Bueno, Hetalia no me pertenece, sino a su guapo y sexy creador.

Como les prometi, un capitulo especial.

NOTA: este evento sucede en la brecha de los 20 años comentada en el ultimo capitulo. Disfrutenlo.


CAPITULO ESPECIAL

Los gemidos de dos rubios resonaban en la penumbra de una habitación que lucía iluminada únicamente por el brillo de la luna en su punto. Dos jóvenes, cubiertos bajo la protección de la noche y una sabana, demostraban su amor a través de acciones, uno de ellos, era el ingles quien se contorsionaba debido al excesivo placer que las hábiles y tersas manos de su acompañante americano le brindaban –Al…Alfred..- repetía su nombre con un gran tono de deseo en sus palabras mientras enterraba sus delgados dedos a través de los ahora despeinados cabellos de este. Alfred besaba apasionadamente cada rincón del menor, dejando tras de sí pequeñas marcas que simulaban pétalos de rosas en la piel de este –di…dime.. qu..-que m..e amas- le ordenaba entrecortadamente mientras sentía como las manos del de ojos esmeraldas recorrían su espalda y sus uñas se clavaban sobre su piel, produciéndole un placentero dolor.

Arthur jadeante y con gran esfuerzo se acerco al oído de este y le susurraba pequeñas e inentendibles palabras para posteriormente morderle el lóbulo del oído -adelante- le ordeno con gran deseo en sus palabras. El mayor, entendiendo aquello, lentamente fue preparándolo para lo que vendría, cuando de pronto, el sonido de una alarma se hizo sonar y con ello, el final de aquella ilusión.

Era una fría mañana en la tierra inglesa, de hecho, podría decirse que hasta cierto punto, era un día normal. Arthur quien debido a exceso de trabajo y papeleo, tuvo que trasnochar, yéndose a dormir a las cuatro de la mañana, recién se levantaba. Con pereza despego su cabeza de la almohada y observo el reloj de mesa, eran apenas las nueve de la mañana, aun tenía sueño y se sentía cansado, así que, ignorando el hecho que fueran las nueve (algo tarde para él, pero no le importaba), regreso a dormir.

Horas más tarde, cuando un ligero e imperceptible rayo de sol se poso sobre sus ojos, decidió levantarse, sentándose sobre la cama e intentando acomodar sus revueltos cabellos, observo nuevamente el reloj, ahora este marcaba las once de la mañana. Perezosamente se levanto de la cama y aun bostezando de sueño, se encamino hacia el baño.

Dentro del baño, una a una empezó a despojarse de las prendas que uso para dormir la noche anterior, mostrando su suave y hasta cierto punto, pálida piel llena de cicatrices y marcas, el frio de la habitación le provoco un ligero escalofrió, sin embargo, aquello era normal incluso para él. Con lentitud, fue abriendo la llave de la regadera, dejando caer la helada agua a través de esta, esperando que se fuera calentando. Mientras el agua fluía, empezó a verse fijamente al espejo, recorriendo cada rincón de su cuerpo con la mirada mientras que con sus manos palpaba cada trozo de piel. Lentamente empezó a recorrer cada una de aquellas cicatrices hechas por el paso de los años, era difícil admitirlo, pero no le agradaban, solo le traían recuerdos tristes y difíciles de borrar.

Tras haber terminado de admirarse en el espejo y cerciorarse que el agua ya saliera a la temperatura que él le agradaba, se metió a la ducha donde las cálidas gotas de agua chocaron contra la piel de este, empezándola a marcar de pequeños puntitos rojos. Arthur cerró sus ojos, dejándose llevar por lo reconfortante de la escena. De pronto, un par de manos le taparon los ojos haciéndolo sobresaltar, sin embargo, decidió atribuirlo a la necesidad humana del placer que desde hacía bastante tiempo era incapaz de darse. Aquellas manos abandonaron sus ojos y lentamente empezaron a recorrer sus mejillas, luego su cuello, acariciándolo de manera incitadora, pronto, ya no solo eran un par de manos, sino también, unos labios que apresaban con besos cada rincón de su piel. El ingles gemía tímidamente de placer, nunca llego a imaginar que algo producto de su imaginación pudiera provocarle aquello. Las hábiles manos que una vez recorrieron su cuello, ahora rozaban su pecho y bajaban hacia sus caderas. Nuevamente Arthur se sobresalto, aquello estaba yendo demasiado lejos.

Los besos que momentos atrás recorrían su piel de forma suave, fueron tornándose más y mas salvajes, dejando de ser besos y convirtiéndose en mordidas. Arthur no se contuvo mas, aquello se estaba saliendo de control y a como pudo, intento abrir sus ojos, sin embargo, nuevamente aquellas manos le impidieron hacerlo –shh mon amour, tu solo disfruta- le susurro un marcado acento francés al oído. Arthur dándose cuenta que aquello no era una ilusión, junto fuerzas y empujo al desconocido a un lado, abriendo así, finamente sus ojos, lográndole mostrar a Francis que al igual que él, se encontraba completamente desnudo -¡¿Qué haces aquí wine bastard?- exclamo.

-¿acaso ton amour no puede venir a visitarte?- contesto tranquilamente mientras se acomodaba sus empapados y rubios cabellos –y de paso, brindarte un poco de placer- agrego con una gran sonrisa lasciva. El de ojos esmeraldas bufo -¿Quién te dio permiso de entrar a mi casa y escabullirte en la ducha mientras me bañaba?- pregunto, sin embargo, algo en el francés llamo su atención -¿Qué le paso al cabello de cual tanto me presumías?- cuestiono con una sonrisa burlona -¿acaso una de tus amantes se vengó y te lo dejo así?-.

Francis se volvió a acomodar el cabello, riéndose del comentario del ingles –para nada mon amour- respondió –simplemente pensé en variar un poco mi aspecto, tú sabes, para encantar a las damas... y a ti- menciono guiñándole el ojo. Arthur se sonrojo por la acción de este, sin embargo, no estaba dispuesto a darle gusto, así que cerró sus ojos y salió del baño, tras el, fue el francés quien tarareaba feliz -sécate- le ordeno Arthur aventándole una toalla. Francis la tomo entre sus manos y se seco sus cabellos.

Minutos más tarde, ambos rubios, con la toalla rodeando sus cinturas, se miraron fijamente, esperando a ver quién era el primero en actuar –lárgate de mi casa- ordeno el ingles, quien decidió dar el primer paso a ese invisible juego de ajedrez. Francis sonrió –no digas eso mon ami, sabía que hoy era tu día libre y quise venirte a ver- empezó a decir dramáticamente –es más, por ti me corte mi hermosa cabellera- comento con un tono dolido de voz –se que han pasado varios años desde que Alfred se unió a mon petit Mattheu y quería hacerte sentir mejor peinándome como el- agrego mientras señalaba su peinado, que lucía casi exactamente al del de gafas, a excepción de que no tenia aquel mechoncito que le sobresalía.

Arthur sintió culpabilidad por las palabras del francés, el había sacrificado sus largos cabellos para hacerlo sentir mejor, era algo muy noble –está bien wine bastard, ¿Qué quieres hacer hoy?- pregunto llegándose a arrepentir por un momento de haber dicho aquello. Francis sonrió mientras sus ojos se entrecerraban -¿Qué te parece si salimos a divertirnos?- sugirió –diversión sana- agrego antes que el de ojos esmeraldas pusiera objeción alguna.

-está bien- suspiro el ingles cediendo a la sugerencia. El francés sonrió complacido –bon mon ami, primero, como hice un sacrificio, tú tienes que hacer uno también- comento señalándolo –solo por hoy no usaras esas ropas tan anticuadas y en lugar de eso, te vestirás a como yo te diga- ordeno. Arthur negó con la cabeza, no quería que lo vistieran de algo que no deseaba –me niego- dijo contorsionando sus cejas.

-tienes que ceder, recuerda ¡mi sacrificio! angleterre- dijo señalándose el peinado. Arthur suspiro nuevamente –está bien-. Feliz que el ingles haya cedido, Francis fue corriendo a la sala y en menos de cinco minutos, regreso con dos bolsas grandes, llenas de ropa de marca –ponte esto, esto y esto- le ordeno mientras le aventaba varias prendas. El menor al tener las prendas en mano, se dirigió a la habitación contigua y empezó a cambiarse. Tras haberse terminado de cambiar, se fijo en el espejo lo fabuloso que le quedaban las prendas las cuales eran unos pantalones vaqueros color negros, una playera cuello de tortuga verde oscuro y un saco de un color similar. Conforme con como lucia, Arthur regreso a la habitación –listo frog, ya me vestí- dijo al francés quien estaba de espaldas. Francis al escuchar que el ingles había regresado, giro su rostro, mostrando unas gafas idénticas a las usadas por Alfred sobre su rostro -¿Qué dices mon amor, verdad que me parezco al américain?- pregunto mientras intentaba imitar el acento de este.

Arthur rio divertido por el falso acento y más que nada, por la actuación de francés –ya deja eso- dijo entre risas. Francis empezó a reír también, la risa del ingles resultaba ser contagiosa. Lentamente camino hacia el menor y estando frente a este, se quito las gafas y se las puso a él –lucen mejor en ti- comento haciendo que este dejara de reír. Aprovechando aquello, Francis empezó a moldear el cabello de este, llevándolo todo hacia atrás, no obstante, algunos cabellos rebeldes se reusaron a permanecer en esa posición, decidiendo permanecer en la frente del menor –très bien mon amour, luces très bien- comento contento de la apariencia final de este. El de ojos esmeraldas curioso de saber cómo quedo, se dirigió a uno de los espejos más cercanos y se observo, frente a el había una persona completamente diferente a la que estaba acostumbrado a ver y de cierta forma, le agradaba.

-¿angleterre, donde guardas mi ropa?- pregunto Francis evidenciando que aun se encontraba en toalla –la que traía se empapo cuando me metí contigo a la ducha- agrego.

-está en el cuarto contiguo frog- respondió, tantos años de convivir con el francés le habían inducido a tenerle una habitación continua a la suya, tenía que aceptarlo, por más que lo odiara, no podía vivir sin él.

Mientras tanto, en la terminal área de Londres, se encontraban Matthew y Alfred, este último con el cabello un poco más largo de lo habitual, esto debido a que no había tenido tiempo para írselo a cortar, además, debido a lo improvisado del viaje, había olvidado su chaqueta favorita en la casa caminando hacia la zona de taxis –repíteme porque estamos aquí Mattie- ordeno al no encontrar una razón lógica para estar en el país de Arthur.

-porque pienso que sería bueno visitar a England- respondió sonriente –no lo vemos desde que unimos nuestras casas y me gustaría saber cómo se encuentra- comento –además, creo que tu también quieres verlo-.

-¿pero venir sin avisar?- interrogo mientras seguía de cerca al menor quien cargaba su maleta con una mano y a su oso con la otra –debe de estar ocupado, o quizás no quiera vernos- insistía.

-shh Al- Matthew callo los argumentos de su hermano –si le avisábamos que íbamos a venir, es más que seguro que pondría alguna objeción y no querría vernos- dijo sin apartar la vista del camino. Alfred bufo, su hermano los conocía a ambos perfectamente. Al llegar a la salida, Matthew dejo en el suelo su maleta y le hizo un gesto a uno de los taxistas para que se detuviera, cuando el auto estuvo frente a ambos, el ex-canadiense metió su maleta a la cajuela y seguido de este, Alfred, posteriormente abordaron el taxi ordenando que los llevaran al hotel más cercano a la casa del ingles. En el camino, Alfred iba absorto viendo como el paisaje que había visto hacia décadas atrás había cambiado completamente, los viejos puestos se habían convertido en tiendas departamentales, los edificios de sutiles toques antiguos, ahora lucían totalmente renovados, claro está, sin perder aquel aura de antigüedad que les rodeaba –como ha cambiado todo- susurro.

Al llegar al hotel, el taxista les ayudo a bajar las maletas y posteriormente se despidió de los jóvenes, no sin antes desearles una buena estancia en Londres. Matthew camino a prisa hacia la recepción, dejando atrás a Alfred –disculpe, tenemos una reservación a nombre de Matthew Williams- le dijo el ex–canadiense a la joven que atendía. El de gafas quien por fin había alcanzado a su hermano, escucho como este pedía la reservación hecha a su nombre -¿Williams?- interrogo confuso -¿Por qué Williams, acaso no te gusta ser Jones?- agrego sonando un poco ofendido.

-Me gusta ser Jones, pero prefiero el Williams- se rio Matthew mientras nuevamente enfocaba su atención a la señorita.

-Aquí tiene la llave de su habitación- dijo la joven quien mientras les extendía una tarjeta de plástico con el escudo del hotel. Matthew tomo entre sus manos la tarjeta y la guardo en su bolsillo –merci beaucoup- agradeció y se dio media vuelta. Ahora con la llave de la habitación, ambos nuevamente se pusieron en marcha, ahora hacia el elevador. Al estar frente a este, esperaron pacientes como iba lentamente descendiendo piso por piso de manera muy lenta. Finamente, cuando se abrieron las puertas de este, Matthew y Alfred se metieron, este último, tenía su mirada perdida hacia la puerta del hotel, observando cómo dos sujetos ingresaban a este, uno de ellos extrañamente le hizo recordar a Arthur, sin embargo, decidió atribuirlo a sus alucinaciones.

Así como había sugerido Francis, ambos fueron a pasar un rato de esparcimiento -¿Por qué me trajiste a un hotel wine bastard?- interrogo el de ojos esmeraldas al hallarse frente a un gran y lujoso hotel situado cerca de su casa. Francis rio divertido –no es lo que tú piensas mon ami- se defendió mientras abría la puerta de este y empujaba al menor por la espalda, incitándolo a pasar –el restaurant de este lugar est très magnifique- comento guiándolo a través del lobby. Arthur se dejo guiar, observando de paso, la estructura del lugar, dándose cuenta que realmente era maravilloso. Mientras observaba los alrededores, su vista se enfoco en una pareja de jóvenes, uno de estos, era realmente idéntico a Alfred y por un instante, creyó que era el –no puede ser, es imposible que este aquí- susurro intentando aplacar sus ideas descabelladas. Minutos más tarde, ambos rubios se encontraban en la entrada del restaurant del hotel –aquí es mon ami- comento Francis mientras se adentraban al restaurant y avanzaban a una zona apartada e intima donde pudieran hablar sin ser molestados o escuchados por personas ajenas.

-¿desean ordenar algo?- interrogo un joven mesero tan pronto como ambos tomaron asiento. Francis se comió con la mirada al chico –solo tráiganos de su mejor vino s´il te plait- ordeno con un tono meloso en sus palabras. El ingles giro sus ojos, acostumbrado a los incesantes coqueteos de su amigo. En cuanto el joven mesero se alejo, ambos iniciaron conversación –algún día te demandaran por acoso sexual frog- comento el ingles.

-no creo mon amour- le debatió Francis –al final, todos ceden ante mi- agrego con una sonrisa de superioridad –incluso TU-. Arthur cerró sus manos creando un puño y se guardo el comentario que planeaba decir. Minutos más tarde, el mismo mesero regreso con el mejor vino del lugar y lo destapo frente a ambos, sirviéndoles una ligera copa -¿puede dejar la botella s´il te plait?- pidió el francés a lo que el joven asintió y se alejo de la escena. Ahora solos, ambos nuevamente iniciaron a platicar –ya casi son vingt ans desde que Alfred y Matthew unieron sus casas, ¿no es verdad?- comento Francis al aire. Arthur bebido de un sorbo la copa y se sirvió otro trago –no me recuerdes viejas heridas frog- le reclamo, era su día libre y no deseaba recordar cosas tristes. El francés guardo silencio unos segundos, sin embargo, volvió a hablar –hoy luces extremadamente diferente- le coqueteo descaradamente –es más, deseo comerte aquí y ahora- sus ojos se entrecerraron y su sonrisa se ensancho.

-¡hasta cuando vas a entender que no quiero nada contigo bloody git!- exclamo el de ojos esmeraldas arrojándole el poco vino que quedaba en su copa. El de ojos azules se fue hacia atrás, intentando esquivar el ataque, sin embargo, era demasiado tarde, un poco del vino había caído sobre su elegante ropa –terrible! Très terrible! Mi mejor atuendo- comento mientras se limpiaba con una servilleta. El ingles sonrió victorioso –será mejor que te vayas a limpiar al baño antes que se extienda mas- le aconsejo. Francis miro acusadoramente a su acompañante, no obstante, se dio media vuelta y se dirigió hacia los baños. Ahora solo, Arthur suspiro y apoyo su mentón sobre ambas manos que yacían colocadas sobre la mesa.

En la habitación de los hermanos, Alfred y Matthew se habían puesto a acomodar su equipaje mientras kumajirou descansaba sobre uno de los sillones. Posteriormente, cuando terminaron, decidieron que era hora de ir a ver al ingles y colocándose los abrigos salieron del hotel rumbo a casa de este. En el camino que Alfred se sabía de memoria, empezó a inquietarse, no sabía cómo actuar frente a la persona que dejo ir mas de una vez, los nervios y el miedo a volverlo a ver le invadían -¿Qué tal si me odia o se emparejo con Francis?- se preguntaba mentalmente. Pronto, la mano cálida y suave de su hermano lo regreso a la realidad –no tengas miedo Al- le sonrió ligeramente intentando así, darle ánimos. El de gafas asintió con la cabeza, sin embargo, muy dentro de el, aun tenía esa espinita.

Cuando llegaron a la casa de Arthur, empezaron a tocar la puerta insistentemente –al parecer no está- dijo decepcionado Matthew quien realmente tenía muchas ganas de volverlo a ver. Alfred sin saber porque, fue el que empezó a insistir más -¡iggy abre la puerta!- gritaba mientras caminaba alrededor de la casa. Finamente, tras media hora de insistencia y el sol empezando a ocultarse, ambos se dieron por vencidos –es una lástima- suspiro el ex–canadiense mientras caminaba junto al de gafas hacia la salida donde un taxi les esperaba. Decepcionados, regresaron al hotel y se adentraron al lobby –creo que iré a tomarme unas copas- dijo Alfred despidiéndose de su hermano –te veo más tarde en la habitación- agrego mientras se alejaba de la escena. Matthew simplemente sonrió tímidamente mientras veía como su hermano se adentraba al bar del hotel.

Arthur y Francis después de haber terminado de comer, se habían dirigido al bar, donde hacía varias horas que se encontraban bebiendo. El francés quien tenía más copas encima, se alejo de Arthur, alegando que tenia conquistas que hacer y efectivamente, el de ojos esmeraldas veía desde su asiento como su amigo se acercaba tanto a hombres como mujeres, les susurraba algo al oído, reían y después de varios minutos de platica, se retiraban juntos y así fueron las últimas tres horas hasta que finalmente se aburrió de ver el espectáculo y ahora solo, se encontraba bebiendo mientras escuchaba la tranquila música instrumental del fondo, haciéndolo sentir de cierta manera solitario.

-me sirve de lo mismo que el joven esta bebiendo por favor- le pidió Alfred al barman, ignorando por completo que aquel joven se trataba de Arthur y este, al escuchar la voz del joven, sintió un gran escalofrió, aquel tan característico y único que el de gafas le provocaba. Un poco curioso de la identidad de la persona, empezó a verlo de reojo, intentando no ser descubierto -¿se te ofrece algo?- se escucho la voz de aquel joven, ahora dirigida hacia él.

-¿me preguntas a mí?- interrogo un poco apenado Arthur. El de gafas lo observo acusadoramente –por supuesto, ¿a quién más?- dijo con un tono algo frio de voz, en ese momento no se encontraba de humor para discutir con pervertidos idénticos a Arthur. El menor se sonrojo –no, solo que… me recordaste a una persona- admitió, llegándose a sentir tonto al decir aquella frase sacada de un repertorio llamado "cliché". El de gafas sonrió –también me recuerdas a alguien- admitió sintiéndose un poco en confianza con el sujeto que segundos atrás había tratado de manera fría -¿no te molesta si te acompaño?- pregunto una vez que el barman le entrego su bebida. El de ojos esmeraldas negó con su cabeza –al contrario- aseguro mientras se acomodaba las gafas que traía puestas. Ambos hombres se encontraban con la vista perdida en la colección de botellas que se encontraban en la repisa del barman, cada quien sumergido en sus pensamientos y bebidas -¿y qué le trae a Londres?- pregunto Arthur sin apartar la mirada de las botellas –es obvio que usted no es de por aquí- agrego.

-vine a ver a alguien- respondió sin rechistar Alfred –pero no estaba- añadió mientras tomaba el último sorbo que quedaba en el vaso.

-es una pena- comento el de ojos esmeraldas ahora viendo de reojo al joven que se hallaba sentado a su lado -¿era importante para usted verlo?-.

Alfred dejo de beber y coloco el vaso en la mesa, provocando que los hielos que se encontraban dentro de este chocaran, creando un ruido sordo. Por unos segundos guardo silencio, empezando a analizar si realmente deseaba ver a Arthur después de todo ese tiempo. Trago saliva intentando aclarar su garganta -supongo- fue lo único que salió de sus labios. Nuevamente se llevo el vaso a los labios, intentando remojarlos en la embriagante bebida –realmente le hice mucho daño, así que creo que él no querría verme de todos modos- comento resignado y posteriormente sello sus labios tras el borde del vaso.

-no creo que él no quiera verte- irrumpió Arthur en un tono nervioso y alto de voz, haciendo que por un instante sus mejillas se sonrojaran –si esa persona era importante para ti y viceversa, no creo que el sienta lo que dices que debe sentir- empezó a explicarse mientras se regañaba interiormente por haberse proyectado en la situación de aquel sujeto.

Una pequeñita risa surgió de la boca sellada del mayor –tienes razón- admitió, posteriormente dio un trago más a su bebida –pero ya es demasiado tarde, estoy unido a alguien que no amo- suspiro. El menor bajo la mirada, se identificaba tanto con la historia que su acompañante le estaba narrando.

Tras varias horas de conversación, el ambiente en el bar cambio drásticamente, la música clásica dejo de sonar y ahora era jazz, aparte de que las luces una vez brillantes, tomaron un tono bajo, dándole un aire romántico y relajante al lugar. Ambos hombres, ya con varios tragos encima, empezaron a coquetearse uno al otro de manera descarada. Alfred proyectaba su anhelo de ver al ingles una vez mas y siendo alguien parecido a este frente a sus ojos, era imposible no actuar como lo estaba haciendo y por otro lado, Arthur también proyectaba su deseo reprimido hacia el mayor a través de ese desconocido –necesito que me den amor ¿tú no?- susurro Alfred provocadoramente al oído al menor y este asintió leve con la cabeza –bien, te estaré esperando en los baños…- volvió a susurrarle, pago su cuenta de ambos y se alejo, no sin antes darle un pequeño beso al lóbulo de su oreja.

En cuanto Alfred se alejo, Arthur espero unos minutos, fingiendo terminar su bebida y en cuanto vio que nadie lo observaba, tomo rumbo al baño, donde su acompañante le esperaba. Al llegar al elegante baño del bar, se encontró con el mayor, quien le esperaba parado de manera paciente junto a la puerta del último baño, el de los discapacitados. Con su cabeza le hizo una seña para que entrara y el de ojos esmeraldas sin rechistar avanzo para posteriormente, adentrarse a este junto con el otro.

No habían terminado de cerrar la puerta del baño, cuando Alfred se abalanzo sobre el ingles, apresándolo en un beso lleno de pasión a lo que este correspondió de igual manera, sus gafas chocaron una contra la otra, no importándoles si se rompían o se rallaran en la acción. Las bocas de ambos se intentaban comer una a la otra mientras que sus lenguas bailaban una danza desenfrenada dentro de estas. La necesidad de más contacto, provoco que el de gafas se apegara mas al cuerpo del ingles, empujándolo salvajemente en el acto hacia la pared hasta finalmente arrinconarlo. Incitadoramente, empezó a mover sus caderas, al igual que el otro, dándose placer en el transcurso. Las manos de Arthur rodearon posesivamente el cuello del mayor, mientras que en su interior crecía una desbordante pasión y emoción, era la primera vez en varias décadas o siglos, que hacía a como lo llamaban los jóvenes hoy en día "tener sexo con ropa" con un completo desconocido que acababa de conocer hacia un par de horas. Pronto, a los besos del mayor se le agregaron unas hábiles manos que se introdujeron bajo la playera, recorriendo cada centímetro de su piel. El de ojos esmeraldas reprimía sus gemidos, sin embargo, sus jadeos aun permanecieron de manera casi imperceptible.

Tras varios minutos de besos y caricias, ambos empezaron a sentir la necesidad de profundizar aquel acto –haz…melo- ordeno entrecortadamente el de ojos esmeraldas. El mayor dejo de recorrer el torso de este y bajo hacia la cremallera, dispuesto a despojarlo de aquellos vaqueros. Arthur se sentía excitado, no obstante, quería presenciar con sus ojos como aquel sujeto hacia lo que le ordeno, pronto, su excitación se esfumo, una pequeña melena rubia y un par de lascivos ojos azules se asomaban por debajo de la puerta -tsk- Arthur se mordió el labio inferior, Francis estaba de voyeur y al parecer llevaba bastante tiempo presenciando la escena. Suavemente empujo al mayor, haciéndolo a un lado e intentándose arreglar las ropas, camino hacia la puerta, hasta finalmente abrirla -¿Por qué nos espiabas?- pregunto con su tono más frio.

-¿acaso no puedo?- contra ataco el francés aun tirado sobre el lustroso y elegante suelo del baño –no es justo que seas el único que se divierte- agrego con una pequeña risilla. El menor rápidamente se dio cuenta que su amigo estaba totalmente ebrio –ven, nos vamos a casa- ordeno, tirándolo del cuello de la camisa y arrastrándolo hacia la salida.

Alfred quien ni siquiera alcanzo a acomodarse la ropa, observo como aquellos dos sujetos se marchaban –fuck!- exclamo inaudiblemente, luego de eso, camino hacia los lavabos donde se acomodo el cabello, las gafas y la ropa que ahora yacía arrugada, posteriormente, se observo al espejo, viendo la clase de persona en la que se había convertido, saciando su necesidad de amor en personas idénticas a Arthur, había caído realmente muy bajo y aquello, en cierto punto, le hacía sentir de lo peor. Y con aquel sentimiento en flor, regreso al bar –deme lo más fuerte que tenga- le ordeno al barman, queriendo así, olvidar lo que sucedió esa noche.

Mientras tanto, Arthur llevaba a cuestas a Francis, viendo la ironía de la vida, por primera vez, para variar, el no era el borracho que llevaban a casa –angleterre luce feliz~- comento el francés con su tono de borracho. El de ojos esmeraldas desvió la mirada –claro que no- objeto -¡es el alcohol wine bastard!- exclamo. Nuevamente el francés volvió a reír, ahora de manera tonta –l´amour mon bel angleterre~- tarareo, recibiendo a cabo un coscorrón.

-eres más insoportable cuando estas borracho- comento molesto el ingles aun cargando a su amigo del hombro, no obstante, una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro, después de todo, no había sido un día tan malo.

Por otro lado, Matthew quien se había preocupado al ver que su hermano no regresaba a la habitación, decidió irlo a buscar al bar –quédate aquí Kumaru, cuida la habitación- le ordeno a su oso blanco.

-¿Quién eres?- interrogo a su dueño, el joven suspiro –no importa, solo quédate aquí- sugirió derrotado y posteriormente salió de la habitación.

Al entrar al bar, vio a su hermano sentado, con varios vasos vacios a su alrededor –Al, me tenias preocupado- intento regañarle, sin embargo, se dio cuenta que este estaba totalmente borracho.

-Arthur~- reía de manera tonta. Matthew suspiro y ayudo a su hermano a levantarse –ven Al, vamos a la habitación- dijo mientras caminaban hacia el elevador.

Dentro del elevador, el menor batallaba intentando mantener estable a su hermano –estas pesado Al- decía. Nuevamente este se reía tontamente –sabes Arthur, I love you so much~- comento abrazando al menor. Matthew rodo los ojos como si lo que acababa de escuchar no fuera algo nuevo –el también bro, el también- le respondió.

A través de los ojos del mayor, extrañamente su hermano dejo de verse como su hermano y se transformo en Arthur, de hecho, todo a su alrededor era idéntico a Arthur, desde las flores, hasta los cuadros que habían colocado estratégicamente en la habitación –lets do it~- dijo en un tono ronco de voz mientras empujaba al menor hacia la cama, el menor de los hermanos intento oponer resistencia, sin embargo, la fuerza de Alfred era mayor, lo tenía dominado.

Esa noche, Alfred confundiendo a su hermano por Arthur, le hizo lo que siempre había anhelado hacer con este y meses más tarde después de ese suceso, les llego la notificación de la reunión en casa de Italia del Norte.


Nuevamente, muchas gracias por seguirme de cerca en esta tragica historia, espero les haya agradado el capitulo. Comentarios, dudas, sugerencias y amenazas de muerte, ya saben a donde enviarlos. Nos vemos el Domingo y nuevamente, felicidades por los mas de 100 comentarios :D.