Capítulo 8: Enfrentando el pasado.
Fue su estado de ansiedad, la preocupación que la corroía por dentro, lo que le impidió seguir durmiendo. De modo que abrió los ojos rindiéndose finalmente ante la consciencia y se puso a pensar en la causa de su estado.
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Se encontraba en una de las salas de estudio de la mansión, casi enronada en libros y pergaminos, algunos de ellos de tal grosor que infundía respeto el solo mirarlos. Estaba cansada, pero bien merecía la pena aguantar un poco más si con ello conseguía algún resultado, no en vano había invertido toda una semana en esa investigación, no podía rendirse ahora, pues tampoco habría sido justo para los dos rubios que la habían estado ayudando todo ese tiempo.
Siguió durante un rato que se le hizo eterno, y tras suspirar por quinta, sexta o séptima vez, ya había perdido la cuenta, por una de las puertas apareció su salvador de unas interminables horas leyendo.
El moreno pasó de largo sin pronunciar palabra alguna, sin embargo fue su mirada sobre ella la que dio a entender que tenían que hablar en privado.
Hermione: Enseguida vengo. –Dijo la castaña a Draco y Alex que apenas asintieron, seguían inmersos en la lectura.
Pasó a la sala de al lado y allí, tal como se había imaginado estaba Orión esperándola, sentado en uno de los sillones y con las manos en su cabeza, ejerciendo presión sobre las sienes.
Hermione: ¿Cómo ha ido la reunión?
Orión: El viejo no confía en nosotros, el único motivo por el que nos acepta es porque sabe que nos necesita, y cree poder manejarnos a su antojo, sin embargo solo nos cuenta lo que quiere que sepamos…
Hermione: Es normal que no nos cuente todos sus secretos, no en vano hay que reconocer que, a pesar de todo, es un buen estratega. ¿Qué es lo que ha sucedido para que estés nervioso? – Preguntó poniéndose a su espalda y comenzando a masajear sus hombros en un intento de quitarle la tensión acumulada en esos días.
Orión: Me he enterado de algunas cosas interesantes en la mente de Dumbledore. Por lo visto no solo tienen que lidiar con conflictos exteriores, sino también interiores. La Orden de la que me hablaste está en crisis, y ni siquiera puede controlar correctamente a su propia gente. Potter está en la enfermería. – Sintió como la presión en sus hombros desaparecía y pronto Hermione estaba de rodillas frente a él, interrogándole con la mirada. – El chico tiene ya diecisiete años, pequeña, y Dumbledore lo trata como a un crío de tres. Lo tiene completamente vigilado las veinticuatro horas del día impidiéndole dar un paso sin su consentimiento y al final él explotó, se escapó y se metió en una batalla contra algunos mortifagos, fue una suerte que lo encontraran más o menos bien.
Se hizo un pequeño silencio mientras la castaña calculaba la gravedad de la situación.
Hermione: Habrá que vigilarlo por nuestra cuenta. Harry siempre fue demasiado impulsivo, Dumbledore jamás fue capaz de controlar su carácter del todo, y por lo que me cuentas esta situación escapa a su control. Si el muere se acabó todo, será el fin. –Dijo mirándolo seriamente. –Y eso no podemos permitirlo.
Orión: Lo sé. Soy consciente de que tenemos que asegurarnos de que no le ocurra nada, es por ello por lo que solo veo una salida a esto, una que no te gustará. Pronto comenzará Hogwarts y el chico estará allí, de los nuestros tú eres la única que no debe temerle al sol, la única que podría vigilarlo a todas horas, pequeña… Tendrás que volver a Hogwarts…
Vio como la piel de la muchacha adquiría un tono aún más pálido del que ya tenía mientras le miraba entre aterrada y resignada.
Hermione: ¿No hay otra forma? –Preguntó con un hilo de voz, el mismo que murió al ver como el vampiro negaba lentamente con la cabeza.
Orión: Lo siento… Sabes que no querría hacer nada que pudiera dañarte, pero esto es necesario…
¿: ¡Yo iré!
Y los dos vampiros dirigieron su atención hacia Draco que, con unos papeles en la mano, los miraba desde la puerta.
Draco: Lo siento si me inmiscuyo, solo venía a decirle a Hermione que creo haber encontrado algo importante para la investigación, y os escuché sin quererlo.
Orión: Ya no importa… -Quizás no le gustase que se metieran en sus conversaciones, pero el chico ya era parte de la familia.
Draco: Sé que no tengo vuestras habilidades, pero yo tengo que ir de todas formas a Hogwarts, así que podría vigilar a Potter, además no creo que a Hermione le haga mucha gracia tener que volver allí. Y si no funciona siempre podéis volver a la idea inicial…
Hermione: Lo harías…
Draco: No es que me agrade tener que ser la niñera de San Potter, pero podría hacer la obra de caridad del año. Después de todo alguien tan torpe como ese chico sin duda necesita desesperadamente la ayuda de un Malfoy que le impida meter la pata más de lo que lo hace normalmente. –Terminó con una de sus sonrisas altaneras.
Lo miró evaluando mentalmente su oferta, para detenerse luego en los ojos suplicantes de la castaña, tampoco perdía nada por intentarlo y si no funcionaba Hermione ya habría tenido tiempo para hacerse a la idea, pues reconocía que esto había sido muy precipitado considerando el daño que había sufrido la castaña.
Orión: Una semana. –Dijo el vampiro mirándola fijamente. –Le doy una semana desde que comience el colegio, si en ese tiempo el plan no funciona deberás entrar tú. ¿De acuerdo?
Y como contestación solo recibió una sonrisa de la castaña y una afirmación frenética.
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La semana había pasado, un tiempo en el que fue capaz de serenarse y de convencerse de que esa era una misión que debería cumplir, como cualquier otra, si ocurría lo peor. Y lo peor había ocurrido.
Debido a su enemistad Draco apenas podía acercarse a Harry, además tampoco podía vigilarlo en su sala común y sin duda resultaría sospechoso ver a un Malfoy siguiendo a un Potter por todas partes.
Esta era la causa de su nerviosismo, de su estado de alteración, pues era la hora de que ella entrase en acción, de que volviese a Hogwarts…
Apartó de su cintura el brazo de Orión para poder levantarse de la cama y tomó la bata que estaba colgada en una de las sillas, cubriéndose con ella.
Se acercó al balcón y abrió las ventanas, teniendo cuidado de que los rayos del sol no alcanzaran al vampiro que aún dormía, hoy era el último día que podría pasar junto a él en quién sabe cuánto tiempo y quería hacerlo especial…
Cerró los ojos mientras disfrutaba con los brazos extendidos de la sensación que le producía el sol al templar su piel, mientras evocaba en su mente una conversación que tuvo con el moreno hace unos meses…
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Orión: ¿Cuál es tu mayor deseo?
Hermione: ¿Cómo? –Dijo dejando de prestar atención a la danza de las llamas de la chimenea para mirar al hombre.
Orión: Ha pasado bastante tiempo desde que te traje con nosotros y me he dado cuenta de que hay muchas cosas de ti que aún no se. Por ejemplo no conozco cuál es tu mayor anhelo, tu mayor deseo…
Surgieron unos segundos de silencio mientras la castaña parecía inmersa en sus pensamientos.
Hermione: La verdad es que jamás me había parado a pensarlo, pero supongo que mi mayor deseo sería volar.
Orión: ¿Lo supones? –Y como tantas otras veces había pasado tuvo la sensación de que la presencia del moreno le ayudaba a esclarecer sus pensamientos.
Hermione: Lo sé.
Orión: ¿Por qué volar?
Hermione: Siempre estuve prisionera en una jaula, prisionera de mi imagen, de mi familia, mis amigos, de lo que todo el mundo esperaba de mí. Jamás me sentí libre de ataduras y cuando estuve en Azkaban esa sensación de claustrofobia, de esclavitud a unas estúpidas normas, aumentó. Es por eso que mi mayor anhelo es la libertad, y creo que no hay nada más parecido a la sensación de libertad completa que volar… -Dijo sonriéndole mientras el otro se había quedado ensimismado al ver el brillo que sus ojos habían adquirido mientras hablaba, como si un gran peso hubiera desaparecido para dejar su alma más liviana.
Hermione: ¿Y tú? ¿Cuál es tu mayor deseo?
Orión: Hace mucho que aprendí por las malas que es imposible, aún para nosotros, devolver la vida a las personas que ya han partido. –Respondió con una mueca melancólica. – Así que mi mayor deseo sería poder sentir el sol en mi piel sin que este me dañase…
Hermione: ¿Por qué? –Preguntó imitando al moreno.
Orión: Cuando nos transformamos algunos de nosotros nos vemos obligados a renunciar a muchas cosas. Algunos vampiros anhelan envejecer y morir, yo aún no he vivido tanto tiempo como para sentirme hastiado de mi existencia, otros anhelan el amor, pero solo porque no son capaces de comprender que aunque nuestra forma de amar es distinta a la de los humanos también es más real, otros la compañía de sus familiares, de sus seres queridos muertos, pero como te he dicho hace un tiempo acepté la muerte como algo inevitable… En mi caso, anhelo el sol porque aprendí que algo tan efímero como sentir la piel calentarse bajo sus rayos puede ser el mayor placer del mundo, y eso es algo que, irremediablemente, nos está vetado a los vampiros…
Hermione: Parece que los dos ansiamos imposibles…
Estuvieron observándose mutuamente durante algunos minutos hasta que el moreno se levantó repentinamente.
Orión: Sígueme, quiero enseñarte algo.
Atravesaron numerosos corredores y pasillos hasta llegar a una gran azotea, Orión abrió una de las puertas y quedaron al aire libre, observando las estrellas mientras el viento jugaba a enredar su pelo.
Hermione: ¿Por qué me has traído aquí?
Orión: ¿Crees en los imposibles? Quiero enseñarte que estos también pueden hacerse realidad. –Dijo sonriendo mientras la castaña veía incrédula como un par de alas de plumas, tan negras como la noche, surgían en la espalda del vampiro.
Hermione: ¿Cómo…?
Orión: Aparte de los poderes que cada vampiro hereda de aquel que lo transformó, cada uno tiene una serie de poderes propios, únicos. En mi caso además de poder meterme en la mente de las personas y escuchar sus pensamientos también puedo hacer esto, volar.
Apenas había asimilado las palabras dichas por el moreno cuando este la sorprendió poniéndola a su espalda y sujetando con sus manos las suyas alrededor de su cuello, quedando así entre las dos bellas alas.
Orión: ¿Lista?
Hermione: ¡¿Lista para qué?!
Pero en menos de dos segundos su respuesta se vio contestada, pues Orión se había lanzado al vacío desde la azotea arrastrándola con él.
Hermione: ¡Alguna vez te mencioné que tengo pánico a las alturas!
Un grito surcó la noche, pero tan pronto como vino se fue, y pronto el eco de las risas de dos personas comenzó a escucharse vagamente.
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Sintió movimiento a su espalda, así que se adentró en las sombras de la habitación permitiendo que el moreno la abrazara por la cintura y la apoyase contra su cuerpo.
Orión: Aún no sé cómo puedes hacerlo. –Dijo mirando el lugar en el que la muchacha estaba hace tan solo unos segundos.
Ella se limitó a volverse hacia él y sonreírle sin romper el abrazo.
Hermione: Hoy nos despedimos…
Orión: Sabes que no será por mucho tiempo, pequeña. Te tendré al tanto de lo que sucede aquí, además sabes que si quieres algo solo tienes que meterte en mi mente. Y si ves que la situación te supera, no dudes en volver, ninguno te lo reprocharíamos.
Hermione: Gracias… -Dijo mientras rozaba sus labios para separarse finalmente. –Quiero hacerte un regalo antes de irme. –Y le entregó un pequeño frasco que contenía un líquido carmesí.
Orión: ¿Qué es esto? –Preguntó mirándolo con curiosidad.
Hermione: Solo tómatelo, confía en mí.
El moreno destapó el frasquito y se tragó su contenido de golpe, haciendo que en su rostro apareciera una expresión de desconcierto.
Orión: ¿Sangre?
Hermione: Mi sangre. –Le cogió de ambas manos entrelazando sus dedos mientras el frasquito rodaba en el suelo de la habitación. -¿Crees en los imposibles?
Y poco a poco fue arrastrando al vampiro hacia la luz, este la miró a los ojos y se dejó hacer, confiaba en ella.
Paró cuando estaban afuera en el balcón y la luz del sol los cubría a ambos.
El moreno levantó los ojos de sus propias manos para posarlos en ese astro, en el sol que estaba calentando su piel sin dañarla, mientras las lágrimas corrían libres por sus mejillas ante una Hermione sonriente.
Orión: Es el mejor regalo que podrías haberme hecho, pequeña… -Dijo besándole la frente mientras sus lágrimas aún caían.
Hermione: Lo sé. Ahora será mejor que te vistas, solo tenemos hasta que oscurezca y quiero ir a bastantes sitios. Tú me cargas las bolsas y yo te enseño cómo es Londres a la luz del día. ¿Te parece? –Dijo guiñándole un ojo juguetonamente mientras se internaba en el cuarto para cambiarse ella también.
Orión: Me parece una estupenda idea. Londres muggle a la luz del día después de cientos de años… ¿Pero cómo lo has hecho?
Hermione: Esta última semana he pasado bastante tiempo con Selene. Creímos que sería bueno para nosotros encontrar una forma de que pudiéramos luchar a la luz del sol si llegara a ser necesario. Así que estuvimos haciendo una serie de experimentos con mi sangre, créeme cuando te digo que no había mordido tantos bichos juntos en mi vida, en especial las palomas y las ratas saben fatal… -Dijo haciendo una mueca de asco que tuvo como contestación una sonrisa del moreno. –Y al final conseguimos hacer que mi habilidad pudiera ser traspasada mediante mi sangre, aunque solo por un periodo de tiempo.
Orión: Vamos pues. –Dijo ofreciéndole su brazo a la castaña del que esta se colgó en seguida. –Tenemos muchas cosas que hacer y pienso comprarte ropa para todo el año, después de todo tienes que poner Hogwarts patas arriba…
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Estaba en los jardines de la casa, la luna ya había salido y todos estaban allí para despedirla. Era hora de partir, de enfrentarse a todo y a todos.
Orión: Dan te acompañará hasta los terrenos de Hogwarts. Si tienes algún problema no dudes en decírmelo, ¿entendido? –Dijo poniéndole la capucha de la capa plateada que llevaba la chica.
Hermione: Tranquilo, lo haré.
Apenas terminó de hablar cuando una figura un poco más pequeña se lanzó contra ella estrechándola.
Vera: Te echaremos todos de menos, las bromas que le gastemos a Alex ya no serán tan divertidas sin ti aquí. –Dijo sin percatarse de que el rubio fruncía el entrecejo.
Al fin sabía quien le había teñido el pelo una semana atrás.
Hermione: No será por mucho tiempo. –Dijo mientras le secaba las lágrimas a la loba, notando como sus ojos se iban humedeciendo poco a poco. Después de todo esa chiquilla se había convertido en la hermana pequeña que nunca tuvo.
Vera: Si alguien te molesta, me lo dices, y cuando halla luna llena me lo comeré, no importa si tengo indigestión una semana.
No pudo evitar reír ante su comentario, miró a Orión con seriedad.
Hermione: (Es la hora…)
Orión: (Yo cuidaré de tu manada hasta la luna llena, no te preocupes por ellos.)
Hermione: (Lo sé.)
Dan: Tenemos que irnos, sino se nos hará tarde.
Y las dos figuras se alejaron poco a poco de la entrada.
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Dan: Quita esa cara, no vas directa al matadero, además por tus obligaciones tendrás que vernos muy pronto y estoy casi completamente seguro que en Hogwarts no hay más que ovejas indefensas. Diviértete, ahora eres libre y nadie te negará eso… -Dijo intentando animarla mientras el gran castillo se vislumbraba a lo lejos.
Hermione: Gracias… -Y Dan desapareció pues ya estaban a las afueras de Hogwarts.
Hermione: Vamos allá. –Tras un suspiro comenzó a caminar en dirección al inmenso castillo que se alzaba ante ella.
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Dan: Ya ha entrado.
Orión: Bien, puedes retirarte. –El pelirrojo se fue dejando en la puerta solo a los dos hermanos que permanecían mirando el lugar en el que la castaña había desaparecido.
Orión: ¿Qué te pasa, Alex? Ni siquiera te has despedido de ella.
Alex: Algún día tendrás que decirle la verdad, Orión. No puedes hacer que crea eternamente que puede ver el sol gracias a un poder propio. No es justo para ella…
El moreno se giró hacia su hermano mostrando un semblante que hacía meses que el rubio no le había visto, pues sus ojos se habían tornado tan fríos como el propio hielo.
Orión: No me arriesgaré a perderla, no podría soportarlo y lo sabes bien, no de nuevo…
Alex: Es tu decisión. Pero si no lo haces y se entera por casualidad, la perderás irremediablemente y quién sabe si para siempre.
Un silencio tenso se produjo entre los dos, mismo que fue roto por un suspiro de resignación del rubio.
Alex: Es una chica lista, y muy madura a pesar de ser joven. Sabrá escoger bien, Orión.
Y tras posar una de sus manos en el hombro del moreno en señal de apoyo se dio la vuelta y se metió en la mansión.
Orión: No puedo decírselo. No soy capaz… -Y el también se internó en la casa.
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Hace unas horas que las clases habían terminado, y quedaba apenas otra hora para que se sirviera la cena, por lo tanto el ambiente en el castillo debía ser relajado. Pero había una sala en la que no era así, pues en el despacho de Albus Dumbledore la tensión estaba a flor de piel.
Dumbledore: ¿Sekhmet Lefey? –Preguntó dejando de observar la hoja entre sus manos para prestar atención a la muchacha que estaba de pie frente a su escritorio.
Una joven de mediana estatura, cabello hasta las caderas, liso y negro como la noche, poseedora de unos ojos azules que le dedicaban ahora la mirada más fría que había visto en mucho tiempo.
Sekhmet: Así es.
Dumbledore: ¿Puedo saber de dónde procede?
Sekhmet: De la escuela de brujas de Quidag, en la parte sur de Inglaterra.
Dumbledore: ¿Y cuáles son los motivos que la han impulsado a cambiar de escuela tan precipitadamente? –Dijo evaluándola con la mirada.
Sekhmet: Mis motivos son personales, y con el debido respeto no creo que eso sea de su incumbencia.
Al instante sintió como el mago intentaba colarse en su mente y como pronto en sus ojos aparecía un brillo de sorpresa ante el muro que había encontrado en la mente de la morena mientras esta le sonreía con cierta malicia.
Dumbledore: Esta noche, antes de que empiece la cena, será seleccionada para comenzar a cursar séptimo año, señorita Lefey.
Sekhmet: Bien, si no le importa querría ir a pasear un rato hasta entonces.
Dumbledore: Como quiera, aunque no creo que sea muy sensato, ya que resulta muy fácil perderse en este castillo.
Sekhmet: No se preocupe, tengo un buen sentido de la orientación y he leído mucho sobre Hogwarts.
Y salió lo más rápido que pudo de la sala dejando al viejo director cavilando.
Había algo en esa muchacha que le resultaba misterioso y conocido al mismo tiempo, y eso lo asustaba.
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Llegó hasta la orilla del lago, en la zona más alejada del castillo, pues necesitaba un instante de tranquilidad para templar sus nervios y ordenar sus ideas.
El tiempo había pasado rápidamente y ya casi era la hora de la cena. Se levantó, pues había sacado una idea en claro.
No era humana, hace ya tiempo que había dejado de serlo y se alegraba. Cuando estaba viva había actuado midiendo cada una de sus acciones, de sus pasos. Siempre controlando lo que hacía, actuando como una mojigata.
Pero había cambiado, ahora se dejaba guiar por sus instintos, le gustaba sentir el poder que ejercía sobre algunas personas, aunque nunca se pasaba, y no iba a estar todo el tiempo con la nariz enterrada en un libro, pues ya sabía la mayoría de las cosas que darían ese año.
Ella había cambiado, y el hecho de volver a Hogwarts no iba a impedir que se mostrara tal cual era ahora.
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Sexto año había sido exactamente como los anteriores, solo que menos apasionante. Tras la muerte de Hermione se había peleado bastantes veces con Malfoy, pues este le reprochaba el haber dudado de ella y proclamaba su inocencia, algo que se probó después y que dejó en su pecho una continua opresión. Las cosas este año parecían estar un poco más calmadas con el rubio, solo le intrigaba una cosa y es que había notado como Malfoy estaba más al pendiente de sus movimientos.
Además ni siquiera se hablaba con Remus Lupin, pues mientras él había estado seguro de la traición de la castaña, el licántropo creía en su lealtad, lo que supuso múltiples enfrentamientos verbales entre los dos.
En cuanto a Voldemort, ahí fue donde más había echado en falta el apoyo de la chica, pues estuvo más cerca que nunca de morir.
Este atacó con sus mortifagos Hogwarts, como todos los años, pero esta vez eran más fuertes y tuvieron que hacer su mayor esfuerzo para salir bien parados.
Se sentía incómodo, cansado de todo y de todos, había perdido el rumbo de su vida y, desde hace tiempo, solo había estado caminando en círculos hacia ninguna parte.
Había conseguido salir de la enfermería justo para el comienzo de las clases, necesitaba desahogarse de todo aquello que hacía que sintiera como su pecho se estrujaba hasta crear una presión inaguantable, pero cual fue su sorpresa cuando al acercarse a Ron este le giró la cara.
Había vuelto a darle uno de sus estúpidos ataques de celos, le dijo que siempre estaba intentando llamar la atención. Como si eso le importara. Uno se disfraza de pollo en un día normal para llamar la atención, no se lanza contra una banda de mortifagos desquiciados.
Ojalá pudiera darle al pelirrojo todo lo que tenía por sentirse libre tan solo unos instantes.
Y pensar en la de veces que había valorado al pelirrojo por encima de Hermione…
¿: Vamos, Harry, quita esa cara, tienes que comer un poco. ¡Llevas unos días sin probar bocado!
Harry: (He aquí otro de mis grandes errores) –Se dijo mirando a su pelirroja novia, Ginny.
Tras la pérdida de Hermione se apoyó en ella para salir adelante, tanto así que creyó estar enamorado y le pidió salir. Ahora se arrepentía, pues se había dado cuenta de que no la quería como pensaba y le incomodaba que estuviera a su lado las veinticuatro horas del día, pero no tenía el valor suficiente de acabar con ese engaño, pues temía quedarse solo.
El sonido del golpeteo del cristal fue lo que hizo que el gran comedor quedara repentinamente en silencio y la atención se posó en el profesor Dumbledore que, de pie, parecía querer anunciar algo.
La profesora McGonagal entró trayendo consigo un taburete y lo que parecía el sombrero seleccionador y lo puso frente a la mesa de profesores.
Dumbledore: Queridos alumnos, antes de que empiece la cena tengo que daros un importante anuncio. Una nueva compañera ha decidido trasladarse a este colegio para acabar de cursar sus estudios, así que vamos a proceder a su selección.
Eso no era normal, nunca ningún estudiante había sido transferido habiendo comenzado ya el curso, y para desgracia suya, en su vida todo aquello anormal significaba problemas.
Dumbledore: Es un placer presentarles a la señorita Sekhmet Lefey.
Las puertas del comedor se abrieron y por ellas entró una chica de figura menuda pero grácil, que caminaba con la cabeza en alto haciendo que su pelo negro se balanceara como un velo hipnotizante.
Minerva: Siéntate en este taburete y yo te pondré el sombrero seleccionador en la cabeza para que escoja cuál será tu casa de aquí a fin de curso. –Le dijo la mujer mientras le hacía una seña hacia el taburete. No dudó a pesar de saber que los ojos de todo el comedor estaban posados en ella se movió con una muestra de seguridad que ya hubieran querido tener muchos de los que estaban sentados.
Observó discretamente la mesa de las serpientes, sin embargo no encontró lo que buscaba, pronto su mirada se desvió hacia la mesa de Gryffindor, donde se topó con unos ojos color esmeralda que la observaban con cierto recelo, sin poder evitarlo su mirada se volvió fría. Pero no pudo pensar mucho tiempo en eso pues sintió el peso del sombrero en su cabeza.
Sombrero: (Vaya, vaya, un placer volver a verla pero, ¿por qué está aquí si yo ya la seleccioné una vez?)
Sekhmet: (Necesito que me ayudes…)
Sombrero: (Tus intenciones no son malas, aunque tampoco muy seguras. Si yo fuera tú me cuidaría bien las espaldas… Te ayudaré.)
Sekhmet: (Podrías enviarme a Slytherin, me sentiría más segura allí.)
Sombrero: ¡Slytherin, eh! –Dijo llamando la atención de las cinco mesas, pero en especial del director y del chico Potter. - ¡Sin duda tienes todas las cualidades de un buen Slytherin! Así que… ¡Gryffindor! –Y el comedor comenzó a llenarse de murmullos sorprendidos, cómo alguien que podría ser un Slytherin iba a ser un Gryffindor…
Sekhmet: ¡Cómo! –Dijo poniéndose repentinamente de pie y tirando el sombrero al suelo.
Iba a alejarse cuando este dijo algo que solamente ella escuchó y que hizo que se girara en su dirección antes de dirigirse a la mesa de los leones.
Sombrero: Un león siempre será un león, por mucho que se corte la melena.
Maldijo su mala suerte cuando se percató de que el único sitio libre en la mesa de los leones era frente a Harry y Ginny, sin embargo se sentó allí resignada a lo que fuera, pero dispuesta a contraatacar.
Tan pronto como estuvo sentada y la comida apareció la pelirroja comenzó a bombardearla a preguntas, preguntas que duraron casi toda la cena y que ella no contestó, pues su mente estaba en otro sitio, recordando el día del juicio, el testimonio de la pelirroja, el veneno que surgió de esa, aparentemente, inocente lengua, la misma que ahora intentaba enterarse de toda su vida como si realmente fuera merecedora de saber algo de ella.
Y casi no quedaba gente en el comedor cuando fue incapaz de soportar más.
Ginny: ¿Y por qué has decidido venir a Hogwarts? ¿Es que tu colegio no era lo suficientemente bueno?
Sekhmet: No creo que eso te importe. –Y sin más se levantó para irse hacia la salida.
Harry: Oye, discúlpate. Ella solo intentaba ser amable. –Se detuvo y se giró para encarar al moreno.
Sekhmet: Estate tranquilo, Potter. –El chico creyó que había sonado como si escupiera su nombre con desprecio. –Cuando quiera escuchar más palabras hipócritas volveré a hablar con tu noviecita. –Y abandonó el comedor.
Ginny: ¡Pero quién demonios se cree esa estúpida para hablarme así! –Chilló la pelirroja indignada.
Harry: Será mejor que vayamos a la sala común. –Ambos se levantaron, una aún lanzando gritos y el otro pensando que le habría encantado poder callar a su novia como lo había hecho la nueva.
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Minerva: Señorita Lefey.
Se giró quedando ante la profesora de transformaciones.
Minerva: Le enseñaré el camino hacia su sala común.
Sekhmet: No será necesario, si me dice donde está iré yo sola.
Minerva: Como quiera. –Dijo tras pensarlo un momento. –Su sala está en la séptima planta, tras el retrato de una señora gorda, la contraseña es garras de león.
Sekhmet: Lo recordaré.
Y al ver que la morena no parecía querer moverse de allí fue ella la que se fue por un pasillo hasta llegar al despacho de Dumbledore.
Dumbledore: ¿Y bien?
Minerva: Es extraña Albus. No se comporta como ningún otro alumno nuevo…
Dumbledore: He comprobado su historia y es completamente cierta, el colegio, su historial, su nombre, todo…
Minerva: Pero hay algo que te preocupa, ¿no es así?
Dumbledore: Tú misma lo has dicho, es extraña. Y hay algo en sus ojos, en su forma de mirar que no me cuadra…
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Tan pronto como la vio desaparecer por el pasillo fue en dirección contraria a la que le había indicado. Hacia las mazmorras.
Iba caminando por el pasillo de entrada a la sala común cuando se dio cuenta de que había unos cuantos Slytherin parados allí.
Sekhmet: (Mucho mejor.)
Slytherin: Vaya, vaya, pero qué tenemos aquí, si es la nueva leona. –Todo el grupo comenzó a reírse, no reconocía al muchacho que había hablado, pero sí que reconocía a Blaise Zabini y a Pansy Parkinson.
Sekhmet: Necesito hablar con Malfoy. –Dijo con tono autoritario, sin embargo la ignoraron deliberadamente.
Blaise: ¿Por qué tanta prisa? Sería una verdadera lástima que te marcharas tan pronto, leona. –Dijo el moreno con malicia, sin percatarse como los ojos de la morena se habían entrecerrado levemente en una clara advertencia de peligro.
Pansy: Además, dudo mucho que mi Draco quiera hablar con alguien como tú. –Dijo mirándola de arriba abajo despectivamente.
Blaise: ¿Por qué no te quedas un rato con nosotros y nos divertimos un poco? –Más risas surgieron mientras el moreno la agarró de una de sus muñecas.
Sekhmet: Yo que tú no haría eso. –Dijo como un silbido peligroso.
El chico se quedó mirándola unos segundos, pero una sonrisa divertida volvió a surcar su cara.
Blaise: ¿Por qué? ¿Es qué me vas a arañar? –Y las serpientes volvieron a reírse a coro, como si no tuvieran personalidad propia.
Sekhmet: Yo no os tendré que hacer nada, ella os lo hará.
Las risas pararon, sintió algo resbaladizo que se movía bajo la mano con la que sujetaba a la leona.
Algunos gritos ahogados se oyeron y cuando el moreno bajó la mirada se encontró con una gran serpiente enroscada alrededor de su brazo que parecía surgir de debajo de la túnica de la chica.
Intentó soltarla, pero ahora era la morena la que le había agarrado de la muñeca mientras la serpiente completamente negra excepto por una escama amarilla en su cabeza se alzaba a la altura de sus ojos enseñando sus colmillos de forma desafiante.
Una mueca de terror surcó el rostro del moreno.
Sekhmet: Necesito hablar con Malfoy, ir a buscarlo. –Dijo fríamente refiriéndose a los otros Slytherin que aún continuaban parados en su sitio.
Uno de ellos se metió en la sala y a los pocos minutos salió acompañado de Draco.
Draco: ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! ¿Quién eres tú? –Dijo el rubio con una mirada capaz de asustar a cualquiera, pero ella no era cualquiera.
Se fijó en la estampa y en como la extraña estaba agarrando a Zabini.
Draco: Suéltalo. –La morena le hizo caso, se percató de cómo el rubio observaba a la serpiente y cuando sus ojos brillaron por menos de un segundo se dio cuanta de que había captado la situación.
Draco: ¿Gryffindor? –Preguntó alzando una ceja como si no se lo acabara de creer mientras en su rostro se formaba una sonrisa que muy pocos de sus compañeros habían tenido el honor de ver. –No sé por qué pero me esperaba algo así. –Ella no pudo más que devolverle el gesto mientras la serpiente había desaparecido bajo la manga de su túnica de nuevo, dejando a la vista solo la punta de su cabeza que aparecía en su muñeca como un tatuaje corriente. –Entra, este no es el mejor lugar para hablar.
Siguió al rubio y pronto llegaron a su habitación.
Un punto a favor de Slytherin, pues ellos tenían cuartos individuales, no como en Gryffindor.
Draco: Bonito cambio. –Dijo una vez cerraron la puerta del cuarto. –Aunque me gustaban más tus ojos de antes.
Una pequeña luz envolvió el cuerpo de la morena, y en unos segundos se desvaneció para dar paso a una muchacha castaña de ojos dorados, Hermione Granger había aparecido.
Draco: Al final te ha mandado Orión…
Hermione: No podemos arriesgarnos, Draco. Además tampoco era justo que tú cumplieras mi misión y Harry es demasiado escurridizo.
Draco: En eso tienes razón, creo que Potter ya sospecha algo raro de mí…
Hermione: Te he traído una cosa de parte de Selene. –Dijo entregándole un paquete que cabía fácilmente en su mano.
Draco: ¿Para qué quiero yo un pendiente? –Dijo mirando consecutivamente a la castaña y la argolla dorada que estaba en su mano.
Hermione: No es un simple aro, es un prototipo de un potenciador mágico. Hará que el poder de cualquier hechizo que lances se multiplique por tres, además también tiene la función de localizador.
Draco: ¿Pero cómo demonios me pongo este trasto?
Hermione: Tranquilo, solo tengo que hacerte un agujero en la oreja y asunto arreglado. ¿Tienes una aguja por aquí? Bueno da igual –Y con un movimiento de su mano hizo aparecer una aguja entre sus dedos.
Draco: ¡No pienso dejar que me traspases la carne con eso! –Dijo mirando a la chica como si se hubiera vuelto loca de repente.
Hermione: Vamos, no seas llorón, es solo un pinchacito de nada, ni siquiera tendrás tiempo de notarlo…
Draco: ¡He dicho que no!
Hermione: Además estoy segura de que con esto las chicas de Hogwarts se volverán aún más locas por ti. –El rubio se iba alejando de la chica conforme esta se acercaba con el objeto diabólico en su mano hasta que finalmente quedó atrapado contra la pared y sucedió lo inevitable.
Draco: ¡Qué no!
Hermione: ¡Deja de gritar! ¡Te he dicho que te lo voy a poner, y como tu madre que soy callas y obedeces!
Fuera, en la sala común, solo escucharon un grito que provenía de la habitación el rubio, más ninguno se acercó, después de todo este seguía siendo temido, pues no en vano era el príncipe de Slytherin.
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Ya era de día y el chico se encontraba con el uniforme puesto, apoyado contra una de las paredes del corredor, esperando mientras era incapaz de dejar de tocar la argolla dorada que colgaba ahora de una de sus orejas. Un solo pensamiento pasó por su cabeza.
Draco: (¿Cómo es que siempre consigue salirse con la suya?)
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Sin duda ese era un día extraño, pues ningún Gryffindor se hubiera imaginado ese espectáculo cuando se levantó.
Después de todo qué demonios hacía un Slythrin, más aún un Malfoy, apoyado en la pared como si esperara algo frente al retrato de su sala común y acariciando lo que parecía ser un piercing en su oreja.
¡¡Desde cuando los Malfoy se ponían pendientes así como así!!
Quien sabe, en un día tan raro como ese quizás hasta Voldemort se había contagiado y había decidido meterse a cura y ellos ni enterados.
Sin duda este iba a ser un año interesante…
Continuará…
Muchas gracias, una vez más, a todas las personas que habeis leído mi historia, dejeis comentarios o no.
Espero alguna crítica, si es constructiva en vez de destructiva mejor... XD
