Bienvenidos a todos los que han llegado hasta aquí. Se muy bien que no he contestado nunca los reviews, al menos de manera individual, y debido a algunas dudas y preguntas que me llegaron con el último capítulo creo que lo mínimo que puedo hacer, ya que veo que seguís la historia a pesar del tiempo que ha pasado desde el primer capítulo, es responderos y agradeceros en la medida que pueda, así que allá vamos:
Sama: Bueno, encantada de saber que lees la historia antes que nada. Si te soy sincera a mi tampoco me apasiona mucho el personaje de Ginny, pues siempre creí que detrás de la cara de niña buena que pone podía llegar a ser bastante mala si le daban la oportunidad, así que decidí sacarle provecho a esa parte por lo menos durante un tiempo. En cuanto a Luna (veo que os ha impactado bastante que apareciera de repente tan cercana a Hermione) te diré que pinta bastante en este fic, después de todo los vampiros no son siempre lo que aparentan y, esta chica, parece tener el don de ver cosas que otros no pueden. Ya te irás dando cuenta de que la rubita es más perspicaz de lo que aparenta y aún lo será más bajo la tutela de Hermione.
Triste: Decirte que intento actualizar lo más pronto posible (por lo menos puedo asegurarte que pasará menos tiempo del que has tenido que esperar para ver el anterior capítulo para que ya tengas subido el trece). En cuanto a tus dudas, la verdad es que ya tenía previsto que Luna entrara en escena de una forma u otra, y me pareció que la mejor manera era esta, pues de esta forma no solo me aseguraba de que apareciera como un personaje cercano a Hermione (bajo su protección) sino que además me daba la oportunidad que mostraros hasta que grado puede haberse vuelto Ginny calculadora y fría para atacar a una de las personas más indefensas de Hogwarts. En cuanto a si Ginny es malvada o no, yo no diría que es malvada sino que está corrompida, después de todo incluso Dumbledore ha dicho que el exceso de poder es malo y eso es lo que le ha pasado a la pelirroja, se le ha subido a la cabeza.
Noelhia: Chica, casi es una tradición buscar tu nombre entre los reviews cada vez que actualizo. Puesto que no me has planteado ninguna duda, agradecerte por tu dedicación (y tu paciencia), la verdad es que me agrada mucho saber que te está gustando el camino que va tomando la trama, y tranquila que Hermione seguirá en sus trece, de hecho aunque de vez en cuando tenga momentos de debilidad, ya te irás percatando de que es más fuerte de lo que ella misma es capaz de imaginar.
mari:Te dijo lo mismo que a Noelhia, tu nombre en los reviews ya es algo que busco de forma inconsciente. Me encanta que te guste la historia, la verdad es que tenía algunas dudas sobre la escritura y esas cosas, pero ya me quedo más tranquila al saber que no lo estoy haciendo tan mal. Si te gustan Hermione y Orión te aseguro que tendrás suficientes líos y momentos de estos dos a lo largo del fic. Sin embargo, debo aclararte que NO son pareja, pues como bien expliqué los vampiros no se toman las relaciones serias tan a la ligera sino que, cuando deciden tomar un compañero, lo hacen de por vida (y son muchos años…). Así que podríamos decir que más bien son amigos con derecho a roce. Por otro lado siento no haber podido poner celos en el reencuentro de Hermione y Draco, pero ya te darás cuenta de que, si bien el rubio y el vampiro no son celosos, no todos son como ellos.
Naj: Ya habrás podido comprobar que lo de el tiempo para actualizar no lo llevo precisamente muy bien… XD La verdad es que espero que sigas tan entusiasmado con la historia y haya conseguido interesarte lo suficiente como para no quedarte a mitad del camino. ¿Eres también "naj"? Solo es para aclararme un poco, pues me ha descolocado un poco que los nick sean tan parecidos. Si no es así perdón por la confusión, y si lo es te agradezco abajo de nuevo por tu dedicación.
naj: ¿Dejar el fic sin actualización? Puedo ser lenta a veces, pero te aseguro que no tengo intención alguna de dejar la historia colgada, después de todo, los vampiros pueden ser inmortales y, si bien no espero abarcar toda la vida de Orión con esta historia (¿Me imagináis escribiendo con canas? Yo no.) Te puedo asegurar que tendrás colmillos y sangre para ratos.
Yamichan1234: Gracias, la verdad es que no se que más puedo decirte. Espero el transcurso de la historia haya sido de tu agrado y de que siga gustándote tanto como al principio.
Isendil: No puedes imaginarte la ilusión que me hizo recibir tu review, después de todo el primero nunca se olvida. De verdad deseo que la historia consiga cautivarte y espero impaciente tu opinión.
Y ahora, seguimos con la historia.
Capítulo 12.- Marcas en el antebrazo.
Se dejó caer en la cama mientras suspiraba, cansada, haciendo que sus rizados cabellos castaños se esparcieran sobre las sábanas.
¿Cuántos kilómetros había recorrido hoy? ¿En cuántas mentes había entrado desde que había vuelto a la mansión exactamente hace una semana cuando Orión reclamara su presencia?
Sin duda alguna se alegraba de poder pasearse por la casa volviendo a ser Hermione en vez de Sekhmet, pero esa dicha quedaba opacada por la preocupación. Hacía varios días que no veía al moreno y echaba en falta su compañía y sus largas charlas y, aunque sabía que éste estaba intentando reunir información, no pudo evitar pensar que parecía dar igual lo mucho que se esforzaran, seguían sin hallar pista o rastro alguno de la "hija" de Katrin.
Se levantó y se puso a caminar rumbo a las mazmorras, bajó las grandes escalinatas de mármol blanco que daban al vestíbulo y, pasando a través de una de las puertas que allí se encontraban, siguió descendiendo a través de los oscuros corredores. Desde hace unos días había algo que le molestaba y la inquietaba al mismo tiempo, cuanto antes solucionara ese enigma mejor.
Selene: ¿Qué es lo que te preocupa? –Le preguntó la vidente cuando entró en su laboratorio. Ni siquiera se sorprendió al ser encarada tan directamente, ya era un hecho el que Selene estuviera al tanto de todo lo que sucedía con la mansión y sus ocupantes.
Hermione: Sé que llevo ya un tiempo con vosotros. –Dijo mientras tomaba asiento en la silla que la otra le ofrecía. –Sin embargo, aun hay muchas cosas que no logro comprender. No entiendo cuánto daño podría hacernos el que otros vampiros encontraran a la chica antes que nosotros. ¿No sería mejor que, ya que no esta con nosotros, por lo menos no esté sola?
Un pequeño silencio siguió a su pregunta mientras la morena buscaba las palabras adecuadas para espantar las dudas de la otra.
Selene: Veras, todo clan de vampiros, sean de la especie que sean, tienen una debilidad y una fortaleza, ya que incluso en nuestros poderes debemos estar compensados. En nuestro caso, somos más resistentes ante la llamada de la sangre, podemos controlar nuestra sed de una forma prácticamente perfecta, tal es así que algunos de nuestros integrantes más longevos, como Markus, apenas necesitaban alimentarse una vez al mes. Sin embargo las debilidades de los clanes son secretas, y en secreto deben permanecer para asegurar la supervivencia del mismo, solo el líder es consciente de estas pues en su mano está el poder para prevenirnos al resto y protegernos de nuestros propios fantasmas.
Siguió escuchándola, aun sin saber a dónde quería llegar realmente, pues no encontraba relación alguna entre las debilidades del clan y la chica desaparecida.
Selene: Tienes razón, en circunstancias normales no tendría relación alguna, pero he aquí la excepción. –Frunció el entrecejo al saber que la morena se había metido en su mente. -Cuando Markus decidió dejarnos y nombrar al nuevo líder, a aquel que nos dirigiría, dejó que sus hijos eligieran de mutuo acuerdo, ya que había vivido lo suficiente como para ver numerosos clanes destruidos por las peleas e intrigas internas de los hijos del antiguo líder que se peleaban por la herencia y el poder de este, de esta forma, al ser ellos los que elegirían al sucesor, se aseguraba de que los otros dos apoyarían a este y no intentarían tomar el poder por la fuerza, así que no compartió al gran secreto únicamente con Orión, si no que también Alex y Katrin lo supieron.
Se disculpó un momento mientras se acercaba al pequeño fuego sobre el que reposaba una probeta con líquido dorado en su interior, seguramente uno de sus inventos, y tras comprobar que la temperatura de éste era la adecuada, volvió a acortar distancias con la castaña y prosiguió.
Selene: Tú no te percataste de esto pues estabas demasiado débil y caíste inconsciente, pero el proceso de transformación de humano a vampiro es muy complicado y requiere un gran control mental, ya que al pasar parte del alma de un cuerpo a otro es fácil que algunos recuerdos también pasen del vampiro al humano.
La expresión de sus ojos cambió completamente, pues ante ellos empezaba a vislumbrar la luz del enigma y no le gustaba lo que estaba viendo.
Selene: Veo que al fin lo estás comprendiendo. ¿Qué pasaría si esa chica fuera encontrada y torturada por algún otro vampiro capaz de entrar en su mente y esta supiera nuestra debilidad?
Hermione: Estaríamos en clara desventaja si estos decidieran atacarnos, pasaríamos a ser el más débil de los clanes…
Selene: Peor querida, nos cazarían como a ratones indefensos, caeríamos uno detrás de otro sin posibilidad de defendernos.
Se alejó y ella se dispuso a salir de las mazmorras, la morena ya había dado la conversación por terminada.
Subía las escaleras turbada, pensando en lo que sería de todos ellos si no encontraban a Diana, tan metida en sus pensamientos que solo se percató de que había llegado al vestíbulo cuando chocó contra otra persona tirándola al suelo debido al impacto.
Vera: ¿Te encuentras bien? –Le preguntó la loba, no era muy normal encontrar a la líder completamente ida.
Hermione: Sí, no te preocupes. –Le tendió la mano y la ayudó a levantarse, el golpe no debía haber sido muy suave para la chica.
Vera: De acuerdo. –Aceptó una vez de pie aunque no demasiado convencida de la veracidad de las palabras de la castaña. –Ya estamos todos esperándote afuera, la luna no tardará mucho en salir.
Hermione: Deja que vaya a cambiarme -Le dijo al percatarse de las manchas de sangre seca que había en su ropa. -y me reúno con vosotros en los terrenos.
La pequeña asintió y desapareció de su vista.
Una vez cambiada cruzó las puertas de la mansión y los observó, observó con detenimiento como su manada charlaba y reía, eran felices.
Las voces se fueron apagando conforme avanzaba hacia ellos, los nueve miembros de la manada la miraban atentos, esperando respetuosamente a que ella comenzara su transformación para seguirla, y mientras el pelo negro comenzaba a cubrir su cuerpo y sus extremidades se convertían en patas no puedo evitar recordar las terribles palabras de Selene.
Sekhmet: (Como a ratones indefensos…)
No dejaría que eso pasara, haría todo lo que estuviera a su alcance para dar con esa chica y así ni su familia ni su manada sufrirían daño alguno.
Entró a aquella viaja casa en ruinas, observando como la hiedra se había ocupado de colarse por las grietas y maltratar las ya desgastadas rocas que formaban las paredes.
La luz de la luna se colaba débilmente por los agujeros que en otro tiempo fueron ventanas, siendo esta la única luz que le libraba de tropezar con las rocas levantadas del maltrecho suelo cada dos por tres.
Empujó la puerta de madera frente a la que se encontraba haciendo que esta se abriera mientras las oxidadas bisagras se quejaban por el esfuerzo de soportar el peso.
Se colocó la capucha negra sobre el rostro evitando que alguien pudiera observar más allá de sus labios y comenzó a bajar las escaleras, vio el resplandor de unas velas al final de la misma y se apresuró a llegar hasta allí. Sabía que un retraso podía costarle muy caro.
Camino despacio, temblando, hasta colocarse en el centro del círculo de figuras encapuchadas y se arrodillo frente a la única persona que estaba sentada mientras agachaba la cabeza en señal de sumisión y evitaba por todos los medios que sus ojos coincidieran con los rojos del hombre.
Continuaba de rodillas ante el Lord Oscuro cuando la puerta volvió a abrirse, notó como el resto de mortifagos se ponían rígidos repentinamente y como el ambiente se hacía más tenso, no pudo evitar que un nuevo escalofrío de terror recorriera su cuerpo.
Escuchó pasos tras ella y pronto la figura se situó al lado de Voldemort, cometió el error de dejarse llevar por la curiosidad y la miró directamente a la cara.
Apenas debían llevarse unos años y la figura de la mujer parecía bastante frágil embutida en ese largo vestido negro, el cabello tan rojo como la sangre y sus ojos…
Un gemido apenas audible escapó de sus labios ante lo que los ojos de la mujer le habían mostrado. La otra sonreía débilmente ante su pánico.
Voldemort: Habla, gusano. –Reunió el valor suficiente para que su voz no temblara como el resto de su cuerpo y se apresuró a contestar.
¿: Dumbledore esta preocupado por nuestra falta de actividad, además la vigilancia sobre Potter ha menguado débilmente, parece que está decidido en centrar su atención en la chica de la que os hable, mi señor.
Voldemort: ¿Sekhmet Lefey? –Dijo mientras tomaba una carpeta en específico de un montón a su lado y se ponía a ojearla. –Quizás sería interesante hacer una visita a Hogwarts después de todo.
¿: Disculpadme mi Lord. –La mirada del mago tenebroso le indicó que tenía su atención. -¿Y lo prometido?
Voldemort: ¿Acaso dudas de mi palabra, insecto? –Sonrió de forma malévola, el temblor volvió a tomar el control de su cuerpo. –Te daré lo prometido cuando estemos en Hogwarts. Ahora retiraos de mi vista, escorias.
Todas las figuras encapuchadas desaparecieron quedando en la sala Voldemort y la misteriosa mujer.
Voldemort: ¿Cómo va nuestro otro asunto, querida? –Su tono de voz cambió al dirigirse a la mujer mientras se levantaba del sofá y dejaba en este la carpeta que aún continuaba entre sus manos.
¿?: El ministro no es más que un inútil, no entiendo por qué dejamos que siga con vida. –Su tono de voz reveló la molestia que sentía ante la mención del hombre.
Voldemort: Por el momento nos es necesario, además la promesa de la inmortalidad le ha convertido en un perro fiel incapaz de traicionarnos. Sabes que tienes carta blanca de mi parte, continua con la búsqueda y deshazte del ministro cuando lo consideres oportuno. –La dejó sola en la sala tras estas palabras.
La mujer se acercó al sillón y tomó la carpeta, se fijó en la foto de la chica, observó su cabello negro y su mirada se tornó virulenta al observar sus ojos.
¿?: Tiene tu misma mirada, si sus ojos fueran dorados como los tuyos casi podría jurar que es familiar tuyo. –Estrujó la fotografía descargando parte de su furia en ese acto.
Caminó rumbo a las escaleras mientras sus pensamientos se trasladaban al pasado en el que cierto vampiro moreno de ojos dorados estaba involucrado.
¿?: Quizás nos veamos muy pronto si todo sale bien, Orión. De todas formas, aún tengo que "agradecerte" el que me mataras. –El odio en su voz era casi palpable.
Y, con la promesa de venganza en el aire, la sala quedó vacía y solo las frías piedras fueron testigo de la furia de una vampira consumida por la maldad y el rencor. Un ser de la noche poseído por el dolor de la muerte.
Abrió los ojos con molestia pues el sol la había despertado, anoche había olvidado cerrar del todo las cortinas de la cama y ahora pagaba las consecuencias con su desvelo.
Suspiró con hastío ante la rutina que se le presentaba por delante, intentó levantarse pero un peso sobre su estómago se lo impidió. Movió levemente el bulto de pelo negro que reposaba sobre su abdomen, pero este siguió durmiendo ajeno a sus esfuerzos.
El cachorro ya tenía la forma de un lobo adulto y pesaba como tal, sin embargo aun le quedaba un poco por crecer, sería bastante más grande que un lobo pues era un Ser de Sombra.
Sekhmet: Nekros… -Ante la llamada de su dueña el animal abrió un ojo con indiferencia. –Es hora de levantarnos. –El lobo calló de un salto al suelo mientras Perséfone se enroscaba en su brazo para desaparecer bajo su piel. Menos mal que no tenía más mascotas o necesitaría una cama más grande.
Se puso de pie y el lobo se hundió en el suelo justo donde se encontraba su propia sombra.
Caminó hacia el baño y comenzó a peinar su cabello mientras una mueca de disgusto aparecía en su rostro al verlo negro de nuevo.
Medio mes. Había pasado medio mes desde que Orión la hiciera volver a la mansión para buscar a Diana y aún no habían dado con su paradero o habían hallado alguna pista que fuera fiable, no podían dejar a Potter tanto tiempo sin vigilancia y se había visto obligada a volver a Hogwarts y a su falsa vida.
Volvió a la habitación ya arreglada y no pudo evitar bostezar al ver como las demás dormían sin ninguna preocupación. Bendita ignorancia.
No se sorprendió cuando al atravesar el cuadro de la Señora Gorda se encontró con un gran perro negro esperándola, Sirius parecía su sombra desde que había regresado al castillo. Se agachó y le acarició lentamente la cabeza, después de todo él no la seguía por su propia voluntad, estaba segura de que solo cumplía órdenes del viejo Dumbledore.
Sekhmet: No vas a dejarme tranquila. ¿Verdad? –Los ojos grises de Sirius estaban clavados fijamente en los suyos, contestando su pregunta sin decir palabra alguna. Se levantó. –Como quieras, pero no te lo voy a poner fácil.
Comenzó a caminar por los corredores con el animago al lado hacia el gran comedor y fue a sentarse a la mesa de Slytherin donde Draco ya estaba desayunando.
Se sentó a su lado y sonrió al ver a Sirius parado a unos tres metros de la mesa, daba igual los años que pasaran, a la oveja negra de los Black nunca le gustarían las serpientes.
Draco: ¿Quedaremos esta noche? –Le susurró el rubio al oído.
No se giró, se limitó a asentir levemente y a bajar el tono de voz para que el desarrollado oído del animago no captara sus palabras.
Sekhmet: Luego os diré el lugar desde el que nos desapareceremos.
Con un último sorbo de la copa de zumo se levantó para ir a su primera clase.
Como odiaba la rutina de Hogwarts…
Ocupó su sitio habitual en clase de pociones y pronto alguien se sentó a su lado.
Sabía que hoy volvería Sekhmet y retomarían las sesiones de entrenamiento.
Luna: (Ahora que se me habían curado los moratones de la última pelea.) –Pensó mientras se acariciaba el hombro que había salido resentido tras el último combate.
Observó a sus compañeros como siempre hacía, fijándose en sus movimientos e intentando adivinar sus pensamientos y sus preocupaciones.
Llevaba tanto tiempo observando desde las sombras que ya podía prever muchas de las acciones de las personas que la rodeaban, algo que nadie imaginaría al fijarse en ella pues parecía estar siempre en las nubes.
No se sorprendió al no ver a Ginny entre los alumnos de Gryffindor, hacía ya varios días que la pelirroja aparecía únicamente lo necesario.
No pudo evitar sonreír al ver una pequeña placa plateada colgando de las túnicas de algunos alumnos y procedió a acomodar la suya de forma que pudiera verse perfectamente. Si no se equivocaba Sekhmet estaría de bastante mal humor por la noche, algo que resentiría en su propia carne.
Salía de su última clase y estaba agotada.
No por la dificultad de las mismas, sino por el esfuerzo que debía hacer para mantenerse calmada y callada ante algunos profesores y sus teorías medievales sobre la magia. Personas que se jactaban de la superioridad de su mundo respecto al de los muggles en según que aspectos, pero mientras estos habían ido avanzando y progresando lentamente a lo largo de los años su "avanzado" mundo mágico se había quedado congelado en el tiempo, obsoleto.
Algo había cambiado en el ambiente del castillo durante su ausencia y era consciente de ello.
Veía como la gente se acercaba a ella e intentaba sacarle conversación, algunos chicos cuchicheaban a su paso por los corredores, siempre parecía haber alguien mirándola, había perdido la cuenta de cuanta gente se había ofrecido hoy a llevarle la mochila. ¡Si un grupo de chicas de quinto de Gryffindor la habían saludado ya siete veces por lo menos! ¡Y Sirius la seguía allá donde fuera! ¡Es que ese hombre no tenía nada mejor que hacer! ¡Qué se fuera a perseguir a la Señora Norris!
Se detuvo en medio del corredor, cerró los ojos, se apretó las sienes e intentó tranquilizarse.
Ignoró deliberadamente la mirada del merodeador que la observaba intrigado preguntándose el por qué se había detenido. Se estaba poniendo de mal humor.
Draco: Lo has notado ya. ¿Verdad? –Levantó la mirada hacia el rubio que se había colocado a su lado mientras dejaba reposar uno de sus brazos sobre sus hombros. Casi pudo oír el gruñido de Sirius, curioso que teniendo la misma sangre esos dos se llevasen tan mal.
Sekhmet: ¿Qué demonios está pasando aquí?
Draco: La verdad es que debería felicitarte. –Prosiguió al ver la mirada de desconcierto de la morena. –Querías cooperación entre las casas y lo has conseguido, al fin los Gryffindor y los Slytherin han coincidido en algo, desde que le hiciste morder el polvo a Weasley te consideran la nueva reina de Hogwarts.
Sekhmet: ¡¡Qué!! – Ya no servía de nada apretarse las sienes. -¡¡Es que este maldito colegio no tiene nada mejor en lo que perder el tiempo!!
Draco: Verás, querida. –La instó a seguir caminando. –Ha habido bastantes cambios desde que te fuiste. Weasley a perdido a casi todas sus perras, además los chicos están empezando a decir cosas interesantes sobre ti. Y mira. –Dijo parándose frente a ella y enseñándole una chapa plateada que llevaba colgada de la túnica y en la que no había reparado antes, la cogió y creyó que haría explotar el castillo al ver lo que ponía.
Sekhmet: ¡¡Brigada Lefey!! –Miró con odio la pequeña chapita mientras hacía que esta se fundiera en su mano, pero de nada le sirvió el momentáneo alivio que sintió pues cuando se fijó en los alumnos del corredor comprobó con horror que muchos de ellos llevaban en la túnica ese endiablado trozo de plata.
Draco: Menos mal que creí que reaccionarias así y tengo una de repuesto en mi cuarto. –Se giró furibunda hacia el rubio al notar el tono despreocupado de su voz. –Es algo así como un club de fans. No deberías alterarte, gracias a esto mi popularidad ha aumentado bastante. –Terminó cruzando los brazos tras la nuca.
Sekhmet: ¿Y se puede saber en qué ha afectado a tu club de lame botas?
Draco: Veras, durante tu ausencia la curiosidad sobre ti aumentó bastante, y algunos de mis fans vinieron a preguntarme sobre el tipo de relación que teníamos y tuve que contestarles. ¡No iba a defraudarles! –Sonrió cínico y pensó que, si fuera siempre así de capullo, le arrancaría la cabeza sin pensarlo.
Sekhmet: ¿Qué les dijiste?
Draco: Lo normal, que solíamos acostarnos de vez en cuando y todo eso.
Sekhmet: ¡Qué! –Creyó que los colmillos se le incrustaban en el labio de la rabia.
Draco: ¿Qué querías que dijera? Soy el príncipe de Slytherin. –Dijo aquello como si fuera la explicación a todo ese embrollo. –Tengo que mantener mi reputación. ¡Oye!
Comenzó a preocuparse al ver que la chica se estaba dando cabezazos contra la pared mientras susurraba algo por lo bajo de lo que solo captó la palabra "loca".
La separó de la pared para impedir que en un descuido no midiera su fuerza y acabara tumbándola. Quizás la morena no estaba del todo cuerda…
La soltó cuando esta pareció retomar su autocontrol, pero tan pronto como lo hizo la chica se encaró con él.
Sekhmet: Tu reputación no te servirá de nada cuando te despelleje vivo. –Empezó a sudar frío, pero el Malfoy en su interior se sobrepuso al miedo.
Draco: Pero, amor. –La acercó a él y la abrazó por la cintura haciendo que la distancia entre ellos se acortara. –Sabes que tu vida sin mi presencia sería demasiado aburrida, mi persona es única e incomparable.
La morena miró al perro, aún en esa apariencia su expresión parecía asqueada ante la escena.
Sekhmet: (¿Amor?) –El rubio jamás la había llamado así. Supo el por qué de ese sobrenombre al girar la cabeza en la dirección en la que el chico estaba mirando y ver como un grupillo de chicas de sexto estaban cuchicheando entre ellas, habían seguido toda su conversación.
Sekhmet: Draco Malfoy… -Peligro, ignoró la sensación de peligro que hasta el vampiro rubio temía cuando la chica lo llamaba Alexander. –Desaparece de mi vista si no quieres morir desangrado de la forma más dolorosa posible.
El rubio se limitó a sonreírle.
Draco: Claro, amor. –Le dio un beso en los labios, les guiñó un ojo al grupillo de chicas tras ella que suspiraron como imbéciles y se fue por el corredor mientras la morena se ponía roja de la furia.
Le daba igual que difundiera rumores sobre ellos por todo Hogwarts, le daba igual que la besara pues para ella un beso no significaba nada, pero que utilizara sus dotes de galán con ella para encandilar a otras… ¡Por eso si que no pasaba!
Se agachó a la altura del perro mientras sentía como la furia desaparecía al tiempo que una sonrisa malévola se instalaba en su rostro.
Sekhmet: Sabes, a Malfoy le espera un periodo de celibato muuuuy largo…
Sirius tragó duro, Malfoy era un Black al igual que él, por lo que sabía lo dura que esa palabra maldita, "celibato", resultaba para los hombres de su familia y la morena hacía que esas ocho letras sonasen aún peor.
Era ya de noche y una sombra negra se deslizaba en silencio hacia las mazmorras, los ojos grises brillando de emoción, el corazón latiendo rápido por la adrenalina.
Rió, un sonido extraño saliendo del hocico de un animal, al pensar en la sorpresa que se llevaría Snivelus cuando viera el resultado de los objetos que llevaba colgando de la mandíbula en un atillo.
Aún veía la expresión severa de Lunático cuando le comentó su idea, una expresión de fachada, pues él sabía que, como todo buen merodeador, Remus se partiría de risa cuando Snape apareciera al día siguiente con el pelo rosa chillón y alguna que otra sorpresa más.
Volvió a reír, Lili tenía razón cuando decía que Sirius Black jamás maduraría.
Su olfato captó un olor conocido moviéndose cerca de donde él estaba y maldijo por lo bajo, tendría que esperar para hacer sufrir a Snape.
Soltó el atillo detrás de una de las armaduras del pasillo para regresar a buscarlo más tarde y comenzó a correr por los pasillos hacia el olor, un olor extraño pues parecía estar camuflando otro que era incapaz de captar, como si tuviera dos aromas distintos y contradictorios.
Paró en la esquina del corredor, se asomó un poco y la vio caminando hacia donde él se encontraba.
Sirius: (¡¿Es que esta niña no puede quedarse quieta ni un instante?!) –Suspiró con hastío, hacía menos de dos horas que había dejado a la morena en su dormitorio pensando que al fin podría dejar de hacer de niñera y ahora le había fastidiado la diversión que llevaba planeando una semana. – (Por lo menos espero que se pegue un buen susto cuando me vea.)
Esperó escuchando los pasos de la chica, calculando la distancia que los separaba y se iba acortando, cuando estos cesaron.
Ya iba a asomarse de nuevo para ver lo que pasaba cuando su voz lo sorprendió detrás de él.
Sekhmet: No voy a poder librarme de ti. ¿Verdad? –Dio un respingo. ¿Cómo había aparecido tras su espalda?
Se repuso del susto y se sentó, algo le decía que le entendería.
Sekhmet: Como quieras. –Siguieron caminando hasta la puerta de los baños de Myrtle la llorona, vio como la chica tenía intenciones de entrar allí así que comenzó a caminar tras ella pero se paró al ver que esta no habría la puerta. -¿No creerás de verdad que te dejaré entrar al baño de chicas? –Preguntó levantando una ceja a modo de incredulidad.
Él esperó quieto.
Sekhmet: Sabes, debéis tener algún gen torcido en vuestra familia. ¿Primero Draco y ahora tú? Los Black sois todos unos pervertidos. –Se metió en el baño y cerró la puerta tras ella aprovechando el desconcierto del animago para dejarlo fuera.
Sirius: (Lo sabe, sabe quien soy.) –El pánico comenzó a inundarlo ante las posibles consecuencias. – (Sabe que soy un Black, ¿pero cómo? ¿Y si solo lo dijo por el color de pelo? No, dijo que Draco y yo somos familia, es demasiada coincidencia. ¿Pero desde cuando lo sabe y por qué entonces no ha dicho nada a nadie? Todo el mundo sabe que solo quedan vivos tres Black y dudo mucho que si pensara que soy mi prima hubiera cerrado el pico. ¿Pero por qué encubrir entonces a un asesino?) –Dejo de pensar al percatarse de algo y se maldijo por lo bajo, si lo que la chica quería era que dejara de prestar atención lo había conseguido. Su aroma había desaparecido.
Abandonó su forma canina, pues estaba convencido de que esa niña sabía más de lo que aparentaba y ya no servía de nada que siguiera pareciendo un perro, y entró al cuarto de baño.
No había nadie en los lavabos y las puertas de todos los retretes estaban abiertas excepto la del último, de la cual surgían una serie de sollozos lastimeros.
Se encaminó hacia ella y la abrió con lentitud, extrañándose de no captar el olor de la morena allí.
Sirius: ¿Sekhmet? –Apenas había abierto la mitad cuando el fantasma de Myrtle lo atravesó dejando en su cuerpo una sensación escalofriante mientras gritaba a toda voz e intentaba sollozar al mismo tiempo.
Myrtle: ¡La muerte! ¡La muerte ha venido a llevárseme! ¡Esa niña es la muerte!
Dejó de prestarle atención, ya se encargaría Filch de ella, ahora solo le importaba una cosa: Lefey se había desaparecido dentro del colegio y no sabía cómo.
Sirius: ¡Mierda! –Volvió a convertirse en perro y salió corriendo hacia la torre de Gryffindor, necesitaría el Mapa del Merodeador para encontrarla.
Llegó corriendo a la entrada del castillo y se dirigió hacia la cabaña de Hagrid en los límites del Bosque Prohibido donde otras dos figuras la esperaban.
Draco: Llegas tarde. –Reprochó el rubio al verla llegar.
Sekhmet: Me encontré con un bulto peludo en el camino.
Luna: Ves, te dije que era imposible que llegara tarde sin ningún motivo. –Dijo la ravenclaw.
Sekhmet: ¿Vuestras réplicas estaban en vuestros cuartos antes de salir? –Se sintió aliviada al ver que los otros asentían. –Bien, porque dentro de poco los profesores comenzarán a buscarnos. Será mejor que nos metamos en el bosque.
Comenzó a caminar mientras los otros la seguían.
Sekhmet: Draco. –Al ver que tenía su atención prosiguió. –No creas que me he olvidado de lo de esta tarde, hoy tendrás entrenamiento doble.
El slytherin suspiró derrotado mientras Luna reía, la morena había reaccionado justo como ella esperaba.
Llegó jadeando hasta el cuarto de chicos de séptimo de Gryffindor, hacía tiempo que no hacía ejercicio y se notaba, se dirigió a la cama de su ahijado y comenzó a tirarle del pijama para que despertara, no podía transformarse y arriesgarse a que alguno de los otros chicos descubrieran su identidad.
El moreno se removió incómodo al comenzar a despertar, pero abrió los ojos de golpe al ver al perro frente a él.
Harry: ¿Sirius? –Preguntó susurrando. -¿Qué haces aquí?
Como contestación el animago se limitó a volver a tirar de él haciendo que se levantara y llevándolo hasta el baúl, su ahijado se apresuró a abrirlo.
Metió el hocico en el interior de este y lo sacó con un viejo pergamino entre los dientes, lo dejó en el suelo y apoyó una de sus patas en él indicándole al chico que necesitaba que lo activara, este cogió su varita de la mesilla y la puso sobre el trozo de papel.
Harry: "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas."
Los trazos de tinta comenzaron a formarse en el papel imitando los corredores de Hogwarts mientras aparecían carteles con los nombres de todos sus ocupantes.
Buscó su nombre piso tras piso hasta que encontró algo sospechoso en el Bosque Prohibido, allí había tres carteles: Luna Lovegood, Draco Malfoy y un tercer cartel que aparecía en blanco.
Se extrañó, el mapa nunca se equivocaba, por lo que una magia muy poderosa debía de estar interfiriendo en él para que no mostrara la identidad de esa persona, sin embargo no necesitaba ver su nombre en un trozo de pergamino para saber que la única persona que podría hacer que Lovegood y Malfoy estuvieran juntos era ella, Lefey.
Apenas habían pasado unos segundos cuando los tres carteles desaparecieron.
Debía avisar a Dumbledore, ahora.
Y mientras Harry le seguía preguntando lo que ocurría él salió corriendo de nuevo, ya apenas sentía las patas.
Sirius: (Definitivamente debo bajar unos kilos.)
En cuanto Sirius desapareció comenzó a preocuparse, él no actuaba de esa forma normalmente.
Se levantó y se acercó a la cama del pelirrojo.
Harry: Ron. –Lo llamó zarandeándolo. – ¡Ron, despierta!
Se dio por vencido a la tercera vez, algo estaba ocurriendo y no podía esperar toda la vida a que su amigo despertara. Cogió la capa de invisibilidad y el mapa y buscó el nombre de su padrino, se extrañó al ver que él juntó al profesor Dumbledore, la profesora McGonagall y Alastro Moody estaban entrando en la torre de Gryffindor, pero decidió echarse la capa por encima e ir a ver que pasaba.
Cuando llegó al final de las escaleras vio como estos subían hacia los cuartos de las chicas, su padrino transformado en perro lo olió y, tras mirarlo con cierto reproche, apretó uno de los ladrillos del corredor y le hizo un movimiento con la cabeza para que los siguiera.
Se extrañó cuando al pisar las escaleras estas no se convirtieron en un tobogán y se recordó que debía darle las gracias a Sirius por desactivar el hechizo que impedía el paso de los chicos a las habitaciones de las chicas, ya le preguntaría más tarde como es que había descubierto ese truco.
Los siguió de cerca para aprovechar a pasar al cuarto cuando abrieran la puerta, ya que sería un poco sospechoso que la puerta se abriera sola.
Vio como estos entraron al dormitorio de séptimo año y se preocupó al pensar que quizás había habido algún accidente, pero sus preocupaciones volaron cuando los magos se pusieron alrededor de una de las camas y sacaron las varitas.
Dumbledore se acercó y, de un solo golpe, abrió completamente las cortinas.
Dumbledore: ¿Señorita Lefey? –Preguntó extrañado el viejo mago al ver como la morena comenzaba a despertarse debido al alboroto.
Sekhmet: ¿Se puede saber que hace aquí a estas horas? ¿¡Es que ni siquiera puede dejarme dormir en paz!?
Si al viejo mago le quedaba alguna duda estas se evaporaron al escuchar el tono frío y petulante con el que la muchacha se había referido a él, esa era Sekhmet Lefey.
Dumbledore: Lamentamos mucho haberla despertado, creímos que algo le había sucedido. Le aseguro que no volverá a pasar. –Dijo inclinando levemente la cabeza.
Sekhmet: Eso espero. –Y sin más cogió la varita de la mesilla y susurró los hechizos pertinentes para que las cortinas se cerraran y no pudieran abrirse de nuevo desde el exterior.
Los magos se fueron extrañados. Tres de ellos con simples sospechas, dos con certezas, pues Sirius no había captado el olor de la chica con la que acababan de hablar y Harry miraba el Mapa del Merodeador con el ceño fruncido el cual mostraba que allí, en la cama de la morena, no había nadie. El mapa no mentía, ¿verdad?
La situación se repitió en Slytherin y en Ravenclaw, en los que el profesor Snape y el profesor Flitwick encontraron a un Draco Malfoy y una Luna Lovegood durmiendo placidamente.
Ya casi estaba amaneciendo cuando abrió las cortinas de su cama.
Tenía algunos cortes que despedían un leve olor a sangre pero que sanarían en apenas media hora, el entrenamiento había sido provechoso y había contribuido a paliar su furia contra el rubio.
Vio como su réplica se levantaba de la cama y quedaba frente a ella.
Sekhmet: Buen trabajo. –Su doble comenzó a encogerse y a tornarse completamente negra hasta convertirse en su lobo.
Se recostó en la cama y esperó a que este se tumbara junto a ella.
Sekhmet: Buenas noches, Nekros. Buenas noches, Perséfone. Buenas noches, Sirius. – Unos ojos grises brillaron con temor en la oscuridad en la que el animago se había escondido esperando su regreso.
Sonrió, le encantaba jugar al ratón y al gato con el heredero Black.
Esa chica si que era la verdadera pues había reconocido su aroma, del mismo modo que había olido el rastro de sangre y no podía evitar preguntarse a dónde había ido para volver herida.
Estaban en problemas, eso ya era un hecho, la morena no solo sabía quién era sino que había encontrado la forma de desaparecerse dentro del castillo y, si no eran capaces de probar su desaparición no podían hacer nada al respecto.
Estaban en problemas.
Era un buen día.
El ejercicio de la noche anterior, unido con el atracón de sangre que se había dado en la mansión, habían hecho que sintiera su cuerpo más liviano y su mente más ligera.
Sekhmet: (Solo falta una cosa para que el día sea perfecto.) –Frunció el entrecejo al sentir como la estaban siguiendo dos presencias y ninguna la agradaba en absoluto.
Giró levemente la cabeza al torcer el corredor y pudo ver el reflejo de unos cabellos pelirrojos antes de que una de las presencias se alejara.
Algo le olía mal. Por lo que le habían dicho Weasley llevaba tiempo sin acercarse demasiado a Potter y esta no era la primera vez que la pillaba siguiéndola. La pelirroja planeaba algo y tenía que ver con ella.
Miró a su lado sin percatarse, esperando encontrar un bulto peludo, pero no había visto a Sirius en todo el día y, muy a su pesar, echaba de menos a ese criadero de pulgas.
Mejor él que los profesores que se habían estado turnando para seguirla a todas partes, no los aguantaba.
Se encontró con Draco para ir a clase de Remus, la última del día, iban hablando tranquilamente cuando un moreno se les atravesó.
Draco: ¿Se te perdió algo, Cara Rajada? –No era necesario ser un genio para saber que esos dos nunca se tragarían.
Sin embargo el moreno no entró en la provocación esta vez y se dirigió directamente a ella.
Harry: ¿Te encuentras bien?
Sekhmet: ¿Por qué lo preguntas?
Harry: Verás, ayer sucedió algo extraño y…
Sekhmet: Dormí perfectamente bien, aunque no creo que eso sea de tu incumbencia, Potter. –Pasó dándole un pequeño empentón en el hombro. No había podido evitar mostrarse brusca pues Potter estaba metiendo demasiado las narices en su vida y no mecesitaba más niñeras, que se alejara un poco por su propio bien.
La siguiente hora la pasó metida en su mal humor el cual empeoró al notar la ausencia del merodeador en el aula, algo que todos notaron por lo que nadie se acercó demasiado a ella. Ya no era un buen día.
Cuando sonó el timbre de salida esperó a que todos se fueran y se acercó hasta donde estaba Remus con la intención de aclarar algunos puntos.
Sekhmet: Disculpe, profesor Lupin.
El otro se sentó tras el escritorio y la observó, estudiándola.
Sekhmet: Podría decirme donde se encuentra el señor Black, necesito hablar con él urgentemente.
La expresión del lobo se tornó seria de repente.
Remus: Me temo que no se de que me habla, señorita Lefey. –Dijo el hombre nervioso. -Ahora, si me disculpa, necesito que se vaya para preparar la clase de mañana.
Fue a pasar por su lado cuando esta lo detuvo agarrándole del brazo, se giró hacia ella para reclamarle pero se quedó callado al ver la furia ardiendo en sus ojos.
Sekhmet: Llevo mal día como para que tú también me ignores, Remus. –Al lobo no se le escapó la frialdad en sus palabras ni el hecho de que lo había llamado por su nombre. -Dile a Dumbledore que más le vale hacer que dejen de seguirme por los pasillos, si quiere ponerme guardaespaldas sin mi consentimiento solo aceptaré que sea Sirius el que me vigile. – Soltó el brazo del hombre al ver que este no tenía intenciones de dejarla con la palabra en la boca. -Os doy hasta la noche para que os lo penséis, si mañana no me encuentro a esa bola peluda esperándome al salir de la torre me convertiré en el enemigo que Dumbledore cree que soy, y vosotros tendréis más que perder que yo.
Salió de la sala dejando al hombre confundido por su petición, el cual no se percató de la carta que había aparecido en su escritorio y que le daría la oportunidad de cambiar su vida para siempre.
Era noche cerrada y la luna, oculta por las nubes, apenas alumbraba lo suficiente para que una persona consiguiera orientarse en medio de esa oscuridad, sin embargo para ella las sombras eran tan claras y definidas como si el sol irradiara su luz con fuerza sobre ellas.
Incluso desde la distancia que los separaba podía escuchar levemente el murmullo de personas discutiendo, la Orden estaba reunida en el despacho de Dumbledore y discutían su petición.
Acababa de hablar con Orión, el cual tras estar diez largos minutos riéndose por lo de la Brigada Lefey, le dijo que si los magos no aceptaban su oferta de tregua tenía carta blanca para tomar represalias, no estaba dispuesto a consentir que la hostigaran de esa manera.
Se dirigía hacia las afueras del colegio cuando captó una energía siguiéndola, se giró pero no vio nada, abrió la mente y lo reconoció, Potter estaba siguiéndola bajo la capa de invisibilidad.
Draco: ¡Sekhmet! –Vio al rubio correr hacia ella. – ¡Tienes que venir conmigo al Bosque Prohibido, rápido! –Tiró de su manga y empezaron a correr.
Sekhmet: ¿Qué es lo que pasa?
Draco: Es Luna, oí como algunos Slytherins comentaban que la habían dejado inconsciente en lo profundo del bosque.
Su olfato captó un aroma que la hizo desconcertarse, abrió su mente para comprobar si Potter los seguía, sí, el chico corría tras ellos. Mejor así porque estaba empezando a sospechar que a lo mejor necesitaría la ayuda del moreno.
Se dejó arrastrar hasta un claro del bosque.
Draco: Debería estar por aquí, será mejor que nos separemos para buscarla. –El chico la soltó esperando a que ella asintiera, sin embargo se quedó quieta, observándolo con ojo crítico.
Sekhmet: ¿Te has creído que soy tonta o qué? –Sintió al gryffindor casi a su lado y, aunque quisiera negarlo, comprobó que su presencia hacía que se sintiera un poco más tranquila.
Se acercó al rubio, lo cogió del brazo y levantó la manga. El tatuaje en forma de calavera con una serpiente saliendo de su boca confirmó sus sospechas.
Sekhmet: Tú no eres Draco. - El otro retiró el brazo de su agarre.
Draco: ¡Pero qué estás diciendo! ¡Deja de perder el tiempo cuando deberíamos estar buscando a Luna!
No se movió ni un centímetro y sonrió con arrogancia, había vuelto a percibir ese aroma y, esta vez, lo había reconocido.
Sekhmet: Has pecado de arrogante. –Dijo mientras giraba a su alrededor como un buitre ante una buena comida. –Cometiste un error al dar por sentado que Draco sería un mortifago. –Vio la sorpresa en su rostro y supo que Potter seguramente estaría igual de sorprendido. –Ese narcisista valora demasiado su propia piel como para dejar que le marquen cual res de ganado, Weasley.
Unos aplausos resonaron en el bosque y no pudo evitar maldecirse ante su imprudencia, se había confiado al no sentir ninguna presencia en los alrededores y ahora se encontraba rodeada de mortifagos.
La pelirroja recobró su apariencia normal y se unió al círculo, una de las figuras encapuchadas se acercó a ella. No hizo falta que descubriera su rostro, escuchó un gemido de dolor demasiado bajo para un oído normal a su lado, seguramente la cicatriz estaría matando de dolor a Potter al estar en presencia de Lord Voldemort.
Voldemort: Debo reconocerlo, no esperaba que descubrieras nuestro engaño. –La miró directamente a los ojos tratando de intimidarla, pero esta le sostuvo la mirada sin problemas.
Quizás hace años hubiera temblado bajo sus ojos rojos, pero acostumbrada como estaba al peligro constante se vio comparando sin querer su mirada con la de Orión, la presencia del vampiro era más impresionante que la del mago oscuro.
Voldemort: Parece ser que conoces bastante bien a Draco, tanto para saber que ese chiquillo ha conseguido evitarnos de alguna forma todo este tiempo. Espero que seas capaz de convencerlo para que se una a nuestras filas.
Sekhmet: ¿Y por qué debería hacerlo? –Unas palabras silbantes surgieron de su boca y la mascota de Voldemort, la serpiente Nagini, que reposaba sobre los hombros del mago se alejó de este para enrollarse en su brazo. Comenzó a acariciarle la cabeza mientras calculaba disimuladamente el número de mortifagos que la rodeaba y las posibilidades que tenía de sacar a Potter de la encerrona y salir de allí más o menos entera.
Voldemort: Una hablante de pársel. –Una sonrisa escalofriante apareció en su rostro. –Al parecer los rumores no te hacen justicia, Lefey. Iré directo al grano, se que has estado dando bastantes problemas a Dumbledore todo este tiempo, por lo que deduzco que el viejo no es de tu agrado. –Se acercó a ella hasta que solo los separaron un par de pasos, levantó la cabeza desafiándolo con la mirada, algo que al parecer complació al mago. –Te ofrezco el sitio a mi lado que mereces por la sangre limpia que corre por tus venas, a cambio de que me entregues a Malfoy y tus servicios como espía dentro del castillo.
Definitivamente ese era un mal día.
Continuará…
