Notas de la autora: ¡Mil disculpas! Tarde exactamente dos meses en subir el capitulo cuando dije que iba a ser en unas semanas, es que empece a trabajar y las cosas se me complicaron bastante, pero bueno, aca estoy devuelta y con él último capitulo, que espero que les guste ^^
Disclaimers: Sherlock Holmes no me pertenece y ninguno de los personajes que pertenezcan tanto a la pelicula como a los libros tampoco.
La adivina es el único personaje mio, algunos dialogos e ideas son de Eiri y otras son mías =)
Dedicatoria: Bueno, Eiri, espero que hayas disfrutado de este fanfic y que te guste el final =3
Capitulo 8
Cuando Watson extendió el brazo, se pudo ver con claridad un sobre color blanco que tenía escrito un "Señor Holmes"
El detective, antes de tomar el sobre, pregunto:
-¿Me lo envió Mary?
-Si- respondió John- ¿Qué te sucede?- cuestiono al ver la cara de espanto poco común en Sherlock.
-Me das este sobre, así sin más- sentenció serio- Podría tener veneno, John- le dijo en tono de burla, provocando que el otro frunciera el entrecejo.
-Mary sería incapaz de algo así.
-Tiene motivos para querer matarme.
-Ella no es el tipo de mujer rencorosa, Sherlock.
-Podrías dejar de defenderla- dijo algo molesto el detective.
-Y tu podrías dejar de ponerte celoso y leer esa carta, ya me esta provocando ansías el saber que te escribió ella.
-Seguramente va a confesar que estuvo siempre enamorada de mí.
Watson levanto las cejas, en señal de no creer ni una sola palabra lo que el detective decía.
Este lo miro fingiendo sorpresa y dijo:
-Que poca confianza tienes en mi John, no puedes llegar a creer que una mujer se podría enamorar de mí.
-No creo eso Holmes, de echo, tienes a una mujer enamorada de ti- comentó frunciendo el seño- Y ojala fuera ella una mujer buena y no una criminal buscada internacionalmente, que no duda en coquetearte cada vez que te ve.
Holmes siempre supo lo celoso que era Watson, pero ahora que estaban juntos, este era mucho más celoso de lo usual, es más, cuando se levanto (después de haber estado "batallando" con los posesivos brazos del otro) fue quitar la foto de Irene Adler de la mesa, dejándola dentro de un cajón, con una promesa entre murmullos "En cuanto pueda me deshago de esta foto"
Sherlock sonrió al ver lo adorable que se veía John: con el cejo fruncido mirando a un costado y con los brazos cruzados, muy molesto.
Se acerco a él, en cuanto estuvieron uno al frente del otro, resbalo los dedos en la mejilla del doctor, que se mordió los labios tratando de no sacar ninguna palabra, pero su rostro, o más bien sus mejillas sonrojadas lo delataban.
Se dio por vencido, soltó un suspiro y todo su rostro se torno pasivo una vez más.
Miro al detective y ambos, acortaron la distancia que había entre sus labios.
Fue un beso rápido pero lleno de ternura, en donde las caricias en la espalda y en la nuca no se hicieron esperar.
Una vez que finalizó el contacto, se miraron fijamente y John habló:
-Voy a deshacerme de esa foto- aclaró convencido.
-Haz lo que quieras con ella- le dijo acariciándole el cabello- Solo quiero que sepas que jamás, pero jamás, iba a suceder nada con Irene.
-¿Nada? ¿Ni siquiera si yo me hubiese casado con Mary?- Holmes negó con la cabeza- ¿Por qué? Después de todo estabas en todo tu derecho…-
-Porque no era justo para mí, ni para ella, que en los momentos que la besara, que la abrazara y cuando le dijera que la amaba- le explico mirándolo fijamente a los ojos- Estuviera imaginándote a ti.
-Oh, Sherlock-
El doctor lo abrazo con mucha fuerza, enterrando su cabeza en el cuello del detective.
Recibiendo el mismo contacto de parte del otro.
-Te amo- dijo Holmes.
-Y yo a ti-
Se dieron un pequeño beso y luego se miraron fijamente, con una sonrisa en los labios.
Holmes tomo el sobre que le había entregado John y lo abrió.
Tomo el papel, lo desdoblo y comenzó a leer para sus adentros. Movió los ojos solo una vez, luego tomo el papel y lo volvió a doblar.
John lo miro con curiosidad, cuando iba a hablar, el detective lo interrumpió:
-Es algo íntimo John.
-¿Tiene que ver conmigo no?- pregunto el doctor- Lo siento, es que realmente quería saber que decía.
-Explayándome, dijo que si te llegaba a lastimar, que era capaz ella de venir hasta aquí y que son sus propias manos me acabaría.
-Un momento.
-Si.
-¿Explayándote?
-Exacto.
-¿Es muy corta la carta?
-Más de lo que te imaginas o de lo que yo me hubiese podido imaginar.
-Lo único que falta es que me digas que solo tenía escrito una sola palabra.
-De hecho, así es.
-¿Qué?
Sherlock desdoblo el papel nuevamente y lo volteo para que Watson lo viera.
El doctor al verlo se quedo duro como una roca.
Y es que era verdad lo que decía el detective, lo que él mismo había adivinado: solo estaba escrita una sola palabra.
Miro a Holmes, entendiendo muy bien el significado de aquello:
-Quiere que me cuides- dijo con un hilo de voz John- Ella a pesar de todo…
-Te sigue queriendo, el amor no se va de un día para el otro- el detective siguió- Y con esa palabra, me dio a entender, que más vale que te cuide y que no te lastime por nada en el mundo.
-No lo harás- dijo Watson convencido- Puedo jurar que me cuidaras, después de todo, siempre lo hiciste y lo haces.
John metió el papel adentro del sobre y lo dejo arriba de la mesa más cercana.
Holmes y él, se miraron fijamente.
De la nada, se besaron profundamente, abrazándose, acariciándose con gran pasión.
Empezando aquel acto de amor, que hace unas cuantas horas atrás, habían echo por primera vez.
…
-Sherlock- dijo Watson, acariciando el cabello del detective, el cual tenía la cabeza apoyada en el torso desnudo del doctor.
-Dime- cerró los ojos- ¿Qué sucede?
-¿Cómo te sientes?- le cuestiono.
-Nada mal, si se trata de estar desnudo arriba tuyo ¿Y tú?
-¡Sherlock!- le grito algo avergonzado- Me refiero a tu supuesta enfermedad.
-Calculo que ya se habrá ido, no oigo más ideas extrañas en mi cabeza, pero realmente me dan ganas de saber porque no te contagiaste tú también.
-Tal vez, porque a mi no me hechizaron.
Holmes coloco al lado de Watson y lo miro con los muy ojos abiertos, en señal de estar sorprendido.
-¿Realmente piensas que me hechizaron?- le pregunto sorprendido- John, por favor dime ¿En qué te basas para creer que fui hechizado?
-En tu forma de actuar- se sentó en la cama, tapándose de la cintura para abajo con las sabanas- Es decir, Sherlock ¿Qué clase de enfermedad provoca que digas tantas incoherencias? Ni siquiera estabas drogado.
-La fiebre provoca que deliremos.
-No tenías fiebre- le dijo seriamente- Y si hablamos de enfermedades mentales, no conozco ninguna que provoque locura de un día.
-Debe ser nueva.
-Y si fue nueva ¿Por qué no me llego ningún caso?
El silencio reino la habitación y eso fue algo que al doctor lo dejo sorprendido, no era normal que el tuviera la última palabra, más cuando se trataba de demostrarle a Holmes que estaba equivocado.
El detective, rápidamente, salió de la cama y se comenzó a vestir.
-¿Qué sucede?- pregunto Watson
-Voy a salir- respondió secamente- No hace falta que vengas.
-¿A dónde irás?
-A hablar con una persona.
-¿Qué persona?
-John, no te voy a engañar.
-No estoy desconfiando de ti- suspiró- ¿Es tan malo saber con quien vas a hablar?- frunció el entrecejo de golpe- ¿Vas a hablar con ella?
-No, John y de todos modos, algo me dice que si fuera así, no me dejarías ir, no solo por lo menos.
-Exacto- siguió- ¿Entonces con quién vas hablar?
-Con un ser humano femenino, de cabellos que van para todos lados, que mide aproximadamente un metro sesenta y cinco y que tiende a decir incoherencias.
Entonces, si vas a hablar con la adivina quiero ir contigo, quiero escuchar sus teorías contra las tuyas, va ser por demás interesante.
Cuando salían del número 221b de Baker Serret, se encontraron con la ama de calles, la cual observo a Watson con extrañeza y con el seño fruncido a Holmes.
-¿No le da vergüenza?- le pregunto.
Ambos hombres se miraron, con expresiones muy serias los dos.
Pero la señora siguió hablando:
-Jamás sabre, señor Watson, como se acostumbra a la presencia del señor Holmes.
-Oh, si me permite decir, el se acostumbro muy bien a mi, más rápido de lo que piensa.
-¡Holmes!- le grito algo avergonzado- ¿Me puede decir Señora Hudson, qué sucedió?
-Sucede- explico seriamente- Que ayer esa cama no dejo de rechinar en toda la noche, ni de golpearse contra la pared ¿Usted sabe que estaba pasando a la madrugada de hoy?
-Ah…- Watson deseaba que la tierra se lo tragase y realmente, sabiendo que en cualquier momentos sus mejillas se iban a ruborizar y que poco iba a poder mentir, bendijo la hora en que Holmes interrumpió su discurso.
-Estaba practicando un experimento- siguió- Uno de mucha importancia, y tengo planeado practicarlo de muchas formas.
-…- John rogaba porque esa conversación terminara, su cara se estaba volviendo roja como un tomate.
-Mire, usted haga lo que quiera- dijo la señora Hudson- Pero trate en lo posible de no golpear la cama- soltó aire por la boca- Hace muchisimo ruído y poco se puede dormir.
Ambos hombres se despidieron y siguieron caminando por las calles de Londres, buscando a aquella joven, entre tanta multitud.
No tardaron más de diez minutos, pues su voz se escuchaba con facilidad y también la de Clarky.
-… Entonces, usted no esta en contra- afirmó la joven.
- En absoluto señorita, pero ¿A qué se deben esas preguntas?- le cuestiono.
- Es que estoy haciendo una encuesta- comentó la chica- Además, usted sabe, estamos en nuevos tiempos, y posiblemente las cosas mejoren ¿Usted que pensaría si dos conocidos suyos tuvieran una relación?
Tanto John como Sherlock se miraron, asustados.
Comenzaron a caminar lo más rápido posible a donde estaba la chica.
Me sorprendería, pero la ley es la ley y…
-¿Y si esa persona es de gran utilidad para la ley y la otra persona es elemental para otras?
-Bueno… Depende quienes sean las personas, pero oye, esta encuesta es privada ¿No?
-Por supuesto.
-Entonces debo decir que si son dos conocidos, pues… Lo dejaría pasar. Si me disculpa, debo marcharme.
-Muchas gracias y…¡Si son el viejo decrepito y el doctor más amable del planeta!
Ambos la miraron seriamente y ella solo sonreía, como si se hubiese ganado un premio.
Holmes la miro fijamente y comenzó a hablar:
-¿Qué tanto le dijiste a Clarky sobre esto?
-Oigame- dijo la chica- Si usted cree que si el doctor Watson y usted son los únicos que tienen una relación de más que amigos, esta muy equivocado ¡Hay miles de personas así!
-Pero, con las palabras que empleabas, podía deducir que hablabas de nosotros.
-Claro- asintió ella- Pero, según por lo que vi ayer, usted no quiere venir a hablarme de esas cosas.
-Absolutamente
-Si- completó Watson- Holmes quiere saber y yo también como usted…
-¿Si?
-¿Cómo es que usted me…- A Sherlock le costaba creerlo- Me…- no podía decirlo, se sentía humillado, el no creía en la magia, pero evidentemente otra explicación no había- me hechizo?
La adivina los miro y estalló en carcajadas.
El doctor y el detective se miraron entre ellos y luego la volvieron a mirar, sorprendidos ante la reacción de la joven.
Sherlock, frunció el entrecejo molesto y le pregunto:
-¿Qué es lo gracioso?-
-Ustedes- soltó otra carcajada.
-¿Por qué motivo, circuntancia o razón lo somos?
-Porque- la chica se calmó- Yo nunca le tire ningún hechizo, señor Holmes-
A Watson se le cayo el bastón de la mano y abrió los ojos como plato y el detective, se quedo observandola con la boca abierta.
Entonces, a su mente, vino una deducción muy importante, una que tenía que hablar con Watson, en privado.
-En otras palabras me hechice yo solo-
-Fue algo absolutamente mental- continuó Watson- ¿Pero a que se debió que te ocurriera eso?
-Oh, la respuesta es muy simple- dijo la joven- Pero es preferible que el viejo decrepito se la diga, a mi no me corresponde decirles más nada salvo que- se acerco al oído de Sherlock y le dijo en susurros- Las llaves de las esposas están detrás de la biblioteca, pero, el doctor Watson no tiene porque saberlo.
Y entonces la joven se despidió con un movimiento de manos y se fue caminando. Rápidamente, se la perdió de vista entre la multitud.
Holmes y Watson no dijeron palabra, caminaron por unos minutos, hasta ponerse cerca del futuro puente de Londres.
-Supongo…-
-¿Si?- pregunto Watson- ¿Qué supones?
-En realidad no supongo- se corrigió- La verdad es que creo haberme hechizado a mi mismo- John lo miro extrañado- Más bien, estaba a punto de perderte y… Tanto mi cabeza como mi corazón, decidieron que debía hacer algo por impedirlo, y entonces…
-¿Quieres decirme que nunca estuviste hechizado y que todo tu ser se altero de esa forma, para evitar que me vaya?
-Exacto.
John parpadeo varias veces y luego miro a Sherlock.
Le dedico una dulce sonrisa y este hizo lo mismo, luego perdieron su vista en el río y en aquella enorme construcción.
Holmes se acerco a Watson y cuando estuvo cerca del oído le susurró:
-Te amo.
-Y yo a ti- dijo en el mismo tono.
Ambos siguieron caminando por las calles de Londres, después de todo, desde hace unas horas atrás, su vida, ya era otra.
Se tenían uno al otro, como siempre se habían querido tener, y eso, era lo único que realmente les importaba.
Fin
Notas finales: Gracias a todos por leer este fanfic, se los agradezco muchisimo y espero que les haya gustado.
Saludos y hasta la próxima.
Lostris B.
