Capitulo 5:

Cuando sintió que sus pies tocaban tierra abrió los ojos. Se encontraba en una habitación muy grande y bien amueblada. La chimenea estaba encendida y junto a ella había una mesa de cristal y un sofá. Al fondo de la habitación, a la izquierda estaba la cama, demasiado amplia para una sola persona, y junto a ella una puerta, que seguramente conduciría al baño.

Era muy parecida a la habitación de un hotel, esos que solos los ricos se pueden permitir.

Alguien llamó a la puerta y el moreno se percató de que Draco salía del baño, con una toalla atada a la cintura. Abrió la puerta y en el umbral de ésta estaba el chico de sus pesadillas, Blaise Zabinni.

- ¿Qué es lo que quieres a estas horas, Blaise? – Preguntó Draco, con una sonrisa marca Malfoy, dejándole paso – Mañana tenemos que levantarnos temprano, por si no lo sabías, y no es que no agradezca tu compañía, pero quiero estar solo.

- Me preguntaba si lo echas de menos – dijo yendo al centro de la habitación.

- ¿A quién? – Preguntó confundido - ¿De quién hablas?

- ¿Una semana aquí y ya te has olvidado de Potter?

- Ah, hablas de Harry – contestó situándose junto a éste - Claro que sí, es mi novio.

Draco estaba confundido por las preguntas de Blaise, no entendía a que venía el interrogatorio.

Harry lo escuchaba todo con mucha atención, sin perderse ningún detalle, pero no le gustaba la mirada que ese chico le echaba a su novio. Mientras Draco se movía por la habitación, Harry hacía lo mismo, situándose siempre cerca del rubio.

Blaise, aprovechó que Draco pasaba por su lado y lo cogió de la cintura, pegando su espalda desnuda al pecho de este, rodeándolo completamente.

- ¿No me echas de menos? – Susurró el chico en el oído del rubio, mientras poco a poco bajaba su mano hasta el borde de la toalla - ¿No extrañas nuestras noches pasionales?

Draco intentaba resistirse, pero cuando el otro comenzó a susurrarle no pudo contenerse, y su cuerpo comenzó a temblar, recordando todo lo que el chico decía.

Harry cada vez estaba más furioso, se negaba a creer que Draco estuviera cayendo en sus manos. Se acercó a donde se encontraba la pareja e intentó coger al rubio para apartarle, pero su mano solamente lo traspasó.

- Draco, por favor, no lo hagas – decía el moreno en voz alta, como si el rubio pudiese escucharlo.

Nadie lo hacía, solo era un recuerdo.

- ¿Recuerdas nuestra primera vez juntos? – Susurraba, mordiéndole la oreja, mientras seguía bajando la mano por dentro de la toalla, hasta toparse con el miembro del rubio, que comenzaba a despertar - ¿No quieres probarlo otra vez? ¿No quieres volver a sentirme en tu interior?

- N-no – contestó el rubio, dejando caer su cabeza en el hombro de Blaise y cerrando los ojos, disfrutando de las caricias.

- ¿Sabes? – Blaise bajaba desde su oído dando besos por el cuello, dejando su marca en aquel cuerpo que siempre le volvía loco – Tu cuerpo no dice lo mismo….

Draco volvió la cabeza y cogió al otro de la nuca, juntando sus labios, besándolo fervientemente, como si no existiese nada más en ese momento.

Harry lo veía todo con ojos llorosos, aguantándose las ganas y rezando para que el rubio entrara en consciencia y no siguiese con eso. Eso no ocurrió.

Zabinni levantó al rubio, mientras, éste le rodeaba la cintura con sus piernas, y se dirigieron a la cama. Draco comenzó a desnudarlo y se quitó la toalla, la única prenda que llevaba.

Harry ya no podía más, no quería seguir viendo como Blaise tocaba su cuerpo y lo llenaba de besos, como succionaba su erección y lo preparaba para lo que vendría después.

- Basta, por favor – suplicaba el moreno llorando, arrodillado en el suelo, con las manos en la cabeza y los ojos cerrados – basta… basta…¡¡¡BASTA!!!

La magia del moreno se desató, y fue fuertemente empujado del pensadero, volviendo a la habitación que ambos compartían.

Había quedado acostado en el suelo, después de la brusca salida, pero no se movió ni un centímetro, permaneció en la misma posición llorando y gritando, descargando el dolor que le apretaba por dentro, debido a una mentira, una que le había costado muy cara. Había apostado el corazón, y lo había perdido.

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Draco se apareció en la entrada de la mansión, la visita había sido muy rápida, pues no estaba la persona a quien iba a ver. En ese momento sintió como una poderosa magia inundaba el lugar, una que conocía muy bien y los gritos retumbaban en los pasillos.

Dejó su abrigo y llamó a su elfo doméstico.

- El amo Malfoy ha llamado, señor – dijo mientras hacia una reverencia, casi tocando con su nariz la punta de los pies – En que puede servir Puky al amo, señor.

- ¿Dónde está Harry? – Soltó sin más - ¿Qué es lo que está pasando aquí?

- No lo sé, amo, señor. Puky escuchar muchos gritos que vienen de su habitación, señor. Pero Puky no ir a ver, porque el amo Potter tiene mucho poder, señor. Puky estar muy asustado, señor.

- ¿Dices que está en nuestra habitación?

- Sí, señor.

El rubio no dijo nada más, subió las escaleras a toda velocidad y en un momento se plató delante de la habitación. Respiró profundamente y abrió la puerta, pero no estaba preparado para lo que presenció en ese momento.

Toda la habitación estaba destrozada, no había ni un solo mueble sano, y las ventanas estaban todas rotas, incluyendo las paredes, llenas de fisuras. Todos los cristales estaban desperdigados por el suelo.

Harry se encontraba en un rincón de ésta, agachado, con la cabeza entre las piernas, agarrándoselas y balanceándose de adelante hacia atrás, dejando su magia fluir, rompiendo cualquier cosa que se encontrara a su paso.

Draco podía apreciar cuan doloroso era lo que le pasaba al moreno y notaba que éste estaba llorando, debido a su dificultosa respiración.

A paso lento y dejando fluir un poco de su magia, Draco fue acercándose, acariciando un poco su rodilla, intentando calmarlo, pero cuando Harry notó la magia del otro fluir con la suya y esa caricia, se levantó de golpe y expulsó un poco de ella, con tal potencia que Draco terminó al otro lado de la habitación en un visto y no visto.

- ¡No te me acerques! – dijo Harry en un tono frío. Su voz no parecía la misma, estaba cargada de resentimiento y quizás odio - ¡No quiero que vuelvas a tocarme!

- ¿Qué es lo que te pasa Harry? – Preguntó levantándose de suelo con dificultad, debido al golpe recibido – ¿Porque te comportas así? ¿Qué ha pasado?

- ¿Qué ha pasado? ¡Ha pasado que me has destrozado la vida! ¡Eso ha pasado! ¡Cómo puedes si quiera tocarme con esas manos, esas con las que as tocado a ese!

- ¿De qué estás hablando? ¡No entiendo nada!

- ¿Qué no entiendes nada? – preguntó riendo. Pero no era la misma sonrisa con la que una vez obsequió al rubio - ¿Por qué no miras lo que tú mismo pusiste en ese pensadero? – Continuó, señalando la única cosa que había quedado sana en la habitación - ¿Lo entiendes ahora?

- ¿¡Has rebuscado en mis cosas!? ¿Con que derecho?

Harry fue acercándose peligrosamente al rubio y le agarró por los hombros, su aliento pegaba en la cara del otro.

- ¿Dime una cosa, Draco? – susurró, con voz que podría helar a cualquiera. Draco nunca lo había visto así y no sabía que podía pasar a continuación. En ese momento, tenía miedo - ¿Te gustó tener su polla en tu interior de nuevo? ¿Pedías más? ¿Lo disfrutaste más que conmigo? ¿También te decía lo mucho que te amaba? ¿Eh? ¿Te lo decía?

- No… yo…

- ¡No me mientas Malfoy! – Gritó, soltándole de pronto y dándole la espalda - ¡Yo mismo vi como te follaba! ¡Vi como te derretías con cada caricia! ¡No me mientas más! – agregó dejándose caer al suelo y bajando su tono de voz – No me mientas mas por favor… No lo hagas… Ya no más…. Basta…. Basta…

- Harry…

El rubio no se movió. No sabía que podía decirle. Alargó su mano, intentando tocarlo, pero cuando estaba cerca la retiró de golpe, dejándola caer a su costado. Se le partía el alma de verlo así, las lágrimas caían por su rostro, al igual que por el del moreno.

- Harry… yo… déjame explicarte todo…

- No quiero excusas baratas, Malfoy – dijo suavemente – Estoy harto de todo, de desconfiar siempre de todo y todos y cuando por fin logro hacerlo, cuando confío en ti, tú me traicionas. Y delante de mis narices… ¿Cómo no me di cuenta antes? Te lo dije muchas veces… pero quise creer que no era verdad, que solo era mi mente la que me jugaba una mala pasada… pero no… tu tuviste que… que...

- No sigas Harry… No nos hagas esto, a nosotros… - contestó sentándose en el suelo, llorando al igual que Harry – Déjame explicarte… Todo esto…

- Yo no hago nada. Esto lo has provocado tú solo. ¡No quiero saber nada! – Harry se levantó de golpe y se limpió las lagrimas con el dorso de la mano, sin la más mínima consideración - ¡Lárgate de aquí Malfoy! ¡Lárgate o no respondo de mí! ¡Ya!

- Pero… ¿Qué va a pasar ahora con nosotros? ¿Dónde…?

- ¿Nosotros? – Rió – No hay ningún nosotros. Para ti nunca lo hubo, por lo que pude observar, si lo hubiese habido no te hubieses acostado con ese. No te preocupes, recogeré mis cosas y me iré de aquí.

Draco se levantó y abrió la puerta. Todo se había acabado, y ya no podía hacer nada. Harry no quería saber nada de él y todo por esos recuerdos. No quería escuchar la verdad, no quería nada que proviniese del él.

Estaba a punto de salir de la habitación, pero se volvió otra vez para mirarlo.

- Harry… yo te a…

- No lo digas, por favor… - interrumpió el moreno, volviendo a dejar que sus lagrimas brotasen de sus ojos – ¿Sabes que es lo peor de todo, Draco?

El chico escuchaba atentamente lo que decía, ya que no podía hablar por lo menos quería saber que era lo que sentía el otro. Esa iba a ser la despedida, estaba seguro.

- Lo peor de todo es que en esta relación puse todo mi amor, te confié mi ser y mi corazón, y ahora ya no me queda nada, lo he perdido todo.

No agregó nada más. Se dirigió al armario (o lo que quedaba de él) y comenzó a hacer su maleta, mientras el rubio salía de la habitación.

Cerró la puerta a sus espaldas y se dejó caer por ella, sentándose en el piso y agarrándose la cabeza. Maldigo el día en que se me ocurrió, pensó.

Ya no había vuelta atrás, todo había acabado. La relación entre ellos había tocado fin.

Continuara…