Cap 13. No te acerques tanto a mí…

Snape bajó un poco la varita, incrédulo. No se podía creer, que esa maldita sabelotodo hubiera estado aguardándole en la más absoluta oscuridad. Era una encerrona.

-Señorita Granger,-susurró con su tono más intimidante- le recuerdo que está fuera de su dormitorio a deshora. Si no quiere que le quite puntos a su casa y la castigue, es mejor que se vaya ahora mismo a la torre Gryffindor.

Hermione frunció el ceño, estaba muy segura de sí misma, estaba preparada para la batalla eminente.

-No. No me pienso ir.

-¡Váyase ya!- ordenó Snape, con esa cara típica suya, con la que sus alumnos se estremecían de miedo.

-Puede quitarme los puntos que quiera profesor Snape, todos los de mi casa. Si quiere, castígueme hasta el fin de mis días, pero no me pienso ir.

-No me tiente… ¡LARGO!

-¿Cree que me va a esquivar eternamente? Si no quiere hablar conmigo ahora… le perseguiré por todo el colegio. Me tendrá continuamente pegada como su sombra, pegaré en la puerta de su despacho, le buscaré en el salón de profesores… ¡Lo juro!

Snape comenzaba a ponerse iracundo. No podía creer el valor y el descaro que le estaba echando la chica. ¿No se daba cuenta que era por su propio bien?

-No tengo nada que hablar con usted.- sentenció.

-¿No? ¿Cree que con la mierda de carta que me ha mandado ya está? Pensaba que usted era de otra forma, ya veo que me equivocaba completamente. Es usted un cobarde…

-¡No me llame cobarde, niñata! ¿Se puede saber que quieres de mí?

-Sólo quiero hablar, quiero comprender.

Snape se cruzó los brazos sobre el pecho molesto. Bajó los ojos al suelo, sus cabellos azabaches le cubrieron la cara, proporcionándole un pequeño refugio, Hermione no podía mirarle directamente a los ojos. Una actitud muy Slytherin.

-¿Qué quieres Granger?- preguntó con cansancio.

-Profesor, estos últimos meses entre usted y yo… Le llegué a tomar mucho aprecio como amigo. Me encantaba bajar aquí, a conversar con usted… Creo que a usted también le gustaban mis visitas, al menos me daba esa impresión. Se interesó por mí y por mis cosas. Creo que conectamos.

-Bueno Granger, no creo que eso se le pueda llamar amistad.

-Entonces, pasó lo que pasó en el aula de pociones. Usted me besó.

-Yo no le besé.-espetó el hombre.

-¿Cómo es tan cínico de negarlo?

-Usted me besó a mí. Yo no quise ser grosero, por eso no la rechacé.

Hermione se puso las manos en la cadera y alzó una ceja.

-Pues para no ser grosero… se extralimitó ¿no? Recuerdo que me metió la lengua hasta la campanilla…

-¡Ya esta bien de tonterías Granger! Esta conversación me está cansando, es estúpida. Olvídelo. Usted me odia, yo la odio a usted. Para mí no significó nada en absoluto, al revés me repugna sólo recordarlo.

-¡Miente! ¡Miente fatal! ¡Sé que le gustó! ¡Tanto como me gustó a mí!

-Yo no miento Granger. Usted sabe que sólo digo la verdad. Me arrepiento mucho haberla besado…

-Entonces admite que me besó.

-¡No tergiverses mis palabras! ¡Aquello no debería haber ocurrido nunca! Usted no me importa nada. Deseo que desaparezca de mi vida lo antes posible, para no tener que verla más…

-Entonces ¿Por qué evitó que me besara Ron?

Snape dudó un momento, no se esperaba que le sacara aquello a relucir. Pero Hermione se había comido mucho la cabeza durante las navidades, así que tenía sus ideas ordenadas cuidadosamente en su mente.

-¡Sólo le hice un favor!- gritó Snape en un arranque de ira- Tenía que verse la cara de asco que puso. Aunque si tanta ganas tiene que ese mequetrefe la bese, no sé que hace aquí molestándome. ¿Por qué no va a buscarle a la Torre Gryffindor?

-Miente… Usted siente algo por mí. ¿Por qué no deja esa actitud suya de ir siempre a la defensiva y habla conmigo cómo las personas normales?

-Granger… ¿No entiende que esto es absurdo? Hágase un favor, olvídelo y siga con su vida…

Snape levantó la vista el suelo. Su cara era de una tristeza profunda. Se encontró con los ojos color miel de su alumna. Se sentía tan débil… Apoyó su espalda contra la pared de fría piedra del pasillo, notando como sus fuerzas iban abandonándole poco a poco. Ya no se sentía tan decidido, ya no se sentía tan seguro de sus decisiones.

Se sintió viejo.

Se sostuvieron las miradas, como si se calibraran las fuerzas. La chica estaba allí de pie, tan cerca de él, decidida, sabía qué quería...

-Granger… Yo…- Snape se pasó las manos por la cara, cortando así por un momento aquel contacto visual que tanto le estaba trastocando- ¿No te das cuentas que una relación entre usted y yo es imposible? ¿Se da cuenta de que no puede ser?

-¿Por qué? Dígamelo, porque no lo entiendo…

-Soy mucho mayor que usted. Le saco nada menos que veinte años. Es usted una adolescente inmadura… ¡Podría ser su padre!

-No es el caso, además me ha dicho muchas veces que soy muy madura para mi edad…

-Eres menor… ¿No se da cuenta que eres muy pequeña? ¡No soy un pervertido!

-En dos semanas cumplo la mayoría de edad.

-¡Soy su asqueroso y grasiento profesor de pociones! ¿Lo recuerda? Va en contra las normas del colegio…

-Este es mi último año aquí, así que dejaré de ser su alumna a finales de este curso…

-¡Pero usted me desprecia tanto como yo la desprecio a usted!

-Sabe que no es verdad…

-¡La odio!

Hermione dio un paso hacia su temible profesor de pociones. Estaba decidida, iba a por todas. Su madre le había dicho que el amor era el sentimiento más hermoso que podía sentir nadie. Lo que sentía por Snape era amor, estaba segura de ello.

-Miente. Es usted un mentiroso, y lo sabe. Va por la vida con esa fachada de sobrado, como si no le importara nada ni nadie, pero es falso. Lo que siente es miedo. Siente miedo al contacto de la gente, siente miedo de querer a nadie, por eso no deja que nadie se le acerque… ¿Por qué lo hace?

Snape se inclinó un poco, encorvándose hacia ella, dándole un aspecto feroz.

-Yo soy maldad pura Granger, no lo olvide…

-¡A mí no me asusta con eso! ¿Cree que me va impresionar con su numerito de hombre malo y siniestro? No me asusta Snape. Además… ¡Deje de darme excusas! La cuestión no es que sea su alumna, o que sea veinte años mayor que yo, o que está contra las reglas del colegio… A usted lo que le ocurre, es que no quiere abandonar esa coraza que lleva construyéndose a su alrededor desde hace años.

Snape se sentía cansado, muy cansado. Aquella niña lo estaba zarandeando como un guiñapo, no podía negarle que tenía valor. ¿Por qué no lo entendía y se iba? ¿Por qué no desistía y le dejaba en paz?

Hermione dio otro paso hacia su profesor.

-Usted no me odia. Lo sé, ni es tan malo como quiere hacerse ver. Es una máscara que tiene puesta.

Hermione dio otro paso, ya estaba bastante cerca de Snape.

-No te acerques…- dijo Snape con su voz firme.

-Es más, creo que ya se ha quedado sin argumentos estúpidos y no sabe que hacer para continuar con su farsa…

-No te acerques tanto…- dijo Snape con más suavidad, como si estuviera cansado.

-¿Por qué no se deja de fingir profesor? Sea sincero conmigo… Yo le quiero.

-Es usted muy joven para saber qué es eso…

-No diga tonterías… ¿Por qué no me deja llegar a usted?

Hermione dio otro paso firme, ya estaba peligrosamente cerca de su profesor.

-Hermione… No te acerques tanto a mí… por favor…

Snape suplicaba, ya derrotado. Hermione sabía que estaba ganando la batalla. Dio otro paso, ya podía tocar a su profesor… Se acercó dulcemente con intención de besarle. Snape estaba apoyado aún en la pared, su rostro reflejaba cansancio, estaba relajado, ya no tenía esa expresión de odio o de enfado continuo. Se miraron a los ojos, evocando aquella tarde sobre el humeante caldero, sus labios se llamaban a gritos, sus cuerpos se atraían como imanes…

Un fuerte maullido los sacó de su trance. La señora Norris estaba allí sentada frente a ellos, mirándolos con desaprobación. Llevaban un buen rato gritando en el pasillo, lo increíble es que no hubiera aparecido el desagradable rostro de Filch por allí…

Snape sintió un odio profundo hacia esa pulgosa gata. Es verdad que nunca se había llevado bien del todo con los animales, nunca tuvo mascota, pero a esa odiosa gata siempre la había aborrecido. Dio un zapatazo fuerte en el suelo para espantarla, la gata ya resabiada de muchos años entre estudiantes hostiles bufó. Snape la empujó con desprecio con el empeine del pié.

Hermione miraba la escena divertida. Ahora entendía por qué su lechuza había vuelto tan enfadada en navidad…

La Señora Norris maulló muy fuerte, como pidiendo ayuda, solo era cuestión de minutos que apareciera el desagradable de su dueño. Snape se impacientó, cogió a Hermione de la mano y la condujo al interior de su despacho. Se dio el gustazo de darle con la puerta en los bigotes al animal.

Snape cogió por la cintura a Hermione.

-¡Ya no puedo aguantarlo más!

Y le plantó un beso apasionado en los labios. Hermione cerró los ojos respondiéndole al beso. Pasó sus brazos por su cuello atrayéndole más hacia ella. Snape la empujó hasta una estantería, del que cayeron varios botes al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Hermione podía sentir cada vello de su cuerpo erizado ante todo ese cúmulo de sensaciones, así que decidió profundizar el beso. Snape la correspondió de buena gana. Sus bocas danzaban un extraño baile. Snape la apretó con más fuerza contra aquella estantería, podía sentir todo su cuerpo pegado al suyo.

Se separaron por falta de aire.

-Hermione... ¿Qué voy hacer contigo?

-No lo sé...

Volvieron a beber del pozo de sus bocas con desespero.

-Esto es una locura...

-No lo es Severus...la locura sería renunciar a esto.

Habían comenzado a tutearse con toda la naturalidad del mundo. Era ridículo llamarse de usted después de besarse así...

Snape le acarició el pelo mientras la miraba con esos ojos negros infinitos.

-Ya no quiero renunciar a ti... Pero dime ¿Qué hacemos ahora?

-No podemos contarlo por ahora...

-Eso es evidente- dijo Snape- ¿Quieres que me manden a Azkaban?

Hermione ignoró aquello último.

-¿Estamos locos?- Preguntó la chica

-Creo que sí...

Y volvieron a besarse.

-Escúchame Hermione, no contaremos a nadie esto. Por ahora tiene que ser clandestino. Ni siquiera a sus amiguitos del alma. Cuando estemos cerca de testigos, ya sabe, me odias tanto como yo a ti... Ya veremos como se desarrollan los acontecimientos...

Se sentaron en el sofá del despacho de Severus, donde se estuvieron besando y conversando hasta altas horas de la madrugada. Severus no era muy cociente de la hora que era, ya que debido a sus noches de insomnio le había trastocado su percepción del tiempo, Hermione en cambio se notaba muy cansada, y tenía sueño, pero por nada en el mundo le apetecía abandonar el despacho de su profesor. ¿Y si mañana se arrepentía? ¿Y si aquello era fruto de su mente desquiciada? Se sentía flotar en una nube, como en el más dulce de sus sueños...

Severus miró de repente su reloj.

-¡Hermione! ¡Son las cuatro de la madrugada! Tienes que irte a tu dormitorio. ¡Esto no está bien! Que yo no pueda dormir no significa que tenga que arrastrarte conmigo...

Hermione fue a protestar, pero le puso un dedo sobre sus labios.

-No se admiten protestas.

Hermione comprendió que no tenía nada que hacer. Le pasó la mano por su rostro, sólo para asegurarse de que él era real y no el producto de una ensoñación. Snape se relajó por un momento pero volvió a la carga enseguida.

-No te hagas la remolona... ¡A la cama!

-¡Eh! Que no soy una niña de cinco años.

-Venga... no te comportes como tal.

Hermione se levantó bruscamente del sofá y caminó orgullosa hasta la puerta.

-¿A dónde te crees que vas?

-Pues a mi habitación...

-Por el pasillo te descubrirá ese maldito bicho... Ven, por aquí.

Severus la condujo hasta la chimenea de su despacho. Y le tendió una pequeña bolsa de polvos Flu.

-Creo que es mejor que tomes este camino. Ten cuidado de que no te vea nadie salir de la chimenea.

-A esta hora están todos durmiendo...

Snape la besó por última vez esa noche en los labios. Hermione cogió un poquito de polvos Flu de la bolsa y se la guardó... seguro que le podían ser útiles en un futuro.

-Por cierto Granger...

Hermione le miró con curiosidad, ¿Por qué la llamaba ahora por su apellido?

-Cinco puntos menos para Griffindor, por estar a deshora fuera de tu sala común y mañana por la tarde preséntese en mi despacho, está castigada...

El capullo se reía. No lo podía evitar, era el profesor más cabronazo del mundo.

Le sacó la lengua y desapareció por la chimenea, antes que pudiera restarle más puntos.

¡Uf! Me siento vacía después de escribir esto.

El siguiente va ha ser movidito… Severus debe ser totalmente sincero con Hermione

Espero que os guste, me ha salido un poco más largo que otras veces, pero la ocasión lo requería.

Un besiño para todos.

Espero vuestros comment...