Sí, finalmente y después de mucho tiempo al fin aparezco por aquí. Perdón a todo el mundo por el retraso.

Después de esto, daros la buena noticia de que estas navidades voy a ponerme a escribir como una loca en un intento desesperado de compensación por la espera, así que no tendreís que esperar demasiado para que suba el próximo capítulo.

Espero que os guste.

Capítulo 16: REVELACIONES EN EL REINO DE HYPNOS.

Estaba en la cabaña de Hagrid y un destruido Hogwarts lo saludaba de forma macabra.

Las paredes comenzaron a moverse ante sus ojos y el golpe contra el suelo fue lo último que sintió, deseando que eso no fuera más que una pesadilla.

Se despertó de golpe y lo primero que hizo fue llevarse la mano a la frente en busca de la cicatriz, nada, seguía sin estar allí.

Buscó a tientas las gafas que debía de haber perdido al caer al suelo, pues sin ellas veía todo desenfocado, pero sus ojos no hicieron sino reafirmarle lo que ya temía. Seguía en ese mismo lugar y el dolor de su cuerpo le indicaba que eso no era un sueño…

Tardó varios minutos hasta que pudo controlar su respiración correctamente, de nada le serviría desmayarse de nuevo, y cuando lo consiguió la parte práctica de su cerebro, que había estado de vacaciones hasta el momento, tomó el mando.

Harry: Oriéntame. –Dijo poniendo su varita sobre la palma de su mano y pensando en Hogwarts, quizás aquellas ruinas solo fueran de algo terroríficamente parecido al castillo. La varita no hizo movimiento alguno. -¡Oriéntame! –Gritó obteniendo el mismo resultado que antes.

Preocupado, apuntó con su varita a una pequeña vasija que yacía rota en el suelo e intentó repararla, nada. No sintió el habitual cosquilleo en su cuerpo que le indicaba que la magia pasaba desde su interior hasta la varita, no hubo haz de luz alguno.

Harry: No tengo magia…

Aquella fue la gota que colmó el vaso, salió de la destartalada cabaña a toda prisa y emprendió la carrera hacia las ruinas de Hogwarts, deseando que hubiera alguien allí que pudiera explicarle que era lo que estaba pasando.

Enseguida descubrió que había sido una mala idea.

Un haz de luz pasó por su lado, rozándole el brazo y haciendo que cayera de bruces sobre la tierra baldía. No se paró a ver quién le había atacado, no era momento para eso. Corrió todo lo deprisa que pudo hasta la cabaña de Hagrid y sólo se permitió respirar cuando volvió a estar a salvo entre sus muros. No quiso mirarse la herida del brazo, pues le dolía como si estuviera en carne viva, así que se asomó con cuidado por la ventana para descubrir a su atacante.

El alma se le cayó a los pies cuando advirtió como un montón de figuras encapuchadas se dirigían sin prisa hacia su escondite varita en mano. Muy pronto estaría acorralado por mortifagos y él seguía sin poder hacer magia.

Desesperado, miró a su alrededor buscando la puerta trasera de la cabaña y vio como ésta estaba bloqueada por trozos de vigas y tejado que debían haber ido a parar allí hace tiempo, pues una gruesa capa de tierra los cubría, intentó escarbar entre aquel amasijo de madera y polvo.

Harry: ¡Esto es inútil! –Se dijo al ver como sus manos sangraban y el camino continuaba bloqueado. Maldijo su mala suerte.

Cruzó la estancia de nuevo para controlar los movimientos de los enmascarados por la ventana, los mortifagos ya lo tenían acorralado y él estaba perdido.

Mortifago: Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí? –Preguntó mientras se asomaba con precaución por la puerta, precaución que olvidó por completo al ver sus vanos intentos por mimetizarse con la pared más alejada a la puerta. -¡Pero si no es más que un crío! ¿Te has perdido, niño? –Habló regodeándose ante la vista de la presa acorralada.

El moreno apretó la varita con fuerza entre sus manos y gritó un hechizo de desarme con la esperanza de que funcionara. Nada. El mortifago rió mientras levantaba su propia varita dispuesto a dar el golpe de gracia.

Fue en ese momento cuando Harry se abandonó, no sabía dónde estaba ni cómo había llegado hasta allí y había perdido la única forma de defenderse que tenía, parecía que la suerte había escogido el peor momento para abandonarlo.

Cerró los ojos, dispuesto a soportar el más terrible de los maleficios, cuando sintió una ráfaga de aire pasar por su lado y el golpe seco de algo pesado al caer.

Cuando volvió a abrirlos su mirada se posó sobre el mortifago, que seguía sosteniendo la varita en una de sus manos, mientras con la otra intentaba taponar sin demasiado éxito la herida de su cuello que lo mantenía tumbado en el suelo mientras se desangraba a pasos acelerados, le habían abierto completamente la garganta.

El instinto de supervivencia fue lo que le impidió quedarse paralizado por el horror de la visión, escuchó ruidos de golpes fuera de la cabaña, percatándose de que se estaba llevando a cabo una batalla, y decidió aprovechar para salir de aquella ratonera que bien habría podido ser su tumba dos segundos atrás.

Tomó la varita del agonizante mortifago con la esperanza de que con ella sí pudiera hacer magia y corrió en busca de refugio hacia los árboles muertos del Bosque Prohibido.

Corrió hasta que perdió completamente el aliento y sus piernas se negaron a seguir y no pudo sino alegrarse porque había recorrido tanta distancia que desde allí ni siquiera escuchaba los sonidos de la batalla. Apenas pudo soltar un suspiro de alivió cuando un golpe en la cabeza lo dejó atontado, sintió como alguien lo cargaba sobre el hombro y después los continuos vaivenes del movimiento, que no hicieron sino impedir que dejara de ver doble.

Sintió el impacto al ser arrojado contra el suelo sin cuidado alguno y, soltando un quejido tras caer sobre el brazo lastimado, giró sobre sí mismo apoyando las manos en la polvorienta tierra e intentando levantarse.

¿: Estaba intentando escapar a través del bosque, líder. –El peso de un pie sobre su pecho volvió a tumbarlo sobre la tierra, su cabeza se fue asentando poco a poco al permanecer quieto, recuperando la capacidad de funcionar.

Una vez que fue capaz de enfocar correctamente una sola imagen se permitió mirar al hombre que había hablado, y supo que cualquier plan de huida quedaba descartado.

Era un hombre joven y bastante fuerte a simple vista, lo único que pudo distinguir de su rostro con claridad fueron unos fríos ojos negros y una boca curvada en un rictus de desagrado, pues un casco metálico bastante elaborado cubría su pelo, vestía con unos pantalones oscuros y una camisa vieja que estaba cubierta por una coraza negra de metal que parecía estar forrada con piel de dragón.

¿?: ¿Has comprobado que no sea uno de ellos?

¿: Sí. –Asintió el moreno, que clavó sus ojos sobre él al percatarse de que lo estaba observando e hizo algo que jamás habría podido esperar, le mostró unos desmesuradamente largos y filudos colmillos blancos en señal de advertencia. Era un vampiro.

¿?: Montarlo en un therstal, nos lo llevaremos para interrogarlo. –Contestó con autoridad el otro. Sintió como el peso sobre su pecho desaparecía por lo que se apresuró a sentarse y se giró al percatarse de que esa voz le resultaba extrañamente familiar.

Si creyó que ya nada lo podía sorprender se vio obligado a reconocer que eso no era cierto, pues su rostro y sus cabellos largos y rizados de color castaño, semiocultos por un casco parecido al del hombre, le causaron aún mayor impresión que el amenazante vampiro.

Harry: ¿Hermione? –Preguntó reacio a creer que aquello era cierto. La mirada de la chica se posó sobre él observándolo con el ceño fruncido.

Hermione: ¿Cómo sabes mi nombre, humano? ¡Identifícate! –Ordenó con frialdad.

Harry: Soy yo, Harry. ¿Es qué no me reconoces? –Intentó acercarse a ella pero el otro lo detuvo amenazando su cuello con el filo de una espada.

Hermione: Es tu última oportunidad, humano. Identifícate. –Vio como el odio aparecía en sus dorados ojos y por un momento dudó seriamente que fuera ella, pero no se echó para atrás.

Harry: ¡Soy Harry! –Gritó desesperado.

Hermione: Mátalo. –Ordenó para luego darle la espalda y comenzar a caminar en dirección contraria.

Harry: ¡Soy Harry, el mismo que te salvó del troll en primero! –La chica levantó una mano y el movimiento que el otro había hecho con la espada para coger impulso, se detuvo a sólo unos centímetros de su garganta. -¡El que sin ti no habría descubierto al basilisco! ¡Al que ayudaste a salvar a Sirius! ¡Por el que casi mueres en el Departamento de Misterios! ¡Soy el mismo que te condenó a muerte! –Terminó mientras sentía como las lágrimas corrían por sus mejillas al ser presa de la impotencia.

¿: ¡Cómo osas hablar así a la líder, escoria!

Sintió como el vampiro lo tomaba del cuello levantándolo del suelo mientras apretaba más y más cortándole la respiración.

Hermione: Detente, Enki. Nos lo llevamos al refugio.

El otro lo soltó de mala gana y al verse libre comenzó a inspirar grandes bocanadas de aire, ni siquiera tuvo tiempo de recuperarse cuando un golpe en la nuca le hizo perder la consciencia de nuevo.


Despertó sobresaltado, sintiendo como el sudor mojaba su frente y su corazón latía desbocado recordando aún la extraña pesadilla.

Pasaron unos segundos hasta que consiguió tranquilizarse, los mismos que bastaron para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad reinante y comprendiera que no estaba en su dormitorio, sino en el frío suelo de una mazmorra.

Su ritmo cardiaco volvió a dispararse.

Se levantó de golpe al escuchar el ruido de pasos resonando sobre el corredor y vio como un hombre se detenía frente a su celda mientras alumbraba con una antorcha la pequeña cerradura de la puerta. El chirriar de la reja de metal al abrirse tampoco lo tranquilizó.

Miró al hombre, percatándose de que también portaba una armadura como la del vampiro, este parecía menos amenazador si tan solo te fijabas en el cabello castaño y olvidabas los ojos rojos (que estaban clavados en él) y los filudos colmillos que le mostró al sonreírle perversamente.

¿: Muévete, cachorro. Tienes una audiencia. –Le tiró una especie de intento de abrigo de pieles que agradeció internamente, allí hacía demasiado frío, y luego le indicó que lo siguiera.

Sopesó sus opciones pero se percató de que no tenía ninguna. No sabía dónde estaba, no tenía forma alguna de hacer magia, y parecía que tendría que seguirlo por las buenas o por las malas...

Harry: (Podré vivir sin ver a un vampiro de malas.) –Se dijo en un intento de darse ánimos mientras seguía al castaño.

Vio como conforme avanzaban se iban encontrando con más gente y se sorprendió al percatarse de que muchos de aquellos ojos, que lo miraban con un odio que no llegaba a comprender, eran tan humanos como los suyos.

Se cohibió ante las miradas que no estaba acostumbrado a recibir desde que había abandonado la casa de sus tíos hacía unos años y se encogió sobre sí mismo intentando ignorarlas.

Llevaban unos diez minutos caminando por lo que le habían parecido miles y miles de metros de corredores cuando tuvo el coraje suficiente para dirigirse al hombre que le precedía confiando en que, si no le había atacado ya, quizás no fuera a usarlo de desayuno.

Harry: ¿Puedes decirme dónde estamos? –Tragó saliva cuando el castaño se paró de repente y giró levemente la cabeza mirándolo de soslayo, tras unos tensos segundos le contestó.

¿: Estamos en los corredores excavados bajo las mazmorras de Hogwarts, bajo las ruinas del castillo.

Su respuesta no hizo más que desalentarle, por lo que se encerró en sus propios pensamientos mientras seguía al castaño dócilmente.

Vio como éste se detenía al cabo de un rato frente a una pequeña puerta de madera y trucaba tres veces esperando una contestación.

¿?: ¡Adelante!

La sensación que sintió el moreno al entrar a la sala y percatarse de que reconocía aquel lugar fue indescriptible, jamás pensó que se alegraría tanto de entrar en el despacho de Snape.

Un tirón de la camisa le hizo arrodillarse en el suelo y se percató de que el castaño había hincado una rodilla al suelo y lo miraba con cierto reproche por algo que no lograba comprender, lo vio bajar la cabeza antes de hablar.

¿: Líder. –La palabra le recordó la imagen de Hermione de pie ante él e irguió la cabeza esperando encontrarla, pero todo lo que pudo ver fue la parte de atrás de un gran sillón que estaba girado hacia la pared en la que reposaba el retrato de un hombre que se le hacía vagamente conocido. –He traído al prisionero, tal y como ordenasteis.

El sillón se giró hacia ellos revelando la figura de la chica, ahora sin casco, y cerciorándole de que no había sido ninguna ilusión creada por su maldito inconsciente.

Hermione: Bien. –El vampiro se irguió por lo que él decidió imitarlo. –Retírate Vanadis, ve con el resto del grupo a preparar la ofensiva.

Vanadis: Como ordenéis, mi señora. –Hizo una leve inclinación de cabeza antes de desaparecer por la puerta.

Creyó que se sentiría aliviado al estar a solas con ella, pero la tensión pronto invadió el ambiente, sintiéndose incapaz de acercarse o hablarle ante la sensación de poder y autoridad que emanaba la castaña. Se limitó a observarla.

El cabello castaño estaba más rizado de lo que recordaba y era mucho más oscuro, sus ojos dorados hicieron que desviara de inmediato la mirada hacia los labios entreabiertos que revelaban la evidencia de su condición, sintió inquietud al darse cuenta de que eso parecía un maldito hervidero de vampiros. Volvió a sus ojos encontrándose con una delgada cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo, desde la ceja hasta la mitad del pómulo, pero fue el impacto de ver su cuello, cruzado de lado a lado por una horrible marca de corte, como si hace poco tiempo que le hubieran rajado el cuello, lo que le hizo desviar la mirada haciendo que centrara su atención en el cuadro del hombre para intentar alejar los cientos de ideas que se le estaban pasando por la cabeza.

Algo hizo clic en su cabeza, pues de repente recordó donde había visto al vampiro del cuadro.

Hermione: Así que el "gran" Harry Potter nos honra con su presencia… -Pudo notar fácilmente que cada palabra estaba impregnada de veneno.

Harry: ¿Me crees? –Se animó ante tal posibilidad y decidió pasar por alto el claro desprecio.

Hermione: Hemos hurgado en tu mente mientras dormías, no es cuestión de que yo te crea o no. –La frialdad de su mirada le hizo agachar la cabeza de nuevo con incomodidad. Se merecía el trato que le estaba dando después de lo que le hizo.

Hermione: ¿Cómo llegaste aquí? –Le exigió una respuesta.

Harry: No lo sé, lo último que recuerdo es que me acosté en mi cama, me había sentido mal desde que me crucé con ese hombre en Hogwarts. –Terminó señalando el retrato.

Quizás si la chica no estuviera tan acostumbrada a esconder sus emociones el moreno se abría dado cuenta de lo que sus palabras habían provocado en ella, sorpresa. Sorpresa porque esa repentina e inexplicable aparición del moreno estaba empezando a cobrar forma y culpable en su cabeza.

Se levantó del sillón y se acercó al cuadro acariciándolo con cariño.

Hermione: (Mi querido Orión, incluso después de muerto sigues haciendo de las tuyas…) – ¿De qué año vienes? –Se sorprendió al notar que su tono había cambiado y que ahora estaba teñido por la resignación hacia algo que él no podía comprender.

Harry: 1997. –Respondió confuso.

La chica se giró de nuevo hacia él y le sonrió de forma malévola.

Hermione: Enhorabuena, Potter, te quedan unos meses de vida. Voldemort gana, fin de la historia.


Ya no le importaban las miradas ni los cuchicheos que suscitaba a su paso por los oscuros y fríos corredores de debajo de las mazmorras, pues su mente estaba trabada, recordando una y otra vez las palabras de aquella que hace tiempo fue su mejor amiga y que ahora no reconocía.

Estaba tan metido en sus propios pensamientos que siguió caminando sin percatarse de que la castaña se había parado a hablar con una de las numerosas personas que correteaban por las angostas galerías, por lo que chocó contra ella ganándose un gruñido de advertencia, un dolor de huesos (se había clavado la armadura) y un primer plano de los filosos colmillos de la chica. Decidió que tendría que lidiar con el pensamiento de su próxima muerte en otro momento si no quería adelantarla.

Harry: ¿Hacia dónde vamos? –Le preguntó tras unos minutos en silencio después de volver a reanudar la marcha.

La castaña le contestó sin siquiera detenerse o volverse hacia él.

Hermione: Si quieres vivir aquí tendrás que ganarte tu estancia, como el resto. La vida y la muerte no son conceptos extraños para nosotros, el sobrevivir o darte por vencido sólo depende de ti.

Agachó la cabeza compungido, sabiendo que la otra no se percataría de su gesto de derrota. No era solo el cambio físico, la castaña emanaba un aire de poder, de solemnidad, y la frialdad y la fuerza de sus palabras delataban su posición de liderazgo. Esa mujer no era su Hermione, era una persona altiva e inescrutable, forjada por unas condiciones que él desconocía.

Hermione: Tu adaptación aquí sería más fácil con algo de ayuda, pero dudo que la recibas. La mayoría de las personas que viven aquí todavía se acuerdan de ti y de tu cobardía, la mayor parte de nosotros te despreciamos… -Terminó parándose y girándose hacia él.

El moreno no pudo evitar el escalofrío que recorrió su espalda ante la amenaza velada que escondían las palabras de la mujer.

¿: Líder. –Una mujer pelirroja se acercó hasta donde ellos estaban e inclinó la cabeza en señal de respeto.

Los ojos verdes de la extraña se fijaron en él al tiempo que su rostro se tensaba y dejaba ver sus colmillos, de repente se percató de que esa mirada no le era desconocida.

Hermione: ¿Qué sucede, Agni?

Agni: Veo que los rumores que se están extendiendo por las galerías eran ciertos… ¿Qué demonios hace éste aquí? –Su voz tan fría como el hielo.

Ahora estaba completamente seguro de que sabía quién era esa mujer, era cierto que la pelirroja frente a él aparentaba unos ventipocos años y que era un vampiro ¿pero cómo olvidarla si hacía tan solo unas semanas que la alejó de él por su estúpido orgullo y sus palabras envenenadas? Imposible.

Hermione: Por desgracia los rumores son ciertos, y me temo que no podemos hacer nada al respecto. Creo que es culpa de Anubis el que Potter haya aparecido aquí.

Harry: ¿Ginny, qué haces aquí? ¿Dónde está Ron? ¿Y los Weasley? –Intervino en la conversación de las dos mujeres, incapaz de acallar las numerosas dudas que estaban comenzando a ahogarlo.

Ginny: Mi única familia es el clan, Potter. –Si las miradas matasen, él ya estaría bajo tierra.

Hermione: Basta. –La pelirroja obedeció de inmediato retirando la mirada. –Dudo que hayas venido hasta aquí sólo por esto. ¿Qué sucede?

Ginny: Los mortifagos rojos están lanzando un ataque sobre la zona norte de Hosmeade, nuestros aliados están atrapados entre sus filas.

Hermione: Bien, prepara a los guerreros, que se reúnan todos en el salón de los therstals, salimos en tres minutos. –La otra volvió a hacer una reverencia y salió presta a cumplir con el mandato.

Vio como la castaña se daba media vuelta olvidándose completamente de él.

Harry: ¡Espera! Yo también quiero luchar. –Se encogió cuando la otra le miró fijamente, pero el valor, que parecía haberlo abandonado durante todo este tiempo, volvió a él calentándole la sangre. –Aún no sé muy bien dónde estoy o cuáles son las circunstancias en las que vivís, pero si hay un ataque yo también quiero ayudar. Lucharé con vosotros.

Se alegró al ver como la otra le sonreía, pero su burbuja de felicidad se pinchó tan pronto como la castaña abrió la boca.

Hermione: Las cosas han cambiado mucho en estos treinta años que has estado bajo tierra, Potter. Sin embargo estoy de acuerdo en que participes, ya que si vas a comer y vivir de nosotros, lo justo es que derrames tu sangre por el clan. Los mortifagos rojos son el cuerpo de guerra de élite de Voldemort, con un poco de suerte te matarán y no tendré que seguir soportando tu ingrata presencia.


Llegaron a una nueva zona de corredores que distaba bastante de las húmedas y lúgubres galerías que habían recorrido hasta ahora.

Entraron en una sala circular repleta de armas, armaduras y unos cuantos objetos cuya utilidad no supo adivinar.

Una mullida alfombra absorbía el eco de los pasos sobre el suelo y las paredes estaban recubiertas por numerosos tapices que representaban escenas grotescas y sangrientas, un retrato de la vida del guerrero.

Se tambaleó peligrosamente cuando la castaña le lanzó una armadura parecida a la que ella misma llevaba y se sorprendió al comprobar que ese trozo de metal era más pesado de lo que parecía en realidad.

Hermione: Póntelo por el camino. –Le dijo al tiempo que le lanzaba una varita, la misma que él le había robado al mortifago. –Tú magia no funcionará aquí si no es con esto, hace unos años Voldemort halló la forma de inhabilitar cualquier varita que él deseara, dejándonos temporalmente indefensos. Puesto que no tienes el entrenamiento adecuado para utilizar una de nuestras armas tendrás que conformarte con eso y rezar para que puedas manejarla medianamente bien.

Vio como la otra giraba de nuevo al corredor por el que habían venido así que, con la varita en la boca, intentó seguir su ritmo sin mucho éxito mientras se abrochaba las correas de la coraza.

Con un resoplido de frustración por parte de la chica, ésta se giró de repente y antes de que se diera cuenta ya tenía puesta la armadura correctamente.

Fue a darle las gracias pero la rabia que había en sus ojos le previno de decir palabra alguna.

Hermione: Estás haciéndome perder mucho tiempo, tiempo que no tenemos así que adáptate ya o lárgate pero deja de retrasarme. –Dijo volviendo a reanudar la marcha.

Se quedó parado unos instantes en aquel lugar, reflexionando.

No sabía como funcionaban las cosas allí y eso le frustraba, además sentía como si ese trozo de metal pesara una tonelada mientras que la chica se movía con rapidez, completamente acostumbrada al peso extra y con movimientos gráciles. Y por otra parte el hecho de no tener consigo su varita era un punto en contra bastante grande. ¿Y si en medio de la pelea la varita lo rechazaba y no podía hacer hechizo alguno? ¿Y si hacía todos los hechizos al revés?

Se vio tentado a irse por donde había venido y dejar toda esa locura atrás pero algo lo detuvo.

Él nunca había sido un cobarde como Hermione había dicho, en su tiempo no se quedaría cómodamente en su sala común mientras otros luchaban allí fuera, él era de los que peleaban, de los que daban la cara por el resto, no al revés.

¿No le había estado pidiendo a Dumbledore que le dejara participar en la guerra? ¿No le había repetido hasta la saciedad que estaba harto de quedarse de brazos cruzados? Lucharía para demostrarse a sí mismo que estaba preparado y para ganarse el respeto de todos los que vivían allí y que le miraban con recelo. Demostraría con hechos que estaba dispuesto a sangrar para evitar que más personas inocentes siguieran sufriendo.

Una vez tomada la decisión, levantó la cabeza para plantarle cara a la castaña… pero ella ya no estaba allí.

Harry: ¡Maldita sea! –Se apresuró corriendo por los corredores, guiándose por el ruido, y llegó a una gran sala circular atiborrada de gente y therstals.

La sala estaba tallada en piedra en el risco del acantilado y uno de sus lados había sido abierto al exterior viéndose las ruinas del castillo a lo lejos.

Hermione: ¡Atención todos! –Su mirada se posó inmediatamente en el lado izquierdo de la sala en el que cuatro figuras estaban de pie sobre una especie de altillo.

Reconoció a tres de los presentes.

Ginny estaba en uno de los lados escrutando a todos los presentes con unos ojos rojos y, a pesar de lo intimidante de su mirada, pudo ver un cierto brillo de aceptación en ellos cuando sus miradas se cruzaron.

Al otro lado estaba un chico que debía tener aproximadamente su edad, de cabello rubio claro que llevaba recogido sobre el hombro en una trenza, una fina cicatriz le cruzaba la cara desde el principio del pómulo hasta el mentón y sus ojos negros parecían ausentes. Se encontró pensando que el rubio no le caía bien, pues su pose altiva y su porte le recordaban demasiado a Malfoy.

Y, en medio estaban las otras dos figuras, estaban Hermione y el vampiro rubio que había visto en los terrenos de Hogwarts durante el ataque al castillo de los mortifagos. Sin embargo ese hombre no parecía más que una sombra de lo que él había visto, pues su cuerpo parecía más pequeño, como si hubiera pasado hace poco por una hambruna, aunque no por ello se veía menos letal, los colmillos que asomaban a través de sus labios eran un buen recordatorio del peligro que representaba.

Hermione: Nos dividiremos como siempre, en cuatro grupos de diez, y atacaremos desde cada uno de los puntos cardinales para cubrir todos los flancos y evitar que esos asquerosos mortifagos escapen impunes.

Hermione: El primer grupo será liderado por Agni. –Ginny dio un paso al frente. –Vosotros atacaréis desde el norte y vuestra misión será empujarlos hacía el sur, donde el segundo grupo, bajo mi mando, estaremos esperándolos. El tercer grupo lo comandará Malfoy, por el este. Y Horus se encargará del oeste. –Los dos rubios dieron un paso al frente. –Vuestra misión es de contención, impediréis que huyan por los flancos mientras Agni los lleva hasta nuestras fauces.

Harry: (¿El hijo de malfoy?) –Pensó sorprendido fijándose atentamente en todos los detalles del chico. Sí, definitivamente le caía mal.

Hermione: Creo que está de más recordaros las reglas, pero allí van. Nada de prisioneros, asesinar a cualquier cosa que no sea humana o que vista capa negra o ellos os matarán a vosotros y tened cuidado con las garras de los mortifagos rojos, dejad que seamos los vampiros quienes acabemos con estos. De nada sirve morir como un héroe si al fin y al cabo mueres. ¡En marcha! –Dijo desenfundando la espada que llevaba colgada del cinto.

Numerosos gritos de guerra se alzaron en la sala y el primer grupo salió a través de la abertura a lomos de los therstals.

El peso de una mano sobre el hombro reclamó su atención encontrándose cara a cara con el vampiro rubio.

Alex: Tú vienes conmigo, cachorro.


Sintió como una corriente mágica le atravesaba el cuerpo y giró hacia atrás. La apertura de la sala había desaparecido a la vista aunque acababa de pasar por allí, supuso que sería alguna clase de hechizo de ocultación parecido al del andén nueve y tres cuartos, aunque mucho más poderoso a juzgar por el cosquilleo que aún recorría los dedos de sus manos.

Intentó encontrar una mejor postura en el lomo del therstal pero le resultó imposible. Entre el constante movimiento por el vuelo del animal y una especie de cosa dura que tenía este en el lomo y que le lastimaba a cada vaivén los muslos... sería un milagro si mañana pudiera andar.

Miró al frente de su grupo, donde el rubio gruñía órdenes a otros dos hombres que volaban a su lado. Cada uno de los que habían partido de la sala montaba un therstal, lo que significaba que podían verlos y, como consecuencia, todos ellos habían visto morir a alguien.

No le gustaba ese futuro. Un futuro en el que la muerte era el día a día y la vida era un extraño obsequio, un mundo que, por lo visto, había sido creado como consecuencia de alguno de sus actos. No le gustaba.

Vio como las llamas alumbraban la oscuridad de la noche, como los gritos se elevaban y eran perfectamente audibles a través de la distancia.

Decidió que, si conseguía regresar alguna vez, haría todo lo que estuviera en sus manos para que ese futuro jamás existiera, lo que fuera.


Apenas pudo contener las ganas de vomitar cuando se enfrentaron al primer grupo de mortifagos.

Tan pronto como se encontraron con la primera partida, el vampiro rubio y unos cuantos más desmontaron a una velocidad inhumana de los therstals, lanzándose contra las figuras de capa roja. Se quedó estático cuando los vio intentar hincar los dientes en los cuellos de estos, y tuvo que luchar para mantener los ojos abiertos cuando comenzaron a usar las garras y empezaron a volar por los aires los trozos de los cuerpos de sus adversarios.

Aquellos que no habían sido tomados por sorpresa se revolvieron con fiereza mostrando también garras y colmillos, le recorrió un escalofrío al saber que entre las filas enemigas también había vampiros, pues acababa de ver lo que podían hacerse entre ellos y no quería saber lo que serían capaces de hacerle a un simple humano.

Se percató demasiado tarde de que un hechizo volaba directamente hacia él y se libró por muy poco gracias al movimiento de su montura.

Levantó la vista en busca de su agresor justo cuando este caía fulminado por un Avada lanzado por la mujer que estaba a su flanco,

¿: ¿¡Qué crees que estás haciendo, estúpido!? ¡Si quieres morir hazlo, pero deja de ponernos al resto en peligro y ataca de una vez! –Otro rayo verde impactó en la mujer y esta cayó de su montura fulminada.

Quizás fuera el ruido a su alrededor del que fue plenamente consciente a partir de entonces, quizás fue el ver a aquellos que luchaban junto él cubiertos de sangre y vísceras, o quizás fue la mirada vacía de la mujer a su lado, que le reprochaba en silencio clamando por la vida que le había sido injustamente arrebatada, culpándole sin hacerlo por su descuido, lo que le hizo vencer sus remilgos y caer en cuenta de que Hermione tenía razón.

Esa no era su guerra, ya no. Esta era una batalla mucho más cruenta, en la que tomar prisioneros prácticamente era caer en brazos de la muerte, una batalla en la que la única opción de supervivencia era convertirse en un asesino.

Miró por última vez el rostro inerte de la mujer, y decidió que no le importaba ser un asesino.

Levantó la varita del mortifago, rezando para que le aceptara, apuntó a una de las figuras de capucha negra y susurró el hechizo.

Primer Avada Kedavra, primer enemigo abatido.

El remordimiento no lo asoló, como muchas veces pensó que lo haría si en algún momento se viera obligado a quitar una vida, no sintió nada.

Un hechizo le dio en el pecho abriéndole grandes cortes a lo largo de los brazos, sin embargo la coraza le protegió el torso.

No tuvo que darle ninguna orden al therstal bajo sus piernas, que se estaba encargando de devorar a cualquier enemigo incauto que se acercara demasiado a él, pues este avanzó adelante al mismo tiempo que volvía a levantar el brazo, listo para luchar.

Harry: ¡Avada Kedavra!

La batalla de su flanco debió durar menos de media hora, pero a él le parecieron años.

Se dio un instante de irónica tranquilidad cuando los mortifagos, que se estaban replegando hacia la calle central del pueblo, se dieron cuanta del flanco que avanzaba desde el sur y comprendieron que habían caído en una emboscada.

Alex: ¡No os detengáis! ¡Seguid fustigándolos hasta que colapsen! –El vampiro mostraba los colmillos amenazadores, mientras sus ojos rojos hacían temblar a los enemigos. Tenía la barbilla cubierta de sangre que escurría de su mentón al suelo y un gran tajo le surcaba el brazo desde el hombro hasta más abajo del codo.

Se percató de que no quedaba ninguna capa roja en el grupo contra el que habían estado luchando.

El rubio puso en horizontal la espada que sostenía con su brazo bueno, susurró un hechizo haciendo que esta brillara por unos instantes, luego la movió hacia los mortifagos soltando un haz de luz plateado y, como si de una cuchilla se tratara, estos cayeron cortados por la mitad, justo por donde el haz había penetrado en sus cuerpos. Ahora sabía a que se había referido la castaña al decir que no estaba preparado para usar sus armas.

Poco a poco los cuatro flancos se fueron juntando.

Enseguida vio a Ginny y a su grupo, empujando a los pocos mortifagos que quedaban hacia el matadero en el que había convertido Hermione el callejón que su grupo flanqueaba.

Se preocupó al ver la gran cantidad de sangre que la cubría, uno de sus brazos caía inerte al lado, con el hueso asomando a través de la carne, y un mordisco bastante feo en su hombro había roto la cota que portaba dejando ver la carne negruzca alrededor de la herida.

Tras unos minutos vio al chico Malfoy aparecer frente a ellos, cerrando la trampa mortal.

Cojeaba de una pierna y debía tener algún tipo de herida en la cabeza, pues la sangre manaba de ésta surcando un lateral de su rostro y goteando por la barbilla, cosa que le hacía parecer aún más pálido, otorgándole un aspecto inquietantemente mortecino gracias al contraste con sus ojos negros.

Dejó su observación para otro momento, concentrándose en acabar con los pocos mortifagos que intentaban traspasar su flanco.

En eso estaba cuando tuvo que repetirse que ese no era momento para vomitar, al ver como los dos vampiros con los que se había encontrado aquella mañana, y cuyos nombres no recordaba, se desplegaban de la formación y, mediante unos movimientos perfectamente coordinados, se abalanzaban sobre uno de los pocos atacantes con capa roja que quedaban. Cada uno le mordió en un lado de la garganta con fiereza, para luego estirar hacia atrás desgarrándola y dejando que el cuerpo cayera sin vida al suelo.

Los colmillos extendidos, la barbilla roja, los ojos brillando con macabra satisfacción…

Aún quedaban unas decenas de enemigos cuando se vieron obligados a escalar la pequeña montaña de cadáveres que se había formado frente al flanco que comandaba la castaña.


El último cuerpo cayó al suelo produciendo un eco que retumbó en el callejón.

La castaña se irguió sobre la pila de cadáveres al tiempo que guardaba su propia espada en el cinto que colgaba de su cadera, una imagen impactante teniendo en cuenta que parecía recién salida de una ducha de sangre.

La miró mientras jadeaba intentando recuperar el aliento, pues tras la ola de adrenalina que acababa de esfumarse de su cuerpo, la coraza y su propio cuerpo parecían pesar cuarenta kilos más. Observó, con la incertidumbre pintada en su rostro, como levantó el brazo izquierdo y cerró lo ojos aparentemente intentando concentrarse, el resto del grupo dio un par de pasos hacia atrás, alejándose, por lo que él se apresuró a imitarlos.

Pronto su incertidumbre se tornó en sorpresa al ver como las llamas que consumían Hosmeade atravesaban el cielo para posarse sobre la palma de la mano de la castaña tornándose negras, se asustó al ver como estas la envolvían completamente. Dio un paso adelante cuando un brazo le impidió continuar, miró a su derecha encontrándose con el chico Malfoy que observaba con admiración el torbellino de llamas.

Malfoy: Espera. Resulta bastante impactante las primeras veces, pero no debemos intervenir.

Volvió la vista hacia las llamas, resignado, observando como estas parecían girar cada vez a mayor velocidad. De repente se escuchó una pequeña explosión, y las lenguas de fuego se dispersaron rápidamente por los distintos callejones del pueblo, para luego desaparecer.

Hermione estaba de pie, ilesa, y la pila de cadáveres bajo sus pies, así como el resto de los cuerpos inertes de las calles que podía ver desde allí, habían desaparecido.

Únicamente quedaban tirados unos cuantos cuerpos de los de su bando, que se quejaban desde el suelo incapaces de moverse por sus propios medios, y a los que las extrañas llamas parecían no haberles afectado.

Hermione: ¡Lo de siempre! ¡Que aquellos que estén graves partan de inmediato al refugio! ¡El resto, recoged a los heridos y a los therstals que no puedan valerse por sí mismos y larguémonos de aquí!

Y así los gritos cesaron en medio de la noche. Las llamas que amenazaban con destruir lo poco que quedaba de Hogsmeade se habían extinguido de forma incomprensible debido a la acción de la castaña y la sangre y los cuerpos habían desaparecido del lugar, borrando cualquier evidencia de batalla alguna. Fue precisamente ese momento tranquilo el que su cuerpo escogió para negarse a seguir cooperando y colapsar.


Alex: ¡Despierta, cachorro!

Dio un brinco increíble, que estaba seguro sería incapaz de repetir a posta, al escuchar la voz del rubio, despertando sobresaltado.

Miró hacia todos lados en busca de los mortifagos, y tardó unos segundos en los que la razón terminó por imponerse sobre el mundo de los sueños, para percatarse de que se encontraba recostado sobre una mullida cama y que el otro lo miraba con diversión. Nada que ver con la mirada que tenía durante la batalla.

Harry: ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es?

Alex: Te has portado como un auténtico guerrero, cachorro. Te desmayaste después de la batalla, estás en el refugio y es la hora de zamparte la comida que te has ganado.

Lo agarró sin más preámbulos del brazo, obligándolo a levantarse, y lo arrastró casi corriendo a través de los corredores.

Alex: Debería haberte despertado hace un rato pero se me pasó, será mejor que corras si quieres conservar la piel. A la gatita no le gusta que nadie llegue tarde a la cena, se pone de mal humor…

Cruzaron unas pequeñas puertas y se estampó contra la espalda del vampiro cuando este frenó en seco, se puso a su lado para ver el porqué de su reacción, encontrándose con una molesta mirada ambarina que parecía taladrarlos desde la punta de la gran mesa en la que solo quedaban dos puestos libres. Tragó duro.

Hermione: Llegáis tarde… -El moreno pensó que su voz le hubiera dado menos escalofríos si le hubiera hablado en pársel, sin embargo el vampiro sonrió tanteando el ambiente.

Alex: Vamos… Sabes que sólo ha sido un descuido… -La otra resopló.

Hermione: Se te ha vuelto a olvidar, se te olvidan la mitad de las cosas que te mando hacer…

Alex: Aun así me quieres… -Tuvo que aguantar las ganas de reír al ver los pucheros que le hacía el rubio. Causaba el mismo efecto que ver a un hombre de cuarenta años intentando lograr desesperadamente el perdón de una niña de cinco.

Hermione: Siéntate antes de que decida que eres una mejor opción que mi primer plato.

La tensión pareció disolverse en ese momento, pues los comensales comenzaron a hablar entre sí.

El rubio le señaló un hueco en mitad de la mesa, que se apresuró a tomar, mientras éste tomaba su lugar a la derecha de la castaña.

Le sorprendió el cambio que se había propiciado en el ambiente. No le resultó incómodo cenar con ellos, a pesar de que algunos se limitaron a beber durante toda la velada copas llenas de un líquido sospechosamente carmesí cuyo origen prefirió no conocer, pues las anteriores miradas de desprecio se habían convertido en unas de cautelosa aceptación. Incluso le hicieron partícipe de alguna de las conversaciones, lo que hizo que se sintiera orgulloso de si mismo, ya que allí no le hablaban por el mero hecho de ser Harry Potter, se había ganado su respeto a pulso con sudor y sangre. Su pecho se hinchó de orgullo.

Hermione: ¡Atención todos, por favor! –Dijo una vez que todos acabaron de cenar. –Sé que esto no es algo que nos apetezca hacer a ninguno después de librar una batalla, pero Voldemort no va a quedarse de brazos cruzados siendo que acabamos de dar uno de los golpes más grandes de los últimos meses, es por eso que creo necesario armar un plan de defensa. –La mayor parte de la mesa asintió a modo de aceptación aunque algunos no pudieron evitar la mueca de disgusto que se formó en sus rostros.

Hermione: Bien, Nithan os explicará cual es nuestra situación actual.

El chico Malfoy comenzó hablar con ese aire de grandeza típico de su familia y que él odiaba, pero por una vez dejó los prejuicios a un lado y se dispuso a escuchar como si las palabras de un Malfoy fueran ley ara él.

Nithan: Según los últimos informes de nuestros espías, estamos en un grave problema. De algún modo Voldemort ha descubierto la localización de nuestro refugio, por lo que debemos estar preparados para enfrentarnos a un ataque en los túneles.

Vanadis: Eso no es viable. Los túneles no fueron creados para luchar, sino para ocultarnos. –Los murmullos se elevaron en el aire, pero quedaron acallados en cuanto Hermione llamó al orden.

Nithan: Creo que todos somos conscientes de ese hecho, pero no veo qué más podríamos hacer. Sacar a toda la gente que vive en los siete niveles no es una opción ni siquiera a considerar, son demasiados y la mayoría son civiles sin ningún tipo de adiestramiento…

¿: Quizás podríamos lograrlo si comenzamos la evacuación ahora mismo y nos servimos de los therstals para transportar a los que no pueden moverse por sí mismos. –Señaló una mujer que estaba sentada a solo unos puestos de él.

Hermione: Me temo que no. Si la información es correcta, el ataque está previsto para el alba. ¿Sacar a casi doscientas personas en cuatro horas? Quizás si pudiéramos desaparecernos sería una opción a tener en cuenta, pero sin magia es imposible, eso sin contar que no sabemos cuales de nuestras vías de escape tiene controladas el enemigo, podríamos llevarlos directos a la boca del lobo en el intento de salvarlos. –Terminó negando con la cabeza.

Nithan: Nuestra mejor opción es utilizar la ventaja de que el refugio sea prácticamente un laberinto e iniciar una guerra de desgaste en los corredores, con un poco de suerte cuando lleguemos al cuarto piso habremos conseguido reducir su número lo suficiente como para poder vencerles.

Ginny: ¿Y si en lugar de meterse en los túneles lo que hacen es cerrarnos las salidas?

Hermione: En ese caso no aguantaremos mucho, dependemos del exterior para conseguir alimentos y medicinas, el último ataque nos debilitó demasiado. –Terminó tocándose la cicatriz del cuello en un acto instintivo. –Nuestra única posibilidad es rezar para que el orgullo le pueda a Voldemort y decida subestimarnos.

Esta vez los murmullos no se alzaron, todos estaban conscientes de lo que estaba en juego, por lo que se limitaron a esperar órdenes como el ejército experimentado que eran.

Alex: Llevaremos a todos los civiles al séptimo nivel, de ese modo tendrán que recorrer los otros seis pisos antes de poder dar con ellos. Precisamente por esto tendremos que echar abajo las salidas de emergencia de los niveles tres, cinco y siete, así como la salida al precipicio de la sala de los therstals, únicamente dejaremos abierto el túnel que conecta con las ruinas de Hogwarts. No podemos permitirnos que nos tomen por sorpresa por la retaguardia.

Hermione: Enki, coge a veinte hombres y dividíos por los niveles. Ordenar a todos los civiles que vayan al nivel inferior y, una vez que estén todos, quedaos en el corredor de acceso, vosotros seréis nuestra última baza.

Enki: Como ordenéis, líder. –El vampiro moreno se levantó con brío llevándose consigo a unos cuantos hombres.

Hermione: Impedid que cunda el pánico, no podemos preocuparnos ahora por crisis nerviosas.

Hermione: Agni, tú te encargarás de cerrar las salidas, dispón de cuanto necesites, pero deben de estar todas cerradas antes de hora y media. –La pelirroja se levantó e indicó a unos cuantos que la siguieran, dejando la mesa prácticamente vacía.

Alex: Será mejor que vaya con ella, si los therstals se ponen nerviosos podré ayudar a calmarlos.

Hermione: Como quieras. –El rubio abandonó la sala en pos del grupo.

El silencio cayó de nuevo sobre la sala mientras la castaña parecía inmersa en sus pensamientos, pasaron unos minutos hasta que el rubio decidió intervenir.

Nithan: Líder, debemos movernos. –Apremió el chico.

Hermione: Por supuesto. –Se levantó siendo imitada por el resto de los presentes, por lo que decidió seguirlos al ver que se quedaba solo en la sala.


Debían de llevar media hora caminando por los surcos hendidos en la tierra cuando se percató de que estaban yendo hacia arriba, por lo que se acercó al chico Malfoy para preguntarle.

Harry: ¿Por qué estamos subiendo? ¿No deberíamos ir al primer piso?

Nithan: No estamos en un edificio, Potter. La guarida está excavada en tierra, por lo que el primer piso es el más cercano a la superficie, y es allí a donde nos dirigimos.

Se apostaron en uno de los cruces, esperando.

Nada le habría podido preparar para aquella agónica espera.

Poco a poco pequeños grupos fueron reuniéndose en aquel pasillo, dispuestos a acabar con las vidas de aquellos que se atrevieran a penetrar entre los lúgubres muros.

Hermione: No deberías estar aquí. –Se sobresaltó al escuchar su voz tras su espalda y casi oyó chirriar su cuello de dolor cuando lo giró de golpe.

Harry: Quiero ayudar. –Una risa irónica surgió de los labios de la castaña.

Hermione: No te vale con haber acabado con la vida de esos mortifagos, con haberlos asesinado. ¿Acaso la voz de Dumbledore dentro de tu conciencia no está torturándote por la sangre que has derramado?

Harry: Esta no es mi guerra. –Afirmó con aplomo. -Por lo menos no es la guerra del lugar del que vengo. Tarde o temprano iba a llegar el momento en el que tendría que decidir si dejaba que me matasen o daba un paso adelante. Ese momento llegó, y me alegro de seguir vivo para recordarlo. Mejor ellos que nosotros.

Hermione: Dumbledore debe estar revolviéndose en su tumba, Potter. Su querido héroe al fin ha abierto los ojos a la realidad. ¿Parece que al final el amor no te hace seguir con vida, eh?

Harry: Tampoco el odio. –Contraatacó el otro.

Hermione: No, pero te da fuerzas para seguir adelante. –La mirada de la castaña se volvió aún más fría. -¿Qué tal sienta saber que hoy has luchado codo con codo con magos tenebrosos? La magia oscura ha podido salvarte hoy la vida en muchas ocasiones, Potter. ¿Sigues tan orgulloso de haber peleado hoy por nosotros?

Necesitó unos instantes para recuperarse de la impresión que le causaron sus palabras.

Desde que llegó a Hogwarts las reglas habían sido claras, la magia negra era usada por los malvados y los buenos la enfrentaban con magia blanca. Bien contra mal, era así de sencillo.

¿Pero que pasaba cuando los esquemas se rompían y los buenos peleaban como las mismas armas que los malos?

Harry: No me arrepiento de haber luchado por vosotros. Da igual si sois o no magos tenebrosos, aún no comprendo bien la situación, pero estoy seguro de que habéis hecho todo lo necesario para defender a los inocentes de Voldemort. Quizás Dumbledore no estaría de acuerdo con mis palabras, pero él no ha visto lo mismo que yo estos dos días. Gracias por mantener a flote lo que yo destruí, Hermione. –Terminó con solemnidad.

Sin duda la castaña no esperaba sus palabras, pues un atisbo de sonrisa surcó su rostro.

Hermione: Ojala hubieras demostrado en su momento el gran valor que yo estoy viendo ahora. – Se alejó poco a poco de él, dejando tras su marcha un reconfortante calor en su pecho.

Fue en ese momento cuando se percató del centro del misterio.

Harry: (Hermione murió hace más de un año, pero sin embargó en el futuro está viva…) –Sus ojos se abrieron de forma anormal ante la conclusión que ahora se mostraba ante él. – (Sigue viva. ¡En mi tiempo sigue viva!)

Nithan: Se están retrasando, Ginny y Alex ya deberían haber vuelto. –El rubio lo sacó de sus pensamientos al percibir el claro tono de preocupación de la voz del chico.

De repente Hermione y unos cuantos más se pusieron de pie de repente, tensos.

Hermione: ¡Echar abajo la entrada! ¡Los mortifagos han penetrado en los niveles inferiores! ¡Echadla abajo!

Una explosión acalló sus palabras e hizo que el suelo bajo sus pies retumbara, luego todo fue un infierno.

Siguió a la castaña corriendo a través de los angostos pasadizos hacia los niveles inferiores.

Se detuvieron al cabo de unos minutos, el tercer nivel estaba lleno de cadáveres y el sonido de la lucha era claramente perceptible desde allí.

Cruzaron unas cuantas puertas para llegar hasta la sala central del nivel, la sala a la que los mortifagos jamás deberían de haber llegado.

El lugar estaba cubierto de sangre, ocupado por numerosas figuras encapuchadas, una de las cuales hizo que se llevara la mano inconscientemente hasta el lugar que había ocupado la cicatriz en su frente.

Voldemort miró con clara satisfacción justo antes de encajar su mano en el pecho de la figura que colgaba en el aire, asida del cuello por su otra mano.

El grito de la chica retumbó por las paredes de piedra.

Hermione: ¡¡¡Alex!!! –Chilló al ver como el mago sacaba la mano con el corazón, aún palpitante, del vampiro en ella.

El cuerpo del rubio cayó inerte al suelo junto al resto de sus compañeros.

Ninguno parecía consciente del resto de los presentes mientras se miraban fijamente, el odio exudando por cada uno de sus poros, los colmillos desplegados, las garras listas para cercenar miembros.

Voldemort: Hace tiempo te prometí que destrozaría a todos aquellos que amases, querida. Te negaste a unirte a mí aun sabiendo que no podrías vencerme. –Sonrió con maldad. –Ahora la verdad se presenta ante nuestros ojos, el poder al fin reclama un único líder. La última vez este bastardo se interpuso. –Dijo señalando hacia en cadáver del rubio al tiempo que se acariciaba el cuello en alusión a la cicatriz de la castaña. –Hoy no habrá nadie que se interponga. Estás sola.

Un grito de odio surcó el aire y dio comienzo a la batalla, la batalla de un ridículo grupo de guerreros contra decenas de mortifagos y vampiros.


Se defendía como podía en medio del frenesí de la batalla, pero su número estaba menguando rápidamente y, por cada motifago con el que conseguían acabar, aparecían tres sedientos de sangre, su sangre.

Cayó al suelo tras un ataque, aturdido. Giró rápidamente para evitar una maldición asesina y levantó el rostro, ojala nunca lo hubiera hecho pues desde uno de los rincones Ginny le devolvía una mirada muerta, con la mitad del rostro completamente desfigurado a mordiscos.

Nithan: ¡Apártate! –El rubio le empujó, tumbándolo contra el suelo al tiempo que una maldición que no reconoció impactaba en la pared tras ellos.

Se levantaron con presteza, iban a separarse para luchar cuando otro rayo impactó contra el rubio haciendo que cayera al suelo, gimiendo de dolor y convulsionándose. El terror lo consumió al ver como la piel del chico se corroía lentamente entre agónicos gritos hasta que la muerte lo acogió y quedó quieto, irreconocible en aquella masa sanguinolenta en la que se había convertido.

Sintió las lágrimas correr por su rostro, la presión en su pecho que le impedía respirar y se llevó una mano al brazo izquierdo cuando le hirieron en él produciéndole un corte en la carne.

Se levantó dispuesto a morir y se encontró con su mirada dorada, una mirada llena de dolor que se desbordaba en forma de lágrimas surcando el rostro de la chica.

Voldemort tenía la espalda de la castaña apretada contra su pecho, los brazos y el torso de ésta sujetos por su brazo, el cuchillo de su otra mano presionando sobre el pálido cuello de la chica.

Voldemort: Yo gano. –Terminó con una sonrisa macabra.

Hermione: Harry… -Su nombre susurrado llegó a sus oídos justo antes de que Voldemort hendiera el trozo de metal en la tierna carne.

La sangre manó como un río mientras el mago reía completamente fuera de sí y el cuerpo de la castaña caía al suelo, decapitado.

El eco de su voz llamándola fue lo último que escuchó antes de que todo se pusiera negro.


Harry: ¡¡¡Hermione!!! –Despertó sobresaltado mientras el sudor cubría su cuerpo y hacía que se le pegara el pijama a la piel.

Miró de un lado a otro, incapaz de reconocer la habitación en la que se encontraba y mirando frenéticamente hacia todos los rincones del cuarto sin que su cerebro pudiera procesar por qué los mortifagos y los cadáveres no estaban allí.

Se obligó a sí mismo a calmarse, concentrándose en los desbocados latidos de su corazón y forzándose a ralentizarlos poco a poco.

Una vez que consiguió entrar en un estado de relativa calma, volvió a mirar a su alrededor, reconociendo las camas y los doseles del dormitorio de gryffindor en el que se había echado hacía tan solo unas cuantas horas a juzgar por la poca luz que entraba a través de las ventanas.

Se dejó caer en su cama dando gracias porque solo hubiera sido una pesadilla. Sintió un dolor al apoyar el brazo sobre el colchón y se llevó la mano a este, tan pronto la tuvo frente a sus ojos comenzó a temblarse el pulso.

Sangre, su mano estaba cubierta de sangre, la misma que manaba del corte de su brazo, el corte que se había hecho durante la batalla contra los mortifagos…

No había sido sólo una pesadilla.


En uno de los cuartos de la mansión Orión abría los ojos, cansado por el esfuerzo que había llevado a cabo.

Selene: No deberías haberte inmiscuido, jugar con el destino puede ser contraproducente.

El moreno le sonrió al verla sentada en uno de los sillones frente a la cama, esperando a que él despertara.

Orión: ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

Selene: Casi desde el principio…

Orión: Entonces pudiste haberme detenido, al fin y al cabo eres tan culpable como yo.

La otra permaneció en silencio, dándole la razón al moreno.

Se levantó de un salto de la cama y se acercó hacia donde estaba la vidente.

Orión: ¿Era real? –Le preguntó con preocupación.

Selene: Solo era un sueño…

Orión: Eso ya lo se, yo mismo lo he creado. Lo que quiero saber es si el futuro iba a ser así si yo no hubiera interferido en la mente de Potter.

Selene: Tú imaginación suele sorprenderme en lo que a imaginar situaciones futuras se refiere…

Orión: Selene… -Advirtió el otro.

Selene: Peor. Iba a ser peor. -Un tenso silencio se instaló en el cuarto. -Aunque no te alejaste demasiado de lo que iba a ocurrir.

Orión: Sólo le mostré al corazón del chico la opción catastrófica que su mente se negaba a considerar en el caso de que Voldemort ganara. No puedes culparme por intentar evitar que exista un futuro así…

Selene: No lo hago. –La morena caminó hacia la salida obviando la sonrisa de suficiencia del vampiro. –Ahora solo queda esperar a ver si tu sueño hace que el chico reaccione.

Se quedó sólo en la habitación, sonriendo al saber que había hecho algo importante.

Orión: Lo hará. Para bien o para mal todos reaccionamos al ver como aquello que amamos se desmorona ante nuestros ojos.


La vio caminar con Malfoy por uno de los pasillos y decidió asaltarla en ese momento.

Harry: Sekhmet, ¿tienes un momento? –Miró al rubio. El recuerdo de su hijo, salvándole el pellejo, se sobrepuso sobre su odio hacia él. Lo saludó con un leve movimiento de cabeza que éste respondió levemente bastante sorprendido por lo irónico del gesto.

Sekhmet: Enseguida iré a Slytherin. –Dijo despidiéndose del rubio que seguía mirándolo como intentando encontrarle una segunda cabeza.

Sekhmet: ¿Qué sucede? –Preguntó una vez que estuvieron a solas.

Harry: ¿Aún sigue en pie lo de enseñarme a pelear? –Su pregunta tomó desprevenida a la chica.

Sekhmet: ¿Recuerdas que yo no me limito al uso de un solo tipo de magia, verdad? –Le preguntó refiriéndose a los hechizos de magia negra a los que el chico parecía ser tan reticente.

Harry: No me importa, aprenderé todo lo que decidas enseñarme. –Respondió con la convicción tiñendo cada una de sus palabras.

Necesitó un momento mientras calculaba la veracidad del deseo del chico.

Sekhmet: Te buscaré mañana por la noche para empezar el entrenamiento. –Iba a retirarse cuando su voz volvió a interrumpirle. -¿Por qué este repentino cambio de actitud, Potter?

Se lo pensó unos instantes, sopesando lo que debía contestarle para no parecer el candidato perfecto para una larga estancia en el loquero.

Harry: No estoy dispuesto a destruir el futuro. –Contestó finalmente con simpleza. –No arriesgaré nuestro futuro.

Se alejó de la confusa chica con una sonrisa en los labios, sabiéndose en el camino correcto después de mucho tiempo de andar por callejones sin salida.

Al fin tenía unos propósitos claros, vencería a Voldemort y encontraría a Hermione.

Harry: (Eso no fue un sueño.) –Se aseguró a sí mismo mientras apretaba la herida de su brazo, la marca que le recordaría que no podía fallarles.

Pensó en la última mirada de la castaña y el susurro de su nombre en sus labios… No podía fallarle a ella.

Continuará…

Ya sabéis: críticas, sugerencias o tomatazos, acepto de todo.