Bueno, después de unas nada relajantes vacaciones os traigo un nuevo capítulo. Espero que os guste.

CAPÍTULO 13: PROPUESTAS DE PODER

Voldemort: Te ofrezco el sitio a mi lado que mereces por la sangre limpia que corre por tus venas, a cambio de que me entregues a Malfoy y tus servicios como espía dentro del castillo. –No pudo evitar reírse por dentro a pesar de la situación, si supiera que en realidad era una sangre sucia…

Sintió movimiento a su lado y susurró unas palabras, inaudibles para el resto, que hicieron que Potter quedara paralizado, un segundo más y ese estúpido habría encontrado la muerte segura al quitarse la capa.

Tenía que sacarlo de allí inmediatamente o le estorbaría.

Ginny: ¡Pero, mi lord, ese no era nuestro trato! ¡Me prometisteis su cabeza! –La chica cometió la inconsciencia de plantarle cara al mago cegada por la ira. Al momento estaba retorciéndose en el suelo víctima de un cruciatus.

Aprovechó la distracción y, susurrando otro hechizo, apareció a Potter fuera del claro y del circulo de mortifagos, pero no lo desparalizó para evitar que se pusiera en peligro al intentar ayudarla. Había que reconocer que Draco tenía razón en la mayor parte de las cosas que decía, Potter tenía complejo de héroe.

Voldemort: Será mejor que aprendas dónde está tu sitio traidora de sangre. –Susurró de nuevo la maldición prohibida y comprobó la agonía en su mirada al ver como se retorcía en el suelo presa del dolor mientras las lágrimas caían por sus mejillas. –En este juego hay piezas que pierden su valor al cumplir con su misión. Tú eres una de esas piezas, cumpliste tu misión, ya has perdido tu valor. Gracias a ti tenemos la suficiente información como para cumplir nuestros objetivos, debería agradecértelo, Weasley. –Levantó la varita de nuevo ante la mirada horrorizada de la chica. -¡Crucio! –El gritó de la pelirroja la estremeció, quizás no se llevarían nunca bien pero ella había probado en su propia carne la tortura a base de cruciatus y no se lo deseaba a nadie.

Supo que la chica no aguantaría una nueva maldición cuando esta quedó inmóvil, respirando erráticamente en el suelo ante la mirada complacida de Voldemort.

Sus ojos se encontraron con los suyos bañados en lágrimas y, mientras veía como esta apretaba con rabia la marca tenebrosa de su antebrazo, se percató de que su mirada había cambiado y que esta mostraba dolor, arrepentimiento y la seguridad de que no saldría viva de allí.

La comprendió, había cedido a la tentación poseída por los celos y la rabia al verse amenazada, había traicionado todos aquellos valores que su familia le había inculcado desde pequeña, había traicionado a todas las personas que la rodeaban y ahora, iluminada por la claridad de mente que se produce en la antesala de la muerte, había comprendido su error. Quizás ya era demasiado tarde.

El mago se disponía a acabar con la pelirroja cuando sus palabras lo detuvieron.

Sekhmet: ¿Y si no me convence el trato? –Bajó la varita y se giró para encararla. –Sin duda vosotros salís bastante beneficiados si decido unirme a tus filas, pero yo solo consigo una marca que me encadena de por vida a servirte. –Los encapuchados a su alrededor se tensaron.

Voldemort: Deberías pensártelo bien, pequeña, pues el precio de una negativa es la muerte. Podrías ser poderosa, más que cualquiera de ellos. –Dijo menospreciando al resto de mortifagos que se encontraban presentes, sin embargo estos no hicieron mención de protestar. –Eres una de las pocas elegidas con uno de los dones más extraños de la magia, tienes el don de Salazar Slytherin. Imagina lo que podríamos hacer dos hablantes de pársel juntos, el mundo se arrodillaría ante mi y tú tendrían tu merecida parte, podrías ser tan temida como yo mismo…

Comenzó a reírse sin control mientras el rostro del mago se crispaba por la furia.

Voldemort: ¿¡De qué demonios te ríes!?

Sekhmet: De ti, Voldy, –El ambiente se tensó a su alrededor mientras ella acariciaba con tranquilidad la cabeza de Nagini que reposaba en su hombro. – ya tengo más poder del que tú podrías imaginar, no te necesito para nada. –Sonrió con frialdad, una frialdad que no sentía pues su cabeza trabajaba a cien por hora para hallar la manera de salir viva de allí.

Voldemort: ¡Como te atreves chiquilla insolente! ¡Crucio! –La maldición la golpeó más fuerte de lo que esperaba. Apoyó una rodilla en el suelo y se mordió los labios para ahogar el gemido que amenazaba con surgir en su garganta para complacencia del mago oscuro, pasados unos segundos volvió a ponerse de pie, sonriendo, ante la mirada sorprendida de todos.

Sekhmet: ¿Qué te pasa Tom, no te gusta que te digan las verdades a la cara?

Tanto Harry como Ginny sintieron como se les helaba la sangre, ¿es que la morena no se daba cuanta de que estaba provocando al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos?

Sekhmet: Te has equivocado si pensabas que iba a vender mi piel barata. –En un movimiento imperceptible sacó su varita de la túnica al tiempo que con un movimiento de su otro brazo realizaba un hechizo que mandó a volar contra los árboles a tres de los siete mortifagos.

Voldemort: ¡Avada Kedabra! –Rugió el mago con el odio impregnado en la voz.

El tiempo pareció hacerse más lento, tanto que fue capaz de ver como el fatídico haz de luz se iba acercando poco a poco hacia ella. Reaccionó, un silbido salió de sus labios y, al instante, Nagini cayó muerta a sus pies por culpa de la maldición asesina, había obedecido su orden interponiéndose entre ella y la maldición. -

Voldemort: ¡No! -Gritó el hombre al ver como una de sus más preciadas posesiones se encontraba ahora inerte sobre la maltrecha hierba del claro.

Vio como numerosos hechizos iban a golpearla y supo que si no hacía algo no aguantaría mucho.

Sekhmet: ¡Cave inimicum! –El hechizo protector hizo de barrera haciendo que las maldiciones rebotaran. -¡Nekros! –El lobo apareció y la zona se sumió en tinieblas haciendo que todos menos ella fueran incapaces de ver nada.

Aprovechó su desconcierto para alzar su varita al cielo y lanzar un haz de luz roja, si todo salía bien Voldemort y los mortifagos se verían obligados a retirarse al acercarse los profesores del castillo.

Sintió un fuerte dolor en su brazo derecho y vio como la sangre manaba de una herida bastante fea, los magos habían utilizado un hechizo para que las sombras no afectaran su visión. Cambió la varita de mano, debía aguantar un poco más. Se acercó a la pelirroja que estaba intentando levantarse para cubrirla.

Sekhmet: ¡Incarcero! –Unas cuerdas inmovilizaron a los mortifagos que había reducido anteriormente para evitar que estos la atacaran cuando recuperaran la consciencia.

Siguió luchando, utilizando dos hechizos al mismo tiempo, gritaba hechizos ofensivos que surgían de su varita mientras pensaba hechizos protectores que surgían de la magia que emanaba en su otra mano. En momentos como ese agradecía el entrenamiento al que Alex y Orión la habían sometido.

Para cuando la oscuridad desapareció la sangre manaba sin cesar de su cuerpo a través de numerosas heridas . A sus pies yacían los siete mortifagos con heridas de mayor o menor importancia y frente a ella se erguía un Voldemort que parecía estar en mejores condiciones que ella.

Un nuevo cruciatus la golpeó y la hizo caer al suelo en el que se formó un pequeño charco de sangre debido a que todas sus heridas se abrieron por el dolor de la maldición, al mismo tiempo ella consiguió hacerle un corte bastante profundo en el antebrazo derecho al mago gracias a un diffindo. Voldemort soltó la varita, la mano colgaba inerte debido a que el hechizo había cortado los tendones.

Se miraban con odio, sopesando sus posibilidades, cuando escucharon los gritos de los profesores llamando a la persona que había lanzado la señal de auxilio cerca de donde se encontraban.

Voldemort: Acabas de firmar tu sentencia de muerte, niña estúpida. –Cogió la varita con la mano izquierda mientras le hablaba con veneno destilando en su voz, sin embargo no hizo hechizo alguno pues, al no tener práctica en hacer los movimientos con esa mano, cualquier maldición podía salir mal y volverse contra él. –La próxima vez que nos veamos no escaparás viva. –Y sujetando la carne del brazo que colgaba de forma macabra desapareció dejando a sus mortifagos allí.

No se permitió descansar a pesar de que el mago había desaparecido, se mordió los labios para mitigar el dolor, se agachó para que la pelirroja pasara uno de sus brazos sobre sus hombros y tiró de ella levantándola. Se giró abarcando con su mirada todos los cuerpos, unas palabras surgieron de sus labios y las figuras brillaron levemente, ninguno de ellos recordaría quien los había atacado o por qué estaban allí.

Las dos comenzaron a caminar a trompicones hacía los árboles donde volvió a detenerse, alzó la mano agarrando aparentemente el aire y tiró haciendo que la capa cayera descubriendo a Harry. Sintió como la pelirroja temblaba a su lado al verlo pero estaba demasiado cansada como para preocuparse de eso, tenían que desaparecer antes de que Dumbledore llegara o tendría que dar demasiadas explicaciones.

Usando parte de la magia que le quedaba susurró unas palabras y el chico Potter recuperó la movilidad.

No lo dejó hablar, tan pronto como hizo mención de decir algo lo agarró de la túnica con la mano en la que aún colgaba la capa de invisibilidad y los tres desaparecieron del bosque.


Diez minutos, ese fue el tiempo que paso desde que uno de los profesores se percató de las chispas rojas que salieron del Bosque Prohibido hasta que toda la Orden del Fénix llegó al lugar de los hechos.

Todos se pararon sorprendidos ante el espectáculo.

Numerosas marcas de hechizos se distinguían en el claro, la hierba estaba quemada y manchada de sangre y siete cuerpos con túnicas negras estaban allí, algunos conscientes y atados, otros aún inconscientes.

Se ocuparon de atar a los que no lo estaban y comenzaron a dividirse para ver el estado de los mortifagos mientras el profesor Snape volvía al castillo para avisar a los aurores del ministerio.

Solo dos personas se dirigieron a uno de los lados del claro al captar el aroma que tantos quebraderos de cabeza les estaba dando últimamente.

Uno de ellos se agachó untando levemente las yemas de los dedos en el charco de sangre, se lo acercó a la nariz y aspiró.

Se levantó y miró directamente los ojos color miel del otro hombre mientras asentía.


Nada más aparecer en la Sala de los Menesteres vio como la morena trastabillaba y caía al suelo llevándose a la pelirroja con ella, observó como se alejaba lentamente de ella y apoyaba la espalda contra la pared para permanecer sentada mientras respiraba agitadamente.

Se giró hacia Ginny que lo miraba fijamente desde el suelo y la rabia por su traición lo poseyó. Comenzó a gritarle sin control.

La desesperación se veía en ambos rostros, él porque se acababa de dar cuenta de que había perdido a Ginny para siempre tal como perdió a Hermione, la otra porque ahora sabía que merecía los reclamos del moreno y mucho más.

El silencio siguió al eco de un golpe, Harry se tomo la mejilla que ardía con fuerza mientras veía a Lefey delante suyo aún con la mano en alto y la furia brillando en sus ojos.

Sekhmet: ¡¿Es qué tú nunca te has equivocado, Potter?! –Le reprochó la morena, su voz fría como el hielo debido a la cantidad de insultos que acababa de escuchar, los mismos insultos que un día el chico usó contra ella.

Harry: ¡Es una mortifaga! –Chilló ignorando los sollozos desesperados de la pelirroja.

Sekhmet: ¡Y por quién crees que tomó esa decisión! ¡Si quieres odiarla hazlo, pero ódiame a mi también y ódiate a ti mismo porque los tres somos culpables!

Harry: ¡Nosotros no le dijimos que se hiciera mortifaga!

Sekhmet: ¡Nosotros le dimos la escusa perfecta! ¡Ella tomó la decisión pero nosotros la empujamos a ello!

Bajó la mirada con odio hacia Ginny, pero este desapareció casi por completo al ver como la pelirroja arañaba con fuerza el antebrazo en el que la marca tenebrosa reposaba intentando quitársela, arrancando la piel en el intento y haciendo que la sangre corriera como ríos por su brazo. Giró la mirada incapaz de seguir observando el macabro espectáculo y se topó con los ojos azules de la morena.

Sekhmet: Todo el mundo merece una segunda oportunidad...

Se alejó de ellas con la cabeza baja. ¿¡Cómo había dejado que eso pasara!? ¿¡Por qué no se percató de lo mal que estaba Ginny!? ¿¡Cómo dejó que esa chiquilla pelirroja, que había sido la inocencia personificada, se hubiera manchado de maldad hasta el extremo de tomar el camino de los mortifagos!?

Harry: (No soy capaz de darle esa segunda oportunidad.) –Se dijo el moreno mientras veía como Lefey se agachaba a la altura de la otra Gryffindor. – (No puedo perdonar sus pecados cuando ni siquiera puedo perdonarme los míos.)

Cogió la capa de invisibilidad del suelo y salió de la sala sin mirar a ninguna de las dos, no se veía con fuerzas de reclamarle nada a la pelirroja pues él también había traicionado a un ser querido tiempo atrás.

Y así, caminando resguardado por la oscuridad de la noche, no pudo evitar que los recuerdos le embargaran trayéndole a la mente sus rizados cabellos castaños y el brillo de sus ojos color miel.

Él estaba tan podrido por dentro como Ginny.


Agarró con fuerza su brazo impidiendo que siguiera ahondando la herida de su antebrazo e hizo que la mirara directamente a los ojos, la pelirroja sintió como un extraño sopor la iba envolviendo y se tranquilizó de inmediato dejando de luchar contra la otra.

Al ver que esta ya no se movería le soltó el brazo, sacó la varita y apuntando directamente a la marca tenebrosa dijo algo en un idioma que la pelirroja no comprendió.

Sollozó aun más fuerte, pero esta vez por el alivio que sentía al ver como el tatuaje de la calavera iba desapareciendo, no le importó el dolor que sintió en el proceso pues moriría si con eso su piel volviera a estar libre de aquel estigma que la marcaría de por vida.

Sekhmet: Todo el mundo merece una segunda oportunidad Weasley, pero solo una. –Tan absorta estaba que no se percató de que la morena se había puesto de pie. –Si metes la pata una vez más yo misma me cobraré tu vida.

Dio por terminada la conversación y se dispuso a salir pero la pelirroja la frenó agarrando una de las puntas de su túnica.

Ginny: No volveré a fallar. –Levantó la cabeza mostrando una mirada que hacía mucho que no tenía, la mirada de una auténtica Gryffindor. – Se que no tengo derecho alguno a pedirte nada, pero te ruego que hagas algo más por mi, yo me encargaré del resto…


Entraron al aula de DCAO, pasaron al cuarto del licántropo a través de una de las puertas que había allí, cerraron la puerta tras ellos y pusieron los hechizos necesarios para que nadie pudiera escucharlos o molestarlos.

Se dirigieron a unos pequeños sofás en uno de los extremos de la sala y se sentaron uno en cada uno sin mediar palabra como siguiendo una rutina ya establecida.

El silencio lo invadió todo, la mente trabajando, la mirada seria.

Remus: ¿Qué crees que ha pasado?

Sirius: No lo se. –Se pasó una mano por el pelo como hacía siempre que estaba nervioso. –Lo único que sé es que ella ha estado allí y podemos suponer que se ha enfrentado a los mortifagos que encontramos…

Remus: Pero es demasiado joven como para poder hacer eso ella sola.

Sirius: ¿Sentiste el olor de alguien más? –El otro negó.

Remus: Su olor estaba demasiado esparcido por el claro, camuflaba el resto –Se estrujó las manos con fuerza al estar casi seguro de lo que estaba pensando su amigo. –Canuto, ¿sabes el riesgo al que te expones si vuelves a estar cerca de ella?

Por supuesto que lo sabía, podría volver directamente a Azkaban si a la muchacha se le ocurría abrir el pico, pero era consciente de que había tenido innumerables ocasiones para esparcir el rumor de que el asesino Sirius Black estaba refugiado en Hogwarts y no lo había hecho, es más, según las exigencias de la morena, parecía disfrutar de su compañía, algo que le resultaba extraño y excitante a la vez después de tanto tiempo de no poder acercarse a nadie que no perteneciese a la Orden o a su círculo más cercano.

Sirius: Dumbledore dijo que era yo quién debería decidir si quería arriesgarme. –Hizo una pausa. -Quiero arriesgarme, Lunático. –Clavó sus ojos grises en él y se sintió aliviado al ver como el otro asentía, el lobo le brindaría su apoyo fuera cual fuera el resultado de todo eso.

Remus: Será mejor que te vayas entonces, no sabemos cómo está de herida y dudo mucho que vaya a ir a la enfermería.

Sirius: Remus. –Lo llamó para asegurarse de que le prestaba atención. –No se si deberíamos decirle lo que hemos descubierto en el claro a Dumbledore…

El otro pareció pensarlo unos segundos antes de responder.

Remus: No sabemos a que atenernos con la chica y, aunque me cueste decirlo, mi confianza en las acciones de Dumbledore comenzó a menguar hace tiempo, ya no es lo que era. Creo que será mejor dejar el asunto como secreto de merodeadores.

Ninguno pudo evitar sonreír ante esa vieja forma de hablar.

Sirius: Secreto de merodeadores pues.

Los dos hombres se levantaron, el castaño acompañó a su amigo a través del aula y le abrió la puerta mientras este volvió a adquirir su forma animaga y comenzaba a olisquear el aire, una vez captado el aroma el gran perro negro se marchó.

El licántropo iba a volver a su habitación cuando reparó en el sobre que se hallaba sobre su escritorio.

Se extrañó al comprobar que en este solo aparecía su nombre y un extraño escudo, lo abrió y no pudo evitar que la carta se deslizara entre sus manos al terminar de leerla debido a la impresión.

Estimado señor Remus John Lupin:

Me dirijo a usted para invitarle a una reunión que se celebrará durante la próxima luna llena.

Soy completamente consciente de su condición de licántropo y de la extrañeza que, por tanto, sentirá al leer estas líneas, sin embargo debo insistir en que asista a la reunión pues la celebramos para ofrecerle la posibilidad de unirse a nuestra manada de licántropos.

Debido a los tiempos que corren, comprendemos lo sospechosa que puede resultar esta invitación por lo que le damos la opción de venir acompañado, si así lo desea, siempre y cuando la persona o personas que lo acompañen sean de su entera confianza y obtengamos vuestra promesa de que tanto nuestra existencia como nuestra identidad, acuda o no a la cita, queden en el más absoluto de los secretos.

Dejaremos que usted mismo decida si desea o no unirse a la manada tras conocernos sin ningún tipo de compromiso o represalia alguna por nuestra parte contra usted o alguno de los ocupantes de Hogwarts ante una negativa.

Finalmente, informarle que la reunión se llevará a cabo en el Bosque Prohibido del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Rogamos acepte nuestra proposición y aguardamos su presencia con ansiedad.

Atte. Anubis.


Se quedó paralizado al verla.

Se encontraba sentada en el suelo del corredor, la cabeza hacia arriba, los ojos cerrados y la espalda apoyada en la pared para evitar caer. El sudor bajaba por su frente, la ropa estaba rota por bastantes sitios y la sangre aún manaba de los múltiples cortes que podía ver.

Se acercó preocupado por el sonido errático de su respiración, estaba a apenas dos metros de la chica cuando se vio obligado a esquivar al lobo negro que había intentado atacarle y que le enseñaba ahora los dientes mientras gruñía en señal de advertencia.

Sekhmet: Nekros… detente… -Se intentó levantar pero las fuerzas le fallaron y la hicieron caer al suelo, había usado demasiada magia, había perdido demasiada sangre y estaba demasiado cansada, una mala combinación para un vampiro.

No sabía si acercarse a ayudarla o no, pues aunque el lobo había dejado de gruñirle aun no apartaba la mirada de él como advirtiéndole de lo que podría ocurrir si dañaba a su ama. Se decidió a acercarse al ver como la morena le sonreía.

Sekhmet: Me alegro de volver a verte, bola peluda. No tengo las fuerzas suficientes para levantarme y Nekros es aun demasiado pequeño como para cargar conmigo…

Pasaron un par de minutos mientras sopesaba las posibilidades y, finalmente, se aventuró a tomar su forma humana delante de ella, que más daba que le viera si la morena parecía conocer todos los secretos que con tanto celo guardaba.

Pasó uno de los brazos de la chica sobre sus hombros y la sujetó de la cintura levantándola del suelo.

Sekhmet: Gracias… -Cerró los ojos un instante debido al cansancio pero volvió a abrirlos, no podía permitirse quedarse dormida cuando aún no estaba segura de si el merodeador estaba allí para ayudarla o para llevarla con Dumbledore.

Sirius: ¿Cómo te has herido? –Le preguntó mientras caminaban por los corredores.

Sekhmet: Como si no te lo imaginaras. -Sonrió con desgana.

Sirius: Fuiste tú quien peleó en el Bosque Prohibido.-Lo planteó como una pregunta pero sonó como una afirmación.

La otra rió haciendo que este la mirara intrigado.

Sekhmet: Se que te encantaría pasarte lo que queda de noche haciéndome preguntas cuyas respuestas ya conoces, pero me temo que no me encuentro demasiado bien para estar perdiendo el tiempo, Black.

Se quedó callado ante la contestación, pero la preocupación volvió a embargarlo al notar como el líquido carmesí manchaba la mano que tenía en la cintura de la morena.

Sirius: Tenemos que cerrar esas heridas.

Sekhmet: Estas loco si piensas que iré a la enfermería para que Dumbledore me encierre bajo llave y empiece a interrogarme.

La miró encarándole.

Sirius: Estás perdiendo demasiada sangre, puede que no llegues a mañana si continúas así.

Supo que el moreno no la dejaría irse sin más y tampoco podía explicarle que, debido a su condición, con un buen descanso y una buena comida líquida sus heridas se curarían solas y mañana estaría perfectamente.

Sekhmet: No pienso pedirle ayuda a ese viejo loco.

Sus miradas chocaron, luchando, hasta que el animago apartó la suya mientras suspiraba molesto, esa chica era demasiado cabezota.

Sirius: Como quieras. .-Deslizó el brazo de su cintura hasta detrás de sus rodillas y la cargó completamente pues había percibido el temblor de las piernas de la morena, esta iba a protestar cuando la calló. –No te llevaré con Dumbledore, así que cierra el pico.

Siguieron caminando hasta que el animago paseó tres veces frente a una pared y apareció la Sala de los Menesteres. La morena no se preocupó pues debía hacer más de una hora desde que ella había estado allí y Weasley ya se habría ido.

Sirius: No se qué demonios necesitas para curarte. –Refunfuñó el moreno.

Sekhmet: Yo pensaré lo que quiero encontrar en la sala, tú solo abre la puerta.

El otro obedeció, ya ni siquiera se sorprendió al saber que la chica conocía esa sala pero se recordó que debía hablar claro con ella de una vez por todas y sacarle todo lo que sabía y el motivo por el que estaba allí.

Se regocijó cuando los dos entraron a la sala seguidos por Nekros y contempló que esta se había transformado en el laboratorio de Selene.

Sekhmet: Déjame en uno de esos sillones. –Dijo señalando un pequeño sofá granate que había entre las mesas.

Sirius: ¿Y ahora qué? –Dijo una vez la dejó sentada.

Sekhmet: Tienes que ir a ese armario de la esquina y traerme una botella de cristal azul, luego coge un frasco de polvos amarillos que se encuentran sobre la mesa del fondo junto con un poco de agua y un vaso que hay al lado y tráemelos.

Hizo lo que le dijo observando la sala por el camino, observó numerosos frascos de colores y tubos de cristal sobre las mesas, varios calderos e infinidad de ingredientes y cosas cuya utilidad o funcionamiento desconocía, la moreno debía conocer ese lugar en la realidad para poder indicarle con tal exactitud el sitio donde se encontraba lo que necesitaba.

Sirius: Toma. –Dijo tendiéndole los frascos y el agua. -¿Qué son? –Preguntó al ver como esta diluía el polvo amarillo en el agua y se lo tomaba para tragarse a continuación la otra poción.

Sekhmet: Los polvos son una poción cicatrizante para los cortes y la otra es para devolverme parte de la magia que he perdido, me encontraré perfectamente en unos veinte minutos. –Se levantó un poco la camisa para observar uno de los cortes que tenía cerca del ombligo y el animago se sorprendió al ver que ya no sangraba, esas pociones debían ser realmente buenas.

Sekhmet: Nekros. –El lobo entendió y desapareció. –Muy bien, dispara. –Dijo ante lo inevitable

Sirius: ¿Cómo venciste a los mortifagos y por qué?

Sekhmet: Como suele vencerse a la gente, luchando. En cuanto a lo otro, digamos que no me gusta que me tiendan emboscadas.

Gruñó, eso y nada eran lo mismo, lo único nuevo que le había dicho es que al parecer los mortifagos la atacaron.

Sirius: ¿Cómo descubriste quién era?

Sekhmet: Eso es un secreto. –Sonrió al ver como el otro comenzaba a crisparse.

Sirius: ¿Es que no vas a responder bien a nada de lo que te pregunte? ¡Al menos me debes eso!

Se levantó para hablarle a la misma altura ignorando la punzada de dolor que cruzó su cuerpo debido a la brusquedad del movimiento.

Sekhmet: Dejemos las cosas claras de una vez por todas, Sirius. Te agradezco que me hayas ayudado, pero no esperes obtener compensación alguna por mi parte. –Comenzó a caminar dando vueltas alrededor del moreno el cual comenzó a ponerse nervioso. -Desde que llegué a este maldito colegio me habéis estado acosando, siguiéndome a donde quiera que vaya y controlando todos mis movimientos. A ese maldito viejo se le ha metido en la cabeza que estoy del lado de Voldemort por el simple hecho de que no lo soporto y no permití que entrara en mi mente la primera vez que os vimos. En parte tiene razón, pues hay muy pocas personas a las que creo poder llegar a apreciar dentro de este castillo y tú eres una de ellas, pero por otro lado qué pruebas tenéis de que estoy del lado de Voldemort para someterme a este cerco. Si bien es cierto que no estoy en vuestro bando, pues nuestras ideas sobre la magia no son compatibles, ese no implica que tenga que estar contra vosotros. ¿De verdad no se os ha pasado por la cabeza ni un solo instante que pertenezca a un tercer bando que nada tenga que ver con Voldemort?

La sala quedó en silencio mientras el moreno sopesaba las palabras de la chica, finalmente llegó a la conclusión de que habían sido un poco paranóicos al perseguir por todos lados a la morena y es que Remus tenía razón, Albus Dumbledore ya no era lo que antaño.

Sirius: ¿Por qué yo? –Preguntó después de estar un buen rato observándola en silencio. –Al menos debes contestarme a esto. ¿Por qué te empeñas en que este a tu lado aun sabiendo quién soy y lo que hice? ¿Y cómo sabías que era yo? Si tú has podido descubrirlo significa que otros también lo harán, necesito saberlo.

Suspiró, pues sabía que le debía eso al animago y que este no merecía pasar todo el tiempo en constante alerta pensando que quizás lo traicionaría a la primera oportunidad. Quizás no podía decirle la verdad, pero si algo lo suficientemente convincente para que se quedara tranquilo.

Sekhmet: Sabes. –Dijo sentándose de nuevo en el sillón y tranquilizándose. –Hace dos años, durante las vacaciones de verano, llegó a mi casa una bruja que quería consultar algunos documentos antiguos en nuestra biblioteca. Dijo que necesitaba esa información para salvar a una persona muy cercana a ella y, a pesar de lo delicado que era el tema sobre el que quería investigar, dejamos que viviera una temporada con nosotros pues no parecía tener malas intenciones. –Hizo un gesto para callar al merodeador que ya iba a empezar a disparar preguntas para que le contestara sin andarse por las ramas. –Los primeros días hablé bastante con ella, tanto así que pronto nos hicimos buenas amigas y comencé a ayudarle en su investigación, la cual no iba por muy buen camino por cierto, después de todo el Velo de la Muerte es todo un misterio. –Sonrió al ver la cara de sorpresa del otro, el moreno ya había ido atando cabos.

Sirius: ¿Hermione? –Asintió dándole la razón y el merodeador tomó asiento a su lado demasiado confundido incluso para sostenerse de pie por si solo.

Sekhmet: Cuando llevábamos unos días trabajando en el método de sacar a alguien del Velo le pregunté quién era esa persona que hacía que apenas comiera decentemente o durmiera las horas adecuadas, pues se negaba frecuentemente a abandonar la biblioteca. –Sonrió con nostalgia al recordar las noches que había pasado en vela buscando la información necesaria para traer de vuelta a Sirius. –Y entonces me habló de ti, me contó las aventuras de su tercer año aquí, en Hogwarts, intentó hacerme saber como eras a través de las pocas historias que sabía de los famosos merodeadores de Hogwarts. Me habló acerca de cómo todos decían que habías cambiado tras estar en Azkaban, de cómo la pena había parecido matar a Sirius Black. –Lo encaró. –Sabes, no es cuestión de quién seas o lo que hallas hecho, lo cierto es que me gusta tu compañía porque Hermione te apreciaba y, tras conocerte a través de ella, no pude evitar pensar que somos bastante parecidos…

El moreno comenzó a reír y ella no pudo evitar sentir curiosidad.

Sekhmet: ¿De que te estas riendo? –Paró de reír y la miro alzando una ceja ante el tono molesto que había utilizado.

Sirius: Sacaste conclusiones equivocadas. La verdad es que Hermione no me apreciaba demasiado, siempre se estaba quejando de lo despreocupado que soy, el inmaduro Black me decía. -Aseguró con sorna. -Y en cuanto a eso de que nos parecemos. –Dijo mirándola de arriba abajo con una sonrisa socarrona. –Permíteme que lo dude…

Sekhmet: Ella te apreciaba. –Lo dijo con tal sentimiento que el otro la observó sorprendido, atento de nuevo. –Lo que pasa es que no teníais la suficiente confianza, pero en realidad te apreciaba muchísimo y sintió tu partida tanto como el que más, puedo dar fe de ello. En cuanto a lo de parecernos, no me refería a un parecido físico. Quizás te resulte difícil de creer, pues soy bastante joven, pero reconozco cada emoción que se refleja en tus ojos pues también están en los míos.

Sekhmet: Se lo que se siente ante la muerte de las personas a las que más querías, he sentido como mi alma se resquebrajaba al ver que me traicionaba alguien por quien habría dado la vida, he vivido día tras día temiendo, con la oscuridad y la soledad como únicas compañeras, se como es el sabor de la locura y se que, incluso ahora cuando todo parece mejorar y estas rodeado de gente que te aprecia, no puedes evitar volver la vista atrás de vez en cuando y odiar y temer a partes iguales, pues has vivido demasiado tiempo con esos sentimientos. Lo sé porque todo esto que sientes tú también lo siento yo. –Desvió la mirada incapaz de sostener su mirada grisácea, se había pasado de la raya y había terminado desahogándose con Sirius.

Sirius: Quizás sí que nos parecemos... –Suspiró con cansancio mientras reposaba la cabeza en el sofá y miraba al techo. -Parece que Hermione se encargó de hablarte de mí con todo detalle después de todo. –Se puso de pie frente a ella y le extendió la mano para que se levantara. –Ya es demasiado tarde para estar aquí, te acompañaré a la torre Gryffindor. ¿Puedes levantarte?

Se giró hacia él y el resto de sus barreras cayeron al volver a ver en sus ojos todo lo que ella había expresado con palabras, se levantó rechazando su ayuda y lo abrazó al tiempo que este se tensaba.

Sekhmet: ¿Hace cuánto que no te han abrazado, Sirius?

El moreno no contestó pues estaba demasiado nervioso, pero todas las emociones que había tenido encerradas bajo llave durante los últimos diecisiete años ganaron la batalla y allí, el famoso perro del cuarteto de merodeadores, el valiente mago de la Orden del Fénix, el preso atormentado por un pasado marchito, perdió la sonrisa que siempre lo acompañaba pero que no brillaba en sus ojos.

Una chica de dieciocho años logró lo que nadie había logrado jamás, que Sirius Black liberara todo lo que le atormentaba, devolviéndole el abrazo que le daba con fuerza y empapando su hombro con sus lágrimas. No pudo evitar sonreír tristemente al pensar en la injusta vida que la guerra les había dado a ambos.

Quizás ninguno fue consciente en ese momento, pues sus mentes estaban demasiado agotadas, pero esa noche se formó un vínculo entre ellos que sería imposible de romper.

El perro había agachado la cabeza ante la loba y le había jurado fidelidad mientras lloraba agradecido por el abrazo de comprensión que tanto había necesitado y nadie le había dado.


La noche pasó rápida y el sábado llegó para tranquilidad de muchos.

Nadie se había enterado de lo sucedido en el bosque la noche anterior ni se había percatado de la presencia de aurores del ministerio en el castillo a primera hora de la mañana por lo que la tranquilidad reinaba entre las frías paredes de piedra.

Sin embargo, él no había podido pegar ojo en toda a noche pues había estado dándole vueltas a la cabeza una y otra vez, incapaz de asimilar que las cosas parecían estar saliéndose de control o quizás nunca hubieran estado controladas. Afrontando que, por mucho que todos se encargasen de recordárselo, él no se sentía un héroe que fuera a salvar el mundo mágico de un gran mal o al menos no era tan dorado como todo el mundo lo pintaba.

Estaba corrompido y se sentía culpable de estarlo, pero era incapaz de hacer algo para remediarlo.

Ron se despertó ese día más pronto de lo habitual y, al encontrar a su amigo sentado en la cama y con mirada taciturna, supo que algo había pasado. Reconoció que la mala situación por la que estaban pasando desde hace tiempo los estaba desbordando y debían hablar seriamente de ello e intentar solucionarlo o darse por vencidos y aceptar que iban a fracasar.

Así que se acercó a él y le instó a que hablara, a que le contara aquello que sentía y que estaba callando desde hace mucho tiempo, y mientras las palabras surgían entre ellos recordando todos los errores que habían cometido y que buscaban expiar, los trozos de lo que alguna vez fue su amistad se iban uniendo.

El Trío de oro había caído en desgracia, pero ellos confiarían en levantarse el uno al otro como hacían años atrás cuando aún eran verdaderos amigos y pensaban que la muerte no podía ser compañera de los niños.

Terminó contándole lo que había ocurrido en el Bosque Prohibido, pero no tuvo valor para decirle a Ron que su hermana era una mortifaga, sabía que eso acabaría por destrozar al pelirrojo.

Ron: ¿Todo eso pasó y no fuiste capaz de llamarme?

Harry: ¡Subí a buscarte en cuanto vi a Lefey salir de la torre pero no te despertarías ni aunque atacaran Hogwarts! –Los dos empezaron a reír mientras bajaban las escaleras de los dormitorios.

Ron: Ya, y supongo que a mi hermana si que la pudiste despertar… -Dijo con una sonrisa pícara como insinuando otra cosa.

Harry: ¡No fue así! –Giró la cabeza incapaz de mirarle de frente mientras le mentía. –Solo me encontré con ella por los pasillos y decidimos ir los dos juntos a ver que pasaba…

Ron: Como digas… -Buscó entre la gente que ya estaba en la sala. –Será mejor que bajemos a desayunar, supongo que Ginny aún está durmiendo. Estará cansada después de la batalla de ayer.

Se sentaron en sus sitios habituales y Ron comenzó a tragar sin apenas respirar como ya era costumbre mientras Harry se preparaba mentalomente para enfrentar a la pelirroja de la forma más normal que fuera capaz.

Hace un rato que habían acabado de desayunar cuando, cansados de esperar a que la chica apareciera, se acercaron a algunas de sus amigas para preguntarles, pero no recibieron la respuesta que esperaban.

Parvati: Ginny no vino anoche a dormir. –Ambos empezaron a preocuparse. –Creí que estaba contigo, Harry.

Ron: ¿Estás segura de que no llegó anoche? ¿No estarías dormida y no la oíste llegar? –Preguntó esperanzado, pero sus esperanzas fueron sustituidas por temores al ver como la chica negaba.

Parvati: Tengo el sueño muy ligero, además Ginny siempre sale con prisas por lo que nunca arregla el baúl o la cama, pero hoy cuando fui a buscarla tanto la cama como el baúl estaban recogidos así que no los ha usado.

Harry: Gracias de todas formas. –Se alejaron hacia las puertas del gran comedor y, una vez fuera de este y de las miradas indiscretas, Ron se puso frente al moreno.

Ron: Harry, ¿ayer mi hermana entró a la torre contigo? –El otro negó. -¿Dónde se quedó?

Harry: Cuando yo me fui se quedo con Lefey. –Contestó preocupado. ¿Y si esas dos habían vuelto a pelearse y a la morena se la había pasado la mano? – (Tenemos que encontrar a Lefey) –Miró su amigo y supo que ambos estaban pensando lo mismo, así que se echaron a correr hacia la torre Gryffindor.

Sin embargo no tuvieron que llegar hasta allí, pues encontraron a la morena caminando cerca de donde ellos estaban, ni siquiera le dio tiempo de percatarse de su presencia cuando Ron la agarró del brazo y la empujó contra la pared.

Sekhmet: ¡Qué crees que estás haciendo, Weasley! -Reprochó furiosa por el empujón.

Ron: ¿¡Dónde está mi hermana!?

Sekhmet: ¡No se de qué demonios me hablas! –Hizo ademán de irse pero el pelirrojo volvió a sujetarla. El esfuerzo que estaba haciendo por no arrancarle la mano de cuajo al pelirrojo…

Harry: Ron, será mejor que te tranquilices. –Pero el pelirrojo no le hizo caso.

Ron: Harry me ha contado lo que pasó anoche, tú fuiste la última que la vio. ¿Qué le hiciste?

Sekhmet: Supongo que Potter no puede mantener la boca cerrada. –Dijo girándose hacia el moreno y mirándolo con frialdad. –No le hice nada. –Dio un tirón con el brazo y se liberó del agarre poniendo entre ella y el pelirrojo unos cuantos metros de separación. –Tu hermana decidió irse ayer del castillo.

Un silencio siguió a sus palabras.

Ron: Mentira. –Alargó el brazo para volver a agarrarla.

Sekhmet: Ni se te ocurra tocarme, Weasley. –La mano se detuvo a mitad camino, su mirada había amedrentado al chico y sus palabras ocultaban una amenaza.

Ron: Ginny no tenía motivo alguno para irse, seguro que tú tuviste algo que ver.

La morena levantó una ceja incrédula, miró al moreno pero este le rehuyó la mirada.

Sekhmet: (Por lo visto potter no le ha contado todo.)

Ron: Ahora mismo vamos a ir a ver al profesor Dumbledore tanto si quieres como si no. –Dijo al tiempo que sacaba la varita.

Menos de un segundo pasó y el pelirrojo se encontraba en el suelo mientras la morena sostenía su varita.

Sekhmet: Deberías saber que no me gusta que me amenacen, Weasley. Podrías haberte ahorrado el numerito de todas formas, –Dijo mirando con superioridad al otro. –me dirigía a ver a Dumbledore antes de que vosotros me interrumpierais.

Le tiró la varita al pelirrojo, esperó a que se levantara y comenzó a andar hacia el despacho del director con los chicos pisándole los talones.


En otra parte un grupo estaba reunido en el despacho de Albus Dumbledore, tensos, pues ninguno olvidaba los motivos que los habían llevado a crear ese dispar grupo.

Sirius: Acepto. –Dijo el merodeador sin atisbo alguno de duda en su voz.

Los murmullos comenzaron a su alrededor, algunos asentían con aprobación, otros criticaban los riesgos a los que se estaba exponiendo el hombre con esa decisión.

Dumbledore: ¿Puedo saber los motivos de esa decisión, Sirius? –El resto de la Orden calló esperando la respuesta del animago, pero este se limitó a encogerse de hombros despreocupadamente.

Sirius: Me aburro dentro del castillo, un poco de peligro no me vendrá mal.

Molly: ¡Tan inconsciente como siempre! ¡Es que no puedes tomarte nunca nada en serio! –Repuso indignada la matriarca Weasley, sin embargo nadie se sorprendió de su reacción pues todos sabían que Molly Weasley y Sirius Black no podían estar en la misma habitación sin pelear.

Sirius: ¡Que sería de la vida si nos la tomásemos siempre en serio, querida! –Terminó guiñándole un ojo con picardía, lo que hizo que la otra tuviera que morderse el labio y se pusiera colorada de la rabia intentando frenar la oleada de insultos que se le venían a la cabeza.

Dumbledore: Bueno, será mejor que nos tranquilicemos todos… -La atención volvió a recaer en el viejo mago. –En cuanto a los mortifagos que encontramos ayer, ¿han podido sacarle algo los aurores, Kingsley?

El joven auror no pudo más que negar.

Kingsley: El departamento de interrogatorios les dio veritaserum en cuanto despertaron, pero ninguno recordaba nada de lo sucedido no sabían por qué estaban allí ni quien les había dejado en ese estado.

Moody: ¡Esos asesinos! ¡En el ministerio ni siquiera son capaces de hacer que recuperen la memoria, dicen que desconocen el hechizo que se ha usado! ¡Patrañas! –Todos se le quedaron mirando al escuchar la rabia en sus palabras, pero este se limitó a observar todos los rincones del despacho con su ojo mágico.

Dumbledore: Eso implica que no podremos saber nada hasta que descubran la forma de devolverles la memoria…

Kingsley: Exacto. Pero no creo que ese deba ser nuestro principal problema ahora mismo. No estoy seguro de que debamos seguir confiando en el Ministeio de magia. –El viejo mago apoyó el mentón en sus manos y le indicó al auror que continuara con un gesto. –Desde que el ministro Fudge dimitió y desapareció están pasando cosas raras en el ministerio, Scrimgeour está haciendo movimientos raros y, de no ser por la Orden, a la unidad de aurores llegarían la mitad de llamadas de socorro que se producen, si no son menos…

Dumbledore: ¿Cuán fiable es lo que me estás diciendo? -Preguntó con seriedad.

Kinsgley: Al ciento por ciento. La información me ha llegado del círculo más próximo del ministro, hay tres aurores a los que el ministro confía sus asuntos más "delicados", por llamarlos de alguna forma, y que están cansados de atar los cabos sueltos que deja el hombre. –El otro asintió.

Dumbledore: ¿Crees que halla alguna posibilidad de que se unieran a la Orden?

Moody: Son buenos aurores y tienen talento, supongo que estarán cansados de hacer el trabajo sucio.

Dumbledore: Bien. –Dijo asintiendo. -¿Sus nombres?

Kingsley: Hendrik Murray, Venerdy Ryan y Dora Owen. –Apuntó los nombres en un trozo de pergamino y se lo dio.

Dumbledore: Intentaré concretar una cita con ellos lo más pronto posible. –Estuvo un rato en silencio. –Creo que será mejor que demos por terminada esta reunión, hay tres estudiantes esperando abajo. –El resto asintió y uno tras otro fueron desapareciendo a través de la chimenea del despacho. – ¿Vosotros no os vais? –Les preguntó a los dos hombres.

Remus: No se lo que querrán esos tres, pero por mi parte creo que es mejor que me quede para domar un poco el carácter de la señorita Lefey, creo que estará de acuerdo conmigo en que nada bueno saldría si se quedaran solos y se enfrentaran de nuevo. –El mago asintió.

Dumbledore: ¿Y tú, muchacho?

Sirius: Supongo que por lo mismo. Además, tengo que tomarme mi trabajo de espía muy enserio, si ella está aquí lo normal es que yo también esté.

Dumbledore: Como queráis. –Unos golpes se escucharon al otro lado de la puerta, Dumbledore esperó a que Sirius se convirtiera en perro, pero al ver que este no hacía mención de transformarse se apresuró a dar la entrada un tanto confuso. –Adelante.

Los tres gryffindor entraron, los chicos se quedaron parados al ver allí a los otros dos hombres, pero ella siguió hasta sentarse en uno de los sillones frente al escritorio de Dumbledore.

Harry: ¿Sirius? –Preguntó al ver que su padrino estaba allí sin preocuparse por que Lefey lo viera.

Sirius: Buenos días chicos. Sekhmet… -La saludó con una inclinación de cabeza, gesto que sorprendió al viejo Dumbledore que no pasó por alto ese detalle.

Sekhmet: Sirius, Remus… -Saludó también para después mirar a Dumbledore que la observaba fijamente, esperando que se dirigiera también a él.

Sekhmet: (Pues que espere, no he venido aquí por gusto ni para hacer amistades.)

Dumbledore: ¿Un caramelo de limón? –Preguntó para aliviar el ambiente. Los tres negaron. -¿Puedo saber el motivo de su visita?

Tras esta pregunta los chicos parecieron despertar de su confusión y Ron se adelantó hasta estampar con fuerza las manos sobre el escritorio del director.

Ron: ¡Mi hermana desapareció ayer por la noche! ¡La última persona con la que estuvo fue con ella, pero niega que le haya hecho algo! ¡Dice que se ha ido del castillo por su cuenta cuando Ginny jamás haría algo así!

El mago los miró con seriedad ajeno a las miradas de comprensión que habían cruzado los dos hombres tras él, pasado un tiempo decidió colarse en sus mentes en busca de respuestas.

No se atrevió con la mente de la chica porque sabía que esta se daría cuenta de cualquier intento de intrusión que hiciera, así que se centró en la mente de los chicos, sin embargo se sorprendió al ser incapaz de hurgar en sus recuerdos.

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No habían cruzado palabra alguna en todo el camino hasta que se detuvieron frente a las gárgolas que franqueaban la entrada al despacho de Dumbledore y Lefey se giró hacia ellos.

Sekhmet: Antes de que entremos allí os haré un pequeño regalo. –Rápidamente sacó la varita y susurró unas palabras, dos rayos de luz azul impactaron en los chicos sin que estos pudieran evitarlo y penetraron en sus cuerpos.

Después la chica se giró y se quedó observando a una de las gárgolas como si nada hubiera pasado.

Harry: ¿Qué nos has hecho? –Preguntó después de comprobar que su cuerpo seguía entero al tiempo que los dos sacaban la varita por si la chica les atacaba, pero esta solo giró la cabeza lo justo para observarlos.

Sekhmet: Os he hecho un regalo, ya lo descubriréis en su momento. ¡Ancas de rana con caramelo! –Dijo la contraseña y la gárgola se movió revelando las escaleras al despacho.

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Sekhmet sonrió levemente ante la acción del mago que ya había previsto.

Ron parecía desorientado ante la extraña sensación, pero Harry, que tenía más experiencia en Oclumancia y Legeremancia había notado por primera vez como Dumbledore intentaba colarse en sus pensamientos y ahora lo miraba con frialdad preguntándose en cuántas ocasiones el viejo mago había violado su mente de esa manera sin su consentimiento.

Dumbledore: No tenía constancia de que la señorita Weasley hubiera desaparecido… ¿y qué dice usted al respecto? –Terminó refiriéndose a la chica.

Sekhmet: Weasley se marchó ayer noche del castillo. De hecho vine para traer una carta que me dejó para usted antes de marcharse. –Dijo sacando un sobre de uno de los bolsillos de sus vaqueros y dándoselo al mago.

Este la abrió y empezó a leerla, luego estuvo pensando unos instantes y, tras doblar la carta y volver a meterla en el sobre se dirigió a los chicos.

Dumbledore: ¿Podrían dejarnos a solas con la señorita Lefey unos instantes?

Ron: ¡Pero profesor, mi hermana…!

Dumbledore: Enseguida volveré a llamarlos, solo necesito aclarar unas cuantas cosas.

Harry: Ron, vamos… -Dijo cogiéndole del brazo mientras fulminaba al director con la mirada. El pelirrojo bufó indignado y finalmente ambos salieron del despacho.

La habitación quedó en silencio.

Sekhmet: No he manipulado la carta de ninguna forma si es eso lo que piensa, podrá saberlo con unos cuantos hechizos.

Dumbledore: Jamás pensaría que hubiera hecho algo así. –La chica levantó una ceja con descaro.

Sekhmet: (Sí, claro. Piensa que soy una santa, por eso me pone guardaespaldas…) Además, tampoco gano nada con que Weasley se halla ido, me divertía metiéndome con ella.

Dumbledore: No debería tratar así a sus compañeros.

Sekhmet: No creo haber tratado de forma injusta a nadie, solo le doy a probar a cada uno de su propia medicina. –Dijo refiriéndose a él con doble intención, algo que el mago captó pero decidió pasara por alto.

Dumbledore: ¿Sabe usted por qué la señorita Weasley tomó la decisión de marcharse?

La chica se encogió de hombros.

Sekhmet: Supongo que al final le entró un poco de sentido común… -Se giró y miró a Fawkes que la miraba curioso desde su percha.

Dumbledore: Es un ave muy fiel. –Dijo el mago al notar como miraba la chica el animal. –Y lo que tienen de sabios lo tienen de hermosos. –Se levantó y acarició las plumas del ave.

Sekhmet: No me gustan los fénix. –Declaró con total seguridad haciendo que los tres la mirasen, a todo el mundo le gustaban los fénix. –Son animales demasiado petulantes para mi gusto. –Decidió explicarse al ver que la miraban curiosos. –Ningún ser vivo debería ser capaz de morir y renacer emanando la misma luz que antes de probar la muerte, todo aquel que experimente algo parecido a la muerte debe renacer manchado, pues un ser que continúe inmaculado ajeno a ese dolor no puede ser más que una utopía, algo idílico, un ser altivo.

Dumbledore: Curiosa forma de pensar, desde luego. –Dijo sobándose la larga barba blanca.

Sekhmet: Ya he hecho lo que tenía que hacer, será mejor que me vaya. –Se despidió del animago y del licántropo pasando por alto la mirada curiosa del director y se dirigió hacia la puerta.

Dumbledore: Podría decirle al señor Weasley que suba solo. –La otra asintió y desapareció por la puerta.

Remus: Nosotros nos vamos, profesor. –El viejo mago asintió y se dirigió hacia la chimenea, tenía que llamar a Molly y a Arthur para informarles de lo sucedido con su hija.


Tan pronto les dio el recado del director el pelirrojo subió como alma ue lleva el diablo dándole un empujón al pasar por su lado.

Masculló unos cuantos insultos por lo bajo, intentando calmarse, para pasar de largo a Potter y salir de allí, pero este la detuvo.

Harry: ¿Dónde esta Ginny?

Sekhmet: Está aprovechando su segunda oportunidad. –El otro agachó la cabeza avergonzado.

Harry: ¿Se encuentra bien? –Bufó antes de girarse para encararlo.

Sekhmet: No hay que tener tres dedos de frente para saber que no se encontrará bien en mucho tiempo, pero se repondrá si es eso lo que quieres saber.

El silencio ocupó el vacío corredor, Harry se sentó en el suelo, derrotado porque todo estaba pasando demasiado rápido mientras ella esperaba impasible.

Sekhmet: ¿Vas a soltarlo ya? –Inquirió algo molesta.

Harry: Eres muy fuerte. –Dijo al tiempo que la miraba fijamente. –Aún tengo la cabeza demasiado nublada como para analizar bien todo lo que pasó anoche, pero hay cosas que no logro entender por más que lo intente. ¿Cómo pudiste deshacerte de todos ellos? ¿Y cómo me paralizaste o me sacaste de allí sin utilizar la varita? –Terminó frustrado. –No lo entiendo, no entiendo que es lo que te propones o de que lado estás…

Sekhmet: No estoy en ningún bando, creí que ya había dejado eso claro, no estoy con vosotros pero tampoco estoy con ellos. Será mejor que comprendas una cosa cuanto antes, no cometas el error de creer que sois los únicos que lucháis porque no es así, yo lucho por mis propios intereses así como Dumbledore o Voldemort luchan por los suyos, es así de simple.

Harry: ¿Entonces no puedo contar contigo?

Sekhmet: No deberías contar con nadie, tendrías que ser capaz de valerte por ti mismo. –Se apoyó frente a él en el corredor con altanería al ver que la charla iría para largo.

Harry: ¿Cómo los venciste?

Sekhmet: Ya me preguntaste algo parecido en una ocasión y…

Harry: Y no me respondiste. –Se levantó para quedar a su altura. La morena se apretó las sienes, Orión estaba intentando llamarla y no podía concentrarse bien, supo que si no contestaba las preguntas del que antaño fue su mejor amigo este no la dejaría en paz.

Sekhmet: Es una magia diferente a la que vosotros estáis acostumbrados a usar. –El moreno la instó a continuar. –Es magia negra, según vuestra estúpida clasificación de poder.

Harry: Eres una bruja oscura… -El chico se tensó inmediatamente y esa tensión se notó en su voz.

Sekhmet: ¡Es qué en todos estos años no has sido capaz de ver más allá de tus narices! ¡Eso de magia negra o blanca no es más que una patraña inventada por algún loco! –Intentó tranquilizarse al ver que el moreno se ponía más nervioso ante sus gritos. –La magia, al igual que toda criatura, no tiene color, deberían ser las acciones o el uso las que determinan si algo es bueno o malo, no un estúpido cliché sin sentido.

Bajó la guardia, se pasó una mano por el indomable pelo y se relajó un poco.

Harry: La mitad de las veces que hablas no logro entender completamente lo que dices.

Sekhmet: Es muy simple, al igual que un imperius puede obligar a alguien a cometer un asesinato puede evitar que alguien se suicide, y un wingardium leviosa puede usarse para hacer levitar una pluma o para partirle el cráneo a alguien contra el techo. Al igual que un unicornio es capaz de atacar, un vampiro también es capaz de proteger. Es el uso y las acciones lo que determinan si algo es malo o es bueno… -Terminó acercándose a él mientras este asentía.

Harry: Entiendo lo que dices, pero no estoy de acuerdo contigo en usar magia negra, Dumbledore no lo aprobaría... –La otra se echó a reír incapaz de contenerse. -¿De qué te ríes?

Sekhmet: ¿Sabías que la mayor parte de los hechizos más poderos son considerados magia negra? Piensa un poco, Harry, Dumbledore es uno de los magos más grandes del mundo. ¿Crees que lo sería si solo supiera hechizos de magia blanca?

Harry: ¿Qué es lo que insinúas?

Sekhmet: No necesito insinuar nada, afirmo que tu querido profesor sabe tanta o más magia negra que Voldemort.

Harry: Eso no puedes saberlo.

Sekhmet: Lo se. –El silencio se hizo de nuevo mientras ella sopesaba una idea. –Dumbledore debería haberte preparado mejor para afrontar lo que te espera, pero todos vosotros tenéis la mente demasiado cerrada por su culpa. La realidad es ésta Harry, quieras o no algún día tendrás que enfrentarte a Voldy. ¿Qué harás entonces? ¿Acaso le pedirás por favor que te deje matarlo? –Decidió mostrarle de una vez por todas la cruda verdad tal como era, ya era demasiado mayorcito y debía darse cuenta de todo, lo último que necesitaba el moreno era no saber lo que se le avecinaba.

Harry: Encontraré la forma de derrotarlo, pero será a mi manera. –La otra negó decepcionada.

Sekhmet: No estas preparado para derrotarlo, esa es la verdad. Nunca esperes un milagro, Harry. Una vez más piensa en lo que te he dicho y, si llegas a una conclusión compatible con mis ideales, ven a mí y yo te enseñaré a luchar como Dumbledore no lo ha hecho.

Se quedó callado, pensando que quizás ella tenía razón, pero como siempre pasaba en estas circunstancias la educación que había recibido hizo peso en su consciencia impidiéndole aceptar que era muy posible que necesitara algo más que magia blanca y suerte para enfrentarse a Voldemort.

Sekhmet: Tómate tu tiempo pero no esperes demasiado, nadie sabe si ese día está cerca o lejos.

Se marchó, ella ya había dado el primer empujón, ahora le tocaba a él decidir si quería recorrer el nuevo camino que se estaba abriendo poco a poco frente a sus ojos.


Sirius: ¿Qué es lo que pasa, Lunático? –Preguntó de vuelta en el refugio que le ofrecía su habitación.

El otro le miró haciéndose el que no entiende.

Remus: No pasa nada.

Sirius: Cómo quieras. –Se cruzó de brazos. -¿Cómo crees que serán los nuevos miembros de la Orden?

Remus: ¿Nuevos miembros? –Preguntó descolocado, quiso remediarlo pero ya era demasiado tarde, se había puesto en evidencia.

Sirius: No has atendido a nada de lo que se ha dicho en la reunión. –Afirmó más que preguntó. -¿Y dices que no te pasa nada? Suéltalo.

El otro se sentó derrotado y le dio un papel para que el animago lo leyera.

Sirius: Ve. –Dijo pasados unos segundos llamando la atención del otro.

Remus: No puedo. ¿Y si es una trampa?

Sirius: ¿Y si no lo es? –Contraatacó. –Remus, es tu oportunidad de conocer a otras personas con tu mismo problema. ¿Acaso crees que no se que te sientes solo cada vez que piensas en la noche de luna llena?

Remus: Eso no es cierto. Siempre os tuve a vosotros. Tú, James, incluso Petter, vosotros sois mi manada y no necesito a nadie más, con saber que vosotros me comprendisteis me basta. –Reprendió el licántropo, pero sus palabras no sonaron tan convincentes como pretendió a oídos del otro.

Sirius: Somos una manada rota. –Puntualizó. –Por mucho que me duela James está muerto, Petter es un traidor y yo ya no soy capaz de darte el consuelo que necesitas, no creo que sea capaz de consolar a nadie. –Replicó con tristeza.

Remus: Pero…

Sirius: Yo te acompañaré, iremos los dos y plantaremos cara a esos lobos sean cuales sean sus intenciones. –El otro sonrió agradecido.

Remus: Algo ha cambiado en ti. – Obtuvo la atención del moreno. –Desde que James y Lily fueron asesinados me di cuenta de que habías cambiado, perdiste esa chispa de seguridad que te hacía Sirius Black y que nos empujaba a todos a seguirte a hacer cualquier tontería, pero ahora esa llama parece haber regresado. ¿Qué ha pasado?

El moreno sonrió mientras se ponía cómodo en el sofá, una sonrisa sincera que brilló en sus ojos.

Sirius: Remus… ¿Hace cuánto que no te han abrazado? –Preguntó descolocando al otro.


Agotada, esa era la palabra que mejor la definiría en esos momentos y no era para menos, había salido del castillo por la mañana y ya era casi la hora de cenar. ¡Todo por esos malditos papeles!

Sí, por más descabellado que pareciera había pasado uno de sus pocos días de descanso haciendo papeleo pues, según Orión, él estaba demasiado ocupado buscando a Diana como para ocuparse de ellos y, como sucesora, había tenido que ocuparse ella.

¡Ja! ¡Lo que pasaba es que el vampiro odiaba todo lo que a papeles y firmas se refiriera y había decidido largarse! ¡Más le valía no presentarse ante ella en unos cuantos días o se libraría del dolor de manos que se le había puesto de tanto escribir descargándose a golpes con él!

Decidió saltarse la cena e irse directamente a la cama para descansar un poco antes de la hora del entrenamiento nocturno con Draco y Luna, pero la rubia la interceptó a solo unos cuantos corredores de la sala común.

Luna: ¡Sekhmet! –Dijo mientras se acercaba saltando hasta ella con el collar de corchos rebotando en su pecho al son de sus pasos.

Sekhmet: ¿Es que hoy todo el mundo necesita algo de mí? –Dijo una vez la alcanzó mientras se apretaba las sienes.

La rubia la miró seria, algo poco frecuente en ella, pero en esos momentos no tenía la cabeza a pleno rendimiento para darse cuenta de que algo raro pasaba y siguió andando con la chica a su lado, centrando sus pensamientos únicamente en lo mullida que era su cama.

Sekhmet: ¿Qué es lo que pasa? -Preguntó con desgana.

Luna: Tengo una duda y no se que hacer. Es sobre los elfos domésticos, estoy pensando en crear una campaña que pedir que no trabajen tanto…

Sekhmet: Deberías hacerlo, ya va siendo hora de que los magos se den cuenta de que son criaturas mágicas de todo derecho, no esclavos que pueden tratar como basura y que deben cumplir todos sus caprichos.

Luna: Es justo como yo pensaba. –La otra le miró raro pero siguieron caminando en silencio. Se puso a jugar con la chapita plateada de su túnica.

Sekhmet: ¿Aún sigues con esa tontería de la Brigada Lefey?

Luna: Por supuesto, la gente se mete menos conmigo desde que llegaste, ahora de lo único que me tengo que preocupar es de que los Duffers no me escondan los calcetines, de hecho soy la copresidente de tu club.

La morena decidió darla por imposible, Luna siempre sería Luna.

Luna: Es una pena que no puedas tener a Croocksans de nuevo contigo, ¿verdad? –Comentó como quien habla del tiempo.

Sekhmet: La verdad es que sí, lo echo un poco de menos pero Remus lo cuida bien… - Tan pronto como cerró la boca se dio cuenta de su error y se giró temerosa hacia la rubia.

Luna: Así que después de todo no eran suposiciones mías. ¿Verdad, Hermione? –Dijo mientras en su cara aparecía una sonrisa de suficiencia marca Malfoy.

La morena no pudo más que maldecir, maldecirse a sí misma por haber estado tan preocupada en llegar a su cama que había respondido de forma mecánica y maldecir a Draco por enseñarle a la rubia ese gesto que tanto la sacaba de quicio.

A ver como se salía ahora de ese atolladero.

Continuará…

Espero que os halla parecido entretenido.

Próximo capítulo: Hermandad, la canción de los lobos.