Antes de nada, debo aclarar que este capítulo son recuerdos del pasado de diversos personajes, más atrás del primer capítulo, para que pueda entenderse el comportamiento y las motivaciones que tienen los personajes en esta historia. También debo decir que en este capítulo va a revelarse lo que sucedió hasta llegar a la situación de Hermione en el primer capítulo y que va a ser narrado por distintos personajes, pero podréis reconocer quien es cada uno, además cada vez que cambie el narrador aparecerá una raya para indicarlo y el flash back lo indicaré con las siglas FB y FFB al principio y al final del mismo.

Muchas gracias a aquellos que habéis puesto mi historia en alarma y gracias por los reviews!! XD

Ni Harry Potter ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling

Capítulo 2: RELATOS DE VIDAS PASADAS

Era ya de noche y las personas dormían.

Pero en aquel barrio lleno de mansiones había una casa en particular, la más suntuosa de todas, pues en ella vivían personas importantes, en la que había alguien despierto.

Un joven de diecisiete años se encontraba mirando fijamente un espejo, pero no veía su imagen, pues estaba perdido en sus recuerdos, en sus secretos. Secretos que le costarían muy caros si su padre se enterase de ellos, pues alguien de su estirpe no podía deshonrar a la familia de esa forma, alguien como él solamente podía tener amigos dentro de unos círculos mágicos muy selectos, como aquel hombre, que se hacía llamar padre, le recordaba siempre que podía.

Porque un Malfoy no podía ser una persona normal por mucho que él lo ansiara, en secreto.

Y mientras miraba su imagen, sin ver realmente, el dolor punzante en su labio lo llevó recordar una situación similar tiempo atrás.

FB

Era el comienzo de su quinto año en Hogwarts, todos los alumnos se encontraban en sus cuartos durmiendo, o eso es lo que deberían estar haciendo… porque en Hogwarts las reglas no se respetaban mucho…

Y en medio de aquella calma, en uno de los pasillos oscuros de los pisos inferiores se daba una imagen que muchos no habrían creído de poder verla, pues allí sentado contra el muro y tapando su rostro, un Malfoy lloraba, lloraba no tanto por el dolor, sino por la certeza de que su vida sería siempre así, llena de tinieblas acechantes…

Intenté levantarme, no sin esfuerzo, pues aquella tarde mi padre me había hecho una de sus "agradables y amistosas" visitas. Dejé de llorar, no servía de nada, aunque derramase lágrimas hasta la saciedad estas no harían que mi realidad cambiase como bien había descubierto siendo solo un crío.

Mi padre estaba furioso, algo le había pasado con el Lord Oscuro, y había pagado su enfado conmigo como llevaba haciendo desde que tenía memoria.

Mi estado era deplorable, recorriendo los pasillos del castillo, encorvado y tanteando la pared con una mano, mientras con la otra sujetaba mi estómago.

Estaba seguro de que tendría el abdomen amoratado, gracias a las patadas de Lucius, pero esperaba no tener ninguna costilla rota.

Me iba a costar bastante llegar a las mazmorras pues mi vista se nublaba por momentos y estaba muy débil tras haber recibido numerosos cruciatus, pero al final del corredor conseguí reconocer una imagen que me paralizó de inmediato y me maldije por no tener la suficiente cantidad de magia para lanzarle un Olvídate a la figura que se acercaba corriendo hacia mi.

¿: ¿¡Pero qué demonios te ha pasado Malfoy!?Quién te ha hecho esto? – Casi chilló mientras se ponía a mi lado e intentaba sujetarme de un brazo para apoyar mi peso en ella.

Draco: ¡No te atrevas a tocarme asquerosa sangre sucia! – Dije al tiempo que intentaba apartarla de un manotazo, sabía que mis palabras le habían dolido, pero no estaba dispuesto a aceptar su ayuda tan fácilmente, bastante humillante era estar frente a ella en mi estado… Aunque también sabía que era una auténtica Gryffindor y por lo tanto demasiado cabezota incluso para mí.

¿: Me da exactamente igual como me llames o lo que pienses Malfoy, pero no creas que por muy imbecil que seas voy a dejarte aquí tirado en tu estado. Así que tu decides lo hacemos por las buenas o por las malas. –Vi como tanteaba su varita en el bolsillo de la túnica como signo de advertencia, no pude sostenerme más en pie y caí hacia adelante apoyándome en ella que trastabillo un poco bajo mi peso.

¿: Te llevaré a la enfermería, no tienes buena pinta…

Draco: ¡No!, ¡No puedes llevarme allí! ¡No te atrevas Granger, o desearás no haber nacido!

Hermione: ¡Maldita sea Malfoy, estate quieto, no puedo cargar contigo si no dejas de moverte! – Paré de moverme, pero qué demonios se creía la rata de biblioteca, bastante tenía con lo que me dolía el cuerpo como para tener que aguantar las preguntas de un viejo chiflado de cómo me había hecho esto o aquello y todo lo que vendría después, pero eso ella no lo sabía…

Hermione: Esta bien, no te llevaré a la enfermería, pero tendrás que dejar que te cure.

Draco: Olvídalo Granger, llévame a la entrada de mi sala común y olvida esto o te lo haré olvidar yo. ¡Prefiero morir desangrado antes que estar un segundo más a tu lado!

Hermione: No te estaba preguntando, hurón, o dejas que te ayude o te llevo con madame Pomfrey

La reté con la mirada que había conseguido enfocar después de un tiempo, pero mis miradas nunca habían funcionado con ella, y esta vez no fue la excepción. Esos malditos Gryffindor siempre tenían que hacer lo correcto, la sabelotodo no lo dejaría en paz por mucho que se lo ordenase…

Draco: (Podría ser peor, al menos no me ha encontrado Cara rajada o la Comadreja… y no puedo dejar que nadie más me vea así…) – ¡Malditos Gryffindor! Esta bien Granger, pero ni una palabra.

Hermione: De acuerdo. –Hizo un movimiento de afirmación con la cabeza y empezamos a caminar por los pasillos hacia una escalera que llevaba a una planta superior, yo medio inconsciente y ella con el peso de mi brazo sobre sus hombros.

Draco: ¿A dónde me llevas?

Hermione: Al baño de Myrtle, allí podré curarte y nadie nos molestará, no creo que te haga mucha gracia que te vean así…

Draco: Muy lista Granger. –Dije con un tono que daba a entender todo lo contrario ganandome una mirada de desprecio por su parte.

Seguimos caminando y pronto llegamos al baño de Myrtle, entramos y Granger me dejó recargado contra una de las paredes.

El fantasma no estaba, mejor para mí. Me fijé en Granger, había sacado su varita y con un hechizo varios frascos de pociones aparecieron en sus manos, luego todo se volvió oscuro para mí.

Cuando desperté estaba en ese baño, pero el cuerpo casi no me dolía, un gran vendaje cubría mi torso y allí, apoyada en la pared de enfrente estaba Granger mirándome.

Draco: ¿Se puede saber que miras, sangre sucia?

Hermione: ¿Por qué dejas que haga esto Malfoy? – No me gustaba el camino que estaban tomando sus palabras, algo me decía que había unido los cabos demasiado bien para mi gusto.

Draco: No sé a qué te refieres…

Hermione: Por qué un padre sería capaz de hacerle eso a su propio hijo… ¿Y aún así lo respetas? Como puedes respetar a alguien como ese hombre después de esto…

Draco: ¡Escúchame bien, sucia rata, tú no tienes ni idea de lo que es mi vida! ¡Tú no sabes nada, así que no te atrevas a juzgarme así! – Me levanté del suelo, estaba furioso con ella porque sabía que sus palabras eran ciertas y me dolía que me recordaran cual era mi realidad.

Hermione: Tienes razón. – Dijo al tiempo que se encaminaba a la puerta. – No se cómo es tu vida, pero hay algo en lo que estás equivocado, yo no te he juzgado.

Estaba perplejo, no entendía su comportamiento, pero lo que dijo a continuación hizo que todo el concepto que tenía de ella, la amiga de Potter, la sabelotodo, se rompiera.

Hermione: Solo quiero que sepas, que si algún día despiertas y decides enfrentarte a tu destino, yo estaré allí para ayudarte. Yo te ayudaré cuando lo necesites. Aunque seas un maldito hurón engreído…

Y con estas palabras se fue, quedándose su imagen grabada en la mente de un rubio que al fin había encontrado a alguien en quien confiar.

FFB

Desde ese momento, sus encuentros por los pasillos ya no resultaban tan conflictivos y, en secreto, había nacido una amistad entre los dos, ambos se apoyaban cuando no podían confiar en nadie y, con el tiempo, descubrí en ella lo más cercano a una familia que tendría nunca.

Lejos de aquella mansión, a muchos metros bajo tierra, en un lugar donde el sol nunca entra, una joven estaba contando una historia, su historia, al vampiro que, paciente, esperaba a que comenzase.

Hermione: Habíamos terminado nuestro quinto curso en Hogwarts, pero ese año no había tenido un final feliz. Sirius Black, el padrino de Harry Potter, murió al caer por el Velo de la Muerte en medio de una batalla y Harry terminó destrozado.

Yo estaba preocupada por él, ya no era el mismo, además todos echábamos de menos a Sirius. Así que, tan pronto como pude, inicié una investigación para rescatarlo del Velo de la Muerte, pues algo me decía que Sirius no estaba muerto.

Fue un viernes de agosto cuando mi pesadilla comenzó.- Dijo mirándolo con una sonrisa vacía.

FB

Estaba en mi casa y con todo lo relacionado con la investigación, de la que tenía una base fiable para conseguir alguna solución, apenas había bajado de mi cuarto. Así que tuve que prometerles a mis padres que saldría a cenar esa noche por ahí con ellos.

Las cosas en casa no habían estado muy bien desde que se enteraron de que era una bruja, pero últimamente parecía que se había dado un alto el fuego y quizás tuviésemos la oportunidad de volver a ser la familia que un día fuimos…

Madre Hermione: ¡Hermione, baja ya que se nos hace tarde!

Hermione: ¡Ya voy, mamá! – Estaba buscando una chaqueta para llevarme, pues aun siendo verano las noches eran frescas y no sabía si acabaríamos cenando en alguna terraza.

FFB

Hermione: La encontré justo en el momento en que sonó el timbre de la puerta, no se cual de mis padres fue a abrir, y lo siguiente que escuché fue una conversación un poco alta seguida de una explosión. Tomé mi varita del cajón de la mesilla y bajé corriendo las escaleras, pero no estaba preparada para lo que vi.

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¿: Vaya, vaya, pero si al fin la sangre sucia nos honra con su presencia…

Hermione: Bellatrix… - Seis mortifagos estaban en mi casa, mi madre lloraba asustada en uno de los rincones del pasillo y sostenía el cuerpo inconsciente de mi padre, me quedé tan impresionada que, cuando iba a reaccionar para atacarlos, ya me habían desarmado.

Bellatrix: Nuestro señor está muy enfadado por no haber conseguido acabar con tu amiguito. –Dijo mientras caminaba a mi alrededor como un buitre, apuntándome con su varita y jugando con la mía en su otra mano, no sabía que hacer, desarmada no podía hacer nada excepto esperar mi muerte, y ella lo sabía por la expresión de victoria de su cara. –Así que pensó que puesto que no ha podido acabar con su vida, por lo menos lo haría sufrir, y de paso nosotros nos divertimos. ¡Crucio!

Hermione: ¡No! – Intenté ir hacia mis padres, pero uno de los mortifagos me estampó contra una de las paredes, así que lo único que pude hacer fue cerrar los ojos para no ver el sufrimiento de mi madre que gritaba mientras se retorcía en el suelo.

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Hermione: Fue horrible… se fueron turnando para torturarnos a los tres. Solo hay tres maldiciones nombradas imperdonables. –Dijo mirando fijamente a Orión. - Y aquella noche descubrí por qué el cruciatus es una de ellas, pues sientes como te arrancan el alma del cuerpo, como tus huesos parecen deshacerse tras tanto dolor. Sientes como si partieran tu cabeza en dos y deseas desmayarte lo más pronto posible para dejar de sentir.

Hermione: Y mientras esto pasaba, yo lloraba y Bellatrix no dejaba de reír. – Y la furia asomó en sus palabras como pudo notar el atento vampiro.

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Estaba acurrucada sobre mi misma, ahogándome en mis propias lágrimas.

Bellatrix: ¡Crucio! – Esta vez fue mi padre quien sufrió la maldición y yo impotente miraba sin poder levantarme como me arrebataban a las personas más importantes de mi vida, mi padre cayó una vez más para, al igual que le había sucedido a mi madre poco antes, no levantarse nunca más.

Hermione: Muertos… -Susurré por lo bajo, oía como se vanagloriaban esos desgraciados y el rencor, la rabia y el deseo de que fuesen ellos los que estuviesen en el suelo me embargaron. –Muertos… - Sabía que ahora era mi turno. –Todos muertos…

Mortifago 1: ¡Crucio!

Hermione: ¡¡Ahh!! – Chillé, pero ya era incapaz de sentir el dolor, pues en mi cabeza solo había un pensamiento. – (Estoy sola, nadie vendrá a salvarme si no lo hago yo.)

Mortifago 4: Jajajajaja

Mortifago 2: ¡Mirad como se retuerce la rata!

Bellatrix: Sí, parece que solo hay dos cosas que los sangre sucia saben hacer bien. – Se puso delante de mí apuntándome con su varita mientras se reía, esperando darme el golpe de gracia…

Voz: (¿Quieres morir aquí, que ella acabe contigo?)

Bellatrix: Retorcerse…

Hermione: (No, no moriré.) (No sin antes haberla matado a ella.)

Bellatrix: Y chillar, jajajaja.

Voz: (Te ayudaré pues, pero a cambio tendrás que hacerme un favor…)

Hermione: (¿Cuál?)

Bellatrix: ¡Avada Kedavra!

Hermione: (Acepto.)

Pero la maldición jamás llegó a su destino, pues antes de que acabara de pronunciarla una llamarada de fuego surgió de la mano de Hermione hacia la mortifaga, que aprovechando el desconcierto de los presentes, se levantó corriendo, juntando las pocas fuerzas que le quedaban, y le arrebató su varita a Bellatrix para intentar salvarse.

Mortifago 3: ¡Crucio!

Hermione: ¡Cave Inimicum! –Dijo creando así un escudo para protegerse al tiempo que cogía una de las figuritas del recibidor. -¡Portus!

Mortifago 5: ¡Sectumsempra! – Y no pudo evitar soltar su varita ante el dolor mientras notaba un tirón de su ombligo y desaparecía de allí.

FFB

Muy lejos de allí, un joven de cabellos rebeldes soñaba, no, esa no es la palabra correcta, pues en realidad estaba teniendo una pesadilla, un mal sueño que le llevaba a recordar la primera vez que odió, un odio puro y verdadero, que hacía que sus sentimientos contra Voldemort pareciesen mera actuación.

FB

Acababan de comenzar las vacaciones de verano, y él ya no era él mismo. Había perdido lo más importante en el mundo, a la persona que era su única familia, a Sirius Black.

Poco le importaba ya el resto del mundo, que se salvasen ellos solos, porque Harry Potter había sido corrompido por el deseo de venganza y lo único que deseaba era matar. Matar a esa alimaña que se hacía llamar Lord, pero sobre todo a los gusanos que seguían sus órdenes.

Y allí estaba él, hundido en sus oscuros pensamientos fuera de la Madriguera, donde otros habían decidido que debía pasar el verano para "sobreponerse" de su pena. Ilusos…

Sin embargo, si lo que querían era que descansara y olvidara se habían confundido de lugar, pues estaban en guerra, y un grupo de mortifagos habían ido a atacar la Madriguera. Al fin podría saciar sus ansias.

Había unos cuantos miembros de la Orden combatiendo contra ellos cuando dos de los integrantes del "Trío de Oro" se unieron a la batalla.

Harry: ¡Depulso!

Mortifago: ¡Expelliarmus!

Estaba luchando contra una mortifaga que lo estaba poniendo en aprietos, pero había algo que lo inquietaba terriblemente.

Harry: (Hay algo en ella que me resulta familiar, su forma de moverse, de luchar) – Esquivó uno de sus hechizos al tiempo que mandaba otro, pero creó un escudo para protegerse. (Si al menos pudiera verla, pero esa maldita capa y la máscara la tapan casi por completo, lo único que puedo ver son unos mechones castaños iguales a los de… eso es imposible.)

Siguió luchando hasta que los dos estaban a punto de caer rendidos, un último ataque y la cosa acabaría, para bien o para mal. Ella movió primero.

Mortifago: ¡Avada kedavra! – No había escudo capaz de frenar esa maldición, y los demás estaban ocupados, cada uno en su combate, hizo lo único que podía, se tiró a un lado rodando y se levantó lo más deprisa posible.

Quizás fue el rencor que tenía acumulado, tal vez el que hubiera estado a punto de matarlo o el hecho de que nadie es completamente bueno lo que le llevó a usar un hechizó de magia negra que cargó con todo su odio.

Harry: ¡Sectumsempra! – No corrió la misma suerte que él y el hechizo le dio de lleno, calló unos metros atrás mientras se habrían los cortes en su piel y la máscara cayó al suelo, dejándole ver por unos segundos unos ojos marrones como el chocolate. – Imposible… - Iba a acercarse para comprobar que estaba equivocado cuando los mortifagos que estaban en desventaja por la llegada de aurores al lugar, comenzaron a retirarse. Otra figura encapuchada ayudo a levantarse a la joven y desaparecieron.

Y allí, donde los había visto por última vez recogió del suelo dos cosas, la máscara de mortifago y una varita.

Harry: Hermione… - Dijo al tiempo que apretaba la vara de madera en su mano hasta casi llegar a quebrarla.

Estaba sangrando, el hechizo me había dado de lleno y cortes profundos surcaban mi piel que estaba más pálida de lo normal, además no tenia mi varita para intentar hacerme una cura rápida que Remus me había enseñado hacía poco, estaba sin fuerzas, por lo que el traslador en vez de dejarme en la Madriguera me había dejado en el bosque de alrededor.

Usé mi único brazo más o menos bueno para presionar la herida que tenía en el abdomen, parecía la más profunda y por la que me estaba desangrando lentamente, empecé a caminar y pronto noté como un frío mortecino se iba apoderando de mí.

Hermione: ¡AHH! Pero que demonios. – Había tropezado con algo y ahora observaba ese objeto entre mis manos, una capa negra, sabía muy bien lo que eso significaba, pero o me la ponía o lo más probable era que muriese de frío, así que me la puse sin usar la capucha, aquello habría sido más de lo que habría podido soportar, y seguí caminando intentando pensar en otra cosa que no fuera el dolor de mi cuerpo.

Hermione: No pienses en lo que llevas puesto, no pienses en lo que llevas puesto, no pienses… Pero…

Me quedé estática, había conseguido salir del bosque y frente a mi había una estampa no muy encantadora, cuerpos tirados por todas partes, algunos con capas como la que yo llevaba ahora mismo, mortifagos, y el resto, que eran menos, aurores.

Corrí, no sé de donde saqué las fuerzas pero lo hice, preocupada por que allí, en medio de esa masacre hubiera alguien importante para mí, ahora que había perdido a mi familia no quería perder lo único que me quedaba, mis amigos.

Pronto encontré a Harry, parado en medio del campo mirando una varita fijamente y con rabia, sin pensarlo dos veces corrí hacia él y lo abracé.

Hermione: Harry, menos mal que estas bien, qué ha pasado, cuándo os han atacado. – Algo no andaba bien, y lo comprobé cuando Harry se separó de mi abrazo y me miro de una forma en la que jamás me había mirado. Con odio.

Harry: Es curioso que seas tu quien lo preguntes no crees, "amiga". Llevas un atuendo muy apropiado para tu nueva condición. –Dijo mirando con asco la capa que me cubría.

Hermione: Lo encontré en el bosque, estoy herida y necesitaba algo para…

Harry: ¡Basta! –en estos momentos todos los supervivientes se habían reunido ya a nuestro alrededor y contemplaban la escena. –Estoy arto de tus mentiras asquerosa mortifaga, que pasó, ya no podías soportar ser una inmunda sangre sucia y decidiste unirte a esa bazofia, ¡traidora! Primero Sirius y ahora tú… Ya puedes felicitar a tu Lord, inmunda, si lo que quería era hacerme daño lo ha conseguido, lo has conseguido…

Hermione: ¡Cómo puedes decirme eso, sabes que yo jamás te haría…!

Harry: ¡Cállate! – Dijo al tiempo que me apuntaba con su varita.

¿: ¡No te atrevas a amenazarla, Potter, o te las veras conmigo!- Dijo el joven interponiéndose en medio y sacando también su varita.

Hermione: Draco…

Harry: Malfoy… - Lo miró con rencor un segundo para volver a posar sus ojos en mi, y en ese instante deseé haber muerto junto a mis padres. – Típico, después de todo los mortifagos se defienden entre si, no Granger.

Draco: ¡Pero que demonios estás diciendo Potter, no te atrevas a decir eso jamás! ¡¿Y se supone que tú eres su amigo?! ¡Ja! Pareces todo lo contrario.

Harry: Yo también creía eso, no es esta tu varita. – Dijo tirándo la varita que estaba observando antes al suelo. –No es esa la misma con la que has intentado matarme hace un rato, la conozco muy bien. Y no son los efectos de mi hechizo lo que intentas ocultar tras la capa, ¡mortifaga! – Escupió con sorna.

Draco: Basta, no te permito que…

Hermione: Draco, vete, déjalo.

Draco: Pero…

Hermione: Déjalo. Estoy cansada… - Sabía que él intentaría defenderme ante todo y ante todos, pues esa era la promesa que nos habíamos hecho tiempo a tras, pero no podía más, casi no podía mantenerme en pie, acababa de perder a mi familia y ahora me daba cuenta de que todos los "estaremos contigo Herms" que me habían dicho durante estos años no eran más que palabras carentes de valor, al mínimo indicio dudaban de mi, ya no tenía nada por lo que luchar, pues me habían fallado. –Vete. –Y lo hizo, desapareció aunque no quisiera hacerlo, pues sabía que por el hecho de ser un Malfoy podía crearme más problemas.

FFB

Hermione: Me detuvieron, tenían pruebas suficientes, una varita igual a la mía, tenía los efectos del sectumsempra de Harry en mi piel… me acusaron de traición, de ser una mortifaga a pesar de no estar marcada, a pesar de haber luchado contra él todos estos años. Incluso me acusaron de haber matado a mis propios padres cuando los encontraron… Y la pena que me impusieron fue la muerte en Azkaban.

Orión: Pero, podrían haber probado tu inocencia, con unos cuantos hechizos hubiera bastado, entonces por qué…

Hermione: No les convenía probar que era inocente. – Dijo levantándose de golpe y comenzando a pasear como león enjaulado por la celda. -Para Fudge el que yo hubiera sido acusada de ser una mortifaga fue como si le hubiera tocado la lotería, se atribuyó el lujo de haber descubierto un supuesto plan diabólico que yo estaba llevando a cabo, de haber desenmascarado a una impostora dentro del círculo de Dumbledore…

Hermione: Sin embargo, lo que más me dolió fue lo que hicieron mis propios amigos, esas personas que yo creí que me apoyarían creyeron en la palabra de Harry, e incluso le dieron más credibilidad a su historia ante el juez.

Ron, Ginny, McGonagall, Dumbledore, todos le apoyaron y echaron más leña al fuego. Solo una persona habló a mi favor, pero fue inútil, ya que el testimonio de Harry pesaba más que cualquier prueba, después de todo, supuestamente el representaba la lucha contra Voldemort, y ahora estaba en mi contra.

Orión: ¿Quién fue? ¿El chico Malfoy? –Preguntó el vampiro con curiosidad.

Hermione: No, Draco no apareció en el juicio. Fue Remus Lupin, al parecer era el único que me conocía de verdad, el único que aún considero una persona de valor…

Orión: Joder… -Dijo al tiempo que pasaba una mano por su cabeza haciendo que los negros cabellos se apartaran de su frente. -Pero, ¿por qué sigues aquí?

Orión: Quiero decir que eres inocente, por que no escapas, tienes el poder suficiente para salir de este agujero y tienes a los dementores, por qué continúas aquí…

Hermione: Creo que ya te contesté a eso hace un tiempo, pero es una buena pregunta. Yo también me la hice hace tiempo, y decidí que no había nadie esperando ahí fuera por mi. Para todos soy una traidora, una mortifaga, -escupió con sorna- y nada de lo que haga cambiará eso.

Orión: Lábrate una nueva vida, que más da si te traicionaron, solo te demostraron que en realidad no te querían, no los necesitas para vivir. – Paró al darse cuenta de que ella le miraba con una sonrisa en los labios, una verdadera, no como las muecas que le había visto hacer anteriormente. -¿Qué pasa?

Hermione: Sabes, agradezco lo que intentas hacer y me agrada mucho que estés conmigo, pero nada de lo que digas o hagas podrá hacerme cambiar de parecer. – La miró a los ojos, esos que le llamaron la atención en un principio, y en ellos encontró la agonía mas lacerante que jamás hubiera visto. -¿Conoces algo sobre Hogwarts?

Orión: Poca cosa, ¿por qué?

Hermione: Cuando entras en el primer curso te seleccionan según unas características. Hufflepuff, lealtad, Ravenclaw, sabiduría, Slytherin, astucia y Gryffindor, valor. Yo era una gryffindor, pero ahora ya no lo sería.

Orión: Y qué tiene que ver eso, no lo entiendo.

Hermione: Ya no quiero salvarme, perdí el valor hace mucho, me lo arrancaron poco a poco junto al corazón.

Se quedó callado, no sabía que decirle pues lo había dejado sin habla.

Hermione: Deberías irte, ya es tarde… aunque espero que vengas pronto a visitarme de nuevo.

Caminaron hacia la puerta de la celda, ya se iba a dar la vuelta cuando escuchó su voz.

Orión: Dices que has perdido el valor, pero me enfrentaste cuando otros no pudieron y continuas noche tras noche aquí enfrentándote a todo para seguir viva, desde luego algo de coraje te queda, Gryffindor. – Y pudo ver como en el rostro de la muchacha asomaba una sonrisa triste. – Sólo quiero que sepas que no estas sola, ya no. Y si en algún momento me necesitas no tienes más que llamarme, recuerda que mi mente es tu mente. –Dijo señalando con uno de sus dedos su propia cabeza.

Hermione: Hasta el ultimo de mis días…

Orión: Hasta el último de nuestros días…

Y se marchó.

En un sitio no muy lejano, tres siluetas caminaban en medio de la noche hacia el Ministerio, dos de ellas cargando el tercer cuerpo que estaba inmóvil, quizás desmayado y cuyo rostro no podía observarse a la luz de la luna debido a la capa negra que lo cubría.

¿: Ya casi estamos Lunático, será mejor que me vuelva al cuartel antes de que alguien me descubra.

Remus: Esta bien, luego nos vemos. –Dijo mirando el edificio de enfrente cuando una mano se apoyó en su hombro.

¿: Suerte, se lo importante que ella era para ti, y a mi me salvó la vida dos veces así que mas vale que consigas que todo el mundo mágico se entere de esto.

Remus: Gracias… - Dijo mientras veía la silueta de un perro negro corriendo en dirección contraria. Echó un vistazo al encapuchado que llevaba desmayado, contemplando los cabellos castaños que sobresalían de la capucha y volvió a ponerse en marcha.

Su amistad con Hermione fue mucho más profunda de lo que todos pensaban, aunque solo dos personas más sabían esto, Draco Malfoy y el perro negro que había vuelto a casa.

Encontró en esa niña a la persona que lo apoyó en sus peores momentos, la que le comprendió, la que compartía sus mismos intereses, la que no reveló su secreto, y ahora él le devolvería el favor aunque ya fuera demasiado tarde.

En la mansión, Draco Malfoy sonreía mientras limpiaba sus heridas y recordaba.

El día del juicio estaba inconsciente debido a una de las tantas palizas de su padre, y cuando despertó se sintió impotente al saber que ella había sido condenada a muerte y no había podido hacer nada por evitarlo. Ni siquiera pudo estar allí para apoyarla en ese momento.

Pero algo había cambiado, pues a pesar del dolor de sus heridas, sonreía, porque hoy al fin había cumplido la promesa que hizo frente a su tumba y la de sus padres, habían llevado a cabo el plan trazado y este había sido un éxito.

Sonreía, a pesar de que pronto dejaría morir su corazón para servir a Voldemort, pues este se había cansado del inepto de su padre y pronto se desharía de él para llamarlo a ocupar su lugar, a pesar de que dejaría de ser libre para siempre, sonreía, pues al fin había vengado le memoria de Hermione y ni su padre, ni Voldemort, ni el mundo, podrían quitarle la satisfacción de haber hecho lo correcto.

Continuara…