Capítulo 6.- De licántropos y lobos.

La escena había cambiado repentinamente, pues ahora el hermoso lugar había sido contaminado por la sangre.

Estaba rodeada, la manada de licántropos les había tendido una emboscada y su líder, un hombre lobo de pelaje gris y ojos ambarinos estaba frente a ella con Dan tendido en el suelo, le había mordido.

Un solo nombre salió de sus labios, susurrado con tanto odio que hasta el mismísimo diablo se abría estremecido.

Hermione: Greyback…

Y es que, aquel que los había atacado, era el mismo con el que tenía la desgracia de cruzarse en los pasillos de la mansión, aquel al que Orión había ofrecido cobijo. Y él los había traicionado de la peor de las maneras.

Un gemido de Dan la devolvió a la realidad, haciéndola consciente de la situación en la que estaba, en desventaja.

Intentó acercarse al vampiro para ayudarlo, pero a un gruñido de Greyback los demás licántropos se abalanzaron sobre ella, haciéndola retroceder sobre sus pasos, y habría jurado que el líder de la manada sonreía al verla en esa situación.

Los esquivó, no sin llevarse algún rasguño, y se dio cuenta de que si quería salir de allí viva tendría que luchar. Quizás aún no controlase su magia o sus reflejos vampíricos no fueran suficientes para enfrentarse a tantos enemigos a la vez, pero si algo había aprendido de Orión era que un vampiro jamás está indefenso.

Así que, tan pronto le dejaron un respiro, hizo lo único para lo que no necesitaba controlar la cantidad de magia que expulsaba, la magia envolvió su cuerpo y se transformó en una pantera negra.

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Había algo que no lo dejaba tranquilo.

Esa noche no había esperado a que llegara Hermione para acostarse, pues sabía que estaba con Dan y el vampiro le había avisado que llegarían con el tiempo justo para refugiarse del amanecer.

Sin embargo el temor que sentía, y que sabía que no le pertenecía, solo tenía una explicación, y es que Hermione estaba asustada, ¿pero por qué?

Bajó al salón de la entrada principal esperando encontrarla allí, pero la única que estaba en los sofás era Katrin.

Orión: ¿Has visto entrar a Hermione?

Katrin: Esa niña aún no ha aparecido por aquí. ¿Por qué lo preguntas? – Dijo dejando de lado lo que estaba haciendo y prestándole atención, hacía mucho que se conocían y su tono de voz le indicaba que algo sucedía.

Orión: ¡Mierda! – Dijo al tiempo que pateaba uno de los sofás.

Katrin: ¿Qué es lo que sucede? – Dijo levantándose, pues estaba claro que era algo importante, y aunque no le gustara la muchacha le preocupaba su hermano.

Orión: Nada bueno. –Y los ojos del moreno, rojos como el fuego le dieron la certeza de lo grave que era el asunto.

Se sentía impotente, pues sabía que la castaña corría peligro, pero si ella no lo llamaba no tenía forma alguna de entrar en su mente y saber dónde estaba.

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Calló al suelo tras el último golpe, transformándose de nuevo. Había conseguido enfrentarlos durante un tiempo, pero no controlar sus habilidades había condicionado mucho sus posibilidades de acción.

Su sangre corría por el suelo, mientras ellas era incapaz de levantarse, había estado tantas veces en una situación parecida a esa que ya había perdido la cuenta. Solo esperaba que de esta, como de las otras, saliera airosa.

Esperó el golpe de gracia, pero a la orden de un gruñido los lobos se apartaron de ella, dejándole paso al líder, que se agachó junto a ella.

Fue entonces cuando lo entendió todo, ya había mordido a Dan y ahora le tocaba a ella, ambos formarían parte de la manada de Greyback.

Pues no le iba a resultar tan fácil.

Y justo cuando el lobo abrió sus fauces para clavárselas un campo mágico lo empujó hacía atrás mientras las heridas de Hermione se abrían más.

Lo miró retadoramente mientras el lobo se ponía en pie y se acercaba de nuevo, intentó morderla pero el resultado fue el mismo.

Una sonrisa apareció en su rostro a pesar de lo cansada que estaba, mientras el lobo miró en dirección al cielo, y con otro gruñido la manada se marchó de allí.

Se sorprendió, pero al poco alzó su rostro mirando el cielo con terror. Clareaba, el amanecer estaba llegando y no les daría tiempo de refugiarse.

Pasó sus manos por los cortes que aún no se habían sanado por si solos sanándolos de inmediato para ganar algo de tiempo, y con pocas fuerzas debido a la pérdida de sangre se acercó al pelirrojo que seguía tendido en el suelo.

Hermione: Dan, despierta. –Dijo mientras lo zarandeaba inútilmente, paso su mano por las heridas de él y se curaron todas excepto una, el mordisco de Greyback, esa no era una herida normal sino una marca de pertenencia, y ella no podía hacer nada contra ello.

Lo levantó del suelo cargándolo en su espalda, dirigiéndose hacia la cueva para refugiarse, pues aparecerse no era una opción, ya que su magia inestable podría hacer que aparecieran en un lugar en el que no tuvieran donde cobijarse del sol.

Lo tumbó en el suelo de la cueva en la que solo se oía su respiración desacompasada y entrecortada.

Dan: Hermione. –Susurró. – Tengo frío.

Se acercó a él tumbándose a su lado, intentando parar el temblor de su cuerpo inútilmente, acercó una mano hasta su frente y la apartó angustiada al notar la alta temperatura de su cuerpo.

Hermione: Tranquilo, no te pasará nada Dan, yo cuidaré de ti. –Pero nada más decir esto se desmayó junto a él.

Se despertó súbitamente al sentir un movimiento brusco a su lado, tardó apenas unos segundos en recordar la situación en la que se encontraban y cuando lo hizo se giró hacia su compañero, poniendo su peso sobre el cuerpo del otro para intentar pararlo, se estaba convulsionando.

Hermione: ¡Basta Dan! ¡Maldita sea, para, para! – Gritó mientras las lágrimas iban surgiendo de sus ojos en un llanto que ya no podía controlar.

El movimiento del otro paró.

Hermione: ¡Despierta, por favor, despierta! – Pero era inútil, pues tras aquel ataque había perdido la conciencia. – (No puedo dejar que mueras, ¡no puedo!)

Estaba desesperada y por su mente pasó la única solución que había. Miró hacia la entrada de la cueva donde los rayos solares eran visibles.

¿Soportaría sentir como se quemaba su piel, como su carne se abrasaba lentamente? ¿Sería lo suficientemente valiente para hacerlo? Lo era. Esa era la única forma de conseguir ayuda para Dan.

Hermione: (Aunque me cueste la vida…) – Pensó mientras acercaba lentamente su mano hacia las rocas iluminadas por el sol, preparada de antemano para el dolor que sentiría.

Voz: (¡Hazlo!)

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Hoy era un día grande para él. Cierto era que su plan no había salido como esteraba, pues solo había conseguido transformar a uno de los sucesores, pero la otra estaba tan malherida que no le cabía duda alguna de que habría muerto desangrada. Después de todo era la sangre lo que les otorgaba la fuerza a los vampiros, y sin ella eran más débiles que simples humanos…

Rió, pues si el muchacho sobrevivía pasaría a pertenecer a su manada, a él, y gracias a eso Orión tendría que acatar sus órdenes, al fin obtendría el poder que ansiaba desde hacía tanto tiempo.

Dejó de reír para fijarse en su manada, otra vez los había obligado a cumplir su voluntad, no eran más que simples títeres en sus manos cuando la luna llena llegaba.

Fijó su vista en el otro extremo del salón y su alma maldita se regocijó ante la imagen, pues dos vampiros, ya al borde de la desesperación, esperaban ver aparecer por la puerta de entrada a la joven heredera y al vampiro. Patético.

Así que el singular grupo siguió esperando sin mezclarse los unos y los otros, algunos preocupados, otros resignados y, solamente uno, pletórico.

Había pasado media hora cuando el portón de la entrada se abría dejando entrar la luz del sol sin que esta alcanzara a Katrin y a Orión y allí, bajo el marco de la puerta, con los restos de las lágrimas derramadas aún en sus mejillas y la piel totalmente intacta estaba ella, Hermione.

Sus ojos se cruzaron, ella lo miraba con odio mientras que la mirada de él pasó rápidamente de la sorpresa a la furia más intensa. Le giró la cara y justo en el otro lado de la sala se encontró con los dos vampiros que la miraban sorprendidos intentando descubrir algo que les indicara que en realidad, esa que estaba bajo los rayos del sol sin sufrir daño alguno, no era Hermione.

Se acercó a ellos corriendo mientras las puertas volvían a cerrarse y cuando llegó a su altura agarró a Orión de la manga de la camisa.

Hermione: Necesito tu ayuda, rápido. – Le dijo y el semblante del vampiro adquirió de repente una seriedad nunca antes vista, dirigió un segundo su mirada hacia Greyback, como si lo supiera todo, y quizás así fuera, y los dos desaparecieron ante la mirada aún sorprendida de todos los presentes.

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Todos estaban allí, todos con la misma expresión en la cara, preocupación.

Katrin: ¡Ese maldito hombre lobo! – Dijo dándole un manotazo a un jarrón que se estrelló contra el suelo haciéndolo añicos.

Hermione y Orión se habían aparecido en el interior de la cueva, habían cogido a Dan y habían vuelto tan rápido como les fue posible.

Ella les había contado todo lo que había sucedido en el bosque y ahora estaban esperando a que Selene, que estaba intentando salvar a Dan, saliera y les dijera su estado. Pues era sabido por todos que, para un vampiro, una transformación licántropa era mucho más dolorosa que para los humanos, de hecho muy pocos conseguían sobrevivir teniendo las dos esencias contrarias en su interior.

La puerta se abrió y al ver a la persona que entraba a la sala los ojos de los cuatro se volvieron rojos, amenazantes.

Alex se levantó de golpe del lugar en el que estaba sentando y cogiéndolo por el cuello lo estampó contra la pared apretando poco a poco su agarre, intentando matar a Greyback.

Alex: Maldito monstruo… - Dijo siseando.

Fenrir: Si me matas y él sobrevive esta muerto, vampiro. – Dijo con una sonrisa en su rostro a pesar de la circunstancia en la que se encontraba.

Alex era consciente de que el lobo tenía razón, pero algo en su interior deseaba tanto acabar con la vida de ese infeliz que le era imposible deshacer su agarre.

Una mano se posó en su brazo obligándolo a apartarse del licántropo y haciéndolo consciente de que había estado a punto de condenar a su "hijo".

Orión: ¿Qué es lo que quieres? – Preguntó poniéndose entre medio de los dos.

Fenrir: Poder…

Pasaron unos minutos de silencio hasta que el vampiro volvió a hablar.

Orión: Dejadnos solos. – Dijo refiriéndose a los otros tres.

Katrin: Pero Orión, no puedes…

Orión: ¡He dicho que nos dejéis! ¡Fuera de mi vista!

Y Fenrir y Orión se quedaron solos en el cuarto, mientras los otros tres en el pasillo se miraban preocupados.

Había pasado el tiempo y la noche estaba de nuevo con ellos, el clan ya estaba despierto y, aunque no sabían lo que había sucedido realmente, los rumores empezaban a circular ya entre los vampiros.

Subió las escaleras en dirección a la segunda planta, no había querido separarse de los otros hasta saber que Dan estaba bien, pero Alex la había obligado a bajar a las cocinas para que se alimentaba, la pérdida de sangre la había dejado demasiado débil.

Entró a la antesala de la habitación de Orión, desde la cual también se entraba a su cuarto, encontrándose con Alex pensativo en uno de los sofás mientras Katrin aporreaba sin descanso la puerta del moreno.

Hermione: ¿Se sabe algo? – Le preguntó al rubio.

Alex: Selene está vigilándolo, pero nos ha dicho que va a vivir, su estado ha ido mejorando, ahora está durmiendo.

Katrin: ¡Abre la puerta de una vez, Orión!

Fijó su mirada en la rubia, para luego volverse hacia el vampiro, cuestionándolo.

Alex: Terminó de hablar con el lobo hace unos diez minutos, ni siquiera nos dirigió la mirada, solo llegó y se encerró en su habitación, no hemos conseguido que abra. Inténtalo tú, no se que habrá pasado pero sin duda él también lo está pasando mal.

Se acercó hacia la rubia, que resignada la dejó pasar.

Hermione: Orión. – Dijo lo más sosegadamente posible. – Soy yo, Hermione, déjame entrar. – Pero la puerta continuó cerrada. – Déjame entrar, solo necesito saber cómo estás, por favor. – Terminó mientras sentía como las lágrimas luchaban de nuevo por salir de sus ojos, pero las contuvo.

La puerta se abrió apenas lo necesario para que pasara, y cuando se internó en la oscuridad del cuarto volvió a cerrarse.

Katrin miraba esto con suma tristeza cuando una mano se posó en su hombro.

Katrin: Alex…

Alex: Ella no es mala, hermana, preferiría morir antes que hacerle daño.

Katrin: Eso es lo que más me preocupa. –Dijo girándose para encararlo.

Y se fundieron en un abrazo, apoyándose mutuamente, el primer abrazo que daba desde que las circunstancias la habían obligado a volverse fría como el hielo, todo para defender a sus hermanos.

Después de todo, los vampiros eran más humanos de lo que aparentaban.

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Las tinieblas la saludaron, pero estas no suponían problema alguno, pues sus ojos veían perfectamente en la oscuridad.

Unos brazos la envolvieron, sintiendo un cuerpo a su espalda, por lo que se giró para observarle. Lloraba, y ella se quedó hipnotizada, sintiendo una opresión en su pecho que le impedía respirar correctamente, al ver como el hombre más fuerte que jamás había conocido se desmoronaba ante ella.

El abrazo se estrechó por parte de ambos, tanta frustración sentía que le clavo las uñas en la espalda, traspasando su piel y haciendo que la sangre brotara, pero ella no dio muestra alguna de sentirlo, pues sentía como su propia furia junto a la del vampiro corrían por sus venas la hacían incapaz de sentir dolor alguno.

Orión: Le daré el poder que desea. –Dijo al cabo de un tiempo. – No puedo dejarlo a su suerte, es parte de mi familia, si fueras tú la que estuviera en su lugar yo, yo…

Pero la impotencia le impedía hablar.

Hermione: ¿Y los demás? – Preguntó mientras le acariciaba el cabello.

Orión: No deben enterarse jamás, de lo contrario intentarán preservar el futuro del clan y acabar con Dan.

Hermione: Tiene que haber alguna forma de evitar todo esto…

Orión: No la hay. – Y al ver sus ojos vacíos se dio cuenta de que, esta vez, le tocaba a ella ser fuerte por los dos.

Hermione: Yo la encontraré. Todo este tiempo has sido tú el que siempre ha estado tras de mi, ayudándome, es hora de que te devuelva el favor. Confía tú en mí esta vez, yo la encontraré. Siempre hay tiempo de darse por vencido, Orión. – Y rozó levemente sus labios con los del moreno, el cual, al ver su mirada de decisión, sintió como nuevas fuerzas surgían en él.

Orión: Lo haré, confiaré en ti.

Y ambos salieron de las tinieblas del cuarto, tan pronto pusieron un pie en la sala Alex y Katrin se arrojaron hacia el moreno tumbándolo en el suelo. Miró la escena un momento y salió del cuarto, si había alguna posibilidad de salir de esta situación bien parados era consciente que iba a necesitar ayuda para encontrarla. Y tenía en mente a la única persona que podía ayudarlos.

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Estaba nerviosa, los acontecimientos sucedidos hacían que la vida de todos ellos peligrara. Cuando lo conoció creyó que al fin dejaría de sufrir, que él la comprendería e intentaría aliviar su carga, pero cuando se dio cuenta de la realidad ya era demasiado tarde, ya no podía escapar de él. Así que había tenido que vivir desde entonces cumpliendo su voluntad, viéndose obligada a cumplir cada uno de sus caprichos y despertando con las manos manchadas de sangre inocente tras cada luna llena.

Siguió caminando por el pasillo, pero paró de golpe al darse cuenta de que la heredera del líder de los vampiros se acercaba hacia ella con los ojos rojos como el fuego.

Temió por lo que le pudiera hacer y pensó en darse la vuelta para intentar escapar de ella, pero cual fue su sorpresa cuando al girarse la encontró cerrándole el paso a tan solo medio metro de ella. Maldita velocidad la de los vampiros…

Intentó huir pero la agarró del brazo y de sus labios escapó un quejido que fue incapaz de ocultar. Vio como la miró contrariada para levantarle la manga del jersey de lana que llevaba puesto y observar la herida que tenía en el brazo todavía abierta.

Se asustó aún más al ver como la otra observaba su sangre e intentó soltarse, pero un apretón mayor la hizo quedarse quieta y la incredulidad surcó su rostro cuando la otra pasó su mano sobre el corte haciendo desparecer este y la soltó.

Vera: ¿Por qué…?

Hermione: Necesito que me ayudes.

Miró fijamente sus ojos y en ellos encontró sinceridad y valor, esa muchacha estaba dispuesta a hacer lo que fuera por los suyos, y ella no pudo más que admirarla en silencio y pensar en la suerte que tenían los vampiros al tenerla entre ellos.

Vera: Lo haré. – Dijo dispuesta a acabar con todo eso de una vez por todas.

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La había seguido hasta un cuarto que, deducía, era el de la castaña.

Vio como esta cerraba la puerta por dentro y se sentaba frente a ella.

Vera: ¿Qué es lo que necesitas?

Hermione: Quiero saber por qué estáis a las órdenes de ese monstruo. –Dijo refiriéndose al hombre lobo.

Vera: No podemos evitarlo, él es el líder. Verás, -Dijo levantándose y comenzando a pasear por el cuarto. – según tengo entendido, los magos inventasteis una pócima que, pese a no curar la enfermedad, era capaz de frenar los efectos de la licantropía, pero no la venden en ningún sitio, y los ingredientes son demasiado raros como para poder hacerla nosotros mismos. Lo único que podría salvarnos de esta maldición está fuera de nuestro alcance, es por eso que debemos obedecer a Fenrir.

Hermione: No lo entiendo.

Vera: Hay otra forma, a parte de esa poción, para que un licántropo se vuelva inofensivo cuando llega la luna llena. – Prosiguió ante la incredulidad de la otra. -Estar a las órdenes de un hombre lobo capaz de conservar su conciencia humana tras la transformación. Estar a las órdenes de un Señor de los lobos… y Fenrir, para desgracia nuestra, lo es.

Hermione: ¿Un Señor de los lobos? Jamás había escuchado hablar de ello.

Vera: Es natural, después de todo los licántropos no suelen mostrarse ante las otras razas. Él nos controla a su antojo cuando la luna sale y no somos conscientes de nuestras acciones, es por eso por lo que no podemos hacer nada en su contra, corremos el riesgo de que nos saque de la manada y matemos sin freno. Al menos con él dejamos de matar cuando sacia sus ansias de sangre…

Hermione: Entonces, para impedir que tenga control sobre Dan solo habría que buscar otro licántropo con la misma habilidad que Greyback.

Vera: No es tan sencillo. No es fácil para uno de los nuestros conseguir someter su parte animal a la humana, la mayor parte de todos los licántropos somos incapaces de conseguirlo. Temo que esta información no te sirva para nada.

El silencio reinó durante un buen rato, mientras las dos mujeres estaban inmersas en sus pensamientos, intentando hallar una solución.

Hermione: ¿Perdería el liderazgo de la manada si lo derrotasen?

Vera: Sí, pero nosotros somos incapaces de hacerlo, créeme lo he intentado. –Dijo mirándola con una sonrisa derrotada.

Hermione: ¿A la manada solo pueden pertenecer licántropos o también algún animal? –Dijo mientras una extraña idea comenzaba a formarse en su cabeza.

Vera: No estoy muy segura, pero creo que también puede estar integrada por animales, hay algunos licántropos a los que no les gusta la compañía de sus congéneres y se integran en una manada de lobos las noches de luna llena, pero es imposible que un simple animal le quite el liderazgo, Fenrir es demasiado inteligente…

Hermione: Puede, pero también se confía demasiado y eso será su perdición. –La miró intentando descubrir lo que pensaba. –Tiempo, necesito más tiempo…

Y salió corriendo del cuarto.

Vera: ¡Hey espera! ¿Qué vas a hacer?

Hermione: ¡Si todo sale como espero serás una de las primeras en enterarte! –Gritó para desaparecer de su vista tras una esquina.

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La puerta se abrió y entró corriendo, siendo observada por los tres vampiros que aún seguían allí, los miró y sonrió antes de hablar.

Hermione: Creo que tengo la solución. –Alex se levantó como un resorte de su asiento para acercarse a ella.

Alex: ¿Qué es lo que has dicho? Dime que mis oídos no me han engañado…

Hermione: Creo que puedo salvar a Dan y acabar con Greyback.

Katrin: ¡Y qué hacemos aquí parados!

Hermione: No puedo hacerlo ahora, necesito que me ayudéis hasta que llegue el momento…

Alex: ¿Qué es lo que podemos hacer?

Hermione: Necesito que no le deis el poder del clan a Greyback hasta la próxima luna llena.

Katrin: ¿Y si no sale bien y luego se niega a acogerlo en su manada? –Dijo ligeramente preocupada.

Hermione: Saldrá bien, confiad en mí.

Alex: Te daremos el tiempo que necesitas. Si hay alguna posibilidad de que Dan no caiga en sus garras debemos aprovecharla. ¿Necesitas algo más?

Hermione: Sí, Orión… -Dijo mirando al moreno que no se había movido desde su llegada. – Necesito la llave de la sala especial… -Y se preparó para intentar convencerlo, pues él no podía dejar entrar a nadie en ella, solo el líder tenía ese privilegio. Así que se sorprendió bastante cuando él metió la mano en su bolsillo para sacar la llave y ofrecérsela.

Orión: Lo que quieres hacer es bastante peligroso. –Le dijo cuando se acercó. –Ten cuidado y no olvides que confío en ti. – Dijo mientras le ponía la llave en la palma de su mano para luego cerrar sus dedos sobre ella.

Quizás en otro momento se habría molestado por que el moreno hubiera entrado en su mente sin su permiso, pero lo único que hizo fue sonreír aún más al saber que tenía fe en ella.

Se dispuso a salir cuando la rubia le cortó el paso.

Katrin: Puede que después de todo yo estuviera equivocada y no fueras tan mala, niña. Gracias. –Dijo ofreciéndole su mano. Tardó un poco en recuperarse de la impresión pero cuando lo hizo se apresuró a tomar la mano que la rubia le tendía.

Hermione: De nada…

Una guerra entre dos personas acababa de terminar, era hora de empezar otra. Y salió de la sala.

Katrin: ¿Creéis que lo conseguirá?

Orión: Lo hará. –Dijo atrayendo las miradas de los otros dos. –Sé que lo hará. Vamos, debemos aguantar hasta la próxima luna llena.

La esperanza había vuelto a ellos.

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Estaban esperando, pues la fecha indicada había llegado.

Dan llevaba despierto una semana y se habían encargado de informarle de la situación en la que se encontraban.

Habían hablado con Greyback en cuanto Hermione se fue y este había aceptado tomar el poder tras esa luna llena, después de todo los tenía en sus manos, qué más daban unos cuantos días, los vampiros eran demasiado sentimentales con los suyos como para arriesgarse a hacer algo en su contra.

La noche había llegado, estaban nerviosos y esperaban que Hermione tuviera de verdad una solución, pues por más que le habían preguntado al moreno sobre el plan de la muchacha, este no había soltado prenda.

La puerta de la sala se abrió y todos contuvieron el aliento.

Una figura apareció con unas cuantas heridas sin importancia en su cuerpo y la ropa hecha jirones, tapando solo lo necesario.

Se acercó al moreno y le tendió la llave de la sala que él recogió.

Orión: ¿Lo has conseguido?

Y la sonrisa de ella fue suficiente para que sacara sus propias conclusiones, así que el también sonrió y el clima de pesadez que se había formado en el ambiente desapareció.

Hermione: ¿Dónde está Greyback?

Orión: Están en la salida, lo están esperando a él. –Dijo señalando a Dan.

Hermione: No deberíamos hacerles esperar pues, ¿no crees? Vamos Dan. –Solo obtuvo un movimiento de cabeza afirmativo de parte del pelirrojo, pues estaba demasiado nervioso y salieron los dos en dirección a la entrada de la casa.

Alex: ¿Qué es lo que pretende? – Le preguntó el rubio a Orión, que sin perder su sonrisa se había dejado caer en un sofá.

Orión: Nada bueno para Greyback, eso te lo aseguro.

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Estaban fuera de la casa esperando a que bajara el crío y fue cuando vio sonreír a Vera cuando supo que algo no iba bien, se giró y allí cruzando la puerta vio dos figuras, la de su nueva adquisición y la de la castaña. La luna llena salió y la manada comenzó a transformarse.

Y mientras veía a los otros cambiar entre gemidos de dolor y la magia iba envolviendo su cuerpo solo un pensamiento pasó por su cabeza.

Hermione: (Dos esencias, dos formas.)

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Habían pasado unos cuantos meses desde entonces, meses en los que al fin controló su magia y sus poderes de vampiro, ya era hora…

Ahora se encontraban descansando en uno de los pequeños salones de la casa, sentados frente al fuego pues llevaba varios días lloviendo sin descanso.

Se relajó al sentir las manos de Orión acariciando su pelo, giró la cabeza que tenía apoyada en el regazo del vampiro para observar a los que estaban con ellos, sentados en torno al fuego. Y sonrió, al fin las cosas parecían ir bien.

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Estaba cansada, apenas podía sostenerse en pie, pero el esfuerzo había merecido la pena.

El sol estaba a punto de salir, así que abrió las puertas de la mansión, y tras ella, entró su manada. Greyback jamás volvería a hacerles daño.

Fue Dan quien la ayudó a tumbarse en uno de los sillones de la entrada, mientras los tres vampiros, que habían estado esperando su llegada, se acercaron hacia ellos.

Al fin los dos grupos, licántropos y vampiros, formarían una única familia.

Orión se sentó junto a ella, y algo de lo que le dijo hizo al moreno reír a carcajadas ante la atónita mirada de Katrin que hacía siglos que no había escuchado ese sonido.

El tiempo pasó entre celebraciones y cuando se dieron cuenta solo quedaban ellas dos.

Katrin: Toma. –Dijo tirándole un pequeño frasco de líquido amarillo. –Quiero enseñarte algo y no quiero tener que cargarte por toda la casa.

Bebió su contenido y sintió como las fuerzas regresaban a ella.

Katrin: Vamos.

Caminaron por los pasillos hasta llegar a una sala en la que la rubia la hizo entrar.

Katrin: No sé si Orión te habrá explicado esto, pero las relaciones entre los vampiros son distintas a las de los humanos. –Dijo mientras se acercaba a una de las paredes donde tres grandes cuadros descansaban. –Podemos relacionarnos con quien queramos sin dar explicaciones a nadie, no hay celos entre los vampiros, pero cuando dos de los nuestros deciden pasar la eternidad juntos, se convierten en compañeros, esposos si así lo entiendes mejor. Juntos hasta que uno de los dos muera…

Miró los cuadros, uno era de ella misma y lo reconoció como el que Orión le había mandado hacer hace unas semanas, el otro era de la propia Katrin, con una expresión de desenfado en su rostro que jamás le había visto a la rubia, y el otro, el que se quedó contemplando un buen rato, pertenecía a una mujer de cabellos rojos como la sangre y de ojos grises.

Katrin: Se llamaba Lilith…

Katrin: Sucedió hace tanto tiempo que no soy capaz de recordar la fecha exacta. Ella era humana, no le temía a pesar de saber lo que era, y Orión se enamoró de ella. –La voz de la rubia tembló como si intentara retener las lágrimas. –No soy la indicada para contarte su historia, pero te diré que él la transformó tras un tiempo de estar juntos y se convirtió en su compañera. Luego ella murió y una parte de él lo hizo con ella. Se culpó por su muerte, aunque nosotros intentamos convencerlo de lo contrario no nos hizo caso, y enloqueció, temimos durante mucho tiempo que hiciera alguna locura, pero sobrevivió, aunque a un precio muy alto. Se volvió frío y distante, incluso con nosotros, ya no le importaban los demás y su sufrimiento hizo que el monstruo que llevaba dentro tomara el control.

Hermione la escuchaba atentamente, no podía pensar en el moreno como en un monstruo, le era imposible.

Katrin: Sabes… La odié durante mucho tiempo, de hecho aún lo hago, pues nunca podré olvidar como por su culpa perdí al hermano que yo conocía, nunca podré olvidar que fue una mujer la que me arrebató a Orión.

Se giró hacia ella, dejando de contemplar el cuadro de la pelirroja y al ver sus ojos sintió como algo dentro de ella se revolvía.

Katrin: Desde aquel día me prometí a mi misma que, costara lo que costara, no dejaría que mis hermanos volvieran a sufrir. Pero jamás desde entonces conseguí que Orión volviera a reír como lo hace contigo, te di la espalda sin siquiera conocerte porque temía que le hicieras más daño, pero no quise darme cuanta de que tú lo hacías feliz.

Solo quiero que sepas que lo siento, te estoy muy agradecida por lo que has conseguido, y quiero que sepas, que si alguna vez decidís pasar juntos la eternidad, yo os apoyaré.

Katrin: Aunque sigas pareciéndome una simple niñita. –Sonrió la rubia. –Cuídalo.

Y fue un abrazo entre las dos mujeres el que hizo que el clan estuviera unido de nuevo.

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Sin duda de todo el tiempo que había pasado desde entonces, era este el recuerdo que más atesoraba, pues jamás olvidaría las expresiones de Orión y Alex cuando las habían visto entrar juntas y riendo…

Después de eso la rubia había decidido volver a su casa en Londres pues, como bien dijo, dejaba a alguien de confianza en la casa para que controlara a sus hermanos y la avisara si estos se pasaban.

Se fijó en una joven de cabellos castaños por encima de los hombros que ya no utilizaba ropa de invierno para tapar su cuerpo marcado por numerosas cicatrices, pues ahora al fin sentía el orgullo de pertenecer a un lugar, se fijó en como reía por alguna idiotez que el vampiro pelirrojo le había contado.

Sonrió con orgullo, orgullosa de ellos, sus amigos, parte de su familia, su manada… y algo dentro de ella le indico que no estaba bien.

Orión: ¿Qué es lo que piensas?

Hermione: ¿Por qué preguntas cuando solo tienes que meterte en mi cabeza?

El moreno solo se encogió de hombros.

Orión: Sabes que me gusta que seas tú quien me lo cuente…

Hermione: No puedo evitar echarlos de menos. –Contestó mirándolo. –A pesar de lo que me hicieron y de todo por lo que tuve que pasar por su culpa, hecho de manos a Harry y a Ron…

Orión: Me alegro. –Dijo obteniendo la completa atención de la castaña. –Todos nos equivocamos de vez en cuando pequeña, por lo que hay veces en las que también debemos saber perdonar. Eso es lo que hace que podamos conservar parte de nuestra humanidad.

Lo pensó un momento y estuvo de acuerdo con él, después de todo la edad si le había otorgado cierta sabiduría al moreno, cerró los ojos para disfrutas de sus caricias, pero la paz no duró demasiado, ya que Alex entró apresurado y al ver su semblante todos se levantaron.

Alex: Es Katrin, Sufrieron un ataque yendo a Londres. Voldemort la asesino cuando se rehusó a unirse a él.

Y una explosión de magia se sintió en la sala haciendo que todos los objetos de cristal se hicieran añicos.

Sentían tristeza, pero la furia era mayor, ningún humano mataba a uno de los suyos, a alguien tan importante para ellos y quedaba impune.

Orión: Convoca a los clanes.

Y Alex desapareció de nuevo.

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La reunión se había hecho rápido, en una hora todos aquellos vampiros que estuvieron en su fiesta de presentación se encontraban en la casa, pero esta vez ninguno reía.

Orión: Se que muchos de los que estáis aquí ya sabéis cuál es el motivo de esta reunión, pero lo diré para aquellos que aún no lo saben.

Un humano se ha atrevido a tomar la vida de uno de los nuestros, de mi hermana. Es por eso que hoy invoco el pacto de la sangre y espero obtener vuestro apoyo para lo que ansiamos, venganza.

Los murmullos comenzaron en la sala hasta que una voz se alzó más que las otras.

¿: No podemos seguirte en lo que nos pides. Los vampiros se han mantenido al margen de los asuntos de los humanos durante siglos, y así debe continuar. Si nos involucramos seremos el objetivo de ese loco. –Y cientos de murmullos lo secundaron.

Hermione: ¡Desde cuándo los vampiros sois tan cobardes! ¡Por qué estáis dudando! – Sintió como Orión apretó la mano que tenía entrelazada con la de él. - ¡Dónde está vuestro orgullo, os vanaglorias de vuestro poder, pero a la hora de la verdad os sentáis a esperar!

¿: ¡Qué tipo de afrenta es esta!

¿: ¡Insolente muchacha, qué sabrá ella!

Y los murmullos fueron aumentando de tono hasta convertirse en discusiones acaloradas entre los que defendían las distintas posturas.

Orión: ¡Silencio! –Y todos callaron de golpe, pues todos sabían que el vampiro era peligroso cuando se alteraba. - ¡Ella tiene razón! Durante los últimos años nos hemos sentado a esperar a que esto se resolviera por si solo, veíamos como los humanos se mataban entre sí sin mover un solo dedo. Pues bien, ahora la guerra llama a nuestras puertas poniéndonos en peligro y solo hay dos opciones, unirnos a él o luchar…

¿: ¡Luchemos!

¿: ¡No debemos luchar, si nos unimos a él no sufriremos ninguna pérdida! –Y la discusión volvió a comenzar, esto parecía no llevar a ningún sitio.

Hermione: ¿De verdad creéis que os dejará vivir? Así de simple. Decíais que yo no sabía nada, pero la verdad es que desde los once años he estado luchando en esa guerra de la que vosotros os habíais desentendido. Y si algo sé de Voldemort es que, lo que más ansia, es el poder. –Hizo una pausa para cerciorarse de que tenía la atención de todos los allí presentes y prosiguió. -Así que decidme, ¿creéis que, si nos unimos a él, cuando esto acabe y ya no quede nadie para oponerse a su voluntad, nos dejará vivir en paz?, ¿creéis que consentirá que un grupo tan poderoso como el nuestro siga vivo? ¡Lo creéis! –Exclamó indignada mientras los murmullos volvían a surgir, estos duraron varios minutos para acabar extinguiéndose, dejando tras de sí miradas decididas.

Orión: Lucharemos. –Dijo tomando de nuevo el control de la situación. -A partir de este momento formamos parte de esta guerra. –Y los demás se limitaron a asentir para desaparecer a continuación.

Ya no había duda alguna, estaban dentro y no había vuelta atrás.

Ninguna lágrima salió de sus ojos, ni siquiera lloraban aunque sentían como un fuego incontrolable los iba abrasando por dentro, pues no tenían permitido llorar la muerte de la rubia hasta vengarla. Esa era la ley más importante de los vampiros, sangre por sangre.

Se quedaron solos y ambos se metieron en sus pensamientos, Orión iba a abandonar la sala cuando ella lo detuvo.

Hermione: No podemos luchar solos… -Susurró con la cabeza agachada.

La expresión del hombre se transformó de repente al recordar el pequeño detalle que no habían tenido en cuenta.

Orión: ¿Estás segura de esto? –Preguntó preocupado.

Hermione: No, pero sólo un mago esta destinado a acabar con Voldemort, Harry Potter…

El moreno se limitó a asentir orgulloso de ella para desaparecer mientras la castaña subía y caía derrotada en su cama.

Demasiadas emociones para un día que había comenzado tranquilo.

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Estaba preocupado, las últimas misiones habían sido bastante extrañas, había algo que escapaba a su conocimiento y eso no le gustaba.

Además, se habían dado cuenta de que el número de hombres al servicio de Voldemort había aumentado considerablemente, por si no tenían bastante con los conflictos internos en la Orden del Fénix…

Una corriente de aire apareció repentinamente apagando las velas que utilizaba para iluminar el cuarto, quedando todo en penumbras.

Tomó su varita al sentir una presencia tras su espalda y conjuró un lumos que le permitió ver la figura de un hombre que debía rondar los veinte años, de cabellos largos y oscuros como la noche y de ojos que parecían brillar como oro fundido.

¿: ¿Quién es y qué es lo que hace aquí? – Cuestionó el mago con una mirada de advertencia.

Orión: Soy Anubis, el Señor de los muertos, y estoy aquí por que tengo algo que proponerle, Dumbledore…

Continuará…

Aclaraciones:

Sekhmet:

Una mujer con parte de leona que provocaba y curaba epidemias, es la personificación del feroz calor destructivo de los rayos de sol, siendo uno de sus nombres Nesert, la llama, de la cual personifica al elemento destructor

Fue el símbolo de la fuerza y el poder, en la mitología egipcia. Era considerada una diosa de la guerra, y de la venganza.

Su ira era temible pero, si se conseguía apaciguarla, otorgaba a sus adoradores el dominio sobre sus enemigos y el vigor y la energía para vencer la debilidad y la enfermedad.

Fue conocida como "La más poderosa", "La terrible" por su carácter violento. "La que frena la oscuridad" en su aspecto funerario. Era llamada "experta en magia", como sanadora. La "Diosa del amor", pues provocaba pasiones. La "Soberana del desierto".

Anubis:

En la mitología egipcia era el "Señor de la necrópolis", la ciudad de los muertos, que situaban siempre al oeste, y era el encargado de guiar al espíritu de los muertos al "otro mundo",

Anubis estaba relacionado no sólo con la muerte, también con la resurrección después de la muerte. También Anubis era el encargado de vigilar, junto a Horus, la balanza en la que se pesaban los corazones de los difuntos durante el Juicio de Osiris.

Recibió los epítetos y títulos de: "Señor de las necrópolis", "Señor de los Occidentales", "Señor de la Tierra Sagrada", "Señor del País Sagrado", "Señor de Rosetau", "El que está sobre su montaña", "Señor de las cavernas", "El que preside la tienda divina", "El que está en la cámara del embalsamamiento", "Señor de los embalsamadores", "El que está sobre las vendas", "El que cuenta los corazones", "Señor de las vacas lecheras", "El Señor de Nubia".