Antes de empezar quiero aclarar una cosa, he hecho un cambio en cuanto a los años en los que un mago alcanza la mayoría de edad para que se adaptara al argumento y a la idea que tenía en la cabeza, por lo tanto, a partir de ahora, los magos van a tener la mala suerte de alcanzar la mayoría de edad a los 18 años, como todo el mundo, así que a aguantarse.

Además, aclarar a todas aquellas personas que me han escrito dándome sugerencias o diciéndome lo que les gustaría que ocurriera en esta historia, que voy a intentar cumplir vuestras espectativas siempre y cuando esto no me oblige a modificar la trama que tenía pensada.

Espero que os guste…

Capítulo 7: Cálculos inexactos.

Dumbledore apenas se sobresaltó tras el portazo que dio el joven Potter al marcharse, estaba enfadado por que lo mantenían encerrado, impidiéndole luchar.

Mucha gente pensaba que el director de Hogwarts no era más que un anciano amable con todo el mundo, que anteponía la justicia ante todo y que se preocupaba demasiado por los demás, pero muy pocos conocían su verdadera personalidad. Como si hubiera héroes en la guerra. Dumbledore era calculador, él debía estar al tanto de todo fuera cual fuera el precio, concebía esta guerra como una partida de ajedrez en la que solo había una pieza imprescindible, Harry, mientras que todas las demás podían ser sacrificadas en busca de un objetivo y remplazadas rápidamente.

El conocimiento era su principal arma, pues le daba el control sobre todo y sobre todos…

Sin embargo se había producido un giro inesperado, había algo de lo que el gran Albus Dumbledore no estaba completamente informado y eso, en cierta forma, lo estaba corroyendo por dentro.

FB

Dumbledore: ¿Quién es y qué hace aquí?

¿: Soy Anubis, el Señor de los muertos, y estoy aquí por que tengo algo que proponerle, Dumbledore…

Dumbledore: ¿Cómo ha entrado aquí? –Dijo todavía apuntándole con la varita.

Anubis: Quizás las defensas de este castillo funcionen bien contra los humanos, pero no contra nosotros.

Lo escrutó con la mirada intentando saber a qué se refería, observó los ojos del hombre y una mueca de incredulidad apareció en su rostro. Los ojos eran los que siempre traicionaban a los vampiros revelando su identidad, pues en estos la chispa de la magia ardía como una gran hoguera reflejándose en ellos.

Dumbledore: Vampiro…

Anubis: No estoy aquí para desperdiciar mi tiempo. –Era consciente de que lo más apropiado ahora que habían decidido entrar en la guerra era colaborar con esos magos, pero esto no quitaba el que le hubieran hecho daño a Hermione tiempo atrás, era incapaz de olvidarlo todo y comportarse de forma condescendiente con ese hombre.

Intentó adentrarse en la mente del moreno, pero una sombra negra lo expulsó de esta produciéndole un gran dolor de cabeza, de manera que se vio obligado a sentarse en su silla mientras veía como el vampiro mostraba sus colmillos, de forma amenazante, mientras sus ojos se volvían rojos.

Anubis: Si es listo no volverá a intentar eso. ¿Está dispuesto a escucharme o no?

Y sabiendo que la única forma de desvelar el misterio era que el propio hombre se lo revelara se limitó a asentir con la cabeza.

Anubis: Hemos decidido entrar en su guerra. Les ayudaremos, aunque con nuestros propios métodos…

Y el anciano no pudo más que sorprenderse.

FFB

Dos semanas habían pasado desde aquello y aún le resultaba imposible comprender el motivo por el que estos se habían decido a participar en la batalla en su defensa, pues el moreno se había negado a darle explicación alguna.

Él no respondía ante nadie como bien le había dicho.

Pero también estaban sucediendo cosas preocupantes dentro de la Orden del Fénix.

Desde quinto año comenzó a darse cuenta de que la inteligencia de la señorita Granger podría suponer un problema, pues del mismo modo que a él el conocimiento lo hacía poderoso, a ella la hacía impredecible, así que cuando la juzgaron él se limitó a ser un simple espectador aunque, con solo chasquear los dedos, podría haberla sacado de ese lío, pero se quedó quieto y ella murió.

Ahora sentía como su karma le era devuelto, pues como consecuencia de su muerte la Orden del Fénix estaba dividida en dos por el rencor.

Se había producido una rotura en la unidad del grupo, pues Remus Lupin apenas aguantaba a Harry, de hecho no eran capaces de estar en una misma sala sin iniciar una discusión.

Además, su pieza imprescindible se había revelado contra él. Harry también había sufrido mucho durante este tiempo. Había perdido a Remus, el cual se había convertido en alguien muy especial para él después de que Sirius atravesara el Velo de la Muerte, y pese a haber recuperado hace un tiempo a alguien muy importante en su vida, la herida que había dejado el licántropo aún continuaba abierta y esta había cambiado su comportamiento, pues ahora era temerario e irreflexivo y, casualmente, la única persona que podría haberle puesto un alto, la que siempre lo había controlado y le había hecho entrar en razón, era la misma a la que él había dejado morir, Hermione.

Cuando pensaba en esto estaba a punto de arrepentirse de las decisiones que había tomado, pero un pensamiento acudía a su cabeza una y otra vez.

Estaban en guerra, y para ganar una guerra debía haber bajas en ambos bandos.

Se levantó de su asiento y se acercó hacia el palo en el que un Fawkes adulto lo observaba, estaba acariciándolo cuando una lechuza parda entró por la ventana trayendo un ejemplar de El Profeta, pagó a la lechuza que retomó el vuelo y comenzó a leerlo, llamándole la atención uno de los titulares.

Su mirada se tornó fría y calculadora de nuevo, hizo un movimiento de varita haciendo saltar unas chispas azules y Minerva apareció en su despacho a los pocos segundos.

Minerva: ¿Me has mandado llamar, Albus?

Dumbledore: Sí, Minerva, mira esto. –Dijo tendiéndole el periódico y un pequeño gritó de sorpresa surgió de los labios de la mujer.

Dumbledore: Debemos darnos prisa si queremos sacar provecho de la situación. Esto podría suponer una gran pérdida para Voldemort...

La mujer desapareció del despacho quedando, de nuevo, solo el hombre.

Y allí, el gran Albus Dumbledore, al que muchos consideraban un héroe, un modelo a seguir, volvía a cometer una vez más el mismo error que llevaba cometiendo desde los últimos dieciocho años.

Una vez más sólo se fijaba en el resultado final, y no en las piezas que caerían durante la partida.

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Estaba cansada, acababa de regresar a la casa tras estar toda la noche de cacería, acabando con la patética existencia de esos seres que no merecían ni su sudor, los mortifagos.

En todo el tiempo que había estado encerrada sin duda la guerra se había vuelto más cruel de lo que ella recordaba, y los perros de Voldemort se habían multiplicado como conejos, de hecho de no ser por su actual condición ahora no estaría ilesa.

Se tumbó larga en el sofá que primero encontró y cerró los ojos tratando de relajarse, calmando el frenesí que había sentido al acabar con ellos, pero pronto escuchó unos pasos acercándose hacia donde estaba, así que abrió sus ojos para contemplar a la figura que estaba parada frente a ella, ofreciéndole una copa llena de sangre.

Hermione: Gracias, Vera. –Agradeció a la muchacha, y al tomar la copa su manga resbaló un poco y sonrió al contemplar en su mano el regalo de cumpleaños que Orión le había dado hace unos días.

Hermione: ¿Dónde están los demás? –Le preguntó sentándose y dejándole hueco para que la otra la acompañara.

Vera: Han salido a divertirse, aún están saboreando su recién recuperada libertad. Fenrir no nos dejaba ir a ningún sitio sin que él estuviera presente…

Se hizo un pequeño silencio mientras la castaña apuraba el contenido de la copa.

Vera: Es extraño, creí olvidar hace mucho como se sentía ser libre, ser dueña de mis propios actos sin depender de nadie. –Le sonrió, pues esa libertad era gracias a ella.

Vera: ¿Esperarás a Orión aquí?

Hermione: Sí, tengo algo que hablar con él.

Vera: Entonces me quedaré a hacerte compañía.

Hermione: No sé cuando llegará, puede que te aburras.

Vera: No importa, he traído algo para entretenerme. –Dijo enseñándole un ejemplar de El Profeta. -La verdad es que pensaba estar un rato contigo aunque tú no quisieras.

No pudo hacer otra cosa más que sonreírle con ternura, le gustaba la actitud infantil que mostraba la joven, era mucho mejor que la seriedad y la tristeza que aparentaba hace un tiempo, no era normal que una chiquilla de catorce años tuviera la mirada que poseía Vera la primera vez que la vio, sólo era una niña.

No pasó mucho tiempo cuando las puertas de entrada se abrieron y por ellas apareció el moreno.

Hermione: ¿Qué tal ha ido?

Orión: Una cena exquisita, sin duda los asesinos son los que mejor saben. –Dijo relamiéndose los labios, saboreando el sabor que aún tenía en ellos. – ¿Lista para la clase? –Le preguntó a la castaña.

Hermione: Sí, -Dijo poniéndose de pie. – además quería comentarte algo sobre mi varita.

Orión: Vamos pues. –Y ambos se dirigieron hacia las escaleras para subir a la sala de entrenamiento de la segunda planta, pero el moreno paró a mitad de camino y retrocedió sobre sus pasos hasta llegar a Vera que continuaba leyendo el periódico.

Se acercó por detrás hasta ella y le dio un beso en la cabeza, una costumbre que había adquirido hace poco, después de todo sin ella quizás no hubieran conseguido salvar a Dan y por ello le estaba agradecido.

Levantó un poco la mirada y, de repente, se quedó paralizado.

Le arrebató el periódico a la chica con brusquedad y se puso a leerlo.

Vera: ¡Hey, estaba leyéndolo!

Orión: Hermione, ven aquí.

Hermione: ¿Qué es lo que sucede? –Preguntó mientras se acercaba.

Orión: El chico ese que era tu amigo, el joven, ¿cómo se llamaba?

Hermione: Draco Malfoy. ¿Por qué?

Orión: Lee esto. –Dijo dándole el ejemplar para que pudiera leerlo.

Y la preocupación pronto surcó el rostro de la castaña.

LUCIUS MALFOY ASESINADO

El cuerpo del patriarca de la familia Malfoy fue encontrado ayer en uno de los barrios bajos del Londres muggle, se desconocen las causas de la muerte, aunque no se descarta la hipótesis de que halla sido asesinado debido a las múltiples marcas que presentaba el cuerpo.

El señor Malfoy, que participó en numerosos proyectos de leyes mágicas, deja tras de si un importante patrimonio y una gran fortuna, todo esto será heredado por su único hijo, Draco Malfoy que queda huérfano después de la muerte de su madre, Narcisa Malfoy, en el mes de enero de este mismo año por causas desconocidas.

Se desconoce por el momento la identidad de la persona que se hará cargo del joven Malfoy hasta que éste alcance la mayoría de edad.

Numerosas entidades del mundo mágico han demostrado su tristeza y desconsuelo ante tan terrible…

Dejó de leer la noticia, pues el resto no le interesaba. Al parecer a Draco las cosas no le habían ido nada bien.

Ella sabía lo que su madre significaba para él, así que no pudo más que sentirse culpable por haberlo dejado solo cuando le prometió que siempre le ayudaría…

Pero pronto la tristeza dejó paso al sobresalto, pues una idea llegó a su cabeza,

Hermione: Voldemort lo querrá a su lado ahora que su padre ha muerto. –Dijo mirando al moreno.

Orión: ¿Cuan importante es ese chico para ti, pequeña?

Se miraron en una conversación silenciosa mientras Vera seguía observando a ambos, todavía sin entender nada.

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Abrió los ojos para observar el lugar que lo rodeaba, un sitio que el conocía muy bien, pues en los últimos años se había visto obligado a visitarlo más de lo que le habría gustado.

Un lugar silencioso, pacífico, pues casi juraría poder escuchar los murmullos de las almas difuntas a su alrededor, quizás apartadas de toda tristeza, quizás condenadas al sufrimiento eterno.

Delante de él una lápida blanca lo recibía, y sobre ella depositó una rosa negra, mientras leía la inscripción que irónicamente rezaba "Hermione Granger, fiel amiga.", una lápida que él mismo, junto con Remus, mandó hacer.

Draco: Otra vez aquí… -Sentía como la tristeza iba haciendo mella en él. –Pronto todo acabará, ¿sabes? Al final mi destino se cumplirá, Hermione.

Fue una mano apoyándose en su hombro lo que hizo que se diera la vuelta, observando ante sí el fantasma de aquella a la que estaba hablando, sus ojos ahora dorados y su cabello castaño mucho más largo de lo que recordaba habérselo visto nunca.

Draco: ¿Estoy soñando de nuevo?

Hermione: Sí.

El paisaje a su alrededor cambió, encontrándose ahora en el cuarto del Slytherin.

Hermione: No deberías llorar mi muerte.

Draco: Cómo no hacerlo. –Dijo mientras una sonrisa rota aparecía en su rostro. –Ya no me queda nada, cuando despierte volveré a mi propio infierno. Y esta vez nada me librará de él.

Sintió como un pequeño malestar recorrió su cuerpo entero.

Draco: ¿Ya es la hora de despertar?

Hermione: Sí. –Le agarró del brazo haciendo que el chico se sobresaltara ante la sensación de realidad del contacto. –No llores por mí, pues pronto volveremos a vernos, Draco.

Un dolor en su muñeca hizo que se apartara de la castaña, mirando como su sangre manaba del pequeño corte que le había hecho la joven.

Se despertó de repente empapado en su propio sudor, llevaba una semana soñando con lo mismo, al principio solo imágenes borrosas y partes del sueño, pero esta vez lo había sentido tan real que sintió el calor de la mano de la chica cuando esta lo tocó.

Comenzaba a preocuparse.

Fue al pasarse la mano para retirar algunos de los cabellos, que se le habían quedado pegados en la frente, cuando notó que algo resbalaba por su ceja.

Se llevó la mano hasta tocarse la frente, y lo siguiente que vió fueron sus dedos manchados de sangre. La misma sangre que manaba de la herida que tenía en una de sus muñecas.

La misma herida que le había hecho Hermione en sus sueños, porque… ¿Era un sueño, verdad?

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Abrió los ojos dejando ver el dorado de su mirada. Se encontraba confusa, pues no sabía si estaba tomando la decisión correcta, pero no había vuelta atrás. Él dependía de ella.

Se incorporó sentándose en la cama y soltando la mano de Orión que, hasta hace unos segundos, estaba durmiendo a su lado y que ahora la miraba esperando alguna reacción por su parte.

Orión: Es la última vez, pequeña.

Lo miró, y el miedo a un mal desenlace se reflejó en sus ojos.

Orión: No puedo seguir colándote en su mente, no sería justo para él que le alientes en sus sueños con una realidad que no sabes cuando cumplirás.

Hermione: Tendré que ir a buscarlo pronto… A él tampoco le queda mucho tiempo antes de que no haya vuelta atrás.

Orión: Será mejor que no tardes mucho. La mente humana es demasiado compleja, pronto empezará a pensar que se está volviendo loco… -Dijo levantándose y dirigiéndose a la salida del cuarto de la chica. –Volveré en unas horas, tengo que asegurarme de que tenemos todo lo necesario para que esto salga bien.

Hermione: Te estaré esperando. –Se despidió, pero pronto vio como el vampiro negaba.

Orión: Será mejor que te acuestes ya, esto consume tanto mi magia como la tuya, y pareces cansada.

Se marchó, dejando a la chica enfrentándose a sus temores, algunos de ellos completamente infundados, pero que la sumían en la inseguridad.

Y así los días fueron pasando.

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Un jarrón impactó contra el espejo haciéndose ambos añicos.

Se sentía impotente, había pasado ya una semana y media desde la muerte de su padre y se encontraba encerrado en su propia casa.

Se alegraba de su muerte, pues para él la palabra padre jamás significó nada y mucho menos después de lo que ese infeliz le hizo a su madre. Le era imposible quererlo o llorar por su pérdida.

Sin embargo, su desaparición había traído consigo unas consecuencias, era por eso por lo que se sentía iracundo, pues los mortifagos rondaban la planta baja de la mansión, quizás vigilando que ningún intruso entrase, quizás vigilando que no escapara.

Siempre había sabido que tarde o temprano acabaría siendo un mortifago, pues ese era su destino desde el principio y nada podía hacer contra él, así que ahora estaba esperando a que aquel al que los magos oscuros llamaban Señor se apareciera en su casa para ponerle su asquerosa marca, haciéndolo de su propiedad como si fuera una pieza de ganado.

Tan solo de pensar que pronto la marca tenebrosa estaría grabada en su antebrazo izquierdo se le revolvía el estómago.

Decidió intentar dormir un rato, intentando no faltar también esta noche a su cita con ella en el cementerio, pues desde que se despertó sangrando no había vuelto a soñar con Hermione y eso lo enfurecía, al menos así podría olvidar todo por unos momentos.

Se acostó en su cama y al poco rato su respiración comenzó a sonar lenta y acompasada.

Se despertó sobresaltado, un escalofrío surcó su cuerpo así que, de forma casi automática, cogió su varita de la mesilla y se levantó de la cama. Recorrió la habitación con la mirada, fijándose en una ventana en particular que, abierta, dejaba entrar una parte de la luz que irradiaba la luna. Juraría que había cerrado todas las ventanas…

Fue un ruido lo que hizo que se girase hacia una de las esquinas que estaban en penumbras.

Draco: ¿Quién está ahí? ¡Muéstrate!

Y los pasos comenzaron a sonar en el cuarto, mientras la luna iba iluminando poco a poco una figura menuda.

El sonido de su varita al caer al suelo retumbó mientras su mente era todavía incapaz de procesar la existencia de esos ojos que tantas veces había recordado desde hacía un tiempo, la vista se le iba nublando, pues ni siquiera era consciente de que había dejado de respirar.

¿: Estoy aquí para ayudarte, como te prometí, Draco.

El dolor del golpe al caer contra el suelo fue lo último que sintió.

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Las cosas no habían salido como esperaba.

Durante los últimos días había estado pensando mucho sobre cual sería la mejor forma de presentarse ante él, pero ninguna había logrado convencerla.

Después de todo no podía presentarse después de año y medio y decir: hola, ya sé que pensabas que estaba a tres metros bajo tierra pero, ¡sorpresa! Estoy viva, o al menos parezco estarlo porque, ¿sabes qué? En realidad morí y ahora soy un vampiro, uno muy raro, por cierto.

Podría ser tonta de vez en cuando, pero no imbecil.

Así que, al final, había acabado por optar por lo más fácil, mostrarse ante él y que sacara sus propias conclusiones. ¡Ja, brillante plan! Ahora estaba pagando sus consecuencias…

Hermione: Draco, despierta, vamos despierta. –Dijo mientras le daba unos golpecitos en la cara, se alegraba de haber puesto un encantamiento insonorizador sobre el cuarto, o el ruido que había hecho el rubio contra el suelo ya habría alertado a todos los mortifagos… - ¡Despierta de una vez!

Fue abriendo los ojos lentamente.

Hermione: Al fin despertaste…

La empujó a un lado haciendo que se cayera de la cama en la que estaban.

Podría haber evitado la caída gracias a sus reflejos, pero decidió no darle al rubio otra cosa para pensar, pues ningún humano sería tan rápido.

El rubio miró a su alrededor y en cuanto dio con su varita volvió a apuntarla.

Draco: ¿Quién eres y quién te manda? –Dijo el rubio de forma fría.

Hermione: No pensé que te hubieras vuelto tan tonto. –Dijo negando con la cabeza mientras se levantaba y comenzaba a acercarse al chico que se había puesto de pie.

Draco: Quieta o me veré obligado a atacarte…

Hermione: Maldita sea, Malfoy, soy Hermione. ¿Es que ya te has olvidado de mí?

Draco: ¡Mientes! Ella está muerta.

Un silencio se formó durante unos segundos hasta que la castaña decidió romperlo.

Hermione: ¿Ya te has recuperado de la conmoción de antes?

Draco: Sí, ¿por qué? –Dijo el rubio a quien la pregunta le había descolocado un poco.

Vio como ella solo se encogía de hombros para abrir la boca a continuación, mostrando unos colmillos demasiado desarrollados que hicieron que el rubio fuera atando cables.

Hermione: ¿Contesta esto a tu pregunta, Hurón? –Dijo mirándolo fijamente, si eso no lo convencía se vería obligada a cumplir su propósito por las malas.

No sabía que hacer, se había quedado paralizado. La tenía frente a él después de mucho tiempo.

La había necesitado tanto, había necesitado de su apoyo, de su amistad, tantas veces quiso que volviera a estar con él… ¿Pero sería la misma muchacha que él había conocido? ¿Debería fiarse de ella ahora que era un vampiro? Sin duda había muchas preguntas que requerían contestación, pero una en especial le estaba dañando en lo más profundo de su ser.

Draco: Los sueños…

Hermione: No eran sueños, al menos no en su totalidad…

Draco: ¿Por qué ahora?

Hermione: ¿Cómo?

Draco: Después de tanto tiempo llorando tu muerte, creyendo que jamás volvería a verte. ¡Por qué ahora!

No necesitaba leer su mente para darse cuenta de la furia que sentía el rubio, pues en ella sentía un sentimiento igual de fuerte, pero algo distinto, tristeza… tristeza al ver como el chico tenía los ojos húmedos de lagrimas que quizás otro, alguien que no fuera un Malfoy, ya habría derramado.

Hermione: La vida tampoco ha sido fácil para mí. ¿Sabes? –Intentó acercarse a él, pero la apartó de un manotazo, sin embargo esta vez ella no trastabilló, sino que se quedó en su lugar a pesar de todo.

Draco: ¡Lárgate, no quiero verte, lárgate!

Hermione: No lo haré. –Y lo dijo tan segura de sí misma que atrajo la atención del otro que desde hacía un rato se negaba a mirarla. –Esta vez no te dejaré solo, estés de acuerdo o no, Draco.

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Se encontraba frustrado, no era capaz de reconocer que había perdido una gran oportunidad, ya que el chico podría haber supuesto un giro importante en la guerra.

Pues, como llevaba sucediendo desde hace un tiempo, no tenía el control en sus manos.

Había planeado su jugada al detalle, pero algo había salido mal, un elemento con el que él no contaba se había inmiscuido. Así que allí estaba, a las tantas de la noche ante un funcionario del ministerio que parecía no querer comprenderle.

Dumbledore: Ya le he dicho que es de vital importancia que me diga el nombre de esa persona.

Funcionario: Y yo le repito que me ha sido prohibido rebelar la identidad del tutor, señor haga el favor de comportarse.

Se hartó, si no lo hacía por las buenas sería por las malas, así que intentó introducirse en la mente del hombre esperando que este no se percatará, y sintió como la dicha lo embargaba al conseguir su propósito, pero esta tan pronto como vino se fue, pues allí, donde debía estar la información que él quería, solo había un espacio en blanco.

Se extrañó, pues si le hubieran borrado la memoria al hombre este no estaría defendiendo tan arduamente la identidad de la persona que tenía la custodia del joven Malfoy.

Funcionario: Ahora si me disculpa, mi turno acabó hace media hora, ¿le importaría irse? -Dijo el hombre al borde de mandar al anciano a otra parte por muy director de Hogwarts que este fuera.

Se dio la vuelta para salir del edificio, confuso, pues últimamente no entendía nada de lo que a su alrededor sucedía.

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Llevaban un rato quietos, observándose mutuamente cuando ella decidió romper el silencio.

Hermione: Pronto vendrán a buscarte, Draco. Decídete ya.

En la mente del rubio todo estaba mezclado, por una parte deseaba irse con ella, con la única que había sido su amiga realmente, pero…

Draco: Eres un vampiro…

Hermione: ¡Soy Hermione! –Dijo ofreciéndole la mano.

El joven se lo pensó durante unos minutos y se acercó a ella, abrazándola.

Draco: No sabes cuanto te odio…

Hermione: Lo sé, yo también te quiero. Te he echado de menos…

Draco: Estoy dispuesto a aceptar estar el resto de mis días escondiéndome de todos. –Dijo separándose de ella, esta vez sonriendo.

Hermione: ¿Por qué deberías esconderte?

Draco: ¿Acaso crees que me dejarán escapar tan fácilmente? Soy un Malfoy. –Dijo poniéndose completamente recto. -Empezarán a buscarme en cuanto desaparezca, si no es por mi vida será por mi fortuna, Granger. ¿Qué es esto?-Dijo refiriéndose al papel que la castaña había estampado contra su pecho.

Hermione: Pues me temo que aunque te encuentren no tendrán forma alguna de separarme de ti. Puedes llamarme mamá, Draquito. –Dijo riéndose y estirándole de una de sus mejillas.

Hermione: Nos vamos. –Sentenció cogiéndolo del brazo mientras el otro aún no reaccionaba y ambos desaparecieron mientras las alarmas antimagia comenzaban a sonar en la casa.

Alguien había traspasado el campo que la rodeaba y ellos no se habían percatado hasta que ya era demasiado tarde. Así que lo único que encontraron los mortifagos cuando entraron a la habitación del chico fue un cuarto vacío y una ventana abierta.

Sin duda este no le iba a gustar a su Lord.

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¿Era posible que la vida diera tantas vueltas en tan solo unas horas? Lo era, y él era la viva muestra de ello.

El destino del que creyó no poder escapar aquella misma tarde había desaparecido. Había pasado de ser un recién estrenado huérfano a tener una madre solo un año mayor que él. Y al fin era libre, podría ser él mismo sin temor a represalias, pues no le cabía duda alguna de que Hermione jamás lo obligaría a aparentar algo que no era.

No lograba entender como la castaña había obtenido su custodia, pero eso era lo que menos importaba ahora, el hecho es que la tenía.

Hermione solo le había explicado lo básico acerca de lo que había estado haciendo el tiempo que estuvo desaparecida, así que sentía como los nervios iban creciendo en él mientras se acercaban a las puertas de la gran mansión que había ante ellos.

La chica abrió las puertas y le instó a pasar tras ella.

Miró a su alrededor observando a todas aquellas personas que tenían sus ojos puestos en él, analizándolo, y sintió como empezaba a inquietarse al observar que, la mayoría de ellos, no eran humanos.

Pero una mano tomando la suya lo tranquilizó.

Hermione: No te harán daño, solo sienten curiosidad por ti. La verdad es que aquí viven casi tantos humanos como vampiros. -Sintió como se le quitaba un peso de encima. –Sígueme, quiero presentarte a alguien.

Subieron por la escalera hasta el segundo piso, la castaña se paró frente a una puerta y la abrió.

Apenas le dio tiempo de mirar al interior cuando Hermione se fue corriendo de su lado hacia un hombre moreno que se puso de pie de inmediato.

Lo observó rápidamente fijándose en él, en su cabello largo y oscuro como la noche que se encontraba amarrado por una cinta, formando una coleta baja, y en sus ojos dorados, idénticos a los de Hermione.

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Estaba contento. A pesar de todos los papeles que estaban acumulados en esa mesa esperando a que los revisase, estaba contento.

Pues jamás se le olvidaría la expresión de Hermione cuando volvió del Ministerio y le mostró a la chica al pergamino que había conseguido. Un trozo de papel que aseguraba la libertad de su amigo.

Desde luego la reacción de ella había sido bastante exagerada para el esfuerzo que le había costado a él obtener el papel. A los diez minutos ya había perdido la cuenta de cuantas veces le había agradecido la chica, mientras que él solo tuvo que colarse en la mente del encargado y controlarlo durante un rato para que este creyera normal que una joven de dieciocho años se hiciera cargo de un chico de diecisiete. Pan comido.

El ruido de la puerta al abrirse interrumpió sus pensamientos.

Se levantó y unos cabellos castaños taparon su vista, pues Hermione se había lanzado a abrazarlo.

Orión: Ya has vuelto. ¿Cómo ha ido? –Dijo mirándola mientras ella le sonreía.

La muchacha se apartó y se puso a su lado, permitiéndole ver al rubio que los observaba desde la puerta.

Hermione: Draco, quiero presentarte a Orión, fue él el que me salvó.

No necesitaba meterse en su cabeza para saber lo que sentía el rubio pues, aunque el chico no lo demostrara, le era imposible no oler el aroma a miedo que despedía.

Lo observó durante unos segundos que se tornaron tensos por parte de los dos.

Orión: Encantado de conocerte. –Dijo haciéndole una pequeña reverencia, una costumbre de otra época que nadie había sido capaz de quitarle.

Draco: Igualmente. –Y se tensó al ver como el imponente vampiro se acercaba lentamente a él. Miró a Hermione en busca de alguna señal que le indicara si corría peligro, pero la chica solo sonreía.

Se quedó quieto cuando el moreno quedó a unos pasos de él y jamás se habría imaginado lo que pasó a continuación, pues cuando se dio cuenta el vampiro ya lo estaba abrazando. Un abrazo paternal que jamás había tenido la suerte de recibir.

Era cierto que los humanos no le gustaban demasiado, pues de su pasado había aprendido que no eran seres de fiar, eran traicioneros, pero aquel chico había salvado a Hermione de la locura mientras estuvo en Azkaban pues, como le dijo la castaña tiempo atrás, solo el recuerdo del rubio y de Remus Lupin la habían ayudado a seguir luchando cuando creyó que todo estaba perdido.

Así que si el chico ayudaba a que ella fuera feliz, que llegasen veinte como él.

Orión: Bienvenido a casa, Draco.

Y todo lo que le había sucedido durante esos diecisiete años voló a su cabeza impidiéndole mantener la compostura.

Draco: (Sí, al fin tengo un verdadero hogar.)

Y con la idea de que al fin su vida mejoraría durmió tranquilo esa noche, rodeado de seres que podrían matarlo sin esfuerzo alguno, pero que ahora eran su familia.

Continuará…