Advertencia: Hay limonada de frutas en este capítulo, léanlo bajo su propia responsabilidad.
Capitulo 6: Sentimientos a flor de piel (Parte 2)
Naoko estaba inhalando y exhalando el aire lentamente, todavía se sentía en lo alto de la montaña de placer proporcionado por su hermana.
Naomi estaba agotada pero aun quería aprovechar esta noche, aunque no sabia como hablar de ello, y temía que su hermana la mirara con asco.
-Naoko…-.
-Naomi…-.
Las dos se quedaron calladas, una sonrisa adorno ambos rostros, al parecer tenían la misma idea, por lo que acercaron sus cuerpos y sus manos se dirigieron a masajear los senos de ambas.
Las dos hermanas comenzaron a dejar salir gemidos de satisfacción por las caricias recibidas, Naoko sonrió para si misma por la idea y tomo la cabeza de Naomi entre sus manos y se acerco ella misma hasta que solo había un espacio de milímetros entre ellas y la beso profundamente, acto que su hermana imito perfectamente.
El beso cambio en algún momento hasta ser una guerra de lenguas entre ambas mujeres, este se vio interrumpido cuando Naomi se quejo.
-Naoko, ya no puedo esperar mas-.
Sonriendo ante aquel comentario la pelirroja comenzó a alejarse del cuerpo de su hermana y acomodo sus piernas alineando perfecta y cuidadosamente su goteante sexo junto con su clítoris con el de su propia hermana, en el momento en que esto ocurrió ambas comenzaron a moverse rozándose la una a la otra, el sudor volvió a cubrir su aterciopelada piel. Se acercaron entre movimientos hasta quedar abrazadas a la vez que entrelazaban sus dedos.
Las caderas de Naomi y Naoko se movían juntas, frotándose entre sus movimientos sus entradas vaginales así como su clítoris, los muros de aquella habitación fueron testigos de aquella danza y aquellos sonidos de lujuria y amor. Ambas estaban fascinadas con sus movimientos.
En minutos ambas no pudieron contener los latigazos de su inminente orgasmo, decidiendo aumentar sus roces, necesitaban liberarse. Los resultados no se hicieron esperar cuando el orgasmo de Naoko y Naomi llego, sus cuerpos se tensaron mientras los fluidos de una empapaban el sexo de la otra, su mente se quedo en blanco y simplemente se dedicaron a disfrutar de su liberación sin importar los gemidos que soltaban.
Este ultimo grito silencio el agudo rechinido de la puerta de la habitación cuando esta se abrió, pero después de semejante placer ambas pelirrojas no pudieron poner menos atención a su alrededor ya que cayeron rendidas en la cama, Naomi encima de Naoko y entre susurros ambas cayeron en un sueño profundo.
Sin notar como unos ojos esmeraldas habían sido mudos testigo de su amor prohibido y mal sano…
Shizune se encontraba bebiendo en un bar, aunque en realidad ni tocaba su copa de sake, hasta que escucho que la llamaban.
-Lamento la demora Shizune- se excuso su amiga Kurenai, esto ultimo le llamo la atención, ya que ella realmente no la había notado.
-Es que no pude encontrar una niñera a tiempo, y tuve que…- a Kurenai se le fue el aliento cuando vio el rostro de su amiga, pareciera que vio un fantasma, se sentó enfrente de ella y tomándola de la mano le dio a entender que contaba con su apoyo.
-Tsunade quiere que tenga un hijo de ella- espeto Shizune antes de tomar su copa de sake y tomársela de golpe. Y con la mirada perdida no noto la cara de confusión, duda y sorpresa en el rostro de Kurenai.
-¿Qué... qué quieres decir con eso?- escucho en un susurro.
El alcohol la había desinhibido por lo que no tuvo reparo en contestar sinceramente a su amiga, -Hace algunos años… Tsunade-sama transplanto sus ovarios a mi…-, Kurenai estaba prestando mucha atención por lo que decidió no interrumpirla y pedir ella misma una botella de sake, -… en aquel entonces, nos dimos cuenta de que yo era infértil y lo que mas añoraba era tener un hijo en el futuro…- tomándose otra copa de sake -… y ahora con un nuevo descubrimiento posiblemente el Clan Senju reaparecerá-.
Bueno, eso ultimo le daba sentido a toda la historia y tal vez no estaria tan mal acompañar a su amiga en sus penas, agarro una copa y se la bebió hasta el fondo.
Ya hacia horas que se había puesto el sol y Akari estaba admirando el firmamento nocturno, su cuerpo estaba cubierto con una frazada para amortiguar el frió de la noche, entre sus manos tenia una humeante tasa de chocolate caliente.
Sus ojos miraban directamente al cielo, la Luna estaba en su fase menguante, pensaba que la esta era tan brillante, admirar el cielo y la vida nocturna la tranquilizaba un poco cuando estaba estresada y nerviosa, tantas cosas cambiarían en tan poco tiempo, desvío la vista al interior de la habitación, todo se encontraba en calma, sumergido en las penumbras de la noche, el único ruido que perturbaba el silencio era la suave respiración de la joven con la que compartía la habitación, esta yacía durmiendo en una de las camas, pero ella no tenia sueño, después de todo, no tenia ánimos para dormir porque estaba pensando en lo que le depararía el futuro, una de las cosas que ella quisiera era el de ser una madre pero era demasiado joven para cargar con esa responsabilidad, otra cosa con la que soñaba y que tal vez no se hiciera realidad era la de ver el mundo con sus propios ojos, pero aun así, estando en Konoha no debería salir a dar un paseo por las calles a menos que fuera de incógnito y no se sentía con ánimos para hacer eso, después de todo, aun era una persona importante. Saliendo de sus ensoñaciones se dedico a ver la aldea desde la habitación de su hotel, minutos después se retiro a dormir.
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Sentada en una de las sillas de la pequeña cocina y metida en sus propios pensamientos se encontraba una mujer madura de largo pelo rojo que fluía por su espalda, sus ojos eran un par de joyas esmeraldas y su piel, ligeramente bronceaba no hacia mas que acentuar su belleza, vestía unos pantalones de color naranja, en sus tobillos y en su muslo derecho tenia vendas, traía una muñequeras de color negro que le llegaban hasta medio brazo, su camisa era de malla, pero sus pechos fueron cubiertos por un top que combinaba con su pantalón, detrás de ella y colando de su cuerpo se encontraba un pergamino de color rojo y blanco, en su muslo izquierdo se podía ver un protector, en el se distinguía la imagen de un remolino, clara muestra de que ella era una Uzumaki.
"-¿En que fallaste Kaori, en que?-" se repetía para si misma mientras recordaba una y otra vez la imagen de sus dos hijas desnudas profesándose su amor, recordando como sus "niñas" soltaban gemidos de placer que todavía retumbaban en sus tímpanos, como el arrastre de un gis sobre un pizarrón.
-¿Ma… Madre?-.
Naomi se había levantado por un poco de agua, se asusto cuando descubrió a su madre en la cocina, y empezó a preocuparse cuando la miro a la cara, tenía un mal presentimiento. -¿Cuándo llegaste?- rogaba mentalmente que le dijera que había llegado solo hace unos instantes, -Mmm...-su madre le echo una mirada al reloj de la pared.
-Supongo que cuando tú y Naoko terminaron de amarse- inmediatamente después de haber escuchado esas palabras se estremeció ¿Qué pensaría ahora su madre de ella y de su hermana? Y no pudo evitar dejar de respirar un momento.
Después de notar ese sutil cambio en la respiración en su hija decidió dejar de lado por un momento este nuevo problema, estaba muy cansada, levantándose de su silla se dirigió al pasillo no sin hablar -Tu y Naoko empaquen sus cosas, mañana nos dirigiremos a Konohagakure no Sato-, y con eso se metió a su habitación para descansar y alejarse de la realidad durante unas cuantas horas.
Sasame miro la enorme entrada de Konohagakure no Sato abrirse, le pareció una eternidad, como si ocurriera en cámara lenta. Sintió como su amiga apretó un poco mas el agarre de su mano, la miro a los ojos: en ellos pudo ver tristeza, angustia e impotencia, jamás creyó que unos ojos pudieran mostrar esos sentimientos de manera tan profunda, al menos no los de ella.
Luego miro hacia atrás, observando a toda su familia, que había decidido acompañarla, depositando sus últimas esperanzas de un futuro prospero para sus familias en ella.
-Ya no hay marcha atrás…- pensó para si misma la joven cuando puso un pie dentro de la aldea. Aunque no pudo evitar mirar hacia atrás una vez más, no por nostalgia o arrepentimiento, sino por sorpresa al escuchar el escándalo que se armaba detrás de ella, y lo que vio provocó dos reacciones, que ella se sonrojara a más no poder mientras su mente trataba de comprender lo que estaba viendo, mientras que su amiga tuviera una hemorragia nasal adornada con una sonrisa boba con el cuadro que estaba viendo.
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Desde las alturas una sombra observaba a las caravanas desplazándose hacia la aldea, el sujeto bestia una capa negra y traía puesta una mascara de Anbu, no hacia nada mas que observar a las caravanas, cuando de pronto dio un salto en el aire, y el lugar en donde había estado solo unas milésimas de segundo atrás había ahora tres kunais, y que sin duda laguna hubieran dado en partes mortales de no haberse movido.
-¡¿Quién eres y que haces espiando a las caravanas?!- le exigía una kunoichi de cabellos dorados -¡Responde!-.
En el salto la capa se le había atorado, por lo que se deshizo de ella, mostrando que el sujeto misterioso era en realidad una kunoichi, Temari con su buena vista haciendo una revisión completa de su contrincante, cabello negro, piel bronceada, mas de un metro sesenta de estatura, con un gran y desarrollado cuerpo… Seguramente su edad debía oscilar entre los 16 y 20 años. Pero lo que más le llamo la atención fuera que la chica, pese a su vestimenta de Anbu no llevaba ninguna arma convencional, al menos no a simple vista: ni katana, ni shuriken, ni siquiera un kunai, solo lo que pareciera ser una cartera café, y esas cosas raras en sus muslos que, a su criterio, eran tubos de aceros alojados en carcasas de ballestas.
-¡Te he hecho una pregunta!- Temari ya se quito su abanico gigante y lo había abierto en toda su extensión, y lo empuñaba en dirección de su contrincante, si es que podía aplicar esa palabra. -Y estoy esperando una respuesta-.
-Mis asuntos cerca de Konoha- hablo por fin la desconocida, y por voz, Temari corrigió su aproximación en cuanto a la edad, -No tiene por que importarle a una extranjera-.
Esta nueva desconocida bajo a la tierra abriendo su carterita. Ambas chicas estaban preparadas para saltar una sobre la otra, y de hecho lo habían echo. Súbitamente unas serpientes salieron de los arbustos a su alrededor para dirigirse hacia ellas.
-¿Qué demo…?- fue lo único que pudo lograr decir la kunoichi de la arena al ser inmovilizada por una de las serpientes, mientras esta ya se enroscaba alrededor de ella en un abraso para nada cómodo. Se regaño mentalmente por haberse descuidado de su entorno, preguntándose mentalmente si esto no lo había aprendido en su examen para convertirse en Jounin. Aunque le sorprendió bastante ver que su contrincante estaba en la misma situación, se pregunto a si misma ¿Qué rayos estaba pasando?
-Y yo que pensé que vigilar el transito de las carrozas iba a ser una tarea aburrida- se escucho decir de los mismos arbustos de donde salieron las serpientes.
-¿Quién esta... Mitarashi Anko?- exclamo una muy confundida Temari mientras observaba a la Jounin tomar de lo más tranquilo su bebida favorita, jugo de alubias, mientras que de su otra mano parecieran provenir las serpientes que las estaban envolviendo.
-Mmm pero miren nada mas a quien tenemos aquí…- dijo Anko relamiéndose los labios, -la hermana del Kazekage, Sabaku no Temari, y a nuestra invitada mas reciente, Kitsumi Sou una de las kunoichi experimentadas del Clan Sou-, la amante de las serpientes no pudo evitar soltar un risa burlona tras una idea que se le paso por la mente
-¿No se supone que ustedes vinieron a Konohagakure para "hacer el amor" y no la guerra?- de sus mangas aparecieron otras 2 serpientes de menor tamaño, estas se deslizaron por los cuerpos de sus compañeras hasta enroscarse en las piernas de las chicas y fueron subiendo por debajo de de la ropa llegando a su, entrepierna.
-¿Se...Señora Mitarashi que es lo que esta haciendo?- pregunto Kitsumi, incomoda y nerviosa por la presencia del reptil en sus partes privadas, no pudo evitar soltar un largo y agudo gemido cuando esta se deslizo por dentro de su ropa interior.
-¡¿¡Pero que rayos estas haciendo Anko!?!- pregunto ofuscada Temari al ver como su "amiga" se retorcía por el acoso del reptil, aunque pronto sus gritos de ira y enojo contra la Jounin se volvieron en suplicas, cuando noto que la serpiente en su pierna se esforzaba por introducirse dentro de su malla, la asustaba de sobremanera el tacto de la serpiente, que empezó a acercarse peligrosamente a su intimidad, intento detenerla cruzando las piernas, pero pronto la serpiente mayor se enrosco entre ellas y la forzó para que las separara, permitiéndole a la mas pequeña llegar a su objetivo y enroscarse allí frotándose contra la chica.
Los gemidos de las chicas eran música en los oídos de Anko, se deleitaba ver como ellas se retorcían y arqueaban por la intrusión de sus mascotas.
-Será mejor que volvamos a la aldea, ¿no piensan igual chicas?- a lo cual estas solo lograron soltar gemidos y contorciones, ya que las serpientes no habían detenido su tortura -Tomare eso como un si-.
Anko podía ser o muy sádica o muy loca, porque ¿a quien se le ocurre cruzar entre varias personas, incluidos infantes pequeños, llevando consigo a un par de jóvenes que jadeaban, gemían y se retorcían debido al estimulo que le provocaban las serpientes en sus partes privadas?
Toda la muchedumbre estaba estupefacta mientras que la Jounin caminaba y saludaba a las personas como si no ocurriera nada, restándole importancia a que, por ejemplo, los padres cubrieran los ojos y oídos de sus hijos, las mujeres casadas y de novias ultimaran a sus hombres para que dejasen de mirar a las pobres chicas, mientras que otras personas hacían lo que podían por reanimar a los ancianos y no tan ancianos que padecían de una hemorragia nasal masiva.
OMAKE
Tsunade murmuraba oscuramente, cuestionando su salud mental, después de todo, había que estar lo bastante loca como para tomar la posición de Hokage. La rubia quería disfrutar de su precioso alcohol y tomar una siesta, ella dirigió su mirada hacia el enorme monton de papeles en la esquina de su escritorio.
-Si yo solo hubiera sabido que tendria que hacer esto, nunca hubiera aceptado-.
Soltó un suspiro de resignación, la verdad era que lamentando su suerte las pilas de papel no se reducirían por lo que siguió trabajando, la noche seguía avanzado, el sol ya anunciaba su pronta ocupación en el alba, cuando Tsunade por fin sellaba el último documento, y lo acomodaba de manera especial con mucho cuidado, casi con cariño abrió un cajón bajo su escritorio y guardo su sello. Se levanto de su asiento y se dirigió hacia la salida de su despacho.
-Por fin, acabe-. Dijo mirando al mirar hacia su escritorio y ver la pila de documentos que había firmado y sellado.
Pero ni bien había abierto la puerta choco contra algo y se precipito hacia el suelo, mientra que un montón de papeles la cubrían por completo.
-Oh Hokage-sama veo que a decidido venir temprano al trabajo- dijo el anbu con el que había chocado -Esos son los reportes de misión del escuadrón Anbu, desde el Equipo 2 hasta el 14-
-Pero…- Tsunade estaba apunto de protestar pero entonces entro otro Anbu, con una pila mas alta de papeles.
-Estos son documentos importantes Hokage-sama, por favor léalos detalladamente-.
-… pero…-.
-Aquí hay más papeles- los Anbu entraban y salían de su oficina y esta pronto se lleno de documentos, "mas papeles, mas papeles" esas palabras retumbaban en su mente, mientras veía exhorta como las paredes y todos los muebles de su oficina se transformaban en documentos e informes que debía rellenar y firmar.
-¡!-.
Tsunade se levanto de su cama, estaba sudando frío, había tenido una de las pesadillas más horripilante de su larga vida, agarro la botella de sake que se encontraba en su mesita de noche, le dio una mirada y la arrojo contra la pared, rompiéndola en mil pedazos, mientras el liquido se esparcía por la pared y el piso.
-Jamás vuelvo a tomar alcohol… antes de dormir- se dijo mas para si misma la sannin mientras se sujetaba la frente aliviada que eso solo aya sido una pesadilla.
-¿Tuviste una pesadilla, Tsunade-chan?-.
-Si, soñé que en la oficina ¡¿JI…JIRAIYA?!-, Tsunade no entendía que hacia el sannin de los sapos en su cama, o el porque es que estaba desnudo, esperen ¿Qué hacia ella desnuda?
-¿Porque gritan tanto?- pregunto alguien del otro lado de la cama.
-¡¿¡DAN!?!- exclamo una muy confundida Tsunade, mientras admiraba muy discretamente la anatomía de su novio.
-Lo que sucede Dan-Kun es que la pequeña Tsunade-chan tubo una pesadilla- explico de lo mas tranquilo el no tan difunto Jiraiya.
-Oh, eso es malo- dijo incorporándose en la cama y acariciando los brazos de Tsunade, mientra que hablaba de manera dulce al oído de ella, lo que provocó que a esta se le subiera la sangre al rostro, -¿No deberíamos reconfortarla, Jiraiya-kun?-.
-Supongo que tienes razón, Dan-kun- mientras lamia su cuello, el sabio de las ranas empezó a acariciar el vientre plano y firme de la rubia, pronto deslizo su mano hacia el sur llegando al clítoris de ella, jugo un rato con el con movimientos circulares, luego con su dedo medio acaricio la entrada de Tsunade, cuando sintió que esta estaba lo suficientemente húmeda, se introdujo en ella con los dedos medio e índice, sacándolos y metiéndolos. Por su parte Dan reclamo los labios carnosos de la mujer introduciendo dentro de ella su lengua que no tardo en juguetear con la que ya había dentro, una de sus manos tomo posesión de uno de los senos de su novia masajeándolo tortuosamente lento, pellizcando el endurecido pezón.
-Hokage-sama, despierte-.
-¿Ah?- Tsunade levanto la cabeza del escritorio, mirando para todos lados, se encontraba en su oficina, y frente suyo estaba uno de sus asistentes con lo que parecía ser mas documentos. -¿Qué sucede?- pregunto con somnolencia.
-Necesito que me entregue los informes de los nuevos novatos…- dejo sobre el escritorio unas solicitudes, -… y que rellene estos papeles-. Tsunade miro como ese mismo hombre se encaminaba a la salida, hizo una reverencia antes de salir, la rubia miro la pila de documentos que todavía le hacia falta mirar. Abrió un cajón debajo de su escritorio, y agarro una botella de sake, la destapo y dio un gran trago de ella,
-¡ODIO SER LA HOKAGE, INCLUSO MAS QUE A LOS PAPELES!- exclamo una muy deprimida Sannin, mientras terminaba de beber su botella y abría otra, con la esperanza de volver a soñar con Dan y Jiraya, y tal vez terminar lo que empezaron.
