Burlas

Era un frío sábado de otoño por la mañana. Los alumnos de Hogwarts, en edades comprendidas entre tercer y séptimo año, habían salido del castillo con destino al pueblo de Hogsmade, para suplirse de caramelos o sólo pasear en compañía de sus amigos. En uno de los establecimientos más concurridos por los estudiantes: Las Tres Escobas. Muchos estudiantes compartían una cerveza de mantequilla en las rusticas mesas del lugar. Entre ellos se encontraba una Slytherin cuya mente vagaba muy lejos del lugar.

Elizabeth Cromwell se reclinó en su asiento, preguntándose por qué aquella se le había hecho la cita más larga de la historia. Sonrió educadamente al muchacho pelirrojo que se encontraba frente a ella, enfrascado en una muy aburrida conversación sobre "lo interesantes que son los centauros". Samuel Dalton era su nombre, Ravenclaw amigo de Evan Johnson, uno de sus mejores amigos y exnovio, por quien había conocido a Samuel hacia ya un año. El muchacho que se encontraba frente a ella era razonablemente bien parecido, inteligente, aplicado. Lo había conocido en la biblioteca, donde la había invitado a salir no menos de tres veces, a lo que finalmente ella había aceptado el día anterior. Habían decidido ir a las tres escobas, por lo que allí se encontraban, un sábado por la mañana, para lo que Elizabeth calificaba como una de las citas más aburridas de toda su vida, lo cual la hacia cuestionar sus motivos para haber aceptado salir con el chico en primer lugar.

Samuel, se levantó a buscar unas cervezas de mantequilla en el mostrador, y Elizabeth aprovechó el momento para sacar un pequeño cuaderno negro, con detalles en verde esmeralda que siempre cargaba con ella. Era su diario, y lo usaba también para comunicarse con sus amigos en todo momento. Escribió rápidamente con su pluma verde esmeralda unas cortas palabras, y su firma en el fondo.

"Evan, voy a tener que aplicar el botón de alarma de nuestra cláusula de amistad #42. Necesito tu ayuda o asfixiare al pobre Sammy con una servilleta"

El cuaderno se encendió con un brillo dorado, segundos después donde Evan contestó casi enseguida. Apareciendo así bajo lo que ella acababa de colocar, una corta respuesta y firma con letras doradas.

"¿Qué te hizo Dalton?"

Elizabeth aguantó una sonrisa. Sus amigos eran muy sobreprotectores, como hermanos mayores. Cosa que siempre le había gustado, aun cuando pocas veces aceptaba su ayuda, le hacia sentir segura saber que tenia cerca de ella alguien dispuesta a defenderla, en el poco probable caso de que ella no pudiera defenderse sola. La relación que tenía con su familia, era terriblemente mala, a excepción de sus hermanos, sus amigos eran las únicas personas donde Elizabeth se apoyaba incondicionalmente, y a quienes era enfermizamente leal en retorno.

Tomó su pluma y escribió una respuesta. Las letras verdes se iluminaron mientras se enviaba el mensaje.

"Nada…es inofensivo. Simplemente acaba de darme una lección sobre centauros, por hora y media. Evan, ¿sabes qué tienen de interesantes los centauros? NADA…"

Elizabeth podía meter la mano en el fuego a que Evan Johnson estaba carcajeándose en ese momento de ella, lo cual la hizo sonrojarse, mientras esperaba su respuesta, que llego con un resplandor segundos después.

"Eli por Merlín. No puede ser tan malo. Dale chance"

Elizabeth suspiró y asintió, preparándose mentalmente para seguir su cita. Tratando de no contar los minutos, y preparando su discurso de "Lo lamento Samuel, pero esto no va a funcionar". Pero antes de que llegara Dalton a la mesa, ya Evan había vuelto a escribir.

"Esta bien, pero me debes una grande Cromwell"

Elizabeth sonrió, recibiendo a Samuel a penas llegó. Y antes de que volviera a enfrascarse en su discusión sobre centauros, lo interrumpió.

"Samuel, tenemos que hablar" comenzó a decir.

A penas dijo eso Evan Johnson entró por la puerta de las tres escobas, los buscó con la mirada y fue directo a su mesa. Evan era un muchacho sumamente bien parecido, pero con aire netamente intelectual, era él más alto de sus amigos midiendo 1.90 m, con contextura delgada y atlética, su tez era blanca como la nieve, sus ojos eran verde oliva, con una mirada profunda y misteriosa, casi hipnotizante, escondidos tras unos anteojos que extrañamente le iban muy bien al Ravenclaw perfecto.

"Oh dios, Samuel lo siento mucho…" se apresuró a decir Elizabeth al tiempo que Evan llegaba junto a ellos, con las manos adentro de su chaqueta negra y taladrando con la vista a Samuel, quien alzó la mirada y lo saludo con la mano.

"Evan que sorpresa…"

"Así que tu sales con las ex de tus amigos, y ni si quiera te preocupas en avisar… ¿ah?" le dijo a Samuel alzando las cejas, y cortándolo en seguida.

Samuel se volteó inmediatamente a Elizabeth en ayuda, quien simplemente se encogió los hombros.

"Yo creí que ella te lo había dicho" dijo Samuel en seguida.

"Lo hizo, pero igualmente. Se supone que tu eres mi amigo, sabes que aun hay cosas no resueltas entre ella y yo ¿y planeas meterte en medio?" preguntó Evan apoyando las manos en la mesa y mirándolo fijamente.

"Yo… no estaba al tanto de que había sentimientos irresueltos entre ella y tu" dijo Samuel sumamente confundido, mirando a Elizabeth.

"Eso era lo que iba a decirte justo ahora. Hablamos esta mañana… y pues, no lo sé, sólo estamos hablando al respecto… no sé si es correcto que me inmiscuya contigo o nadie, mientras averiguo eso" le dijo Elizabeth seriamente y con aire de disculpa "realmente lamento las molestias, Samuel"

Samuel observó a Elizabeth asintiendo. Aparentemente el también se había dado cuenta de que la cita iba sumamente mal, y era más sencillo culpar a asuntos irresueltos entre ella y Evan que a su interesante historia de centauros. Así que únicamente se levantó de la mesa.

"Me haré a un lado, no sabía que interrumpía algo entre ustedes" se apresuró a decir observando de reojo a Evan "Espero que esto no interrumpa las pruebas de Quidditch" se apresuró a susurrar al chico quien giró los ojos en respuesta.

"Sólo vete, Dalton" le dijo Evan.

Samuel Dalton se fue en seguida, aun visiblemente confundido por lo que acababa de ocurrir. Elizabeth soltó una sonrisa cuando este se perdió de vista, y Evan rió sentándose a su lado.

"Gracias" soltó Elizabeth abrazando a su amigo por el cuello, honestamente feliz de verle.

"Eres malvada. Pero de nada" contestó Evan abrazándola también.

Elizabeth estaba conciente de que lo que hacia no era muy amable. Pero era Slytherin. No podía arrepentirse por ello. Después de todo, le ahorro a Samuel cualquier falsa ilusión que podía haberse hecho con ello, y si la gente creía que salía con Evan de nuevo la dejarían tranquila al menos por un par de semanas. Eso sin mencionar, que quizás acallaría los rumores de Sirius Black, los cuales comenzaban a molestarla.

"Eso no es nada. Hemos hecho cosas peores ¿Recuerdas que tuve que besarme con John no menos de diez veces el mes pasado para que sus mujeres rompieran con él?"soltó Elizabeth riendo.

"Ah, eso fue culpa de ellas. No aceptaban un no por respuesta" contestó Evan riendo.

Elizabeth rió también, pero dejó de hacerlo a penas su mirada capto a Sirius Black entrando por la puerta, acompañado de una alta rubia de un cuerpazo, que reconoció como Mary Sue Anne Pickels. Elizabeth frunció el ceño, sabía perfectamente de la fama que tenía la "porrista" no designada de Gryffindor, quien básicamente era la versión femenina del mayor de los Black, luego sacudió la cabeza ignorando el asunto.

"Que te importa con quien sale, Elizabeth, no seas idiota" se dijo en pensamientos, y volvió su vista a Evan, quien miraba a la misma dirección que ella había visto segundos antes.

"Oye, me di cuenta" le anunció Evan con una sonrisa picara señalando con la cabeza a la puerta.

Elizabeth respiró hondo, sabiendo de donde venía el asunto.

"Ah por Merlín. ¿John ya te contó?" soltó Elizabeth sonrojándose.

"John no es bueno guardando secretos. Además se esta volviendo loco con la sola idea de que pudieras salir con el Gryffindor por excelencia" contestó Evan.

"¿Por qué le importa? Además que diablos, yo no voy a salir con él" dijo Elizabeth pateándose mentalmente por ser incapaz de esconderle nada a John Owens.

"Sabes por qué le importa. Y yo tampoco creo que en verdad salgas con él. Aunque he de admitir que me intriga tu interés" le dijo Evan.

Elizabeth suspiró. Hablar con Evan era mucho más sencillo que hacerlo con John, ya que el no intentaría llevarla a la enfermería. Así que decidió compartir parte de sus pensamientos. Elizabeth suspiró y giró el cuerpo a él, no sin antes hacer un encanto burbuja para que nadie más pudiera oír su confesión. Evan se giró también con ella con interés.

"No es interés lo que tengo con él. Es… curiosidad" explicó Elizabeth con cuidado.

"¿Qué clase de curiosidad? Eli… ese chico no es para ti. No es como nosotros. Es un payaso" le dijo Evan.

"Ya lo se… y no he dicho que quiera salir con él, Johnson. Sólo me da mucha curiosidad que le ven las mujeres" le dijo Elizabeth.

"Las mujeres tontas dirás. Tu no tienes nada en común con un tipo como ese" le dijo Evan.

"Ya lo sé… pero John te dijo también que estuvo preguntando por mi ¿no?" dijo Elizabeth.

"No, no me dijo eso, ¿Cómo lo sabes tu?" preguntó Evan.

"Ya se corrió el rumor en la sala común de Slytherin. Lo vieron hablando con Andrómeda y alguien oyó que era de mi" dijo Elizabeth.

Evan pareció sorprendido en primer lugar, pero pareció recuperarse rápido de ello, negando con incredulidad su cabeza.

"Eli… ¿Qué importa si esta preguntando por ti? ¡No es como si quiere algo más que jugar contigo!" le dijo Evan, a lo que recibió una mirada severa de su amiga "No, Eli… No me malinterpretes, eres hermosa y capaz de llamar la atención de cualquiera, pero ¿Sirius Black? Para esas sal con James Potter por merlín…"

Elizabeth se reclinó en el asiento suspirando. Evan tenía razón, y de haber oído eso ayer no habría problema. Sin embargo, algo había ocurrido entre ella y Sirius Black la noche anterior que probablemente eran la razón de su descontento con Samuel Dalton, y aunque se moría por decírselo a Evan, no podía hacerlo, sin causarse serios problemas a sí misma.

Alzó la mirada de reojo encontrándose con la de Sirius Black quien la miraba con una sonrisa picara y de suficiencia. Elizabeth giró los ojos enviándole una mirada de desden, sabía porque estaba mirándola y no le agradaba la idea; se volteó y apoyando la cabeza en el hombro de Evan le dijo:

"Tienes razón, Evan, no se en que estaba pensando. No es una buena idea, ni si quiera de manera hipotética" supo en seguida que decía aquello de dientes para afuera, pues sintió una punzada de satisfacción al cachar la mirada celosa de Sirius Black a la distancia.

Sirius Black caminó por las calles de Hogsmade preguntándose como había sido capaz de aun salir con Mary Sue Anne, después de lo que había ocurrido anoche con cierta Slytherin que no podía sacarse de la cabeza. Acontecimiento que no había podido sacar de su cabeza un solo segundo, y que lo había desvelado toda la noche. Odiaba el modo en que la Slytherin altanera y grosera parecía haberse adueñado de sus pensamientos en cuestión de horas.

Giró los ojos, tratando de ignorar la conversación que llevaba Mary Sue sobre su nuevo corte de cabello, y sobre como su labial se había roto esta mañana haciendo su día un infierno. E intento volver a recordar su encuentro con Elizabeth Cromwell la noche anterior. No pudo evitar morderse él labio inferior. Había besado a muchas chicas en su corta vida, pero nunca nadie lo había besado así… la arrogante muchacha tenía las habilidades para respaldar su autoconfianza.

"Y fue entonces que me di cuenta que ¡tuve otro labial igual en mi joyero! ¡Sólo lo olvide porque pensé que Susan lo había tomado! ¿Puedes creerlo?" Mary Sue rió de su propia broma y luego señalo las tres escobas con su mano "Oh, Siri-Pooh vamos allá, ¿si? ¿Si? ¿Si?… ¡Siri-Pooh, no me estas oyendo!" le interrumpió sus pensamientos Mary Sue.

Sirius volteó la mirada a ella y sonrió en disculpa.

"Lo lamento, linda, me distraje con algo ¿Qué decías?" contestó Sirius educadamente y enviándole su sonrisa legendaria.

"Vamos a las tres escobas" dijo la chica jugando coquetamente con un mechón del cabello de Sirius.

"Ah… esta bien" sonrió Sirius abriéndole la puerta del establecimiento y entrando con ella.

Al entrar lo primero que notó fue a Elizabeth Cromwell en una mesa, con un rubio al que había visto antes en el comedor con ella. Frunció el ceño, sintiéndose sorprendentemente molesto de la sola idea de que pudiera estar en una cita con aquel muchacho. Se enfrascó tanto en observar a Elizabeth y su amigo, que casi no noto que Mary Sue ya estaba sentada en la mesa esperándolo. Por lo cual la acompañó.

"Bueno como te decía, Susan creyó que sería lindo si ella se hacia novia de James y yo tuya, y Jessie de Remus ¿¡PUEDES IMAGINARLO!? Entonces sí sería como la Dinastía Gryffindor y todo, sería genial en verdad" continuó recitando Mary Sue sin si quiera notar que Sirius no quitaba la mirada de Elizabeth Cromwell.

Pasados unos diez minutos de parloteo, Mary Sue haló a Sirius por la chaqueta, demandando su atención.

"Siri-Pooh, no vas a traerme algo" preguntó Mary Sue mirándolo con ojos interrogantes.

"Oh, sí. Claro. Ya vuelvo" Sirius se levantó inmediatamente y fue al mostrador.

Pidió dos cervezas de mantequilla a la encargada. Y mientras las esperaba por ella, sacó su varita y hechizo unos fuegos artificiales en dirección a Elizabeth, sabiendo que sólo ella podría verlos, truco que había aprendido la noche anterior.

A los pocos segundos, Elizabeth se levantó excusándose con Evan de que iba al tocador, y precisamente allá se dirigió enviándole sólo una mirada a Sirius en el camino. Sin pensarlo, Sirius dejó las cervezas en el mostrador y la siguió. Cuando llegó hasta el pasillo del tocador, ya lo esperaba Elizabeth, con brazos cruzados.

"¿Si?" preguntó la Slytherin.

"¿Quién es el chico, Cromwell?" preguntó sin rodeos, acercándose a ella.

"¿Disculpa? ¿Desde cuando se supone que te debo yo explicaciones a ti, Black? ¿Por qué no te concentras en la patata que tienes sentada en la mesa?" soltó Elizabeth.

"¿Patata?" soltó Sirius en seguida, tratando de no reírse, y concentrándose en su ira.

"Si… me preguntó como deletrear Accio el año pasado en clases. Seguro que se le mueren las neuronas mientras hablamos justo ahora. No que sea mi intención insultar a las patatas… quizás le ganen en conteo de células madre, quien sabe" dijo Elizabeth girando los ojos.

Sirius frunció el ceño.

"Oh vamos, quizás no es tú. Pero tampoco es tonta" dijo Sirius aguantando la risa, y preguntándose si eso sería en serio, o sólo una treta para humillarlo, aunque algo le dijo que la chica no lo había inventado.

"¿Ah no?" Elizabeth se asomó por la puerta del pasillo y señalo afuera donde Mary Sue leía el menú "probablemente llama a la encargada para que la ayude con las palabras largas"

Sirius no pudo evitar reírse.

"Bueno esta bien… es una idiota. ¿Qué hay del espagueti que tienes sentado tu en tu mesa?" preguntó Sirius con aire de suficiencia, determinado a volver a su pregunta inicial.

"Para tu información, tiene un IQ más alto que el de tu amiga multiplicado por mil" dijo Elizabeth girando los ojos.

Sirius giró los ojos. No tenía tiempo de compartir comentarios sarcásticos en ese momento. Sin detenerse a pensarlo, y actuando meramente por instinto, arrinconó a Elizabeth contra la pared, dejando las manos en la piedra a cada lado de los hombros de ella, y la miró fijamente con sus ojos centrados sólo en ella.

"Deja al idiota, y yo boto a la bruta y vamos a hablar de lo que paso anoche, Cromwell" le susurro. Sirius no pudo evitar sorprenderse de cómo actuaban sus instintos cuando estaba cerca de ella, es como si olvidara pensar y perdiera por completó el control.

"No puedo, y quítate de encima que van a vernos" Elizabeth lo empujó por el pecho con fuerza. Sirius a regañadientes se movió, pero se mantuvo muy cerca.

"Quiero hablar de lo que ocurrió anoche" le insistió.

"¡Dios, eres toda una chica! Deja de juntarte con patatas, se te esta pegando lo vacío" le dijo Elizabeth taladrándolo con la mirada.

"Me besaste, Cromwell" le dijo Sirius en voz más alta.

Elizabeth abrió mucho los ojos y apretó los puños a penas lo oyó, lo pateó en la rodilla con fuerza.

"¡Cállate!" le dijo en tono de alarma. Sirius se mordió el labio aguantando un quejido y le envió una mirada de rabia.

"¡ay! ¿Estás loca?" soltó Sirius sobando su rodilla.

"Alguien podría oírte" le dijo Elizabeth mirando a su alrededor.

"¡Pero lo hiciste! ¡Sí me besaste!" le dijo Sirius indignado, pero cuidando de no volver a subir la voz.

"Sí, ¿y que? ¿Qué tienes nueve años? No significo nada" le dijo Elizabeth en tono molesto taladrándolo con la mirada.

"Ah ¿entonces tu andas besando a los hombres a diestra y siniestra como si nada?" le preguntó Sirius molesto.

"¡Claro que no, idiota!… ¿Qué diablos te importa? No que besas diez por semana ¿ah? ¿De donde viene el arranque de moralismo?" le dijo Elizabeth fríamente, mientras cruzaba los brazos en su pecho.

"¡Eso es diferente!" soltó Sirius molesto.

"¿En que universo eso es diferente, Black?" preguntó Elizabeth indignada.

"Yo… no lo sé… ¡sólo lo es y punto!" soltó Sirius como cerrando el asunto.

"Pues no lo es. Es lo mismo a cuando tu te besas con una tipa X, y ni te importa, y quizás hasta su nombre olvides" le dijo Elizabeth tercamente.

Sirius suspiró, aguantando las ganas de seguir discutiendo, nunca se había comportado así con una mujer antes. Sentía que estaba poseído, suspiro y se separó de ella, en parte porque esperaba que volviera a golpearlo. Elizabeth sólo giró los ojos y respiro hondo.

"No significo nada. Madura" le dijo Elizabeth y lo esquivó saliendo al establecimiento de nuevo. Tomó a Evan de la mano, a penas llegó a la mesa y con unas cortas palabras, ambos salieron al exterior. Sirius respiró hondo varias veces.

Fue al mostrador a recoger las cervezas de mantequilla y volvió a sentarse con Mary Sue prestando menos atención que nunca en la conversación, sus pensamientos yendo directo a la noche anterior.

LA NOCHE ANTERIOR…

El viernes por la noche del 22 de octubre había llegado, como si nada al colegio Hogwarts de magia y hechicería. Los pasillos eran poblados de estudiantes deseosos de disfrutar el fin de semana, y de la muy esperada visita a Hogsmade la mañana siguiente.

Mientras todos se encontraban ya señalando en el gran comedor. Elizabeth Cromwell salía furiosa de la sala común de Slytherin donde su grupo de amigos la había prácticamente emboscado para confrontar rumores de un noviazgo clandestino con Sirius Black, los cuales se habían esparcido gracias a una de las gemelas McCallister quien había oído parte de una conversación entre el mencionado y su prima Andrómeda Black, hacia apenas cinco días, y se había dado a la tarea de regar la información por todo Slytherin que quisiera oírla; en un claro intento de afectar la reputación de la Prefecta de Slytherin, y de herir su relación con John Owens, en quien Emma McCalliter tenía sus ojos puestos hacía años.

Elizabeth se sentía furiosa, frustrada y sumamente indignada de que sus amigos dieran cualquier cantidad de crédito a estos rumores; y de que la hubieran interrogado como si aquello fuera un crimen digno de Azkaban. Había notado que los ocupantes de la sala común murmuraban a sus espaldas los últimos días, pero su completa apatía a lo que cualquiera dijera de ella la había detenido en darse cuenta de que los rumores serios que se regaban entre ella y Sirius Black, no sólo eran la comidilla de Slytherin, sino que estaban basados en un evento real del cual ella no se había enterado. No supo de la conversación entre los dos primos Black hasta aquella noche, y lo único que podía pensar en aquellos momentos era en confrontar a la fuente de sus problemas de frente.

No le fue difícil encontrar a Sirius Black, ya que como todo viernes estaba en detención con su Jefe de Casa por la última broma fallida de los Merodeadores. Esperándolo tras una columna se quedó fija, pensando en como confrontar el asunto. Hacia apenas cinco días que había conocido a Sirius Black, y ya le había causado problemas mayúsculos, tenía que cortar esa relación de cabeza, aun cuando no hubiera relación que terminar. La última vez que habían hablado, el lunes por la tarde, se habían visto en una situación que podía ser mal interpretada. Elizabeth se estremecía a la sola idea de que alguien hubiera visto eso, y los problemas que esto causaría. Tendría que alejarse de Sirius Black por completo, volver a ser desconocidos.

Sirius Black y James Potter fueron sentenciados a detención de transformaciones por haber soltado un ratón en clase mientras se convertían jarrones en gatos, lo cual había comenzado una conmoción con más de una docena de gatos locos en clase. La profesora McGonagall, maestra de transformaciones y jefe de la casa Gryffindor, no había tenido que buscar demasiado para ubicar a los culpables, y sentenciarlos a su ya común detención de los viernes por la tarde.

Aun con el regaño, James seguía contento con su idea e incluso había tratado de convencer a la profesora McGonagall.

"Profe… fue divertido ¿a qué no?" le había dicho a la severa maestra de transformaciones, lo cual había ganado a ambos una hora más de castigo.

Sirius suspiró y se concentró en ordenar los libros que McGonagall lo había puesto a apilar, preguntándose porqué seguía oyendo las brillantes ideas de James Potter. Una voz en su cabeza le dio la respuesta.

"Porque es tu familia" escuchó en el eco de su conciencia, y asintió.

James Potter no sólo era su mejor amigo. Era su hermano. Así había sido desde la primera tarde que pasaron juntos en el tren. James Potter quizás no tenía su sangre, pero valía más para él que cualquier otra persona que la tuviese. Quizás por eso se metía en tantos problemas, cuando James decidía hacer algo estúpido, bien fuera hechizar a Snape por ser amigo de Lily Evans, o soltar un ratón en clase de gatos, Sirius Black siempre estaría dispuesto a seguirle. Aun si eso significaba ser castigado cada viernes por el resto de su vida.

Al salir de detención, una sorpresa lo esperaba. Tras una columna, con los brazos cruzados sobre el pecho y aire sumamente molesto, estaba Elizabeth Cromwell. Sirius se preguntó que haría allí, especialmente porque podía ver que apretaba la varita con una de sus manos, como dispuesta a lanzarse al ataque.

Sirius le saludo con la mano al pasar por su lado, con James, pero cuidando de que este no se diera cuenta. Elizabeth movió su varita y una especie de luces en forma de fuegos artificiales de color verde aparecieron frente a él. Inmediatamente se volteó a James quien paso através de uno sin menor seña de notar su existencia.

Sirius volteó de nuevo a Elizabeth quien asintió con la cabeza esperando que le siguiera. Había captado el mensaje.

"James… deje mi libro en detención. Te alcanzo en el gran comedor" le dijo Sirius.

James asintió sin darle importancia, más preocupado por la cena, y se adelantó hacia el gran comedor. Sirius regresó hasta encontrarse con Elizabeth, quien lo guió a un salón vacío. Sirius entró tras ella y cerró la puerta.

"Lindo truco el de los fuegos artificiales" dijo Sirius.

"Encantamientos 5, capitulo 4, señales ocultas" respondió Elizabeth, le podía señalar hasta la página pero omitió el detalle.

"Eres realmente muy estudiosa… ¿no?" contestó Sirius sorprendido, él no recordaba sus lecciones así de bien.

"Sólo me gusta leer… tengo memoria casi fotográfica. Pero no te llame para discutir encantamientos" dijo Elizabeth.

"¿A que debo el honor, entonces?" preguntó Sirius sonriendo con suficiencia. No la había visto desde el casi-beso, hacia cinco días; y aunque jamás lo admitiría había pasado los últimos días inventando excusas para poder volver a acercarse a ella. Especialmente porque la muchacha se negaba si quiera a enviar una mirada hacia él en el gran comedor. Frunciendo el ceño, y de modo mental, Sirius Black se preguntó a sí mismo si estaba comenzando a obsesionarse con esta chica, que no parecía ni remotamente interesada en él.

Elizabeth lo taladró con la mirada, sabiendo que estaba frente a la fuente de sus nuevos problemas. Tomó aire y fue al grano.

"Por toda la sala común de Slytherin hay rumores de que hablaste con Andrómeda sobre mi. Una de las McCallister te vio, y aparentemente oyó. Toda la casa cree que estoy saliendo contigo a escondidas, y es cuestión de nada hasta que tus amigos también lo crean…" anunció Elizabeth sin rodeos, y de golpe, dejando un sorprendido Sirius frente a ella, el chico se limitó a mirarla sin saber que decir.

"Ah genial. James va a llevarme a la enfermería" soltó Sirius finalmente con sorna.

Elizabeth giró los ojos.

"¿Se puede saber por qué estabas interrogando a tu prima de mi?" preguntó directamente. Había pensado en preguntarle a Andrómeda si todo aquello era verdad, pero su estilo era mucho más directo. Quería ir a la fuente, y la fuente estaba frente a ella.

Sirius se sorprendió. Aquello más que una pregunta era una demanda de información. Aquella chica era muy diferente.

"¿Y bien?" demandó Elizabeth enviándole una mirada intimidante.

"Yo no interrogue a Andy, ni sobre ti ni sobre nada" se defendió Sirius "hablamos. Nada más. Pregunté por ti, es verdad, pero no dije nada de salir a escondidas contigo. Únicamente pregunté porque… bueno, porque honestamente siento mucha curiosidad por ti, y ni si quiera se por qué" respondió honestamente el joven Black.

Elizabeth lo miró fijamente a los ojos, como tratando de adivinar por su mirada si le decía o no la verdad. Sirius le devolvió la mirada sin bajarla ni un segundo.

Elizabeth suspiró apoyándose en el escritorio, le creía.

"Voy a asesinar a Emma McCallister" anunció finalmente, mirando a un lado, e imaginándose arrastrando a la rubia por todo el Bosque Prohibido. Sabía perfectamente que sólo había regado el rumor por dañar su amistad con John Owens, y había logrado sembrar cizaña, que era lo mantenía a Elizabeth furiosa.

"Lo siento si te cause problemas. Sólo pregunté como eras, y eso, nada más" dijo Sirius honestamente.

Elizabeth frunció el ceño. Aun quería saber por qué le interesaba lo suficiente como para preguntar por ella. Pero antes de que pudiera decir nada, se escucho un movimiento del pomo de la puerta. La había hechizado al entrar. Pero si era algún alumno competente de remover el encantamiento, podrían hallarla adentro de un salón desierto en única compañía de Sirius Black, y dos alumnos sólo entraban a un salón vacío a besuquearse.

Entrando en pánico. Elizabeth tomó a, un muy sorprendido, Sirius por la tunica y lo haló hacía el armario de especias del salón de Defensa contra las Artes Oscuras.

"¿Te haz vuelto loca?" preguntó Sirius inquieto. Elizabeth le ignoró y lo empujo adentro del armario.

"Esta cerrado" se escuchó una voz masculina afuera de la puerta.

"Ábrelo antes de que nos vean" le decía otra voz femenina.

Sirius entendiendo el predicamento haló a Elizabeth por la mano para que entrara con él. Justo en el momento que ambos estuvieron adentro del armario, la pareja de jóvenes entró al salón, tomados de la mano y, obviamente, buscando por un lugar para estar solos.

Sirius se asomó inmediatamente por la ranura entre abierta de la puerta y rió por lo bajo reconociendo a los intrusos. James Potter y Susan Morrinson.

"Bien hecho, James" susurró por lo bajo, para que sólo Elizabeth pudiera oírlo, esta le envió una mala mirada y guardó silencio.

Susan Morrinson estaba en su mismo año en Gryffindor. Ella, junto con sus amigas Mary Sue Anne Pickels y Jessica Mayer, eran las chicas "populares" de Gryffindor y del colegio en general. Las tres rubias, encantadoras, y sumamente sociables. Sirius las conocía bien, él y James habían salido con las tres, y considerando lo frustrado que estaba James por sus intentos fallidos de salir con Lily Evans, aplaudía que su amigo por lo menos estuviera recibiendo algo de acción.

Al momento en el que James arrinconó a Susan contra la pared y sólo se oyeron sonidos de besos. Sirius se alejó de la ranura de la puerta, y observó a Elizabeth quien paresia estar muy disturbada con la escena que ocurría afuera.

Sirius movió su varita, y sin decir una palabra, hechizo una burbuja alrededor de ambos para que no pudieran oír los besuqueos de James y Susan, y al mismo tiempo no ser oídos. Elizabeth alzó la mirada a él y le agradeció.

Pasaron varios minutos en silencio. Elizabeth se concentró en mirar sus manos de manera fija y constante, y Sirius pasó la vista por el pequeño armario, que era tan pequeño que ambos estaban muy cerca, casi tan cerca como en su ultimo encuentro donde el había llegado a milímetros de besarla; no entendía porque pero se arrepentía de sobre manera de no haberse movido más rápido en aquella ocasión.

"Tu amigo tiene el peor gusto de la historia" soltó de repente Elizabeth más como un pensamiento escapado.

"Claro que no. Susan es bonita, divertida y agradable. Yo lo sabría. Salí con ella el año pasado" dijo Sirius. Elizabeth alzó finalmente la mirada a él y suspiró.

"No me extraña" dijo únicamente, mirando a un lado.

"¿Por qué?" preguntó Sirius intrigado.

Elizabeth frunció el ceño, y tardó mucho en contestar, como si eligiera con mucho cuidado su respuesta.

"Parece tu tipo" respondió finalmente Elizabeth con una mirada fría y perdida.

"¿Ah sí? Pues según tu… ¿Cuál es mi tipo?" preguntó Sirius.

Elizabeth volvió su mirada a él y suspiró, tomando aire antes de hablar.

"Como esa. Poco complicadas. Fáciles, e igual de vacías que una vasija de barro" contestó Elizabeth "ah, y entupidas, para que no te hagan tratar demasiado"

Sirius abrió mucho los ojos, mientras procesaba lo que había oído.

"¿Quiere decir que en tu opinión experta sólo salgo con tontas y zorras?" preguntó Sirius frunciendo el ceño, ofendido.

"Oh por dios ¿vas a molestarte? Nombra una sola chica con la que hallas salido que no pase la mitad del día mirándose en el espejo" le retó Elizabeth.

Sirius lo pensó seriamente, y para su desgracia cada nombre y cara que recordó, eran del tipo que se miraban cada vez que pasaban por una vitrina. Frunciendo más el ceño trató de cambiar de estrategia.

"Bueno quizás son algo vanidosas pero eso no las hace tontas" defendió Sirius "y sólo porque alguien salga con chicos fuera del circulo de prefectos y el cuadro de honor, no quiere decir que sean zorras"

Elizabeth giró los ojos de nuevo, y cruzó los brazos en su pecho.

"Por su puesto que tú crees eso. Eres la versión masculina de ellas" dijo Elizabeth.

"Hey… oye quizás no te haría mal ser un poco más como ellas" le dijo Sirius.

La mirada de frialdad que le envió Elizabeth lo hizo hasta retroceder.

"¿Disculpa?" soltó claramente ofendida y dando un paso hasta él.

"Yo…" Sirius sabía que estaba en problemas "sólo quise decir que… bueno, Andrómeda me dijo que sólo sales con cerebritos, y bueno… no te vendría mal diversificarte un poco" dijo el chico con cuidado y manteniéndole la mirada.

"Yo no quiero parecerme a ninguna de esas rubias retrasadas, que no tienen más talento que regar rumores, y conquistar a hombres con bajas expectativas y malos gustos" le dijo Elizabeth crudamente.

"Hey… ellas tienen sus encantos"

"¿Qué clase de encantos? ¿Dieciséis maneras de enrular tu cabello?" soltó Elizabeth "¿Cómo encantar a chicos vacíos?"

"No. Para empezar yo no soy vacío Cromwell. Y para continuar, te aseguró que James esta disfrutando un montón allá afuera. Tal vez deberías dejar de leer tanto y ganar algo de experiencia en ese departamento. Quizás serias tan popular como ellas" soltó Sirius sin pensarlo, arrepintiéndose en seguida de sus palabras pues pudo ver una punzada de dolor en los ojos de la muchacha.

"¿Estas… estas insinuando que yo no podría hacer lo que hace esa allá afuera?" preguntó Elizabeth indignada.

"No fue lo que quise decir…"

Sirius no pudo terminar sus palabras, pues Elizabeth se había ido hacia él, y pegándolo contra la pared del armario lo había callado con un beso. La chica había puesto ambas manos en su cuello y le había plantado un beso apasionado y largo en los labios. Sirius tardo segundos apenas en rodearla por la cintura, halándola a él y corresponder con la misma pasión y entusiasmo. En lo que pareció eterno, no pararon de besarse hasta que no quedó un solo respiro dentro de sus cuerpos, separaron sus labios, y Elizabeth volteó el rostro a un lado, aun ambos respirando rápidamente.

"Wow… eso fue…" Sirius sonrió de modo idiota y embobado "wow… ¿Cómo… como hiciste eso con tu lengua? ¿La enrollaste?… wow…"

Sirius siguió balbuceando unos segundos, oyendo a Elizabeth reír un poco con su comentario, luego busco besarla de nuevo. Elizabeth se alejó en seguida.

"Nunca insinúes que esas pueden hacer algo, cualquier cosa, mejor que yo" le dijo Elizabeth con suficiencia y salió del armario y al salón, ya vacío, sin si quiera voltear a mirarlo de nuevo.

Sirius Black la observó irse en silencio, y aun con una sonrisa en los labios. No podía esperar a hacer eso de nuevo, y sabía perfectamente que ella tampoco.