CAPITULO 8. LA ALIANZA AMERICO-CANADIENSE

Después de aquella despedida, el auto de Alfred se dirigió hacia el aeropuerto. Triste y decepcionado por la situación que se le había presentado, abordo el avión de regreso a su casa, donde seguramente las cosas estarían mejor. Tan pronto como el avión proveniente de Inglaterra arribo al aeropuerto internacional de Estados Unidos, una multitud de funcionarios y políticos estadounidenses se abalanzo contra Alfred quien apenas iba bajándose del avión, muchos de esos se encontraban molestos debido a la irresponsabilidad por parte de este al abandonar Estados Unidos sin avisar.

-¡Sr Jones!- grito el secretario del vicepresidente -¡el presidente lo ha estado tratando de localizar!- agrego al tiempo que intentaba zafarse de entre la multitud.

Alfred quien se encontraba rodeado de un sinfín de personas, empezaba a sentirse sofocado, realmente era molesto cuando lo descubrían. Pronto, varios hombres vestidos de negro y con gafetes del FBI empezó a rodear a la nación y a apartar a las personas –abran paso, el Sr. Jones tiene que ver al presidente inmediatamente- dijeron al tiempo que empezaban a caminar entre la gente.

Rodeado por miembros del FBI, Alfred fue forzado a meterse dentro de una gran limosina color negro, dentro de esta, se hallaba el secretario del vicepresidente –mil disculpas por el mal recibimiento Sr. Jones- se disculpo el joven –pero hay algo importante y de suma urgencia que usted necesita ver- continuo hablando al tiempo que le entregaba un sobre amarillo.

Alfred tomo el sobre con ambas manos, algo le decía que aquel sobre y ese recibimiento eran la señal que algo malo estaba sucediendo. Con cuidado saco los papeles que se hallaban dentro de aquel sobre, pausadamente empezó a ver los papeles uno por uno, sin embargo, con tan solo leer el titulo se dio cuenta de la gravedad del asunto -¿Qué es esto?- dijo impresionado.

-No lo sé sr- respondió un poco asustado el joven secretario –me dieron órdenes exactas de entregárselo personalmente sin abrirlo- se explico. Alfred apretó fuertemente las hojas terminando de arrugarlas.

Cuando la elegante limosina se estaciono en la puerta principal de la casa blanca, Alfred se bajo de esta y salió corriendo directo a la oficina oval. En el camino, varias secretarias, funcionarios y agentes que se encontraban dentro del edificio lo siguieron intentando decirle o reclamarle algo, no obstante, el de gafas los ignoro, solo tenia un objetivo en mente y lo demás carecía de importancia. Al estar frente a la oficinal, sin medir su fuerza, empujo las puertas. El presidente junto con otros funcionarios que se hallaban dentro, voltearon a ver al responsable de aquello –bienvenido joven Jones- hablo el presidente al tiempo que caminaba hacia el de lentes -¿Cómo estuvo su vuelo? ¿Se divirtió en Inglaterra?- pregunto amablemente.

-¿Cómo saben que estuve allá?- pregunto Alfred extrañado –a nadie le mencione aquello- dijo molesto al sentir su privacidad invadida.

-Usted sabe perfectamente que no podemos perderle el rastro ya que usted representa a nuestra nación- respondió el presidente con el mismo tono amable –pero vayamos al grano, ¿no lo cree?-.

El de lentes observo molesto a todos aquellos individuos, no obstante, el presidente tenía razón, había que ir al grano -¿Por qué Inglaterra decidió romper relaciones con nosotros?- pregunto ansiando tener una respuesta.

-no quisieron darnos explicaciones- respondió el vicepresidente –pensamos que usted sabría la razón joven Jones- agrego.

Alfred hizo una mueca de inconformidad por la respuesta al tiempo que se llevaba ambas manos hacia la cabeza. Se tomo varios minutos para pensar y finalmente exhalo un poco de aire –no importa- hablo pausadamente –si Inglaterra ya no quiere tratos con nosotros, no hay que forzarlos- agrego.

Los presentes mostraron un semblante serio debido a la pronta decisión de su nación –¡pero señor, recuerde que Inglaterra es uno de los principales proveedores de nuestro país!- hablo uno de los presentes intentando hacer recapacitar a la nación.

-¡ya lo sé!- exploto Alfred.

Todos se asustaron, nunca habían visto a su nación así de tensa y molesta, definitivamente aquella situación estaba estresándolo. El presidente intentando mantener una actitud conciliadora prefirió darle la razón al de lentes –ya oyeron al joven Jones- hablo –ahora retírense- ordeno. Uno a uno, los funcionarios y secretarios se fueron retirando de aquella habitación, muchos molestos por la actitud de sus superiores, dejando solos al presidente y a su nación –Alfred, ¿hay algo que quieras comentar?- pregunto.

El joven americano negó con la cabeza. Ahora ambos se quedaron en silencio. El presidente suspiro decepcionado por la poca confianza que le tenía su nación hacia el –deberías visitar a tu hermano- hablo finalmente intentando mejorar el estado de ánimo de Alfred –quédate el tiempo que necesites con el-.

-Gracias señor- agradeció el de lentes al tiempo que caminaba hacia la puerta –si hay noticias nuevas no duden en avisarme- agrego, acto seguido se marcho dejando solo al presidente dentro de aquella gran oficina.

En cuanto salió de la oficina oval, Alfred tomo su celular y marco a su hermano –Mattie, soy yo Al- dijo intentando sonar alegre –solo llamo para avisarte que me iré a pasar unos días contigo-. Del otro lado de la línea, la pequeña y tímida voz del canadiense se escucho débilmente, no obstante, esta se escuchada emocionada –te estaré esperando Al- le contesto. Posteriormente, el de gafas se dirigió a casa de su hermano, el país vecino. Al llegar a Canadá, Matthew lo esperaba en la puerta de su cálido hogar con su osito polar en brazos –me alegro que vengas a visitarme- hablo suave y felizmente el canadiense. Alfred respondió con una sonrisa las palabras de su hermano. Ambos se adentraron a la casa, tan pronto como el joven de ojos violáceos cerró la puerta, un gran peso se abalanzo sobre su espalda -¿sucede algo Al?- pregunto cariñosamente.

-déjame quedarme así un rato- le susurro apretando aun más el abrazo -por favor-.

El canadiense sonrió ante la petición de su hermano, permaneciendo en silencio e inmóvil hasta que el americano dijera lo contrario.

Por otra parte, en Inglaterra, Arthur reclamaba molesto la decisión tomada por Francis -¡cómo pudiste!- grito exaltado al tiempo que azotaba ambas manos sobre el escritorio de madera fina de su oficina.

Francis quien se hallaba sentado en una gran y reconfortadle silla que daba frente al escritorio, se inclino hacia este –ne t´inquiète pas angleterre- hablo calmadamente –recuerda que lo hago por tu bien- agrego.

Al ingles no le gusto aquella respuesta -¡no bromees Francis!- contesto –el deshacer relaciones con Alfred no soluciona nada y mas sabiendo que es uno de los socios mayoritarios de mi nación- hablo.

-Yo también lo soy- interrumpió el francés –y puedo ser mucho mayor que ese américain come hamburguesas- hablo molesto.

Arthur suspiro resignado –no quieras controlarme todo el tiempo- hablo aun molesto al tiempo que alejaba ambas manos del escritorio y cerraba sus ojos.

Francis se levanto de aquel sillón y se dirigió hacia el ingles atrapándolo en un sobreprotector abrazo –tienes que entender que tengo miedo- admitió con su voz suave –no quiero que nadie me aleje de ti nuevamente-. Con suavidad sumergió su nariz dentro de los revueltos y suaves cabellos del ingles y aspiro la fragancia tan exquisita y afrodisiaca proveniente de estos.

El menor se quedo quieto e inofensivo frente al sobreprotector abrazo, las palabras de Francis de una manera u otra lograban convencerlo, sin embargo, aun sentía que era injusto lo que le acababa de hacer al americano. Triste y culpable, cerró sus ojos y dejo que aquella escena continuara.

Regresando con los hermanos, Alfred por fin se había dignado a soltar a Matthew. Ahora, todos aquellos sentimientos de odio y frustración se habían desvanecido dando paso a su característica alegría –hey Mattie, ¿Por qué no vemos una maratón de películas de terror?- sugirió mientras se dirigía hacia la sala.

El canadiense suspiro por la pronta recuperación de su hermano –Al, ¿te sucedió algo malo?- pregunto intuyendo la verdadera razón de la visita. Alfred intento ignorar el comentario hecho por su mellizo y continuó caminando hacia el sillón. Matthew conocía perfectamente a Alfred, tarde o temprano se dignaría a contarle la verdad, mientras tanto, fingiría demencia y trataría de hacerlo sentir lo más confortable posible.

Después de una larga maratón de películas de horror y una larga sesión de chillidos y gritos atemorizados provenientes del americano, había llegado la hora de dormir. Bostezando y con sus ojos entrecerrados, el canadiense camino hacia su habitación donde agotado, se cambio y se acostó en su cama, lentamente fue cerrando sus ojos dispuesto a dormir cuando el rechinar de su puerta lo despertó –¿eres tu Al?- pregunto.

–si, Mattie, soy Al- hablo el de gafas desde el marco de la puerta -¿puedo dormir contigo?- pregunto. El canadiense movió con su cabeza como signo de aceptación y alzo un poco el edredón indicando al mayor que se acercase. Sin rechistar, el de gafas corrió hacia la cama y finalmente se acomodo junto a su hermano.

Ahora ambos, se encontraban compartiendo la misma cama. Alfred intentaba no romper contacto visual con su mellizo, mientras tanto, Matthew esperaba que su hermano se dignara a contarle aquello que realmente lo aquejaba -¿y bien…?- decidió hablar. Alfred pareció no captar la pregunta -¿y bien qué?- repitió. Matthew suspiro –nunca vienes a visitarme a menos que te pase algo malo- hablo por fin. El americano se sintió acorralado –oh come on Mattie!- exclamo -¿acaso no puedo visitar a mi hermanito sin razón alguna?- añadió. El canadiense miro acusadoramente al americano, era más que obvia la respuesta. Finalmente, Alfred cedió ante su hermano –Arthur está vivo…- comento desviando su mirada.

La noticia tomo por sorpresa al canadiense, no obstante, lo llenaba de alegría saber que el ingles se encontraba vivo –que buena noticia Al- dijo feliz. Sin embargo, el rostro del americano reflejaba todo lo contrario -¿hay algo más que quieras contar?- incito el canadiense a continuar la conversación.

-De hecho si- respondió el americano –Arthur perdió sus recuerdos- comento mostrándose triste.

Nuevamente Matthew se sorprendió -al parecer aquella noche estaría llena de giros inesperados y sorprendentes- pensó. Ahora sentado en la cama, continuo interrogando a su hermano -¿Qué harás respecto a la memoria de Arthur?-.

Alfred quien también se había decidido sentar, agacho la cabeza perdiendo contacto visual con su hermano –Arthur no quiere recuperar sus recuerdos, ¿Qué puedo hacer ante eso?- contesto con su voz llena de tristeza.

Matthew ahora entendía perfectamente la situación, o eso quería pensar –ven acá Al- susurro dulcemente intentando atraer a su hermano directo a un gran y reconfortante abrazo. Alfred correspondió aquello llegando a sentir una gran calidez. Aquellos abrazos y tratos dados por su mellizo eran las cosas que más adoraba por sobre todo el planeta y sabia que siempre podía contar con ellos cuando más los necesitase. Ahora sintiéndose seguro y protegido tras en cálido abrazo de su hermano, continuo contándole las cosas que habían sucedido desde el momento que piso suelo ingles. Por su parte, Matthew guardaba silencio y escuchaba atentamente cada palabra, esperando que con eso, se disolvieran los problemas que aquejaban a su hermano en ese momento.

La mañana siguiente, sintiéndose de mejores ánimos, Alfred se encontraba desayunado los deliciosos panqueques caseros de su hermano –tus panqueques con miel de maple son adictivos Mattie- menciono feliz al tiempo que se metía un trozo de este a la boca.

El canadiense observo contento como su hermano engullía panqueque tras panqueque. Aquello era un excelente signo que el ya se encontraba bien -¿entonces que Al?- pregunto sonriente mientras le daba vuelta al panqueque que se encontraba en la sartén. El americano dejo de comer y volteo a ver a su hermano –si quieres saber la decisión que tome respecto a Arthur, tendrás que esperar- dijo devolviéndole la sonrisa y reanudando su labor. Matthew no pregunto nada más y volvió a guardar silencio, sumergiéndose en su labor.

Con un abrir y cerrar de ojos, habían transcurrido alrededor de quince días y Alfred mas renovado después de haber permanecido una pequeña temporada en casa de su hermano, decidió regresarse a su país para dar a conocer las decisiones que había tomado.

-Que tengas un buen viaje Al- se despidió el canadiense de su hermano.

-yep- contesto sonriente –estate al pendiente del noticiario, pronto sabrás la decisión que tome- dijo al tiempo que abordaba su Hummer.

El canadiense asintió –lo esperare con ansias- agrego.

Alfred arranco la gran camioneta y emprendió camino de regreso a su hogar. A lo lejos, Matthew agitaba su brazo en señal de despedida. En cuanto Alfred llego a la capital estadounidense, se dirigió hacia la casa blanca. Aprovechando un alto, tomo su celular y marco a las oficinas de prensa –necesito que los medios de comunicación estén presentes en la casa blanca dentro de una hora- ordeno y sin darle tiempo de contestar a la persona del otro lado del teléfono, colgó.

Al llegar a la casa blanca, el americano se vio rodeado por una multitud de reporteros quienes al haberse enterado que Alfred los necesitaba, corrieron al lugar ordenado. Sinfines de flashazos y preguntas indiscretas empezaron a atacar a la nación. Pronto, los agentes de FBI salieron a su rescate, llevándolo dentro de la mansión.

-Bienvenido joven Jones- saludo cordialmente el presidente quien lo estaba esperando -¿Qué tal se la paso en casa de su hermano?- pregunto intentando romper el hielo.

Alfred guardo silencio y se dirigió a un compartimiento donde guardaban los papeles de suma importancia. Tomo algunos y empezó a hojearlos, intentando encontrar algo de importancia para en estos. A lo lejos, el presidente observaba como la joven nación se hallaba sumergida en papeleo. Cuando llego la hora indicada, Alfred tomo unos papeles ya previamente seleccionados, se acomodo la chaqueta, se ajusto la corbata que uno de sus empleados le había prestado y se aclaro la voz, no quería dar una mala impresión a su país en un momento de suma importancia. Los reporteros quienes se encontraban en la puerta, esperaban la aprobación de este para iniciar la transmisión en vivo. En cuando el americano se sentó y acomodo, los productores dieron la señal para empezar a transmitir, un gran silencio se hizo presente.

-Buen día mis compatriotas americanos- saludo educadamente Alfred –como sabran, se ha estado rumorando que uno de nuestros inversionistas principales decidió dejar de serlo, así que, el motivo de esta transmisión es para dar a conocer que Estados Unidos de América rompe definitivamente alianzas con Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, así mismo, al finalizar esta transmisión, quedara prohibida la importación de productos ingleses y la exportación de nuestros productos hacia ellos -.

En aquel momento, infinidad de personas quienes se encontraban presenciando la transmisión, se quedaron sin palabras, aquella decisión sonaba demasiado drástica.

-También, quisiera anunciar que a partir de este momento, creare una nueva y firme alianza con Canadá a la cual he decidido nombrar "Alianza Américo-Canadiense" con la cual nosotros los americanos y ellos, nos fusionaremos convirtiéndonos en una sola nación- término de decir Alfred con una fuerte determinación en su mirada.

Matthew en ese momento acababa de encender la televisión, no obstante, alcanzo a escuchar aquella parte –entonces esa es tu decisión Al…- se dijo bajando su cabeza y abrazando fuertemente a su confiable osito.

Tan pronto como se termino la transmisión, el eco de aquella noticia se hizo saber por todo el mundo, muchos países pronto mostraron su inconformidad, poniéndose en contra de aquella decisión ya que sabían que aquello no era conveniente para ellos. Francis al escuchar la noticia, no pudo evitar sentirse preocupado ya que su pequeño Matthew seria la excusa de Alfred para olvidarse del ingles –así que esta será tu jugada amérique…- dijo finalmente mordiéndose el pulgar. Por su parte, Arthur quien escucho la noticia directo de la televisión, sintió una gran opresión en su pecho, aquello toco un punto sensible en el, por alguna extraña razón, tenía la enorme necesidad de impedir esa alianza.


NOTAS:

Hola hola, ya es lunes, feliz dia de las madres para las que son mamas o a sus mamas :D... perdon si subi el capitulo hasta hoy lunes en la tarde, ayer no pude.... mil disculpas. Cualquier cosa, duda o amenaza diganla... dejo datos. Ha y porfas, ayudenme proponiendome nombres de como se deberia llamar la nueva nacion que formara Alfred y Matthew (en los fanfics se vale soñar, unir esas dos naciones seria imposible debido a sus grandes divisiones politicamente hablando....)

Según esta página: http: // www. economia. gob. mx/ pics/ p/ p2757/ Estados_Unidos. Pdf …. Reino Unido (refiriéndose a Inglaterra aunque según tengo entendido, decirles reino unido les parece ofensivo pero según wikipedia, les dicen reino unido por la unión de Irlanda del norte, Inglaterra, gales y escocia) es el cuarto de los Principales 10 destinos de Exportación de Estados Unidos en 2001 con el 3,5%, siendo Canadá el que se lleva el primer lugar y México el segundo. Despues de todo, Alfred no perderá mucho en esa ruptura de relaciones comerciales. Mas información, consulta esta pagina: http: // es. wikipedia. org/ wiki/ Economia_de_Estados_Unidos

Y según esta página: http: // es. wikipedia. org/ wiki/ Econom% C3% ADa_del_Reino_Unido … los principales países proveedores (refiriéndose a las importaciones) de Inglaterra son: Alemania 14,2%, Estados Unidos 8,6% y Francia 6,9%. Y los principales países clientes (ósea, a los que les exporta) son : Alemania 11.1%, Estados Unidos 14.2% y Francia 8.1%. Arthur perderá considerablemente.