CAPITULO 7. ADIOS MI AMOR
La suave e imperceptible llovizna que aquejaba la zona lentamente fue disminuyendo hasta finalmente acabarse y dejar tras esta, un delicado aire frio. El sonido de las pocas gotas de lluvia al caer contra las hojas, creaban una canción tranquilizante en el entorno y Alfred, aun triste por la decisión que acababa de tomar, se encamino a casa del ingles. En el camino, empezó a idear excusas tontas para huir de aquel lugar, hasta que finalmente, decidió sacar su celular de su bolsillo del pantalón y marcar al aeropuerto –buen día, me gustaría apartar un vuelo directo a Estados Unidos- dijo sin pausa alguna. Del otro lado de la línea, una delicada voz le contesto -¿no le importa que sea en la madrugada sr?- pregunto. Alfred cerro sus ojos, la urgencia de alejarse de aquel lugar que le provocaba sentimientos dañinos era grande –no, no me importa- contesto. La persona del otro lado de la línea tecleo la petición y le confirmo que su vuelo saldría en la madrugada -¿algo más que se le ofrezca sr?- volvió a preguntar. Alfred alzo su mirada observando el cielo gris y las escasas nubles color blanco -¿podrían mandar un taxi para recogerme?- pregunto. Nuevamente la delicada voz le respondió-por su puesto sr.-. El de gafas agradeció y posteriormente dio la dirección de la casa del ingles.
Después de aquella llamada, se volvió a encaminar a casa del menor, donde lo esperaban ambos con sus caras llenas de preocupación. Al llegar, el autoproclamado "héroe" se sacudió nuevamente la ropa, intentando verse presentable, se dio pequeñas palmaditas intentando darse ánimos y finalmente esbozo una gran y falsa sonrisa de felicidad. Intentando parecer que no había sucedido nada entre los tres, Alfred abrió abruptamente la puerta dejándose ver -¡ya vinee!- dijo efusivamente.
Ambos jóvenes se encontraban sentados en el sillón de la sala y al escuchar entrar al de estadounidense, Arthur se levanto y corrió a su encuentro, al estar frente al mayor, vislumbro como este tenía sus ropas llenas de lodo -Alfred, ¿Qué te ocurrió?, nos tenias preocupados- dijo mientras se acercaba hacia este dispuesto a abrazarlo. Sin embargo, fue detenido por Alfred en el intento.
-sorry, no sé que me ocurrió- se disculpo disimulando una risa torpe y alejando al ingles ya que no quería que se diera cuenta que había estado llorando.
Francis quien tenía una idea de lo que había pasado con el de gafas durante todo el tiempo que estuvo desaparecido, permaneció sentado en silencio, optando ser como un simple espectador de la obra que el destino había tramado para los tres.
-Bueno, solo vine a despedirme- continuo hablando el americano.
-¿despedirte?- repitió Arthur intentando mantenerse incrédulo por la decisión del mayor.
Alfred continuo fingiendo felicidad -yep- contesto –mi vuelo sale en la madrugada-.
Arthur bajo su mirada, el saber que el americano se marcharía por su culpa lo ponía triste -entiendo- se limito a contestar.
Alfred no soporto más seguir fingiendo y mas al notar como el ingles entristecía por su anuncio de partida -bueno, estaré en mi habitación- dijo al tiempo que empezaba a subir las escaleras.
Cuando ya no sintieron la presencia del americano, ambos jóvenes suspiraron –amérique se rindió- dijo Francis tristemente mientras volteaba a ver al ingles.
-me siento fatal Francis- comento el de ojos esmeraldas llevándose ambas manos a su rostro.
El francés simplemente se acomodo su larga cabellera detrás del oído –prefiero que te sientas fatal ahorita a que te pase nuevamente lo que te paso hace tiempo- declaro fríamente.
Al llegar a su habitación, cerro con seguro la puerta, tomo su gran y querido álbum fotográfico y empezó a hojearlo, observando tantos recuerdos que poseía del viejo Arthur los cuales nunca regresaran. Suspiro melancólico y continuo viendo fijamente cada fotografía, intentando que con esto, memorizar aquellas facciones que tanto amaba -¿en qué momento empecé a sentir amor hacia ti?- pensó intentando hacer memorias de aquellos tiempos felices. Tristes y felices recuerdos, todos ellos inundaban la cabeza de Alfred –tal vez y yo nací amándote- murmuro tristemente al tiempo que cerraba su álbum. Pronto, el cansancio acumulado debido al ajetreante día se hizo presente y acompañado del fresco clima ingles, fueron una invitación directa al país de los sueños donde los recuerdos más profundamente enterrados de Alfred salían a flote.
-¡eres increíble Arthur!- exclamo un pequeño niño no mayor de diez años.
-jajaja pero que dices Alfred- reía avergonzado un rubio de cabellos alborotados
-¡cuando sea grande quiero ser como tú!- continuo exclamando el pequeño al tiempo que elevaba sus brazos al cielo.
El mayor dejo de reír y miro serio al pequeño –no Alfred, cuando seas grande no serás yo- declaro
Alfred miro extrañado a su hermano mayor -¿Por qué no seré como tú?- pregunto -¿acaso no puedo?-. Su mirada ahora empezaba a tornarse triste y decepcionada.
Arthur al sentir que dijo algo malo, abrazo al pequeño -tontito- le susurro –no puedes ser yo cuando seas grande porque tú serás tú- le aclaro al tiempo que sonreía nuevamente.
El pequeño entendió las palabras del mayor. Feliz, le dio un gran abrazo –y cuando sea grande ¿podre estar a tu lado?- pregunto inocentemente.
El ingles rio risueñamente –solo si sigues siendo tú- contesto. …
Y al finalizar aquel dulce recuerdo, los ojos del americano se abrieron –mentiroso…- susurro notando que sus mejillas se encontraban empapadas. Con cuidado, empezó a secárselas con las yemas de sus dedos -¿Qué horas serán?- se pregunto al notar como todo se encontraba en penumbras. Saco su celular del bolsillo y lo abrió, gentilmente observo el display de la pantalla, en el, se encontraba la foto de Arthur besando una hamburguesa, posteriormente vio la hora –media noche- susurro. Con cuidado, se reincorporo sobre la cama –en un par de horas esto se convertirá en una pésima pesadilla- se dijo intentando convencerse de lo mismo. Pronto, su estomago empezó a gruñir en señal de apetito. Caminando entre la oscuridad, salió de su habitación y empezó cuidadosamente a bajar las escaleras. Afortunadamente, esa noche la luz de la luna era más fuerte de lo normal y podía vislumbrar pequeñas y concisas siluetas las cuales le permitieron al héroe, abrirse paso hasta llegar a la cocina.
Dentro de la cocina, empezó a palpar todo lo que se le atravesara hasta por fin, llegar al refrigerador. Al abrirlo, se encontró con que este se hallaba completamente vacío, al parecer, lo poco que quedaba fue usado para el desayuno. Desconsolado, cerró el refrigerador y salió al patio trasero donde Arthur tenía un árbol de manzano. Cuando estuvo frente al árbol, empezó a admirarlo –estas tan viejo como iggy- declaro entretenido al recordar cómo tiempo atrás, Arthur le había contado que aquel árbol lo sembró cuando recién era un niño. Alfred alzo su brazo lo más que pudo y parándose de puntillas, tomo una de las manzanas del árbol. Feliz, de tener algo para comer, se sentó bajo el gran árbol de manzano dispuesto a saborear aquel delicioso fruto.
Mientras tanto, en la habitación de Arthur, este se encontraba en medio de una terrible pesadilla. En ella, se veía a él vestido con el traje militar del siglo XVIII, al parecer estaba peleando contra alguien, pero ¿contra quién?. Enfoco mas su vista y presencio contra quien era la batalla.
-¡Ríndete Arthur!- gritaba un joven rubio quien portaba el traje revolucionario de la armada Estadounidense.
El ingles se sorprendió al darse cuenta que aquel joven se trataba de Alfred. Dirigió su vista hasta donde se hallaba su cuerpo.
-¡No lo hare!- grito al tiempo que intentaba darle una estocada con su mosquete al americano. Aquel ataque dado, dejo indefenso al joven, sin embargo, detrás de el había una gran armada dispuesta a dispararle al ingles. Grandes lagrimas rodaron a través de sus ojos, el final de aquella batalla se había decidido desde hace bastante.
Arthur observo atento aquella escena, sin tener razón alguna, empezaron a brotar grandes gotas de agua de sus ojos, al parecer, había recibido el sentimiento de aquel Arthur del sueño. Sintiendo como su corazón era estrujado fuertemente, empezó a gritar temiendo que en cualquier momento este explotase -¡despiertaa!- se ordeno. Tan pronto como aquella orden fue dada, sus ojos se abrieron a la par automáticamente. Jadeante y bañado en sudor frio, se llevo una de sus manos hacia su frente, inconscientemente empezó a derramar lagrimas amargas –no lo entiendo…- se decía mientras continuaba sollozando.
Minutos más tarde, cuando aquellas gotas saladas dejaron de brotar a través de sus ojos, empezó a sentir la inquietante necesidad de salir a caminar al patio. Un poco torpe, camino hacia su puerta, al llegar a esta, giro el picaporte y salió hacia el pasillo. Camino casi de memoria a través de aquellos inadvertibles escalones y sin darse cuenta, ya se encontraba en el patio. El aire fresco característico del país se filtro a través de la delgada pijama que cargaba, inconscientemente se llevo ambas manos hacia sus brazos, intentando auto abrazase para proporcionarse más calor.
A lo lejos, Alfred observo la silueta del ingles. Al principio, se impresiono e intento atribuirse la imagen a una sucia jugarreta mental, sin embargo, el ver como aquella solida figura tiritaba, ignoro todo aquello y saco a relucir su lado heroico –hey Arthur- hablo alzando su brazo intentando llamar la atención del recién llegado.
Arthur al escuchar la voz del americano, enfoco su mirada hacia un gran árbol de manzano, bajo este, se hallaba Alfred sentando con una manzana en su mano izquierda –Al…Alfred- tartamudeo debido al frio que sentía –qu…que coi…coin..coincidencia- continuo tartamudeando al tiempo que avanzaba hacia donde se hallaba el mayor.
Alfred al ver como el menor tiritaba, se levanto del césped y camino hacia el al tiempo que se quitaba su chaqueta preferida -¿Qué haces despierto a esta hora?- interrogo intentando abrir conversación -¿no se enojara France si se levanta y no te encuentra en la cama?- agrego. Cuando estuvo frente al ingles, extendió su chaqueta colocándosela suavemente sobre sus hombros.
El ingles se extraño por la pregunta hecha por Alfred, sin embargo, al sentir la calidez de aquella prenda envolviendo todo su ser y dándole un gran confort y calor, olvido lo que el chico había dicho –gracias- agradeció al tiempo que se aferraba mas a la prenda y aspiraba la fragancia del de gafas que se había quedado impregnada en esta –huele a café y manzanas- pensó para mi mientras ensanchaba una gran sonrisa.
Alfred no hizo movimiento alguno, simplemente observo como el menor se embelesaba con su chaqueta. Un incomodo silencio se hizo presente dejando escuchar el sonido al pasar del frio y helado viento. Después de aquello, ambos evitaban mirarse directamente a los ojos, temiendo que algo despertase o se rompiese entre ambos. Por fin, la voz de Arthur se hizo presente -¿siempre son así las noches en Inglaterra?- pregunto intentando iniciar conversación.
-la mayoría de las veces- contesto Alfred sin voltear a verle –aunque particularmente hoy la luna brilla con más fuerza de la normal- agrego sentándose nuevamente sobre el pasto fresco y observando aquel satélite tan perlado y hermoso.
El ingles imito la acción del americano, dejándose caer sobre el césped –perdón si te cause algún inconveniente- se disculpo sinceramente.
Alfred quien había estado evitando mirar al ingles, al oír aquellas palabras, instintivamente volteo a verlo –no me causaste ninguno- contesto –solo que… aun sigo aferrado al viejo Arthur- admitió finalmente.
-El viejo Arthur debió de haber sido alguien especial para ti- dijo el ingles inocentemente y sin malicia alguna al tiempo que observaba el vasto cielo nocturno.
Una nostálgica sonrisa broto de los labios de Alfred –no te imaginas cuanto- contesto inaudiblemente al tiempo que dirigía nuevamente su mirada hacia las estrellas.
Los minutos uno a uno fueron pasado entre ambos. Ninguno se atrevía a dirigirse nuevamente la palabra por temor a decir algo incomodo, sin embargo, el prolongado silencio los hacía sentir así. Las estrellas que una vez permanecieron brillando, fueron perdiendo brillo hasta lentamente ir desapareciendo, no obstante, en cuanto se apagaba una, otra se encendía. Arthur se encontraba embelesado admirando la belleza nocturna que se hacía visible frente a sus ojos. Pronto, la presencia de una estrella fugaz se hizo presente a los ojos de este -wooaa- dijo maravillado por el espectáculo presenciado.
Aquella frasecilla inocente provoco una pequeña risa en el americano. Arthur al escucharla, volteo a verlo, lo que sus ojos observaron y sus oídos escucharon, fue a un risueño Alfred riendo tontamente mientras pequeñas lagrimas se asomaban a sus ojos, atribuidas a la risa. Aquella escena llego hasta el corazón del ingles -posiblemente esa tierna y risueña risa inocente eran lo que más le atrajo al viejo Arthur- pensó al tiempo que continuaba presenciándola.
Cuando el americano termino de reír, se disculpo con el menor –es como si los papeles hubiesen cambiado, ahora tu eres el infantil y yo el serio- dijo bromeando. Ahora la atmosfera de rigidez que una vez los rodeo se esfumo dando paso a platicas sin sentido de cosas tan simples y superficiales.
-Alfred, ¿Qué hacías bajo el árbol de manzano?- pregunto curioso el ingles al recordar la escena vivida horas atrás.
-estaba cenando- dijo al tiempo que soltaba una gran carcajada –ya sabes, los héroes en crecimiento necesitan comer y a falta de comida dentro del hogar, tuve que salir al patio a comer manzanas- explico al tiempo que se ponía de pie y se llevaba ambos brazos hacia la cintura. Ahora el turno era para el americano para preguntar -¿y tú que hacías dando paseos nocturnos a esta hora?- pregunto dirigiendo su mirada al ingles.
Arthur dio un pequeño saltillo, sintiéndose un poco apenado desvió su mirada y empezó a rascarse la nuca –es que… tuve una pesadilla- finalmente hablo.
El americano lo miro incrédulo -¿y qué clase de pesadilla era?- pregunto interesado.
El ingles bajo aun mas su rostro, ahora ya no por sentirse apenado, sino por sentirse triste y angustiado al recordar las escenas tan vividas de aquella pesadilla –soñé que tu y yo…. peleábamos el uno contra el otro en una guerra….- hablo suavemente no obstante, aquello fue escuchado por el de gafas.
Escuchar aquello de labios del menor, hizo que Alfred se sintiera sorprendido –¿será que acaso está recuperando sus recuerdos?- se auto preguntó, no obstante, decidió dejar de lado aquello, no quería darse falsas esperanzas. Intentando parecer calmado, extendió su mano hacia el menor en señal para ayudarlo a levantarse –ya es hora de irme- hablo.
Arthur tomo la mano del americano al tiempo que se ponía de pie –si, tienes razón- hablo tristemente.
Ahora los dos se encontraban caminando rumbo a la puerta principal donde un lujoso auto esperaba al americano. El frio viento ingles poco a poco empezó a hacer estragos en las manos del menor quien intentando darse calor, se las llevo hacia los bolsillos de la chaqueta, tan pronto como metió las manos dentro de estos, logro sentir lo que al parecer era una libreta, un poco curioso, decidió sacarla del bolsillo y observarla. Alfred sintió curiosidad al ver que el menor había dejado de caminar – ¿sucede algo?- pregunto.
Arthur dirigió su mirada hacia el americano -¿Qué es esto?- pregunto al tiempo que alzaba el pequeño libro y lo extendía frente a la cara de este.
Alfred se sorprendió, había olvidado por completo que el diario de Arthur yacía dentro de aquel bolsillo. Un poco apenado, arrebato aquel pequeño objeto de las manos del ingles –este era el diario de iggy…- hablo mientras observaba con gran nostalgia aquel objeto.
El ingles observo como las facciones una vez sonrientes del americano, se suavizaban y cambiaban a una de melancolía. Por una extraña razón, aquello le hacía sentir tiste, no le gustaba verlo así.
-ten- dijo decidido Alfred al tiempo que le extendía el cuadernillo –te lo regreso, después de todo, sigue siendo de tu pertenencia- dijo.
El menor tomo entre sus manos aquel objeto y lo miro curiosamente, una nostálgica atmosfera emanaba de aquel pequeño objeto.
-entonces creo que esto es un good bye- dijo Alfred sacando a Arthur de su trance con el cuadernillo.
-eh… ah si- respondió torpemente el rubio de ojos esmeraldas. Ambos jóvenes se miraron fijamente, ambos, intentando articular una palabra que sonara bien, pronto, Arthur recordó que portaba aun la chaqueta del mayor –eh… Alfred, te regreso tu chaqueta- hablo al tiempo que se la quitaba.
Alfred tomo su chaqueta y se la coloco –que seas muy feliz- le susurro al oído como signo de despedida, posteriormente corrió al auto y se. Despues de haber escuchado aquellas palabras del de gafas, su corazón se sobresalto por unos instantes y sus mejillas se tornaron color rosa –Alfred… ¿Qué quisiste decir con eso?- pregunto pero ya era demasiado tarde, el americano había partido dentro de aquel lujoso auto.
Francis desde una de las ventanas del segundo piso, observo como finalmente el americano se alejaba de aquel lugar. Una amarga sonrisa surco sus labios, sabía perfectamente que nunca podría ser sustituto de Alfred ni mucho menos, lograr a capturar el amor del ingles, sin embargo, no dejaría que aquel ser tan especial para el regresara a ser aquella persona tan cerrada y tsundere –te aseguro que será feliz amérique….- susurro.
Por su parte, Arthur se quedo parado con su diario en mano, observando el camino que había recorrido aquel vehículo. Sin saber por qué, el extraño sentimiento de haber perdido algo inundo todo su ser.
Y al fin llegamos al capitulo 7, como lo prometi, aqui mi regalo del dia del niño atrasado, espero lo hayan disfrutado n.n. En este capitulo acaba el USxUK e inicia el USxCAN... aunque mas bien el USxCAN no es taaaan taaan como lo imaginan, de todos modos espero lo disfruten, tambien, podria decirse que Francis empezara a disfrutar de la compañia de su adorado Arthur amnesico.
Finalmente, respondan esta pregunta ¿que harian si van por la calle y dos sujetos extranjeros (dos de tus personajes favoritos de la serie) te hablan diciendo cosas como "eres la persona que estabamos buscando" y "porfavor, se el/la represenante de tu nacion"?.
