CAPITULO 6. ¡NO QUIERO QUE YA NO SEAS TU!

Después de aquella noche donde Alfred abandono a Arthur excusándose muy pobremente, un nuevo día llego y con este. Específicamente, aquel había amanecido igual como otros tantos, es decir, fresco, con un poco de llovizna y los ligeros rayos de sol tan imperceptibles y sin calidez alguna. Ligeramente se fueron filtrando a través de las cortinas tan delgadas y casi transparentes de la mansión. El delicioso olor a desayuno recién hecho empezó a invadir aquella gran casa, Alfred quien se encontraba aun durmiendo, al sentir ese exquisito olor pasear sobre su nariz, sintió la fuerte necesidad de saber quién era el autor. Perezosamente abrió sus ojos, aun agotado debido al cambio de horario entre su país y el del ingles, se llevo uno de sus brazos hacia la frente y empezó a recapitular mentalmente todo lo que había vivido en ese momento –entonces… no es un sueño- susurro. Después de varios minutos en ese estado, se levanto de su cama, tomo sus lentes los cuales había colocado en la mesita que se encontraba junto a su cama la noche anterior, se medio acomodo sus despeinados cabellos y camino rumbo a la puerta aun vistiendo ropa de noche, es decir, unos pantaloncillos cortos y su playera blanca, tan pronto puso un pie fuera de la habitación, empezó a sentir el estrago del cambio de clima -¡pero qué frio!- exclamo al tiempo que se llevaba ambas manos a sus brazos. Brincando y temblando se volvió a internar a la habitación, tomo su chaqueta, se puso sus vaqueros y salió nuevamente.

Siguiendo el oloroso rastro a comida, bajo las escaleras y se dirigió hacia la cocina. En cuanto llego a esta, pudo ver sobre la mesa tres platos humeantes y cada uno con su bebida, dos de ellos de té y el tercero de café. Alfred dirigió su mirada hacia la estufa y ahí encontró a Francis tarareando la marsellesa.

-Morning Francis- saludo el americano tan casual como lo era el mismo.

Francis quien estaba dándole los últimos toques a un guiso, giro su rostro –bon jour Alfred- rio –ya casi está listo el desayuno- agrego volviendo a girar su rostro para internarse nuevamente en aquella actividad.

Alfred se sentó en una de las sillas y empezó a darle pequeños sorbos a su café -¿ya se levanto iggy?- pregunto al no sentir la presencia de este.

-Non, sigue en su habitación- respondió –hazme un favor y dile que el petit déjeuner está listo- dijo continuando con su labor.

El americano dejo de beber su café y asintió, posteriormente se levanto de la silla y emprendió rumbo a la habitación del amnésico. Al llegar a esta, empezó a tocar la puerta –iggy, France dice que ya está el desayuno- hablo, sin embargo no escucho respuesta alguna del otro lado, así que decidió entrar a ver el porqué. Al internarse dentro, admiro aquella gran habitación donde tiempo atrás solía dormir con Arthur, sus ojos recorrieron cada rincón y contemplo como esta continuaba igual que como la recordaba, en todo sentido, desde la ubicación de cada mueble hasta el olor de la fragancia tan propia del ingles la cual le encantaba por completo. Embelesado tras aquellos dulces recuerdos, camino hasta la cama donde se hallaba durmiendo Arthur, una sonrisa boba se asomo por sus labios –primera vez que me levanto antes de que el- susurro aun sonriente mientras posaba sus ojos sobre el rostro inocente del aun dormido.

Curiosa e infantilmente empezó con uno de sus dedos a recorrer las suaves facciones del bello durmiente, sin ser muy brusco pero tampoco muy suave e intentando no levantar a aquel hermoso ser de su sueño, delineo cada milímetro de aquel rostro, con delicadeza paso sobre sus peculiares cejas, las cuales desde que era muy joven, las consideraba chistosas, posteriormente, surco cada una de las largas y delgadas pestañas y pico sus sonrojadas mejillas –poke poke- decía imitando la conocida onomatopeya de golpecitos. Unas grandes ganas de pintarle garabatos en su cara como en los viejos tiempos empezó a inundarlo, sin embargo, se contuvo. Y así, continuo recorriendo con su dedo cada rincón de aquel terso rostro hasta detenerse en sus suaves y delgados labios. Alfred observo fijamente el rojo de los labios del ingles, pronto, empezó a sentir la urgente necesidad de besarlos, morderlos y degustarlos. Siguiendo sus instintos, trago saliva y fue acercando delicadamente su rostro hacia el de Arthur, cerca, cada vez más cerca hasta que sus alientos chocaron –ya está aquí tu héroe mi hermosa bella durmiente- susurro mientras se acomodaba para besar al menor.

Cuando estaba tan cerca de su objetivo, los ojos de Arthur se abrieron estrepitosamente quedándolo viendo con extrañeza -¿se te ofrece algo?- pregunto un poco extrañado.

Alfred se alejo rápidamente del ingles, nervioso de casi ser atrapado en su proeza, intento buscar una excusa creíble –fr..francis, si eso- contesto –dice que el breakfast está listo- empezó a reír histéricamente –bu….bueno este héroe ya se va- se despidió corriendo frenéticamente hacia la puerta.

Un gran portazo se hizo presente como señal que el americano se había marchado. Arthur se reincorporo sentándose en la cama y acerco dos de sus dedos hacia sus labios casi rozándolos –si no hubiese abierto los ojos a tiempo, él me hubiese be…- susurro asombrado por la acción que estuvo a punto de ocurrir –no puede ser, ¿acaso estaba enamorado de mi?- se pregunto extrañado –pero no puede ser... eso sería incesto, ¿no es así?- se cuestiono. Todo era extraño desde que conoció a ese par, no sabía en que creer y en que no –tal vez son alucinaciones mías- se dijo finalmente para luego encaminarse hacia la cocina.

Cuando el ingles cruzo el pequeño umbral que daba hacia la moderna cocina, pudo apreciar como el francés terminaba de servir el desayuno mientras el americano terminaba de beber su café –buen día- saludo a los presentes. Francis volteo a verlo –bon jour angleterre, espero hayas pasado una excelente noche- saludo el francés con su mejor sonrisa. Por su parte, Alfred se veía algo nervioso y no dijo palabra alguna.

Y así, el desayuno continúo apaciblemente, claro está, a veces se podía oír al francés regañando a Alfred por ser tan maleducado en la mesa y otras, el molesto ruido del de gafas al absorber su café. Cuando los tres terminaron de desayunar, empezaron a discutir el itinerario del día.

-¿te gustaría continuar sabiendo de tu vida antes de ser amnésico?- pregunto Francis recargando sus codos sobre la mesa y entrelazando ambas manos.

Arthur dejo de beber su te y volteo a verlo –realmente no- contesto para sorpresa de los presentes –sea lo que sea que hice antes de tener amnesia, ya esta en el pasado- continuo hablando –me gustaría comenzar de nuevo-.

Alfred quedo atónito por aquella declaración y pronto, empezó a sentir como una muy dolorosa y profunda puñalada se enterraba en el corazón, el presentimiento que el viejo Arthur ya no regresaría nunca más lo asusto -¡no!- grito al tiempo que se levantaba de su silla.

Francis y Arthur dirigieron su atención hacia el americano quien lucía asustado y molesto -¿estás bien amérique?- pregunto Francis, sin embargo, aquello no fue respondido ya que Alfred se había echado a correr dejándolos solos.

-¿Qué le ocurre? ¿Por qué actuó así?- interrogo el ingles impresionado y preocupado por la espontanea reacción del chico.

El francés suspiro –después de todo sigue siendo un niño- sonrió tristemente.

Arthur no comprendió el porqué de aquellas palabras, sin embargo, aprovechando la ausencia del americano, decidió entablar una charla diferente -Francis, hay algo que quisiera preguntarte- hablo el ingles poniendo un rostro serio -¿Qué relación había entre Alfred y yo?-.

El rostro de Francis se contorsiono a uno de profunda pena –moi, la encarnación del país del amor se reconocer cuando hay amor de por medio y solo puedo decirte que tu amabas a ese chiquillo con todo tu ser, sin embargo tanto amor te cegó haciendo que él se alejara de ti y finalmente ya no regresaste a ser el mismo mon ami- se limito a contestar mientras apoyaba su mentón sobre una de sus manos.

Arthur se sintió extraño -¿no regrese a ser el mismo?- pregunto.

-así es, desde que Alfred se independizo de ti, cambiaste- respondió Francis tan triste como al inicio –te retrajiste, sin embargo, aun seguías amándolo-.

-¿y el me ama?- pregunto el ingles intentando aclarar aquella duda que surgió desde el momento que conoció al americano.

Francis volteo a verlo –eso ni yo lo sé mon ami- intento sonreír.

Aquella pequeña charla se quedo grabada en la mente del ingles -¿será acaso que esto fue una historia de amor?- se pregunto, no obstante, ahora tenía una nueva vida y todo aquello se había quedado atrás junto con su viejo yo -gracias por aclarar mis dudas- sonrió Arthur –eres un buen amigo- declaro.

El rostro del francés se ilumino al tiempo que pequeñas lagrimas brotaban de sus ojos –eso ya lo sé mon ami- intento corresponder a la sonrisa, sin embargo, el tener al ingles frente a él diciéndole palabras que nunca creyó escuchar algún día, lo hacían llorar aun mas.

Mientras tanto, Alfred quien había huido al no querer aceptar la realidad de las palabras dichas por Arthur, ahora se encontraba sentado en la copa de uno de los tantos arboles donde solía treparse de pequeño. Su rostro se mostraba dolido y en su interior, una gran tristeza y desesperación intentaban brotar en forma de lamentos y lagrimas -¿Por qué no se lo dije cuando podía?- susurraba –ahora el ya no siente lo mismo y ya no lo hará-.

Un suave viento empezó a revolverle los cabellos –aquel día no moriste, sin embargo, es como si lo estuvieras- hablo apoyando su cabeza contra el árbol. De su chaqueta saco el pequeño diario que una vez perteneció al viejo Arthur, con delicadeza lo abrió en una página especial para él y empezó a leerla en voz alta –si volviese a nacer y tuviese que escoger nuevamente a quien amo… definitivamente será a él…- dijo citando la frase. Al terminar de citar la frase, cerro el libro y volvió a guardarlo dentro de su chaqueta y dirigió su mirada hacia el cielo –me pregunto a quien se referirá cuando dice "el"- se pregunto.

Intentando aceptar la realidad, decidió quedarse en aquel árbol, simplemente apreciando el gran paisaje que le ofrecía la casa del ingles. Horas desde aquel suceso, Alfred aun dolido, decidió regresar a casa –tengo que respetar tus decisiones- se repitió por todo el camino de regreso.

Por otra parte, Francis había dejado de sollozar y ahora él y Arthur se encontraban sentados en la sala mientras reían divertidos por viejas historias que el francés contaba –que divertidas son las anécdotas que tienes de mi- reía el ingles.

Francis quien también seguía riendo, dejo de hacerlo –oh mon ami, me alegra saber que te gusten mis anécdotas- agradeció.

-y a mí me alegra escucharlas- respondió Arthur aun sonriente –dime, ¿tienes anécdotas divertidas sobre Alfred?- pregunto curioso al no haber escuchado ninguna de este.

La sonrisa que momentos atrás surcaba por los labios de Francis se disipó -¿para qué quieres oírlas?- pregunto poniéndose serio.

-po… porque me interesa saber qué tipo de cosas hacia con el- respondió un poco incomodo el ingles.

El francés suspiro –al parecer tu olvidaste pero tu corazón no- sentencio levantándose del sillón y tomando de los hombros al menor –antes me dolía que lo prefirieras a el por sobre todas las cosas- empezó a decir mientras acercaba su rostro al del menor –pero ahora me duele mucho mas el saber que sin tener memoria aun lo continúes escogiendo- dijo alzando mas su voz.

Arthur no sabía que decir, las palabras del francés parecían ser dagas enterrándose por todo su cuerpo impidiendo que se moviese –Francis yo…- intento articular.

-shh no digas nada mon angleterre- lo callo Francis colocando uno de sus dedos sobre los labios del menor –yo siempre te he amado pero veo que nunca seré correspondido- hablo melancólicamente al tiempo que depositaba un casto y tierno beso sobre los labios del ingles.

En ese instante, Alfred quien acababa de regresar, admiro perplejo como Francis y Arthur se besaban. El crujir de su corazón al romperse en miles de pedazos retumbo en sus oídos y grandes lágrimas rodaron por sus mejillas. No pudo continuar soportando ver la escena, el iggy que una vez llego a amar ahora pertenecía a Francis. Ya nada en el mundo valía la pena sin Arthur.

El ingles mudo y culpable, solo pudo observar la expresión dolida del americano y como este salía corriendo por la puerta que segundos atrás había atravesado. Sacando todas las fuerzas que tenía en su interior, empujo a Francis –¡idiota!- grito –¡Alfred malinterpreto todo!- hablo exaltado. Rápidamente se levanto del sillón y estaba a punto de ir tras el americano cuando la firme mano de Francis lo sujeto.

-dijiste que todo lo que hayas hecho en el pasado se quedaría en el pasado, incluso tu amor por el- sentencio el francés con el semblante más serio que pudo hacer –así que olvídate de él, es lo mejor para ti- ordeno.

El semblante de culpabilidad del ingles se transformo en tristeza –lo sé, sin embargo, en el fondo tengo el insistente deseo de correr a socorrerlo y reconfortarlo- admitió.

-déjame ser su suplente- rogo Francis con la cabeza baja y soltando el agarre –dame esa oportunidad… por favor-.

Arthur enmudeció -¿acaso era una declaración de Francis?- se pregunto mentalmente. Primero era el americano y ahora el francés -¿será que esto era un triangulo amoroso?- se volvió a preguntar debido a los sucesos que había presenciado desde que llego a la casa. Después de preguntarse y analizar las situaciones vividas, sabía que Francis jamás podría ser el suplente de Alfred y que tal vez y nunca llegaría a amarlo tanto como su antiguo él había amado al americano. Delicadamente abrazo al francés –lo siento, con el tiempo nos haríamos más daño- se disculpo.

-por lo menos lo intente mon amour- sollozo silenciosamente Francis escondiendo su cabeza en el pecho del ingles.

Mientras tanto, Alfred quien había huido de aquella escena, se encontraba corriendo sin rumbo alguno mientras tras el dejaba un pequeño e invisible rastro de lagrimas que era opacado por la ligera llovizna que había –te he perdido- repetía una y otra vez -¡el venir aquí fue un error!- gritaba desesperado -¿¡porque no te quedaste muerto!?-. El correr sin rumbo y sin fijarse, provoco que se tropezara con una piedra de aquel terreno tan traicionero y perdiendo el equilibrio, cayó rodando al suelo húmedo y lodoso. Ahora sus ropas y rostro se encontraban cubiertas de lodo -¡¿por qué?!- grito aun en el suelo -¡¿Por qué siendo un héroe me pasa esto?!- continuo gritando mientras golpeaba fuertemente el suelo. Sus lágrimas poco a poco empezaron a mezclarse con la tierra lodosa de su rostro haciendo que se convirtiera en una especie de melcocha, sin embargo, aquello no dejo que el héroe sollozara y desahogara todas aquellas penas que llevaba conteniendo desde hacía bastante tiempo. Alfred permaneció en aquella posición durante varios minutos, penando en silencio y siendo acompañado por las gotas del agua que caían del cielo ingles y la tranquilidad tan común del bosque que rodeaba la casa del ingles.

Cuando sus lagrimas cesaron y la calma por fin inundo su ser, se levanto del suelo y se recostó sobre un árbol cercano, posteriormente, empezó a reflexionar todo aquello que le había ocurrido –tal vez y lo mío contigo era imposible- suspiro melancólico –tal vez cuando te referías con "escogerlo a él" te referías a Francis- dijo sacando el pequeño diario de Arthur –creo que tengo que regresarte esto- volvió a suspirar mientras se ponía de pie –además ya pinto mal tercio, lo mejor es que regrese a mi casa- complemento intentando sonreír.

Y así, emprendió camino rumbo a casa del ingles, no sin antes, sacudirse la ropa y limpiarse la cara. Ahora que había aclarado sus ideas, solo necesitaba ir a regresar aquel objeto a su verdadero dueño y despedirse de la ahora feliz pareja –en esta historia el héroe no triunfa al final- se dijo sonriendo tristemente.


NOTAS:

Hola hola, feliz dia del niño (atrasado), me hubiera gustado regalarles 2 capitulos en vez de 1, pero se me pasaron las fechas (esta semana se me fue volando y cuando me di cuenta era viernes), pero bueno, no importa, hoy les dejo este y el miercoles les subire el siguiente capitulo (ese sera mi regalo atrasado para ustedes). Espero hayan disfrutado del capitulo, desde aqui empienza podria decirse que lo dramatico, me da tristeza Alfred pero no siempre un heroe termina ganando.

Si se lo preguntan, petit déjeuner es el desayuno, los desayunos franceses son ligeros, demasiado para mi gusto, aunque los italianos ni se digan, esos son mas adictos al cafe que el mismo Alfred. Aunque en el capitulo, Francis hizo un desayuno ingles el cual es muy pesado.

Les dejo un chibi-iggy: http: //www .facebook. com/photo. php?pid= 3906393&l= 7f809f1382&id= 790263913