Aprovecho esta segunda parte para recordar que ni Harry Potter ni sus personajes me pertenecen, sólo soy responsable de los personajes originales que participan en la trama de esta historia y que no aparecen en los libros.
Capítulo 17.- ROMPIENDO LAS REGLAS ESTABLECIDAS (PARTE 2)
Hermione: Como vida es lo que pedimos, vida es lo que ofrecemos, tómala. –El sudor bajaba por su frente y abría caído al suelo, de no ser por el firme agarre de Orión, en el momento en el que el cuerpo brilló cegándola durante unos instantes y su sangre comenzó a manar de la herida con más fuerza de la normal serpenteando sobre la piedra, comenzando a cubrir todos los símbolos del suelo.
El moreno le ofreció su muñeca y sin pensárselo un segundo desplegó sus colmillos y mordió con fuerza justo cuando un haz de luz blanquecino los envolvió a los dos por completo creando un torrente de magia entre ellos y el cuerpo del castaño.
Sintió la conexión que los unía y saboreó la sensación de poder que su sangre le ofrecía, notó al moreno succionando en la herida de su cuello mientras ella hacía lo mismo en su muñeca, apreciándose el uno en el otro mientras sus almas y su fuerza se fundían por unos instantes, mientras el poder los abandonaba poco a poco al igual que la vida.
Orión: (Aguanta un poco más.) –Le dijo mentalmente al percatarse de que la visión de la castaña comenzaba a nublarse.
Sintió como la temperatura volvía a ascender lentamente mientras la pálida carne tomaba color.
Sekhmet: (Sólo un poco más.) –Se animó a sí misma a no desfallecer cuando los símbolos cubiertos de sangre comenzaron a replegarse sobre sí mismos y a desaparecer en el interior del pecho del hombre tendido.
Todo empezó a dar vueltas cuando el alma comenzó a caer sobre el cuerpo y sus ojos comenzaron a cerrarse a pesar de sus esfuerzos. Fue entonces cuando sintió como el vampiro desenterraba los colmillos de su cuello y cerraba la herida.
Hermione: (¡No!) –Se preocupó cuando el ritual comenzó a quitarle más energía al moreno al haber roto la conexión con ella y este no pudo evitar fruncir el entrecejo y dejar escapar un gemido de dolor.
Orión: (No te preocupes, yo soy más fuerte que tú, así aguantaremos hasta el final. ¡Sólo complétalo!)
Se giró preocupada viendo como el alma acababa de fundirse con la carne, desencajó los colmillos de la muñeca del hombre y la unió rápidamente con la herida de su brazo en un intento de que al menos una parte de la unión se mantuviera entre los dos. No podía cargar a Orión con todo el dolor que el ritual suponía.
Hermione: Carne, sangre, alma, naturaleza y vida. ¡A ti te hemos honrado, a ti te hemos convocado y por tu gracia, Parca, la vida hemos ofrecido y la vida para él reclamamos!
El flujo de luz dorada se intensificó durante unos segundos, en los que la Reliquia de la Muerte respondió absorbiendo parte de la energía, mientras su cuerpo se tensaba por el dolor y escuchaba al vampiro intentar acallar sin éxito los gruñidos provocados por la extracción de energías, luego se produjo un fogonazo y todo acabó de una forma ridículamente rápida.
Se dejaron caer al suelo al tiempo que cerraba rápidamente la herida en la muñeca del moreno.
La sala se caldeó y las antorchas se encendieron de nuevo mientras la manada iba recuperando poco a poco su forma, viéndose todos ellos bastante cansados, jadeantes y sudorosos por el cambio de forma a destiempo que había consumido la mayor parte de sus fuerzas.
Se quedó unos instantes tumbada sobre el moreno, intentando paliar los espasmos de dolor que atravesaban sus músculos como si de pequeñas cuchillas se tratasen y luego levantó la cabeza encontrándose con sus cansados ojos rojos.
Hermione: ¿Estás bien? –Apenas su voz surgió como un susurro, pero fue suficiente como para que el moreno le contestara asintiendo con la cabeza.
Orión: Ve a por él. –Le respondió aun cuando incluso hablar lograba hacerle daño.
Alex: ¿Estáis bien? –Les preguntó mientras se acercaba corriendo, preocupado al ver que no se levantaban.
Orión: Sí, llévala con él. –Le ordenó al rubio.
Alex: Pero…
Orión: Llévala, es importante. –Dijo mientras intentaba que sus músculos se destensaran ayudados por la frialdad relajante del suelo de la sala.
Selene: Haz lo que te dice, yo me quedaré con él. –Contestó la morena mientras sacaba un frasco blanco que echó sobre la herida del antebrazo haciendo que esta ardiera para luego desaparecer. Después sacó otra poción de líquido azul y, tras darle un poco a la castaña, procedió a hacer lo mismo con el moreno.
El rubio asintió, más tranquilo porque los dos parecían estar bien, y tomó a la chica por la cintura al tiempo que le cogía uno de sus brazos y se lo echaba sobre los hombros para ayudarla a alzarse y llevarla hasta el altar en el que el resto se habían congregado.
La manada le abrió un hueco al verla acercarse, para que pudiera situarse junto al cuerpo aún inerte.
Sirius: Todo este tiempo fuiste tú…todo este tiempo estuviste con nosotros… -Se topó con los ojos grises del hombre y le sonrió titubeante, las dudas y el miedo al rechazo desaparecieron cuando el hombre le devolvió el gesto.
Hermione: ¿No creerías de verdad que os dejaría solos por mucho tiempo? –Bromeó aun cuando la debilidad todavía estaba presente en su voz.
Lucius: ¿Por qué no se mueve? –Preguntó el rubio observando el cuerpo inerte, intentando disimular la zozobra que todos los acontecimientos sucedidos habían ocasionado en su mente.
La castaña tomó la mano del lobo quitando de su dedo el anillo y dejando ver como el símbolo de la Reliquia de la Muerte se había grabado allí mismo sobre su piel.
En cuanto la piedra regresó a sus manos el hombre inspiró una vez con fuerza, como si se ahogara, y abrió los ojos alterado, mirando de un lado a otro en un intento de aclarar su vista y sus sentidos embotados. Luego, cuando sus instintos le dijeron que no estaba en peligro, su respiración comenzó a normalizarse.
Observó una vez más el rostro del animago perro bañado en lágrimas, que dudaba en acercarse al hombre ante el miedo de que eso no fuera más que un espejismo. Sonrió al saber que el esfuerzo había valido la pena.
Hermione: Bienvenido al mundo de los vivos, amigo. –Luego, conteniendo su fuerza todo lo que pudo, le dio una bofetada al lobo para sorpresa del resto. –Vuelve a hacer otra vez algo como esto y haré que desees tener una muerte indolora. –Amenazó aun cuando sus ojos acristalados no acompañaban a su tono de voz.
Remus: Supe que eras tú. –Le susurró entrecortadamente en cuanto se recuperó del golpe y ya con los sentidos enfocados pero aún demasiado débil como para moverse o abrir siquiera los ojos completamente. –No sé cómo ni porqué, pero lo supe. Cuando te vi a punto de morir lo supe del mismo modo en que me di cuenta de que no te dejaría alejarte de nuevo, no otra vez. –Terminó mientras sus ojos se cerraban poco a poco.
Hermione: Descansa, te encontrarás mejor después de dormir, cuando despiertes todos seguiremos aquí. Estaremos aquí… –Le acarició la mano mientras las lágrimas surcaban sus propias mejillas. Y pensar que había estado a punto de perder uno de los pilares de su vida…
Remus: Estaba seguro de que eso no fue solo un sueño… sabía que no lo era… -Dijo antes de caer profundamente dormido incapaz de mantener los ojos abiertos un segundo más.
La manada se retiró llevándose al hombre con ellos, se separó de Alex y se acercó hasta Orión que se mantenía de pie a pocos metros ayudado por Selene.
Hermione: Gracias, gracias, gracias… -Le dijo tomando su rostro entre sus manos para después besar con suavidad sus labios y juntar su frente con la suya. –Jamás podré agradecerte lo suficiente por esto, sabes que sin ti nunca lo habría conseguido, nunca… -Le susurró sintiendo como el otro se soltaba del agarre de la morena para abrazarla contra él a pesar de que apenas lograba mantenerse en pie.
Orión: Era importante para ti, por lo que también lo era para mí. No tienes nada que agradecer, pequeña. –Se separó un poco de ella al notar como los otros se acercaban, creando un espacio para poder actuar con rapidez si fuera necesario, y se sorprendió cuando se dirigieron directamente a él.
Sirius: Ni siquiera se quién eres, ni comprendo aún lo que acaba de pasar aquí, solo sé que tú has ayudado a realizar este milagro y por lo que has hecho esta noche estaré en deuda contigo por el resto de mi vida. Has salvado a mi hermano. –El otro asintió, reconociendo la seriedad que impregnaba las palabras del hombre.
Lucius miró alternativamente a los dos vampiros (porque ya había quedado claro que ella también era un vampiro), paseó su mirada de la chica castaña, que tanto aprecio parecía tenerle a su hijo y que era de las pocas personas que no caía en las pretensiones del resto del colegio, al vampiro que la miraba con calidez, se notaba que ese hombre la adoraba, una expresión que jamás había visto en el rostro de ese ser que tanto daño les había hecho en su propio tiempo. Estuvo completamente seguro de que no eran el mismo, el Orión Lefey de su época se regocijaba quitando vidas, dejando un camino de sangre tras su paso, el vampiro que ellos conocían jamás hubiera pensado siquiera en intentar salvar a alguien.
Lucius: Creo que no empezamos demasiado bien, soy Lucius. –Le dijo tendiéndole la mano sin abandonar su característico aire de altivez pero sin motivo oculto alguno.
Orión: Soy Orión. –Se presentó devolviéndole el gesto.
Selene: Bien, ya basta por hoy. –Interrumpió la morena harta de tanto parloteo y escena azucarada. –Vosotros dos os vais a descansar ahora mismo, habéis perdido magia y sangre esta noche y esa es una combinación explosiva. –Dijo refiriéndose a los vampiros para luego girarse hacia los merodeadores. –En cuanto a vosotros, Alex os acompañará hasta donde están descansando vuestros amigos, pero nada de molestarlos si no queréis véroslas conmigo. ¡Ahora andando! –Ordenó haciendo que el trío saliera rápidamente, ni se les había pasado por la cabeza quejarse al advertir la amenaza impresa en el tono de voz de la mujer.
Selene: En cinco minutos iré a vuestro cuarto con algunas pociones, y nada de salir de la cama hasta mañana. ¡A dormir! –Dijo antes de salir veloz por la puerta dejando a los otros dos sorprendidos por su extraño arranque de carácter. Ese no solía ser su comportamiento normal…
Orión: ¿Acaba de hacer lo que creo que acaba de hacer? –Le preguntó a la castaña sobre la que estaba apoyando parte de su peso mientras levantaba una ceja y miraba incrédulo la puerta por la que Selene había desaparecido.
Hermione: Creo que sí… -Le contestó también sorprendida.
Orión: ¿Acaba de darme una orden? ¡¿A mí?! – Volvió a preguntar, aún incapaz de hilar lo que acababa de pasar.
Hermione: Oh, ya cállate y afróntalo. –Repuso mientras se encaminaban despacio hacia su habitación.
Orión: Genial, ahora sólo falta que reciba órdenes del perro. ¿Dónde quedó lo de respetar a los mayores? –Le reprochó indignado mientras escuchaba como la chica reía relajada a su lado.
Hermione: Según tengo entendido, Selene es mayor que tú. Además no tenemos perro, pero estaría bien comprar uno para ver que pasaba…
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Alex: Te digo que la está celando. –Le susurró a la mujer sentada junto a él mientras ambos observaban atentos la escena.
Selene: No puedes estar seguro, puede que solo esté un poco intranquilo y sobreprotector por lo de ayer.
Alex: Que te digo que la está celando. Créeme, soy hombre y sé de lo que te hablo.
La situación frente a ellos era extraña. Se encontraban en uno de los salones en el que habían decidido reunirse para aclarar las cosas antes de volver al castillo, estaban sentados en cuatro sofás que formaban una especie de cuadrado y Hermione estaba recuperando el tiempo perdido con el lobo, mientras que Orión no parecía llevar demasiado bien eso de que la chica le ignorase y no hacía mas que mandarle miradas asesinas al castaño que no sabía ya ni donde meterse al ver el tinte rojo que había comenzado a impregnar los ojos del vampiro desde hacía unos minutos.
Alex: Solo obsérvalos por un instante atentamente, si hasta ellos se dan cuanta de lo que pasa. –Terminó refiriéndose a los dos merodeadores y al heredero Black que, sentados en el sillón frente a ellos, no hacían más que mirar al vampiro y a los dos castaños alternativamente, esperando a que el temporizador llegara a cero y la bomba estallara, por lo que su cuello giraba sin parar de izquierda a derecha.
Selene: Al menos podrían ser un poco más disimulados… -Le susurró de vuelta, incapaz de ocultar en su voz que la situación se le hacía divertida.
Alex: Cada día está peor, solo le falta gruñir como un perro rabioso… -Se calló al ver como la chica abrazaba de repente al licántropo y el moreno soltaba un gruñido bajo que únicamente fue captado por los oídos de los vampiros.
Selene rió bajo a su lado mientras él negaba con la cabeza y observaba con pena a la castaña.
Pobre, no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo, y ella era tan inocente que ni siquiera se daba cuenta de los celos del otro.
Se sorprendió al captar como la chica sonreía levemente con malicia y luego lo miraba socarronamente durante unos segundos dejándole ver su expresión de triunfo.
Rectificaba, la castaña no tenía ni un pelo de inocente y parecía contenta con lo que estaba provocando.
Sonrió, Orión necesitaría ayuda para enfrentarse al monstruo perverso que él mismo había creado a su imagen y semejanza. Eso amenazaba con ser divertido.
Selene: Tienes razón, la está celando. La verdad es que esperaba que tardaran unos cuantos años más en llegar a esta fase. –Se preguntó cuánto aguantaría el moreno observando las atenciones de la chica con el lobo, pero no tuvo que esperar demasiado pues este se levantó repentinamente con los músculos tensos y los puños sospechosamente apretados a los lados llamando la atención del resto.
Orión: Muy bien, estamos aquí para contestar las preguntas que tengáis así como para dejar claros algunos puntos que deberéis cumplir una vez abandonéis esta casa. –Dijo refiriéndose a los que no pertenecían al clan. –Será mejor que comencemos cuanto antes para que podáis volver al castillo, a saber lo que ese viejo mago habrá hecho en vuestra ausencia.
Hermione: ¿No esperamos a Dan y a Diana? –Preguntó al tiempo que se cambiaba de sofá, agarrando al vampiro moreno de la manga de la camisa y obligándolo a sentarse con ella, para tranquilidad de este que pareció relajarse de inmediato ante la cercanía de la chica.
Orión: Diana ha dicho que estaba cansada y que no vendría, en cuando a Dan está por ahí tramando quién sabe qué cosa con Vera y Draco…
Hermione: Está bien. Comenzad con las preguntas. –Les indicó mirando a los otros.
Remus: ¿Cómo es que acabaste aquí? ¿Y cómo…? –Dudó sobre seguir o no, pero la chica le ahorró el trabajo.
Hermione: Cómo me convertí en vampiro. ¿Es eso lo que quieres saber? –El otro asintió como contestación y tras unos segundos pensando sus palabras comenzó con la explicación. –Como bien sabéis acabé en Azkaban hace unos cuantos años… -Miró de repente a los dos merodeadores percatándose de que quizás tendría que darles una explicación más profunda para que estos la comprendieran.
M. Remus: No te preocupes, ellos nos explicaron todo lo que sabían ayer por la noche.
La castaña asintió conforme, eso le ahorraría mucho tiempo.
Hermione: De acuerdo, digamos pues que hubo un fallo a la hora de ejecutar la sentencia y acabé pasando una buena temporada encerrada allí.
Sirius: ¿Entonces estuviste viva todo este tiempo? –Preguntó recordando la tortura que supuso para él estar encerrado en esa prisión con los dementotes acosándolo sin descanso aun a pesar de que encontraba cierto consuelo cuando cambiaba a su forma animaga.
Miró con tristeza a la chica comprendiendo perfectamente por qué su carácter había cambiado tanto, por qué se había endurecido, algo así te marcaba de por vida.
Hermione: No, pero al menos no morí en la fecha en la que debería haber sido ajusticiada. Yo estaba bastante enferma cuando él apareció un día y, qué puedo decir, siempre he resultado ser un imán para las criaturas peligrosas. –Dijo pensando en el castaño o en su propia manada, mientras el moreno la miraba pensativo.
La versión que había dado de su primer encuentro había sido patéticamente suave comparada con la lucha sangrienta que tuvieron en realidad. La chica estaba intentando hacerle quedar bien frente a los otros.
Hermione: Desde entonces comenzó a visitarme a menudo y nos entreteníamos teniendo numerosas conversaciones, pero un día todo se torció. Parecieron recordar mi existencia de pronto, porque estoy completamente segura de que el ministerio sabía que seguía viva, y mandaron a unos aurores a asesinarme. Logré escapar de ellos pero como ya os he dicho llevaba tiempo enferma y a estas alturas estaba muriéndome. Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento fue conseguir escapar a duras penas de Azkaban, ver a Orión acercándose a mí y luego desperté aquí y ya era parte del clan. –Terminó encogiéndose de hombros y restándole importancia.
Remus: Lo siento. –Susurró derrotado mientras los otros le miraban sin entender.
Hermione: ¿Por qué? -Le preguntó curiosa.
Remus: Durante todo este tiempo tanto Draco como yo estábamos demasiado dolidos, demasiado deprimidos por todo lo que había pasado como para pensar si quiera en el por qué no nos dejaron enterrarte, ni siquiera nos permitieron ver tu cuerpo a pesar de lo mucho que insistimos. Nos resignamos a intentar limpiar tu memoria y a dejar flores frente a tu tumba vacía como una especie de compensación, olvidando por completo que tu cuerpo no yacía bajo ese trozo de tierra. Jamás consideramos siquiera que algo así pudiera haber pasado… No insistimos lo suficiente aun sabiendo que tú si que lo hubieras hecho por nosotros, tú siempre lo hiciste.
Sirius: Remus… -Susurró impresionado ante el dolor que reflejaban los ojos de su amigo. Era cierto que hacía mucho tiempo que el viejo lobo había perdido la chispa, pero en ese momento descubrió que el dolor que él veía cada día no era más que una máscara que ocultaba una agonía insufrible.
Remus: No tuviste más opciones, ahora estás atada a ellos, tuviste que convertirte en uno de ellos para sobrevivir y todo porque nosotros no nos esforzamos lo suficiente…
Hermione: Basta Remus. –Le cortó con seriedad. –No entiendes de qué estás hablando. No permanezco aquí porque ellos me obliguen. –Dijo refiriéndose a los vampiros presentes que no habían podido evitar sentirse un tanto ofendidos por las palabras del castaño. –Soy parte del clan porque ese es mi deseo. –Entrelazó su mano con la del moreno que estaba mirando de muy mala forma al lobo.
Hermione: Comencé a ser feliz cuando encontré en Orión a un ser que amenizaba mi estancia entre las rocas de Azkaban con sus historias y sus constantes visitas, y esa felicidad aumentó cuando conocí al resto del clan y descubrí en ellos a la familia que había perdido, cuando Vera y los chicos me asfixiaron a abrazos tras la primera luna llena que pasamos juntos, cuando supe que habías conseguido terminar lo que yo empecé y habías traído a Sirius de vuelta, cuando me presenté ante Draco y este me aceptó aun sabiendo lo que ahora soy… Soy feliz aquí Remus, lo he sido desde que puse un pie en esta casa y ahora que sé que te tengo a ti también me siento completa, completa y dichosa pues jamás soñé siquiera con tener lo que ahora tengo… -Sintió el orgullo que sus palabras causaron en Orión cuando este apretó la unión de sus manos, mientras veía como las mejillas del castaño eran surcadas por lágrimas traicioneras que contrastaban con la sonrisa que se había ido instalando en su rostro conforme sus palabras avanzaban.
Hermione: Este es mi hogar, un hogar del que vosotros también podéis formar parte si así lo deseáis.
Sirius: ¡Sí señor! –Dijo al tiempo que daba una palmada sobre sus rodillas y se levantaba de golpe rompiendo la silenciosa atmósfera que se había formado en la sala. -¿Dónde hay que firmar para tener un cuarto permanente aquí? –La solemnidad desapareció del aire siendo sustituida por el eco de las risas.
Remus: Sirius… -Dijo cerrando los ojos resignado y negando con la cabeza, el moreno era incorregible.
Sirius: ¡O vamos! ¡Sabes que te mueres por hacerlo y yo le debo la vida a la señorita! –Terminó haciendo una elaborada y cómica reverencia hacia la castaña. -¡Con tal de que podamos conservar nuestros cuellos intactos yo me tiro de cabeza!
Alex: ¡Sabía que tú y yo nos llevaríamos bien, hombre! ¡Lo sabía desde que Hermione comenzó a contarnos vuestras aventuras! –Dijo levantándose también de golpe e iniciando una guerra de sonrisas estúpidas con el animago.
Selene: Si tengo que aguantar a otro más como Alex juró que los mato, los corto a pedacitos y los emparedo en las mazmorras… -Comentó con una macabra seriedad que hizo que los dos hombres dejaran de sonreír y tragaran duro volviéndose a sentar de forma repentina.
Los otros miraron sorprendidos a la mujer. Definitivamente la morena estaba sufriendo algún tipo de trastorno de personalidad…
Lucius: Dijisteis que sois aliados de Dumbledore. ¿Por qué? –Preguntó mirándolos de forma suspicaz y retomando la conversación que les importaba en esos momentos.
Orión: En efecto. Hermione había sido parte de esta guerra desde el principio, así que cuando Voldemort mató a algunos de los nuestros buscando que nos uniésemos a él decidimos intervenir. Ella sabía que Harry Potter era el que debía acabar con ese mago loco y como descubrimos que las cosas entre él y Dumbledore no estaban demasiado bien, decidimos que no podíamos arriesgarnos a que en un descuido del viejo el chico se escapara y acabara muerto. Por eso le ofrecimos una alianza a Dumbledore, aunque realmente nuestra misión es únicamente mantener al chico con vida. Además, digamos que nosotros somos sólo la primera línea de ataque, nosotros somos los que luchamos, pero conseguimos que la mayor parte de los clanes de vampiros de Europa nos apoyaran en la decisión de involucrarnos en la guerra. Aunque estos no van a intervenir directamente en la batalla, en el caso de que nosotros acabemos muertos otro clan tomará nuestra posición en el combate, asegurándonos así de que Potter seguirá vivo y dando problemas a Dumbledore.
M. Remus: No tenéis entonces ninguna intención de uniros a Voldemort… -Constató lo obvio observando de reojo las reacciones de Lucius.
Hermione: ¿Sabes acaso la cantidad de veces que he estado a punto de morir por culpa de esa serpiente mutante desquiciada? Perdóname pues por que no este dispuesta a ser uno de sus lamebotas. –Terminó sarcásticamente mientras su voz escupía veneno y su mirada derrochaba decisión.
Lucius: Os ayudaremos. –Intervino el rubio repentinamente. –Nuestro objetivo es el mismo, por lo que una alianza sería lo más conveniente, no soy tan estúpido como para pensar que nosotros cuatro solos podremos hacer algo contra Voldemort y, a pesar de que no termináis de gustarme, vosotros sois una mejor opción que Dumbledore –Miró a su compañero esperando que este objetara algo, pero al ver que este parecía de acuerdo prosiguió. –Podéis llamarnos para cualquier cosa pues tenemos bastante experiencia en combate, pero no queremos formar parte del clan. En realidad es algo personal, el día en que yo forme parte de un clan de vampiros me atravesaré el pecho con una estaca…
Orión hizo una mueca ante lo melodramático de sus palabras, pero asintió conforme, sabiendo que no podía pedir más de su parte al observar la decisión en los helados ojos grises del muchacho.
Selene: Tendréis que hacer un juramento inquebrantable, no podemos arriesgarnos a que esta información salga de aquí, nadie debe conocer quién es Sekhmet en realidad o el lugar en el que está nuestro hogar.
M. Remus: James y Sirius deberían saber esto, no podemos actuar a escondidas de ellos.
Orión: Ellos serán la excepción a la regla. Si os parecéis en algo a los merodeadores de esta época, según las historias que me ha contado Hermione, haría más mal que bien el impediros contárselo a vuestros dos amigos, estaríais más preocupados en encontrar la manera de ponerlos al tanto sin romper el hechizo que en luchar. Además, nos vendrán bien otro par de ojos, pueden hacer el juramento más tarde con Hermione.
Orión: Hay algo más que debo deciros y que tú tampoco sabes Hermione, tiene que ver con nuestro retraso en el ataque de ayer y el que no hubiera nadie vigilando el castillo. –Se tomó una pausa asegurándose de tener la completa atención del resto. -Ayer fuimos atacados aquí mismo, no por mortifagos sino por vampiros.
Hermione: ¿Algún clan? –Preguntó un tanto preocupada.
Orión: El ataque no era fuerte, por lo que pensamos que su intención solo era retrasarnos lo suficiente. Además no fue ordenado por ninguno de los clanes, creemos que eran renegados. –Continuó mirando al resto. –Debéis saber que si os aliáis con nosotros hay muchas probabilidades de que tengáis que luchar contra algún vampiro.
Lucius: Eso no es ningún problema, te lo aseguro. –Respondió con una sonrisa que expresaba lo mucho que disfrutaría si se diera el caso.
Los otros tres merodeadores asintieron conformes con el rubio y todos se dispusieron a realizar el hechizo que sellaría su silencio y su pacto.
Sirius: Yo sigo diciendo que quiero un cuarto permanente, esta casa es mucho mejor que la mía. –Dijo mientras los hilos brillantes salían de sus varitas y se entrelazaban.
Hermione: Tendrás tu cuarto… está claro que tú no vas a madurar jamás… -Resopló mientras los hilos se estrechaban para luego desaparecer.
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Sintió como el hechizo fue lanzado hacia ella, notó como Draco y Luna se tensaban a sus lados al sentir el poder mágico acercándose, listos para esquivarlo, pero les ordenó que se quedaran quietos.
Había esperado eso desde que puso un pie en los terrenos de Hogwarts, mejor terminar lo antes posible.
El rayo impactó en su espalda y todo se oscureció a su alrededor mientras caía sobre la hierba.
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Sirius: ¡Esto es ridículo, Dumbledore! ¡Todos estamos bien! ¡Diablos, Remus está vivo justo en frente de tus narices!
Sus sentidos comenzaron a despertarse poco a poco al tiempo que recobraba la consciencia. Intentó mover las manos para apartar el largo mechón moreno que caía sobre su rostro y le tapaba un ojo, pero se dio cuenta de que tenía las manos atadas a la espalda, tras el respaldo de la silla en la que estaba sentada, así que se lo quitó de en medio con un movimiento de cabeza y un soplido.
Inmediatamente todos los presentes en el despacho de Dumbledore fijaron su mirada en ella.
Sirius y Remus estaban en una de las esquinas de la sala, mirándola con la desesperación pintada en la cara mientras eran sujetados por otros miembros de la Orden del Fénix.
Observó detenidamente cada rostro, sorprendiéndose al encontrar tres caras nuevas, las mismas personas que habían intentado matarla en Azkaban y que aún la perseguían de vez en cuando en sus pesadillas estaban a sólo unos metros de ella, mirándola como a la peor escoria del mundo, incapaces de apreciar su propio reflejo en un espejo.
Snape: Tenemos algunas preguntas que hacerle, señorita Lefey, y esperamos que las conteste. –Le informó con voz extremadamente calmada, algo que desentonaba completamente con la urgencia y el regocijo que expresaban sus ojos.
Sintió una especie de calambre en su cuerpo, algo que la impulsaba a hablar forzando su voluntad, y supo que debían de haberle dado Veritaserum mientras estaba dormida.
Dio un pequeño empujón a la mente de Sirius, sabiendo que solo él y Remus le permitirían entrar rápidamente y sin esfuerzo y supo que también habían interrogado al resto antes que a ella incluyendo a Luna, Draco y el resto de merodeadores y que no habían sacado nada que les fuera útil o les diera pista alguna. También comprobó que Dumbledore había intentado entrar en sus mentes tal cual habían esperado que hiciera, y que se había topado con el hechizo de bloqueo que les había puesto Orión antes de partir y había sido incapaz de llegar a sus pensamientos. El viejo debía estar bastante cabreado.
Sonrió perversamente tranquilizando a los dos hombres que dejaron de forcejear contra sus captores.
El maestro de pociones se acercó a ella, manteniendo unos cuantos metros de separación y comenzó con las preguntas.
Snape: ¿Cuál es tu nombre?
Sekhmet: Sekhmet Lefey. –Sonrió al saber que no sabrían hacer las preguntas adecuadas, confiaban demasiado en el poder del Veritaserum ignorando la falla de esta poción. Mientras dijera la verdad podría contestar como quisiera.
Snape: ¿Eres una aliada de Voldemort?
Sekhmet: No. –Los murmullos comenzaron en la sala mientras Dumbledore fruncía el ceño, seguramente no se esperaba eso.
Snape: ¿Para quién trabajas?
Sekhmet: Para mi bando.
Snape: ¿Cuál es tu bando?
Sekhmet: Pues el mío. –Giró los ojos haciendo partícipe al moreno de lo estúpido que le parecía allí plantado, logrando que le apareciera a este un curioso tic en el ojo izquierdo al tiempo que Remus y Sirius intentaban acallar sus risas con muchísimo esfuerzo.
Snape: ¿Qué has venido a hacer en Hogwarts?
Sekhmet: Tranquilo, murciélago, no he venido a verte a ti. –Pareció por unos instantes que el hombre consideraba seriamente estrangularla mientras el ambiente se helaba a su alrededor, pero se contuvo repentinamente.
Snape: ¿Quién es tu amo?
Sekhmet: Yo no tengo amo. –Respondió sonriendo, Orión no era su amo, jamás se había comportado como tal ni le había exigido nada. Orión era… Orión.
Snape: ¿Has venido a atacar a Potter?
Sekhmet: He venido a dejar que me capturarais para acabar lo antes posible e irme a cenar, porque si por vosotros fuera no me habríais encontrado en la vida. ¿Sabéis que sois bastante ineptos en cuanto a rastrear personas? –Terminó con una mirada de suficiencia. ¡Que bien iba tener como amigo a un Malfoy para aprender a afilar bien la lengua!
La magia contenida del maestro hizo que los objetos de cristal de la sala comenzaran a vibrar, solo la mano del director sobre su hombro consiguió que se calmara.
Dumbledore: Yo seguiré, Severus. –Dijo indicándole que se retirara hacia atrás.
Snape: Como quiera, director. –Contestó mientras se alejaba unos metros sin apartar la mirada asesina de ella.
Sekhmet: Un placer, murciélago, ha sido divertido. –Dijo sonriendo y tentando los nervios del mago.
Dumbledore: ¿Quiere un caramelo de limón, señorita Lefey?
Le miró airada al tiempo que levantaba una ceja. ¿¡Es que ese viejo no caía en que tenía las manos atadas a la espalda o qué!?
Sekhmet: No, gracias. –Escupió con desprecio, casi prefería al murciélago grasiento que al viejo loco.
Dumbledore: ¿No le gustan? –Preguntó con auténtica curiosidad mientras se llevaba uno a la boca.
Sekhmet: No me gusta usted. – Contestó con simpleza.
Minerva: ¡Cómo te atreves niña…! –Cayó ante un gesto del mago.
Dumbledore: ¿Te llevaste el cuerpo del profesor Lupin después de la batalla?
Sekhmet: Sí.
Dumbledore: ¿Por qué actuaste de ese modo?
Sekhmet: Porque él me cae mejor que usted. –Le sonrió con altanería sabiendo que de momento estaba ganando el juego de palabras, pero el mago rechazó enfrentarla.
Dumbledore: ¿Estaba el señor Lupin muerto?
Sekhmet: Sí.
Dumbledore: ¿Lo reviviste?
Sekhmet: Sí. –Estaba comenzando a desagradarle el rumbo que había tomando la conversación, y el brillo que había aparecido en los ojos del mago repentinamente no le gustó en absoluto.
Dumbledore: ¿No es un inferi? ¿Conserva su alma?
Sekhmet: Es el mismo que era.
Dumbledore: ¿Cómo lo reviviste?
Sekhmet: Haciéndolo. –Contestó con recelo, ya sabía a dónde quería llegar el mago y se sintió intranquila.
Sekhmet: (Orión, date prisa.) –Dejó que sus pensamientos vagaran por el espacio y llegaran a la mente del vampiro imprimiéndole en ellos una sensación de urgencia.
Dumbledore: ¿Utilizó quizás algún objeto para ello?
Sekhmet: Quizás. –El mago sonrió aun a pesar que ella había utilizado la vía de escape que él mismo le había proporcionado en su pregunta.
Dumbledore: ¿Utilizó algún objeto para revivirlo?
Sekhmet: Sí. –Respondió mirándolo directamente, sin disimular ya el odio que sentía hacia el hombre.
Dumbledore: ¿Cuál? –La emoción se filtro en su voz, pues su entusiasmo era tal que se sentía incapaz de contenerla.
Sekhmet: Uno. –Ya era definitivo, Dumbledore quería la Piedra de la Resurrección.
Dumbledore: No es necesario que estéis todos aquí. –Dijo refiriéndose al resto de los presentes. –Puedo encargarme yo del interrogatorio.
Los magos se miraron entre sí incrédulos, sin comprender por qué Dumbledore quería quitarlos de en medio.
Sekhmet: ¿Acaso tiene algo que ocultar Dumbledore? ¿Algo que no quiere que sus aliados sepan? –Metió cizaña intentando ganar tiempo.
Dumbledore: Por supuesto que no, querida. Sólo creo que te será más fácil hablar sin la presión de tantas personas observándote. –Repuso dirigiéndole una sonrisa tranquilizadora, una sonrisa que para ella resumió toda la falsedad que escondía el hombre.
Sekhmet: Veo que la Orden del Fénix ahora también recluta asesinos. –Sonrió sintiendo la exclamación contenida de los presentes. Sí, acababa de prender la mecha de la polémica y se había asegurado de obtener el tiempo suficiente.
Moody: ¿Cómo sabes sobre la Oren del Fénix, niña? –Preguntó el auror mientras el resto hablaba entre sí, atropellándose unos a otros con las palabras. Remus le sonrió desde su lugar, definitivamente este tiempo había servido para aumentar la agudeza de la gryffindor.
Sekhmet: ¿Es que hay alguien que no sepa de vosotros? No me habéis contestado. ¿Desde cuando admitís aurores asesinos en la Orden? –Levantó la cabeza hacia Venerdy, Dora y Hendrick que la miraban recelosos.
Dumbledore: Puedo asegurarle que no hay ningún asesino… -El rasgar de las patas de un ave contra el cristal de la ventana le interrumpió, abrió la misma dejándole paso a una espléndida águila real que se apresuró a levantar la pata para entregarle un pergamino y luego emprendió el vuelo desapareciendo por donde había venido sin esperar recompensa alguna.
El mago leyó la carta en silencio mientras ella continuaba con la vista fija en los tres aurores, observando todos sus movimientos como lo haría un depredador justo antes de saltar sobre su desprotegida presa. Quizás lo hiciera en otro momento.
Sonrió con malicia al ver como un escalofrío sacudía levemente el cuerpo de una de las mujeres.
Un hechizo golpeó sus manos dejándola libre, por lo que se apresuró a levantarse para tener una mejor vista de la mueca de frustración que adornaba el rostro de Dumbledore.
Molly: ¡Qué haces Albus! –Inquirió la mujer sorprendida.
Dumbledore: El interrogatorio ha terminado. –Prosiguió con tono helado. -Desde este momento la señorita Lefey volverá a ser una alumna más de esta institución, por lo que no volverá a ser interrogada o cuestionada acerca de este incidente, así como tampoco se podrá tomar medida alguna contra James Ewens, Remus Daniels, Sirius Peerson, Lucius Borton, Draco Malfoy, Luna Lovegood o los aquí presentes Sirius Black y Remus Lupin. Esto es todo, si no os importa tengo trabajo que hacer. –Se dirigió disgustado hacia su escritorio sin dirigirle siquiera una mirada a la morena. Acababa de perder la mejor oportunidad de su vida de obtener sus deseos y él lo sabía.
Las protestas comenzaron justo cuando ella salió disparada del despacho con una mueca de satisfacción en la cara.
Fue el agarre sobre su brazo lo que le impidió seguir su camino.
Sirius: ¿Qué es lo que acaba de pasar allí arriba? –Preguntó observándola desconcertado del mismo modo que Remus, el cual también esperaba su respuesta. -¡Creía que estábamos en problemas!
Ella se limito a encogerse de hombros.
Sekhmet: Orión. -Contestó simplemente antes de seguir su camino hacia los dormitorios.
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Apenas traspasó la reconstruida entrada de la sala común cuando fue estampada contra la pared y sintió la varita en el cuello.
Sekhmet: (Genial, debo llevar un cartel en la frente en el que pone que hoy es el día de joderme.)
Sekhmet: Suéltame, Potter. –Su tono de voz habría hecho temblar al más valiente, pero el moreno frente a ella estaba demasiado furioso como para escuchar siquiera su amenaza.
Ninguno de los presentes en la sala se atrevió a acercarse a ellos.
Harry: ¡Qué has hecho con el cuerpo de Remus! –La agarró del cuello con la otra mano haciendo que su cabeza golpeara la pared, dándose un golpe que para un humano habría sido doloroso, pero que en ella solo tuvo el efecto de agotar rápidamente su paciencia. -¡Contesta asquerosa mortifa…!
El chico salió disparado hacia un lado, perdiendo su varita al caer al suelo mientras su mejilla adquiría un tono rojizo y comenzaba a hincharse.
Sekhmet: ¿Por qué le has pegado? –Le preguntó al moreno que acababa de aparecer a su lado y que aún conservaba el puño en alto, sin embargo este se limitó a encogerse de hombros.
James: Se lo merecía. –Contestó despreocupadamente.
Sekhmet: Ya, pero por qué no le has hechizado simplemente.
James: El dolor y las marcas de los golpes son más difíciles de quitar que un hechizo. Debería enterarse bien de los hechos antes de estamparte contra una pared. -Le ofreció su brazo para que se agarrara en un gesto anticuado que no correspondía en absoluto con la picardía que reflejaba su rostro.
Entrelazó sus brazos, incapaz de ocultar la sonrisa que el chico le había provocado.
Sekhmet: Por cierto. –Dijo refiriéndose al moreno que aún en el suelo comenzaba a situarse. –Si quieres saber lo que hice con Remus, pregúntaselo a él mismo mañana en clase.
Harry: ¡¿Qué?!
No esperaron a que el chico sumara dos más dos y se dejó dirigir por el moreno, sorprendiéndose al ver que la llevaba arriba por el pasillo de los chicos.
Sekhmet: ¿A dónde vamos?
James: Ahora verás. –Se detuvieron frente a una puerta que carecía de curso sobre ella y la abrió dejándole paso a la chica, mostrándole una pequeña sala de estar en la que los esperaban Remus y Sirius sentados en uno de los sofás.
James: Remus ya nos ha contado todo lo que ha pasado y estamos de acuerdo con la decisión de Lucius de ayudaros, podemos hacer el juramento cuando quieras. –Dijo al tiempo que cerraba la puerta tras darle un pequeño empujón para que reaccionara y pasara dentro. –No tenemos ni idea de lo que le ha dicho Orión a Dumbledore en su carta, pero hace menos de un cuarto de hora un elfo vino a trasladarnos aquí. Ese es nuestro cuarto. –Dijo señalando una puerta a la izquierda de la sala. –Y ese es el tuyo. –Esta vez señaló una puerta a la derecha.
Sekhmet: ¿Dumbledore nos ha dado una sala para nosotros solos? –Preguntó incrédula, a ella también le gustaría saber lo que le había dicho el vampiro al viejo mago.
Sirius: Eso parece, preciosa. –Dijo el merodeador pasándole un brazo sobre los hombros. - ¡Hay! –Se quejó quitándolo de inmediato ante el pellizco que le había dado la chica.
Sekhmet: Un momento. ¿Cómo sabíais lo de la carta?
Remus: Orión nos mandó otra a nosotros explicándonos unas cuantas cosas y Failon trajo esto para ti. –Dijo entregándole un sobre sellado.
Sekhmet: ¿Qué os dijo a vosotros?
Sirius: Básicamente que estuviéramos atentos a cualquier cosa rara y que no te perdiéramos de vista en ningún momento. Cree que Dumbledore va a intentar ir a por ti, por eso exigió que nos mudáramos de dormitorio contigo, así tendrá menos tentaciones de intentar enfrentarte al no estar sola.
Sekhmet: Genial, ahora tengo tres niñeras más… -Dijo resoplando aunque se le notaba que no se había tomado a mal la noticia.
Abrió la carta que le había mandado el moreno y, tras leerla detenidamente, sonrió con maldad.
Sekhmet: No me extraña que me dejara marchar tan rápido. –La dejó sobre la mesita del comedor y se encaminó hacia su dormitorio, el vampiro sabía demasiado bien cuán grande era su curiosidad. –Dejaremos lo del juramento para mañana.
James: ¿Qué te ha dicho? –Le preguntó curioso al ver como se iba sin decirles nada más.
Sekhmet: Ahí tenéis el motivo de que tengamos cuartos nuevos, leerla si queréis. –Terminó cerrando la puerta tras ella.
Los tres merodeadores se abalanzaron sobre la mesa tan pronto como la chica desapareció y comenzaron a leerla.
Estimado señor Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, jefe de magos del Wizengamot y miembro de la Confederación Internacional de Magos:
Me veo obligado a presentarle este manuscrito a la vista de los recientes acontecimientos producidos en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y de las medidas que usted y los miembros de la Orden del Fénix han tomado o tomarán como consecuencia directa de estos.
Debo recordarle la importancia y trascendencia del pacto acaecido entre nuestros dos grupos con el fin de decantar esta duradera guerra mágica a su favor, así como los términos que se concretaron antes de sellar el mismo.
Uno de los principales puntos establecidos era el compromiso de no agresión que establecimos entre los miembros de nuestros dos bandos, tanto física como psicológicamente, y que es el principal motivo de este recordatorio.
Me temo que, del mismo modo en que usted no confía completamente en mí, yo no confío en usted, por lo que consideré adecuado enviar a la ahijada de un amigo cercano a terminar sus estudios mágicos entre los muros de su castillo y a proteger al mismo tiempo al mago Harry James Potter.
Por lo tanto, le aseguro que me tomaría un ataque, de cualquier tipo, contra la señorita Sekhmet Lefey como una afrenta personal, un golpe a mi propio honor y una clara violación de nuestro tratado. Dado que ha demostrado en su trato para con ella lo errado de su juicio, me veo en la obligación de extender la protección por parte de nuestro clan, con la que cuenta la señorita Lefey, a aquellos con los que nuestra compañera tenga trato cordial o en los que confíe, lo que incluye a la señorita Lovegood, los señores Draco y Lucius Malfoy así como a los merodeadores y miembros de su orden del fénix Sirius Black y Remus Lupin y a los gryffindor citados a continuación en esta carta. Y, para honrar las buenas intenciones por su parte, que hasta ahora no han estado presentes, solicito que Sekhmet Lefey comparta habitación con James Ewens, Remus Daniels, y Sirius Peerson, también conocidos como James Potter, Remus Lupin y Sirius Black para asegurar la completa protección de su persona.
Del mismo modo, le adjunto la información que hemos recabado hasta el momento con la intención de que recapacite sobre lo aquí escrito y tome las medidas adecuadas para eliminar las debilidades que se nombran a continuación, pues debe ser consciente de que si nosotros hemos logrado obtener estos datos en tan poco tiempo sus enemigos, sin duda, también podrán hacerlo y consideramos que sería una gran pérdida si alguno de sus miembros o sus estudiantes sufrieran las consecuencias de estas fallas en la ocultación de información. Pues los accidentes, por desgracia, suelen ser bastante comunes en tiempos de guerra.
Atte. Anubis.
Información adjunta:
Orden del Fénix: Sede central nº 12 Grimmauld Place.
Fundador y actual máximo cargo: Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
Severus Snape – Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Alice Longbottom –Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas .
Frank Longbottom -Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas .
Remus Lupin - Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Sirius Black - Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Minerva McGonagall - Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Filius Flitwick - Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Aberforth Dumbledore - Cabeza de Puerco, Hogsmeade.
Alastor Moody – Ministerio de Magia, área de aurores.
Dedalus Diggle – Paradero desconocido, visitante común de El Caldero Chorreante.
Sturgis Podmore - Labumum Gardens nº 2, Clapham.
Rubeus Hagrid - Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Elphias Doge – Paradero desconocido.
Arabella Doreen Figg - Wisteria Walk, Little Whinging, Surrey.
Arthur Weasley – La Madriguera.
Molly Weasley –La Madriguera.
Bill Weasley – La Madriguera.
Charlie Weasley – Reserva Nacional de dragones, Rumanía.
Fleur Delacour – La Madriguera.
Fred Weasley – La Madriguera.
George Weasley – La Madriguera.
Andrómeda Tonks – Wallace Place.
Ted Tonks - Wallace Place.
Nymphadora Tonks - Ministerio de magia, área de aurores.
Olympe Maxime - Academia de Magia Beauxbatons, Francia.
Mundugus Fletcher – Paradero desconocido.
Kingsley Shacklebolt - Ministerio de Magia, área de aurores.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Escocia, Reino Unido.
El edificio carece completamente de defensa alguna contra ataques muggles y la estructura interna del mismo imposibilita una adecuada evacuación.
1.- Incapacidad de sobreponerse a la explosión de una bomba en las mazmorras, los cimientos están debilitados a pesar del hechizo protector que mantiene al castillo y que no actuaría sobre un artefacto muggle reforzado con magia.
2.- Debilidad de la torre central, la distribución del castillo haría que un ataque a la misma fuera fatal, pues al caer la torre se provocaría un efecto dominó que acabaría con el resto del edificio.
3.- El escudo exterior esta debilitado en la zona cortante con el suelo, no penetrando a través de este, una vez sorteado el mismo a través del subsuelo el escudo no actuaría. (Potencial vía de ataque para los golems.)…
James: Madre mía… con razón la soltó. –Dijo al ver como el adjunto referido a las formas de echar abajo el castillo alcanzaban hasta el punto veintitrés. –Menos mal que Voldemort jamás utilizaría tecnología muggle…
Remus: Quizás, pero no puedes negar que Orión sabe como hacer una buena amenaza, dudo que Dumbledore intente algo sabiendo que sus aliados están siendo localizados, no sería tan estúpido como para arriesgarse a que sean asesinados sólo por un poco de información… -Terminó encogiéndose de hombros.
Sirius: Lo que me preocupa a mí… -Preguntó de forma seria llamando la atención del resto. - ¿Vosotros creéis que se está haciendo la dura? –Les preguntó sobándose el lugar en el que le había pizcado la chica.
James y Remus: ¡Sirius! –Negaron con la cabeza dándolo por perdido.
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Odette: ¿Qué arriesgarías para lograr aquello que más deseas?
¿: Todo.
Odette: ¿Y si yo te mostrara la forma perfecta de conseguirlo? ¿Me lo darías todo?
¿: Sí. –Contestó con firmeza, ni siquiera dudo un instante cuando las palabras ya habían salido de su boca.
Odette: Tenemos un trato pues… -Sin más se marchó de aquella vieja casa destartalada.
Sonrió con maldad, jamás habría pensado que las cosas pudieran salir tan bien después de todo.
Odette: Las cosas se desmoronan a tu alrededor sin que ni siquiera lo sospeches, Orión…
La oscuridad envolvió su cuerpo, devorando completamente su figura, y un cuerpo surgió de ella emprendiendo el vuelo al tiempo que soltaba un graznido de triunfo.
Mientras, desde una de las polvorientas ventanas, la otra figura observaba el lugar en el que había desaparecido la mujer.
No se arrepentiría de aquella decisión, se lo debía a él. Por él hacía todo esto.
Continuará…
Hasta aquí llega el capítulo diecisiete. No estoy completamente segura de si me he dejado algún miembro de la Orden del Fenix o si me he confundido en alguno, así que en el caso de que encontréis algún error agradecería que me lo disculpeis o me lo hagáis saber si queréis.
Por cierto, he tenido problemas a la hora de poner parte del texto centrado. ¿Alguien sabe a qué se debe o cómo solucionarlo?
