Cap 2. Por fin aparece.
Aquella estúpida novela le estaba gustando. Al comienzo había estado tentado de dejarla, ya que comienza con la muerte ridícula de un viejo muggle, pero aquella historia le había enganchado de cierta forma. Quizás porque en el fondo de su mente, no evitaba encontrar semejanzas entre la vida del protagonista con la suya propia: Ambos, habían amado una mujer que había terminado por ser de otro. A pesar que el tiempo transcurría para el protagonista, sus sentimientos se hallaban impolutos por Ella, independientemente de los años que pasaran.
Las primeras luces de la mañana se colaban crueles por el resquicio de la ventana. Pudo percibir los primeros cantos de los pájaros, felices porque daba comienzo a otro maldito día. Claro que los pájaros tenían razones para estar contentos. Ellos no tenían que aguantar ni al los niñatos de sus alumnos hormonados, ni las ideas chochas del director, ni las llamadas del psicópata del Señor Tenebroso. Y encima aquella noche había sido incapaz de dormir nada.
Con la punta de su varita hizo una marca en forma de cruz en la esquina de la página por la que había dejado de leer y se levantó de mala gana de la cama. Se dirigió al baño. Su reflejo en el espejo no era nada alentador, estaba más pálido que de costumbre y las ojeras se estaban haciendo más profundas. Cualquier día le clavarían una estaca en el corazón pensando que se trataba de un asqueroso vampiro.
Tomaría una buena ducha bien fría, nada como aquella agresión para espabilarse.
-¡Ron! ¿Has visto por casualidad mi libro que tiene un barco de vapor pintado en la portada?
-¿Un barco de qué?- preguntó haciendo una mueca, como si Hermione hubiera caído de otro planeta.
-Uno de color verde…
-¿Para qué crees que querría yo un libro?
-¡Sólo te estaba preguntando si lo habías visto imbécil!
Harry y Ginny se miraron mientras resoplaban. Ya estaban más que acostumbrados a las constantes peleas de esos dos. Daba igual el tema que fuera, la cuestión era terminar discutiendo.
Se dirigió a toda prisa a la biblioteca, allí preguntó a la bibliotecaria si lo había encontrado por casualidad. Sí que lo recordaba, porque le había llamado mucho la atención el bonito dibujo de la portada. Fue un gran chasco para ambas comprobar que el libro había desaparecido del estante donde recordaba haberlo colocado la tarde anterior. Ya por tozudez lo buscaron por toda la biblioteca: ni rastro. Alguien se lo había llevado.
Hermione se marchó al comedor a desayunar, aunque sabía que comiera lo que comiera le iba a sentar mal. Se sentó con sus amigos, que conversaban alegremente y hacían planes para el fin de semana. Se notaba que era viernes por la cierta alegría contenida que se respiraba en el ambiente. Ron la había visto llegar con la cara enfurruñada.
-No has encontrado el libro…
-Pues no.-dijo ella secamente mientras se servía un zumo de calabaza.
-Yo no sé porque te lo tomas tan a pecho. ¡Será por libros! He visto que tu baúl está lleno…
-¿Y a ti quien te manda meter la nariz en mi baúl?
Harry decidió intervenir para que no llegara la sangre al río.
-¿Mañana que podemos hacer?...- preguntó mientras removía distraídamente el contenido de su vaso- Podríamos ir a la cabaña de Hagrid a merendar…
-Yo no puedo.-dijo de mala gana Hermione- Tengo un castigo con el murciélago de Snape.
-¿Cuándo te ha castigado?
-Anoche me pilló andando por los pasillos.
-¡Puagh!-dijo Ron- Si ya da miedo encontrárselo a la luz del día no me quiero imaginar cómo será encontrárselo por la noche…
-Pues igual de desagradable- sentenció Hermione aún enfadada por la pérdida de su libro, mientras se metía una cucharada de copos de maíz en la boca.
-¿Y que hacía doña no-me-gusta-saltarme-las-reglas-del-colegio por el pasillo a esas horas?-dijo burlándose Ron.
-Vete a la mierda.-cortó por lo sano, así pudo tomar el resto del desayuno tranquila.
Menudo fin de semana más tedioso que le esperaba. Llevaba un par de noches que era incapaz de dormir nada, encima había tenido que soportar otra aburrida reunión de la Orden en la que no paraban de discutir tonterías y para más irritación, el director le había arrinconado en su despacho pidiéndole incoherencias. Y si no tuviera bastante con eso, encima tenía que corregir un montón de trabajos de los inútiles de sus alumnos y el castigo de Granger, que significaba soportar su insufrible presencia mientras ella estuviera allí. Lo que más le apetecía era castigar su hígado con un par de whiskys de fuego. Beber hasta olvidarse de su pútrida vida.
Resopló, mientras se flotaba los ojos con fuerza. La vista la tenía cansada, como no se cuidara más, terminaría usando gafas como el viejo loco de Dumbledore. Se dejó caer sobre el sillón de su despacho y hojeó distraídamente las páginas del profeta. Notó unos tímidos golpes en la puerta, consultó su reloj, al menos esa sabelotodo era puntual. Arrojó el periódico en uno de los cajones y gritó que podía entrar.
-Buenas tardes profesor.
-Tome asiento señorita Granger.- ordenó.
Con un movimiento de varita, el profesor hizo aparecer un gran cubo lleno de unos pequeños peces de un naranja intenso. Cogió un cuchillo de plata que tenía en una de sus estanterías y se lo tendió a su alumna, que lo miraba expectante.
-Como ya sabrá, lo que se encuentra en ese cubo son "fheg". Lo único valioso de esos peces son las branquias para hacer pociones, así que quiero que me extirpe con mucho cuidado las branquias y me lo introduzca en los botes de aquí.- dijo señalándole unos tarros de cristal que reposaban sobre la mesa de su escritorio.
La chica se le quedó mirando fijamente con cara de desagrado.
-¿A qué espera? Cuánto antes empiece, antes me podrá librar de su compañía.
Observó con atención como su alumna cogía el primer pez y le sacaba las branquias, con cara de asco que la chica no molestaba en disimular. Protestó por su forma de hacerlo, sólo por el mero placer de regañarla y se enfrascó en la ardua tarea de corregir los trabajos de sus alumnos.
Después de varias notas "T" y la mayoría "D", Severus había terminado por fin de corregir aquellos pergaminos. Se había aburrido bastante, los trabajos bien hechos brillaban por su ausencia.
Observó a la chica que seguía destripando peces. Sus ojos estaban concentrados en su peliaguda tarea, mientras un mechón rebelde de cabello castaño y rizado caía por su cara. Aún le quedaba medio cubo para terminar. Era la primera vez que se percataba lo mucho que había crecido aquella niña, ya casi una mujer. ¿Cuánto había pasado? ¿Seis años?
-Es para hoy Granger.
El despacho olía a pescado, se encontraba muy cansado y ante la perspectiva de quedarse mirando a la chica, sin decir nada, se levantó de su mesa y se adentró por la puerta que lo llevaba a sus aposentos.
Hermione destripaba, por fin, el último pobre pez de aquel cubo infecto. A pesar de haberse dado unos pequeños cortes en las manos no le importaba mucho. Lo que peor llevaba era la peste que estaba soportando. Maldito bastardo hijo de…
Quien no se consuela es porque no quiere, así que Hermione se había entretenido en insultar a su profesor en su mente, e imaginar que era él cuando clavaba el cuchillo en otro pececito. ¡Menudo cabronazo!
Se limpió las manos como pudo en un trapo que encontró por allí, deseando largarse de allí para poder darse una ducha, cambiarse de ropa y así librarse de aquel pútrido olor.
Su profesor aún no había vuelto. ¿Qué tendría que hacer? ¿Irse sin más o esperar a que el murciélago se dignara a volver? Se quedó parada sin saber qué hacer. No aguantaba allí encerrada ni un minuto más, así que armándose del valor necesario, propia de una Gryffindor y totalmente conciente de que se estaba metiendo en la boca del lobo, pasó por el hueco de la puerta donde hacía casi una hora que había desaparecido Snape.
-¿Profesor? ¿Está ahí?
Sin hallarse muy convencida se adentró un poquito más.
-¿Profesor Snape?
La visión de su profesor tumbado sobre un sofá y dormido llegó a sus ojos. No se lo podía creer, mientras Ella hacía su trabajo sucio, él se echa a dormir. ¡Menuda cara más dura!
El profesor se revolvió en el sofá en sueños, un libro que tenía en su pecho cayó al suelo haciendo un considerable ruido. Snape se incorporó al instante sobresaltado, como si estuviera en una situación al límite y volvió su mirada a Ella, como si en sueños ya se hubiera percatado de su presencia.
-Ya he terminado Señor.- dijo Hermione
-¿Entonces que hace ahí? ¡Lárguese!
Hermione no pudo evitar echar un vistazo al libro que se le había caído a su profesor al suelo. Lo reconoció al instante.
-¡Mi libro! ¡Lo tenía usted!
-¿Esto es suyo Granger?- dijo mientras lo recogía del suelo y lo agitaba al aire.
-Sí, es lo que estaba buscando la noche que me encontró por los pasillos. ¡Creía que lo había perdido! Aunque si lo está leyendo se lo puede quedar el tiempo que quiera…- Hermione estaba tan feliz de dar con el, que no se había percatado de la cara de ira que le estaba dedicando su profesor.
-¿Cree usted que yo pierdo el tiempo leyendo estas tonterías? Lo cogí de la biblioteca para dar con su dueño y castigarle por dejar este bodrio entre los distinguidos libros de magia. Así que no haga planes para el próximo sábado.
Hermione se apresuró a salir de la habitación, ya tenía bastante murciélago grasiento por hoy.
-SEÑORITA GRANGER- le gritó a viva voz- No olvide su asqueroso libro.
Y se lo lanzó, con tan buena puntería que cayó a sus pies, de cualquier manera, como un animal herido.
Espero que os haya gustado este capítulo, Hermione por fin recupera su libro y Severus consigue echar una leve cabezadita.
¡Un besiño!
