Notas de la autora: Hola. Bueno, nuevamente pido disculpas por tardar en actualizar el fanfic, realmente no conseguía inspiración, y lo poco que se me ocurría, no me gustaba. Para colmo, se me ocurrían ideas para otro fic que seguramente, empiece después de terminar este.
En fin, este capitulo me salió espontáneamente hoy en medio de lo que parece ser, el principio de una fuerte gripe DX
Espero que les guste y gracias por seguir leyendo ^^
Dedicatoria: como ya saben, este fanfic esta dedicado a Eiri Saiyuki, así que espero que te este gustando el fic, ya pronto va a terminarse.
Disclaimers: Nada me pertenece, el texto si (algunas partes las invento Eiri), pero los personajes, sacando a la vidente que si me pertenece, no.
No gano dinero con este fic, no gano absolutamente nada, más que el los fans disfruten de él, eso es lo mejor que puedo ganar ^^
En el capitulo anterior, la adivina, menciona que Holmes, mientras Watson le habla y piensa que lo entiende, aprovecha para imaginarlo desnudo, esta idea originalmente, no se me ocurrió a mi, se le ocurrió a Sprite xD y es de la propaganda "Tu amigo te tiene ganas" si quieren mirenla, es realmente muy buena.
Yo solo, modifique lo dicho en la propaganda, para que quede más de acorde con el fanfic.
Capitulo 5- Encerrados.
Sherlock Holmes abrió los ojos perezosamente y cuando hizo esto último, pudo notar como Watson lo miraba sorprendido.
Sonrió y le pregunto:
-¿Qué sucede Watson? ¿Por qué me miras?-
-Watson tomo por la boca y lo saco del mismo lugar, miro al detective con el seño fruncido y le respondió:
-Te miro- siguió- Porque veo, que en realidad no necesitas de mi para estar aquí encerrado sin hacer ninguna locura, a causa de tu, como tu dices, enfermedad.- Holmes lo miro indignado.
-¡Claro que te necesito aquí! ¡Siempre te necesito!- le grito sin reparo alguno.
-¡No me necesitas!- negó el doctor- Si te quedaste dormido en la silla, quiere decir, que realmente te puedes controlar.
-No es control- explico el detective- Aquello es seguridad.
-¿Seguridad?- repitió el otro.
-Si, seguridad- afirmó Sherlock.
-¿Seguridad de qué?-
-De saber que estás a mi lado, esa seguridad.
"¡Siempre te necesito!""De saber que estás a mi lado, esa seguridad" parecía que el detective, sabía perfectamente que decir para que Watson se quedara en una sola pieza.
Las palabras justas, exactas, que hicieran que todo su ser se callara y no reclamará más nada.
Y John se preguntaba, si tanto lo conoce, si tanto sabe realmente de él ¿No sabe que con tal solo decirle que lo amaba, podía abandonarlo todo?
Si, lo sabía y muy bien, pero también tenía conocimiento, de que eso nunca iba a decirse.
Ambos, sabían perfectamente, que esas dos palabras, son las llaves, para que todo entre ellos dos cambie.
Y para que sus vidas cambien. Porque, seamos realistas, ellos dos saben perfectamente lo que sienten uno por el otro, pero saben que si se lo dicen, las cosas cambiaran drásticamente.
Ya no serían amigos, serían algo mucho más que eso, porque por más que intentaran llevar la relación que hace tiempo ya llevaban, los dos sabían perfectamente, que eso mucho no iba a aguantar, sabiendo que los sentimientos eran muchos más intensos que el gran cariño de amigos que se tenían.
Y además… Todo sería una verdadera locura, tendrían que vivir esa relación en secreto, y Watson, no quería vivir con el miedo constantemente de que los podían descubrir y que a partir de eso, todo sería una verdadera desgracia, no. El doctor prefería, tener una esposa, formar una familia y tratar de olvidar los sentimientos que tenía por el detective, por más que eso, para él, fuera imposible.
Sabía perfectamente, que nunca se iba a poder separar del detective, por más que no se dijeran lo que realmente sentían uno por el otro, era inevitable, lo necesitaba.
-Sabes- Holmes interrumpió los pensamientos de Watson- Ayer, soñé contigo- Le sonrió al doctor, el cuál inmediatamente se sonrojo, al ver ese brillo en los ojos del detective, imaginándose, mínimamente, lo que había soñado.
-¿Qué soñaste?- le pregunto curioso Watson, preparando sus manos, para cubrirse el rostro, porque realmente, si Holmes lo miraba así, era porque el sueño no había sido precisamente, algo dulce y angelical.
-Soñe que era de noche, y la luna caía inundaba la habitación- relató el detective, entonces la puerta de la habitación se abrió, y cuando pude ver, que eras tú el que entraba, lamente enormemente que fuera un sueño.
-…- Watson se quedo en silencio y sonrió ante lo dicho por el detective, el cual hizo lo mismo al ver el gesto del médico hacía él- ¿Y que más sucedió?-
John se puso nervioso al ver que Holmes estaba al frente de él, antes también, pero ahora estaban tan cerca, que incluso sus rodillas rozaban con las piernas del detective.
Este, fue acercando despacio, la mano al brazo de Watson, una vez que la distancia era muy corta, definitivamente la rompió al apoyar la mano en el codo de este.
Comenzó a acariciar despacio la extensión del doctor, el cuál no desclavaba la mirada, ruborizado, del detective.
Este último, acerco su rostro al de Watson y siguió contando:
Apartaste las sabanas y te metiste, sin permiso alguno adentro de la cama- rozo con la yema de los dedos los labios de John- Abrí los ojos, y para mi sorpresa, estabas arriba mió- comenzó a tomar menos distancia entre los labios del doctor- Y sin previo aviso me besaste- rozó su boca con la del detective, que cerró los ojos ante aquel mínimo contacto- Y después, lo que sigue, no te lo puedo contar.
¿Por qué no?-
Porque es evidente- respondió sonriente Holmes- Que querría hacer mis sueños realidad- Y recorrió sin cuidado el cuerpo del doctor con los ojos.
Watson frunció el entrecejo, Holmes sabía definitivamente, como arruinar un momento de lo más tierno, en cuestión de segundos con su perversión.
Sherlock se alejo del doctor y se fue caminando directo a la ventana.
Una vez que llego ahí, esas voces comenzaron nuevamente a irrumpir en su, en esos momentos había sido tranquila, mente.
¡Están solos! ¡¿Qué esperas?! ¿Una invitación vía paloma mensajera?-
Concuerdo, con el órgano rojo- dijo la voz coherente- Es un momento oportuno para dejar las cosas en claro.
¿Y qué pasaría si le digo todo?- pregunto para sus adentros- ¿Qué pasaría con nuestra amistad? ¿Qué pasaría si yo le digo lo que siento y él decide no dejar a Mary?
¡La va a dejar! Tu sabes mejor que nadie, que él lo daría todo, si le damos a conocer lo que realmente sentimos, si permites una vez por todas, dejar que tu corazón actué en vez de tu cabeza, las cosas serían mucho mejor.
¿Llamas mejor a vivir con el miedo de ser descubiertos? Si John esta perdidamente enamorado de nosotros, pero, tu sabes muy bien Holmes, que si eso se llegara a saber, todo sería un horror.
Deja de pensar de esa forma- le exigió la voz molesta- Ninguno de los dos puede vivir con lo que sienten uno por el otro, se aman sobre todas las cosas, créeme, que si hablas con él todo cambiara y…
Holmes cerró los ojos y se tapo los oídos, ya realmente no deseaba escuchar más nada de lo que dijeran esas voces, que no eran otras que su mismísima conciencia que le recalcaba una y otra vez lo que tenía que hacer.
¿Pero que podía hacer?
Estaba realmente confundido: sino le decía a John lo que sentía, tarde o temprano, toda la pasión y el amor que sentía por él, se desbordarían en el momento menos indicado, durante el matrimonio, en ese periodo, en el que Watson, se supone que tendría que olvidarlo, y sabía que si le decía eso, Mary sin duda alguna terminaría siendo engañada.
Y las mujeres, de esas cosas se dan cuenta. Tarde o temprano ella reaccionaría y había dos opciones: o simplemente dejaba ir a John, o lo tendría atado a ella, como modo de venganza por lo que le estaba haciendo, a pesar de que eso implique, que ella sabría que el amor que le tiene al doctor, nunca sería genuinamente correspondido.
Pero, Holmes, tenía la intuición, de que la señorita Morstan, sabía los sentimientos de ambos, conocía a John, no tanto como él, pero lo conocía, y Holmes, podía asegurar, que si Mary si diera el tiempo para observar la mirada de Watson mientras hablaba de aquellos casos que resolvían, seguro que se daría cuenta. Si no es que ya lo hizo, y simplemente quiere colaborar con John, en la tarea de ser un mejor amor para él: uno más sano y no rechazado por la sociedad.
-Watson-llamo Holmes al doctor, apartando la vista de la ventana y mirando a quien había nombrado.
¿Si?- respondió el otro- ¿Qué necesitas?-
Quiero saber si…- miro para la ventana y las voces internas se empezaron a alterar.
-¡Ahí viene! ¡Ahí viene! ¡Ahí viene la zorra!
-La primera vez que voy a decir esto, debiste haber actuado más y en vez de pensar todo lo que ya sabes de sobra, es obvio que con tanto pensamiento, se hizo la hora de que ella venga a buscar a nuestro querido Watson.
-¡Watson libérame!
-¡¿Qué?! No, si dices estar enfermo, entonces no te puedo dejar salir bajo ningún momento ¿Qué sucede si por casualidad empiezas a hablar de más? Sería un desastre Holmes, definitivamente no puedes salir de aquí y…
La voz de Watson se había dejado de oír. Ni siquiera la de Holmes se oía, solo la respiración de ambos.
¿Qué había ocurrido? ¿Qué había los había acallado?
Muy simple, un acto que ni Sherlock Holmes, que lo había provocado, tubo pensado hacer.
Sin embargo, a causa de esa enfermedad tan extraña que tenía, lo hizo, sin pensarlo, sencillamente lo hizo, y no estaba arrepentido en lo más mínimo, porque si bien, todo tiene una razón.
No podía negar que lo disfrutaba.
Entonces ¿Qué hizo Holmes para callar a Watson? Lo besó, si lo besó.
Un beso que simplemente, dejo duro al médico y gritando a la voz coherente, muchos insultos.
Un contacto que tímidamente, fue correspondido.
Pero, como ya se había dicho antes, tenía un motivo, en verdad dos: uno, por fin había besado a Watson, y si bien no era la mejor de las situaciones, era algo que realmente le gustaba y era maravilloso.
John acercó tímidamente, las manos a la cabeza del detective, al cual le empezó a acariciar el cuerpo, con poco respeto.
Watson, comenzó a despeinar a Holmes, mientras abría la boca para que la lengua de su, si se pudiera seguir diciendo, amigo entrará.
Pero nunca entró.
Y las caricias también pararon y el beso también.
Holmes separó el contacto y dejando a un lado al detective, corrió de una patada el sofá, abrió la puerta y simplemente se fue, cerrando a esta con llaves, dejando a un Watson, completamente confundido en la habitación.
-¿Qué demo…?- miro la puerta y dijo- Se fue- frunció el entrecejo- Me besó y todas esas caricias, y ese beso no fueron otra cosa que una maniobra para poder tomar las llaves, dejarme en las nubes, como el muy bien sabía que me dejaría y luego escaparse.
Golpeo enojado la puerta.
Sin embargo una pregunta quedó rondando en su cabeza ¿Por qué Sherlock se había ido tan rápido?
Por otro lado, el detective, iba rápido al encuentro con su gran enemiga en cuestiones de amor, Mary Morstan. Aquella mujer, a la que si no le dejaba en claro todo, iba arrebatarle por que más amaba en el mundo, a Watson.
Una vez que llego abajo, abrió la puerta y se encontró con Mary, la cuál esperaba paciente allí.
Señor Holmes, es legal peinarse y arreglarse antes de salir- le dijo la prometida Watson.
Me hubiese encantado, pero, su prometido me dejo en este estado.
Mary le dirigió una mirada muy severa, una llena de celos.
El detective solo sonrió, aunque mentalmente se recriminó por ya no poder controlar ni una sola palabra que salía de su boca y mucho menos, sus acciones físicas.
- Ah, Sr. Holmes- trato de cambiar de tema- Podría usted decirme si de nuevo a arrastrado a mi prometido a algún nuevo caso-
- Efectivamente si- le contestó el detective- Y este caso nos incube tanto Watson, a mi- y la miro directamente a los ojos- Y a usted.
Morstan entendió perfectamente lo que quiso decir el detective.
Era hora de dejar las cosas en claro.
Y no iba hacer otro día, no. Iba ser en ese preciso instante.
Capitulo 5- Encerrados- Fin.
