Juegos Mentales
Elizabeth Cromwell tomó su bolso y salió del salón en compañía de John Owens a penas el profesor Slughorn volvió. Le echó una mirada a Sirius Black antes de salir, insegura sobre que pensar al respecto de su conversación. A penas estuvieron fuera de la vista del profesor sintió que John la tomaba del brazo para detenerla, se volteó a verlo interrogante.
"¿Tenemos otra situación Snape-Evans en las manos, Eli?" le preguntó el muchacho alzando una ceja.
"No tengo ni la más vaga idea de lo que intentas decirme, John" le contesto seriamente clavando su mirada en el.
"Black estaba mirándote" explicó John.
"¿Y? Difícilmente ese es un honor reservado solo para mi ¿Qué no se la pasa persiguiendo a las tontas de Hufflepuff" todos los días?" Elizabeth giró los ojos y siguió caminando.
John tardo unos segundos en seguirla, la alcanzo aun receloso y leyéndola con la mirada.
"Entonces… ¿dices qué no tengo que preocuparme de tener otro Slytherin siendo "BFF's" con uno de los leones?" John no le quitaba la mirada de encima tratando de encontrar cualquier evidencia de mentira en su lenguaje corporal.
Elizabeth se detuvo y fijo su mirada en el.
"Sólo voy a decirte esto una vez, porque no tengo razón para explicarme ante ti o ante nadie" respondió fríamente "Yo no tengo las mas mínimas intenciones de relacionarme con alguien remotamente parecido a Sirius Black, es la Utopía de todo lo que desprecio en este colegio: un ego maníaco, con algo de talento, que cree que es dueño del mundo sólo porque es popular entre las manadas de ovejas que pueblan estos pasillos"
John la miró aparentemente más tranquilo pero aun receloso.
"Me estaba mirando porque me vio hechizar a Mulciber esta mañana, y supongo que le sorprendió descubrir que no todas las mujeres de este colegio ruegan al cielo para que él se aparezca a rescatarlas. Puedes preguntarle a Severus si no me crees, John, y esta es la única explicación que planeo darte"
Elizabeth se dio la vuelta sobre sus talones y camino a la Sala Común. John Owens la siguió en silencio aun con una mirada recelosa en los ojos. Al llegar a la sala común, Elizabeth se desplomó en un sillón alejado del fuego, junto a una ventana y observó con la mirada perdida el agua resplandeciente de color verde que cubría la sala común de las serpientes. Aun podía sentir la mirada de John sobre ella, aun cuando este había ido a sentarse con los demás chicos del equipo de Quidditch de Slytherin; el chico la conocía demasiado bien para su gusto y estaba segura de que el había percibido algo que, ni si quiera ella, estaba aun segura de saber.
Elizabeth sacó su diario y una pluma, disponiéndose a escribir.
Sirius Black y James Potter salieron de la mazmorra de pociones dos horas más tarde, algo adoloridos y molestos de haber perdido casi toda la tarde en aquel castigo. Instintivamente caminaron hacia el gran comedor antes de darse cuenta que era muy temprano para la cena, por lo cual decidieron subir a la torre de la Sala Común de Gryffindor. Después de decir la contraseña a la Dama Gorda, atravesaron el retrato y se desplomaron en el sillón vació más cercano que pudieron vislumbrar.
"¿Cómo estuvo la detención?" preguntó Remus llegando a su lado con un pergamino en su mano, junto a Peter.
"Horrible, Remus. Jamás volveremos a ser malos ¡LO JURO!" anunció Sirius en un tono dramático.
Remus alzó una ceja incrédulo.
"Eso dicen dos veces por semana, y nunca lo mantienen" dijo Remus.
"Ah… Mooney, la vida seria muy aburrida si todos mantuviéramos nuestras promesas todo el tiempo. Le quitaría la incertidumbre a lo desconocido" dijo James.
Remus giró los ojos y se sentó en una silla de madera frente a ellos.
"¿El profesor siguió molesto con ustedes?" preguntó Peter.
"No… ya conoces a Slughorn. Si tienes talento, ignora casi todo lo demás" dijo Sirius.
"Y de todos modos, no fue nuestra culpa. Fueron los cerebritos Slytherin los que lo hicieron" dijo James.
"¿Quiénes? ¿Cromwell y Owens? Por favor, James…" dijo incrédulo Remus.
"En serio ¡fueron ellos, Moony!"
"Lo dudo seriamente, ¿Por qué harían algo así?"
"Ah… ¡NO LO SÉ! ¿Por qué son rastreras serpientes, quizás?" soltó James con marcado sarcasmo. Remus aun se veía incrédulo.
"No lo creo, James. No suena como algo que esos dos Slytherin en particular harían" dijo Remus.
"¿Por qué no? ¡Son serpientes!" se quejó James.
"Lo sé, James… pero Owens es muy tranquilo en comparación a los demás Slytherin, difícilmente anda por los pasillos metiéndose con alguien sin ser provocado; y Cromwell no arriesgaría su perfecto record académico por hacerles una broma a ustedes" dijo Remus.
"¿Qué pasa, Moony? ¿Ahora que todos están en el mismo club de Prefectos son tus amigos?" preguntó James ofendido con la sola idea.
"Claro que no, James, aun son Slytherins. No me vas a encontrar jugando cartas con ellos en ningún tiempo cercano, o algo parecido. Sólo digo que son bastante decentes en comparación a la muestra regular, son más callados que groseros, lo cual aprecio durante las rondas" dijo Remus.
"Pues me creas o no, fueron ellos… ¡nos tendieron una trampa, como las rastreras criaturas que son!" dijo James cruzando los brazos.
"Les robamos su poción, se dieron cuenta y trataron de hundirnos" explicó Sirius en un susurro a Remus, quien asintió entendiendo la situación.
"Como dije, aun son Slytherins" dijo Remus.
Sirius asintió con la cabeza repitiendo esa frase en su mente.
El techo del gran comedor resplandecía como el cielo estrellado nocturno, iluminando con estrellas al igual que con las velas, la velada que compartían los estudiantes de las cuatro casas de Hogwarts. Los Merodeadores, llegaron tarde a la cena, porque James se había extendido en explicar planes malévolos de venganza para los Slytherin. Por lo cual, cuando entraron al gran comedor la cena ya había comenzado.
Comenzaron a comer como siempre. James notó apenas se sentó que Severus Snape estaba arrodillado junto al asiento de Lily, fingiendo atención mientras esta hablaba de la clase de encantamientos, cuando en realidad lo único que hacia era embobarse con la belleza de la pelirroja.
"¿Qué esta haciendo ÉL aquí? ¡No es tu mesa!" soltó James en un tono muy poco amable. Lily le envió una mirada asesina, y Snape se levanto a punto de sacar la varita de su tunica, Lily le tomó del brazo.
"Yo lo invite, Potter ¿tienes algún problema con eso?" preguntó Lily en tono amenazante.
James apretó los puños observando a Snape y luego desvió la mirada, evitando otra confrontación más con Lily Evans, y frustrado consigo mismo de que toda conversación que parecía tener con ella era una discusión.
"Algún día, me gustaría que alguien le explicara a Evans que Snape sólo esta jugando con ella… ¡es tan obvio que lo único que quiere es salir con ella! ¡Amigos, mi trasero!" murmuro James para que sólo sus amigos oyeran.
"Pensé que eso era lo que querías tu también" observó Peter, ganándose una mirada desdeñosa de parte de James.
"Claro que no… ¡yo no creo que ella sea una… que ella tenga nada malo!" se corrigió antes de soltar la palabra con "S".
Sus tres amigos se encogieron los hombros y asintieron en apoyo. James estuvo callado el resto de la cena, taladrando a Snape con la mirada.
La confrontación recordó a Sirius sobre su particular dilema personal con una Slytherin distinta a Snape. Giró disimuladamente su cabeza y observó a la mesa más alejada del comedor buscando a Elizabeth Cromwell.
Se fijó que no compartía el mismo grupo que el clan conformado por la pandilla de tarados. Los principales, y más odiados miembros de Slytherin. Conformado por Mulciber, Nott, Lestrange, Montague, al igual que por dos de las hermanas Black: Narcissa y Bellatrix, y las gemelas McCallister; aquel grupo había sido creado por el ahora graduado Lucius Malfoy, prometido de su prima Narcissa.
Sirius bajó la mirada por la mesa encontrando a los otros miembros del año de Slytherin, más bajo perfil que los anteriormente mencionados. Pudo ver allí, a su prima Andrómeda, a John Owens, el puesto vacío de Severus Snape, otros dos muchachos y una chica, ninguno de los tres a los cuales el no conocía, y justo en medio de John Owens y Andrómeda Black estaba Elizabeth Cromwell; volteada al lado contrario de la mesa, inclinada hacia la mesa de Ravenclaw hablando con una muchacha de tez oscura y cabello negro, con gafas, a la cual él tampoco conocía.
Apenas unos segundos después de haberla encontrado, Elizabeth alzó la mirada directo a el dándose cuenta de que la estaba mirando, y enviándole una mirada poco amable. Sirius volvió la vista a su mesa, para encontrarse con que la mesa de Gryffindor estaba casi vacía.
Se apresuró a comer, pero aun así sus amigos terminaron antes que él. Por lo cual, les dijo que se fueran adelante. Inconcientemente cocinando un plan en su cabeza. Espero hasta que los Slytherin salieran por la puerta del comedor para seguirlos hasta la entrada de piedra de las mazmorras y por detrás haló a la chica de cabello castaño que caminaba de última.
"¡SIRIUS BLACK!… ¿estas tratando de matarme?" Andrómeda Black dejó una mano en su pecho tratando de calmar su corazón del susto.
"Hola prima" saludo Sirius en aire contento.
Andrómeda le envío una mala mirada y se sentó en uno de los escalones de la escalera, tomándolo de la mano para que se sentara a su lado.
"¿Qué te trae por la mazmorra, primo?" preguntó la chica en aire curioso, saludándolo con una calida sonrisa.
Andrómeda Black, probablemente la única persona en toda su familia que aun le caía bien. Era la segunda de las hermanas Black, teniendo la misma edad de Sirius. Poseía la belleza innata de los Black, era blanca, alta, con facciones delicadas y perfectas. Sus ojos azules, característicos de las mujeres Black, eran centellantes y el foco central de todo su rostro.
"Andy… ¿puedes guardarme un secreto?" preguntó Sirius.
"Tu no le haz dicho a nadie que estoy comprometida con un Ravenclaw, así que sí… puedo guardarte un secreto" comentó Andrómeda, recordando un ataque de pánico que tuvo en las vacaciones donde le confeso a Sirius todo lo relacionado con Ted Tonks, deseosa de explicarle su problema a alguien que entendiera el grado de presión que esto significaba en una familia como la de los Black.
"Necesito preguntarte algo"
"Adelante"
"Te vi hace rato hablando con Elizabeth Cromwell… ¿la conoces?"
Andrómeda cambio su semblante contento, por uno más receloso, y asintió con la cabeza.
"La conozco… pertenece al mismo grupo al cual frecuento, incluso podría afirmar que somos amigas" admitió Andrómeda escogiendo con mucho cuidado sus palabras.
"¿Es tu amiga?"
"No la más intima, es sumamente selectiva y reservada con sus amigos. Pero sí, somos amigas… ¿Por qué?"
"Creo que estoy por hacer algo que haría muy feliz a mis padres. Así que entiendes mi dilema" contesto Sirius con ironía. Andrómeda se enderezo y lo miró fijamente.
"¿Qué hiciste?"
"¡Nada… aun! Solo estoy… contemplando, la distante y poco probable situación, de invitar a salir a alguien… diferente"
"¿Qué quieres decir? ¿Dejaras de salir con rubias?"
"No es eso…"
"¿dejaras de salir con sangre-sucias? Eso si que haría feliz a tu madre" dijo Andrómeda.
"No es eso tampoco… y tu no deberías juzgar, considerando con quien vas a casarte" Andrómeda ahogo una risa.
"Sirius, ¿me estas diciendo que tienes intensiones de salir con Elizabeth?
"Bueno… igual es demasiado rápido para saber… apenas la conocía hoy… tengo ganas de invitarla a salir, pero nada mas… y ni si quiera se si realmente la invitare… es decir… aun si lo hiciera no es como si estoy seguro de que dirá que sí… tampoco se si lo haré… James me mataría… eso sin mencionar que quizás yo me mate a mi mismo…"
"Sirius, estas divagando"
"Bueno… me parece interesante; y sólo… contemplo la idea de hacerlo. Hipotéticamente, claro" se apresuro a añadir Sirius.
"Esta bien… Sirius, no estoy segura de que esperas que te diga"
"Bueno Andy, no es como si puedo hablar de esto con alguien más. Tú sabes, sin que me lleven a la enfermería para revisarme el cerebro. Solo creí que tu podrías darme algún consejo, o algo, ya que pasas por algo parecido"
Andrómeda se mordió el labio inferior.
"Bueno… supongo que estas consiente de que Elizabeth no es para nada tu tipo"
"Sí, sí, Prefecta, cuadro de honor, tutora en todas las materias, se la pasa leyendo y no sale con chicos como yo"
"Exacto… dejando eso de lado, viene de una larga línea de magos. Su familia es de la misma estratosfera que nosotros, así que sí haría feliz a tus padres. Es sumamente brillante, talentosa y habilidosa con la varita… pero Elizabeth no es como los Slytherin que tu conoces; es algo más parecida a mi"
"¿No trata de limpiar el mundo de los sangre sucias?" preguntó Sirius irónicamente.
"No… tampoco es de esas que va a ir a marchar por los derechos de los Muggles, o algo parecido, como otras "amiguitas" quizás harían. Aun es una orgullosa Slytherin" dijo Andrómeda.
"Entiendo" asintió Sirius.
"Por lo que sé no tiene novio por ahora, y generalmente sólo sale con chicos a los que conoce realmente bien, lo cual generalmente limita su elección a alguien de su circulo de amigos; razón por la cual dudo que alga contigo, también… Fue novia por mucho tiempo con John Owens, el buscador y prefecto de Slytherin y su mejor amigo; también con Evan Johnson el prefecto de Ravenclaw, aun son muy amigos también"
"¿Qué solo tiene amigos hombres con los que sale?"
"No seas tonto. Su otra mejor amiga es Jossie Smith, el primer promedio de la escuela y prefecta de Ravenclaw… y su círculo interno termina con Caroline Moore, también Slytherin. Sólo frecuenta gente en Ravenclaw y en Slytherin; lo cual explica porque no la conoces" rió Andrómeda.
"¿Le conoces algún otro novio?"
"Uhm… esta ese chico que fue premio anual el año pasado, de Slytherin por su puesto, William Phantom. Pero ya se gradúo, creo que salio con él una vez el año pasado, pero no puedo estar segura de cuanto duró eso, es muy reservada"
"Dios… ¿necesito una prueba de inteligencia y un titulo para salir con esta chica? Solo sale con los ratones de biblioteca del colegio" dijo Sirius frunciendo el seño.
"Básicamente" asintió Andrómeda.
Sirius se levantó de la escalera.
"Bueno Andy, nos vemos otro día, creo que iré a sacarme esta idea de la cabeza" sonrió Sirius a su prima.
"Buenas noches, Sirius" su prima le beso la mejilla y entro a la sala común de Slytherin.
Sirius bajó las escaleras metiendo las manos en los bolsillos de su tunica y ponderando las palabras de su prima. Eso solucionaba el asunto, tendría que olvidarse de Elizabeth Cromwell. Se dio la vuelta y bajo las escaleras, para ir de camino a su sala común.
Elizabeth Cromwell por otro lado, no tenía necesidad de preguntar sobre él. Sirius Black era tópico familiar para cualquier persona de Hogwarts y en la sala común de Slytherin. Aunque ella nunca hubiera estado interesada en su vida, siempre habían pedazos de información que oía sin querer, y que, dado a su memoria casi fotográfica, podía recordar con claridad.
La oveja negra de la familia Black, abogado de los derechos de los Hijos de Muggles, buscapleitos, payaso de la clase y con una banda de amigos leales, especialmente talentoso en trasformaciones y defensa contra las artes oscuras, y aun más talentoso conquistando mujeres, tres de cada cuatro chicas en Hogwarts fantaseaban con él perfecto Sirius Black a bases diarias, mientras que una de cada tres probablemente ya había salido con él. El mayor hijo varón de la dinastía Black; Gryffindor por excelencia, y abiertamente en contra de todas reglas que imponía su familia.
Elizabeth ya conocía quienes eran sus amigos, los Merodeadores. Ciertamente no había mantenido conversación con ninguno, más que unas pocas palabras con Remus Lupin durante las rondas.
Elizabeth Cromwell creía conocer bastante lo suficiente del joven Black, y aun así por alguna razón este seguía colándose en sus pensamientos, intrigándola a saber más al respecto. Aun así, no encontraba manera de poder averiguar nada más sobre él, ya que la única persona con quien hablaba de modo esporádico era Lily Evan, a quien había tutorado en encantamientos a petición del profesor durante su primer año y con quien se mantenía en términos decentes de saludo, dudaba que esta fuera amiga del muchacho, y aunque lo fuera no tenía la confianza de abordarla al respecto.
En su misma casa tenía a la disposición a todos los familiares cercanos de Sirius. La sola idea de hablar con Narcissa y Bellatrix le revolvía el estomago, se habían llevado pésimamente mal desde el primer día, por el choque de personalidades era sencillamente imposible que se mantuviera en buenos términos con ninguna de ellas. Andrómeda era alguien a quien incluso podía llamar amiga, era agradable y discreta; al igual que el hermano menor de Sirius, Regulus; pero si cualquier persona de Slytherin sospechaba que estaba pensando en ese momento su reputación estaría destruida.
Elizabeth negó con la cabeza preguntándose si se estaba volviendo loca.
"¿Sirius Black?… ¿Por qué demonios estoy pensando en Sirius Black?"
Negó con la cabeza, y cerró su libro de encantamientos, se levantó de la mesa y salió de la biblioteca camino a la sala común. A poco tiempo distancia de llegar a la sala común, lo encontró, parecía venir del mismo sitio al que ella iba, pero eso no era posible.
"¿Sirius Black?" llamó al ver que el muchacho aun no notaba su presencia. Sirius se exaltó y alzó la mirada para encontrarla a pocos pasos de distancia de él.
"Elizabeth Cromwell…" dijo el asintiendo con la cabeza en forma de saludo.
"Ah… veo que averiguaste mi nombre" dijo Elizabeth, completamente segura de que antes de aquel día el muchacho no tenía la menor idea de que ella existía, y en verdad así era.
"No fue difícil. Pareces ser muy admirada entre los estudiosos" aceptó Sirius. Elizabeth alzó las cejas.
"Igual que tu lo eres con las ovejas" soltó Elizabeth, preguntándose si el entendería la ironía de sus palabras. Sirius dejó escapar una sonrisa y miró a un lado.
"¿Eres así de acida con todo el mundo? ¿O de algún modo desperté una ira especial?" preguntó.
"No te halagues, no eres tan importante" le respondió Elizabeth con sorna.
Sirius volvió a reír, y se mordió el labio inferior. Un golpe directo al ego. Era buena.
"Pues sabes qué creo yo, señorita Cromwell" comentó Sirius.
"No, por favor, ilumíname"
Sirius caminó los pasos que los separaban y se acercó a ella hasta dejar sólo unos centímetros de distancia, para su sorpresa la chica no retrocedió, ni si quiera parpadeó, simplemente seguía mirándolo con altiva suficiencia.
"Yo creo… que estoy en tu cabeza más de lo que admites" susurró Sirius con una sonrisa arrogante, aunque secretamente preguntándose porque el perfume de la chica le hacia sentirse algo embobado.
"¿Ah si?…" soltó Elizabeth girando el rostro a él, tan de repente que por un segundo su nariz rozó la de él "pues yo creo… que eres tu quien no puede sacarme a mi de su cabeza"
Elizabeth se giró un poco en su dirección; a pesar de no estarse tocando la cercanía era inminente. Sirius, más por instinto que por otro cosa, acercó el rostro a ella desapareciendo la distancia y buscando sus labios.
Elizabeth comenzó a reír, retrocediendo y apuntándole el pecho con su varita. Sirius retrocedió algo confundido y avergonzado de si mismo por haber caído en el truco.
"Patético… no importa que tan experto te creas en mujeres, caes igual de fácil de manipular que el resto" dijo Elizabeth sonriendo satisfecha.
"Debo admitir que bonita siempre ha sido mi debilidad. Mentirosa y manipuladora en cambio, te hacen muy poco atractiva" soltó Sirius frunciendo el ceño.
"Ah… pues aun así no dudaste en intentar besarme ¿no? Lo viejos hábitos mueren lento… Supongo que es parte de ser un mujeriego… besas a cualquiera y crees que todas se mueren por ti, cuando en realidad no es así"
Elizabeth le envió una sonrisa arrogante, antes de seguir caminando a la sala común dejando a un callado Sirius tras ella, quien no pudo volver a reír ante lo que acababa de pasar con aquella altanera muchacha, definitivamente tenía su atención ahora.
