Al fin, después de tanto tiempo vuelvo a dar señales de vida. No tengo más que pedir perdor por haber tardado tanto en actualizar e intentar que el próximo capítulo este listo pronto. Muchas gracias a todos aquellos que estan siguiendo la historia, me encanta saber vuestras opiniones después de leer un capítulo.

Que lo disfruteis.

Capítulo 11.- ¿Horrocruxe? Siente mi miedo.

Orión: Esto, pequeña, es el resultado de tus investigaciones, la reliquia de la muerte.

Se quedó quieta durante unos instantes, impactada, pues eso era lo último que esperaba del moreno. Creía que la investigación se había paralizado desde que ella se fue.

Sekhmet: El Anillo de los Pewerell, la gema negra es la piedra de la resurrección. ¿Verdad?

Observó el rostro del moreno perfilado por las llamas y notó como una sensación de orgullo la iba invadiendo mientras este asentía.

Sekhmet: Lo habéis conseguido… ¿Pero cómo? –Se percató de algo que debería haber notado desde un principio, sin embargo se le pasó por alto al centrarse tanto en el objeto que reposaba en sus manos. El vampiro lucía bastante mal, incluso más pálido de lo habitual, y sus ojos, esos ojos que tenían el poder de hacer que cualquier presa se entregara a la muerte voluntariamente, habían perdido su brillo, indicio de que el cuerpo del vampiro retenía poca magia en ese momento -¿Qué es lo que te ha pasado?

Orión: Digamos que tuvimos algunos problemillas. –Se quedó callada esperando a que continuara y el moreno observó como le enviaba una mirada de preocupación. – ¿Te has fijado en la gema dorada que bordea la piedra de la resurrección? –Dijo intentando hacer que la chiquilla dejara de verle con cata de cordero degollado, esa mirada que hacía que sintiera como su corazón, muerto desde hace siglos, latía desenfrenadamente.

Por supuesto que se había fijado, había observado todo el anillo, desde el símbolo con forma de pirámide que aparecía grabado en la piedra negra hasta el oro en el cual el anillo estaba forjado.

Sekhmet: ¿Oro? No me digas que…

Orión: Así es, tuvimos que quitar la gema del anillo original para poder rodearla con piedra filosofal. Resulta que a algún estúpido se le ocurrió usar el anillo como horrocruxe.

Sekhmet: ¿Qué es eso de horrocruxe? –Le preguntó algo contrariada. En ninguno de los innumerables libros que conocía de memoria había referencia alguna sobre horrocruxes.

Orión: La verdad es que no me extraña que no hayas oído hablar de ellos antes. Es una magia bastante imprudente a mi juicio, y tan prohibida como las imperdonables. Verás. –Continuó con la explicación. -La persona que desea crear un horrocruxe divide su alma haciendo que parte de esta quede vinculada a un objeto, una persona o un animal mediante un tributo de sangre, un asesinato. De esta forma se asegura de que, al estar su alma dividida, si el cuerpo perece una parte de su alma perecerá pero…

Sekhmet: Otra parte seguirá viva.

Orión: Exacto. –Sonrió ante la capacidad de deducción de la castaña. -Y al ser el alma la energía vital de la persona en cuestión…

Sekhmet: Esta podrá renacer. –Dijo completando de nuevo los pensamientos del otro. –Inmortal esta que su alma sea destruida por completo...

Orión: Así es. ¿Podrías para ya de terminar lo que voy a decir? Resulta algo escalofriante. –Sonrió de manera cínica el vampiro.

Sekhmet: Como si tu tampoco utilizaras nuestra conexión para decir lo que pienso antes de que yo pueda hacerlo…

Orión: La razón para la dama. –Vio como hacía una reverencia exagerada al otro lado de las llamas, quizás no estuviera en plena forma, pero seguía igual de inmaduro que siempre en sus ademanes. No había perdido el buen humor que mostraba cuando ella estaba presente.

Sekhmet: ¿Pero quién podría llevar a cabo semejante hechizo?

Orión: Alguien muy poderoso, eso sin duda.

Sekhmet: ¿Estás bien? –Preguntó al ver como el moreno se llevaba una mano al pecho. Orión era una de las personas más fuertes que conocía y el verlo tan débil hacía que surgiera en su pecho una creciente sensación de angustia.

Asintió para poder seguir hablando.

Orión: A lo que íbamos en un principio. Al usar la reliquia de la muerte como horrocruxe hizo que se comportara de forma contraria a como debería funcionar así que, en lugar de dar vida, la absorbía en cuanto te ponías el anillo. Algo que como sabes es bastante peligroso para nosotros, pues seguimos vivos gracias a la magia que corre por nuestras venas. Supongo que yo soy la viva prueba de este efecto.

Sekhmet: Lo siento Orión, si hubiese sabido que… -Se acercó cogiéndole la mano a través de las llamas, pero un gesto del moreno le indicó que le dejara continuar.

Orión: Es por eso por lo que esta semana fuimos al antiguo hogar de Markus. "Padre" tenía una piedra filosofal en su despacho la última vez que estuvimos allí, y al generar esta constantemente energía vital supusimos que contrarrestaría los efectos del horrocruxe. En pocas palabras, ahora puedes ponértelo sin que absorba todas tus fuerzas, de hecho hay veces que sentirá como te da más poder, por lo visto el anillo genera a veces más energía de la que absorbe.

Sekhmet: ¿Y el horrocruxe? – Por mucha importancia que tuviera el objeto para sus planes no le hacía ilusión ir con la prueba de un asesinato en el dedo…

Orión: También es anulado por la piedra, es como si nunca hubiera existido. Mala suerte para el que lo hizo. –Sonrió mientras el otro tomaba un sorbo de una copa tras encogerse dde hombros despreocupadamente, seguramente estaría cenando.

Se puso seria de repente.

Sekhmet: Sabes. –Llamó la atención del vampiro. –Creí que te habías olvidado de mí.

Orión: Jamás. –Bajó la cabeza incapaz de sostenerle la mirada, pues sus ojos, su misma voz, la reñía en silencio por haber pensado que eso fuera algo posible. Ninguno sería capaz de sobrevivir sin el otro y ambos eran conscientes de esto. – ¿Cómo te va por ahí? –Cambió de tema, no merecía la pena discutir cuando hacía tanto tiempo que no se veían.

Sekhmet: Esta resultando más fácil de lo que pensé, a pesar de la compañía de Perséfone y Draco me siento bastante sola. No es lo mismo poder contar solo con ellos dos que saber que estoy respaldada por todo el clan. –Soltó un suspiro resignado, dejando que con él saliesen a flote todas las emociones que había mantenido ocultas durante este tiempo. -La mayoría de los estudiantes me temen y, los que no lo hacen, me odian solo que no se atreven a hacerlo público.

Orión: Es un cambio grande, pequeña, apenas llevas tiempo allí tardarás un poco más en acostumbrarte. Pídele ayuda a algún chico de Hogwarts, estoy seguro de que si usas tus poderes no tendrán inconveniente en hacer que te sientas como en casa. –Vio la sonrisa torcida del vampiro, quería que se animara retándola y ella no iba a rechazar un reto.

Sekhmet: No necesito usar mis poderes para dormir acompañada y tú eres una viva muestra de ello, Orión. –Sonrió al ver como escupía el último trago que había tomado, por lo visto no esperaba que le sacara eso en cara.

Orión: Touché pequeña, touché. –Volvió a ponerse serio. -Te lo prometí, te prometí que no dejaría que estuvieras allí más tiempo del necesario y sabes que mis promesas son hechos. Por cierto, ¿cuándo hay que enviar el correo?

Se desconcertó un poco, el moreno había hecho esa pregunta como si hablara del tiempo que hacía, sin atisvo de malicia, lo que le daba la certeza de que estaba tramando algo.

Sekhmet: A la hora de la comida. ¿Por qué?

Orión: Nada, cosas mías. –Al ver como el vampiro volvía a beber de la copa supo que no le diría nada más por mucho que le insistiera, decidió dar la causa por perdida.

Sekhmet: Por cierto, gracias por el potenciador de magia. –Dijo enseñándole uno de los anillos que llevaba puestos. –Pero la próxima vez mandarle también a Draco un anillo, no le gustan mucho los pendientes.

Orión: Te aseguro que eso no es cosa mía, por lo visto a Selene le gusta divertirse a costa del chico. –Añadió encogiéndose de hombros.

Sekhmet: Tengo que irme ya. –Dijo al ver que el reloj de la sala marcaba las tres de la madrugada.

El moreno asintió mientras soltaba la mano de la chica, la misma que había estado acariciando durante toda sus conversación, él también había extrañado sus charlas y su compañía.

Orión: Recuerda que eres fuerte, más fuerte que todos ellos. Recuerda que, a pesar de que no estemos contigo, todos nosotros te echamos de menos y te respaldamos desde las sombras, y si Dumbledore vuelve a causarte problemas me encargaré de enviarle el vociferador más grande que haya visto en toda su vida, te aseguro que se quedará sordo durante una semana.

No pudo evitar reír levemente, debía admitir que había sido gracioso ver como el director palidecía poco a poco con la carta.

Sekhmet: Adiós… -Murmuró al ver como el fuego de la chimenea comenzaba a apagarse haciendo que la imagen del vampiro fuera desapareciendo poco a poco.

Orión: Adiós, Hermione. –Una última mirada del moreno se quedó grabada en su retina, como agarrándose a un salvavidas estando a la deriva en medio del océano más salvaje del mundo.

Las llamas se extinguieron completamente, haciendo que su mano cerrada aferrase inútilmente el aire en el que se había vislumbrado la imagen del vampiro, dejando en su alma la sensación de orgullo y valentía que había perdido hace unos días al creerse olvidada por aquellos a los que amaba.

Ella era fuerte, tal y como Orión se había encargado de recordarle, más fuerte que cualquier persona encerrada entra esas frías paredes de piedra que era Hogwarts, así que ese viejo y húmedo castillo no lograría frenar sus ambiciones y ahora, se dijo mientras colocaba la reliquia de la muerte en su dedo corazón, el clan se haría fuerte con ella.


Unos cuantos días habían pasado desde entonces.

Sonrió, pues desde que tuvieron esa conversación el vampiro se ocupaba de que todos los días a la hora de la comida una lechuza apareciera en Hogwarts con una rosa negra para ella.

Una flor que representaba la esencia misma de los vampiros, tanto su fuerza como su fragilidad, la seducción y el terror que infligían en el resto. La dualidad que todos ellos debían aprender a aparentar, del mismo modo que el color representaba el alo de oscuridad, de incertidumbre, incluso de maldad que todos ellos llevaban en la sangre.

Harry: Sekhmet. –Vio como el moreno la saludaba y se sentaba a su lado en la mesa.

Ella se limitó a saludarlo con la cabeza. Esa escena se estaba haciendo cada vez más normal para todos, sabía que el chico sentía curiosidad por ella y se aprovechaba de eso para no tener que ir espiándolo por los pasillos asegurándose de que no hiciera ninguna tontería, mejor tenerlo cerca, aunque tuviera que aguantar constantemente su presencia que se le hacía bastante incómoda, que tener que perseguirlo por todos lados ocultándose en las sombras.

Ron: Soy Ron. –El pelirrojo se presentó y se sentó a su otro lado para empezar a comer mientras ella hacía lo mismo.

Se encontraba un poco incómoda pues parecía como si nada hubiera pasado entre ellos. Por un momento pensó que si recobrara su aspecto normal el trío dorado volvería a estar sentado en la mesa de Gryffindor comiendo tranquilamente, como en los viejos tiempos, y eso hizo que sintiera como su estomago se revolvía mientras la furia aparecía en sus ojos, reprendiéndose, castigándose por siquiera pensar en algo parecido.

Ya no había viejos tiempos y nunca más los habría.

Sekhmet: No deberíais sentaros aquí, la pelirroja se enfadará. –Les dijo al ver como Ginny los miraba unos metros más allá bastante enojada.

Sin embargo dejó de pensar en eso cuando vio entrar junto al resto de las lechuzas seis búhos, tan negros como la noche, cargando un paquete.

Posaron la carga en frente suyo y se marcharon sin esperar recompensa alguna para curiosidad de muchos.

Vio la rosa negra que estaba encima de la caja, junto a una carta, atadas mediante una cinta.

La cogió y la olió, el paquete se lo enviaba Orión sin lugar a dudas pues la rosa era su pequeño secreto, su complicidad. Dejó la carta a un lado y comenzó a abrir el paquete.

Sekhmet: ¡Draco! –Gritó mirando la mesa de los Slytherins donde el rubio comía tranquilamente. -¡Ven Draco, corre!

Ron: ¿Qué es? –Preguntó el pelirrojo acercándose con curiosidad a la caja.

Harry: ¿Un perro? –Preguntó al ver como la morena sacaba un cachorro negro de allí. Acercó la mano con intenciones de acariciar al animal, pero este tan pronto lo tuvo a su alcance intentó morderle la mano, el moreno reaccionó demasiado tarde por lo que recibió un par de cortes que ahora sangraban débilmente.

Sekhmet: ¡Un lobo, es un cachorro de lobo! –La mirada de Remus se posó directamente sobre ella y la criatura desde la mesa de profesores, evaluándola.

Draco: ¿Has leído la carta? –Preguntó el rubio que se encontraba a su lado desde hacía unos instantes. Supuso la respuesta al ver como la chica esperaba a que continuase. –Es un Ser de Sombra.

Un Ser de Sombra, criaturas creadas a partir de la más pura oscuridad, leales hasta la muerte a aquellos que consideraran merecedores de ser sus amos y cuya magia pudiera mantenerles con vida, pues se alimentaban de ellos tomando la forma de algo que fuera importante para el mago o bruja afortunados.

El poder de la oscuridad capaz de respirar y aprender, una criatura sin duda peligrosa…

Sekhmet: Hay que buscarle un nombre. –Dijo mostrando en su cara una sonrisa satisfecha que era incapaz de borrar.

Este no había sido un regalo hecho al azar, Orión sabía de la curiosidad que sentía hacia estas criaturas, algo inevitable para ella pues, para bien o para mal, la oscuridad la había seducido en todas sus formas y le resultaba imposible prescindir de ella, esta era una parte de sí misma que se encargaba de cultivar día tras día.

Sekhmet: Pero primero contestaré a Orión. Nos vemos luego, tengo que ir a la sala común. –Dijo despidiéndose del rubio que solamente asintió antes de verla salir corriendo del comedor, emocionada.

Harry: ¡Espera, tengo que ir a buscar unos libros allí! –Dijo saliendo corriendo tras la morena ante la atenta mirada de la pequeña de los Weasley.

Se había quedado solo en territorio hostil. Recogió la carta que la chica había olvidado, lanzo una mirada fría a los leones que se atrevían a mirarlo, una mueca de asco se formó en sus labios y se giró dispuesto a regresar a su territorio, topándose con unos ojos azules que lo miraban con desconfianza y rabia.

Ron: Malfoy… -Levantó una ceja. ¿Acaso el pobretón quería "conversar" con él? Patético…

Draco: Comadreja… -Se giró sonriendo con suficiencia, pues estaba casi seguro de que Weasley estaría ahora tan rojo de rabia como su pelo, y no se equivocaba.

Quizás su madre estuviera muerta, quizás había repudiado y odiado a su padre hasta la saciedad, pero ante todo el ser un Malfoy aún le ofrecía el orgullo de la gloria pasada. Los Malfoy JAMÁS se mezclaban con aquellos que consideraban inferiores, y para él cualquier Gryffindor no le llegaba ni a la altura de los zapatos, por lo que no eran merecedores de un segundo de su tiempo.

Únicamente había una excepción a la regla, pero es que Sekhmet era una leona con veneno de cobra en la sangre.


Iban caminando por los pasillos en silencio, la observaba de reojo pasando la mirada alternativamente de ella a la criatura que tenía sujeta contra el pecho.

Harry: ¿De verdad crees que es seguro tener a un lobo como mascota, aunque sea un lobo raro?

Sekhmet: Por supuesto, después de todo los perros no son más que lobos amansados.

Harry: Pero este es salvaje. –Replicó al ver como el animal le miraba amenazante enseñándole los finos colmillos que ya había probado con él, le recorrió un pequeño escalofrío ante la maldad que esos ojos rojos le mostraban.

Sekhmet: Tonterías. –Respondió aparentemente indignada, "aparentemente" por que con ella jamás se podía estar seguro de que es lo que sentía realmente en un momento dado, sus acciones contradecían normalmente a sus expresiones convirtiéndola en un misterio que el joven Potter encontraba apasionante. – Si un lobo se cría dentro de una jerarquía firmemente establecida puede ser tan manso como el que más, estos animales tienen una mala fama desmerecida. –Continuó mientras el animal lamía levemente su mejilla como muestra de cariño. -Además…

¿: ¡Soltadme! –Los dos pararon en seco al escuchar ese grito, se miraron mutuamente y tras unos instantes se apresuraron a doblar la esquina del corredor encontrándose con una imagen bastante perturbadora.

Era un grupo de Slytherins, cinco alumnos de sexto que rodeaban un pequeño bulto que se apoyaba contra la pared del corredor, indefensa.

¿?: Espero que esta vez aprendas la lección, Lunática. –Escupió su nombre con saña. –No vuelvas a meter las narices donde no te llaman o la próxima vez te irá mucho peor. -Dijo regocijándose al ver como la rubia temblaba en el suelo mientras se sujetaba el costado derecho con una mueca de dolor.

Sekhmet: Sujeta. –No le dio tiempo de reaccionar cuando tenía al animal entre sus manos, se preocupó un tanto al notar el pelaje áspero bajo sus manos, pero se sorprendió al darse cuenta de que el animal estaba demasiado ocupado amenazando con sus gruñidos a las serpientes como para reparar en él.

Sintió como su sangre hervía de nuevo, una sensación placentera para su cuerpo que se parecía mucho a la euforia que sentía cada vez que la sangre pasaba por su garganta, haciendo que esta le ardiera como si estuviera tomando el más exquisito de los licores, haciendo que se sintiera viva.

Sentía la adrenalina activando al máximo todos sus sentidos, haciéndola más consciente del movimiento de sus músculos, de su cuerpo, ante la promesa de una pelea y su correspondiente victoria pues la derrota no tenía significado o existencia alguna para ella, había desaparecido de su vocabulario hace tiempo.

Hizo que sus pasos sonaran en el corredor mientras se acercaba a ellos con la intención de que se girasen. Apenas habían visto su silueta en el corredor cuando ya tenía al que parecía ser el líder del grupo cogido por el cuello, apretándolo contra la fría pared del corredor, saboreando dulcemente el miedo que expresaban los ojos de su "presa".

Sekhmet: ¿Cuál de vosotros ha sido? –Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para evitar que sus ojos se volvieran rojos y la delataran al mirar como el rostro de la rubia estaba cubierto por las lágrimas derramadas, lágrimas de terror.

¿?: ¡Suéltame! ¡Esto no es asunto tuyo, Lefey! -¿Qué no tenía nada que ver con ella? Como era posible que insinuara que esto no era de su incumbencia cuando la muchacha que se encontraba ahora en el suelo, la misma que le miraba con ojos de niña, jamás había dicho nada malo de ella. Ni siquiera en los peores momentos, a pesar de que ella nunca se había comportado demasiado bien con la rubia, a pesar de ser una más del montón que creía firmemente que Lunática estaba loca…

¡Por supuesto que era asunto suyo! Desde el momento en que ella no había caído en la trampa de las injurias que Potter y Weasley se habían encargado de alimentar tiempo atrás, todo lo concerniente a la rubia era asunto suyo pues le debía aunque fuera un poco de gratitud por no haber sido como los demás, por haberse mantenido firme en su convicción de que la Hermione que conocía era inocente, pues si bien no la había defendido, lo cual era perfectamente comprensible pues su relación no era demasiado estrecha, no la había juzgado como el resto.

Su rostro se endureció, haciendo que parte de la furia que sentía en esos momentos fuera reflejada.

Sekhmet: Espero que te quede bien clara una cosa. –Harry no pudo más que pensar que la voz que estaba utilizando la morena en esos instantes tenía un parecido escalofriante con la del hombre que le había mandado el vociferador al profesor Dumbledore, Orión Lefey, pues ambas eran tan frías que dejaban entrever la mente calculadora de sus portadores, tan susurrantes de tenían en ellas la promesa de una amenaza oculta. –No soy una persona que tenga una excesiva paciencia y estando enfadada puedo asegurarte que, a mi lado, Voldemort parece un ángel de la guarda. –Vio como los demás dejaban ver su sorpresa ante el nombre pronunciado mientras los recorría un escalofrío. –Habla o me encargaré de arrancarte la lengua para que no vuelvas a hacerlo nunca más.

Vio el rostro asustado del muchacho que tenía acorralado y supo que sus amenazas habían tenido el efecto que quería, ahora solo tenía que tocar determinados puntos para que el otro empezara a cantar.

¿?: Solo nos mandaron a asustarla un poco, solo íbamos a hacerle un poco de daño, nada grave. –La voz le temblaba mientras esperaba que eso fuera suficiente para que la chica lo soltara pues él, a pesar de que la morena parecía débil, no había conseguido librarse del agarre de su cuello.

Sekhmet: ¿Quién?

Acercó un poco su rostro al del chico que había decidido callar, por lo visto necesitaba un último empujoncito.

Vio como la morena le hacía abrir la boca al chico, como si de un perro se tratara, y estiraba de su lengua mientras las lágrimas corrían por las mejillas del slytherin. No pudo evitar asustarse por lo que hizo amago de detenerla.

Harry: Sekhmet, será mejor que te tranquilices, no creo que esa sea la mejor forma de…

Sekhmet: ¡Tú a callar! –Giró la cabeza hacia él y, al fijarse en sus ojos, se dio cuenta de no dudaría en atacarle a él si se metía en medio. -¿Quién? –Preguntó al volverse de nuevo hacia su presa. Sintió como el otro in tentaba hablar, así que lo soltó para que pudiera responder.

¿?: ¡Fue Weasley! ¡Se enteró de algo que podría perjudicarnos! ¡Dijo que si le hacíamos este favor se olvidaría de todo!

Sekhmet: ¿Ginny Weasley? –Quiso asegurarse aun sabiendo la respuesta de ante mano.

¿?: Sí. –No pudo evitar sorprenderse. ¿Desde cuando su novia enviaba matones a dar palizas por el colegio?

Sekhmet: Si me entero de que me has mentido… -Perséfone comenzó a deslizarse por el brazo de su ama hasta ser visible para el slytherin.

¿?: ¡No lo he hecho! ¡Te lo juro, es la verdad! –Soltó el agarre de su cuello al verlo sollozar, dejando que cayera por su propio peso hacia el suelo en el cual permaneció, incapaz de moverse.

Sekhmet: Desapareced de mi vista y llevaos a esta basura con vosotros. –Ordenó a los otros que habían permanecido paralizados hasta ese momento. Cogieron a su compañero y se apresuraron a desaparecer del corredor. –Si alguna vez os veo haciendo algo parecido tener la certeza de que no tendréis tanta suerte como hoy.

Una vez que desaparecieron se acercó a la chica que la miraba con cierto recelo y le tendió la mano para ayudarla a levantarse del suelo.

Sekhmet: ¿Estás bien? –Le preguntó cuando estuvieron a la misma altura, obteniendo que la mirada de la rubia volviera a tornarse soñadora como de costumbre y le sonriera.

Luna: Sí. –Contestó la otra.

Sin embargo la mano de esta, que no dejaba de apretar su costado intentando paliar el dolor, desmintió sus propias palabras.

Esa era Luna Lovehood sin duda alguna, Lunática como muchos la llamaban inmerecidamente, incapaces de comprender que la chica prefería ausentarse de la realidad ante la agonía de la soledad, del mismo modo que ella solía esconderse tras sus libros, inconforme, inadaptada a una realidad que apenas tenía sentido alguno para ellas.

¿Por qué vivir inmersa en un mundo que sabes no puedes cambiar sola pudiendo escapar de este a través de tu mente?

Sonrió ante la visión, la rubia frente a ella parecía pequeña, indefensa como un ratón ante un gato.

Sin embargo había decidido ayudarla, le daría la oportunidad de escapar de ese mundo en el que estaba retenida y entrar en el suyo. Haría que el ratón aprendiera a ladrar para defenderse.

Pasó su mano sobre la zona dolorida, liberó un poco de magia y el dolor cesó dejando a una sorprendida Luna que dejó caer el brazo a un lado.

Luna: Gracias.

Se acercó al chico Potter al ver que su mascota comenzaba a inquietarse y pronto intentaría atacarlo, lo cogió en brazos y se acercó a la chica, al ver que este parecía aceptarla lo puso en sus brazos.

Harry: ¿No les habrás creído, verdad?

Sekhmet: ¿Acaso tú no lo has hecho? –Preguntó irónica por encima de su hombro.

Lo había hecho, pero no era fácil aceptar que su novia había hecho algo tan bajo contra alguien que sabía no se defendería.

Sekhmet: Te ayudaré a aclarar tus ideas por esta vez, Potter. –Debía hacer que el chico se enfrentara a la realidad, de lo contrario podía molestarse ante lo que iba a hacer y no le convenía que el moreno se alejara demasiado de ella. No quería complicaciones en su misión. – Sé perfectamente el temor que puedo llegar a provocar en una persona y te aseguro que esa basura estaba demasiado asustada como para poder siquiera mentir.

Estuvo en silencio unos segundos, esperando alguna reacción que le indicara que sus palabras habían calado en él, pero el moreno no dejó que ninguna emoción se mostrara en sus ojos.

Sekhmet: Vamos. –Dijo girándose hacia Luna y comenzando a caminar por el corredor.

Luna: ¿A dónde? –Preguntó la otra desconcertada mientras la seguía al trote.

Sekhmet: ¿De verdad crees que Weasley va a salirse tan campante después de lo que ha hecho? –Sin duda la rubia era demasiado ingenua.

Luna: No hace falta que hagas nada.

Harry: Si que hace falta. –Dijo poniéndose a la altura de las otras dos encabezando la marcha. – (Si la única forma de que Ginny deje de ser el monstruo en el que se ha convertido es plantarle cara, que así sea.) – No fue consciente de la leve sonrisa que esbozó la morena, los pensamientos del resto no eran un misterio para ella y tras escuchar los del moreno no pudo evitar pensar que Harry no era tan tonto después de todo.

Sekhmet: Supongo que eso te honra, Harry. -Contestó volviendo a llamarlo por su nombre. -Pero aquí la que le va a dejar las cosas claras a la pelirroja soy yo, tenlo muy en cuenta. –Se giró conforme al ver que el otro asentía.

Luna: De verdad, será mejor dejar las cosas como están. Después de todo ya estoy acostumbrada, no era más que una broma de mal gusto…

Calló al ver como la morena le extendía la mano en señal de saludo.

Sekhmet: Sekhmet Lefey. –Dijo presentándose formalmente.

Luna: Luna Lovehood. –Le estrechó la mano, no sabía a que venía eso. Como si fuera posible que no conociera a la gryffindor de Slytherin cuando todo el castillo hablaba sobre ella día tras día.

Sekhmet: Veras Luna, creo que tenemos un pequeño problema. Me da igual si estás acostumbrada a este tipo de trato puesto que vas a desacostumbrarte. Nadie –Dijo recalcando la palabra. –Pone un dedo encima de uno de los míos y, desde que has estrechado mi mano, has pasado a ser parte de los míos.

Terminó ante la mirada sorprendida de los otros dos.

Luna: Sabes, no pareces tan mala como dicen por ahí… -Le sonrió de nuevo despreocupadamente haciendo que la otra le devolviera el gesto.

Sekhmet: Por ahí dicen demasiadas cosas. Pero créeme, soy más mala de lo que todos piensan. ¡Vámonos!

Y sin más que decir los tres comenzaron a caminar rumbo a su objetivo. Ginny Weasley.


Su rostro no reflejaba en forma alguna la preocupación que sentía en su interior.

Al principio creyó que todo sería fantástico, que nada podría hacerla infeliz, después de todo ¿qué puede salirte mal cuando eres la novia del futuro salvador del mundo? ¿Qué puede preocuparte cuando, con un chasquido de tus dedos, puedes conseguir todo aquello que desees?

Nada, esa era la respuesta, sin embargo había algo que la preocupaba y es que cada día que pasaba sentía como Harry iba desatando más y más el delgado hilo que lo unía a su dedo meñique. Sabía que el moreno ya no la quería como pareja y lo respetaba, pero lo que no podía consentir era que los demás se percataran de esto.

Si perder a Harry iba a conllevar la pérdida de todos sus privilegios, no permitiría que este la dejara.

Miró a su alrededor en el gran comedor, el moreno no había regresado desde que había salido tras la perra de Lefey. Esa niña insistía en seguir causándole problemas.

Tomo el último trago de su copa de zumo de calabaza y se levantó, no tenía sentido estar ahí perdiendo el tiempo cuando sabía que el moreno no iba a regresar.

Ginny: (Será mejor que vaya con los estúpidos de slytherin a ver como ha ido mi encargo.) –Pensó sonriendo, sin embargo esa misma sonrisa se borró de su rostro cuando vio a Lefey traspasar la puerta del gran comedor con Luna, se suponía que la rubia no debía estar allí.

Cuando los ojos de la morena se cruzaron con los suyos supo que estaba en problemas.


Sonrío de forma macabra al reconocer la cabellera roja en medio de los alumnos que aún no abandonaban el comedor.

Sekhmet: Pídele perdón. –Exigió a la Weasley una vez estuvo grente a ella.

Ginny: ¡Vaya, pero si son las raras del colegio! – Gritó llamando la atención de todos. -¿Es que hay una convención de premios a la más patética?

Sintió la rabia corroerla por dentro al notar como Luna se encogía a su lado avergonzada.

Sekhmet: Te lo advertí Weasley. –Siseó por lo bajo. –Te advertí que no volvieras a cruzarte en mi camino.

Cogió a la rubia del brazo haciendo que caminara a su lado, quería que todos supieran que lo que iba a hacer era para vengar a la chica y que todo el que intentara hacerle daño tendría que ajustar cuentas con ella.

Caminó con la cabeza alta hacia la mesa de profesores situándose ante Dumbledore y haciendo una pequeña reverencia tal como marcaba el protocolo ante estas situaciones.

Dumbledore: ¿Qué desea?

Sekhmet: Exijo un duelo con Weasley. –Afirmó ante el desconcierto del viejo profesor.

Dumbledore: Sabe que no puede exigir un duelo sin una razón de peso ¿verdad?

Sekhmet: Exijo un duelo con el propósito de mancillar su honor tal como ella a mancillado el mío y el de mi manada. –Puntualizó haciendo que la rubia diera un paso al frente para que sus palabras cobraran sentido.

Dumbledore: (Curiosa forma de expresarse respecto a sus compañeros sin lugar a dudas) –Y Dumbledore no fue el único que pensó en esto, pues todos se habían quedado un tanto sorprendidos ante la fiereza que había impresa en sus palabras y el hecho de que se hubiera referido a ella y su grupo como "manada".

Dumbledore: ¿Cuándo y cómo? –Hizo las preguntas de rigor, pues si el duelo era para recuperar el honor perdido no había forma alguna de evitarlo, era un propósito lo suficientemente serio para que este se llevara a cabo.

Sekhmet: Hoy y en parejas. A no ser que la pequeña Weasley tenga algún inconveniente, claro está. –Terminó sonriendo con suficiencia a la pelirroja que apretaba fuertemente los puños.

La había dejado en una posición comprometida y lo sabía, si se negaba al duelo todos creerían que le tenía miedo y perdería todo el respeto y la reputación por la que tanto había luchado, y si aceptaba su honor duraría únicamente hasta que ella se encargara de estampar su cara en el suelo de la mesa de duelo.

Vio como la pelirroja se acercaba lentamente hasta ponerse a su lado y sonrió, tendría el placer de hacerle pagar personalmente por sus actos.

Ginny: Acepto.

Dumbledore: Síganme. –Se levantó y salió del comedor antes que ellas y, tras la comitiva de profesores salieron todos los alumnos presentes en el gran comedor, no querían perderse el espectáculo.

Llegaron a la sala de duelos, la misma en la que Harry había vencido a Draco años atrás dando un gran espectáculo, espectáculo que ella pensaba superar.

Sekhmet: Observa bien, porque te vas a divertir. –Le dijo a la rubia antes de separarse de ella y ponerse de pie en una de las puntas de la larga mesa.

Dumbledore: La retada escoge primero. –Dijo Dumbledore que estaba mirándolas desde el suelo, justo entre ambas. –Compañero y juez.

Ginny: Parvati Patil y Minerva McGonagall. –Dijo sonriendo desde al otra punta.

Tal y como pensó había escogido como compañera a una de sus lame botas aunque esta no fuera muy diestra en duelos, pues no sabía que Parvati hubiera tenido que luchar alguna vez en serio, en cuanto a McGonagall como juez…

Sin duda había sido una buena elección, pues todo el castillo sabía que ella y la profesora no podían ni verse, pero la pelirroja había olvidado que la jefa de la casa de Gryffindor era ante todo justa y no dejaría que sus sentimientos interfirieran en el combate.

La estaba subestimando de nuevo.

Dumbledore: La retadora escoge.

Sekhmet: Draco Malfoy y Remus Lupin. –Si tenía que escoger a alguien elegiría al menos al único con el que tenía cierta afinidad.

Los jueces se pusieron uno a cada lado de Dumbledore.

Ante la sorpresa de todos Draco se situó al lado de ella.

Sonrió con frialdad, desde allí oía sin problemas todos los comentarios de aquellos que estaban presentes, que a estas alturas era casi todo el colegio. ¿Cómo estaba Malfoy tan tranquilo cuando ella le había metido en semejante lío? ¿Por qué no se había negado a batirse en duelo cuando por el resto de sus ligues no era capaces de mover un solo dedo?

Preguntas que todos se hacían pero que quedarían sin respuesta, pues ninguno de aquellos que estaban llenándose la boca con palabras vacías podría suponer siquiera que la reacción de ellos dos iba mucho más allá que un simple ligue, que Draco podía ser más fiel de lo que cualquiera podría imaginar, que sería capaz de jugarse la vida por los que eran sus verdaderos amigos. Ninguno sabría nunca lo que Draco Malfoy sería capaz de hacer con tal de ayudar a aquellos que para él pertenecían a su familia.

Lástima que nunca conocerían su lado bueno.

Una mirada bastó para que el rubio entendiera cual era su papel allí, no había pedido su compañía para que atacase, se bastaba ella sola para eso, lo único que quería era poder emplearse al cien por cien en el combate sin tener que preocuparse de los ataques de las dos Gryffindor.

Dumbledore: ¿Preparados? –Los cuatro asintieron. -¡Comenzad!

Varios hechizos surgieron a la vez, tan rápido que los curiosos que se amontonaban alrededor de la mesa apenas tuvieron tiempo de preverlos.

Se mordió el labio, ni Lefey ni Malfoy estaban haciendo esfuerzo alguno y se notaba demasiado, no enviaban ningún ataque hacia ellas, de hecho lo único que estaban haciendo hasta el momento era esquivar sus hechizos sin usar la varita, con movimientos rápidos y certeros como si estuvieran acostumbrados a hacer eso día tras día. Era insultante.

Sekhmet: ¡¿Querías que sintiera lo que es el miedo?! –Ante sus palabras Draco se situó agachado delante de ella mientras conjuraba los hechizos protectores necesarios para que nada les dañara.

Ginny: ¡Cállate! –Estaba haciendo el ridículo delante de todos al no poder acertarle ni una vez y sintió como la situación comenzaba a superarle haciéndole perder los estribos.

Sekhmet: Te contaré un secreto, Weasley. –Draco noqueó a Patil y se bajo de la mesa ante la sorpresa de todos, él ya había cumplido su parte. –No puedes hacer que alguien sienta miedo si tú no has conocido antes…

Susurró unas palabras y toda la sala quedó en penumbras.

Sekhmet: Así, seguid subiendo. Enseñarle parte del terror que yo he conocido por su culpa…

Todo se había vuelto un completo caos a su alrededor, oía como muchos intentaban conjurar un lumos con resultados nulos mientras todos se preguntaban qué era lo que estaba pasando. ¿Es que ellos no escuchaban sus palabras?

Harry: (Yo puedo oírlas perfectamente a pesar de los gritos, como si surgieran en mi propia mente.)

La luz se hizo y cientos de gritos ahogados se unieron al agudo chillido de la pelirroja. Supo por qué solo él podía oír las voces.

En su lado de la mesa estaba la pelirroja llorando a todo pulmón con serpientes rodeándola hasta el cuello, haciendo que solo su cabeza fuera visible entre el montón de reptiles que se paseaban con libertad por su cuerpo, listas para atacar a la mínima orden.

Vio como los profesores se acercaban a la mesa de duelo, pero una especie de barrera impedía que llegaran hasta la chica o que alguno de sus hechizos hiciera efecto.

La morena abrió la boca pero ante la sorpresa de todos de ella no salieron palabras, sino silbidos estremecedores. Silbidos que hacían ver a los demás que solo ella controlaba a las serpientes. Una hablante de pársel

Sekhmet: Aún no… -Las serpientes siguieron desplazándose por el cuerpo de la Weasley. Vio como la pelirroja soltaba la varita que había estado agarrando fervientemente y, como si fuera la señal que había estado esperando, ordenó a los reptiles que desaparecieran entre los recovecos de las piedras del castillo.

Ginny Weasley había renunciado al duelo ella sola, Sekhmet había roto su voluntad hasta el extremo de hacerla renunciar.

La barrera desapareció y una furiosa McGonagall se precipitó hacia ella.

McGonagall: ¿¡Qué demonios estaba intentando hacer!? ¡Podría haberle hecho mucho daño!

Sekhmet: Si realmente quisiera hacerle daño hace mucho tiempo que se lo habría hecho, téngalo en cuenta… -Lo dijo tan tranquila que descolocó a la jefa de los leones haciéndo que esta no encontrara palabras para responderle.

Sekhmet: Escúchame bien, Weasley. –Dijo girándose hacia la pelirroja que todavía lloraba de rodillas en el otro extremo de la mesa. –Esto es el auténtico miedo y es a esto a lo que vas a tener que enfrentarte si te empeñas en retarnos a mí o a alguno de los míos. Te aseguro que esta vez no me he esforzado, quizás la próxima no salgas tan bien parada.

Paseó su mirada por toda la sala fijándose en las reacciones de cada uno de los que estaban allí. Incrédulos, asustados, furiosos… Demasiadas emociones distintas para un colectivo que debería funcionar como uno solo, cuando uno ríe ríen todos, cuando uno llora los demás le siguen, cuando uno odia el odio se extiende como la peor de las epidemias. Así debería ser, pero en Hogwarts esas reglas habían desaparecido hace tiempo si es que realmente llegaron a estar presentes alguna vez.

Sekhmet: ¡Y escuchadme también todos vosotros! ¡Dejad ya de comportaros como unos chiquillos mimados que renuncian a la primera de cambio! ¡Estáis tan orgullosos, tenéis un ego tan grande, que no os dais cuenta de que este os hace débiles frente al resto del mundo! –Todos parecían haber olvidado por unos instantes el acontecimiento anterior y centraban ahora su atención en sus palabras aunque las miradas precavidas no habían desaparecido de sus rostros. -¡Cuándo fue la última vez que hicisteis algo por vuestra propia cuenta sin pararos a pensar siquiera en lo que diría vuestra casa o aquellos que os rodean! ¡Hay tanto rencor entre vosotros que sois incapaces de ver más allá de vuestras narices! ¡Cuándo fue la última vez que dejasteis de ser un águila, un tejón, una serpiente o un león para ser simplemente personas!

Muchos de vosotros vais por los pasillos preguntándoos cosas sobre mí pues bien, ahora sabréis parte de lo que pienso diariamente al veros. ¡Creo que niñerías como la que ha hecho Weasley no deberían suceder aquí, creo que los Ravenclaw estáis tan orgullosos de vuestra inteligencia que pecáis de pedantería considerando a los demás estúpidos, pienso que los Hufflepuff no merecéis pertenecer a la casa de la lealtad y del trabajo pues sois incapaces de utilizar estas cualidades con cualquiera que no sea un tejón, creo que los Gryffindor no reúnen el valor necesario para pertenecer a la casa del león, pues ni siquiera sois lo suficientemente valientes como para tender una mano a los Slytherins y opino que estos han olvidado que la característica principal de su casa es la astucia, no la frialdad o la indiferencia ante todo y todos!

¡Maldita sea, estamos en guerra! ¡Una guerra en la que no existe un bando bueno y un bando malo, pues Voldemort no tomará esto en cuenta a la hora de matar, no se parará a observar quién sois o a qué bando pertenecéis cuando esa nefasta hora llegue y comience a atacar! ¡Dejar las rencillas pasadas en el pasado, olvidar todos los prejuicios inútiles ahora u os veréis obligados a hacerlo cuando alguien querido muera en la batalla!

Las caras de sus espectadores eran sin duda un poema. Estaban todos serios, pero en sus ojos se podía adivinar la zozobra que sus palabras estaban causando en sus almas.

Sekhmet: ¡Qué más da sangre limpia o sucia si al sangrar ambas son rojas, qué más da magia negra o blanca si al final todos moriremos tarde o temprano! –Al pronunciar estas últimas palabras no pudo evitar mirar a Remus y recordar lo que había hablado con Orión días atrás.

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Sekhmet: ¿Por qué él? –Le increpó furiosa al vampiro mientras lo rodeaba como un predador ante la promesa de una cena suculenta. -¿A qué viene la carta que me mandaste para Remus? ¡Sabes que es importante para mí, no quiero que se vea involucrado en nuestra lucha y tú me lo estás poniendo muy difícil con esa orden!

Orión: Creí que justamente tú lo entenderías. –La aparente tranquilidad del moreno no hizo sino crispar sus nervios.

Sekhmet: ¡Deja de hablar con tus malditos acertijos y di las cosas claras por una vez en la vida!

El moreno suspiró hastiado mientras se apretaba el puente de la nariz con una de sus manos, se acercó a ella y, cogiéndola por los hombros, la obligó a quedarse quieta frente a él, le estaba poniendo malo su constante ir y venir sin sentido.

Orión: Hermione, tu papel como líder de la manada es hacerlos fuertes, capaces de valerse por sí mismos, no sobreprotegerlos…

Sekhmet: ¡Pero es que Remus no es parte de la manada!

Orión: ¡Precisamente por eso! –Calló al notar como el otro le había levantado la voz. Era la primera vez que sucedía y no le había gustado en lo absoluto.

Orión: Te guste o no él estaba dentro de esta guerra desde mucho antes de que tú supieras siquiera de ella. Dumbledore no tiene malas intenciones, pero limita demasiado los recursos de sus subordinados en cuanto a magia, la verdad es que tiene una forma tan objetiva de ver las cosas que su mente da escalofríos. –Se separó de ella al ver que parecía un poco más tranquila, o por lo menos dispuesta a continuar esa discusión sin que se enterara toda la mansión.

Orión: Si lo introdujeras en tu manada podrías protegerlo mejor si realmente es tan importante para ti como dices, todos se han hecho increíblemente fuertes a tu lado. ¿Por qué él no?

Sekhmet: ¡Remus ya es fuerte, no necesita mi ayuda para eso! –Ahí iban otra vez…

Orión: Sí, Remus el hombre es fuerte, por eso tienes que hacer que el lobo de su interior sea tan fuerte como él. Recuerda bien, pequeña, al final todos morimos, lo que marca la diferencia es cuan larga ha sido nuestra vida y lo que hemos sabido hacer con ella. ¡Conviértelo en otro de tus cachorros y protégelo si lo quieres, de lo contrario su vida durará hasta que el enemigo decida atacar en noche de luna llena!

El silencio inundó la sala al igual que la calma llega después de la tormenta.

Sekhmet: Lo siento… Lamento haberte gritado. Parece que olvidé que todo lo que haces tiene un por qué. -Bajó la cabeza arrepentida.

Orión: Tienes suerte de que los años me hallan premiado con paciencia, hace unos años te habría estampado contra la pared solo por levantarme la voz. –Dijo sentándose en el sillón que tenía más cerca.

Sekhmet: Sabes, me revienta que siempre tengas razón en todo. Se que tú también lo sabes y que en el fondo te divierte. ¿Por qué siempre tienes que tener la maldita razón?

Una sonrisa divertida fue lo que obtuvo por parte del vampiro.

Orión: Alégrate de ello, esta sabiduría es el vestigio que deja la lucidez tras el paso por la locura, algo que nadie debería experimentar.

Se sorprendió levemente al escucharlo hablar sobre su pasado, sabía que el moreno lo había pasado bastante mal antes de que ella llegara, que había perdido el control, pero jamás pensó que hubiera estado tan inmerso en la oscuridad.

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Su mirada se encontró con los ojos dorados del licántropo. Sí, todos morirían algún día, pero ella intentaría por todos los medios que la vida de Remus fuera lo más larga posible si de ella dependía.

Bajó de la mesa del duelo mientras los estudiantes iban haciéndole camino, ninguno se atrevía a acercarse demasiado a ella. Mejor, tampoco quería a ninguno de esos hipócritas cerca.

Se acercó hacia Malfoy que estaba situado al lado de Luna, se paró enfrente de esta y cogió al lobo que aún descansaba entre sus brazos.

Se giró y salió de la sala en busca de un poco de tranquilidad fuera de las miradas del resto con los dos rubios pisándole los talones.

Luna: Así que eres una hablante de pársel igual que Harry. –La tranquilidad con la que se lo dijo logró desconcertarla un poco, no esperaba que la rubia lo asimilara tan pronto, pero hablando de Luna… jamás podía saberse como iba a reaccionar.

Sekhmet: ¿Te incomoda?

Luna: Para nada. –Pudo ver la expresión de satisfacción en el rostro de Malfoy. –Es imposible que seas mala a pesar de lo mucho que te esfuerzas en aparentarlo, estás rodeada de Wilenborgs. –Terminó riendo la otra, no había cambiado nada en esos dos años.

Sekhmet: Tienes que contarme que son esos Wilenborgs, después de todo no puedo estar rodeada de criaturas que no conozco…


Varios días después…

Moody: Así que esta es la famosa Lefey… -Preguntó el viejo auror mientras veían los recuerdos del duelo en el pensadero de Dumbledore.

Snape: Así es. –Afirmó el jefe de la casa de Slytherin a todos los demás miembros de la Orden. -Deberíais haberla visto luchando, sus movimientos eran impecables y sus hechizos eran demasiado fuertes, no es normal.

Tonks: ¡Pero si apenas es una niña! ¡Dumbledore, no puedes estar de acuerdo en esto!

Dumbledore: Por desgracia debo estar de acuerdo con Severus, Nyphandora. Aun recuerdo cuando un muchacho de su edad, que apenas parecía representar amenaza alguna, se convirtió en el mago oscuro más peligroso de todos los tiempos…

Remus: Sabes que la situación no es la misma, Dumbledore. –Aseguró el licántropo.

Dumbledore: ¿Y por qué es distinta? Ni siquiera yo pude deshacer la barrera que creó para ir a ayudar a la señorita Weasley, sin duda el control de demasiado poder puede ser peligroso, y ella tiene demasiado.

McGonagall: ¡¿Es que acaso no viste que usó magia negra?! ¡Si hizo eso delante de nuestras narices sin importarle cuantos la vieran qué te hace pensar que no la usa fuera del castillo!

Observó a todos aquellos que estaban con él, sabía que la chica no tenía muchas personas que fueran a apoyarla entre ese grupo, de hecho juraría que solo Snape parecía gratamente sorprendido ante las capacidades de Lefey, sin embargo…

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Sekhmet: ¡Qué más da sangre limpia o sucia si al sangrar ambas son rojas, qué más da magia negra o blanca si al final todos moriremos tarde o temprano!

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Parecía que habían pasado por alto esa parte, la chica estaba intentando unirlos para sobrevivir a la guerra. Era cierto que tenía mucho poder, pero no parecía querer utilizarlo con malos fines.

Sintió el característico tirón y cuando se dio cuenta estaban fuera del pensadero.

Dumbledore: Creo que dado el caso y puesto que, de momento, la señorita Lefey no ha realizado ninguna acción que nos demuestre que es una espía de Voldemort debemos tomar medidas cautelares. –La mayor parte de los presentes asintieron mostrando que estaban conformes. –Sirius. –El aludido dio un paso adelante. –Quiero que aproveches tu forma animaga para vigilarla sin que sospeche, no te separes de ella de ser necesario.

Sirius: Entendido. –Lo miró con reproche, pero los ojos del Black le dieron a entender que no podía evitar desconfiar de la chica por mucho que él se empeñara en defenderla.

Dumbledore: Muy bien, sin nada más que hablar se termina la reunión. –Se quedó metido en sus pensamientos sin percatarse de que los demás habían ido desapareciendo.

Moody: ¡Lupin! –El llamado del auror lo sobresaltó. –Recuerde que no todo lo que tiene lana es oveja. ¡Alerta permanente!


Mientras tanto en otro lugar…

Caminaban despacio, intentando acallar el eco de sus pisadas sobre las frías piedras del suelo del castillo, lanzó un hechizo a la gran puerta para que esta no chirriara y, tras salir a los terrenos, comenzó a caminar hacia el bosque prohibido.

Luna: ¿A dónde vamos? –Preguntó curiosa, no era muy normal escabullirse del castillo en plena noche para internarse en el bosque prohibido.

Sekhmet: Tú sólo sígueme. –La guió hasta un pequeño claro en medio del bosque, una zona en la que la barrera anti-aparición del castillo ya no tenía efecto alguno. -¿Quieres ser fuerte? Fuerte para poder luchar por aquello que quieres, para poder cambiar esta realidad… -Dijo tendiéndole la mano a la rubia, esperando a que esta tomara una decisión.

Unos segundos fueron suficientes para que esta se decidiera. ¿Si te dieran la oportunidad de poder cambiar todo aquello que no te gusta acaso no la tomarías sin dudar?

Luna: Por supuesto. –Y al coger la mano de la morena ambas desaparecieron.


Desde aquel día observaba todo con rencor y odio, en especial a ella. La veía pasearse por ahí con los slytherins y la revenclaw, como si fuera la dueña del castillo, y esto hacía que su alma hirviera de furia.

Era ella la que le estaba quitando poco a poco a Harry, era por ella por lo que muchos pensaban ahora que Ginny Weasley no tenía el nivel suficiente como para ser la pareja del Elegido.

Por su culpa había perdido la reputación que tanto le había costado forjarse.

Observaba desde una de las ventanas del castillo como Lefey y Luna se internaban en el bosque prohibido y deseó que no volvieran a aparecer jamás.

Su alma estaba tan negra que, cuando le hicieron la oferta no pudo negarse a pesar de que esta iba en contra de todos sus principios y de lo que su familia le había enseñado.

Sonrió, con una sonrisa que prometía sangre, pues muy pronto Lefey desaparecería del mapa y ella volvería a tener el camino libre.

Y con estos pensamientos el corredor se quedó desierto, siendo lo último que se pudo observar el reflejo de sus cabellos pelirrojos.


Luna: ¿Dónde estamos? –Preguntó al verse frente a la puerta de una gran mansión.

Sekhmet: Estamos en mi casa. Sígueme. –La condujo por el interior, no se toparon con ninguno de sus inquilinos pues todos estaban de caza, hasta una puerta dorada con grabados extraños. Sacó de dentro de su blusa una cadena dorada de la que colgaba una pequeña llave, una de las únicas dos llaves que permitían la entrada aquella sala prohibida y extraña donde el tiempo podía ser eterno como la magia o efímero como un suspiro.

Luna: ¡Vaya…! –Exclamó la rubia al ver las paredes recubiertas de diferentes armas, algunas de las cuales jamás había oído nombrar.

La morena se acercó a ella tras cerrar la puerta con llave y, quitándose uno de los múltiples anillos que portaba en sus manos se lo entregó a la ravenclaw instándola a que se lo pusiera mientras esta obedecía sin saber muy bien el significado de sus acciones.

Sekhmet: En Hogwarts hay una sala un tanto… extraña, por llamarla de alguna manera, una sala que aparece solo ante aquellos que la necesitan y que te proporciona todo aquello que crees necesitar al momento de entrar en ella, se convertirá en un caluroso salón si lo que deseas es encontrar calma o se llenará de libros y objetos mágicos si lo que deseas es practicar y mejorar tu rendimiento.

Luna: ¿La Sala de los Menesteres?

Sekhmet: Exacto. Esta sala es bastante parecida a ella, solo que va un paso más allá. No encontrarás en ella un solo instrumento que vaya a resultarte inservible, pues esta sala tiene el poder, la magia, de conocer a fondo tus pensamientos viendo aquello que incluso para ti está inmerso en tinieblas. Todo lo que sabes, pero que desconoces saber o desear. Además tiene otra peculiaridad, pues la magia que hay en ella es tan fuerte que es capaz de crear una brecha en la espiral del tiempo. –Decidió explicarse con mayor claridad al ver que la otra parecía haberse perdido. –En pocas palabras, desntro de estas cuatro paredes puedes hacer que el tiempo corra como tú quieras.

Se alejó de ella acercándose a algunas de las armas colgadas de las paredes, escogió una de las espadas allí colgadas, una que parecía más ligera que el resto a simple vista y volvió hacia ella.

Sekhmet: El anillo que te he entregado es en realidad un amuleto mágico. Los hay de dos tipos, de ataque o potenciadotes de magia, y de defensa o concentradores de magia, el que tienes en tus manos es un potenciador y hará que puedas lanzar un hechizo utilizando para ello tres veces menos de la magia requerida normalmente o que este sea el triple de potente utilizando la cantidad de magia normal. ¿Sabes usar la espada?

La otra negó incapaz de asimilar toda la información recibida.

Sekhmet: Pues ahora aprenderás. –Dijo tirándole la espada a los pies. –Te demostraré por qué la magia no debe ser limitada por una simple varita.

Y con una última sonrisa para infundirle ánimo a la chica, pues bien sabía ella que todo eso iba a resultar bastante dura para la rubia hasta que se acostumbrara a su ritmo, invocó su propia espada a partir de otro de sus anillos y comenzó el entrenamiento.


La luna estaba en lo alto del cielo indicando el reinado de la noche. La misma noche que para ellos era sinónimo de sangre, la misma sangre que corría dulce por sus gargantas haciendo que sus muertos corazones latieran como si jamás hubieran perecido. Sangre que debían obtener cada noche, pues esta era para ellos el elixir de la vida sin el cual perecerían como simples humanos. Sin embargo esa noche era distinta de las anteriores, pues ninguno de los dos probaría el ansiado elixir bajo su estrellado velo, había cosas más importantes que requerían su atención entre las paredes de aquella suntuosa casa de Londres.

El vampiro rubio se paró frente a una gran chimenea, contemplando el retrato que se alzaba majestuoso sobre ella mientras el hombre de largos cabellos castaños y ojos de un color verde, demasiado impresionante para ser humano, le devolvía una mirada llena de la sabiduría que solo dan los siglos.

Alex: ¿De verdad crees que Markus se dejó morir? –Le preguntó al otro con cierta aprensión.

Orión: Lo que está claro es que nos dejó en busca de paz y tranquilidad. Si encontró la paz en la muerte o logro hallarla en la soledad es algo que solo él puede responderte. Quién sabe, quizás algún día "padre" nos sorprenda volviendo a la mansión, sería algo muy propio de esa vieja serpiente…

Contestó el líder mientras rebuscaba entre los cajones de un escritorio cercano.

Se encontraban en el hogar de Katrín, el lugar al que no se habían atrevido a ir hasta entonces debido a la vívida memoria de la muerte de su hermana. Sin embargo, ahora que el dolor había cesado levemente y que veían como su alianza con Dumbledore y la Orden del Fénix les estaban acercando cada día más a Voldemort y a la hora de la venganza de la muerte de la rubia, habían decidido que ya era hora de recoger las pertenencias de esta para evitar que alguien pudiese robarlas o que acabaran siendo comida de roedores.

Fue desdoblando los escritos que encontró en los cajones y comenzó a leerlos para llevarse únicamente aquellos que fueran importantes, pero sus manos se crisparon sobre un pergamino amarillento mientras la incredulidad aparecía plasmada en su rostro.

Orión: ¡Alex! –El rubio se sobresaltó ante el repentino llamado, pero se acercó rápidamente al moreno.

Alex: ¿Qué es lo que ocurre? –Como única respuesta el vampiro le extendió el pergamino que comenzó a leer tan pronto sus manos se posaron en él. -¡Es imposible! ¡¿Por qué no nos lo dijo?!

Orión: La situación es bastante grave. –Dijo el vampiro mientras su mirada se perdía entre las sombras de la sala, pensando. –Debemos encontrarla antes de que lo hagan otros…

Ese era un asunto grave para los vampiros, ya que jamás esperaron que su hermana les ocultara un secreto tan grande como ese.

Katrin tenía una pupila, una que no estaba bajo su protección, lo que hacía que los secretos del clan estuvieran en peligro.

Orión: Avisa inmediatamente a Hermione, la necesitamos aquí ahora mismo.

Alex: ¡Entendido!

El vampiro susurró un hechizo y desapareció mientras el moreno se dejaba caer derrotado sobre la silla en la que había estado sentado, revisando documentos tranquilamente, hasta hace unos instantes.

La rubia debió decirles algo de tal importancia, más ahora que estaban en guerra y sabían que sus vidas podían correr peligro a cada segundo, ahora que Voldemort había empezado a amenazar al resto de clanes que se mantenían fieles a ellos debido a la alianza formada cuando decidieron ingresar en la batalla.

Esto suponía un gran obstáculo en sus planes, uno que podía hacerlos más fuertes de ser solventado con rapidez o, que de lo contrario, haría que la mansión ardiera en llamas con sus ocupantes dentro.

Orión: ¿Por qué no nos lo dijiste, Katrin? ¿Y dónde, dónde esta tu hija? Diana… -Y, después de que su nombre surgiera de sus labios susurrado como el más oscuro de los secretos, tomó conciencia de que el tiempo pasaba rápido e imparable.

Se puso de pie, la búsqueda debía comenzar ya.

Continuará…