Después de tanto tiempo vuelvo para demostraros que sigo viva, aunque la universidad casi esté apunto de acabar conmigo. Este capítulo es más largo que el resto (no me preguntéis por qué, salíó así solo) por lo que está dividido en dos partes y no, no tendreís que esperar nada hasta que suba la segunda parte.

Capítulo 17: ROMPIENDO LAS REGLAS ESTABLECIDAS

Sekhmet: ¿Qué es lo que deseas? –El hombre la miró sorprendido, incapaz de saber cómo o cuándo había llegado hasta las Tres Escobas.

Observó lo que pasaba a su alrededor y vio como Sirius coreaba la canción que los amigos de la morena cantaban mientras los ánimos de los presentes se enardecían haciendo que se unieran a la celebración.

Sabía lo que iba a pasar a continuación, lo sabía porque eso ya lo había vivido. Dentro de poco la música haría saltar al lobo que llevaba dentro y aullaría como lo que era, un alma libre.

Precisamente ese conocimiento era lo que hacía que la situación le resultase ridícula. Había pasado bastante tiempo desde que sufrió la peor resaca que le había atacado en años tras esa noche de desorden y anarquía, no comprendía por qué estaba viviéndolo de nuevo, sin embargo no pensó demasiado en ello. Elevó la mirada hacia el techo dispuesto a dejarse llevar una vez más y soltar su parte animal, pero la chica lo interrumpió de nuevo.

Sekhmet: ¿Qué es lo que deseas?

La miró con atención, contemplando atentamente su rostro para luego fijar su mirada en los ojos de la morena.

Remus: Volver a estar contigo. –Se sorprendió a sí mismo al notar como las palabras habían surgido de sus labios sin su consentimiento. Ni siquiera entendía por qué había dicho eso.

Se puso nervioso por lo que pudiera llegar a malinterpretar la otra y se preparó para cualquier reacción por su parte, sin embargo ésta se limitó a sonreírle, una sonrisa sincera entre el mar de muecas cínicas que la leona solía utilizar.

Y allí, ante sus propios ojos, el cabello de la chica creció mientras se volvía castaño y se rizaba de forma paulatina, y los pedazos de hielo que tenía por ojos se fundieron hasta convertirse en ámbar líquido.

Ya no era Sekhmet Lefey quien le sonreía…


A partir de ese momento todo pareció suceder a cámara lenta…

El rayo verde acercándose, destinado a encontrarse con ella de forma inexorable. Un cuerpo, su cuerpo, interponiéndose, desconocedor de que la maldición asesina no puede matar a aquellos que ya han muerto. Y, por último, sus oídos cerrándose a todo excepto al sonido sordo del caer inerte sobre la tierra.

Los ojos se le inundaron de lágrimas después de tanto tiempo controlando perfectamente aquellas emociones… y gritó.

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Se separó de los dos rubios en el hall del castillo y cada uno tomó su camino mientras escuchaban los gritos de histeria a su alrededor, los hechizos y las maldiciones volando por todas partes, iluminando los corredores, haciendo que la oscura noche se tornase día.

Subió las escaleras hacia la torre gryffindor mientras noqueaba a algunos mortifagos por el camino, pero apenas conseguía avanzar unos metros antes de encontrar otro oponente y no tenía tiempo que perder.

Desmayó a uno de los encapuchados que estaba amenazando a unas niñas de ravenclaw y se apresuró a atarlo mediante un incarcero.

Apenas les echó una mirada a las chicas, los alumnos que se encontraba a su paso no hacían más que retrasarla… ¡Dónde demonios estaban todos los profesores cuando se les necesitaba!

Se acercó a uno de los cuadros de la pared y este se apartó de inmediato ante su tacto descubriendo un pasadizo secreto.

Sekhmet: ¡Por aquí iréis directas a la sala de ravenclaw, Luna Lovehood ya debería estar allí, obedecedla hasta que termine el ataque!

Vio por el rabillo del ojo como las dos chicas se internaban corriendo en la oscuridad del pasadizo y, una vez que el cuadro volvió a ocultar el corredor, continuó su marcha hacia la torre de gryffindor con el pecho encogido de preocupación.

¡¿Dónde estaban los vampiros?! Hacía ya casi media hora que le había informado mentalmente a Orión sobre el ataque, pero la caballería no había aparecido y no había tenido respuesta por parte del moreno…

Decidió dejar de pensar en ello, necesitaba tener la mente fría pues los mortifagos les superaban con creces en número. Sólo esperaba que Draco y Luna hubieran podido cumplir sus órdenes y estuvieran protegiendo las entradas a las salas de Ravenclaw y Hufflepuff, de lo contrario eso se convertiría en una maldita carnicería.

La palidez cubrió su rostro cuando llegó, tras veinte minutos de constante lucha por abrirse paso, frente al lugar en el que estaba el retrato de la Dama Gorda y se encontró con que éste había desaparecido y en su lugar había un gran agujero en la pared que mostraba el interior de la sala de los leones y la batalla que se desarrollaba en su interior entre los alumnos de mayor grado y los mortifagos que habían conseguido colarse dentro de ella.

Como suponía venían a por Potter.

Al menos tenía la certeza de que el chico estaba bien, luchando en los dormitorios junto a Nekros, al que había enviado con antelación para evitar que se llevaran al moreno.

Siguió esquivando lo hechizos de ambos bandos y subió corriendo las escaleras que la llevarían hacia su objetivo.

¿¡Desde cuándo Voldemort tenía tantos títeres bajo su poder!?

Cuando abrió la puerta del dormitorio de séptimo se encontró al moreno que junto a Ron y otros tres compañeros más intentaban defenderse de los mortifagos que los rodeaban y los tenían acorralados contra una de las paredes.

No lo hacían tan mal, de hecho el estilo de batalla del moreno había mejorado bastante desde que entrenaban juntos y era el que menos perjudicado de todos parecía, pero no aguantarían demasiado.

Ignoró al mortifago que se acercó por su espalda dispuesto a atacarla y que cayó muerto al suelo cuando un gran lobo negro de ojos dorados le hundió los colmillos en la tierna carne del cuello. La garganta del hombre abierta, el cuerpo inerte, la felicidad del Ser de Sombra al sentir la sangre cayendo de sus fauces… debería recompensar a Nekros por su trabajo cuando esto terminara.

Lanzó una maldición a uno de los mortifagos, que cayó al suelo fulminado, y se apresuró a tomar posición junto al moreno.

Seamus: ¡Qué haces tú aquí! –Le chilló el gryffindor al verla a su lado en la improvisada formación defensiva que habían formado contra la pared en un intento de que sus espaldas quedaran cubiertas.

Conjuró una gruesa barrera de cristal en forma de cúpula que impidió que las maldiciones los alcanzaran para sorpresa de los siervos de Voldemort, lo que les dio un instante de calma para sopesar su situación.

Sekhmet: ¡Deberías estar contento, quizás hoy salgas vivo de aquí gracias a mí! –Dijo altaneramente para luego apartar la mirada del chico y fijarla en el moreno. -¡Potter!

Harry: ¡Brazo izquierdo roto y una brecha en la cabeza, aún tengo la mitad de mi energía mágica intacta! –Gritó para hacerse oír sobre los conjuros que impactaban contra la barrera y que hacían el mismo ruido que decenas de piedras aporreando un cristal. Los otros cuatro chicos se sorprendieron al notar la forma mecánica y el tono neutro con el que había contestado el chico. – ¡Ron tiene una herida bastante fea en el muslo izquierdo! ¡Dean, Seamus y Neville sólo tienen algunos rasguños, pero no les queda magia para soportar durante mucho más rato un ataque como este!

Sekhmet: Bien. –Murmuró vigilando los movimientos de sus enemigos que continuaban intentando penetrar la barrera que ella mantenía en pie proporcionándole magia de forma ininterrumpida.

En ese momento una sombra se creó en el suelo a su derecha y Nekros apareció junto a ella. Con sólo mirarlo a los ojos supo que no había conseguido encontrar a ningún vampiro en los alrededores, ni siquiera a los que se suponía que deberían estar vigilando las inmediaciones del Bosque Prohibido.

Sekhmet: (¡Por qué demonios no vienen!) –Miró el cuarto en busca de alguna vía de escape, pero los mortifagos había bloqueado la puerta por la que había entrado y no podían utilizar el agujero que se había hecho en la pared de la torre y que daba a los terrenos, pues no tenían escobas ni nada con lo que paliar la caída… tendrían que luchar, y los chicos serían más una carga que una ayuda teniendo que enfrentarse a siete mortifagos en ese estado.

Sekhmet: ¡No podré sostener la barrera durante mucho más! –Informó a los gryffindor. -¡No tenemos tiempo para curas, hazle un torniquete a Weasley y ponte a mi derecha! –Mientras el moreno hacía lo que le habían mandado ante la mirada atenta de los otros, que aún no comprendían por qué el chico obedecía las palabras de la morena como si éstas fueran ley cuando era sabido por todos que la chica era más una slytherin que una gryffindor, ella siguió dando órdenes ajena a los pensamientos del resto. –¡Seamus, tú eres al que más magia le queda, a mi izquierda! –El chico iba a replicar pero la mirada de la morena le disuadió de hacerlo.

Escuchó un quejido a su espalda, señal de que Harry ya había hecho el torniquete, y unos segundos más tarde éste estaba a su lado.

Sekhmet: ¡Diez segundos para que desvanezca la barrera! Vosotros tres –dijo refiriéndose a resto. –No ataquéis, limitaros a cubrirnos a nosotros, vosotros os encargareis de la defensa mientras nosotros lanzaremos hechizos ofensivos. –Estos no parecieron muy contentos, pero obedecieron poniéndose tras ellos. –Espero que me prestases atención el otro día, o nos convertiremos en su macabro juguete. –Le dijo al moreno dándole a entender que no iban a utilizar simples hechizos, pasaban directamente a las maldiciones y cuanto más fuertes mejor.

En ese momento la barrera desapareció resquebrajándose tal cual lo haría un espejo y dos mortifagos cayeron al suelo golpeados por la magia de los dos morenos, mientras los hechizos de éstos eran repelidos por las barreras que creaban los otros tres gryffindors.

Los encapuchados, tomados por sorpresa, comenzaron a utilizar magia defensiva, por lo que se les hizo más difícil que sus hechizos hicieran mella en ellos.

El alivio que sintieron ante el buen comienzo que había surtido la formación desapareció cuando otros tres mortifagos surgieron por la entrada del dormitorio y se unieron a sus compañeros, el alma se les cayó a los pies.

Sekhmet: ¡Hábita mertria! –Un rayo negro surgió de su varita traspasando las barreras de uno de los mortifagos, el cual cayó al suelo gritando como si lo que le hubiese golpeado fuera un crucio mientras se sujetaba con fuerza la cabeza.

Miró de reojo al moreno, el cual captó la mirada y entendió lo que le pedía. Se apresuró a intentar copiar la maldición, sin embargo esta no fue tan poderosa como la de la chica y, tras poner en apuros el escudo del mortifago, fue repelida.

Dean: ¡Ron! –Gritó al sentir como el pelirrojo caía al suelo justo junto él.

Aquella simple distracción bastó para que todo se precipitara.

Dean y Neville se distrajeron, preocupados porque el pelirrojo había caído a suelo inconsciente por la pérdida de sangre, ellos dejaron de protegerlos, Seamus dejó de atacar y ella estaba tan concentrada en atacar que apenas tuvo tiempo para crear un escudo que la protegiera, rechazando así la maldición que amenazaba con alcanzarla, Harry no tuvo tanta suerte y cayó retorciéndose al suelo de dolor pues los mortifagos, cansados de que sus ataques fallaran, habían pasado a utilizar los cruciatus.

Sekhmet: ¡Levántate! –Le gritó al moreno al verse incapaz de atacar y protegerlos a todos, ni siquiera podía crear de nuevo la barrera para cubrirlos pues era un hechizo demasiado complicado como para utilizarlo dos veces en tan poco espacio de tiempo.

Sekhmet: ¡Nekros! –El lobo surgió de su sombra y desapareció, estaba claro que el moreno no se recuperaría tan fácilmente de un crucio bien ejecutado y, sin él, sus posibilidades de salir bien parados de esa se reducían drásticamente, por lo que su única esperanza era el lobo. Ojala que esta vez encontrara a Orión.

Lanzó una maldición al mortifago que estaba torturando al moreno haciendo que se estrellara contra la pared, dejando en esta un hilo de sangre al impactar su cabeza contra la fría piedra para luego caer inerte al suelo y se puso frente al chico en un intento de cubrirlo. Era muy simple, si perdían a Potter todo se iba a la mierda.

Estaba completamente concentrada en la batalla, luchando con una rapidez abrumadora, lanzando maldiciones verbales y hechizos no verbales al mismo tiempo, una y otra vez, mientras sentía como la magia iba abandonando rápidamente su cuerpo.

Tan concentrada estaba que ni siquiera fue consciente de cuándo Neville se puso a atacar a su lado en un acto de ferviente valor o cuándo Seamus y Dean se dejaron caer presas del cansancio junto al pelirrojo, no escuchó cómo Harry intentaba normalizar su respiración y levantarse para ayudar después de tanto dolor y, sin embargo, fue consciente de su presencia un segundo antes de que éste apareciera al lado del chico y lo ayudara a levantarse.

Sekhmet: ¡Dónde demonios estabas! –Gritó furiosa.

Orión: Hemos venido tan pronto como hemos podido. –El vampiro rubio apareció a su otro lado haciendo que Neville volviera a la retaguardia con aspecto cansado. –Hemos tenido problemas.

Se fijó en ellos, comprobando su estado en menos de dos segundos, parecían cansados y tenían algunas heridas que ya habían comenzado a curarse, así como las ropas manchadas de sangre, una sangre muy particular.

No le dio vueltas al asunto, se limitó a sonreír de forma macabra, el trío estaba completo y los mortifagos eran hombres muertos.

Creó un escudo sobre ella y los gryffindors mientras los vampiros saltaban hacia sus presas, dispuestos a recuperar la sangre que habían perdido, a regocijarse sintiendo la macabra textura de sus entrañas en sus garras.

Diez minutos más tarde el dormitorio quedó en silencio, contrastando con el resto del castillo que seguía combatiendo, intentando repeler el ataque a gran escala que había pillado a todos con la guardia baja.

Seamos se agachó en el suelo y vomitó, incapaz de soportar la carnicería en que se había transformado el cuarto, pronto también lo acompañó Neville.

Se acercó hacia el pelirrojo para comprobar su estado y, tras hacer aparecer un frasquillo lleno de líquido blanco, se apresuró a echarlo sobre la herida de la pierna que aún sangraba levemente a pesar del torniquete.

Ron: ¡Pero qué demonios crees que haces! –Le gritó al despertarse por el dolor de la herida de la cual salía ahora un humo grisáceo.

Sekhmet: Deja de lloriquear de una vez. –Le dijo antes de agarrarlo por el brazo y obligarlo a ponerse de pie, percatándose de que ya no quedaba ni rastro del corte en el muslo. Selene era tan buena con eso de las pociones que a veces daba miedo.

Los dos vampiros se acercaron a ellos mientras conversaban tranquilamente entre ellos, ajenos a lo impactante de su visión con la ropa aún más cubierta de sangre que cuando habían llegado y algún que otro trozo de sus víctimas enganchado en ella.

Alex: Te digo que ese último no cuenta, ya estaba casi muerto cuando le arrancaste la cabeza…

Orión: Sí, estaba tan muerto que intentó llevárseme con él. Reconócelo viejo, me he ocupado de más perros falderos que tú. – Terminó señalando al rubio un brazo amputado que había conservado de la batalla y que debía pertenecer a alguno de los infelices mortifagos que yacían en el suelo completamente irreconocibles, desmembrador muchos de ellos. Sintió como los chicos se tensaban conforme se acercaban a ellos, por lo que intentó aligerar el ambiente con poco éxito. -¿Estáis bien chicos? –Les preguntó mientras sonreía y tiraba la extremidad sobre su hombro despreocupadamente.

Mala idea, no estaba lo bastante calmado como para que sus ojos tuvieran su color habitual, luciendo como dos llamas sangrientas y había olvidado esconder los colmillos al sonreír por lo que la mueca había sido perversa.

Los gryffindors apretaron las varitas con fuerza, serían estúpidos si no temieran en presencia de dos vampiros.

Sin embargo, Harry parecía ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor, observando al hombre sin pestañear siquiera.

Alex: ¿Estás bien, cachorro? –Le preguntó al ver que no reaccionaba.

La mente del moreno le jugó una mala pasada, recordando que el rubio ya lo había llamado así en otra ocasión, en su sueño…

Harry: ¿Quiénes sois? –Les preguntó en un intento de aclarar su mente, si realmente eran ellos quizás encontrase a Hermione antes de lo que esperaba.

Alex: No venimos a haceros daño, somos los "refuerzos" de Dumbledore. –Aclaró para que los chicos se relajaran, cosa que consiguió.

Afortunadamente en estos casos Alex actuaba como un mejor relaciones públicas que Orión.

Alex: Yo soy Horus y mi compañero es Anubis. –Los ojos de Harry se enfocaron de inmediato en el moreno, este le sostuvo la mirada y el chico se sorprendió al notar que no intentaba siquiera entrar en su mente, parecía que únicamente lo estuviera evaluando.

Sekhmet: Deberíamos bajar a ayudar, la pelea allá abajo no parece ir demasiado bien. –La atención de la sala se concentró en ella, pues ninguno había notado cuándo había ido hacia el agujero de la torre, desde donde ahora observaba los terrenos. –No se si podrán con ellos.

Neville: ¿Estáis en nuestro bando entonces? –Preguntó interponiéndose entre la morena y los vampiros, tapándole la visión a esta en un gesto que debió parecer amedrentador, pero cuyo efecto quedó completamente arruinado por la palidez que aún conservaba su rostro después de haber devuelto.

Orión: Nosotros no somos títeres de Dumbledore, chico. Somos un tercer bando si de posiciones de combate hablamos, sin embargo tenéis suerte de que nuestros intereses sean compatibles… podéis considerarnos unos aliados con autonomía y normas propias, si así os sentís mejor. –Replicó de forma ruda.

Se dieron unos instantes de tensión hasta que finalmente los leones parecieron comprender que era mejor estar con los vampiros que con los mortifagos y se dispusieron a cooperar.

Los dos hombres se tensaron de repente, Alex llegó a la puerta del dormitorio en menos de un segundo e hizo un ataque contra el aire, revelando a un mortifago que se había camuflado con alguna clase de hechizo desilusionador y que ahora estaba ensartado en sus garras, pero no fue lo bastante rápido.

Un rayo de luz atravesó rápidamente la habitación.

Dean: ¡Neville! –Dijo arrojándose sobre el chico en quien la maldición no impactó por muy poco.

Pero la morena no tuvo tanta suerte, apenas sintió la presencia oculta en la sala se tensó como los otros dos vampiros, pero el cuerpo del gryffindor le impidió ver el haz de luz y, una vez que Dean tiró al chico al suelo solo pudo crear una barrera mediocre para protegerse, por lo que salió impulsada hacia atrás, hacia el vacío.

Sekhmet: ¡Orión! –Gritó buscando frenéticamente su mirada al sentir que perdía el apoyo del suelo siendo este sustituido por aire.

Harry: ¡Sekhmet! –Gritó el chico que no había alcanzado a agarrarla por unos centímetros.

Apenas se asomó por el hueco por el que la leona había desaparecido cuando sintió el movimiento del aire a su lado e inmediatamente el vampiro moreno se lanzó a por la chica.

Su sorpresa fue aún mayor cuando vio como este la alcanzaba en el aire y de su espalda surgían un par de alas negras que utilizó para aterrizar limpiamente entre el caos que aún seguía allá abajo.

Alex: Será mejor que bajemos, ellos estarán bien. –Se percató de que todos se habían acercado alrededor del agujero.

Volvió la mirada hacia abajo, solo para ver como el moreno levantaba los ojos hacia ellos mientras la chica continuaba agarrada de su cuello como si su vida dependiera de ello, y así había sido.

Alex: Entendido. –Dijo de pronto sorprendiéndolos. –Será mejor que me sigáis.

Harry: No vemos a escondernos. –Aseguró un tanto furioso ante la posibilidad de que eso fuera lo que los vampiros planearan.

Alex: ¿Quién ha dicho nada de esconderse? –Les dijo tirándoles a cada uno un frasco con una poción azul. –Bebéosla, Anubis quiere que vayamos a luchar allá abajo, parece que vuestros profesores tienen problemas.

No pudo evitar sorprenderse ante sus palabras, si fuese Dumbledore el que estuviera allí ya lo habría mandado encerrar en el mejor refugio que hubiera en todo el castillo…

Le sonrió al rubio justo antes de tomarse la poción de un trago suprimiendo la mueca de disgusto ante el amargo sabor, al fin parecía que alguien le tomaba en cuenta de verdad.


Sekhmet: Siempre odiaré las alturas, no importa lo mucho que te esfuerces o lo bien que me lo pase a veces contigo cuando saltamos de la terraza de la mansión, las odio. –Susurró mientras apretaba un poco más el agarre sobre el cuello del moreno.

El otro sonrió mientras esquivaba la maldición que les había lanzado uno de los mortifagos, luego lo miró a los ojos y el hombre cayó muerto al suelo.

Orión: Sabes que me encanta tenerte entre mis brazos pequeña, pero no creo que este sea el mejor momento para esto. –Le contestó esquivando un nuevo ataque, esta vez con algo más de dificultad por el peso extra.

La chica soltó un gemido de molestia pero deshizo un poco la presa sobre el cuello del vampiro, indicándole que estaba de acuerdo.

Orión soltó el agarre de las piernas y, tomándola de la cintura, la dejó en el suelo y le dio rápidamente la vuelta colocándola detrás de él, espalda contra espalda. Al instante siguiente ambos se encontraban luchando encarnizadamente, con pasos ágiles, desarrollando una danza macabra que sólo ellos conocían y cuya complicidad compartían, porque eran dos mitades de una misma alma y la lucha era el momento en el que mejor podía observarse esa conexión.

Vio como los merodeadores luchaban a tan solo unos metros de ellos, formando un grupo compacto e inquebrantable, se notaba que tenían mucha práctica.

En ese momento la marca tenebrosa fue convocada en el cielo y la serpiente que surcaba la sombría calavera pareció mirarlos de forma calculadora, satisfecha por las vidas que aquella noche serían segadas.

Rechazó otra maldición y, tras efectuar un rápido y certero movimiento, le dio un golpe en la nuca al hombre contra el que había estado combatiendo, vio de reojo como varios mortifagos habían comenzado a rodear a los merodeadores al comprobar que era huesos duros de roer por lo que le hizo un gesto al moreno y se acercaron a ayudarlos.

Llegaron junto a ellos justo en el momento en el que Voldemort apareció en los terrenos seguido por la desquiciada Bellatrix Black y comenzaron a echar más leña al fuego del caos.

Sekhmet: ¿Cómo vais? –Les preguntó observando de reojo como los mortifagos iban siendo vencidos poco a poco por los vampiros y los magos de la Orden.

Lucius se giró un segundo para contestarle, pero se quedó petrificado al ver al vampiro y la furia que apareció en su mirada le dijo que no era por sorpresa o temor.

Sirius: Lucius, no es él. –Le dijo al tiempo que lo agarraba de la manga de la túnica intentando no perder de vista los movimientos de sus adversarios. -¡Lucius!

Un hechizo fue a dar contra el chico que, aún mirando al moreno y apretando la mandíbula con furia por algún motivo desconocido, ni siquiera se percató de él, por lo que se apresuró a hacerlo caer dándole un golpe tras las rodillas al tiempo que Orión se colocaba frente al rubio y creaba la misma barrera de cristal que ella había usado antes. A varios metros de ellos dos mortifagos se desmayaron sin razón aparente después de que el vampiro los mirara.

Sekhmet: ¡En qué estás pensando, no es momento de estar en las nubes! –Le gritó en medio de la quietud de la cúpula de hielo en la que estaban encerrados.

Le tendió la mano para que se levantara pero el rubio, aún furioso, se limitó a empujarla y habría caído al suelo de no ser porque el moreno la cogió al vuelo y encaró al chico molesto al tiempo que mostraba los colmillos como advertencia.

Al instante siguiente el grupo estaba patéticamente dividido en dos bandos desntro de los dos metros y medio que abarcaba el escudo, en un lado ella y Orión y en el otro los merodeadores con las varitas extendidas hacia ellos.

Sekhmet: ¡Pero que os pasa, el enemigo son ellos! –Chilló al creer que el mundo acababa de perder la cabeza.

James: Ven aquí, Sekhmet. –Extendió el brazo hacia ella sin perder de vista al hombre, el cual no pudo evitar soltar un gruñido de disgusto.

Sekhmet: ¡Basta ya! ¡Maldita sea, dudo que la barrera aguante mucho más!

Lucius: Obedece a James, si supieras el monstruo junto al que estás no te encontrarías tan tranquila.

Sekhmet: ¡Se acabó! -Gritó ya harta de la situación. – (¡En medio de una batalla y a estos no se les ocurre otra cosa que montar una escena!) – ¡Hacer las paces, ya! ¡Y tú, deja de gruñir como un perro! –Le ordenó al moreno que la miró dolido durante un segundo antes de tranquilizarse.

Orión: Puedo sostener la barrera durante dos minutos más, no se qué demonios tenéis contra mí cuando ni siquiera nos conocemos, pero no tengo por qué aguantar estos desplantes de niños pequeños cuando todo lo que he hecho hasta ahora a sido salvarte el culo, rubito.

Sekhmet: No es lo que esperaba pero vale. ¡Ahora vosotros! –Les dijo a los chicos que parecían dudosos.

Podría haber besado allí mismo a Remus al ver como el castaño era el primero en tenderle la mano al vampiro, pero Orión estaba demasiado sobreprotector últimamente y los ánimos seguían caldeados, por lo que decidió que era mejor que se quedara quieta y calladita en su sitio.

Remus: Es algo parecido a lo que te pasó a ti con Draco. –Habló refiriéndose al rubio que seguía reticente. –No es él. –Dijo mientras ambos se estrechaban las manos como símbolo de paz.

Luego todos volvieron a tomar las posiciones que tenían antes del conflicto, excepto el moreno que se situó al lado de Lucius.

Orión: Vuelve a tratarla de esa forma y te arrancaré las manos. –Le amenazó antes de dejar caer la barrera y salirse del grupo desapareciendo rápidamente en busca de algún perro faldero con el que paliar su rabia, de lo contrario acabaría desangrando a ese estúpido niñato.

Ella también dejó a los merodeadores a los pocos minutos, no podía negar que la actitud que habían tenido con el moreno le había molestado bastante, lástima que no pudiera dar rienda suelta a sus instintos allí sin tener que abandonar su actual apariencia.

Tras otros quince minutos de lucha los mortifagos fueron retirándose y con ellos desaparecieron también los vampiros al ver que los brujos ya eran capaces de hacer frente a la amenaza por sí mismos.

Voldemort se había largado tan pronto como se percató de que había más resistencia de la que él esperaba encontrar, por lo que sólo algunos incautos quedaron en el campo de batalla, simples peones que su amo consideraba reemplazables, pero seguían siendo peones peligrosos.

Iba a juntarse con Harry que estaba con Remus y Sirius, el cual que había vuelto a su forma animaga en cuanto los otros comenzaron a retirarse, cuando vio la maldición asesina dirigiéndose hacia donde estaba.

A partir de ese momento todo pareció suceder a cámara lenta.

El rayo verde acercándose, destinado a encontrarse con ella en apenas un instante. Un cuerpo, su cuerpo interponiéndose guiado por el instinto de proteger a alguien de su manada, desconocedor de que la maldición asesina no puede matar a aquellos que ya han muerto. Y, por último, sus oídos cerrándose a todo excepto al sonido sordo del caer inerte sobre la tierra, culpándose al pensar que podría haber esquivado la maldición sin problemas y nada de eso habría pasado.

Los ojos se le inundaron de lágrimas después de tanto tiempo controlando perfectamente aquellas emociones, mientras los que estaban a su alrededor se acercaban sorprendidos, temerosos y angustiados. Se arrodilló junto a su cuerpo mientras Sirius se transformaba justo a su lado, Harry seguía en shock y Dumbledore se acercaba cansado tras haber enfrentado él mismo a Voldemort…

Sekhmet: ¡¡¡Remus!!! - …y gritó mientras zarandeaba el cuerpo y sus lágrimas caían sobre el rostro del hombre, del lobo que había dado la vida por la líder de su manada, por un miembro de la familia que siempre había anhelado y que al final había conseguido.

Sekhmet: ¡Maldita sea, Remus despiértate!

Sirius: ¡Vamos Lunático, tú no, no me hagas esto tú también! –Le suplicó al castaño cayendo de rodillas al suelo, incapaz de soportar el dolor, negándose a creer que el único amigo que le quedaba estaba muerto frente a sus ojos.

Sekhmet: ¡Muévete, Remus! –Le sacudió una vez más, reprochándose por no haber tenido el valor de estar junto a él de nuevo sin máscaras de por medio, de mostrarle que seguía viva y que lo había echado de menos. - ¡¡Levántate!!

Dumbledore: Tiene que dejarlo ir, señorita Lefey. –Le dijo el mago en un intento de tranquilizarla pues, para su sorpresa, parecía completamente desesperada y, aunque esa era una pérdida grave para todos, la muerte del hombre parecía haberla afectado sobremanera.

Sekhmet: ¡¡Cállese!! – Gritó todavía agarrada a su cuerpo y mirándole furiosa. -¡¡No finjas que te importa su muerte cuando no es así!! ¡¡¡No eres más que un viejo mago frío y controlador, yo se que no te importamos una mierda!!! ¡¡¡¡Con tal de que Harry mate a Voldemort el resto no somos más que simples peones en tu macabro juego!!!! ¡¡¡¡No importamos mientras puedas controlarnos a tu antojo!!!! ¡¡¡¡Tú no eres mejor que Voldemort!!!!

El sonido de una bofetada resonó en el silenció que se había producido nada más comenzó a soltarle al viejo mago sus verdades y ahora miraba sorprendida al rubio que sucio y cansado permanecía frente a ella con la mano en alto.

Vio como este se agachaba a su lado y le agarraba el brazo, mientras ella era aún incapaz de hacer que su cabeza pensara en algo más que en el cuerpo del lobo caído.

Draco: Reacciona de una vez. –Le susurró con frialdad una vez que estuvo a su misma altura. –No lo has perdido, aún no. –Terminó dejando frente a sus ojos su propia mano en la que un anillo refulgía.

Abrió los ojos de la impresión, Draco tenía razón y ella se había comportado como una auténtica estúpida.

Miró al hombre tendido en el suelo sobre el pecho del cual Sirius sollozaba y susurró unas palabras haciendo que este brillara durante un segundo, un brillo dorado tan imperceptible que sólo sus ojos habían sido capaces de captarlo.

Sekhmet: Nekros. –El lobo negro apareció ante ella. –Ve a por Luna. –Le ordenó antes de que este traspasara a toda velocidad las destruidas puertas del castillo. –Draco. –El rubio se limitó a asentir y aparecerse a toda velocidad junto a los merodeadores que se habían acercado y miraban con dolor la escena.

M. Remus: ¡Pero qué haces! –Le gritó al sentir como el chico lo agarraba con fuerza, solo Lucius reaccionó con la rapidez necesaria como para agarrar a Draco antes de que este volviera a desaparecerse llevándose consigo a los dos chicos.

Aprovechando la distracción que había ocasionado el rubio se agarró con fuerza del brazo del lobo y levantó solo un segundo la mirada para encontrarse con los sorprendidos ojos grises del animago que descubrió lo que iba a hacer a continuación y se agarró a Remus desapareciendo él también de aquel lugar.

Los que quedaron en los terrenos de Hogwarts estaban demasiado sorprendidos, impresionados al ver como los dos chicos desaparecían sin razón alguna llevándose con ellos a los otros y sólo un pensamiento surcaba sus mentes, Sekhmet Lefey y Draco Malfoy eran traidores y se acababan de llevar ante sus narices a Remus Lupin, Sirius Black y Lucius Malfoy.

Dumbledore: Minerva, vaya en busca de la señorita Lovehood y si la encuentra tráigala ante mi presencia. Que el resto del profesorado haga rondas esta noche por el castillo, teníamos dos espías infiltrados, quizás tres, y es muy posible que Voldemort sepa más cosas de las que creemos acerca de nuestras defensas gracias a ellos. Que todo esto no salga de aquí. –Ordenó antes de dirigirse hacia el castillo con la firme intención de registrar el baúl y la habitación de la morena.


Despertó dentro de lo que parecía ser una mazmorra, se llevó la mano a la cabeza cuando sintió como el dolor en esta aumentó al levantarse de golpe del frío suelo de piedra y tardó unos instantes hasta que consiguió atar cabos.

Remus corriendo hacia la chica, interponiéndose entre ella y la maldición, cayendo muerto ante sus ojos, el dolor de su pérdida carcomiéndole las entrañas, la desaparición de Malfoy, la certeza de que ella se llevaría lo único que le quedaba del tiempo en el que era feliz y él agarrándose al cuerpo de su amigo, dispuesto a irse con él al mismísimo infierno…

Se enfureció al pensar que realmente había confiado en la chica.

Fue un quejido el que le hizo salir de sus pensamientos, miró la celda en la que se encontraba, viendo un bulto que comenzaba a moverse con pesadez a sólo unos metros de él, por lo que se apresuró a ayudarle.

Sirius: Vamos chico, despacio… -Le dijo mientras lo ayudaba a incorporarse.

Lucius: ¿Dónde estamos? –Le preguntó llevándose una mano a la cabeza tal y como él había hecho hacía sólo unos instantes.

Sirius: En una mazamorra. –Dijo al tiempo que comprobaba en un intento vano si la reja de la celda estaba abierta. –Supongo que esto no es Hogwarts. –Terminó girándose hacia el slytherin.

Alex: Supones bien. –El rubio llamó su atención desde el otro lado de las rejas.

Sirius: ¿Quién eres tú y qué hacemos aquí? –Le preguntó palpando con disimulo el bolsillo de su pantalón.

Alex: ¿Buscas esto? –Preguntó enseñándole el trozo de madera entre sus manos.

Lucius: Eres un vampiro. –El rubio escupió las palabras como veneno.

Alex: Eres perspicaz, cachorro. –Dijo mostrando los colmillos con malicia.

Lucius: ¿Qué es lo que quieres de nosotros, monstruo? ¿Y dónde está Remus?

Alex: No quiero nada de vosotros, de hecho estáis aquí por mero accidente, pero la gatita quiere que os demos a elegir, así que supongo que tenéis suerte. En cuanto a tu amigo, está preparándose para el ritual. –Contestó con simpleza. –Me advirtieron de que tenías la lengua afilada, pero no me dijo que tuvieras tan pocos modales, rubito.

El chico se tensó de inmediato apretando los puños.

Sirius: ¿Qué ritual? ¡Qué es lo que vais a hacerle al chico! ¡Los aurores os descubrirán tarde o temprano!

Alex: Tranquilos, tranquilos. Y tú relájate, solo estaba bromeando –le dijo al rubio en son de paz. –La gatita va a intentar revivir al lobo, podéis venir conmigo sin causar problemas y ver como está vuestro amigo o quedaros aquí hasta que todo termine, en cualquier caso tenéis nuestra palabra de que no os haremos daño alguno a no ser que vosotros nos ataquéis primero, vosotros decidís.

Finalmente el chico pareció calmarse y comenzó a observar al vampiro con curiosidad, no estaba acostumbrado a observar a uno de su especie comportándose de forma conciliadora.

Sirius: Eso es imposible… no se puede revivir a los muertos…

Alex: Tampoco se podía traer de vuelta a quien había atravesado el Velo de la Muerte. ¿Verdad? –Cuestionó el rubio mostrando una sonrisa altanera.


Subieron las estrechas escaleras hasta llegar a lo que parecía el hall y, nada más pisarlo, multitud de miradas se posaron sobre ellos incomodándolos.

Alex: No os preocupéis, no os harán nada. De hecho, si nuestra alianza con Dumbledore sigue en pie después de esta noche, es muy posible que vengáis aquí más a menudo.

Sirius: ¿De qué alianza estás hablando? –Preguntó sorprendido mientras subían la gran escalinata central.

Alex: ¿Es que el viejo no os ha dicho nada? –Preguntó contrariado. -¿No habréis creído ni por un instante que hemos aparecido en Hogwarts cada vez que os atacaban sólo por que no teníamos nada mejor que hacer?

Lucius: ¿Así que vosotros sois los que estabais peleando en los terrenos?

Alex: Por supuesto, cachorro.

Lucius: ¿Qué es lo que sabes de un vampiro llamado Orión? –Le preguntó intentando aparentar indiferencia, pero el frenético latido del corazón era un sonido delator para el sensible oído del rubio.

Alex: Estás en su casa, ahora mismo os encontráis en la mansión Lefey. Orión Lefey es el líder del clan. ¿Qué acaso os conocéis? –Se giró al percatarse de que estos se habían parado de repente. -¿Qué pasa ahora? A este ritmo no llegaremos a tiempo.

Sirius: ¿Has dicho Lefey? Entonces Sekhmet Lefey… -Dijo al tiempo que reanudaban la marcha.

Alex: Ahora lo veréis. Esto os gustará, en especial a ti. –Dijo refiriéndose al moreno. –La gatita nos habló mucho de ti y de tus aventuras, la verdad es que ya tenía ganas de conocerte.

Entraron a una gran sala circular, en medio de la cual se encontraba el cuerpo de Remus tumbado sobre un altar de mármol blanco.

El moreno logró reconocer a las personas con las que se encontraron aquella tarde de fiesta en la Tres Escobas dibujando unos símbolos en el suelo de la sala junto con Draco y Luna.

Apenas dieron unos pasos cuando los interceptaron.

Sekhmet: Me alegro de que hayáis decidido venir. –Dijo acercándose a ellos junto con el otro Remus. –Ya era hora de que tú supieras la verdad, Sirius. Y en cuanto a ti –dijo refiriéndose a Lucius. –tu presencia hará que Remus se sienta más cómodo, después de todo quizás no haya sido tan malo el que vinierais en el pack.

Alex: ¿Ya está todo listo? –Le preguntó reflejando cierta ansiedad en su voz.

Sekhmet: Solo falta que Orión aparezca, necesitaré que me ayude con su magia para completar el ritual.

El rubio aprovechó que esos dos parecían estar en otro mundo para tomar a su amigo por la manga y arrastrarlo hasta donde ellos se encontraban, necesitaban respuestas.

Lucius: ¿Qué es lo que está pasando aquí?

M. Remus: Sekhmet va a intentar revivirlo y me necesita para hacerlo, nos necesita a todos para hacerlo. –Dijo refiriéndose al resto de los presentes en la sala.

Lucius: ¿Sabes dónde estamos?

M. Remus: Sí, estuve hablando con él antes Lucius. El de este lugar no se parece en nada al asesino que nosotros conocimos, es tan distinto que si alguien me lo hubiera contado en lugar de verlo con mis propios ojos lo hubiera tomado por loco…

Sirius: ¿Estás seguro de que puede hacerlo? –Preguntó sin apartar la mirada del cuerpo inerte de su amigo.

M. Remus: Confió en ella, y cuando esto acabe vosotros también lo haréis. –Dijo justo antes de que el vampiro moreno entrara en la sala.

Alex: Venid conmigo. –Les dijo antes de llevárselos hasta un lado de la sala, haciendo que sus presencias no molestaran al resto.

Vieron como todos los presentes formaban un círculo alrededor del altar mientras la chica se colocaba frente al cuerpo inerte con el vampiro detrás de ella.

Alex: Has venido. –Señaló el rubio al notar la presencia de la mujer a su lado.

Selene: Tenia que hacerlo, esto es importante para ella. No se si aguantará perder al lobo de forma definitiva… Además, debemos saber si el ritual funciona correctamente, ella no podrá matarlo si algo falla.

Alex: No lo perderá, si de algo estoy seguro es de que esos dos son las personas más testarudas que puedas encontrarte.

Selene: Soy Selene. –Se presentó a presentarse al ver como los otros dos la miraban con curiosidad. –Pero ya hablaremos más tarde, ahora necesitan silencio para concentrarse y pase lo que pase no los interrumpáis, lo que van a intentar hacer es muy complicado y sólo tendrán una oportunidad.


Se colocó frente a su cuerpo sintiendo la presencia del moreno tras de sí, miró el círculo que la manada había creado alrededor de ellos: Vera le sonreía al igual que Luna, en cambio Remus parecía nervioso y Draco y Dan estaban serios, Blake pasaba su peso de un pie a otro de forma mecánica y el resto se mantenían quietos, con los ojos puestos sobre ella, decididos a traer de vuelta a la vida a su hermano lobo.

Levantó la mirada al frente encontrándose con los ojos grises de Sirius y le sonrió, le sonrió mientras deshacía el hechizo que mantenía sobre ella y observaba como su rostro se tornaba sorprendido mientras sus cabellos se volvían castaños y sus ojos color ámbar.

Luego comenzó, se acercó a Remus, tomó su mano y colocó la reliquia de la muerte en uno de sus dedos para luego volver a su anterior lugar.

Respiró hondo templando sus emociones y se apresuró a empezar el ritual.

Hermione: A ti, Parca, te imploramos esta noche por esta vida arrebatada, convocamos tu presencia entre nosotros a través de esta joya, pues ella es parte de la oscuridad, ella es parte de ti.

Hermione: Pedimos, por la carne que forma su cuerpo haciéndolo parte de este mundo y que no te pertenece. Ofrecemos, por la sangre que volverá a correr por sus venas y que verteremos en tu nombre. Mostramos, el alma de este hombre que aún no ha cruzado la barrera que separa tu reino del nuestro. Reclamamos, la esencia del lobo que forma parte de su naturaleza y cuya custodia como su manada nos corresponde.

A una señal suya los presentes comenzaron a cambiar, aun sin la presencia de la luna llena, y donde antes estaban situados los doce cuerpos ahora había diez licántropos formando el círculo mágico, además de un zorro blanco y un águila que se mantenía posada sobre la fría piedra.

Hermione: La carne está presente. –El cuerpo del hombre adquirió un brillo dorado al tiempo que las antorchas que brillaban en cada esquina de la sala se apagaban súbitamente una a una dejándola en penumbras y la temperatura descendía unos cuantos grados haciendo que saliera vaho de su boca.

Sintió como Orión le apartaba un poco la camisa y suprimió un gemido de dolor cuando este le hundió con fuerza los colmillos en el cuello mezclando sus esencias, luego sacó una daga de plata y se cortó en el antebrazo dejando que su sangre cayera y fluyera sobre los símbolos que los otros habían dibujado en el suelo.

Hermione: La sangre está siendo derramada en tu nombre. –El brillo se acrecentó mientras la temperatura seguía descendiendo.

Hermione: El alma es pura pues no ha pisado tus dominios. –Elevó el brazo que no sangraba y una réplica incorpórea de Remus apareció a unos metros sobre el cuerpo del hombre, como una segunda copia del funesto cadáver.

Un segundo después los lobos levantaron el hocico al techo y aullaron junto al zorro mientras el águila chillaba y batía las alas sin levantar el vuelo.

Hermione: Los lobos reclaman a su hermano. –Jadeó al tiempo que el brillo se acrecentaba y la imagen etérea de un lobo dormido aparecía sobre la anterior para después fundirse en una.

Hermione: Como vida es lo que pedimos, vida es lo que ofrecemos, tómala. –El sudor bajaba por su frente y abría caído al suelo, de no ser por el firme agarre de Orión, en el momento en el que el cuerpo brilló cegándola durante unos instantes y su sangre comenzó a manar de la herida con más fuerza de la normal serpenteando sobre la piedra, comenzando a cubrir todos los símbolos del suelo.

El moreno le ofreció su muñeca y sin pensárselo un segundo desplegó sus colmillos y mordió con fuerza justo cuando un haz de luz blanquecino los envolvió a los dos por completo creando un torrente de magia entre ellos y el cuerpo del castaño.

Sintió la conexión que los unía y saboreó la sensación de poder que su sangre le ofrecía, notó al moreno succionando en la herida de su cuello mientras ella hacía lo mismo en su muñeca, apreciándose el uno en el otro mientras sus almas y su fuerza se fundían por unos instantes, mientras el poder los abandonaba poco a poco al igual que la vida.

Fin de la primera parte...