Capítulo VI

Llovía. Y llovía muy fuerte.

La incesante tormenta inquietaba a Hinata.

Caminaba de un lado a otro, armando el puzzle misterioso, qué la mantenía tan pensativa.

Sasuke puso los ojos en blanco, pensando si dar la iniciativa él, o esperar a que Hinata hablase. Cosa que estaba difícil. Al final, se decidió.

-¿Qué es lo que ocultas, Hinata?-Inquirió a secas, dejándose llevar por la curiosidad que brotaba de los poros de su piel.

La mujer lo miró con una sonrisa en su boca ¿De qué valía ocultarle la verdad? Si el era el Fénix, de todos modos lo sabía.

-El Fénix me envía cartas, donde escribe acertijos que tienen que ver con el lugar o el momento de la muerte de su próxima víctima-Informó Hinata, sorprendiendo a Sasuke-Ahora dime ¿Qué ocultas tú?

-Itachi no está en la cárcel…-Confesó el Uchiha.

-¿A-A no?-Hinata retrocedió involuntariamente. Frunciendo, levemente, el ceño.

Sasuke rió de forma macabra. Y le enseñó a Hinata algo que la asustó aún más. Un cuchillo, lleno de sangre seca, guardado en una pequeña bolsa.

-Yo lo maté-Concluyó el Uchiha.

Hinata ahogó un grito. No recordaba lo que era asesinar a alguien. Aunque ella ya lo hubiese hecho.

No por nada tenía ese maldito tatuaje en el hombro. Es la prueba más contundente de que perteneció a aquella mafia. La mafia qué ella misma se encargó de destruir. Águila Blanca ¿Les suena ese nombre?

-Creo que deberías confesarme algo más…- El azabache buscó la palabra perfecta para describir lo que quería escuchar- interesante…

-¿Algo como qué?-Hinata trató de evadir el tema, también de ocultar su nerviosismo.

Sasuke se acercó peligrosamente a ella. Acariciando su espalda y su hombro, haciéndola poner más nerviosa de lo que ya estaba.

-Me podrías contar de ese peculiar tatuaje que tienes en el hombro…-Hinata abrió los ojos sorprendida ¿Cómo…?- ¿Una mafia, tal vez?

Hinata abrió la boca un par de veces, tratando de que saliera algo.

-¿Orochimaru?

Ahora sí… Este tipo sabía mucho… ¿Estaría involucrado el también?

Se escuchó un grito ahogado fuera de la oficina.

Hinata y Sasuke corrieron, saliendo de la oficina.

Vieron a Sakura ensangrentada y tirada en el piso. Con un aspecto deplorable. El cabello cortado, dejando varias partes rapadas. Rasguños en su cara, y varias partes del cuerpo mutiladas.

-S-Sakura-Articuló difícilmente Hinata, antes de caer desmayada.

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Abrió los ojos, viendo todo borroso.

Se dio cuenta de que no estaba en su habitación. Ni siquiera en el hospital ¿Dónde se encontraba?

-¿D-donde estoy?-Inquirió mareada la muchacha.

-En mi casa-Contestó una voz ronca, a la cual conocía muy bien-Te desmayaste… Había una especie de… Gas adormecedor, me tapé la nariz antes de inspirarlo.

-¿Y Sakura?-Volvió a preguntar, incorporándose.

-Posiblemente ya le estén haciendo la autopsia-Respondió, cruzando los brazos en su pecho.

Hinata se sorprendió ¿Tan rápido?

-¿Cuánto tiempo estuve dormida?-Inquirió, cerrando los puños en su regazo.

-2 días-Aseguró el muchacho despreocupado.

Hinata miró el calendario en la mesa de noche. Frunciendo ligeramente el ceño. Su cumpleaños. No tenía tiempo de pensar en eso.

-Gracias por todo, pero debo irme-Informó la muchacha, levantándose de la cama.

Caminó no más de dos paso, para luego caer de bruces en los brazos de Sasuke.

-Todavía no estás en condiciones de irte… -Sentenció Sasuke, mirando desafiante a Hinata-Te quedarás aquí.

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Caminó despacio hacia su oficina, no tenía ganas de nada. Ni de trabajar, ni de celebrar. Ni siquiera de beber café o fumar.

Entró con pereza, dejando su cartera sobre su escritorio.

Vio una pequeña cajita roja, miró a ambas direcciones, buscando a alguien.

La abrió con lentitud, como si temiese que fuera algo malo. Y tenía razón.

Ahogó un grito al ver un dedo femenino, mutilado. En el, un hermoso anillo de diamantes.

Un mechón de pelo rosa, también compartía la caja con el dedo.

Cayó al suelo de rodillas, llorando de desesperación. De frustración…De miedo.

Naruto y Sasuke entraron corriendo a la habitación. El rubio se apresuró a abrazar a Hinata, al verla llorando como una niña a la que le quitan su dulce.

Sasuke, por su parte, tomó la carta que acompañaba el peculiar obsequio.

No tenía derecho a tocar tus cabellos.
Nadie, más que yo, tiene derecho a tocarte, siquiera.
Feliz Cumpleaños…
Disfrútalo, tal vez sea el último.

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Dos personas discutían seriamente. La primera deseaba salir del lío en que se había metido.

-¡No voy a matarla!-Gritó desesperada la hermosa mujer de ojos azules.

-¡Lo harás! Ya cumpliste tu venganza… Mataste a todas las mujeres que, alguna vez, fueron algo importante para Sasuke-Gritó el hombre, golpeando con fuerza su escritorio- Te toca cumplir tu parte del trato, Ino.

-¡Ya te dije que no!-Volvió a repetir su negativa.

El hombre apretó el gatillo de su arma tres veces. Acabando así, con la vida de Ino.

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Y aunque tú pienses que todo había acabado. Estabas equivocada ¿Estás más cerca de tu destino? ¿Estoy más cerca de cumplir mi venganza?
Fénix Dorado.

Capítulo VII

Abrió los ojos. Estaba harta de hacerse la dormida. De ignorar a la persona junto a ella.

Flash Back

Naruto abrazó con fuerza a Hinata, tratando de consolar su dolor. Sin embargo, la desesperación de la mujer era muy fuerte.

-Tengo miedo-Sollozó la mujer, bañando en lágrimas el cuello del muchacho de cabello rubio-No me dejes sola, por favor.

-Te prometo que no lo haré-Le susurró Naruto, acariciando con dulzura su cabello.

Sasuke se volteó hacia ellos, y se agachó a la altura de ambos. Frunció el ceño, disgustado.

-Llévala a mi casa, Naruto-Ordenó el joven policía, de forma seria.

-Puede quedarse en la mía-Sugirió el rubio, mirando ceñudo a Sasuke.

-Te di una orden-Recalcó, mirando fría y penetrantemente al aludido-Yo me quedaré aquí.

Fin Flash Back

Cerró sus puños, apretando la delicada sábana de seda. Se mordió el labio, ahora pálido y sin color, debido a que no llevaba su sensual labial carmín. Sin embargo, muy hermosos.

-¿Despertaste?-Escuchó esa voz ronca y sensual, pero a la vez posesiva, imponente.

-S-Sí…Lamento causarte molestias-Se disculpó, incorporándose.

Sasuke solo bufó, y colocó en una mesita una bandeja con comida para la muchacha.

-Hace dos días no comes… Lo harás así sea a la fuerza-Amenazó Sasuke, mirando la cabeza gacha de la mujer.

-Bien-Acató Hinata, a regañadientes.

Se llevó una manzana a la boca, y la mordió con lentitud, saboreándola.

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Caminó deprisa, y dobló en la esquina, entrando en un pequeño y sencillo café.

La vio sentada en una mesa cerca de la ventana. Vestía un abrigo grisáceo, junto con un pantalón negro. Sus guantes rojizos se encontraban junto a su mokkachino caliente, con poca espuma y sin azúcar.

Se acercó a ella, quitándose sus guantes blancos.

Sacudió su pelo rojizo, mojado por la lluvia.

-Perdona que me tardara-Se disculpó el muchacho, sentándose frente a la joven.

-Tranquilo, no tengo mucho tiempo aquí-Dijo la chica, acomodando su cabello azulino, desordenado por el viento.

Hinata le sonrió, dulce y tierna, pero con un deje de tristeza en sus ojos blancos.

Gaara se perdió en aquellas perlas, disfrutando de la paz que le daban. Llegó a pensar que nunca escaparía de aquel laberinto blanquecino dentro de los ojos de aquella perfecta mujer.

-¿Cómo está Zara?-Inquirió la muchacha, llevando la taza de café a su boca carmín.

-Está bien, ya está en casa conmigo-Informó el joven, mirando a la mujer- ¿Por qué quieres encargarte de Zara? ¿Por qué deseas protegerla?.

Hinata suspiró, mirando el cielo que se despegaba. Recordó su triste y oscuro pasado. Su padre la maltrataba, su hermana la insultaba y menospreciaba; el único que la quería era su primo, y a medias.

Pero había algo que la ponía aún más deprimida. Y eso era, su falta de fertilidad.

-Uno: Le prometí a tu madre que cuidaría de Temari y de Zara; no pude cumplir con Temari, pero no fallaré con Zara…-Habló con decisión la mujer, viendo con dulzura al caballero- Y dos: Quiero ser madre.

-¿Y por qué no tienes un bebé? ¿No tienes con quién tenerlo?- Inquirió con vergüenza el muchacho, hablar de eso no era muy fácil para él.

Hinata sonrió con lejanía, mirando el cielo perdidamente. Suspiró.

-No puedo tener bebés…Son infértil-Le dijo.

Gaara se maldijo por haber abierto la boca. Sí. En las mujeres era muy delicado ese tema. Pero para las que no pueden tener hijos, es un tema tabú, del que nadie habla.

-Lo siento-Se disculpó el muchacho.

-No hay problema…Pero, no pienso quitarte a Zara-Concluyó Hinata, recorriendo con su dedo el borde de la taza.

Gaara asintió, y le pidió a la camarera un café.

-Gaara ¿Para qué me citaste aquí?-Preguntó la chica, mirando confundida al aludido.

Gaara recordó lo que debía hablar con Hinata, y bebió de su café antes de comenzar.

-Necesito pedirte un favor…-

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Se sentó en un banco. Bajo la luz de la luna, que iluminaba el lugar, deshaciendo la oscuridad.

El viento sopló, meciendo su cabello largo.

Una lágrima cristalina se escapó de sus ojos blancos.

Sollozó delicadamente, al ver que la última pareja se iba del parque. Visualizó la estrella fugaz que hacía su aparición, e instantáneamente, se desaparecía en el infinito.

Ser feliz…Pidió con los ojos cerrados, aún sabiendo que era una niñería creer en eso.

La brisa pasó, arrastrando todo a su paso. Las lágrimas de Hinata, las hojas caídas de los árboles. Y la tranquilidad.

Hinata tenía un mal presentimiento.

Escuchó una delicada, pero maligna, risa. Qué la hizo erizarse.

Y lo entendió.

Bajo el manto de la noche
Un deseo inútil pedirás
Apareceré de repente
Y todo terminará
Fénix Dorado.

Corrió, dejando todo en el banco. Su cartera, y sus pertenencias.

Volteó, por pura curiosidad, y vio a un hombre vestido de negro persiguiéndola.

Siguió a toda velocidad, jadeando de cansancio y de miedo. Lágrimas saladas escapaban de sus ojos, rezando por no morir en el intento.

Y vio su final acercándose, justo cuando se rompió el tacón de sus botas, y cayó de bruces al suelo.