Capítulo 4: Fénix, renaciendo de las cenizas.

Sentado en uno de los sofás del cuarto, sujetándose la cabeza con las manos en actitud de desconcierto, intentando meditar pues estaba tan nervioso que no podía pensar claramente. Desde su posición podía ver su camisa, aún cubierta de escarlata que le impedía olvidar el por qué estaba allí. El problema era más difícil de solucionar de lo que podría haber esperado, él tenía la respuesta del mismo, pero no estaba seguro de querer acabar con todo, no quería volver a equivocarse…

Las puertas de la sala se abrieron de par en par, pero no se inmutó. Solo giró levemente la cabeza hacia las mismas para ver como un hombre rubio de ojos verdes y palidez destacable se acercaba hasta él.

¿: Orión… - Musitó el hombre que se había quedado de pie a tan solo unos metro de él, buscando su mirada perdida.

Orión: Alex, ¿Qué haces aquí?

Alex: Llevas mucho tiempo encerrado aquí, se ha causado mucho revuelo allá abajo desde que volviste, nunca habías traído aquí a ninguna de tus presas. ¿Qué ha pasado?

Orión: No es una presa… No lo es… - Y volvió a enterrar el rostro entre sus manos.

Alex: Pues tampoco es una de los nuestros. – Dijo poniéndose en cuclillas frente a él de forma que podía ver su cara. – Qué el lo que ha pasado, me estas preocupando, hermano, la última vez que te vi así fue cuando lo de Lilith y…

Orión: No hables de ella.

Alex: Lo siento, ¿qué pasa? Dímelo, de vez en cuando no viene mal desahogarse con alguien. Dímelo. –Y vio como el vampiro dejaba de mirar el suelo y empezó a recordar.

FB

La puerta de abrió de golpe, levanté la vista del bulto que cargaba tapado con mi capa para intentar darle un poco de calor, aunque con cada gota de sangre que empapaba mi camisa eso resultaba más inútil.

Busqué desesperado entre los muchos rostros que me miraban con curiosidad sin dar con el que necesitaba.

Orión: ¡Vidente! – Grité, y al no responder nadie me dirigí deprisa hacia las escaleras para enfilar un estrecho pasillo del segundo piso en el que, al final del mismo, abrí otra puerta.

Orión: ¡Vidente! – Volví a llamar, y por uno de las puertas que había en la sala apareció una mujer completamente vestida de blanco.

Me miró durante unos segundos que parecieron eternos para darse la vuelta y coger una palangana llena de agua de una de las mesas.

Vidente: Déjala allí. –Dijo señalando una cama pequeña que había a mi derecha mientras se acercaba a nosotros.

Me alejé un poco aun sin quererlo para que pudiera hacer su trabajo, vi como limpiaba la sangre que manaba por sus heridas, dejando a la vista un cuerpo maltratado y lleno de golpes que hizo que me diera la vuelta, yo, uno de los mayores predadores de la historia, me di la vuelta para evitar ver su sufrimiento.

El tiempo pasó, no rápido, pero pasó y me volteé al sentir una mano sobre mi hombro. Giré y contemplé sus ojos grises en busca de las respuestas que no estaba seguro de querer saber, pero me topé con la barrera de hielo que era su mirada, tan llena de sabiduría como de brutalidad.

Levanté la vista por encima de ella mirando ahora el cuerpo que yacía en la cama, tan quieta que parecía muerta, y quizás lo estuviera.

Orión: ¿Esta…? – Pero fui incapaz de terminar la pregunta, aunque ella me respondió.

Vidente: Está viva, pero no por mucho más tiempo. He podido hacer que sus heridas dejen de sangrar, pero no he podido cerrarlas. Me temo que su situación es demasiado complicada incluso para mí.

Orión: ¿Qué es lo que tiene? Yo tampoco pude cerrarlas, ni siquiera dejaron de sangrar. –Dijo volviendo a mirarla.

Vidente: Esta enferma, pero no es algo común y corriente, la enfermedad está en su interior. Los cortes y heridas que tiene por todo el cuerpo son heridas ya cicatrizadas que se están abriendo, de hecho creo que algunas podrían tener incluso varios años. – Y sabiendo que tenía toda la atención del vampiro continuó. -Su esencia ha sido corrompida, y solo hay una cosa que pueda salvar su vida. – Hizo un silencio para que el inmortal fuera atando cables.

Orión: Tener otra esencia en su interior… - Dijo mientras sentía como viejos fantasmas lo acosaban.

Vidente: Exacto. Para cualquier vampiro que se precie, el acto de convertir a un humano en uno de los suyos, en parte de él, de su propia esencia, es un acto muy íntimo que debe ser planeado con sumo cuidado y mucho tiempo. – Hizo una pequeña pausa, pues no sabía como iba a reaccionar el otro. -Si te estoy diciendo esto es porque nunca habías traído a ningún humano ante mi, por lo que supongo que ella es importante para ti.

Orión: ¿No hay ninguna otra opción?

Vidente: No. No tienes mucho tiempo para tomar la decisión adecuada, pero debes pensar muy bien lo que harás. Y sobre todo, si no estás seguro, es mejor que la dejes morir, pues nadie se merece la existencia que tendrá si luego te arrepientes.

Sal de aquí y piensa detenidamente lo que harás. –Dijo dándose la vuelta para acercarse a la muchacha. - Yo intentaré que siga con vida hasta que tomes tu decisión.

FFB

Se habían levantado los dos y mientras uno continuaba con el mismo semblante y las mismas dudas el otro sonreía, pues en esta decisión veía la solución a muchos problemas.

Alex: Hazlo, sálvala. Ya es hora de que tengas una compañera.

Orión: No será mi compañera.

Alex: Por qué no, sabes que no debes continuar solo. Si no lo haces por ti, hazlo aunque sea por el clan, puesto que parece importarte más que tú mismo.

Orión: No lo será. Ni siquiera sé si debo salvarla. ¡No quiero volver a equivocarme otra vez!

Alex: ¡Ya basta con eso, afronta los hechos de una vez! ¡Lilith está muerta y nada de lo que hagas o dejes de hacer le devolverá la vida!

Orión: ¡Te dije que no hables de ella! – Y el rubio se vio atrapado entre la pared y la mano de Orión que como una garra le apretaba el cuello haciéndole difícil respirar.

Alex: ¡Deja de culparte, tú no la mataste!

Orión: ¡Yo le di la vida, yo la maté! ¡No quiero hablar de esto, no olvides cual es tú lugar "hermano"! – Y le soltó el cuello, pero sus ojos seguían teñidos de rojo.

Alex: Lo siento. – Dijo mientras se tocaba las marcas rojizas que le habían quedado. – Se que resulta doloroso para ti, pero también lo es para nosotros, después de todo parece que nuestro destino es estar a tu lado, pero nunca junto a ti, viendo como el tiempo y la pena te van destruyendo poco a poco sin que podamos hacer nada por evitarlo. Supongo que muchos nos alegramos cuando entraste, pues pensamos que al fin habías dejado atrás tus fantasmas…

Orión: Yo también lo siento. – dijo ahora con sus ojos ya de color dorado. – Perdí el control, no debería haberte tratado así. Después de todo siempre has estado junto a mí. – Habló mirando al otro vampiro. – Y te lo agradezco, aunque no suela demostrarlo.

Alex: ¿Quieres contarme quién es? ¿Por qué la has traído si no estas seguro de unirla a nosotros?

Orión: La mordí. – Dijo sentándose de nuevo en el sofá, aunque sin esconder su rostro esta vez.

Alex: Eso no es una respuesta. – Respondió el otro ligeramente contrariado. -Si lo que hiciste fue alimentarte de ella deberías haberla matado, no traerla aquí para que la curen.

Orión: La mordí hace un tiempo, y no fui capaz de acabar con ella.

Alex: ¿Por qué?

Orión: Simplemente no pude, ahora ella es mi responsabilidad. Además, no es una humana corriente.

Alex: Está bien. – Dijo mientras se sentaba en uno de los sofás frente a él. – Esto parece ir para largo, pero cuéntamelo.

Lo observo durante unos segundos y al ver la determinación del otro comenzó con su relato.

Orión: Fue antes de que volvierais de Letonia, había estado de mal humor esos días y no quería pasar el resto de la noche acechando a algún desgraciado, no tenía ganas, así que escogí la opción fácil. Una visita a Azkaban…

__________________________________________________________________________________________________________________________________

Soltó un gemido de dolor apenas audible, sentía como las pulsaciones en su cabeza amenazaban con taladrarle la cabeza, intentó apoyar su mano contra la frente, para intentar mitigar el dolor, pero fue incapaz de moverse un solo centímetro. Vio como una silueta vestida de blanco se acercaba a ella, pero no intentó levantarse. No serviría para nada en su situación. Estaba a su lado pero le resultó imposible enfocar la vista correctamente para intentar saber quién era.

El sabor a sangre en su garganta hizo que tuviera que probar varías veces antes de poder formular una simple pregunta.

Hermione: ¿Dónde estoy? – Susurró.

Vidente: Estás a salvo, por el momento.

Hermione: ¿Quién eres y qué es lo que quieres de mi?

Vidente: No te preocupes, mi interés por ti no pasa de simple curiosidad. Soy Selene, la vidente del clan, una especie de guía, si así te aclaras mejor. Orión te trajo hace unas horas.

Hermione: Me duele la cabeza…

Selene: Es natural. – Dijo mientras se alejaba para volver hacia ella con un frasco cuyo contenido bebió con esfuerzo. – Esto calmará un poco el dolor, aunque en tu estado no hay nada que sea completamente eficaz. – Hizo una pausa para mirarla. – Eres extraña humana. Deberías haber muerto hace tiempo, pero te aferras a la vida. ¿Por qué? ¿Qué es lo que te impide marcharte?

Se tomó un tiempo antes de responder, tanto para descansar su fatigado cuerpo como para pensar bien sus palabras.

Hermione: No lo se. La verdad es que hace tiempo que dejé de apreciar la vida, pero me niego a aceptar mi muerte. Supongo que hay una parte de mí, que creía olvidada, que me dice que aún me quedan cosas por hacer para poder partir sin arrepentirme de nada…

La miró, y vio en ella la fuerza de la que hablaba y pensó que quizás fuera esa fuerza la que ellos necesitaran para volver a ser lo que antaño fueron.

Hermione: No tardaré mucho en morir, verdad.

Selene: Si todo sigue su curso normal, no querida. Aunque sería una lástima, podrías ser muy poderosa.

El dolor volvió a surcar su cuerpo mientras la inconsciencia la iba reclamando poco a poco.

Selene: Descansa, pronto acabará todo… o empezará de nuevo. – Dijo mirando a la joven que estaba ahora inconsciente sobre la cama.

________________________________________________________________________________________________________________________________

Alex: Así que eso es lo que pasó. – Dijo el rubio mientras veía como el otro se paseaba de lado a lado de la sala.

Orión: No puedo matarla, hay algo que me empuja a querer protegerla. ¡Es la primera humana que me cae bien en siglos! ¡Siglos! Pero temo que esto sea demasiado.

Se paró de golpe mirando al rubio, suplicándole una solución con la mirada.

Alex: Esto es más simple de lo que parece, hermano. No te has dado cuenta aún, pero desde que entraste por la puerta con ella en brazos la decisión ya estaba tomada.

Orión: ¿Cómo?

Alex: Esa humana es importante para ti, tú mismo lo has dicho. La primera en siglos que es capaz de hacerte frente, de mirarte sin temor en sus pupilas. La primera que no debe temer por su vida estando contigo. Ya hay un fantasma rondando tus sueños noche tras noche sin darte descanso. ¿Dejarás que el suyo también te atormente? Piénsalo, pero no tardes mucho, el tiempo corre en su contra y la perderás a ella también. -Y sin más salió de la sala.

Quizás no midió la fuerza de sus palabras, ni intentó suavizar la verdad al decírsela a la cara, pero era eso lo que Orión necesitaba en ese momento y él lo sabía.

__________________________________________________________________________________________________________________________________

Despertó envuelta en la oscuridad. Estaba confundida y la sensación de mareo persistía en su cabeza.

Poco a poco fue poniendo sus ideas en orden y se levantó de la cama en la que estaba acostada.

Había algo raro en ella, pues sabía que era de noche, sin embargo la nitidez de los colores que apreciaba en la habitación la sorprendía. Dio dos pequeños saltos y comprobó que sentía su cuerpo más ligero de lo que recordaba, lo cual no era un alivio precisamente, pues lo último que recordaba era estar moribunda en una camilla acompañada de una extraña. Así que la única explicación que encontró es que había muerto, algo que quizás no se alejaba mucho de la realidad.

Caminó inspeccionando el cuarto y una copa de cristal situada en una de las mesillas de la cama llamó su atención. Su olfato la llevó a acercarse para contemplar los restos del líquido rojo que había en ella y que olía exquisitamente bien.

La cogió, pero apenas la había levantado unos centímetro cuando el vidrio se rompió quedando algunos trozos enterrados en su piel, creando caminos serpenteantes de color carmesí. Se quedó quieta, hipnotizada por el fluir de su propia sangre que había comenzado a caer en el suelo, pero al cabo de unos instantes salió de su trancé y se asustó, pues comprendió que no tenía control sobre su propio cuerpo.

Corrió hacía la única puerta de la habitación para salir de donde quiera que estuviese lo más rápido posible, pero por más que giraba la perilla para intentar abrirla esta no cedía. Estaba encerrada.

Se arrancó un trozo de la túnica que llevaba puesta para vendarse la herida de la mano, pero cuando limpió la sangre que tenía en esta descubrió que no tenía herida alguna, y sintió como la histeria comenzada a embargarla. Miró por las ventanas, pero la altura era demasiada como para escapar por allí.

Se detuvo a solo unos metros del espejo que había en la sala, contemplando la imagen de una desconocida en la que podía reconocerse ella misma.

Parecía haber crecido un par de años de golpe, fue lo que pensó mientras se acercaba hasta tocar su reflejo. Además su cabello castaño se había oscurecido un poco y caía rizado más largo de lo que recordaba haberlo tenido nunca, un poco por debajo de las caderas, y sus ojos, antaño almendrados, ahora se parecían más a los de su forma animaga, dorados…

Pero no tuvo tiempo para fijarse en qué otros cambios había sufrido, pues una voz aterradora, que murmuraba cosas que ella era incapaz de comprender, le heló la sangre.

Se dio la vuelta lentamente, y se vio rodeada de pequeñas luces blancas alargadas, espectros sin forma que murmuraban y murmuraban mientras ella estaba cada vez más aterrada.

Uno de los espectros se lanzó contra ella.

Hermione: ¡Cave Inimicum! – Creó un escudo protector que expulsó al espectro hacia atrás, pero ella también fue expulsada, golpeándose contra uno de los mubles de la sala. Tampoco tenía control sobre su magia.

Así que hizo lo que cualquiera haría estando rodeada de fantasmas con no muy buenas intenciones. Gritó.

__________________________________________________________________________________________________________________________________

Corría por las escaleras, atravesando los pasillos que a esas horas estaban siempre vacíos, atento a cualquier cosa fuera de lugar, pero sin desviarse de su principal objetivo. Llegó frente a la puerta que quería, y olvidando la llave que guardaba en uno de sus bolsillos, la abrió de una patada y entró.

Observó a los espectros que revoloteaban por toda la habitación mientras le dedicaban miradas de puro odio, odio que también reflejaban sus propias pupilas, quizás recordando sucesos de muchos años atrás.

Un sollozo fue lo que hizo que volviera a la realidad, fijándose en la pequeña figura que acurrucada en una esquina intentaba ocultar su rostro entre sus rodillas, mientras los espectros danzaban a su alrededor helando su alma con sus voces.

Orión: Hermione. – Dijo mientras se agachaba junto a ella y ponía su mano en uno de los hombros de la joven, sintiendo inmediatamente como esta se tensaba ante el contacto. – Hermione, mírame. Soy Orión, me oyes, estoy contigo.

Ella levantó la cabeza y el corazón que hubiera jurado no poseer hasta hace unos meses se apretujó en su pecho al ver como las lágrimas surcaban las mejillas de la muchacha.

Hermione: ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? ¡Haz que paren! – Dijo mientras se agarraba a su camisa. -¡Haz que paren!

Orión: Tranquila. – Susurró en su oído intentando apaciguarla. – La Muerte se está vengando por haber escapado a sus manos. Ellos no pueden hacerte daño, no los escuches y desaparecerán. Pronto acabará, pequeña. – Dijo mientras le acariciaba el cabello.

Hizo lo que le decía y poco a poco los murmullos que la habían estado atormentando desaparecieron dejando solo un anhelado silencio tras de si.

Se levantó poco a poco del suelo mientras la levantaba también a ella sin romper su contacto a pesar de que la respiración de la chica ya era casi normal, cuando estuvieron completamente de pie se separó de ella un poco, mientras sentía su mirada puesta en él, analizando todos sus movimientos.

Dejó de analizarlo y miró a su alrededor asegurándose de que todos los fantasmas habían desaparecido. Se acercó al espejo y volvió a mirarse con cientos de preguntas en su cabeza que empezaba a contestarse ella misma.

Hermione: No estoy muerta…

Orión: No, no lo estas. –Dijo mientras se acercaba quedando tras su espalda.

Hermione: Pero debería estarlo… - Dijo mirando el reflejo en el que ahora aparecían los dos, fijándose esta vez en lo que no aparecía en la imagen, pero que debería estar allí.

Orión: No pude dejarte ir. No quería, así que te salvé de la única forma en la que me era posible hacerlo.

Dos lágrimas surcaron sus mejillas aún húmedas mientras retiraba el pelo hacía atrás dejando que se reflejase en el espejo su cuello en el que dos pequeñas marcas estaban presentes, las únicas que continuaban en su piel, pues de sus otras heridas y cicatrices no había rastro alguno.

Hermione: No quería morir, pero vivir una eternidad... – El pecho se le estrujó ante el sentimiento de congoja. -(Una eternidad en soledad…)

Sus brazos recorrieron su abdomen atrayéndola hacia él, intentando reconfortarla, mientras le pedía perdón en silencio.

Perdón que no sentía en realidad, pues no se arrepentía de lo que había hecho, no si la otra opción hubiese sido perderla para siempre.

Escuchó sus pensamientos como si fuesen los suyos propios. No iba a dejar que se hundiese en la soledad, pues bien sabía él que ese no era un lugar agradable, la sacaría de ese pozo en el que creía encontrarse aunque para ello él también tuviese que salir de allí.

La cuidaría y así se lo hizo saber.

Orión: No estarás sola, nunca permitiré que lo estés.

Y desde ese momento cumplió su promesa.

Continuará…