CAPITULO 10. SOLOS EN CASA DE ALEMANIA
-¿Pero que le paso-aru?- hablo china al notar como todos se habían quedado en silencio, intentando explicarse el comportamiento del ingles.
Francis quien había regresado a su lugar, se masajeaba las sienes –fue culpa de amérique- comento molesto.
Alfred se sintió ofendido por el comentario del francés –no me adjudiques cosas que no son verdad France- replico sentándose molesto y soltando un gran bufido.
Los presentes empezaron a sentir como una atmosfera densa empezaba a emanar de ambos rubios –creo que lo mejor es continuar mañana- hablo Alemania al ver que no podrían continuar. Los demás aceptaron gustos y se retiraron. El francés al ver que la reunión se suspendió, salió corriendo hacia los jardines, dispuesto a encontrar al ingles, por su parte, Alfred observo cómo este salía –quisiera poder ser yo quien te fuera a socorrer Arthur- susurro para posteriormente encaminarse hacia la salida junto a su hermano. Ahora con todo un día libre, los invitados a la reunión, decidieron irse a instalarse en cada una de las habitaciones de la modesta casa alemana pero a falta de estas, muchos tuvieron que compartir la suya con otra persona más.
Alfred y Matthew quienes futuramente serán uno solo, se les fue cedida una habitación especialmente para ambos y sin poner objeción alguna, ambos se fueron a instalar dentro de esta.
-Las habitaciones de la casa de Alemania son grandes- dijo asombrado el canadiense mientras adentraba mas a esta.
-Yep, pero esto no será nada comparada con la que tendremos cuando termine de construirse la nuestra- comento el americano mientras dejaba las maletas a un lado.
El comentario del de gafas incomodo un poco al canadiense –Al, respecto a lo de ser uno…- intento tocar el tema, sin embargo, el fuerte abrazo de su hermano le hizo callar.
-Perdón…- le susurro al tiempo que estrechaba mas el abrazo –dije que nos fusionaríamos sin consultarte primero- añadió con un tono de culpabilidad impregnado en sus palabras.
Las palabras del mayor, le hicieron desistir de tocar el tema -no te preocupes por eso Al- respondió Matthew estrechando mas el abrazo, después de todo, el americano era su hermano y lo que más le importaba era su felicidad.
Por otro lado, en los jardines de Alemania, se encontraba Arthur quien no se atrevía a regresar a la reunión debido a que empezó a sentirse tonto y culpable por haber causado tanto alboroto. Ahora sentado debajo de la sombra de un gran árbol, se hallaba suspirando y arrancando el poco pasto recién cortado -¿acaso siempre he sido así de tonto?- se pregunto intentando reflexionar las situaciones que últimamente empezaba a vivir.
-Has sido peor- se escucho una voz detrás del ingles –pero antes eras mejor disimulando- agrego.
Arthur pronto reconoció esa voz y sin voltear su mirada le contesto -¿Qué deseas Francis?-.
-Ohh mon jeune homme saca sus garras- hablo el francés en tono burlón –ven regresemos a casa de Alemania, hace horas que la reunión termino- dijo extendiendo su mano.
El ingles volteo a verlo -¿enserio termino?- le interrogo al tiempo que tomaba la mano del francés.
-oui- respondió –tu pequeño espectáculo de esta mañana hizo que lo pospusiéramos- agrego.
-Que vergüenza, por mi culpa lo suspendieron- hablo apenado el ingles.
Francis soltó una elegante carcajada –ay mon ami, has hecho cosas más vergonzosas en las reuniones y no te ha dado vergüenza- dijo divertido.
-¿cosas más vergonzosa?- repitió curioso el ingles.
-oh oui, pero no te las diré- rio nuevamente Francis quien empezaba a caminar hacia la casa –ven, vamos a que acomodes tu equipaje- agrego mientras seguía riendo.
Arthur observo como lentamente el francés se alejaba de el, una leve sonrisa se asomo por sus labios agradeciendo el hecho que Francis se preocupara, sin embargo, aun continuaba sintiéndose mal por su penosa actuación y aun mas mal por el hecho que pronto Alfred y su hermano serian uno.
Durante el transcurso del día, todas las naciones decidieron hacer un recorrido turístico por las hermosas calles alemanas.
-Vamos Al, será divertido- decía Matthew tirando del brazo del americano quien no tenia ánimos para salir debido a que tendría que encontrarse con el ingles y no sabía si podría contenerse frente a él.
-No Mattie, ve y diviértete por los dos- dijo sonriéndole, realmente no tenía ganas de explorar las calles alemanas –además va a estar Francis y Arthur…- comento casi en susurro.
El canadiense suspiro, una vez que Alfred decía algo, rara vez lograbas hacerlo cambiar de opinión –está bien- dijo dándole la razón y saliendo de la habitación, no sin antes regalarle una mirada de cachorrito -¿seguro no quieres ir?- insistió.
Alfred volteo a verle –muy seguro Mattie- contesto –mejor vete o se irán sin ti- le aconsejo.
Matthew cerró finalmente la puerta y se marcho. Mientras tanto, en la habitación de Francis y Arthur, ocurría una situación parecida.
-¡no quiero ir!- gritaba Arthur quien se escondió debajo de las cobijas –todavía no me atrevo a verles las caras después del incidente de la mañana- decía.
Francis se sentó alado del ingles –oh vamos mon ami, te aseguro que nadie se ha de acordar de eso- dijo intentando cambiarlo de parecer.
-¿lo dices enserio?- pregunto una pequeñita voz proveniente de debajo de las cobijas.
Francis iba a contestarle que efectivamente nadie recordaría lo del incidente, sin embargo, el rechinido de la puerta abrirse interrumpió aquello.
-Francia nii-san~- se escucho la vocecilla de Italia desde la puerta –doitsu dice que si van a ir o no ve~- .
Francis volteo a ver al italiano –oui, solo espera un momento- respondió.
De pronto, la vocecilla del italiano se hizo oír ahora más cerca –oh Inglaterra juega a que es una oruga hera~ - comento al ver a este todo cubierto.
-Non…- intento Francis corregir al italiano, sin embargo, este volvió a hablar.
-Nee nee Inglaterra, ya nadie recuerda el gran alboroto que hiciste en la conferencia de esta mañana ve~- hablo el italiano intentando ser cordial. Arthur al escuchar las transparentes palabras de la nación, se sintió renovado y con ganas de salir a la calle, sin embargo, el italiano nuevamente comenzó a hablar –aunque yo me acuerdo, y doitsu y creo que también romano nii-chan- dijo enumerando a todas las naciones que estuvieron presentes –e credo que solamente ellos lo recuerdan hera~ hera~- termino de enumerar al tiempo que corría a la puerta, desde esta, se despidió efusivamente y se alejo.
Ahora los ánimos que una vez nacieron del ingles, se desvanecieron por aquel comentario -¡no iré!- grito aferrándose aun mas a las cobijas.
Francis al ver que no tenía remedio, se dio por vencido –bien angleterre- hablo al tiempo que avanzaba a la puerta.
Arthur escucho como el sonido de la puerta al cerrarse inundaba toda la habitación y los pasos del francés se alejaban. Cuando dejaron de escucharse, se descobijo y corrió hacia la ventana para ver desde esta como las naciones abordaban una especie de van. Enfocando su vista, logro observar lo que al parecer era la espalda del americano, sin embargo, no logro apreciar a su hermano canadiense -¿acaso también se quedo?- se pregunto, no obstante, continuo observando como aquella van se alejaba.
Por otra parte, en otra habitación, Alfred solo escuchaba el sonido de la van al alejarse. Sin ánimos de hacer algo productivo y con horas de sueño atrasadas debido a los incesantes papeleos y largas horas de estudio con Matthew, el americano decidió tomar una siesta. Sin cuidado alguno, se saco las gafas y las coloco a un lado, posteriormente se cobijo y cerro sus ojos.
El ingles decidido irse a disculpar personalmente con el canadiense por haber arruinado la reunión y además para platicar respecto a la unión de este con su hermano, salió de su habitación y asegurándose que no habían muros en la costa, empezó a caminar sigilosamente. Cuando estuvo frente a la puerta de la habitación de la joven nación, tomo aire, se infundio valor y finalmente toco la puerta –ehhh...- dijo inseguro al no recordar bien el nombre del hermano del americano –hermano de Alfred… soy Arthur- dijo intentando sonar normal -¿puedo pasar?, por favor- pregunto aun tocando la puerta. Al no haber respuesta, volvió a insistir –voy a pasar- dijo finalmente al tiempo que abría la pesada puerta de madera.
Al ingresar, se impresiono por la gran habitación que había sido preparada para este y Alfred –sí que es enorme- susurro impresionado, no obstante, continuo internándose en esta –hermano de Alfred, ¿Dónde estás?- preguntaba con un tono bajo de voz. Enseguida, su vista se centro en la cama donde se hallaba lo que parecía ser el canadiense tomando una siesta. Tan sigilosamente como había entrado, se acerco a la cama y suavemente tomo asiento a un costado del mayor. Detenidamente observo el rostro del joven que yacía durmiendo, admiro sus rojos y casi carnosos labios, su nariz tan perfecta y respingada y sus largas pestañas –es tan idéntico a Alfred- dijo maravillado –no importa cuántas veces lo vea, me impresiona el parecido que tienen- volvió a añadir al tiempo que acercaba una de sus manos hacia los revueltos cabellos del rubio. Sin pena alguna, empezó a acariciar aquellas hebras semi doradas y suaves.
Alfred quien se encontraba durmiendo, dentro de sus sueños empezó a sentir una mano suave sobre su cabeza. Una gran necesidad de saber de quién se trataba se apodero de él y lentamente fue abriendo sus ojos hasta poder ver al dueño de aquella cálida mano.
Arthur al ver que el hermano del americano abría sus ojos, se asusto provocando que alejara su mano y una gran sonrojo se asomara por sus mejillas –y... yo lo siento- se disculpo –es que te vi tan feliz durmiendo y… y… ahhh mi mano se movió sola- intento explicarse torpemente.
El americano al notar que Arthur no se daba cuenta de su identidad, decidió aprovechar la situación -¿deseabas algo?- pregunto al tiempo que se intentaba reincorporar sobre la cama.
El ingles dejo de dar explicaciones y cambio su rostro por uno un poco más serio –este de… bueno quería… yo…. Bueno…. Quería disculparme por lo de esta mañana- dijo finalmente al tiempo que bajaba su cabeza.
Rápidamente el americano recordó el suceso acontecido –no te preocupes- le contesto -¿eso era todo?- volvió a preguntar deseando que el de ojos esmeraldas no se marchara aun de la habitación.
-No… también quería preguntarte sobre tu alianza con Alfred- respondió el ingles –si es tu hermano, ¿Por qué vas a hacer uno con él?- pregunto sonrojado.
Alfred se sorprendo por la pregunta, nunca había pensado acerca de eso, después de todo, aquello que hizo fue producto de su impulsividad y la fuerte necesidad de olvidarse del ingles. Llevándose una mano a la nuca empezó a pensar su respuesta –mmm porque quiero que sea feliz supongo- contesto.
-¿su felicidad?- pregunto Arthur extrañado por aquella respuesta -¿a qué te refieres?-.
Nuevamente el americano se quedo sin palabras, no obstante, empezó a razonar y expresarse como el mismo, no como Matthew –my bro está atravesando un periodo difícil- respondió –y si está en mis manos hacerlo feliz, no importa lo que tenga que hacer, ¡lo hare!-.
Las firmes palabras del seudo canadiense asombraron al ingles, nunca había conocido a alguien que diera todo por un ser querido -¿entonces tu lo amas?- volvió a preguntar.
Alfred se sonrojo enormemente -¡NO!- grito agitando sus brazos frente al rostro del menor.
Arthur ladeo su cabeza –ya veo- dijo –sabes, no sé porque pero cada vez que hablan de Alfred, siento una gran presión en mi corazón- comento con un tono de tristeza en su voz al tiempo que llevaba ambas manos hacia su pecho.
El americano se quedo estático y estaba a punto de articular palabra cuando fue sorprendido por el rostro del ingles quien se encontraba a centímetros del suyo.
-Por favor hermano de Alfred, dime ¿qué es esto que siento?- pregunto mostrando una gran desesperación en su mirada.
-E..Este… no… no lo se… creo… eh… creo que….- tartamudeaba Alfred nerviosamente al tiempo que intentaba alejar su rostro del ingles. La cercanía con el menor lo hacía enloquecer y aunque quería gritarle a los cuatro vientos que él era Alfred, el miedo de que el ingles se alejara lo hacía dudar.
Gruesas lágrimas empezaron a brotar de los ojos del menor – como quisiera recuperar mis recuerdos- confeso –esto se torna cada vez más confuso, me siento como un títere que es controlado por todos-.
Las tristes palabras de Arthur hicieron surgir el profundo amor que Alfred había decidido sepultar y armándose de valor, estrecho en un gran y cálido abrazo al menor –yo también quisiera que recuperaras tus recuerdos iggy- susurro inaudiblemente mientras continuaba reconfortándolo.
Arthur ignorando el hecho que aquella persona fuese el hermano de Alfred, se dejo llevar por la situación y alzando su rostro, intento robarle un beso al mayor. El americano al notar las intenciones del menor, no opuso resistencia alguna, aquel beso era algo que siempre había anhelado. Lentamente ambos fueron acercando sus rostros. Arthur podía sentir como la cálida respiración del mayor chocaba contra sus labios causándole pequeñas mariposas papaloteando en su estomago y Alfred podía sentir las puntas de aquellos rebeldes y rubios cabellos chocar contra su frente. Finalmente cuando ambos rostros estaban a tan solo milímetros de tan ansiado beso, el sonido de la van estacionándose se hizo presente y con ella, las voces de los ocupantes. Rápidamente ambos separaron sus rostros sonrojados y tomaron distancia.
-l…lo… siento- se disculpo el ingles muy apenado al tiempo que se ponía de pie.
-No, yo también lo siento- hablo Alfred sin una pizca de culpabilidad.
Pronto, se escucho la puerta de la gran casa abrirse y con ella la señal que efectivamente todos habían regresado del tour. Rápidamente Arthur corrió hacia la puerta -perdón- dijo disculpándose nuevamente con el mayor al tiempo que salía corriendo de la habitación.
Alfred solo observo como aquella pequeña figura abandonaba la escena y posteriormente delineo sus labios con la yema de sus dedos medio e índice, intentando recordar la escena. Minutos más tarde, Matthew junto con su osito blanco hicieron su aparición –ya regresamos Al- dijo sonriente.
-Welcome bro, ¿Cómo estuvo el tour?- pregunto alegre e intentando disimular el sonrojo que aun permanecía en su rostro.
El canadiense corrió hacia la cama y se acostó a un lado del americano -divertido- comento.
-¿volvieron a olvidarse de tu presencia?- interrogo Alfred volteando a ver acusadoramente a su mellizo.
Matthew bajo la mirada –oui- contesto apenado –pero aun así me divertí, las calles alemanas son hermosas- dijo alegremente –¿no es así Kumakuma?- pregunto a su oso blanco.
-¿Quién eres?- fue lo único que se limito a contestar. Matthew suspiro y Alfred se burlo por el hecho que su mascota no le reconociera.
-¿Qué te parece si salimos a cenar?- sugirió el de gafas –ya está empezando a darme hambre- añadió.
-Claro- respondió el canadiense –por cierto, ¿te ocurrió algo bueno?- pregunto –es que te noto muy feliz-.
El americano simplemente sonrió al tiempo que se llevaba su dedo índice a la boca –it´s a s-e-c-r-e-t- deletreo.
Por otra parte, en la habitación de Arthur, Francis acababa de regresar con una botella de vino en mano –mira mon amie, vin rouge- dijo señalando la botella de elegante empaque -¿Qué dices si nos lo bebemos?- comento.
Arthur asintió efusivamente con la cabeza, deseaba olvidarse de la situación que acababa de pasar en la habitación del americano.
A la mañana siguiente, las naciones reanudaron la sesión que había quedado inconclusa el día anterior.
-Está decidido entonces- hablo la varonil voz de Alemania –la unión de naciones será el mes que viene- declaro.
Y terminando de decir aquello, cada uno de los presentes sonrieron satisfechos de poder por fin haber aclarado aquel asunto. Uno a uno se levantaron de sus asientos y se reunieron con sus iguales a discutir temas de diversa índole, otros, se despedían ya que eran requeridos en sus hogares.
Mientras tanto, a lo lejos de la gran sala, se hallaba Arthur apoyado sobre la pared cruzado de brazos –con que dentro de un mes- susurro mientras enfocaba su mirada hacia Alfred quien reía amenamente al tiempo que colocaba uno de sus brazos sobre el cuello de su hermano. Francis quien se encontraba hablando con el español, miro de reojo al menor y observo como este veía fijamente hacia donde se encontraba el estadounidense –mon angleterre- murmuro en sus pensamientos.
Y por fin llegamos al capitulo 10 y me alegra que aun no me hayan asesinado jajaja. Como no he tenido mucho tiempo, no he logrado hacerme mayores correcciones a los capitulos, deseaba que fueran mas largos pero pues no me dio el ingenio para eso (en word si se ven taaan largos u_u). Los siguientes capitulos son cortos para mi gusto, aunque creo que son mas rapidos en cuanto acciones. Y finalmente, gracias por los comentarios :D.
