Notas de la autora: ¡Hola! Bueno, antes que nada, les pido disculpas por haber tardado tanto en actualizar, para ser sincera, la biofisica me quemo el cerebro, y no estaba nada inspirada, logre escribir Ven porque fue algo espontaneo.
En fin, solo me queda dar nuevamente matemática, pero como es solo una materia me va a dejar más tiempo para poder escribir el fic.

Otra cosa, que no me puedo aguanto decir: ¡El secreto de sus ojos gano el oscar! Me puso muy contenta el que una pelicula argentina haya ganado, espero que ganemos más e.e

Con respecto a lo que me pregunto sheholmes, lamento decirte que no puedo decirte con exactitud cada cuanto actualizo. Es cuestión de que me sienta segura con lo que escribo, o minimamente segura xD soy muy autoexigente y borro más de lo que escribo xD.
Aunque como estoy con un solo examen, es posible que actualice cada una semana.

Dedicatoria: Bueno, como ya saben este fic, esta dedicado a Eiri, a quien también le agradezo que me ayude con este fic ^^

Discalimers: Los personajes de este fanfic no me pertenecen. Salvo la adivina, que si, fue creación mía. Algunos dialogos e ideas las invento y propuso Eiri. Gracias a Kurumy (amiga del secundario que lee este fic) por brindarme ideas ^^.

Capitulo 4- Por las calles de Londres.

-Hay míralos- le dijo la molesta voz interior a Holmes- Están agarrados del brazo, mientras que la zorra le habla al detalle de cómo quiere separarnos, ósea del casamiento.

-Cállate- lo amenazo Holmes por sus adentros- Lo único que haces es molestar.

-Es cierto- afirmó la otra voz interior- Desde que apareciste tu, no provocas más que desastres en nuestra vida-

-¿Es un desastre acaso que Watson duerma con nosotros?- pregunto con sarcasmo, y ninguna voz respondió- ¡No! ¿Ven? Mientras estoy yo, todo va de maravilla-

-Todo va mal, lo único que haces es confundir más a Watson-

-Corrección: lo único que hago, es lo que tú quieres hacer en realidad, pero no te animas por miedo.

-¡Y más vale que tenga miedo!- bramo la otra voz- ¡Imagínate si alguien se llega a enterar, sería un desastre! Y ahora si me lo permites Holmes, voy a pasar a explicarte algo.

-Explica- dijo ya Holmes con poca paciencia.

-¿Vez a aquella mujer de ahí?-

Entonces Holmes, miro a donde estaba Mary agarrada del brazo de John, y hablando ambos muy cariñosamente, como si fueran dos enamorados.

Sherlock sabía que Watson no sentía lo mismo por ella pero… Los celos eran más fuertes. Es decir, para el detective, el doctor no tendría que: mirarla así, agarrarla del brazo, sonreírle, hablarle. En palabras más simples: ni siquiera deberían de estar juntos.

-Aquella mujer, esta robándonos algo que definitivamente nos pertenece, y eso es el corazón de John Watson, y para peor, ella va ganando y nosotros perdiendo, por más acercamiento que hayas logrado gracias al órgano rojo, ella sigue estando con Watson, y sigue siendo una gran desgracia-

-Muy cierto- reconoció Holmes, que trataba de no mirar a donde estaba su amigo.

-¿Y qué se supone que vas a hacer? ¡Tienes que hacer algo para impedir que se casen, es decir, nos esta sacando lo que más amamos en este planeta!

-¿No era que no querías que Watson supiera algo?- le pregunto molesto Sherlock.

-¡Quiero que lo sepa! ¡Pero no de la forma bruta como lo hace el órgano rojo ese que lo único que hace es que él se sienta más y más confundido y…!-

De repente Holmes sintió un pequeño griterío dentro de su cabeza y hasta insultos.

Luego todo se quedo en silencio en su cerebro.

Suspiro aliviado, hasta que…

-Te lo va a robar, te lo va a robar, te lo va a robar, te lo va a robar, te lo va a robar, robar, robar, robar, robar, robar, robar, robar, robar, robar…- demasiado rápido canto victoria, aquella voz lo estaba ametrallando nuevamente y le esta provocando dolores de cabeza.

-¿Holmes?- llamo Watson, y volteo a mirarlo- ¿Te sigues sintiendo mal?

-Y claro que si, con ustedes dos, preparando mi funeral- Respondió Holmes sin darse cuenta y se mordió los labios.

-¿Funeral? Señor Holmes, nuestra boda no es su… Puede ser, es muy probable que cuando yo me case con John, usted no logre vivir demasiado-

-Mary- la llamo en tono de regaño Watson.

-Capaz que usted no va a vivir mucho cuando Watson le diga que no quiere casarse con usted- le respondió con una sonrisa en los labios Sherlock.

-Holmes- el mismo tono que con su prometida, uso el doctor para retar a su amigo.

-¡Imagínense si se entera lo de hoy a la mañana!- grito la adivina saliendo de atrás de Holmes-

-¿De qué me tengo que enterar John?- pregunto curiosa Mary.

-De nada cariño- mintió el doctor.

-De nada que pueda ser contado en público- completo Holmes

-¡Holmes!- le grito Watson- ¿Podrías dejar de hablar?

Y extrañamente, no podía hacerlo, sentía que las palabras estaban atascadas en su boca, luchando por salir libremente y decirle todo a Mary, todo lo que había sucedido, solo para que le quede muy en claro que ella era la única que sobraba.

Pero, tenía que controlarse, aunque realmente… No podía hacerlo.

-Tiene que asumirlo Holmes, John se va a casar conmigo y ya no podrá acompañarlo más a usted- le explico seriamente Mary- Si realmente lo quiere, tiene que dejarlo ir.

-…- eso había dolido- Y que no quiero, Mary Morstan, usted sabe muy bien que hay cosas que solo yo puedo darle a Watson, que usted nunca podría.

-¿Cómo cuales cosas señor Holmes?- le pregunto desafiante Mary- Señorita- llamo a la adivina- Esta sumamente colorada ¿Se siente bien?

Los dos hombres miraron a donde miraba Mary y se encontraron con Dominique, que estaba muy colorada y con una pequeña gota de sangre en la nariz.

Sacudió la cabeza y se limpió la nariz y contestó sonriente:

-Es que me imagine todas las cosas que Holmes podría darle al señor Watson, señorita Morstan

Holmes sonrió y Watson se ruborizó.

Mary siguió con la charla, tratando de olvidar el comentario.

-En fin señor Holmes, usted nunca podrá darle una vida tranquila a Watson, cosa que si yo puedo darle.

-Y usted que sabe- le explico Holmes.

-No sabía que responderle ya, es decir, no podía pensar con claridad y las únicas cosas que se le ocurrían, eran insultos.

No era bueno que la voz coherente no estuviera para ayudarlo en esos momentos.

-Además usted misma lo dijo Mary Morstan, él llevará esas cicatrices con orgullo, porque valieron la pena ¿Pero sabe por qué? Porque en esa explosión el, en vez de correr a salvarse tan sólo...sólo...-Holmes se dio cuenta de lo que hizo en verdad Watson- me detuvo para que no avanzara hacia él y no fuese yo lastimado

Se estaba quedando sin argumentos, eso no era algo muy común.

En absoluto.

En realidad, los tenía, pero eran fuertes ofensas a la señorita Morstan, y eso iba a provocar un escándalo en el medio de la calle.

Así que en esos momentos, se dedico a saber el por qué la adivina caminaba sin darle la espalda a Watson y Mary, y para colmo, como hacía para no chocarse con nadie y no caerse en ningún momento.

Y seguro que va a llevar un hermoso vestido blanco- dijo Dominique, la cual dio una vuelta en el lugar y después siguió caminando como lo hacía antes- Y cuando usted llegue al altar, se van a mirar a los ojos.

Ya era molesto ver a Watson y Mary caminando agarrados del brazo, pero algo que era más molesto que eso aún, era ver como una adolescente iba explicando como sería el momento en que John se casará.

-Y el padre va a decir todas esas habladurías y después de eso, va a llegar la parte fundamental del "Si alguien se opone a esta unión que hable ahora o calle para siempre"- dijo la adivina imitando la voz de un señor.

-Watson- llamo Holmes al doctor, con muy poca cara de buenos amigos.

-Y eso da a entender que el viejo decrepito se opone al matrimonio ¿Qué tal estuvo improvisación de la ceremonia frustrada eh?-

-El señor Holmes, no va a frustrar la boda- contestó Mary- El quiere lo suficiente a Watson como para dejarlo ir-

-Claro que el lo quiere a Watson- comentó la adivina.

Y entonces siguieron caminando, nadie más hablo al respecto.

Cada uno parecía haberse quedado sumergidos en sus propios pensamientos.

Watson, miraba de vez en cuando a Holmes, y luego miraba a Mary… Se preguntaba si realmente estaba haciendo lo correcto.

Es decir ¿Reprimir todo el amor que le tiene a Holmes (que sabe muy bien que es correspondido) y tratar de amar a otra persona? Eso no era justo, para nadie. No lo era para Mary, para nada, ella no se merecía eso. No lo era para Holmes, tampoco era merecedor y si vamos a la realidad, no era buena para nadie la situación.

¿Entonces que podía hacer? ¿Decirle a Mary que realmente no la quería a ella, que otra persona ocupaba su corazón? Eso le destrozaría el corazón a ella.

¿Y que iba a hacer con lo que sentía por Holmes una vez que se casara? ¿Cómo lo opacaría? Mary siempre es muy cariñosa, muy amable, pero Holmes, siempre iba a estar en su corazón ¡No había un solo segundo en que no pensará en Sherlock! Ni uno, siempre lo recordaba, y siempre, habla sobre él.

Además, las cosas con Holmes se estaban poniendo complicadas… ¿Cómo iba a decirle adiós después de lo que había sucedido a la mañana? ¡Casi se besaban!

¿Y lo de la madrugada? Aún recuerda el tacto del detective, abrazándolo con fuerza, amarrándolo de la mano, aquella respiración cerca del rostro… Daría cualquier cosa, con tal de sentir eso nuevamente, además, si eso iba ser lo más cercano que estaría de un contacto íntimo con el detective… No le importaría darlo todo.

Holmes, mientras tanto, oía como esa voz interna, molesta, se la pasaba canturreando que haga algo. También le decía que hablara con Watson, que le dijera todo.

Y también, ya que estaba enfermo, podría aprovechar un poco la situación.

Porque, según Sherlock Holmes, tenía una grave enfermedad.

Una muy rara, provocada por un ser femenino de apariencia adolescente, la adivina.

Que según él, sabía demasiado.

O esa chica tenía una imaginación increíble, o realmente, era una espía excepcional, tan buena como para que nunca la haya visto.

Eso era imposible, a él nada se le escapaba, y si ella los hubiese espiado, lo hubiese notado.

-¿Sabe una cosa Doctor Watson?- le pregunto la adivina, en voz bajita, poniéndose en el medio de él y Sherlock.

-Depende ¿A qué se refiere?- le pregunto el doctor.

-A su amigo- le respondió la joven.

Holmes cuando noto que Dominique, hablaba con Watson y justo este lo miro, dedujo que hablaban de él.

Entonces, disimuladamente, se fue acercando, lo suficiente para escuchar.

-¿Qué cosa debo saber de él? Se mucho de Holmes- le contestó con una sonrisa y una expresión de satisfacción John.

-Lo que no sabe, es que en realidad, él no lo entiende-

-¿Cómo se atreve esa enana a decir que no lo entendemos? ¡Lo entendemos mejor que nadie!- se quejó aquella voz molesta.

-¿Qué es eso de que no me entiende?- pregunto Watson.

-Hay cosas para las que usted, es realmente inocente, señor Watson- comentó la chica, que ya sabía que tenía a Holmes, pegado a ellos, sin embargo eso no le molesto, es más la animo a seguir- Cuando usted, le comenta sus problemas, convencido de que él, lo comprende y que lo va a ayudar. Usted ignora una cosa.

-¿Qué se supone que voy ignorar?- comentó algo molesto John.

-Ya que el señor Holmes nos esta escuchando, aprovecho el momento para decirle algo, que usted nunca supo señor Watson-

Ambos hombres se quedaron callados, John, miro a Mary la cual solo se dedicaba a caminar, tranquila, con una sonrisa en el rostro.

Entonces, volvió a prestar atención a la adivina.

-¿Qué cosa nunca supe?

-Watson sabe mucho sobre mí, no sé que otra cosa no podría saber es decir…

-Lo que usted no sabe, señor Watson es que…- se puso en puntitas de pie para llegar al oído de ambos, y extrañamente también caminaba de esa forma- Es que cuando usted piensa que lo entiende, el simplemente lo esta desnudando mentalmente, es decir, lo imagina desnudo.

Holmes se quedo con los ojos muy abiertos mirando a la adivina y Watson hacía exactamente lo mismo, con la diferencia, que estaba colorado.

El detective, trataba de mantener la calma, aunque era algo sumamente complicado en esos momentos, es decir… ¡¿Qué le pasaba a esa chica?! ¡¿Cómo decía tales cosas?!

Y había algo peor aún, John le clavo la mirada, esperando una respuesta.

Tenía la respuesta, pero no podía ser dicha, no en medio de la calle con Mary al lado.

Bueno, a Sherlock le importaba muy poco Mary, por el, podría decir delante de ella todo lo que sentía por Watson, pero seamos realistas, las cosas no iban a terminar bien, si reaccionaba de esa forma tan poco coherente.

-¿Sucede algo John?- preguntó preocupada Mary- ¿Te sientes bien?

Watson, miro a su esposa, con el mismo aspecto que miraba hace unos segundos a la adivina y a Holmes.

Trato de tranquilizarse y ubicar bien en su mente, las palabras que iba a decirle a su esposa.

-Tranquilo, Watson, tranquilo- se dijo para sus adentros- Trata de decirle algo convincente- le sonrió a su esposa y le respondió- Si, solo me quede impresionado, por algo que dijo la señorita Mercier, eso es todo.

-¿Y que dijo?- le cuestiono, curiosa, mirándolo fijamente a los ojos- Realmente debió ser algo muy fuera de lo común para dejarte como estabas.

-Solo palabras, muy desubicadas, para alguien de su edad Mary, eso es todo- le explico con una sonrisa- Me sorprende, lo mucho que la juventud dice en estos días- Mary rió complacida y luego miro a Holmes.

-¿Y usted señor Holmes?- le pregunto Morstan- ¿No le sorprendieron las palabras de la señorita?-

-Si- contestó sin pensarlo- Mucho, pero en parte fue algo cierto-

-¿Qué cosa?- pregunto Watson incrédulo- Me estas diciendo que…-

-Watson, necesito que me encierres- le dijo Holmes seriamente.

-Estamos cerca de la cárcel señor Holmes ¿Al fin se va a dignar a entregarse?- pregunto Mary.

-Mary- la reto John.

-Usted, podría se podría dignar a suicidarse- le contestó Holmes, ya sin tener, casi, control alguno de sus palabras.

-¡Holmes!- le grito el doctor- ¿Qué te esta pasando?

-Estoy enfermo y es por el intento de adivina este...- miraron para donde estaba la joven, pero esta ya no estaba por ningún lugar- Estoy enfermo, necesito que por lo menos me mantengas encerrado de aquí hasta llegada la madrugada.

-Eso es imposible- contestó Mary- Tenemos que salir.

-Mira, Mary- John tomo la mano de su prometida- Si para las tres y media de la tarde, no estoy, me pasas a buscar ¿Esta bien?- le beso la mano- Solo, déjame ayudarlo, realmente le sucede algo malo-

-Esta bien, ve con él- le dijo- Pasare si es que no vienes.

Se despidieron cariñosamente y así la señorita Morstan siguió camino.

John miro a Sherlock, el cuál lo miraba con el seño fruncido y molesto.

Se acerco a él y le pregunto:

-¿Qué te sucede?- preocupado, no dudo ni un segundo hacerle saber, que se encontraba de esa forma él doctor- Actúas muy raro, nunca fuiste así de…-

-¿Sincero con tu prometida?- termino el detective- Mira cuándo encuentre alguna razón lo suficientemente lógica, como para saber responderte, el porque no paro de decir las cosas que digo, con gusto, te lo explicaré- siguió- Por ahora, necesito que volvamos y que me encierres a la habitación e impidas que salga de ella, o seguiré diciendo cosas y haciendo cosas, de las que, es muy probable que no me arrepienta.

-Esta bien- aceptó- Pero ni bien viene Mary, me voy, le prometí ayer que iba a ir con ella a ver a sus amigos- Holmes frunció el entrecejo- No te molestes- siguieron caminando, mientras, el otro le respondió:

-Claro que me molesto- se mordía la boca, en un vano intento de que las palabras no salieran solas, pero luego siguió- Estás prefiriendo hacer sociales con tu prometida, que ayudar a tu mejor amigo

-No lo estoy prefiriendo Holmes, si fuera por mi, me quedaría aquí contigo

-¡Entonces quédate y dile que no irás con ella!

-No, Holmes, tengo un compromiso, y lo voy a cumplir.

Siguieron caminando, no intercambiaban palabras.

Y tenían tanto que decirse.

Pero… Simplemente callaron, parecía lo mejor.

Casi sin darse cuenta, llegaron a su destino.

Siguieron sin intercambiar palabra alguna.

Una vez que entraron y cerraron la puerta, se miraron ambos a los ojos.

Se perdieron en la mirada de cada una. Parecía como si se estuviesen leyendo la mente, como si se dijeran lo que realmente se querían decir, pero… A veces, maldecían el simple echo de no poderse decir todo lo que se decían con una mirada, en palabras.

Sería todo más fácil, todo más simple.

Pero ¿Estaban realmente preparados para el efecto que podían causar aquellas palabras?

Holmes tomo el sillón y lo coloco en la puerta, poniéndola como traba.

Watson lo miro extrañado y sin dudarlo, le pregunto:

-¿Se supone que me tengo que quedar ahí?-

-Exactamente- le respondió el detective- Así no podré escaparme.

Fue hacía las ventanas y las cerró también, dejando toda la habitación a oscuras, aunque gracias a la luz del día mínimamente se podían ver.

Sherlock, busco las velas y las prendió, apoyándolas en las mesas, sacando las cosas que había arriba de ellas.

Watson, sin decir palabra se sentó en el sillón y miro como Holmes, acercó la silla y se sentó frente a él.

Y entonces le dijo:

-Watson-

-Dime- le respondió- ¿Qué sucede?-

-¿Cuándo le dirás a Mary que soy más importante que ella?- le pregunto Holmes, ya sin signos de querer haber detenido lo que dijo.

-Tu lo sabes- siguió- ¿Es necesario que ella lo sepa?

-Por supuesto-

Se paro y fue caminando a donde estaba su amigo, solo a unos centímetros.

Una vez cerca, se coloco en frente de él y despacio, fue acercando su rostro al del doctor, que lo miraba sorprendido, al mismo tiempo que su corazón comenzaba a ir más rápido.

Solo un movimiento para adelante y John estaba besando a Holmes en los labios.

Aunque se moría de ganas de hacerlo, simplemente, no lo hizo y se quedo observando los ojos de Sherlock, el cuál lo miraba sonriente.

Este último, paso las manos por el cabello del otro, haciéndolo estremecerse y cerrar los ojos a causa de esto.

Holmes se separo un poco del rostro de Watson y rozando sus labios con la mejilla del doctor, llego al oído de este, en el cual susurró:

-Me pregunto, mi querido Watson- John se acomodo un poco en el sofá, nervioso- ¿Tu prometida, tiene la facilidad de ponerte así de nervioso con tan solo acercarse a ti?

El doctor no emitió palabra alguna y el detective, se aparto de él, con una sonrisa.

Se volvió a sentar en la silla y observo a John fijamente.

-¿Sabes algo?- le comentó Holmes- La única forma en la que los dolores de cabeza se me van, es cuando te toco o me acerco mucho a ti.

Definitivamente- anunció Watson- Estás enfermo- suspiró- No sé de que, pero definitivamente lo estás.

-Por supuesto- Respondió Holmes- ¿O por qué haría todo esto?- pregunto y Watson solo levanto los hombros y los bajo en señal de no saber la respuesta- ¿Por el hechizo de ese intento de adivina?

Watson no dijo más nada.

Pero ¿Y si realmente la magia y los hechizos funcionaran?