Pensamientos y Sorpresas no solicitadas
El reloj dorado de la Escarlata Sala Común de los Leones titiló anunciando que eran las 10 PM.
Sirius Black se recostó en el sofá escarlata observando el fuego en silencio. Sus amigos se encontraban a su alrededor. James Potter, sentando justo a su lado puliendo su escoba con una cera especial y fielmente concentrado en el brillo que estaba logrando. Remus Lupin, por otro lado, escribía una larga y gruesa carta en pergamino para su padre. Finalmente, Peter Pettigrew sostenía una bolsa de grajeas, separándolas por color y comiendo sólo las verdes. Normalmente, Sirius Black completaría el cuarteto, incitando una visita a Hogsmeade o coqueteando descaradamente con alguna de sus compañeras de casa; sin embargo, Sirius no estaba de humor en aquel momento.
"¿Te ocurre algo, Padfoot?" preguntó James observando a su mejor amigo.
Sirius no se dio por aludido, con la vista fija en el fuego.
James lo miró insistentemente, sin recibir respuesta, girando la vista hacía Remus y Peter en aire confundido, quienes le devolvieron la misma mirada. Sirius no era callado, y mucho menos con James.
"Sirius…" llamó Remus, observando al primogénito Black. Nuevamente no hubo respuesta.
James frunció el ceño y lo pico en el cuello con el palo de la escoba.
"¡SIRIUS!" gritó James, picándolo más fuerte con la escoba. Sirius se escudo de los golpes y le envió una mirada recriminarte.
"¿Qué demonios?" soltó Sirius volteándose y cubriendo su cuello "¿Por qué diablos estas picándome como si fuera ganado?"
James se encogió los hombros y le envió una sonrisa burlona.
"Parecías ido… me pareció la manera más efectiva de despertarte" contestó James en un tono sabelotodo. Sirius frunció el ceño.
"¿No pudiste sólo halarme del brazo?" preguntó.
"Supongo… pero tratarte como espécimen vacuno pareció más gracioso en mi cabeza" soltó James con una sonrisa.
Sirius soltó un suspiro sonoro, y se retiro el flequillo de la cara con un movimiento elegante y galante.
"¿Ocurre algo?" preguntó Remus "No apruebo sus métodos" dijo señalando a James con la pluma "pero realmente estabas ido"
Sirius soltó una carcajada sonora y se sentó rápidamente en el sofá, cambiando por completo su semblante.
"Nah. Sólo pensaba en mujeres, nada fuera de lo común" respondió enviándoles un guiño a sus amigos. Eso no era enteramente mentira, se dijo mentalmente.
"Oh" soltó James asintiendo, en aire entendido "eso lo explica todo"
"¿Cómo estuvo tu cita con Mary?" preguntó Remus mientras guardaba la tinta y los pergaminos sobrantes en su bolso.
Sirius estuvo cerca de soltar un "¿Quién?" antes de recordar que Mary había sido su cita esa misma tarde, conteniendo una sonrisa al notar que no había pensado en ella en todas esas horas, se giró hacia Remus.
"Estuvo… increíblemente aburrida" comentó Sirius en tono de sorna.
"¿Cómo es eso posible?" preguntó James indignado "es una de las chicas más bonitas del curso" soltó picando a Sirius de nuevo con la escoba y conteniendo una carcajada "¿Te estás volviendo gay, Sirius?"
Sirius soltó una carcajada y empujó la escoba lejos de él.
"Sólo me volvería gay si tu estuvieras disponible…" dijo con una mirada coqueta hacia James, aguantando la risa.
James frunció el ceño y le pegó en la cabeza con la escoba.
"¡DEMONIOS! Eso dolió" soltó Sirius sobando su cabeza.
"No es gracioso" soltó James "Te he dicho una y otra vez que no eres mi tipo"
"Pero Remus jamás te haría caso" soltó Sirius de manera condescendiente.
"¿Qué? Yo podría tener a Remus si quisiera" soltó James echando un brazo por encima de los hombros de su amigo que lo miraba con ojos asesinos.
"En tus sueños" soltó Remus quitando el brazo de sus hombros.
"Oh Moony, tu sabes que me amas" soltó James.
Remus giró los ojos, y Sirius y James rieron con fuerza.
"Pero se supone que yo sería el novio de Remus" dijo Peter lanzándole una grajea roja a James "Y James y Sirius"
"¡Si claro! Como si yo podría soportar sus largas horas frente al espejo" soltaron James y Sirius exactamente al mismo tiempo. Se miraron el uno al otro y soltaron una carcajada.
"Suficiente. Eso cierra el segmento gay de esta noche" anunció Remus, coreado por la risa de los otros tres.
"Bueno, bueno, ya que Moony cerró el circo. En serio, ¿Qué pasó con Mary Sue?" preguntó James.
"Nada realmente. Dimos una vuelta, tomamos una cerveza de mantequilla, nos besamos en el jardín, lo común" dijo Sirius, sinceramente.
"¿Entonces por qué estabas aburrido?" preguntó Peter, incrédulo, Mary era su amor secreto, solía verla a la distancia continuamente, fantaseando con estar en el lugar de Sirius quien la tenía en la palma de su mano sin si quiera intentarlo.
"Ah… pues… no lo sé" confesó Sirius reclinándose en el asiento "es sólo… ¿Nunca han sentido que todo es lo mismo?"
"¿De qué estás hablando?" soltó James, mirándolo genuinamente confundido.
"Siempre salimos con la misma clase de muchacha. Ya saben… cariñosa, extrovertida y… ¿no se han preguntado si existe algo más aparte de eso?" preguntó Sirius.
"No estoy seguro de entender lo que dices, Sirius" dijo Remus mirándolo "¿Intentas decirnos que no te agradó Mary?"
Sirius dudó. Las miradas confundidas de sus amigos, quienes ciertamente no entendían de lo que hablaba, y no lo deducirían a menos de que él se elaborara en su explicación del por qué había llegado a dichos pensamientos, lo hicieron cambiar de opinión. Soltó una risa y volvió a reclinarse en el asiento.
"Si, eso es… supongo que necesito un mayor reto a una que ya sé que se muere por mi" soltó Sirius en tono arrogante. Teniendo como respuesta un suspiro de Remus, una risa de Peter y un asentimiento de James quien a la distancia observaba de reojo a su reto particular: Lily Evans.
Eran a penas las seis AM cuando Elizabeth Cromwell bajaba rápidamente los escalones con destino al gran comedor. Odiaba admitirlo pero estaba conscientemente evitando a John Owens, su mejor amigo desde la infancia, pues en los últimos días no hacían más que discutir por rumores infundados.
Cuando Elizabeth traspasó las puertas del Gran Comedor, no le sorprendió descubrir que sólo había tres alumnos en todo el lugar, dirigiéndose a la mesa de Slytherin, donde sólo había otra persona, se dispuso a comer sola. Se sirvió un plato de cereal con leche, y jugueteo con la cuchara sin comer realmente.
"Te ves terrible" dijo una voz masculina tras ella.
Elizabeth se giró rápidamente para encontrar a Evan mirándola desde la mesa de Ravenclaw, se sorprendió pues no había notado su presencia al entrar. Le envió un leve asentimiento con la cabeza y una sonrisa en señal de saludo.
Evan retiró sus lentes y frotó sus sienes, cerrando su libro de encantamientos. Se levantó y se desplomó a su lado repitiendo su saludo.
"Te ves terrible, Eli" insistió.
Elizabeth suspiró sonoramente, y engulló una enorme cucharada de cereal para comprar tiempo. Sabía que Evan indagaría hasta obtener una respuesta, mirándola con sus ojos oliva fija en ella.
"Gracias" soltó sarcásticamente la muchacha, quien vagamente recordaba su reflejo aquella mañana. Ojerosa, con el cabello recogido en una improvisada cola de caballo, sin una gota de maquillaje y vestida sin gracia, con solo unos jeans y un suéter gris pólvora. Evan siguió mirándola, con una ceja ligeramente alzada esperando que elaborara su respuesta "No pude dormir anoche"
"Elemental" observó Evan citando una frase uno de sus libros literarios de Estudios Muggle favoritos, Sherlock Holmes, Evan era un fiel fanático de la literatura Muggle Inglesa "Fácilmente deducible, considerando que no eres una persona matutina, que odias levantarte temprano y hechizas a cualquiera que te despierte en fin de semana a horario "poco decente"… El que estés despierta un domingo a… "Evan observo su reloj mágico de muñeca "¡POR MERLIN! Son las 6:15… Esto sólo puede significar que estas enferma o en problemas"
Elizabeth comió en silencio, manteniendo la calma y se encogió los hombros.
"No he estudiado para el examen de Encantamientos, y no he culminado el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras" explicó, aquello era cierto. Sin embargo, Evan acomodó sus lentes sin dejar de examinar su rostro.
"No eres tan estudiosa" observó Evan mordazmente, sabiendo perfectamente que si bien su amiga era una de las estudiantes más brillantes del colegio, no tenía la mitad de su aplique y dedicación en cuanto a estudiar por deber. La arrogancia de Elizabeth, su plena confianza en su cerebro y capacidades, mezclada con sus problemas contra la autoridad (resultantes de problemas en su núcleo familiar); desde que la conoció y estudió con ella la primera vez notó como la muchacha odiaba las tareas repetitivas, y que se consideraba a sí misma demasiado inteligente para "tratar demasiado" en el departamento del estudio. Continuamente discutían respecto a ello. Aunque Evan concedía que esa cierta apatía, jactancia y desdén a la autoridad venia con el paquete en todos sus amigos Slytherin.
"¿De qué estás hablando? Leo todo el tiempo" observó Elizabeth comiendo su cereal.
"No por deberes. Sólo lees lo que quieres leer" replicó Evan.
Elizabeth suspiró. El tenía razón. Ella no era como él. No era lo suficientemente estudiosa como para levantarse tan temprano, menos un fin de semana, a menos de que ganara algo con ello.
"Estoy evitando a John" confesó finalmente.
"Elemental" asintió Evan, sabiendo que ambos eran demasiado parecidos, por lo cual el fin de semana siempre bajaban al comedor juntos "Aun sigue paranoico con Sirius Black, ¿no?"
"Sí. Pero no es sólo Black. Pasamos la noche discutiendo por una variedad de temas" comentó Elizabeth con sorna, girándose hacia Evan.
"Ajam… ¿Cuándo exactamente es que tu y el buen amigo Owens planean volver? Es tan obvio que se aman" dijo Evan.
Elizabeth lo pateó debajo del asiento y cruzó los brazos, mientras Evan le enviaba una sonrisa condescendiente. La historia de ella con John Owens era la más tormentosa de su vida amorosa. Mejores amigos desde la infancia, su primer novio, y habían vuelto recurrentemente por periodos intermitentes a lo largo de los años. Por mucho que discutieran de manera continua, eran adictos el uno al otro. Sus sentimientos actuales por el joven eran un torbellino, típico de las relaciones jóvenes; no estaba enamorada de él, pero algo siempre la halaba a él, eventualmente retomando la flama de sus viejos sentimientos. Desde hacía un año ella y John estaban comprometidos en matrimonio, según sus padres, siendo una tarea común dentro de las familias de sangre pura, y aun con la negativa de Elizabeth a dejar que su padre controlara su vida, algo dentro de ella no permitió decir "No" a ser la prometida de quien era, hasta ese momento, el hombre más importante de su vida. Sin embargo aquello no había sido hecho público, y no lo sería hasta Navidad.
Aun con todos esos pensamientos dando vueltas en su cabeza, lo que menos quería en aquel momento era discutir sus sentimientos por John, el tema favorito de su cabeza en situaciones normales. Pues en aquellos instantes su "Prometido" había tomado un segundo plano en su cabeza, no podía pensar en él, no ahora cuando tenía un nudo en el estomago proveniente de los eventos extraños que había estado compartiendo últimamente con Sirius Black.
Sirius Black. Su corazón se detuvo al pensar en ese nombre. Esa era, probablemente, la más disturbante de todas las razones por las cuales había pasado la noche en vela. Odiaba admitirlo, aun a sí misma, pero aquel beso que había plantado en el primogénito Black había estado volviendo a sus pensamientos de manera recurrente. Incluso logrando una hazaña poco común en su cabeza: superar sus pensamientos sobre John Owens.
Volvió la vista al plato, dando como tajantemente culminada la conversación con este gesto, sabiendo que su amigo comprendería. Evan respetó su posición asumiendo que su actual posición cabizbaja era por John, sin si quiera imaginar el verdadero nombre detrás de la reacción poco común de su amiga.
A las 11 AM de aquel soleado domingo, los jóvenes de 5to año de la habitación de Gryffindor seguían durmiendo. Las cortinas escarlata de la habitación seguían cerradas, y los ronquidos de los chicos coreaban el silencio reinante.
Se oyó un ruido sordo, y Peter soltó un quejido sentándose en el piso, se había caído de la cama, miró alrededor sobándose la cabeza, para sólo encontrar los ojos de Remus mirándolo.
"¿Te encuentras bien?" preguntó.
"Si, sólo rodé de más" soltó Peter riendo por lo bajo.
Remus se sentó en la cama y frotó sus ojos con las manos bostezando. James y Sirius aun roncaban sonoramente. El prefecto Gryffindor se incorporó, y fue a darse una ducha, mientras Peter se volvió a tumbar en la cama como si nada.
Sirius Black volvió a girar en su cama, antes de abrir los ojos y estirarse de manera perezosa. Bostezó y contuvo una sonrisa recordando el sueño que había tenido, lo cual básicamente se había resumido a sesiones de besuqueos con la Slytherin que no podía sacar de su cabeza. Sus hormonas no lo controlaban de semejante manera, desde que en 2do año recibió su primer beso francés. Aun no estaba seguro, si la chica le gustaba de tal manera, o simplemente quería una sesión de besos interminable en un salón vacío, como solía tener al menos una vez cada dos semanas en bases regulares, con alguna de sus muchas admiradoras.
"Sí, claro" se respondió a sí mismo "como si ella te dejara arrinconarla en un salón vacío" aguantó una carcajada. Probablemente eso no ocurriría, pero tendría que intentarlo. Se sentía muy curioso por el modo en el que la chica había enrollado su lengua al besarlo, no podía esperar a hacerlo de nuevo.
Se levantó al oír a Remus, salir del baño y se dispuso a darse una ducha. Tomando una decisión: Elizabeth Cromwell sería, definitivamente, su próxima conquista. Sirius Black se conocía a sí mismo lo suficiente para saber que no se sacaría de la cabeza a la Prefecta Slytherin a menos de que consiguiera despertar el interés por él en ella.
Sonrió con cierta malicia planificando en su cabeza. Oh, sí. Puede que la Slytherin tuviera monopolio actual en su cabeza, pero él estaba a punto de regresarle el favor.
Lunes
Una lechuza desconocida, voló por la mesa de Slytherin dejó caer una carta con sobre azul sobre el desayuno de Elizabeth Cromwell. La muchacha frunció el seño sacando el sobre de su leche y abriéndolo con una mano tratando de tocarlo lo menos posible.
"Ten una interesante semana" rezaba únicamente el papel pergamino en francés, sin firma. Elizabeth volvió a observar la lechuza y se dio cuenta que era una de los pájaros disponibles en la Lechucería para uso público de los estudiantes.
El papel se agitó en sus manos por lo cual tuvo que soltarlo y observar mientras este se transformaba en una flor de papel, flotando frente a ella. Elizabeth suspiró echando la carta a la basura, mientras se levantaba para salir del comedor, dando mentalmente gracias al cielo de que ninguno de sus amigos había estado allí para verlo.
Martes
Elizabeth observaba por la ventana de la sala común el color verdoso del agua, mientras abrazaba sus piernas y jugaba con un mechón de su cabello de manera distraída.
"Eli… ¿puedo revisar tu ensayo de Pociones?" preguntó John, sentado en un sillón a unos metros de ella, y mirándola fijamente.
"Sí, está en mi bolso" contesto Elizabeth volteando a él, mentalmente dando gracias al cielo de que su relación volvía a su cauce normal.
John se incorporó y haló el bolso de su amiga, sacando los pergaminos que necesitaba. Segundos después, alzó una mirada curiosa a su amiga.
"¿Desde cuándo cargas bombones en tu bolso?" preguntó sacando una pequeña caja rosa de bombones de chocolate del bolso.
Elizabeth se levantó y tomó la caja entre sus manos, examinándola de manera curiosa.
"Desde nunca…" contestó abriendo la caja, frunciendo el seño con recelo.
La caja era rosa con detalles en plateado, conteniendo dentro una docena de bombones rellenos de crema de frambuesa, en la parte interior de la caja rezaban unas cuantas letras formando la frase, nuevamente en francés "Disfruta estos chocolates en mi nombre", nuevamente sin firma y en papel de pergamino azul, la única diferencia con la carta del día anterior era que esta tenía un pequeño recuadro de color negro a la esquina inferior derecha.
"Esta en francés… ¿Qué dice?" preguntó John mirando sobre su hombro.
"Sólo dice: disfruta estos chocolates… Quien sabe de donde salieron, capaz tienen algo" dijo Elizabeth echando la caja al suelo donde desapareció apenas toco la alfombra, los elfos domésticos eran rápidos.
Miércoles
Elizabeth se recostó en la mesa de la biblioteca, cruzando los brazos y apoyando la frente en ellos, aguantando un bostezo. Sus pergaminos ya llenos, revisados y elegantemente amarrados con un listón verde. Había culminado su ensayo hacia más de 30 minutos; pero una mirada de reojo al rubio sentado frente a ella le dio a entender que él no se encontraba ni si quiera cerca.
Evan releía su ensayo con ahincó, levantándose continuamente a revisar otros libros, y reescribiendo sus líneas. Elizabeth sonrió de lado observándolo, lo conocía bien, él chico aun tenía una hora más por delante cuando menos, pues lo reescribiría en un pergamino limpio cuando finalmente estuviera feliz con cada palabra contenida en el papel. Nunca había conocido a alguien si quiera la mitad de aplicado que Evan Johnson, por ello lo respetaba con creses.
"Evan" llamó al joven, quien inmediatamente subió la mirada hacia ella "Voy a regresar a la sala común, he culminado y el madrugar el domingo esta afectándome" le envió una sonrisa que el chico correspondía en seguida.
"Imagine que el cerebro te pasaría factura por las horas de sueño que le restaste el fin de semana" confesó Evan.
Elizabeth sonrió recogiendo sus cosas y colocándolas dentro de su bolso. Se levantó y observó a Evan, pasando una mano por su frente quitándole el cabello de la cara de manera juguetona.
"No estudies tanto… ¿sí?" dijo, sintiendo que las palabras sonaban enteramente indignas en sus labios, nunca había dado aquel consejo, y probablemente jamás lo haría de nuevo, a menos de que otro Evan Johnson se cruzara en su camino.
El chico asintió con una reverencia en su cabeza, y una mirada aparentemente divertida por el bizarro consejo, mientras la siguió con la mirada hasta que ella salió por las puertas de la biblioteca.
Elizabeth apenas dio dos pasos sintió algo siguiéndola, siendo alertada por un pequeño zumbido a su alrededor. Se dio la vuelta rápidamente varita ya en mano, para encontrar el corredor vacío. Frunciendo el ceño, y aun con una mirada suspicaz en los ojos, se dio la vuelta y continuó caminando, echando miradas sobre su hombro constantemente.
El sonido de zumbido desapareció por completo, y luego fue regresando poco a poco acrecentándose a cada segundo.
"¡Diffindo!" gritó Elizabeth volviéndose de golpe y hechizando lo que sea que tenía tras ella.
El pequeño unicornio de color rojo y dorado se desplomó en el suelo, al ser una de sus alas cortadas por los cuchillos invisibles del hechizo.
Elizabeth observó el muñeco de felpa a sus pies y frunció el ceño.
"¿Qué demonios?" soltó aun observando el muñeco con recelo, como si fuera a lanzarse sobre ella.
Elizabeth se agachó y tocó el muñeco con su varita, preguntándose por qué, en el nombre del cielo, un animal de felpa del tamaño de una rata estaba persiguiéndola por los pasillos del colegio. Volvió a picar el cuerpo del unicornio con la varita, esperando que hiciera algo, pero sin éxito.
Soltando un suspiro y bajando la guardia, lo tomó con una mano.
"¿De dónde saliste?" preguntó inútilmente al muñeco sabiendo que este no le respondería.
Un "tic, tac" acaparó su atención haciendo que acercara el muñeco a su oído, un sonido como el va y viene de un reloj de péndulo, capturo su atención. Retiró el juguete de su oído y lo observó curiosamente.
Sonaba casi como un…
¡BANG!
Un sonido de explosión llenó el corredor. El Unicornio de felpa había estallado en una explosión de fuegos artificiales, luminosos y brillantes, además de molestamente sonoros, siendo los colores de cada bengala rojo y dorado, los que se alzaron alrededor del pasillo.
Elizabeth se desplomó al suelo pegándose a la pared por el susto y la sorpresa, sosteniendo su pecho y mirando el despliegue pirotécnico con una mezcla de sentimientos entre ira y sorpresa. Siendo justos, el sonido no había sido tan fuerte, pero puesto que tenía el objeto en sus manos la sorpresa casi le causa un infarto.
Apenas el unicornio dejó de estallar, la frase "Sorpresa, feliz miércoles" se grabó en el aire con los residuos de las bengalas. Por tercera vez, la frase estaba escrita en francés, y el recuadro de color negro unos centímetros por debajo del escrito. Los fuegos artificiales se extinguieron, Elizabeth se incorporó sosteniéndose de la pared. Su corazón latía como loco, queriendo salirse de su pecho, su espada palpitaba por el golpe que se había dado con la pared al saltar en sorpresa, y sus puños se cerraban con fuerza, mientras su cerebro encontraba la respuesta a sus preguntas: sabía quien había hecho esto, casi provocándole un infarto. La misma persona que había estado enviando regalos absurdos a ella durante todo lo que iba de semana.
Y lo haría pagar.
MUCHAS GRACIAS POR TODOS SUS RR'S! Lamento mucho la tardanza, trabajo nuevo problemas nuevos :D! AUN TENGO LECTORES? XDDDDDDDDDDD
