempre me fue útil saber su opinión al respecto y sin ustedes, seguramente la historia seguría inconclusa. Muchas pero muchas gracias a quienes me dejaron review: Karenzita, harrymaniatica, yo, mps94, daniiela !, Kaoru riddle, Rochelle Kuchiki, Bybell, karyta34, Andrea Radcliffe, araceli(Giselle Lestrange), daymed, Gabrielle Felton, PaolaLissete, Lagordis, Roses'Rain Spell, ..., kary, Abril, friidaaa, lilha, lilian7, pauli evans black, CGinny, loca anonima O, Joyce Alexa Malfoy Black, maring, chivis, sugeisy, pytufa1622, Caperucita Gris, Queen-of-shadow,Kunii-24,yuuukiii, xxxVampira Nissa Cullenxxx, Maria, saku-kamiya, Gena D' Malfoy, luna-maga, Maruuchiss, Yuuki. Hinamori. Chan.
De vdd, muchas gracias por estar leyendo. Espero puedan dejarme un review para este capítulo final. Nuevamente, gracias x poner la historia en alertas, favoritos, leerla...me han hecho muy feliz por ello y no puedo dejar de agradecerles. Este último capítulo es muy largo ¡Es el más largo que he escrito! Planeaba en dividirlo pero pues prefiero dejarselos completo, a ver que opinan.
Este capítulo está dedicado a PaolaLissete, quien me brindó mucha ayuda durante toda la historia. ¡Muchas gracias!
Ahora sí, después de todo, les dejo este capítulo. Espero nos estemos viendo en los reviews y claro, en alguna otra historia ;)
Cap XXXV: Innocence of a Black Rose
Hermione estaba muy nerviosa, era el día en que su plan se pondría en práctica. La noche anterior apenas si había dormido, había estado dándole vueltas y vueltas a todo lo que haría, desde tomar la poción multijugos, llegar a la sala común de Slytherin…
"Todo debe de salir bien, tengo todo lo necesario, todo va a salir bien" se decía una y otra vez en su mente mientras se arreglaba en el cuarto de baño.
Alcanzaba a escuchar las voces entusiastas de sus compañeras, risas…al parecer ellas sí visitarían Hogsmeade como los demás.
Salió ya presentable y fue a su cama. Guardó unas cuantas cosas en unos cajones de su mesita de noche, se guardó un pequeño frasco en un bolsillo de sus jeans (el día anterior había añadido a la poción el mechón de cabello). Sólo faltaría la túnica de Slytherin, esa estaba guardada en su mochila.
"Todo está como lo planee" verificó. Respiró profundamente, tomó su mochila y bajó las escaleras.
-¡Hermione!
Volteó a ver nada menos a Harry y Ron que bajaban las escaleras de su dormitorio, vestidos igual de manera informal, sin lugar a dudas irían a Hogsmeade.
-¡Hola!-saludó ella, no se le ocurrió nada mejor.
-¿Ya te vas a Hogsmeade?-preguntó Harry, viendo su mochila.
-¡No! Aún no-dijo ella, intentando sonar lo más convincente posible.- Debo de dejar unos libros prestados en la biblioteca y ver si ya están disponibles otros que necesito.
-Te acompañamos si quieres…
-No hace falta, no se preocupen-dijo ella con una sonrisa.- Porqué después debo de ir a ver a McGonagall.
-¿A McGonagall?-preguntó Ron extrañado.
-Sí, hubo un error en mi cuestionario-respondió ella.- No fue muy grande pero de todos modos quiero rectificar, digo, que sepa que fue un pequeño descuido.
Harry y Ron se voltearon a ver pero no dijeron nada, finalmente fue Harry quien habló.
-Entonces ¿Nos alcanzarás más tarde?
-Sí, así es.
-¿No vas a desayunar?-preguntó Ron.
-Después de las otras cosas que tengo que hacer, digo, quien sabe si McGonagall también quiera visitar Hogsmeade
Sus amigos asintieron y tras despedirse de ellos, salió de la sala común.
No era mentira del todo lo que había dicho, en verdad tenía que regresar unos libros a la biblioteca y ver si ya estaban disponibles los otros que necesitaba. En cuanto a McGonagall, eso fue lo único que no fue verdad.
"Todavía necesito averiguar la contraseña para entrar a la sala de Slytherin" se recordó, eso era lo último necesario para su plan.
Ya sabía donde se encontraba la sala común, la contraseña era lo último faltante.
No tardó en llegar a la biblioteca, había muy pocos alumnos, casi ninguno, sin dudarlo todos debían de estar preparándose para visitar Hogsmeade.
Saludó a la Sra. Pince y le devolvió los libros y preguntó por los que necesitaba, la bibliotecaria no tardó en llevarle los ejemplares solicitados.
-¡Gracias!-dijo ella, antes de salir de la biblioteca. Sería mejor si dejaba los libros, no quería andar cargando con ellos todo el día.
Tuvo cuidado de escoger el camino más largo hacia la torre de Gryffindor, no quería encontrarse con sus amigos.
Los pasillos para ser horas muy tempranas, ya estaban con varios estudiantes, todos los alumnos habían querido madrugar para poder ir a Hogsmeade y pasar el día entero en el poblado mágico.
"Quizás si me apuro, podré ir yo también" pensó, viendo como unos alumnos de Gryffindor caminaban rápidamente hacia las escaleras.
Llegó al retrato de la Dama Gorda, pronunció la contraseña y entró. No había ni un alma en la sala común, un silencio total.
Subió las escaleras a su dormitorio, ya no quedaba ninguna de sus compañeras, todas se habían alistado rápidamente para salir lo más pronto posible.
Dejo los libros en su cama y vio el reloj, era buen tiempo, diez de la mañana.
"Supongamos que tarde mucho en saber la contraseña, quizás deba de pasearme en las mazmorras antes de usar la poción multijugos".
La poción multijugos duraría únicamente una hora, seguramente la cantidad que tenía en el frasco no le daría más tiempo.
"Aunque ¿Si no encuentro a alguien?" se preguntó, intentando encontrar una buena solución.
"Será mejor si primero me paseo por las mazmorras, a ver que sucede. Si no tengo resultados, supongo que tendré que usar la poción" concluyó, frunciendo un poco la frente.
"No creo que Pansy se haya quedado en el castillo, seguramente también salió" seguía pensando, intentando encontrar todos los puntos de peligro que tenía su plan. "Confiemos en que haya ido a Hogsmeade".
Sólo le faltaba una persona, Draco Malfoy.
"Él, no sé que vaya a hacer" admitió, él no era una persona muy predecible. "Es probable que no haya ido a Hogsmeade y este en el castillo, quizás en el Gran Comedor, la biblioteca, los jardines…No estaría en su dormitorio ¿O sí?"
Se mordió los labios, tendría que confiar en su buena suerte, no quedaba de otra.
"Y el espejo de Oesed ¡Debe de estar en su dormitorio! No creo que sea un objeto que lleve a todas partes con él, no. Además, las pocas veces que le pregunte por el espejo o le pedí verlo, nunca me lo enseño. Debe de estar en su dormitorio",
Después de convencerse de lo anterior, decidió que estaba lista para actuar. Abrió los cajones de su mesita de noche para verificar que lo que necesitaba lo llevaba ya con ella, fue entonces cuando vio a las rosas negras que tenía guardadas muy al fondo.
Sonrió un poco al verlas, recordando todas esas veces en las que él le había dado una.
"Cuando él vea que ya no está el espejo seguramente se preocupara mucho pero si dejo una rosa, sabrá que fui yo" razonó ella, tomando una y cerrando el cajón.
Guardó la rosa con cuidado en la mochila.
"Bien, será mejor que vaya a las mazmorras" dijo, poniéndose de pie y saliendo de su dormitorio.
/°/°/°/°/°/°/°
Draco Malfoy salía de su sala común con prisa. Era necesario ir a la sala de requerimientos para ver como iban sus experimentos pues después de muchos fracasos, para su alivio, empezaba a tener buenos resultados.
Era una noche tormentosa de miércoles, pero fue una noche de éxitos.
Draco se encontraba en la sala de requerimientos con dos espejos de Oesed, uno siendo una copia. Había libros de encantamientos abiertos por todas partes, cubriendo gran parte del suelo de la sala.
Hace poco había sucedido algo diferente después de horas sin resultados, el espejo falso al acercarse unos cuantos pasos de distancia, le mostró por unos segundos lo que parecía una isla, la imagen se disolvió tras un humo blanquecino.
Draco estaba impresionado, era lo más cercano a una ilusión estable que había intentado crear por varios días. Finalmente, empezaba a tener resultados.
Se arremangó las mangas de su camisa y decidió repetir el encantamiento que había dicho momentos antes, sólo que alteraría unas cuantas palabras.
Lo que hacía era peligroso, en varios libros que había consultado no recomendaban alterar las palabras de ningún modo ya que los resultados podían ser indeseables y peligrosos.
Se contempló en el espejo falso por unos instantes antes de dar uno, dos, tres pasos hacía el. La imagen cambió, aparecía nuevamente una isla, incluso daba la impresión de que iba a salir del espejo y…se esfumó, aunque esta vez el humo era negro.
Draco dio unos pasos hacía atrás, tosiendo. Ya estaba encontrando lo que quería, la ilusión cada vez duraba más tiempo.
Iba por buen camino, otra vez.
Llegó de inmediato al pasillo deseado, había casi corrido para llegar hasta ahí, la ansiedad y la emoción lo estaban dominando.
Cerró los ojos y pidió a la sala que lo dejara entrar al lugar que necesitaba, después de realizar varias veces su petición abrió los ojos, la pared seguía igual.
Maldijo en voz baja y volvió a cerrar los ojos, intentando concentrarse únicamente en su petición, sin dejar que nada más estuviera en su mente.
Apareció el picaporte de una puerta, lo giró y otra vez se encontraba en la sala de requerimientos. Todo estaba como lo había dejado el día anterior, nada había cambiado.
Estaban los dos espejos en el centro de la habitación. Se acercó al espejo de la derecha, el reflejo cambió y le mostró a Hermione y él juntos, sonriendo.
Tragó saliva y se quedó contemplando la imagen por unos instantes antes de darle la espalda y dirigirse al otro espejo, que sin duda sería la copia.
Se acercó a ese espejo y el reflejo igualmente cambió, mostrando una ciudad en ruinas o eso parecía. Dio unos pasos hacía atrás y la imagen se desvaneció, volvió a dar unos pasos hacia adelante y apareció esta vez la imagen de alguien muy parecido al Señor Tenebroso en lo que era el ministerio de magia.
Retrocedió nuevamente. Las ilusiones no eran las mejores, pero eran un gran avance después de los fracasos anteriores, sólo faltaba refinarlas, hacerlas más creíbles.
/°/°/°/°/°/°/°
Hermione se encontraba caminando en las mazmorras, intentando divisar a algún Slytherin pero no corría con suerte. No quedaba ninguna duda, había confiado excesivamente en que todo saldría a pedir de boca.
Quien sabe cuantas veces había recorrido esos pasillos, una y otra vez sin suerte. Ya sabía que pasillo escondía la entrada de la sala común de Slytherin (caminatas de días anteriores) pero no tenía la mínima idea de cual podía ser la contraseña, un pequeño detalle que ella no creyó relevante en su momento.
La situación empezaba a tornarse desesperante, el tiempo iba en su contra. Había perdido fácilmente dos horas desde que saliera de su sala común a la biblioteca, no sabía la contraseña para entrar a la sala común de Slytherin y claro, estaba consciente que la verdadera Pansy Parkinson podía regresar en cualquier momento o peor, incluso estar en la sala común aunque confiaba en que se encontrara en Hogsmeade.
"Puedo utilizar la poción multijugos aunque me quedaría menos tiempo" pensó como última alternativa, no se le ocurría nada más por el momento. Volteó a ver el pasillo donde se encontraba, no se escuchaba nada, no había nadie y seguramente no lo habría por otro rato.
Suspiró antes de dar media vuelta y dirigirse a los baños más cercanos, no le quedaba alternativa, usaría desde ese momento la poción multijugos.
No había nadie en los baños, ella era la única ocupante al parecer. Se puso encima de su ropa la túnica de Slytherin, sabía que seguramente desde hace mucho Pansy Parkinson no utilizaba una túnica pero si se presentaba con su ropa como tal en la sala común podían empezar a sospechar.
Sacó de su mochila la pequeña botella de cristal con la poción multijugos de un color marrón no muy agradable, la abrió y cerrando los ojos, la tomó.
Horribles espasmos hubo en su cuerpo que finalmente se detuvieron. Abrió los ojos y pestañeo varias veces. Se acercó al espejo más próximo y respirando entrecortadamente, miró el reflejo.
Una chica de tez blanca con cabello negro largo le devolvía la mirada insegura.
Sonrió, había funcionado la poción multijugos.
Tomó su mochila y salió del baño rápidamente, no había tiempo que perder.
Empezó a deambular por las mazmorras buscando a algún otro Slytherin, no dejaba de regañarse en su mente por la estupidez de no darle importancia a la contraseña para entrar a la sala común de Slytherin.
Quien sabe cuantas veces había pasado por el pedazo de pared que ocultaba la entrada, incapaz de poder entrar al no saber la contraseña.
Rogaba en su mente porque algún Slytherin pasara por donde ella estaba pero a la vez ese posible encuentro la atemorizaba un poco ¿Qué tal si esa persona se daba cuenta que ella no era Pansy Parkinson?
Y para empeorar las cosas, el tiempo pasaba rápidamente, su brillante (ahora no tan brillante) plan, corría peligro.
Decidió reclinarse en la pared que cubría la entrada, si alguien salía o entraba, tendría que pasar junto a ella.
Tomó su mochila del suelo, la abrió y sacó la rosa negra que había guardado en ella con mucho cuidado, no quería que perdiera pétalos o sufriera alguna otra clase de daño. Pero no era así, la rosa negra seguía igual como si estuviera todavía en el bosque prohibido. La volvió a guardar.
Suspiró levemente, esa rosa negra significaba mucho para ella. Desde que él se las enseñara fueron importantes, aún más cuando él a veces le regalaba una u otra…sonreía, esos recuerdos eran tan bonitos…pero se hicieron mucho más importantes esas rosas cuando aquel día…
Hermione salió de su sala común con determinación, necesitaba urgentemente ir a la biblioteca y no, no era para ver a alguien. Por primera vez en mucho tiempo, iba a buscar información, lo contrario a lo que veces anteriores había sido, buscar a alguien, buscarlo a él, buscar a Draco Malfoy.
Caminaba rápidamente, su urgencia por la información era tal…necesitaba saber, sabía que no se sentiría tranquila hasta que su curiosidad estuviera saciada. ¿Por qué nunca antes investigó sobre ello? ¿Por qué las veces que estuvo con él, nunca le preguntó? Pero bueno, ahora no era el momento de recriminarse por ello, ahora mismo lo compensaría.
Entró a la biblioteca, saludó a la Sra. Pince como de costumbre y sin esperar respuesta se dirigió a la sección de herbología.
Ahí se mostró indecisa ¿Qué libro sería el indicado? Empezó a buscar uno que llevara por título algo relacionado con las rosas y luego de pasar por varios volúmenes, encontró uno de su agrado.
Sin siquiera sentarse, abrió el libro y leyó el índice. No, no era la clase de libro que buscaba.
Este hablaba de propiedades mágicas de las rosas, sus usos en pociones y en magia antigua pero no lo que realmente ella quería.
Resopló, dejo el libro en una mesa cercana y volvió a buscar el libro indicado en la estantería que tenía frente a ella. En esos momentos era tanta su desesperación como su curiosidad, que no se le ocurrió utilizar algún hechizo convocador.
Saco libro tras libro, buscó en páginas y páginas sin encontrar lo que realmente buscaba.
Estaba perdiendo la paciencia, quizás ni siquiera existía un libro con lo que buscaba, quizás era información irrelevante como para estar en alguna biblioteca.
Se sentó y miro los libros que había esparcido por la mesa, ninguno que le fuera útil.
La bibliotecaria pasaba justamente en esos momentos, al parecer en una de las muchas rondas que realizaba para ver que los alumnos no maltrataran los libros.
Vio el desorden que Hermione había dejado en la mesa y no comentó nada, parecía entender que era lo que buscaba porque fue hacia otra estantería y no tardó en regresar con un enorme libro. Se lo extendió, la chica lo tomo y después se alejó.
Hermione leyó el título; "Significados de las hierbas, flores, árboles y demás en la cultura mágica".
Se mordió los labios ¿Cómo había adivinado la Sra. Pince que eso era justo lo que buscaba?
Sin perder más tiempo, abrió el libro y busco en el índice hasta que finalmente dio con lo que quería: Significado de Rosas
Con dedos temblorosos paso las páginas rápidamente hasta llegar a la que quería, ahí se puso a buscar rosas negras pero no había ninguna mención.
Paso a la siguiente página pero tampoco encontró nada, otra página y nada…llego al final del capítulo dedicado a las rosas sin encontrar lo que quería. Estaba a punto de cerrar el libro cuando vio una parte del párrafo final que le llamo la atención.
Era una brevísima mención a las rosas negras, casi nada, pero fue suficiente para ella.
Lo que leyó le agradó, era algo muy parecido a lo que ella pensaba que significaban las rosas negras aunque nunca lo había visto de esa manera, si en verdad ese amor era tan…
Interrumpió sus pensamientos, insegura sobre lo que había leído. ¿Sería verdad? ¿Él sabría eso? ¿Él lo veía de la misma forma? ¿Él le daba ese significado o alguno otro?
Cerró el libro y con un movimiento de varita, todos los libros regresaron a su lugar.
Hermione se mordió los labios al recordar, sí, ese día había sentido una imperiosa necesidad por saber el significado de las rosas negras, porque debían de tenerlo ¿no? Y lo que encontró, no le sorprendió, no del todo.
Según ese libro, las rosas negras significaban un amor oscuro, un amor sufrido, un amor que iría más allá de la muerte y un amor de tal magnitud… ¿Era lo que él sentía por ella? ¿En verdad la amaba de ese modo? ¿La amaba?
Porque amar era algo muy fuerte, te amo no deberían ser palabras dichas al aire simplemente, debían de significar algo. Ellos nunca se habían dicho esas palabras y no es que no lo sintieran ¿O sí? Pero entonces ¿Qué significaba la rosa negra? Tantas veces que él le había dado una, tantas veces que ellos dos juntos visitaron ese lugar…
"¿Me ama?" se preguntó Hermione, intentando encontrar sentido a la dirección que sus pensamientos estaban dirigiéndose. "¿Yo lo amo?"
Que pregunta tan difícil. Lo quería, eso no estaba en duda pero ¿amarlo? "¿Lo amo? ¿Él me ama?" No era fácil responder aquello.
-¿Pansy Parkinson?-preguntó una voz conocida.
Era nada menos que el profesor Slughorn quien se acercaba a ella, con muchas bolsas de compra, no sería sorpresa si hubiera comprado la mitad de la mercancía de Honeydukes.
-Hola profesor Slughorn-saludó ella con una sonrisa poco convincente. ¿Pansy haría eso? Al parecer sí porque el profesor le devolvió la sonrisa.
-¿Qué haces aquí Pansy? Creí que estarías en Hogsmeade con tus amigas.
-Ese era el plan-respondió ella.- Pero necesite regresar a la sala común por más dinero, creí que unos ochenta galeones bastarían pero bueno, usted sabe.
Hermione no sabía de donde estaba sacando todas esas mentiras pero si todo marchaba a su favor, poco importaría.
-Entiendo, Hogsmeade puede ser una trampa para los compradores ¡Mira todas estas bolsas!
Hermione o Pansy, río ante lo dicho por el profesor.
-¿Sabrá la contraseña?
-¿Qué contraseña, Pansy? No será la de la sala común ¿verdad?
-He intentado entrar muchas veces pero no me deja pasar, quizás alguien haya hecho algún hechizo o algo parecido-dijo ella, encogiéndose de hombros.
-Extraño, muy extraño-contestó el profesor, acercándose a la pared y examinándola con ojos expertos.- Todo parece en orden.
-Así es pero…-volvió a encogerse de hombros.
-Serpentis-pronunció el profesor y al momento, se abrió la entrada a la sala común de Slytherin.
-Vaya, muchas gracias profesor-agradeció.- Creo que mi entonación no era la adecuada.
-No importa Pansy-dijo el profesor Slughorn.- A todos nos pasa.
Y se alejo, caminando seguramente a su despacho donde podría disfrutar de todas las golosinas que había comprado.
Hermione entró a la sala común. La decoración era un tanto oscura, el color negro y un verde oscuro eran los colores predominantes aparte de un poco de plata, nada más.
Ardía un fuego en la chimenea sin que hubiera nadie que disfrutara de el, la sala estaba completamente vacía. Sus predicciones sobre la visita a Hogsmeade no eran tan disparatadas después de todo, muchos deseaban salir del castillo.
Pero no era el momento de admirar la decoración, si estaba en lo cierto, le quedaban alrededor de veinte minutos antes de que el efecto de la poción desapareciera.
Caminó hacia las escaleras, unas iban hacía la derecha y otras hacia la izquierda. ¿Qué escaleras llevarían al dormitorio de los chicos? ¿Las mismas que en la sala de Gryffindor?
Respirando profundamente a la vez que se daba ánimos, subió las escaleras que conducían a la izquierda, al menos esas eran las escaleras en Gryffindor que conducían a los dormitorios de chicos.
Pasó una primera puerta pero no se detuvo, esa debía ser la puerta del dormitorio de los chicos de primer año. Así paso la segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta puerta, finalmente llegó al final de las escaleras.
Tomo el picaporte, lo giró y entro.
La decoración y distribución de las camas era igual que en los dormitorios de Gryffindor, sólo que los colores predominantes eran el verde y el plateado.
Con un vistazo a su alrededor supo que se encontraba en el dormitorio correcto, había unos cuantos pósters de Quidditch en la pared de una cama. Había corbatas dispersas en otra, camisas en el suelo, bastante desordenado.
"Incluso más que el de Harry y Ron" observó ella. Dio unos cuantos pasos más y empezó a fijarse en el nombre de los baúles que había frente a cada cama: Theodore Nott, Blaise Zabini, Vincent Crabbe, Draco Malfoy…
Se detuvo cuando vio el nombre de él y sonrió un poco. Al contrario de los demás chicos, él era quien parecía tener un poco más de orden en sus cosas aunque no por mucho, unos cuantos libros que había en el suelo no hablaban mucho a su favor.
Se acercó a su cama y se sentó en ella, aquí era donde él pasaba mucho tiempo al parecer. No en la biblioteca como antes, hace mucho tiempo que no lo veía ahí.
Suspiró levemente y se puso de pie ¿Dónde debería de buscar? No pudo evitar sentirse un poco mal por lo que iba a hacer pero sabía que en el fondo era lo correcto. Una vez que él ya no tuviera el espejo de Oesed y Harry lo tuviera, todo estaría bien.
Eso era al menos lo que ella deseaba.
Abrió un cajón de una mesita de noche y vio su contenido, sobres, cartas, un reloj…pero no había señales de un conocido espejo encantado para que estuviera en un tamaño más práctico.
Vio la hora en el reloj, le quedaban quince (o tal vez menos) minutos, eso no marchaba nada bien.
Abrió otro cajón pero en ese encontró repuestos de pergamino, tinteros, plumas…entre ellas, una pluma muy familiar para ella, recordaba esos lejanos días…
-Podríamos ir juntos, sirve para que compres una nueva pluma-comentó Draco, con ese sonsonete que tenía al hablar, parecía aburrido.- Evidentemente necesitas una de buena calidad.
-Oye, tus dibujos han sacado una "E" de extraordinario-le reclamó Hermione con mas furia de la que quería.- Y los hice con mi pluma.
-Y yo te enseñe a dibujar.
Sí, aquellos lejanos días cuando se ocupaba de los deberes de Draco. ¿Cuándo terminó eso? No podía recordar, ambos simplemente se habían dado cuenta que su relación había cambiado, se trataban más como amigos.
Amigos que se habían ayudado en los momentos de pesar de cada uno de ellos.
-Hermione, para la próxima vez que nos veamos, tendré algo de información-explicó algo incomodo Draco, viendo como ella se esperanzaba, eso no era lo que quería.- Pero, no puedo asegurarte que sean buenas o malas noticias.
-Eso lo entiendo, tú ya estás haciendo mucho por mi para ayudarme-murmuró ella bajando la vista y viendo el suelo.- Y gracias.
-Bueno, los buenos amigos se ayudan ¿no?-dijo él sonriendo un poco, Hermione levantó la vista y también sonrió, en verdad había encontrado a alguien en quien podía confiar.
-Eres un buen amigo muy especial Draco-dijo Hermione sonrojándose un poco por lo que había dicho.- Tú entiendes las cosas…casi como yo, tal vez con unas pequeñas diferencias.
-Sí, tú también pareces entenderme mejor que los demás-susurró él, dejándose caer en una silla y observando a Hermione.
Una desaparición, una muerte.
-¿Por qué dices eso?-preguntó finalmente.
-No entiendo tu pregunta.
-¿Porqué te importa?
La pregunta tomó desprevenida a Hermione, realmente no esperaba la pregunta pero sobretodo, se le hacía de alguna manera muy raro que le estuviera preguntando eso, rara vez tenían conversaciones tan "profundas" o mejor dicho, nunca antes habían tenido una similar a la que se encontraban.
-Porqué eres mi amigo Draco, tú…eres alguien importante para mi-respondió ella con un hilo de voz, parecía que cada vez estaba hablando más y más bajo.
Nuevamente hubo un silencio.
-Y, tú has estado de una manera u otra apoyándome-continuó hablando.- Tal vez eso tú no lo veas como yo lo veo pero ¡Gracias!
Momentos vergonzosos o que tal vez luego desembocarían a algo más.
-Ahora que recuerdo, me quitaste mi lugar para tomar los ingredientes-comentó él, haciendo que ella volteara a verlo y se sonrojara más sin poder evitarlo, él sonrío.
-Lo siento-consiguió decir ella.- Y…gracias por cederme tu lugar.
-No importa ¿Por qué estabas leyendo cuando ibas de regreso a tu lugar?
-Para…para asegurarme que tenía todos los ingredientes necesarios-respondió ella, tratando de parecer muy interesada en la hoja que aparentaba leer.
-¿En serio?
-Sí-afirmó ella, volteando a verlo de nuevo, tratando de aparentar seriedad.
-No lo creo-dijo él con una sonrisa burlona tan tentadora, que Hermione se la devolvió de inmediato.
Ambos se sonreían, una sonrisa que era fuera de lo convencional a las anteriores.
-Entonces ¿Qué es lo que tú crees?
-Te sonrojaste en ese momento.
Y por supuesto, ella volvió a sonrojarse de inmediato.
-Y lo estás haciendo de nuevo-afirmó, sin que la sonrisa de suficiencia desapareciera de su rostro.
-¿Qué quieres demostrar con eso?
Y un momento muy importante.
Hermione miraba a Draco con una curiosa mezcla de tranquilidad, acompañada de una pequeña sonrisa. Draco no pudo evitar también sonreír un poco.
Y como si el momento se hubiera planeado, ambos acortaron la poca distancia que los separaba y se besaron.
Ese beso eran palabras silenciosas.
Hermione interrumpió sus pensamientos, no era el momento de ponerse a pensar, a recordar… Se inclinó y tomo su mochila del suelo, sacando la rosa negra que minutos antes de entrar había estado contemplando. La miro fijamente y sonrió, en esos instantes sentía que podía convencerse que las rosas negras que Draco le había dado eran más que una simple cortesía, era una sublime muestra de afecto.
Sonrió más y dejo la rosa negra encima de una de las mesitas de noche que estaban junto a su cama.
¿Dónde más podía buscar? El tiempo se estaba agotando peligrosamente…
Se escuchaban unos pasos o algo parecido. Hermione volteó a ver la puerta justo en el momento en que esta se abría.
Draco entró al dormitorio y al principio no se dio cuenta de su presencia, estaba muy concentrado en sus pensamientos pero luego reparo en ella.
-¿Pansy? ¿Qué demonios haces aquí?
La pregunta no fue hecha muy cortésmente y Hermione tuvo que recordarse que tenía el aspecto de Pansy.
No puedo evitar hacer una mueca, todo su plan se había derrumbado.
-No te pongas a hacer gestos ni nada ¡Sal del dormitorio!
Ella se limitó a asentir. Draco la vio con sospecha, ese no era el comportamiento habitual de Pansy.
-¿Qué estas haciendo en el dormitorio de chicos, Pansy?
-Nada.
-¿Por qué estás cerca de mis cosas?
-Sólo quería recordar-murmuró.
¿Murmurar? Esto hizo sospechar más a Draco, Pansy nunca murmuraba.
-¿Recordar qué? No creo que hayan sido buenos momentos porque nunca los tuvimos.
-Puede ser-contestó ella, encogiéndose de hombros.
Tomó su mochila e hizo ademán de retirarse pero Draco la detuvo.
-¿Qué llevas en la mochila?
-¿Qué te importa? No llevo nada que te interese.
-¿Nada que me interese? Te encuentro en mi dormitorio, en mis cosas, con una mochila ¿Y dices que no es de mi incumbencia? Mal respuesta Pansy.
Se encontraban muy cerca uno del otro y para extrañeza de Draco, podía sentir cierta sensación familiar, cierto toque de electricidad que únicamente le pasaba con una sola persona.
-¡Déjame ir!-exigía ella, intentando librarse del agarre del chico.
Pero Draco no la podía dejar ir, esa sensación ¿En verdad la estaba sintiendo? ¿No le estaba jugando trucos sucios su mente? Y para colmo de males, esa sensación se estaba haciendo cada vez más poderosa.
Volteó a verla, era la misma chica de piel muy blanca, cabello y ojos negros que él había conocido desde hace mucho tiempo. Pero no era ella, no podía ser.
En esos ojos negros por un momento creyó ver un color café muy familiar pero en un instante se perdió ese color. ¿Qué estaba sucediendo?
-Tengo que irme-decía Pansy, quien estaba haciendo todo lo posible por librarse.
Draco no la soltó, seguía tan aturdido por lo que estaba sintiendo, tan confundido…volteó a ver a Pansy y para su sorpresa, vio que ella estaba sonrojada por la cercanía. Eso era todavía más raro, que él recordara, Pansy jamás se había sonrojado en su presencia, que va, no era propio de ella sonrojarse, punto.
La acerco más a él y entonces se fijo en algo que llamo su atención, sobre su mesita de noche había… ¿Si era lo que él estaba viendo o se estaba imaginado cosas? Una rosa negra.
Nuevamente volteó a ver a la chica quien extrañamente ya no forcejeaba, estaba simplemente mirándolo, como si entendiera que él no la iba a dejar ir fácilmente y por un impulso que no supo de donde vino, se acercó más a ella y la besó.
Ella le correspondió el beso y en poco tiempo se encontraron abrazados y besándose sin parar. La sensación eléctrica que había sentido todo el tiempo, aumentó aún más si es que eso era posible.
Tuvieron que separarse para ambos poder respirar aire y cuando eso ocurrió, él ya no estaba abrazando a Pansy, no, estaba abrazando a Hermione vestida con una túnica de Slytherin.
-No sé porque no me sorprende-murmuró él, haciendo que la chica se diera cuenta que su aspecto había cambiado.
Por la mirada insegura que ella le dio, seguramente esperaba un regaño o palabras nada agradables por parte de él, pero eso no sucedió.
Guardó silencio, meditando sobre las palabras correctas que decir. Decidió finalmente preguntar lo obvio.
-¿Qué haces aquí en mi dormitorio?
-Yo venía a… vine a dejarte eso-contestó ella, señalando la rosa negra.
Draco se acercó a tomarla y una pequeña sonrisa estuvo en sus labios.
-¿Por qué?
Hermione al principio no supo que decir, no encontraba las palabras, era difícil de explicar…
-Porqué esa rosa, es lo que siento por ti-finalmente dijo.
Draco se le quedo viendo, acaso… ¿Acaso ella sabría el significado? ¿Su significado?
-Estás últimas semanas, no hemos hablado. Sé que estabas enojado y la verdad, no te culpo. Pero, necesitaba que supieras…supieras esto-dijo ella, acercándose a él y dándole un beso gentil.
Draco le correspondió el beso y de nuevo estaban besándose, esta vez no duro tanto tiempo como la vez anterior, se separaron y se contemplaron, eran miradas intensas, miradas que parecían tener mucho que decir, un significado que iba más allá de simples palabras.
No hablaban, simplemente en silencio seguían contemplándose, parecía que pudieran hacer eso para siempre y no cansarse.
Draco le ofreció la rosa negra a Hermione quien la acepto y rozó los labios de él con ella. Luego, fue ella quien le ofreció la rosa negra. Él la tomo e hizo lo mismo que ella.
Ambos sonrieron, Draco dejo la rosa otra vez en la mesita de noche y volteó a ver a Hermione, parecía feliz, muy feliz. Igual él, también se sentía en esos momentos feliz, porque sentimientos profundos, sentimientos complejos… habían sido expresados sin la necesidad de una sola palabra.
Todo en silencio.
Finalmente, Draco habló.
-¿Es verdad que viniste a mi dormitorio sólo por esto?
Hermione titubeo pero decidió decir la verdad.
-No era lo único.
-¿No?
-El espejo de Oesed.
El semblante de Draco se volvió serio pero dejo que ella hablara.
-Sabía que no me lo querrías dar, no me lo darías. Entonces, decidí mejor actuar por mi cuenta.
-¿Qué planeabas hacer?
-Pensé que como el espejo es algo muy importante, no lo llevarías contigo todo el tiempo y que debía encontrarse aquí, en tu dormitorio.
-No encontraste nada.
-No porqué sólo revise dos cajones.
Draco no se molestó en corregirla, el espejo de Oesed lo tenía él, no estaba en su dormitorio.
-Y se lo ibas dar a Potter ¿No es así?
-Harry lo necesita, puede que en ese espejo este la clave para destruir a quien-tú-sabes.
Draco calló, ya había esperado que el nombre de él saliera en cualquier momento de la conversación.
¿Debería de decirle? ¿Debería de decirle cuales eran sus planes con el espejo? ¿Debería?
No, sería mejor que lo supiera hasta el final, cuando ya todo hubiera pasado, cuando ya todo hubiera terminado. Cuando todo estaría bien.
-¿Te gustaría ir a Hogsmeade?-preguntó Hermione con una sonrisa, sacándolo de sus pensamientos.
-No creo que sea buena idea-respondió él, mirándola con suspicacia ¿Por qué el cambio de tema?- Muchos alumnos fueron hoy de visita.
-No tenemos que ir a un lugar concurrido-dijo ella con sutileza.- Podemos ir a las afueras del poblado.
-¿De verdad quieres ir?
-Planeaba ir de todos modos-comentó ella, separándose de él (habían seguido abrazados) y sentándose en su cama.
Ella lo estaba desconcertando, su cambio de tema tan radical, de estar hablando del espejo de Oesed a estar discutiendo la posibilidad de ir a Hogsmeade… ¿Dónde quedaba el sentido de todo eso? Ella había ido hasta su dormitorio para tomar el espejo y ahora, se encontraba hablando como si nada de eso hubiera sucedido.
-¿Qué diablos planeas Hermione?
Una pregunta directa, nada de rodeos. Ese era su estilo.
-Nada-contestó ella con toda la inocencia del mundo o al menos, eso aparentaba.
-No me mientas.
-No lo estoy haciendo, simplemente te estoy preguntando si quieres venir conmigo a Hogsmeade, vayas tú o no, yo iré.
Algo no cuadraba pero Draco no podía encontrar qué era eso.
-De acuerdo, vamos-aceptó él.
Hermione le sonrió.
-Dejaré mi mochila en mi dormitorio y te veré…
-En los jardines, en los lindes del bosque prohibido. No estoy de humor para encontrarnos con Filch, saldremos por el lugar que yo conozco.
Hermione asintió y salió del dormitorio. Bajo a toda prisa las escaleras y salió de la sala común de Slytherin. Subiendo las escaleras que la sacarían de las mazmorras, se quitó la túnica y la metió en la mochila.
Usando atajos conocidos gracias a Harry y Ron, además de subir corriendo las escaleras, sirvió para que llegara pronto al retrato de la Dama Gorda. Iba tan agitada por lo rápido que había ido, que tuvo que tomarse unos momentos para respirar antes de pronunciar la contraseña.
Subió a su dormitorio y dejo la mochila en el suelo. Se puso a buscar frenéticamente en sus cajones hasta encontrar lo que buscaba, una botella diminuta que contenía nada menos que poción para dormir.
"Bueno, ahora hay nuevo plan" se dijo ella, mientras guardaba la botellita en uno de los bolsillos de sus jeans. ¿Qué iba a hacer?
"Si no me equivoco, el espejo ha de estar con él" empezó a deducir mientras salía de la sala común. "No se vio muy preocupado en que yo haya revisado sus cosas, así que él debe de tener el espejo".
Satisfecha con esas primeras deducciones, siguió planeando.
"Si lo convenzo de tomar una bebida o algo, yo voy a comprarlas, pongo la poción…se quedará dormido y entonces podré tomar el espejo, que debe de estar en alguno de sus bolsillos" pensó todo esto en cuestión de segundos, quizás después de todo, el espejo sí podría estar en manos de Harry.
Sonrió ante su nuevo y mejorado plan. ¿Por qué no pensó en ello antes? Se hubiera ahorrado ciertos problemas.
"Sólo tomare el espejo de su bolsillo ¡Y listo! Ya no tendremos que preocuparnos por el" decía en su mente.
No tardo en llegar a las puertas que daban a los jardines y apresuró el paso, estaba segura que Draco ya la estaría esperando. Su predicción fue certera, él estaba parado en los lindes del bosque, con las manos en los bolsillos y la miraba con suspicacia, evidentemente sospechaba algo.
"No pasa nada, podré lograrlo".
-Listo Draco ¿Nos vamos?
El chico asintió y encabezó la marcha hacia el bosque. Cuantas veces no habían entrado juntos en el, casi siempre para dirigirse a los arbustos de rosas negras, una sola vez habían entrado para dirigirse al lugar al que ahora caminaban, para salir de Hogwarts.
Caminaron en silencio, ninguno sin comentar nada. Pronto llegaron al túnel que los sacaría de los terrenos de Hogwarts. Caminaron rápido en el, podía haber animales que no estarían muy deseosos de encontrarse, y en cuestión de minutos, ya estaban parados en un bosquecillo donde camino hacia abajo, se distinguía Hogsmeade.
-¿Qué te parece sentarnos por aquí?-preguntó Hermione, señalando unas rocas que no estaban lejos de ellos.
Draco asintió, no podía evitar sentir que algo se le estaba pasando y lo peor, no sabía qué.
Se sentaron en las rocas y observaron el poblado, se veía tranquilo. Incluso desde su posición, podían escuchar las voces de quienes entraban y salían de las tiendas.
Se quedaron así por un largo rato, observando sin hablar. De vez en cuando Hermione veía de reojo a Draco pero luego se volvía a concentrar en el pueblo, sabía que Draco estaba incómodo y eso, porqué sospechaba de ella, aunque no lo dijera en voz alta.
-Voy a comprar algo, tengo sed-dijo ella, poniéndose de pie.- ¿No quieres algo?
La respuesta del chico quedo ahogada por una explosión. Draco y Hermione voltearon a ver a Hogsmeade, salía humo del local que parecía ser las tres escobas.
-¿Quién pudo haber hecho eso?-preguntó Hermione, levantando una ceja.- Algún estudiante pero…
Nuevamente hubo otra explosión.
-¿Qué esta…?
Draco señaló hacia el cielo y ella la vio entonces; la marca tenebrosa.
-Oh, no-susurró ella. Sus amigos estaban en Hogsmeade y si había mortífagos ahí ¿Voldemort estaría cerca?
"Debo de ir a ayudarlos, tengo que ir"
-¿A dónde crees que vas Hermione?-le preguntó Draco, quien la había tomado de un brazo.
-Tengo que ayudar a mis amigos ¡Ellos están en Hogsmeade!
-Hermione, ellos estarán…
-¡No! Tengo que ir-dijo ella, soltándose de él y echando a correr hacia el poblado. Los gritos y las explosiones continuaban.
Draco la siguió de inmediato, intentando convencerla de no ir, era en vano. Ella estaba determinada a ayudar a sus amigos.
-¡Hermione, no!-le gritó Draco y finalmente la detuvo.- Ellos son capaces de cuidar de sí mismos.
-A ti no te importan mis amigos ¡A mí sí! Si quien-tú-sabes está ahí…
-No deberías de ir-la interrumpió él bruscamente.- Mayor razón para que no vayas, pueden estar planeando en repetir lo de Dartford ¿O ya lo olvidaste?
Hermione desvió la mirada, por supuesto que no lo había olvidado. La noticia del periódico, la desaparición de sus padres, muertes y desapariciones no esclarecidas, rumores de mortífagos, la angustia de no saber si sus padres seguían vivos o no…
-Entonces, si no quieres que vaya ¿Por qué no me acompañas, eh?-preguntó ella, cruzándose de brazos y sin mirarlo a los ojos.
Draco no respondió de inmediato. Si se presentaba, si los demás mortífagos lo veían…tendría que ayudarlos y Hermione…eso no era una buena combinación.
-¡Draco!-le decía la chica, sacudiéndolo del brazo.- ¿Qué dices?
La intensidad de los gritos aumentaban, se escuchaban sonidos de vidrios rotos, la situación empeoraba.
Hermione estaba perdiendo la paciencia, Draco no parecía decidirse y ahora no era el momento para dudar. En el fondo, creía saber porqué dudaba, seguramente estaba pensando en los mortífagos y…
"Después de todo, nunca supe si él era uno de ellos o quiere serlo" se dijo ella, mordiéndose los labios.
Pensó en el Espejo de Oesed ¿Se lo entregaría a Voldemort? Después de todo ese tiempo ¿Lo haría?
Hermione volteó a ver a Draco quien seguía evitando su mirada y parecía seguir dudando, nunca lo había visto tan desconcertado, él, que era una persona que siempre sabía lo que quería…
"No esta vez" pensó ella, mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar hacia el poblado "No esta vez".
No pudo soportarlo más y empezó a correr ¿Dónde podrían estar sus amigos? ¿En las tres escobas?
"Es el lugar al que más vamos" se dijo, faltándole ya poco para llegar al pueblo. "Y el primero que fue atacado" no pudo evitar añadir.
Entrando al pueblo intento hacerse paso por la multitud pero casi resultaba imposible, muchos corrían, empujaban…ventanas se destruían, algunos locales ardían en fuego…
-¡Harry! ¡Ginny! ¡Ron!-gritó ella, intentando no desviarse mucho pero la gente que corría la llevaba a otro lado.
Finalmente a empujones y codazos logró llegar a la calle donde se encontraba el local de las tres escobas. La puerta estaba extrañamente cerrada y por los vidrios no se lograba ver nada.
Decidida a quitar la puerta con un encantamiento, una voz la detuvo.
-Yo no haría eso.
Se dio la vuelta y se encontró con un mortífago, quien no tardó en lanzarle una maldición.
Hermione reaccionó justo a tiempo, unos segundos más y la maldición le habría dado a ella. Rápidamente le lanzó un maleficio pero el mortífago lo bloqueó sin más, bien, tendría que pensar en algo mejor.
-¡Desmaius!
-Algo elemental ¿no? Me recuerdas a Potter y su Expelliarmus.
-¡Everte Statum!
El mortífago no se lo esperaba puesto que fue derribado. Hermione no perdió tiempo y creo unas cuerdas mágicas para que no escapara con Incarcerus.
-¡Expulso!-gritó otra voz, haciendo que unos barriles que estaban tirados se fueran a estrellar contra ella. Se puso de pie tosiendo y cuando ya podía ver de forma adecuada, vio como el otro mortífago que había llegado ayudaba al otro a escapar.
-¡Incendio!-gritó ella y unas llamas aparecieron alrededor de ellos.
-¡Glacius!-y el fuego quedó congelado.- Vete, yo me encargaré de ella.
El mortífago que había llegado había dicho esto a su compañero quien asintió y escapó, Hermione mientras tanto, pensaba en la mejor forma de derribar a su oponente quien contrario al otro, parecía tener mayor conocimiento de hechizos.
-¡Locomotor mortis!
-¡Reducto!-y una lluvia de tablones de madera empezaron a caer sobre ella, quien se cubrió con los brazos la cabeza e intentó un nuevo maleficio pero fue inútil, el chico lo bloqueó.
"Diablos, debo de reconocer que es bueno" pensó ella, escondiéndose tras unos escombros.
No tenía duda, Harry, sus amigos y seguramente muchas personas más, estaban atrapadas en las tres escobas y si no salían de ahí, era porque seguramente había alguien más con ellos.
"Por favor, que no sea Voldemort".
-Vamos Granger, no eres tan mala en esto después de todo-habló el mortífago. Era una voz joven, la voz de un chico. Se le hacía conocida, alguna vez la había escuchado…
-¡Relaskio!-gritó ella y el mortífago fue empujado hacia otro local pero rápidamente se repuso, más de lo esperado.
-¡Bomb…!
-Ya basta Blaise, no pierdas el tiempo-intervino otra voz, esta voz si la conocía, era…-No vale la pena.
Hermione no podía creer lo que veían sus ojos. Draco estaba sosteniendo el brazo del otro mortífago, no dejando que terminara su conjuro.
-Pero…
-No vale la pena, déjala ir, sólo quitará tiempo.
Hermione estaba respirando agitadamente. ¿Draco estaba defendiéndola? ¿La estaba defendiendo de otros mortífagos?
El otro mortífago se soltó del chico.
-Creía que el Señor Tenebroso había dicho a unos cuantos de este ataque, no creí que a ti te diría.
-Así fue, no me dijo nada. Tuve mis propios medios.
Hermione miraba de Draco al otro mortífago, sin poder asimilar del todo lo que estaba sucediendo. ¿Debería de lanzar un hechizo? ¿Debía de actuar?
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Casualidades, decidí visitar Hogsmeade-respondió secamente Draco.
-Bien, sigue haciendo de turista en el pueblo, yo me encargaré de ella.
-¿Y no te acabo de decir que ella no es importante?
El otro mortífago lo volteó a ver.
-¿Qué te importa lo que le haga a ella?
-Es una estudiante de Hogwarts destacada, si no regresa ¿Crees que no se darán cuenta?
-¡Nosotros también somos estudiantes!-contestó la otra voz, algo sofocada por la máscara que llevaba encima.- Hay cientos de estudiantes en el castillo ¿Crees que notaran que una sola persona no está?
-Es Hermione Granger, la preferida de los profesores-habló con desprecio Draco.- No seas estúpido, se darán cuenta inmediatamente.
Hermione empezaba a sospechar quien podía ser el mortífago, la forma en que hablaba, estaba en una de sus clases, estaba segura…
El mortífago se quitó la máscara y de esa forma, se reveló la cara de una ira más o menos controlada, de Blaise Zabini.
-De todos modos, en estos momentos en el castillo ya se habrán enterado de lo que está pasando-Zabini casi escupía las palabras.- Seguramente habrá estudiantes heridos y…
-Blaise, la paciencia se me agota-respondió calmadamente Draco, quien apuntaba con su varita al corazón del muchacho.
La cara de Blaise mostraba parte de la confusión que en esos momentos sentía ¿Por qué demonios Draco estaba defendiéndola? ¿Por qué?
-Vaya, tan manipulable como siempre Zabini ¿Por qué no me sorprende?-dijo otra voz con burla.
Hermione volteó a ver al recién llegado, Theodore Nott sonreía burlonamente.
"Debo de actuar ahora, antes de que las cosas empeoren" pensó ella. Aún seguía escondida, únicamente tendría que desplazarse con cuidado para estar más cerca de las Tres Escobas, a partir de ahí, podría lanzar algún hechizo en completo silencio.
Empezó a moverse sigilosamente, teniendo cuidado de hacer poco ruido que delatara su posición, afortunadamente, aún había mucho ruido por los demás estragos que estaban causando los otros mortífagos.
-Como siempre, uno de los perros falderos de Malfoy ¿No es así?-seguía hablando con despreció Nott, acercándose hacia donde estaban ellos.
Hermione aprovechó el momento e hizo un hechizo en silencio dirigido a la puerta del local, surtió efecto. La puerta se abrió dando un tremendo golpe. Eso no solo distrajo a los chicos sino también al parecer a quienes estaban dentro del establecimiento, porque se empezaron a escuchar mucho más gritos.
-¡Confringo!-y uno de los barriles cercanos a ella explotó.
Hermione tosiendo, se puso bien de pie, lista para pelear.
-Vaya, si es nada menos la sangre sucia amiga de Potter-comentó con desdén Nott.
-¡Desmaius!-gritó ella.
-Te va a hacer falta algo más que eso-dijo él, quien por poco, había esquivado el hechizo.
-¡Expelliarmus!
-¡Impedimenta!
-¡Incendio!-y llamas rodearon a Nott, quien intentó apagarlas con agua pero no surtía efecto.
-No es fuego del todo normal Nott-comentó con frialdad la chica, quien había modificado el hechizo.- Necesitarás más que agua para apagarlo.
-¡Maldita sea!-las llamas empezaban a acercarse peligrosamente hacia él.- ¡Diablos, Zabini! Haz algo.
-Zabini no está en posición de ayudarte-dijo Draco, sin cambiar a su varita el objetivo.
-¿Por qué haces esto Malfoy? ¡Ayúdame!
-No lo creo, no ayudo a bastardos.
-No, claro que no-musitó el chico con rabia.- Pero seguro ayudas a asesinos ¿No? Como al maldito de Blaise, ese maldito que mató a tu madre.
Parecía como si el tiempo se hubiera detenido o estuviera pasando lentamente.
Hermione se quedó sin respirar, conmocionada ante lo que había escuchado y volteando a ver a Draco. Las llamas que había creado desaparecieron, la concentración se había ido.
Draco, quien se había quedado estático unos segundos, volteó a ver con ira al chico que tenía delante de él, la culpabilidad lo delataba en cada centímetro de su expresión, él había asesinado a su madre.
Nott, simplemente disfrutaba del espectáculo. ¡Como había ansiado este día! Como había ansiado que llegara el día en que Malfoy descubriera que uno de sus amigos más cercanos había asesinado a su madre.
-Después de todo lo que ella hizo por ti ¿¡La mataste?!-gritó Draco, clavando más su varita en el chico.- ¿Te importó al menos?
-Yo…yo… ¡Yo no quería hacerlo!
-¡Claro que no! Y todavía tienes el descaro de presentarte en su funeral-exclamó Draco, tomando del cuello de la túnica al chico.
Nott arqueó las cejas, vaya, eso no lo sabía. Definitivamente, esto se estaba poniendo más interesante.
Hermione recordó vagamente esos días después del asesinato, Draco había estado callado y distante, más nunca había expresado su ira, ahora lo hacía.
Un ruido de cristales rompiéndose los trajo de vuelta a la realidad, las ventanas del local de las tres escobas se estaban deshaciendo en enormes trozos. Hermione dio unos cuantos pasos para alejarse.
Nott, libre de las llamas, estaba a punto de lanzarle un maleficio a ella, cuando un brillo lo distrajo. Buscando su origen, se encontró que era el reflejo de la luz en la superficie de un espejo, un diminuto espejo que sobresalía del bolsillo de cierto chico que apuntaba a Zabini.
"El espejo de Oesed" fue lo primero que se le vino a la mente. El maldito y glorioso espejo que había fallado en encontrarlo y ahora, lo tenía a unos cuantos metros de distancia.
"Es mi oportunidad, si se lo quitó a Malfoy y lo entregó yo…seré ahora yo, el favorito".
Y ya nadie le podría quitar la gloria y el poder que siempre había añorado, ya no sería inferior, no, se le respetaría e incluso temería entre los otros mortífagos. Superaría a su padre, ya no sería inferior a figuras tales como Lucius Malfoy, Bellatrix Lestrange y Severus Snape, los favoritos del Lord, sería igual a ellos.
Nott no pensaba en ninguna otra cosa, únicamente estaba concentrado en ese espejo que sobresalía de un bolsillo. Ese espejo, que le daría todo lo que quería.
Ese espejo, que conseguiría de la única y mejor forma: matando.
Vio a sus alrededores, no había ningún otro mortífago aparte de ellos, seguramente los demás estaban en otras partes de Hogsmeade y en cuanto a la sangre sucia, había desaparecido, seguramente a esconderse en algún lado.
"Es mi momento".
-¡Avada Kedavra!
Lo que sucedió, fue en el último momento. Justo al terminar las palabras y el rayo mortal de luz verde creado, en cuestión de segundos, alguien se interpuso, recibiendo todo el impacto.
Draco, quien había soltado a Zabini en cuanto escuchó la maldición y volteado a ver, vio como Hermione caía en el suelo.
Los tres chicos presentes se quedaron inmóviles, viendo como se quedaba quieta, sin hacer ningún movimiento.
Nott estaba más que sorprendido, no había palabras suficientes para describir su asombro, su confusión, su desconcierto…Acaso ¿Acaso ella se había interpuesto entre la maldición asesina y Draco Malfoy? No podía ser cierto, no podía.
-¡Eres un maldito!-le gritó Malfoy, acercándose a él y dándole un puñetazo en la cara que lo devolvió a la realidad.
Apenas si podía asimilar lo que estaba pasando, no entendía lo que estaba sucediendo.
Zabini, también estaba desconcertado. Si momentos antes estaba confundido sobre porque tanta la insistencia de Malfoy por dejar ir a la chica, ahora estaba aún más confundido. La ira de Malfoy…, no mentiría si decía que nunca lo había visto tan enojado, si instantes antes creía que estaba furioso con él, se equivocaba, ahora sí lo estaba.
-¡Crucio!
Se escucharon los gritos de dolor del chico, quien se retorcía en el suelo.
Zabini dio unos pasos hacía la chica y comprobó lo que de todos modos había visto, estaba muerta. Su última expresión era escalofriante, al menos para él. En sus ojos había un temor, un miedo enorme…y ese miedo, quedaría así para siempre.
-¡Hermione!-alguien más grito e hizo que se alejara de ella. Draco también ceso la maldición torturadora.
-¡Hermione! ¡HERMIONE!
Era Harry junto a Ron y Ginny, finalmente habían logrado salir de las Tres Escobas, pero no era para encontrarse con algo agradable.
Se acercaron hacia ella de inmediato pero un único vistazo confirmaba sus peores temores, estaba muerta.
Los gritos de ira y dolor de Harry seguramente podían escucharse en todo Hogsmeade, Ron estaba inmóvil, incapaz de aceptar lo que estaba viendo y Ginny, estaba llorando y tratando de consolar a Harry, aunque de poco servía.
Draco vio todo esto desde donde estaba. Volteó a ver al responsable, lo iba a matar, lo iba a matar lenta y tortuosamente, iba a pagar lo que había hecho.
-¡Draco, por favor!-rogó Nott pero fue en vano, se volvió a retorcer en el suelo.
Harry y los demás voltearon a ver hacia donde ellos estaban. Draco estaba torturando a Nott, su cara, mostraba una extraña e inmensa ira. Ninguno de ellos recordaba haberlo visto así antes, especialmente Harry y Ron.
-Yo no…yo no sé qué…
-La mataste-susurró él, apenas si se le entendían las palabras.
-¡Se interpuso! ¡Agh!-y de nuevo estaba gritando de dolor.
-¡Malfoy! ¿Qué sucedió?-preguntó Harry. Al parecer, él sabía que había ocurrido, o eso parecía.
Draco cesó la maldición y los volteó a ver. La ira lo seguía dominando por completo, no creía estar en condiciones de dar una explicación.
Volteó a ver a Blaise, quien seguía ahí. Sin importarle nada más por el momento, hizo un movimiento con la cabeza, dándole a entender que quería que él explicara lo sucedido, aunque sólo podría una parte.
Lo demás…sólo lo sabía él. Tal vez se los explicaría después, tal vez no lo haría. Ahora, sólo quería estar solo. Volteó al suelo, donde segundos antes se encontraba Nott, el cobarde se había desaparecido. Bien por él, llegaría el día en que lo encontraría y lo mataría.
Se dio la media vuelta y caminó por donde había venido. Regresaría a donde había estado por última vez con ella, esas rocas, sólo que estaría solo, como solía estar.
Epílogo
Draco Malfoy se encontraba en su mansión, en uno de los muchos cuartos que había. Estaba parado frente al Espejo de Oesed en todo su esplendor y magnificencia.
Dio unos pasos hacia delante y entonces, el reflejo del espejo que únicamente había mostrado su imagen, cambió.
Apareció Hermione sonriendo, increíblemente feliz en comparación a las veces en que él creía haberla visto feliz. Llevaba entre sus manos una rosa negra.
Sintió como se le formaba un nudo en la garganta al ver esto último, pues recordó a la perfección aquella última vez.
-¿Qué haces aquí en mi dormitorio?
-Yo venía a… vine a dejarte eso-contestó ella, señalando la rosa negra.
Draco se acercó a tomarla y una pequeña sonrisa estuvo en sus labios.
-¿Por qué?
Hermione al principio no supo que decir, no encontraba las palabras, era difícil de explicar…
-Porqué esa rosa, es lo que siento por ti-finalmente dijo.
Draco se le quedo viendo, acaso… ¿Acaso ella sabría el significado? ¿Su significado?
-Estás últimas semanas, no hemos hablado. Sé que estabas enojado y la verdad, no te culpo. Pero, necesitaba que supieras…supieras esto-dijo ella, acercándose a él y dándole un beso gentil.
Draco le correspondió el beso y de nuevo estaban besándose, esta vez no duro tanto tiempo como la vez anterior, se separaron y se contemplaron, eran miradas intensas, miradas que parecían tener mucho que decir, un significado que iba más allá de simples palabras.
No hablaban, simplemente en silencio seguían contemplándose, parecía que pudieran hacer eso para siempre y no cansarse.
O también aquella otra vez.
Draco y Hermione se encontraban caminando en los jardines de Hogwarts, tomados de la mano. Hacía una leve ventisca aunque eso no era nada comparado con el frío que hacía.
Era Diciembre, era invierno ¿Qué más podían esperar? Afortunadamente, ambos estaban bien abrigados.
-¿Vamos al bosque?-había preguntado él, señalando los árboles.
Hermione asintió y se encaminaron hacia allá en silencio, de vez en cuando interrumpido por gorjeos de pájaros.
Dentro del bosque, se encontraban con espacios en los que no había nieve debido a la frondosidad de los árboles, tanta vegetación que no permitía que la nieve llegara al suelo, si a caso en forma de pequeñas gotas de agua.
Caminaron más y más hasta que llegaron a los matorrales de rosas negras que habían visitado con anterioridad.
-Estas rosas-habló ella.- Siempre han sido misteriosas pero muy bellas.
Draco formó una media sonrisa.
-Eso es parecido a su significado-murmuró él, aunque tan bajo que dudó que lo hubiera escuchado.
Hermione le sonrió. Una sonrisa tan sincera que hasta se llego a preguntar si las otras sonrisas que le había visto no habían sido reales.
-Quisiera…no sé, sería extraño-habló ella, aunque parecía más hablar consigo misma que con él.- Tener uno de estos matorrales en casa aunque llamaría bastante la atención.
-Incluso en una casa de mago sería igual-había comentado él, volteando a ver las rosas.- No son comunes.
-Me pregunto como habrán acabado aquí-dijo ella.- Dentro del bosque prohibido.
-Recuerdo la primera vez que vine, fue en cuarto año.
-¿Qué hacías en el bosque prohibido?
-Quería ver a los dragones, decían que los tenían en jaulas aquí.
-Ah, vaya.
-Y sí los observe, después de las rosas negras. Me desvié tanto del camino que acabe aquí.
Hermione río un poco.
-Son flores especiales-había dicho él, cortando una y entregándosela.
-Quizás algún día ya no me serán tan misteriosas-susurró ella, aceptando la rosa con una pequeña sonrisa.- Simplemente serán bellas y únicas.
-Quizás algún día-concordó él con ella, preguntándose si conocería ella su significado.
La acerco más hacia él, ella sonrió y él no pudo evitarlo, también le sonrió ampliamente.
Abrió los ojos, lamentándose porque ese día nunca llegaría, nunca sería.
Volvió a fijar la mirada en el espejo, ahí estaba ella sonriendo y paseando entre sus manos una rosa negra.
Lágrimas empezaron a surgir, lágrimas que no había vuelto a derramar desde el día que se entero de la muerte de su madre.
¿Por qué había tenido que ser ella? ¿Por qué no alguien más?
Y todo por su culpa, si desde el principio le hubiera revelado su plan con el espejo, no habrían ido a Hogsmeade, ella no hubiera tenido que interponerse entre la maldición y él…nada de eso hubiera sucedido.
Pero se lo había dicho, le había pedido que no fuera a Hogsmeade.
Y nada de eso ocurrió.
Se acercó más al espejo y rozó con sus dedos la fría superficie. La Hermione del espejo también parecía acercar su mano derecha al espejo, la barrera que los separaba.
Desafortunadamente, lo que los separaba era más complejo que un espejo encantado.
Las lágrimas parecían intensificarse, volviendo borrosa su visión. Fue entonces cuando recordó lo que siempre le había dicho a ella "¿No sabes que llorar es una debilidad?"
Se secó las lágrimas pero estas no tardaron en volver aparecer acompañadas de un inmenso dolor interior y en cierto momento se preguntó si en verdad no estaría muriéndose, porqué este dolor…era insoportable.
Quizás todo lo que había pasado había sido imaginación suya, quizás aún estaba en Hogsmeade, apuntando su varita hacia Zabini, tal vez eran ilusiones…
Pestañeo varias veces, esto no era su mente, no era una ilusión. Era real.
Y se maldijo a sí mismo una y otra vez, por no haberse asegurado que ella estuviera a salvo, por nunca haberle dicho sus verdaderas intenciones con el espejo, por la frialdad con la que la trato, por nunca hablarle con claridad sobre sus sentimientos, por todas aquellas veces en que la molesto, por haberla visto durante tantos años inferior a él y sobretodo…lo que jamás se perdonaría, por no haber disfrutado cada momento que paso junto a ella.
Esos días de vacaciones de Navidad habían sido seguramente los mejores que habían pasado juntos. Los disfrutó tanto…y ahora se maldecía por no haberlos disfrutado aún más.
Esos días en los que a veces no hablaban, simplemente intercambiaban miradas y sonrisas porque con eso era suficiente. No necesitaban más que el silencio y su compañía.
Recordó cada instante de esos días, cuando estaban tomados de la mano, cuando estaban abrazados o cuando estaban besándose…y esos días no parecían suficientes, tenían que haber pasado muchos días más de esa forma no sólo esos.
Y ahora, ella ya no estaba, nunca más lo estaría. Si acaso, ese espejo podría invocarla…pero sería solo una ilusión, una mentira…no sería real, no de nuevo.
Todo lo que había pasado con ella, todo lo que le gustaría repetir…no volvería a suceder.
Aquellas emociones y sensaciones que únicamente había sentido con ella…morirían con ella, porque nadie más le podría hacer sentir lo mismo, nadie, sólo ella.
Volvió a recordar el primer beso que compartieron, un abrazo bajo la nieve, un beso en la biblioteca…eran muchas ocasiones y en todas ellas, había sido feliz, tan feliz como él había aparecido la primera vez que vio el espejo de Oesed.
Se encontraba él feliz, bastante feliz al parecer porqué estaba sonriendo como hace mucho tiempo no lo había hecho y estaba abrazando a alguien, la imagen parecía más como una fotografía…vio a quien estaba abrazando, no se sorprendió mucho, claro que no, porqué ya se lo imaginaba, ya se lo insinuaba…
La imagen del espejo sólo hacía reafirmar algo que había ido sucediendo gradualmente, algo que se reafirmaba cada vez que pensaba en ello y nunca terminaba de hacerlo, porqué en el fondo lo sabía.
Abrió los ojos al escuchar un chirrido tan agudo que se tapo los oídos, temía quedarse sordo.
Volteó a ver en toda la habitación que era lo que estaba ocasionando semejante ruido cuando reparo en el espejo frente a él, se estaba resquebrajando.
Estupefacto, dio unos pasos hacia atrás. Lo que él no creía posible, estaba sucediendo…el espejo de Oesed empezó a caerse en pedazos acompañado de sonidos muy desagradables.
Cuando finalmente no quedo ningún pedazo de espejo en la estructura, hubo un silencio total.
Draco dio unos cuantos pasos y observó los pedazos que quedaban, una última vez apareció la imagen de Hermione sonriéndole y con una rosa negra antes de desaparecer por completo.
Aturdido, salió de la habitación para dirigirse a la suya, tenía una carta que escribir.
Abrió y cerró la puerta en completo silencio, antes de dirigirse al escritorio observó las rosas negras que tenía en un jarrón. Se acercó a ellas e inhaló su dulce esencia, recordando aquel momento silencioso en el bosque que Hermione había hecho lo mismo, o cuando estuvo en su dormitorio en Hogwarts aquel fatídico día…
Supo entonces, que ella sí había conocido el significado de las rosas negras.
Pudo pues, permitirse una leve sonrisa.
No habían sido necesarias palabras para expresar lo que ambos sentían, en ese silencio, en aquel dormitorio, aquella rosa negra…lo que ambos sentían por el otro había sido expresado.
Por primera y última vez, una confesión silenciosa de sus sentimientos que eran más profundos, más complejos…Qué inocentes podían parecer las rosas negras para cualquier otro.
Hay veces que el amor más intenso se oculta detrás del silencio más profundo.
-Ha llegado una carta Harry-anunció Lupin, acercándose a él y extendiéndosela.
Se encontraban en casa de los Weasley, junto a los demás miembros de la Orden del Fénix, el colegio, había cerrado sus puertas después de aquel horrible ataque en Hogsmeade, donde perdieron la vida varios de sus habitantes, además de estudiantes.
Harry la tomó, abrió el sobre y leyó en silencio. Frunció la frente un poco pero al final la relajo.
-¿Qué sucede?-preguntó Ginny, quien se había acercado junto a muchos más a la sala, que era donde se encontraban la mayor parte del tiempo.
-El espejo de Oesed ha sido destruido.
Varios lanzaron exclamaciones, gritos ahogados, murmuraciones…
-¿Cómo pudo suceder eso?-preguntó Ginny.- Era un espejo mágico nada normal.
-Sólo había una forma en la que podía ser destruido-habló Lupin, todos volteándolo a ver.
-¿Cuál era?-preguntó Ron.
-Que lo que te mostrara se volviera real-dijo Harry.
-Eso es imposible, los espejos no muestran la realidad-dijo Arthur Weasley.- Y el espejo de Oesed te mostraba lo que deseabas.
-El deseo más profundo del corazón-corrigió Harry, recordando lo que Dumbledore le explicó en su momento.
-Pero un deseo de semejante magnitud-decía el señor Weasley, escéptico.- ¿Cómo se puede hacer realidad?
-No era posible-concordó Lupin.- De ahí la dificultad de su destrucción. Quien lo destruyó, sin lugar a duda vio con anterioridad su reflejo y cuando nuevamente se vio en el espejo…
-Se dio cuenta que se había hecho realidad-completó Harry.
-No entiendo-dijo Ron, haciendo un gesto negativo.
-Imagina lo siguiente Ron-intervino Tonks, que previamente había estado callada.- Lo que más deseas esta reflejado en ese espejo.
Ron asintió, recordando aquella única pero especial vez que había estado frente al espejo de Oesed.
-Pasa tiempo antes de que vuelvas a mirar tu reflejo, es posible que cuando lo vuelvas a hacer, este permanezca igual o cambie.
-¿Cómo va a cambiar?
-A eso voy, lo que más deseas ya no es lo mismo que aquella primera vez que te viste en el espejo y sólo puede haber dos explicaciones posibles; la primera es que eso ya no es lo que más deseas, lo que más quieres.
-Y la segunda-continuó Lupin.- Es que se haya vuelto realidad. Esta segunda posibilidad es la que menor probabilidad tiene de suceder por lo que es la única, fortaleza y debilidad al mismo tiempo del espejo.
-Así que, si te pararas frente al espejo y el reflejo cambiara…te estaría mostrando lo que necesitas ahora para ser feliz, lo que más deseas-prosiguió Tonks la explicación.- Y posiblemente te olvidarías de lo que viste la primera vez.
-Esa es la trampa del espejo, siempre mostrándote lo que más deseas en ese momento.
-Pero si te acuerdas de lo primero que viste y en el extraordinario caso que se haya hecho realidad-terminó de explicar Harry.- El espejo habrá perdido.
-En conclusión, tienes que demostrarle al espejo que alguna vez lo que más deseaste fue verdad-intervino Ginny, entendiendo lo que querían decir.
-Exacto-afirmó Harry.
-¿Quién destruyó el espejo?-preguntó en un susurro McGonagall, después de que hubiera un silencio.
-Draco Malfoy-respondió Harry sin poder creerlo él mismo del todo.
Todos los presentes se voltearon a ver y de nuevo hubo murmuraciones y susurros.
-¿Qué pudo haber deseado él que se hiciera verdad?-preguntó alguien.
Todos guardaron silencio, incapaces de responder.
FIN
