El acercamiento

Sirius Black pasó el resto de la clase sumamente distraído, no paraba de voltear a ver inconscientemente a Elizabeth Cromwell, quien insultantemente, no había volteado hacia él una sola vez en toda la clase, cosa que lo hacia no sólo más intrigado sino también más distraído de lo normal, ocasionando que, cuando alargo su mano a tomar los ingredientes que James le dictaba, logró confundir raíces de asfódelo con raíces de luparia.

"Oh, oh…" soltó Sirius asomándose nerviosamente sobre el caldero, olvidando su momentánea obsesión con la Slytherin; y se concentro en mirar la poción preguntándose que tan notorio desastre habría causado.

"¿Qué?" preguntó James aún mirando el libro. Sirius echó las raíces correctas aprovechando la distracción de su compañero.

"Nada… lee las instrucciones de nuevo, detallada y lentamente" dijo Sirius sin quitar los ojos de la poción.

James volteó a mirarlo suspicaz, volteó de reojo a la poción y finalmente, sin encontrar evidencia de que algo pasaba, prosiguió a recitar de nuevo los ingredientes e instrucciones. Pasado unos 15 minutos, en los cuales Sirius había evitado hasta parpadear, imaginó que se había salido con la suya y logró convencerse de que no era la gran cosa… hasta que la poción comenzó a burbujear y desbordarse descontroladamente por el caldero.

Sirius se mordió el labio inferior.

"James…" soltó observando la planta equivocada, que seguía en su mano.

"¿Sí?" murmuró James fingiendo revisando su libro de pociones, monótonamente, pero en realidad observando a la pelirroja frente a él.

"Prongs… coloqué la hierba equivocada en la sopa" confesó Sirius tan bajo, que James tardo unos minutos en comprender.

"¿Qué?… ¿QUÉ?" dijo el muchacho volteando con una mirada ensombrecida a su caldero, observando impotentemente como este desbordaba burbujas negras.

James y Sirius miraron a su alrededor, aliviados de que aun a su alrededor nadie había notado su desastre, aun.

"¿Qué hacemos ahora?" preguntó el joven Black. No era primera vez que cometían un error en pociones. Eran chicos inteligentes, pero de vez en cuando desarrollaban un problema de atención.

"Lo de siempre…" dijo James tomando su varita, inicialmente, para vaciar el caldero del burbujeante liquido que brotaba de él.

"Bien" sonrió aliviado Sirius tomando su varita y limpiando el piso de los restos de la poción.

Sirius se levantó de su sitio para ir a distraer a Slughorn, mientras James robaba una de las pociones que el profesor ya había revisado, para colocarla en su caldero, y luego reemplazarla con agua de color. El joven Potter alzó su varita recitando un hechizo sin palabras, llenando su caldero con agua sorprendentemente exacta a la que debía tener la poción, y recito otro hechizo para cambiar su caldero con el caldero de uno de los compañeros de la primera fila, justo a tiempo para recibir a Sirius a su lado.

"Listo" susurró James.

"¿Qué poción tomaste?" preguntó Sirius.

"La primera de la fila"

Sirius dirigió su vista a la primera fila, donde el muchacho rubio buscador de Slytherin, recogía sus cosas, mientras la muchacha que portaba una insignia de Prefecta en su pecho, se asomaba sobre la poción con una mirada suspicaz.

"Oh dios…" dijo Sirius suspirando "detención de nuevo…"

"¿De qué hablas? Slughorn jamás lo ha notado…" razonó James con una sonrisa burlona.

"Slughorn no, pero ella nos va matar…" soltó Sirius preguntándose, porque de todas las pociones del salón, James había elegido esa. James, aún incrédulo dirigió su mirada a donde Sirius le señalaba.

Elizabeth se inclinó prácticamente metiendo su rostro en él caldero, con el seño fruncido y una mirada desconfiada. Segundos más tarde la muchacha se incorporó y murmuró unas cuantas palabras a su compañero. Quien, tras una mirada de incredulidad y negar con la cabeza, pareció pensarlo mejor y pasó una mirada por los demás alumnos para encontrarse con las miradas culpables, sospechosas y sorprendidas de James y Sirius.

"Oh, oh…" dejaron salir los dos de sus labios sintiéndose algo intimidados por la mirada idéntica asesina que les enviaban los dos Slytherins.

Ambos muchachos cruzaron sus brazos y se apoyaron en su mesa de trabajo, a observar cuando Slughorn se acercó a los ladrones.

"Sr. Potter, Sr. Black… ¿Qué tenemos aquí hoy?" escucharon a lo lejos la voz de Slughorn.

James y Sirius tragaron grueso y voltearon a su profesor, preguntándose porque los Slytherins aun no habían hablado.

"Díganos usted profesor…" dijo James algo nervioso.

Slughorn se inclinó sobre el caldero, diciendo sus normales "uhm… hum… ujum…".

"Buen color, buena textura, el olor es el correcto… vaya, vaya muchachos, creo que esta vez se han excedido, es una poción excelente" dijo Slughorn, a lo que ellos sonrieron nerviosamente, mirando de reojo al muchacho y a Elizabeth Cromwell "muy bien… muy bien felicidades" felicitó Slughorn inclinándose de nuevo al caldero.

En ese momento, el caldero dio un salto. Se hizo un silencio sepulcral, mientras la mezcla completa de la poción estalló bañando al profesor Horace Slughorn de pies a cabeza en Filtro de los Muertos en vida. La tunica negra del profesor goteaba a chorros al igual que su rostro y manos donde sostenía la varita inmóvil.

Un silencio largo y prolongado se apoderó del salón, aunque muchos sintieron ganas de reírse nadie lo hizo. Sirius Black y James Potter eran los más sorprendidos ante esta situación, quedándose inmóviles ante la impresión asombrada de Slughorn, los chicos no habían sido capaces ni de parpadear después de la explosión.

"¡Imperdonable!" fueron las primeras palabras salidas de la boca de Slughorn "¡Es la cuarta broma que sabotea mi clase en su nombre!"

"¿Qué? Eso no fue una broma" se apresuró a decir James "fue un accidente"

"¡Sr. Potter no me mienta! El filtro de muertos sólo explota con un hechizo, no por accidente. Usted y el Sr. Black se quedaran aquí y limpiaran todo más cada uno de los calderos… ¡AL MODO MUGGLE!"

"¿Qué…? Pero nosotros…" Sirius cayó llevando su mirada a los dos Slytherin, que compartían una sonrisa de satisfacción mutua.

"¡Si discuten me asegurare de que Minerva los castigue por dos meses…! ¡No me hagan ser más severo con estudiantes tan brillantes, que sólo necesitan crecer un poco!" dijo Slughorn.

James iba a seguir discutiendo, pero Sirius lo haló del brazo y negó con la cabeza. Conocía bien a Slughorn, y sabía que el castigo sería suave si los creía "genios de pociones", en cambio si Cromwell y su amigo los delataban como tramposos podían correr hasta peligro de expulsión, especialmente porque ello recaería en manos de McGonagall.

"Lo sentimos, Señor" dijo Sirius.

"Bien…" dijo Slughorn volteándose hacia sus demás alumnos "nada que ver, nada que ver, salgan, salgan… Excepto el Sr. Owens y la Srta. Cromwell, necesito que cuiden a los Sres. Potter y Black mientras voy a cambiarme…"

Slughorn les quito las varitas y fue a cambiarse, murmurando algo de que hacerlo mágicamente dañaría el terciopelo que le había enviado especialmente su ex-alumna Jane Markale, famosa costurera; y los dejó en compañía de los mismos dos chicos a quienes les habían robado la poción.

"Mira Eli… son los dos criminales" dijo Owens mirando a James y a Sirius que se colocaban ya de rodillas a limpiar el piso. John Owens era un apuesto muchacho rubio, alto, de tez blanca pero bronceada, y unos interesantes ojos azules que brillaban con una mezcla de superioridad y astucia. El muchacho portaba una insignia de Prefecto al igual que Elizabeth.

"Cierra la boca Owens" soltó James.

"Tu deberías ser quien la cierre, tienen suerte de que no los delatamos a Slughorn" dijo Elizabeth Cromwell.

"Supusimos que verlos de rodillas sería un peor castigo" dijo Owens.

"¿Ustedes explotaron la poción?" preguntó James indignado.

"¿Esperabas que te dejáramos llevarte los halagos de nuestro trabajo? Trata de usar el cerebro y hacer tus propias pociones en el futuro" dijo Elizabeth, mirándolo severamente, y compartiendo por unos largos segundos una mirada de odio con James.

James soltó un gruñido de rabia y siguió limpiando, Sirius se concentró en limpiar los calderos echando una mirada furtiva de vez en cuando en dirección a Elizabeth. Preguntándose, no sólo, cuales serían las consecuencias que debería enfrentar si decidiera romper el código "Gryffindor" y anunciara que quería salir con una Slytherin, sino porqué aun quería salir con ella después de que los hubiera condenado a una tarde de limpiar porquerías.

Suspiró hondo imaginándose a James tratando de arrastrarlo a la enfermería a que le revisaran la cabeza, el Código lo dejaba muy en claro "Ningún Gryffindor debía inmiscuirse con una serpiente"…se pasó una mano por la cabeza. No había manera de que James o ninguno de sus amigos aceptaran lo contrario. No había manera de que él mismo se aceptara el gustar del enemigo.

"Aun cuando ese enemigo fuera increíblemente atractivo…" pensó el joven Black, echándole una mirada a la chica quien sentada en el escritorio de Slughorn, aun se rehusaba a mirarlo, acentuando también el aire independiente que, extrañamente, le atraía a ella como abejas a la miel. Eso sin ignorar el hecho de que, en vez de ir a acusarlo al profesor, lo había castigado con una broma… exactamente el mismo camino que él habría tomado… lo cual lo hacia pensar, que quizás finalmente Sirius Black había encontrado una oponente.

Negó con la cabeza. Por más interesante que pareciera Cromwell, y por más interesante aún que le parecía la idea de conquistarla, estaba fuera de los limites. Cosa que se repitió constantemente, sin creérsela ni por un solo segundo.

"Esto NO sale" refunfuñó James que intentaba quitar el liquido con un paño mojado "necesitamos algún tipo de detergentes" James dijo la ultima palabra sumamente contento consigo mismo por las clases de Estudios Muggles que había tomado para impresionar a Lily.

John Owens se volteó a su amiga con vehemencia.

"Yo no pienso llevarlo a ningún lado, John" cortó en seguida la muchacha. Owens suspiró sonoramente.

"Vamos Potter" dijo Owens sin mucha paciencia saliendo del salón, murmurando algo parecido a "¿detergentes?" y "estúpidos Gryffindor", antes de que si quiera James notara lo que pasaba.

"¿Ah? ¿Vamos a buscarlos?" preguntó James a Elizabeth, quien únicamente giró los ojos y dio un único asentimiento.

James salió del salón, murmurando también para sí "¿cobran las palabras?" y "asquerosas serpientes".

De pronto Sirius Black notó de golpe que estaba solo con la chica, y sintió un escalofrío poco familiar. Elizabeth permanecía indiferente, sentada sobre el escritorio de Slughorn con las piernas y brazos cruzados, y su vista perdida.

"Fuiste muy buena pateándole el trasero a Mulciber esta tarde" se encontró a si mismo diciendo antes de si quiera notar lo que hacia.

"Tengo práctica en patearle el trasero a Mulciber" contestó la aludida con indiferencia.

"Se notó…lo hiciste asombroso" elogió Sirius.

"Gracias" respondió ella girando su rostro hacia él.

Sirius Black de pronto se sintió incomodo en su propia piel, notando como la muchacha no lo veía con frecuencia y que por ello nunca había notado la manera en que lo miraba. La chica poseía un par de ojos – que aun siendo bellos – poseían una cualidad intensa tan fuerte que le hizo esquivar su mirada, al sentir un escalofrío recorrer su cuerpo. Mucha gente había enviado todo tipo de miradas hacia su persona, desde el más inocente enamoramiento hasta el más profundo odio… y aun así, nunca jamás nadie lo había mirado de ese modo, intenso y misterioso, quizás con un dejo de nostalgia.

Elizabeth Cromwell suspiró para sí, pensando en la historia de su vida, lo había intimidado con la mirada. Eso ocurría seguido, aunque una voz en su cabeza le recordó que el Gryffindor no era la clase de muchacho que ella solía intimidar. Desvió su mirada de nuevo, esta vez hacia el estante de libros, fingiendo no notar la palpable incomodidad de Black.

"Tus ojos son… hermosos" soltó derepente Sirius, más como un pensamiento escapado que como un halago. Halagos no iban contra el código Gryffindor… ¿o si?

Elizabeth alzo las cejas y cerro sus ojos, conteniendo una sonrisa.

"¿Ah si? ¿De qué color tengo los ojos?" preguntó.

"¿ah? Uhm…" Sirius lo pensó por un momento, había soltado el halago equivocado, no había prestado la menor atención al color de sus ojos, y de algún modo macabro supo que ella sabía eso "… ¿azules…?"

"Ni si quiera cerca" dijo Elizabeth abriendo sus ojos.

"Verdes" dijo Sirius ahora fijándose de verdad en ellos "son muy hermosos…igual que tú"

Elizabeth giró los ojos incrédula.

"Sigo sin entender que ven las mujeres en ti… eres un casanova bastante patético" le dijo.

"Hey… dame algo de crédito, no miraba el color sino… la mirada" confesó Sirius. Elizabeth volvió a clavar su fija y profunda mirada en él "es muy… intensa, pero no de mal modo" se apresuró a añadir "todo lo contrario… siento que por primera vez en la vida alguien me mira realmente" finalizó aquello con una risa apagada, sorprendido de la sinceridad de sus palabras.

Elizabeth, aun en contra de su mejor juicio, también sintió la sinceridad de sus palabras, lo que la dejo momentáneamente desarmada, y se encontró a si misma observando al muchacho de modo distinto, fijándose más allá de la etiqueta "Gryffindor", y se dejó llevar por sus rápidos pensamientos…

"…es guapo no hay duda, aunque de un modo obvio lo cual no suele ser mi tipo, porque esta demasiado consiente de que tan bien parecido es, inflando su ego al tamaño de un globo… parece creerse a si mismo como un "chico malo", si juzgó por la mirada suficiencia y descontento, pero parece ser sincero, tal vez demasiado asqueado en lo que la gente piense de él como para que el mentir valga la pena… y me mira como si fuera su presa, con interés únicamente infundado en que parece conciente a que no me rendiré a sus pies…"

Sin quererlo, y aun sabiendo que lo negaría hasta bajo juramente, Sirius Black había captado su atención.

James y John Owens volvieron al salón, lo cual dio por finalizada la breve conversación.

Espero les haya gustado... haganmelo saber...

Isabel Black