Antes de comenzar, quiero agradecer a todas aquellas personas que han leido mi historia y me han mandado un review, han colocado mi historia en alarma o en favoritos. La verdad es que, al ser mi primera historia, me encontraba un poco insegura y me angustiaba no saber lo que os parecía, así que entendereis la ilusión que me hizo el saber que alguien la seguía.
Pensamientos: (entre paréntesis)
Capitulo 5.- El clan, Sekhmet la vengadora.
Ser vampiro no era fácil.
Bien es cierto que la transformación había conllevado algunos incentivos. Rapidez, fuerza, reflejos, todo más evolucionado de lo que un humano corriente podría siquiera imaginar.
Otra de las cosas que también se había potenciado en ella era la sensualidad, una artimaña imprescindible en la caza, la cual era su mayor problema hasta el momento.
Solo una vez había salido a la caza de humanos, en su iniciación, pues Orión le dijo que era imprescindible que aprendiera a alimentarse por su cuenta, por si alguna vez tenía necesidad de ello. Pero las cosas no salieron tal cual el vampiro planeaba.
Este le enseñó lo que debía hacer, como ejercer el control sobre ellos, y ella fue incapaz de matar a su presa, pues ni siquiera sentir el llamado de la sangre le dio las fuerzas necesarias para acabar con su vida, como bien le dijo al moreno.
Desde aquel día Orión no le había insistido más, cada noche cuando volvía de caza traía consigo una botella del líquido carmesí que le ofrecía para alimentarse. Él no la obligaba a cazar y ella no preguntaba la procedencia de la sangre.
Se había creado entre ellos una relación de complicidad, mientras sus lazos se iban estrechando más y más.
La otra dificultad que había encontrado para adaptarse a su nueva vida también tenía su causa en el vampiro, pues si alguna vez pensó que este era un solitario, muy pronto se dio cuenta de su error. El moreno resultó ser el líder de uno de los clanes de vampiros más poderosos del momento, y ella era ahora su heredera.
¿Quien iba a decir que una sangre sucia acabaría perteneciendo a la realeza vampírica?
Y allí estaba, intentando tomar el control de las nuevas habilidades que aún no controlaba.
El sonido de las hojas de acero entrechocando retumbó por la sala de entrenamiento. Apenas tuvo tiempo para reponerse del último encontronazo cuando el rubio se lanzó de nuevo a la carga en una estocada que desvió con alguna dificultad, y es que Alex tenía un don con las espadas.
Siguieron luchando, juzgando la fuerza y la determinación del otro, hasta que en un repentino movimiento Hermione se vio obligada a crear un escudo mágico para defenderse. Este paró la estocada, pero la lanzó hacia atrás quedando tendida en el suelo y soltando su arma. Cuando quiso levantarse Alex ya tenía la hoja de su espada en su garganta.
Alex: Muerta.
Hermione: Maldita sea, por qué no me ha salido bien… - Dijo mientras la rabia crecía en ella.
Alex: Vamos, no te enfades, gatita.
Hermione: ¡Déjame en paz!
Alex: Valla, valla, una gatita con uñas. – Dijo guardando la espada en su funda y tendiéndole una mano para que se levantara.
Hermione: Alexander Braum… - Susurró su nombre completo, haciendo que lo recorriera un escalofrío. Esa era la señal de que corría peligro, pero cuando quiso darse cuenta Hermione ya le había agarrado la mano y ahora era él el que se encontraba en el suelo, mientras ella, de pie, se sacudía el polvo imaginario de sus ropas.
Alex: Desde luego, has encontrado a tu media naranja. – Dijo refiriéndose al moreno que sentado en un sofá contemplaba hasta hace unos momentos el combate. – tenéis el mismo carácter orgulloso…
Hermione y Orión: ¡Yo no soy orgullos! – Dijeron al mismo tiempo para luego mirarse respectivamente mientras Alex se desternillaba de risa en el suelo.
Hermione: ¿Por qué no puedo usar mi magia? – Preguntó con cierto tono de angustia.
Orión: Es natural que no puedas controlarla igual que antes. Ahora eres un vampiro, un ser mágico en su totalidad, por lo tanto el nivel de magia en tu cuerpo es mayor. Estas acostumbrada a emanar una cantidad de magia determinada para hacer hechizos, pero ahora la cantidad de magia que emanas es mayor de la que necesitas. Solo debes aprender a calcular el nivel necesario que necesitas consumir ahora para cada hechizo, hallar el equilibrio que tenías antes.
Orión: Ya te irás acostumbrando con la práctica. Aunque quizás debería comprarte una varita para que el proceso fuera más rápido.
Hermione: Te olvidas de que no puedo comprarme otra.
Orión: ¿Por qué no?
Hermione: ¡No puedo ir a la tienda de Olivianders! ¿Acaso ser una prófuga y estar "aparentemente" muerta no son razones suficientes para ti? – Dijo mientras alzaba una ceja escéptica.
Orión: Pues no. Iremos a otro vendedor, ese hombre no es el único fabricante de varitas del mundo, además te absolvieron de tus supuestos delitos, y… - Dijo con una sonrisa mientras le lanzaba un documento enrollado que ella se apresuró a leer. – estás viva.
Hermione: ¿Sekhmet Lefey? ¿Qué es esto? – Dijo señalando el documento como un sangre pura señalaría un microondas.
Orión: Digamos que a Alex y a mi no nos resultó muy difícil convencer al humano responsable para hacer aparecer unos papeles, papeles según los cuales ahora te llamas así y estás viva, por cierto. – Dirigió su vista entre los dos hombres que la miraban con complicidad para luego volver a fijarse en el documento, hasta que se dio cuenta de algo.
Hermione: ¿Lefey? ¿Qué se supone que somos? – Preguntó mirando contrariada al moreno.
Orión: Soy tu tutor.
Hermione: Menos mal… - Dijo dando un imperceptible suspiro de alivio.
Alex: ¿Preocupada por cometer incesto, gatita? – Dijo con tono de burla.
Hermione: Más preocupado deberías estar tú por que tus colmillos sigan en su sitio cuando acabe la noche… - Y un ligero rubor cubrió sus mejillas.
El moreno vio este gesto, mientras un agobio surgió en su pecho.
Orión: (Sus gestos son demasiado humanos. Cuando obtenemos esta vida, lo más parecido a la inmortalidad que existe, perdemos una parte de nuestra humanidad, pero ella sigue igual que siempre)
Y es que el que fuera tan humana le trastornaba, pues temía que en realidad fuese tan frágil como parecía, temía llegar un día y darse cuenta de que había muerto. Le asustaba que lo dejara solo, pues se había convertido en su pilar central desde que llegó a la casa.
Y con la preocupación surcando su rostro dejó de pretender prestar atención a como se peleaban los otros dos y salió de la sala.
Alex: ¿Y a este qué le pasa? – Dijo mirando la puerta por la que había salido el moreno hacía apenas unos segundos.
Hermione: ¡Alexander!
Alex: ¿Otra vez, gatita? – Dijo mientras cogía al vuelo la espada que esta le había lanzado.
Hermione: Esta vez besarás el suelo. –Y con una sonrisa más propia del moreno que suya, desenfundó su espada para lanzarse al combate una vez más.
Alex: Desde luego, no deberías pasar tanto tiempo con él, se te están pegando sus mañas. – Dijo poniéndose en guardia.
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Si buscásemos la palabra más adecuada para definir a un Malfoy, esta sería sin duda astuto. No por nada los Malfoy habían pertenecido desde siempre a la casa de la serpiente.
Pues, aunque mucha gente parecía haberlo olvidado, la característica principal de un Slytherin no era la maldad, sino la astucia.
Y ahora, era esta característica innata en cualquier Malfoy lo que estaba poniendo en peligro a uno de ellos, más concretamente a Lucius Malfoy.
Toda su vida había vivido con la firme convicción de que los sangre pura eran, sin duda, superiores a los sangre sucia, pero también a los mestizos. Y es aquí donde estaba el gran problema, pues en esta clasificación no se hacían excepciones, ni siquiera por el Lord Oscuro. Pues, quien sabe si por suerte o por desgracia, hacía un tiempo había obtenido un documento en el que se reflejaba que, la sangre de Aquel que no debe ser nombrado, no era tan limpia como todos creían.
Allí estaba el centro de la cuestión, pues un sangre pura no debía servir jamás a aquellos que estaban por debajo de él, y Lucius no estaba dispuesto a servir a un mestizo, por muy poderoso que este fuera o muy tentadoras que sus propuestas parecieran.
Él no estaba destinado a ser una mansa oveja a las órdenes del pastor, sino que era un lobo, un lobo que arrasaría con todo lo que tuviera por delante y tomaría el poder que, por nacimiento, debería ser suyo. Eso era lo que deseaba.
Quizás fue este pensamiento el que le llevó a cometer la locura que ahora lo tenía al borde de un ataque de nervios, pues había confabulado para acabar con el Lord, y estaba casi completamente seguro de que se plan su había filtrado hasta este por medio de una asquerosa rata con la que tendría que ajustar cuentas más tarde.
Se puso la máscara de mortifago, pues ya llevaba puesta la capa, y entró a una habitación donde al menos una veintena de hombres, también con el rostro tapado y túnicas negras, esperaban sus órdenes.
Lucius: Que la caza sea buena.
Y en un segundo, no había ni rastro de persona alguna.
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La gente chillaba a su alrededor, unos corrían intentando salvar su vida, mientras que otros buscaban desesperados a algún ser querido al que habían perdido de vista y que seguramente estaría ahora muerto.
Algunas casas ardían y los cuerpos inertes habían comenzado a apilarse en la carretera y en las aceras. No era la bienvenida que esperaban recibir.
El grupo, de poco más de diez personas, se dirigía corriendo, varita en mano, hacia donde mayor alboroto se escuchaba, en busca de los mortifagos.
Después de todo ese era el deber de la Orden del Fénix, acabar con esa maldita guerra que tantas vidas se había cobrado ya.
Justo cuando ambos grupos colisionaron la marca tenebrosa se vislumbró, ardiendo en el oscuro cielo.
Eran menos que sus enemigos y lo sabían, pero poco les importó.
¿: ¡Pero qué demonios está pasando! – Dijo un hombre de cabellos rojos como el fuego, concretamente el hijo mayor de los Weasley, Bill.
Y es que, a pesar de tener ventaja por el número, los mortifagos apenas les habían prestado atención cuando se lanzaron hacia ellos en busca de pelea, solo unos cuantos peleaban contra ellos, conteniéndolos, mientras los otros seguían arrasando el vecindario, entrando casa tras casa sin descanso.
¿: ¡Moody! ¿Dónde están los aurores? – Dijo una mujer de cabellos castaños y rostro severo mientras esquivaba una maldición y noqueaba a uno de los mortifagos que fue rápidamente sustituido por otro.
Moody: ¡No lo se! ¡Hace tiempo que tendrían que haber llegado, ya les dimos aviso!
Y pasados unos minutos aurores empezaron a aparecerse en la calle.
Tan pronto los vieron, los mortifagos que aún podían, se desaparecieron del lugar y tras ellos la Orden del Fénix desapareció también.
Habían llegado los refuerzos, pero demasiado tarde para evitar la matanza.
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¿: ¡Crucio! – Un grito siguió al nombre de la maldición hasta que su autor se dio por satisfecho con el sufrimiento del mortifago que, ya sin la máscara, se encontraba aún en el suelo.
¿: Escapó, Señor.
Voldemort: Te encargué una tarea muy simple Lucius… - Dijo mientras sus ojos destilaban maldad. – Solo tenías que encontrarlo y traerlo hasta mí, es que acaso no entendiste mis órdenes…
Lucius: No fue culpa mía, alguien debió avisarle de que íbamos a por él, o quizás el informador se confundió, quizás nos traicionó… - No pudo continuar pues otra maldición le había sido enviada.
Voldemort: No eres más que un inepto. – Hizo una pequeña pausa mientras acariciaba a su fiel serpiente. – Eres poderoso.
Lucius: ¿Cómo?
Voldemort: Los Malfoy tenéis mucho poder hoy en día, ¿no lo crees Lucius?
Lucius: Sí, mi señor, somos poderosos. – Dijo con la esperanza de salir de allí cuanto antes, pues ese demonio mestizo lo ponía nervioso.
Voldemort: Un hombre tan poderoso como tú no sabe conformarse con un segundo puesto, no te gustaría más estar ocupando este sillón, - Dijo mientras señalaba el sillón en el que él estaba sentado. – que allí en el suelo como un perro ante su amo…
Los ojos del rubio se abrieron tanto por la sorpresa y el temor como por la certeza de lo que a continuación ocurriría.
Voldemort: Yo lo sé todo. – Lo miró viendo una sonrisa sádica en su cara y alternando esta visión con la de la persona que estaba detrás del sillón en el que Voldemort estaba sentado. – No hay secretos para mí. ¡Crucio!
El mortifago calló al suelo, comenzando a nublarse su vista, observando a aquel que le había traicionado.
Voldemort: Quizás sea hora de cambiar de Malfoy, desde luego tu hijo no podrá servirme peor que tú. ¡Colagusano! –La figura que observaba se tensó.
Peter: Sí, señor.
Voldemort: Llévatelo a las celdas, luego iré a darle su merecido, y trae al informador de nuevo ante mi.
Peter: Como ordene, lord. –Dijo cogiendo al hombre que lo miraba con odio puro, pero no podía hacer nada para defenderse, las imperdonables del Lord oscuro eran sin duda un elemento a temer.
Y Voldemort abandonó la sala, pues nuevos planes comenzaban a emerger en su mente y todos tenían un mismo protagonista, Draco Malfoy.
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Estaba descansando, después de todo esa sesión de entrenamientos fue agotadora, las espadas solo habían sido el principio, luego le siguió el combate con dagas, el canto, la clase de control de animales mágicos, música y hechizos, sin duda merecía un descanso.
Pero había algo rondando su cabeza que no la dejaba disfrutar tranquilamente de su descanso, y sabía que esa inquietud no la dejaría en paz hasta obtener una respuesta a la duda que se había planteado, y tenía justamente junto a ella a la única persona capaz de resolverla, aquel que le había salvado la vida.
Hermione: Sekhmet Lefey. – Susurró lo bastante fuerte para que el vampiro lograra escucharla y apartara la vista del libro que estaba leyendo para fijarla en ella. - ¿Por qué Sekhmet? – Preguntó al moreno.
Orión: Necesitabas un apodo de cara a los demás clanes, es por seguridad más que nada. Además, no se si lo recuerdas pero hace un tiempo tuvimos una charla bastante interesante en Azkaban.
Hermione: (Cómo olvidarlo)
Orión: Me dijiste que en tu escuela habías ido a Gryffindor. Aseguraste carecer del valor de esta casa, pero para mí siempre fuiste valiente, más fuerte que una auténtica leona. ¿De qué otra forma sino podrías haberme enfrentado cuando nos conocimos? Eso me mostró tu valor, no cualquier ser humano se enfrentaría a un vampiro, pequeña. –Dijo mirándola directamente a los ojos, corroborando la verdad con ellos, aunque sabía que ella le creía ciegamente. - Ese fue uno de los motivos por los que pensé que ese era el nombre apropiado para ti, pero no solo fue por eso. Se que, aunque no lo demuestres, tu rencor contra aquellos que te lo arrebataron todo es grande. – Dijo al tiempo que acariciaba a su mascota, una cobra que estaba enroscada en su regazo. - Las costumbres de los vampiros son distintas a las de los humanos, cuando alguien daña a uno de nuestro clan, de nuestra familia, ese hecho no se olvida nunca, es por eso que, cuando llegue el momento, no evitaré que tomes venganza sobre aquello que consideres necesario, aunque la forma de llevarla a cabo no me parezca adecuado, no te lo impediré. Ese fue el otro motivo de que pensara que Sekhmet era el nombre adecuado para tu nueva vida, ahora para el resto del mundo eres la leona, la vengadora.
Le sonrió, pues sabía que él no daba cuentas de sus acciones a nadie, a nadie excepto a ella, por lo que supo el esfuerzo que tuvo que hacer para dale esa explicación. Su relación era distinta a la que tenían con los demás vampiros, pues creyó que nadie conocía sus ansias de venganza, no en vano ambos continuaban vivos por el otro. Pero aún le quedaban algunas dudas por resolver.
Hermione: ¿Y tú apellido? Podrías haberme inventado uno cualquiera en vez de ponerme el tuyo, podría ser peligroso.
Orión: Quizás, pero te abrirá muchas puertas entre los nuestros. – Dijo poniéndose serio de repente. – Los Lefey éramos una importante familia de magos de sangre pura, pero desaparecimos hace unos años de la comunidad mágica, con el inicio de la guerra. Esta aún no nos ha alcanzado, cosa que me sorprende, pero si nos vemos involucrados en esta maldita batalla sin fin, y me sucede algo, quiero asegurarme de que, aunque solo sea por tu apellido, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarte.
Estiró la mano en dirección a la serpiente y comenzó a acariciar su cabeza.
Hermione: ¿Cuál es tu apodo? – Dijo llamando a la serpiente y esta comenzó a enroscarse en su brazo hasta pasar a su regazo.
Orión: No creí que pudieras dominar mis poderes tan pronto. –Dijo con una sonrisa de orgullo.
Hermione: He estado practicando un poco, además, este en un poder que me entusiasma.
Orión: Pues, eso es un secreto. –Le guiño el ojo y la chica supo que no le sacaría nada en claro. – Solo puedo decirte que nuestros nombres tienen una relación estrecha.
La puerta se abrió y por ella entro un grupo de unas diez personas, y la cabeza del mismo iba un hombre de cabellos grisáceos y ojos ámbar que eran testigos de la locura de su portador.
Los ojos del hombre se entrechocaron con los de la muchacha, uno mirando con diversión, la otra con odio, pero al ver que Orión estaba a su lado, también observándolo, este apartó la mirada.
Orión: No deberías dejar que notasen que los odias, pequeña.
Hermione: Solo hay uno al que odio. – Dijo entre dientes, todavía sin apartar su mirada del hombre que iba a la cabeza. - ¿Por qué tiene que estar aquí?
Orión: Greyback pidió asilo, como bien te he dicho la guerra aún no nos ha alcanzado, pero debemos ser precavidos. Cuantos más seamos mejor.
Hermione: No creo que sea una gran garantía que él esté aquí si tenemos que enfrentarnos a Voldemort. – Se fijó en otra persona del grupo, una joven que debía tener solo unos cuantos años más que ella y que iba al final del grupo vestida con ropas de invierno. – (¿Quién es ella?)
Orión: (Es la rebelde del grupo, Vera. Greyback no es un líder muy amable, y todo aquel que lo desobedece sufre las consecuencias en su propia carne.) – Le informó mirando con cierta lastima al grupo entero, pero centrándose en la muchacha.
Hermione: ¿Por qué no los abandona si no desea estar con él?
Orión: Las relaciones entre los licántropos, al igual que las nuestras, no son tan simples como los humanos piensan. Son una manada, y como tal deben obedecer al líder, o de lo contrario serán apartados de esta, y un hombre lobo solo puede llegar a pasarlo muy mal.
Y bien sabía ella que lo que Orión le decía era cierto, pues aún recordaba el sufrimiento de su antiguo profesor de Defensa contra las artes oscuras, de su amigo, Remus Lupin. Como él le contaba, en las charlas que solían tener cuando los demás dormían, acerca de cómo había sido su situación mientras estuvo con los Merodeadores, y cómo había sufrido en sus transformaciones cuando estos desaparecieron, cuando su manada lo dejó solo.
Hermione: Greyback no es de fiar. – Dijo volviéndose hacia Orión, pues el grupo ya había abandonado la sala en la que se encontraban.
Orión: Lo sé, pero no podemos rechazarlo mientras no haga nada en nuestra contra.
Un silencio un tanto tenso siguió a las palabras dichas por el vampiro.
Orión: Aún no te he dado ningún regalo por tu cumpleaños, después de todo alcanzar la mayoría de edad se merece algo especial.
Hermione: Estoy segura de que cualquier cosa me gustará, pero si no quieres matarte mucho la cabeza con un libro bastaría.
Él la miró contrariado.
Orión: ¿Por qué iba a regalarte un libro cuando tienes a tu disposición nuestra biblioteca?
Y es que ella pensaba que no había biblioteca mayor que la de Hogwarts, por lo que cuando vio la que había en la casa estuvo a punto de tener que apoyarse en algo de la sorpresa que se llevó, pues esta triplicaba sin esfuerzo alguno la del colegio y no se limitaba solo a libros de magia blanca.
Orión: Cambiando de tema, mañana será tu presentación ante los clanes y quiero que conozcas a una persona muy importante para mi. – Dijo antes de coger la serpiente y marcharse. – Será mejor que te acuestes, ya está amaneciendo.
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Se miró en el espejo detalladamente, quizás hace un tiempo se hubiese escandalizado de vestirse así y se habría negado a salir del cuarto, pues el vestido rojo que llevaba era por demás insinuante aunque no mostraba tanto como para considerarlo escandaloso, quitando la abertura de la pierna, pero ahora le encantaba como le sentaba.
La conversión y su nueva vida en verdad habían cambiado su forma de pensar y sus gustos, aunque sin eclipsar a la auténtica Hermione, la humana.
La puerta de su cuarto se abrió y por ella apareció el rubio que la miró unos segundos.
Alex: Veo que Orión sigue teniendo buen gusto.
No supo si lo decía por ella o por su vestido.
Alex: Me ha mandado que te acompañe hasta el estudio, quiere presentarte a alguien.
Caminaban por el pasillo, ella tomada de su brazo, y cuanto más se acercaban al estudio más audibles eran los gritos que provenían de allí. Alex la soltó y se apresuró a abrir la puerta. Los gritos cesaron y ante ella estaban Orión y una mujer bastante parecida a Alex, de cabello rubio y ojos verdes, ambos parecían bastante acalorados. Entraron al estudio, Alex cuestionando a la mujer con la mirada.
Orión: Hermione. – Dijo mientras se colocaba al lado de la rubia, cuya mirada se clavaba como cientos de dagas en el cuerpo de la castaña. – Quiero presentarse a mi hermana, Katrin Nitzschenris.
La castaña se recuperó de la impresión y le tendió la mano a la otra como saludo.
Hermione: Encantada. – Dijo con una sonrisa que era todo menos tranquila, esa mujer la ponía nerviosa.
Pero la rubia solo la miró de arriba abajo con desagrado, por lo que devolvió su mano a su lugar original, teniendo la certeza de que ellas no se llevarían bien.
Katrin: Os espero abajo. – Dijo dirigiéndose a los dos vampiros y pasando de largo a Hermione.
Orión soltó un suspiro de derrota.
Alex: Será mejor que valla con ella. No te preocupes. –Dijo cuando pasó a su lado.
Se quedaron los dos solos y Orión se dejó caer en uno de los sofás, así que ella se sentó a su lado.
Orión: No es tan mala como parece. – Dijo atrayendo su atención, ya que había estado pensativa desde que los otros se habían ido. – Tiene un carácter un poco difícil, tendrás que darle tiempo.
Hermione: ¿Es muy importante para ti?
Orión: Sí.
Hermione: Entonces se lo daré. – Dijo obteniendo una sonrisa de gratitud del moreno.
Orión: Será mejor que bajemos, no está bien que los hagamos esperar.
El salón estaba lleno, el servicio de la casa, humanos que iban y venían llevando copas cargadas del líquido escarlata, no temían a esas figuras imponentes, pues todos los que allí servían estaban por propia voluntad, porque debían algo a un vampiro y querían agradecérselo.
Las conversaciones se fueron apagando hasta que todos quedaron en el más absoluto silencio, observando a las dos figuras que, del brazo, bajaban las escaleras hasta llegar al centro del salón. Al lado de Hermione se colocaron Alex y Dan, el "hijo" del rubio, un vampiro un poco mayor que ella, aunque no lo pareciera, pelirrojo y de ojos negros, que le recordó a Ron la primera vez que lo vio, y al lado de Orión la rubia, Katrin.
Orión: Queridos hermanos de sangre, líderes de los demás clanes, gracias por estar aquí. – Hizo una pequeña pausa. – Tengo el inmenso placer de presentarles a mi heredera, la heredera del clan Lefey. Sekhmet, la vengadora.
Y el salón se lleno de aplausos y vítores mientras unos ojos que no habían perdido de vista a los cinco que estaban en el centro brillaban con maldad.
¿: Muy pronto este patético clan caerá, y yo al fin obtendré el poder que me corresponde. -Dijo mientras una gran sonrisa aparecía en su cara.
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Despertó bastante cansada la noche siguiente, al fin comprendía cuando Draco se quejaba de tener que aguantar las reuniones sociales que sus padres organizaban, pues después de su presentación había tenido que aguantar a cientos de vampiros que se acercaban a ella, algunos de los cuales no le hicieron proposiciones muy santas la verdad, así que se prometió a si misma estarle eternamente agradecida a Orión cuando este la saco de aquella bola de vampiros curiosos para invitarla a bailar. Jamás pensó que un simple baile la salvaría de una situación tan incómoda, y cuando se lo dijo al vampiro este solo comenzó a reírse mientras los demás los miraban extrañados.
Se vistió tan rápido como pudo, pues había quedado con dan para ir a dar una vuelta fuera de la mansión, pero antes quería visitar a alguien.
Toco la puerta, y al no obtener contestación entro a la sala. Allí sentada ante una pequeña mesa y comiendo una manzana, había una figura completamente vestida de blanco.
Selene: Te estaba esperando, siéntate. – Dijo señalando la silla que quedaba libre enfrente de la suya. La joven se sentó, teniendo la sensación de que no necesitaba pronunciar palabra alguna para que ella le contara lo que quería saber.
Selene: Adelante, pregunta aquello que te preocupa, después de todo has venido a saciar tu curiosidad. – Dijo sonriéndole, pues lo cierto es que ya sabía lo que quería, no en vano era una vidente, y una de las mejores.
Hermione: ¿Por qué me odia Katrin? Si ni siquiera me conoce.
Selene: Verás, el antiguo líder, Markus Grendel; transformó a tres humanos para que lo acompañaran durante toda su existencia. El primero fue un muchacho de la nobleza mágica Orión Lefey, convirtiéndose este en su heredero legítimo, luego transformó a una muchacha cuya familia había sido maldita, Katrin Nitzscheris, y por último encontró a un pirata que creía no merecer vivir, Alexander Braum. Siempre se apoyaron los unos a los otros, pero cuando Markus decidió que debía desaparecer y ellos se quedaron solos su unión se volvió mucho más fuerte.
Selene: Tú no estabas aquí, por lo que quizás no lo comprendas, pero los tres han sufrido mucho, en especial Orión, de hecho creo que si tú no estuvieras aquí el ya no estaría con nosotros, algo que sin duda debemos agradecerte. – Dijo con una pequeña sonrisa de melancolía. – Ella solo quiere proteger a sus hermanos y teme que tú, siendo importante para Orión, puedas hacerle daño de nuevo.
Hermione: Yo nunca le haría daño. – Dijo de mala gana al saber que la rubia la consideraba una amenaza.
Selene: Lo sé, pero ella no. – Le dio otro mordisco a la manzana.
Hermione: Nunca he entendido como puedes comer eso, ¿no se supone que los vampiros solo pueden alimentarse de sangre?
Selene: Sí y no, aunque eso es algo demasiado complicado y no planeo explicártelo ahora. Prueba, quizás no seamos tan distintas. – Le pasó otra manzana mirándola fijamente.
Cogió la fruta y tras pensarlo un momento se la llevó a la boca y la mordió un tanto insegura, pues no sabía cuales podían ser las consecuencias si aquello le sentaba mal.
Selene: ¿Qué tal? ¿Notas algo extraño?
Hermione: No noto nada, pero no sabes cuanto había echado de menos el sabor de la comida normal…
Y en el rostro de la vidente apareció una sonrisa de triunfó, después de todo quizás la muchacha si fuera especial como había pensado el día en que Orión la trajo malherida.
Unos golpes se oyeron en la puerta.
¿: Hermione, ¿estás ya? Date prisa o se nos hará tarde.
Hermione: Ya voy. Me ha encantado poder hablar contigo, Selene.
Selene: ¿Vas a salir de la casa? – Dijo preocupada.
Hermione: Solo será un paseo, Dan quiere enseñarme un lugar cerca de la ciudad. – Fue a levantarse cuando una mano apresó su brazo.
Selene: Será mejor que tengas cuidado, hoy hay luna llena...
La soltó y la castaña abandonó el cuarto un tanto inquieta.
Tenía un mal presentimiento, y para una vidente, no hacer caso de ello sería como negar su propia naturaleza, solo esperaba que no sucediera algo muy malo.
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Dan: ¿Qué hacías ahí dentro? – Preguntó con curiosidad, a él la vidente conseguía ponerle los pelos de punta.
Hermione: Solo estaba preocupada por una cosa y ella me ayudó.
Dan: ¿Era sobre Katrin, verdad? – No le extrañó que supiera que era eso lo que la preocupaba, pues ellos eran muy parecidos. – Yo tampoco le caí bien al principio, pero con Orión es más celosa que con Alex.
Hermione: Sé que tengo que llevarme bien con ella, pero no acabo de entender por qué me ha juzgado tan rápido sin siquiera conocerme…
Se pararon en mitad del corredor.
Dan: Yo tampoco se mucho de lo que pasó, pero si te sirve de algo sé que tu no eres la primera persona a la que Orión ha convertido, hubo otra mujer antes que tú. No se exactamente cuando fue, solo sé que la transformó y algo salió mal, Alex no me suele hablar de su pasado… Orión calló en una depresión y no volvió a levantar cabeza hasta hace unos meses.
Alex: Supongo que cree que le harás daño.
Ella solo agachó la cabeza, sabía que había algo que Orión no le había dicho. Él confiaba en ella, pero ambos habían pasado por cosas que querían dejar en el pasado, así que entendía que se lo guardara para él, pero Katrin no tenía derecho de hacerla sentir así, rechazada, como una intrusa. No lo tenía…
Dan: ¡No te comas la cabeza por eso! – Dijo obligándola a levantar la vista. – Con el tiempo se dará cuenta de que no eres mala, ya verás. – Y consiguió arrancarle una sonrisa. – debemos irnos ya, en el sitio que te enseñaré podrás relajarte, ya verás.
Y salieron juntos de la mansión mientras, en una de las ventanas, Selene los contemplaba todavía intranquila.
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Era lo más hermoso que había visto en toda su vida.
Se encontraban en medio de un bosque, en un gran claro en el cual una catarata caía formando un lago y escondiendo tras ella una pequeña cueva.
Dan: ¿Te gusta?
Solo pudo abrir la boca sin expresar palabra alguna
Dan: Tomaré eso como un sí. – Dijo divertido mientras miraba como ella se acercaba hasta tocar el agua del lago. – Lo encontré en una de mis cacerías, es mi refugio cuando necesito pensar, además desde aquí la vista de la luna es espléndida.
Levantó la vista hacia la luna y concordó con él, pues allí la luna llena parecía mucho más grande de lo que era, lucía hermosa.
Un ruido entre los matorrales que estaban a su derecha la alertó de que no estaban solos, pero cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde, escuchó un gemido a su espalda y solo pudo ver como dan era atacado por un animal de gran tamaño.
Lo miró, y su pelaje grisáceo junto con sus ojos ambarinos de mirada malévola le indicó lo que era ese monstruo, un hombre lobo.
Continuará...
