Notas de la autora: ¡Hola! Bueno, antes que nada perdón por tardar tanto en subir el cap, es que no estaba muy inspirada y realmente me costo mucho escribir algo que me convenciera, aunque voy a ser sincera, mucho no me convencio pero bueno u.u tengo que dejar de ser tan autocritica xD.
Bueno, les tengo que informar que voy a tardar en actualizar, ya que la semana que viene rindo examenes (martes y miercoles) y voy a estar bastante ocupada estudiando y repasando, pero prometo que ni bien termino de dar los examenes me pongo a escribir y publico el siguiente capitulo lo más pronto que pueda.
Agradecimientos: Primero, gracias a Eiri por ayudarme a escribir este fic y darme ideas. Espero que este capítulo te guste ^^
Gracias también a viscomica por brindarme información sobre el siglo XIX muy amable.
Y gracias a todos los que leen este fanfic, espero que el capitulo les sea de su agrado ^^
Disclaimers: Nada me pertenece, el texto si (algunas partes las invento Eiri), pero los personajes no.
Una joven que va a formar parte de la historia, es total y completamente invento mio.
No gano dinero con este fic, no gano absolutamente nada, más que el los fans disfruten de él, eso es lo mejor que puedo ganar ^^
Capítulo 3- Encuentros.
Cuando Holmes abrió los ojos e intento buscar con su brazo a Watson, pudo notar que no estaba ya a su lado, y para su desgracia, aquel órgano rojo comenzó devuelta con esa pequeña gran tortura.
-Buen día señor Sherlock Holmes, le tengo que informar que no amanecimos al lado de nuestro querido, preciado, hermoso, perfecto y todas las demás buenas virtudes que tenga, Watson y eso puede significar una cosa que esta:
-Buenos días Holmes- saludo John con una sonrisa- ¿Te sientes mejor?-
-No- respondió sin un gramo de mentira o sarcasmo- Me levante hace minutos y la cabeza ya me esta doliendo.
Sin embargo a la noche, obviando ciertas situaciones, dormiste muy bien.
Claro, si estaba a tu lado- le contestó seriamente- Aunque no lo creas…- se paro delante de Watson y lo tomo de la mano izquierda- Cuando estas conmigo, todo mejora, siempre.
Se acerco peligrosamente a John, más de lo que alguna vez se hubiese acercado.
Acaricio con la otra mano el rostro del doctor, que estaba paralizado ante el contacto, pero aún así, los ojos de este brillaban con una gran intensidad.
Y es que Holmes sabía a que se debía esa mirada. A veces se sentía un idiota, por no decirle lo que realmente sentía y poder dejar de sufrir por poder verlo y no tenerlo de la forma en que élrealmente lo deseaba. En la que ambos deseaban.
Sin embargo, había una realidad.
Ya casi lo perdía una vez a Watson y no lo perdió.
Pero jamás podría tolerar verlo sufrir bajo ningún motivo, es decir… Si entre ellos llegara a pasar algo, y otra persona la sabría, Holmes sabía perfectamente que Watson sufriría, y no, eso no tenía que ocurrir.
Por más, que el deseo lo consumiera por completo, a veces, prefería realmente que se vaya con Mary, a tener que darle una vida de romance secreto.
Aunque no le importaba lo que dijera la ley, era Watson, y estaba dispuesto a enfrentarse a todo el mundo si se trataba de John, pero no estaba dispuesto a que sufriera, no.
Las respiraciones chocaban, los dedos de una de las manos de Holmes acariciaban los labios de Watson.
No tenía control.
Y temía realmente que fuera a hacer un movimiento (estaban a escasos centímetros) que lo cambiara todo para siempre.
Y entonces, pudo tomar, raramente el control de su cuerpo y mover a un costado el rostro, alejándose de un Watson, que estaba completamente petrificado con la mirada confusa.
-Vamos a desayunar- dijo Holmes.
-Esta bien- contesto secamente John.
Comenzaron a caminar por las calles de Londres. Llena de gente yendo y viniendo.
Pero Holmes y Watson, no estaban pensando en eso, no. Más bien pensaban, en lo que había sucedido hace unos minutos atrás en la habitación del detective.
A ambos les latía el corazón con fuerza con tan solo recordarlo. Se les estremecía la piel, a Watson las manos le transpiraban con tan solo hacer memoria. Y apenas se animaba a mirar fijamente a Holmes, porque, seamos sinceros ¿Realmente quería hablar de otra cosa que no sea lo que había pasado hace un rato atrás? No, no quería. El realmente quería hablar de cierta situación, quería que le explicara… Más bien quería saber la razón por la que Sherlock no rompió esa distancia entre ellos dos. Watson pudo haber roto esa distancia pero… Pero realmente no se animaba.
Es decir, si esa distancia se hubiese roto, lo más seguro que en esos momentos no hubiesen estado caminando por las calles de Londres, sino que estarían en aquel cuarto hablando sobre aquello… O solo estarían demostrándose de forma bastante pasional lo mucho que se querían.
Se detuvieron en la puerta de un restaurante y entraron.
Como si ambos pensaran igual, se detuvieron justo en la misma mesa, sin preguntarse nada.
Se sentaron y el mozo no tardo en atenderlos.
Una vez que se fue, Holmes hablo:
-¿Tienes que hacer algo hoy a la tarde?-
-Si, tengo que ir a tomar el té con un matrimonio, amigos de Mary- le comentó y entonces el rostro de Holmes se transformo en la más plena seriedad y una punzada sintió en el pecho- ¿Por qué?-
-Nada, solo curiosidad- le respondió.
Trajeron los desayunos.
No hablaron más, se dedicaron solo a comer.
Aunque la mente de Holmes, se dedicaba a otra cosa.
-Tienes que hacer algo para que no se vaya, vaya, vaya, vaya- cerró los ojos con fuerza- ¿Por qué no lo besaste? Ahora no estarías aquí sentado, con los ojos cerrados dejando enfriar un té, sino que estarías en tu habitación haciéndole *piiii* después estaría arrodillado y *piiiiiiiiiiiiii*. Claro, luego tu le harías nuevamente *piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii*-
-Holmes, te esta sangrando la nariz- le aviso Watson que sin querer, mancho con un poco de crema una zona cercana a sus labios- ¿Tienes hambre?-
Holmes se lo quedo observando con los ojos muy abiertos y pasando fuertemente el te por su garganta.
-Me muero de ganas de comer… te- finalizo- Te manchaste, Watson- le informó con una gran sonrisa-
-¿Dónde?- pregunto tomando la servilleta, poniéndola cerca del rostro.
-No, deja, mejor te limpió yo.
Observó como todo el mundo estaba encismado en sus cosas, sin prestar atención a lo demás.
Su mente se lo decía a gritos y el no podía controlar a su cuerpo. No podía imponer su propia voluntad en su cuerpo.
Sin embargo, no le desagradaba la situación.
Aunque sabía que podía ocasionar problemas, grandes problemas, si no se podía contener.
Y no se contuvo.
Se acerco despacio a Watson, rozo un poco la nariz con la del otro, lo tomo del mentón y luego paso la lengua por aquella zona, dejando a Watson completa y absolutamente ruborizado.
Y a cierta persona que los observaba de reojo también.
-Vayan a una habitación- dijo una voz conocida.
Ambos miraron a la dueña de aquella voz y se encontraron con nadie más y nadie menos que:
-¿Qué se supone que hace un intento de gitana en un lugar como este?- pregunto Holmes, apartándose de Watson.
-Vengo a desayunar- dijo sonriente- Y de paso a que me agradezcan porque mi cuerpo tapo al resto del mundo, de esa forma tan rara que tienes de limpiar a tu amigo.
-¿No es demasiado costoso este lugar para alguien como tú?- pregunto Watson.
-No realmente, tengo dinero para pagar esto y más- les dijo con una sonrisa, sentándose en la mesa individual que había al lado.
No pareces gitana, tienes algunas cosas de ellas, que te distinguen como tal, pero…- Holmes analizo la vestimenta de la chica- Ese vestido es demasiado costoso ¿En tu tiempo libre atormentas a las personas diciendo cosas incoherentes como las que dijiste ayer?-
-Ya quisieras- le dijo malévolamente- Pero no para tu desgracia, soy muy honesta, Sherlock Holmes-
-¿Cómo…?-
-Simplemente lo sé, señor Watson, así cómo sé que se va a casar con una señorita, a la que Holmes detesta tanto como yo a mis antiguas clases de historia-
-No la detesto- insistía, no podía mentir cuando se trataba de ocultar sus verdaderos sentimientos a Mary- No más…-
La quisieras ver en un barco abordando lo más lejos posible de aquí-
-Exacto- respondió sin darse cuenta y se tapo la boca.
-Holmes- lo miro con enojo Watson- No entiendo porque no te cae bien, es una mujer muy dulce y atenta, además…
-Todo muy lindo doctor Watson- dijo la joven- Pero a lo que me refiero yo, es que el simplemente esta celoso, es decir, usted es tan bueno, que hasta yo me hubiese enamorado de usted si fuera más grande o usted más joven- rió cuando Watson se ruborizo.
-¿Pediste tu desayuno?- pregunto Holmes, queriendo desviar la charla.
-No hace falta, vengo todos los días- le contestó el detective- Doctor Watson- llamo la chica.
-Dime-
-Ayer su cuello, fue invadido por un vampiro.
John y Sherlock se miraron y volvieron a mirar a la chica que los miraba, demasiado convencida de lo que había dicho.
Holmes miro a la joven y luego a Watson le hizo señas de que ella estaba loca. Watson lo miro un poco molesto.
Y la joven solo se dedicaba a observarlos.
-Holmes, usted estaba mirando el cuello de Watson como si lo fuera a comer.
-Deja de decir verdades, digo mentiras- Holmes luchaba contra lo que su mente quería decir- Por tu culpa estoy enfermo.
-Ah no señor, no me eche la culpa, si usted es así de nacimiento, yo no tengo culpa de ello.
-Oye…- Holmes fue interrumpido.
-Buenos días John- dijo una suave voz femenina.
Las tres personas voltearon a ver.
No era otra persona que Mary, la cual miraba cariñosamente a su prometido.
Watson sonrió al verla y se levanto para saludarla.
Holmes miro para otro lado, molesto.
-Buen día Holmes- saludo sonriente la mujer.
-Buen día- respondió de muy mala gana Sherlock.
-¿Qué haces por aquí?- le pregunto curiosa Mary a su prometido.
-Solo desayunaba junto a Holmes.
-¡Usted es Mary Morstan!- dijo la chica entusiasmada- Es un honor conocerla.
-Discúlpeme, pero yo la no la conozco a usted señorita- le respondió cortésmente.
-Me llamo Dominique Mercier-
-Un gusto- dijo la mujer- ¿Mi prometido te hablo de mi?-.
-No.
-¿Y entonces?
-Es que usted- se acerco a ella y en voz baja le dijo- Va ser la futura engañada.
-Holmes rió por lo bajo de la expresión de Mary. Que quedo congelada al oír eso.
-Watson quedo de la misma forma.
Y Dominique solo la miraba seriamente.
-¿Cómo que engañada?- pregunto Mary, sorprendida.
-¿Es qué ella no lo sabe?- cuestiono Dominique- Vaya, me lo imaginaba del viejo decrepito- Sherlock la fulminó con la mirada- ¿Pero de usted doctor Watson? Usted que es tan admirable-
-¿Qué es lo qué no sé? John ¿Me puedes hacer el favor de explicar lo que esta pasando?
-Yo le explico con mucho gusto- hablo finalmente Holmes- Lo que sucede es…
-Es que su querido y amable Watson la va a engañar- finalizó la joven.
-Eso mismo iba a decir- dijo Sherlock- Te va a engañar.
-Eso es mentira, el jamás me engañaría- negó indignada Morstan.
-Eso es lo que dicen todas- dijo la chica- Pero al final después lloran porque su prometido les fue infiel, tan infiel como Enrique VIII a su primera esposa Catalina.
-O Josefina de Bonaparte, dicen que incluso se acostaba con su hermano- agrego Holmes.
-¡Ven! ¡Ven! Ahí esta lo que digo: Brothers not in blood, but, in bond.
-Usted no esta bien señorita- dijo Mary- Los hermanos no pueden tener relaciones.
-¿Entonces como se supone Adam y Eva poblaron al mundo? ¡Pues cometiendo incesto!- dijo la chica, tomando el desayuno que le había dado un mozo que se quedo mirándolo a lo joven por lo dicho, y luego se fue.
-¿Nunca te echaron de una iglesia?- pregunto Watson.
-Innumerables veces, señor Watson- respondió en un suspiro, luego tomo el té.
-¿No te echaron nunca de tu casa por provocar males a la salud?- cuestiono Holmes- Dime, tu tienes que estar enferma también.
-Óigame, ya le dije- insistió la chica- Si usted nació así, no me eche la culpa a mi.
Mary sonrió, se sentó en la mesa individual detrás de Watson y Holmes.
Mientras un mozo la atendía, el detective comenzó a hablar con John.
-Es definitivo- dijo Sherlock- Fue ella quien me transmitió el virus-
-¿De qué hablas? ¿Por qué dices que es ella la que te contagio tu enfermedad?-
-¿No notas lo loca que esta?
-Holmes ¿No crees que deberían por lo menos tener los mismos síntomas?- miro a la joven- No parece tener dolores de cabeza, aunque, si dice cosas muy extrañas.
-Capaz que a ella le afecta solo de la forma cerebral- comentó Holmes.
-Solo hay una forma de saberlo- se volteó a ver a Dominique- Disculpe, señorita Mercier-
-¿Si?- pregunto la chica- ¿Qué se le ofrece?-
-Usted por casualidad ¿No ah tenido dolores de cabeza o sufrido delirios o echo actos insólitos?-
-No, no hice nada de lo que Holmes si ah echo.
-¿Cómo sabes que...?-
-Soy una gitana, doctor Watson- explicó la joven- Me destaco principalmente por tener visiones, y cuando los vi a ustedes caminando en la noche, pude ver que algo realmente desgraciado iba a ocurrir, y para impedir eso, pues, dije lo que más ocultaba el señor Holmes.
-¿Y cuál es esa gran desgracia?- pregunto sin importancia Sherlock.
-El matrimonio del señor Watson- respondió- Los iba a separar a ustedes y lo peor de todo- siguió- Ustedes dos, señores, iban a tener que reprimir para siempre sus sentimientos.
Ambos hombres se quedaron callados ante lo que dijo la chica.
Esta última se dedico a seguir desayunando tranquilamente. Al igual que en la mesa de atrás lo hacía Mary, que no tenía idea de la charla que se mantenía a sus espaldas en ese momento.
Holmes miro para otro lado, realmente sabía que había algo raro con esa chica, es decir ¡Sabía demasiado!
El no creía en la magia, ni en nada de eso. Es decir, capaz que ella solo estaba aburrida… ¿Pero con tanta exactitud iba a bromear?
-Si terminaste de desayunar, propongo que nos marchemos- dijo Holmes- Siento que en cualquier momento voy a estallar.
-¿Por qué? Si solo dice incoherencias, tu mismo lo dijiste…- comentó Watson en un tono triste- No le des importancia.
-¡Claro que se la doy!- y eso le salio de la nada- ¿Y sabes que? Mejor salgamos necesito ir a casa urgente, siento que en cualquier momento voy a soltar cosas que quiero decir- de nuevo dijo lo que realmente quería decir, y no lo podía detener, todo fluía, todo lo que el siempre oculto.
-¿Te vas John?- pregunto Mary, que estaba parada a su lado
- Si- le respondió amablemente el doctor.
- Me voy contigo entonces- sonrió dulcemente y Holmes golpeo la mesa con violencia.
-¿Qué te sucede?- le pregunto John preocupado- Estas actuando más extraño que ayer-
-Yo digo que mejor salgamos- dijo la adivina- Es probable que la charla que vayan a tener la futura engañada y el viejo decrepito no sea la apropiada para el lugar.
Pagaron la cuenta y se fueron del local.
Y Holmes sentía que realmente, en cualquier momento iba a estar fuera de control.
Capitulo 3- Encuentros- Fin.
Continuara...
¡Gracias por leer!
