CAPITULO 15. DECISIONES

Después de que Matthew había sido dado de alta del hospital, las naciones amigas le hicieron una cálida despedida, intentando levantarle el ánimo que por el momento tenia por los suelos. Ahora, nuevamente se encontraban reunidos en casa de Italia del Norte donde este junto con Francia, habían hecho una serie de delicados y exquisitos platillos típicos de toda la Europa, intentando darle gusto a cada invitado de la reunión. Los dos hermanos se sintieron agradecidos y alegres por el acto tan noble de sus homólogos –estoy tan agradecido- susurro el ex-canadiense con una pequeña sonrisa a la que Alfred correspondió mientras asentía ligeramente con su cabeza, dándole la razón a su hermano.

La reunión continuo animada hasta que llego el atardecer, donde el sol empezaba a cubrir todo de tonos amarillos opacos y naranjas. Las parejas que se encontraban en ese momento, una a una fueron escabulléndose de la reunión, cada una encaminándose hacia pequeños y secretos rincones del hermosamente cuidado jardín italiano. Feliciano y Ludwig fueron los últimos en retirarse, alegando que tenían que vigilar que las parejas no se pasasen de amorosas. Finalmente, en la gran sala de la casa, quedaron Alfred, Matthew y Francis, este último, sintiéndose el mal tercio entre los jóvenes. En aquel momento, el francés deseaba que el pequeño ingles se encontrase ahí, haciéndole compañía.

Ambos hermanos, sentados en un sillón que daba frente al francés, lo observaban, intentando buscar palabras para abrir una conversación que no tuviera relación con el de ojos esmeraldas, pronto, el sonido de un celular se hizo presente –creo que es el mío- comento el de gafas tomándolo y contestando al momento –Alfred Jones al habla- dijo. Los dos rubios restantes observaron cómo este contorsionaba sus cejas, fruncía sus labios e intentaba hablar en su defensa –Mattie, te dejo solo con France un rato- se disculpo apartando el teléfono de su oreja y saliendo de la habitación. Ahora Matthew y Francis se habían quedado solos.

El menor de los hermanos quien yacía sentado en la silla de ruedas, estiro su brazo, intentando alcanzar el vaso de jugo que se encontraba en medio de la mesa –deja que pappa lo haga por ti- dijo el francés estirándose y tomando el vaso. Matthew se sonrojo un poco, no importase cuantas décadas pasasen, que el francés se autoproclamara su padre le hacía sentir extraño –aquí tienes mon petit- le susurro entregándole el vaso de jugo. El ex-canadiense tomo con ambas manos el vaso y sorbió un poco del jugo –es extraño…- susurro.

-¿Qué es extraño?- pregunto el francés al escuchar el susurro del menor.

-que te autodenomines "pappa"- comento el chico con su mirada clavada en el vaso –sabes que tu y yo no tenemos lazos sanguíneos- agrego.

Francis dibujo una sonrisa vacía a través de sus labios; lo que decía el menor era cierto, el no tiene relación consanguínea con él, solamente fue una persona que lo hizo su colonia y cuando no pudo mantenerlo más, lo dejo a la deriva, bajo las manos del ingles –no importa si soy o no ton père, aun así, je t´adore beaucoup-.

Los ojos del menor se contrajeron por un leve instante, aquella frase toco su corazón –y..yo ta..también- tartamudeo nervioso y con un ligero carmín en sus mejillas; sus sentimientos hacia el francés no eran los de un hijo hacia su padre, sino, como un hombre hacia otro.

Francis observo la reacción del menor y la forma en que le contesto; siendo el país del amor, algo le decía que había algo implícito, sin embargo, no decidió indagar mas ya que el pequeño ex-canadiense en esos momentos estaba en alianza con su hermano y eso significaba que posiblemente este amara al de gafas –bon mon petit Mattheu, me retiro- dijo levantándose del sillón –ese tonto de angleterre se fue corriendo del hospital y tengo que saber donde se metió- agrego digiriéndose hacia la salida.

Matthew asintió con su cabeza, no hallaba las palabras correctas para esa situación y el francés al notarlo, regreso y se coloco a la altura del menor, con ambas manos, sujeto el rostro de este y le dio un beso, uno en cada mejilla –au revoir Mattheu- le susurro y posteriormente salió por la puerta. El chico se quedo estático por unos segundos, intentando asimilar aquella despedida; era la primera vez que el francés la usaba con el y sin embargo, le había agradado bastante.

Despues de finalizar aquella reunión, habían pasado varias semanas y ahora tanto Matthew como Alfred se encontraban nuevamente en su cálido y cómodo hogar. Desde que ambos regresaron, Alfred sintiéndose culpable de la situación que vivió su hermano, se había estado comportando de manera sobreprotectora con este, al grado de ni siquiera dejarlo caminar a menos que él lo cargara. Definitivamente se había convertido en un hermano sobreprotector.

-Te dije que puedo caminar yo solo- se quejo Matthew intentando levantarse de la cama.

-Oh come on Mattie- respondió chillonamente el de gafas –ni siquiera te has recuperado por completo de aquella vez, no quisiera que por hacer esfuerzos terminaras peor- comento mientras tomaba a su hermano en brazos.

-Pero Al, el doctor dijo que no había peligro- intento razonar mientras luchaba por apartarse de Alfred.

-El doctor dice muchas cosas- respondió nuevamente Alfred –prefiero no correr riesgos-. Matthew al ver que no haría cambiar de opinión a su hermano, suspiro derrotado y dejo ser conducido en brazos hasta la cocina.

Ya dentro de la cocina, Matthew se llevo una gran impresión ya que parecía que había explotado una granada dentro de esta -¡pero qué ocurrió aquí!- exclamo. Alfred cuidadosamente sentó a su hermano en una de las sillas que sobrevivían. Sin prestar atención en las palabras del menor, avanzo hasta la estufa y tomo una pequeña sartén que yacía tapada –mira Mattie- dijo extendiendo la sartén –lo hice especialmente para ti- comento mostrándole finalmente el contenido.

Matthew observo críticamente lo que se encontraba dentro de la sartén, realmente no le veía forma -¿serán carbones?- se pregunto, sin embargo, continuo analizando el contenido hasta finalmente rendirse -¿Qué es …?- pregunto cohibidamente.

Alfred acerco mas la sartén a la cara del ex-canadiense -panqueques- respondió con una gran sonrisa. Matthew alzo una ceja y volvió a mirar el contenido –si tú lo dices…- respondió.

Mientras tanto, en otro lugar mucho más lejos de lo que uno puede imaginar, para ser exactos, una vieja cabaña deshabitada en medio del húmedo y frondoso bosque ingles, se encontraba Arthur sentado en uno de los polvorosos y oscuros rincones; desde que había salido corriendo del hospital y regresado a su tierra, había permanecido en dicho lugar, intentando así, olvidarse de todos los acontecimientos desafortunados que giraban en torno a él. Debido al gran sentimiento de culpabilidad que lo embargaba, decidió sumergirse en el mundo de las sombras, donde nadie le juzgaría y mucho menos, seria atacado por aquellos sentimientos y recuerdos los cuales en ese instante quería desaparecer de su cabeza.

El rechinar de la gran y vieja puerta de madera se hizo presente por toda la cabaña y tras ella, una persona de porte elegante. Arthur alzo su mirada para saber de quién se trataba. Al alzarla, se encontró con los ojos llenos de lastima de Francis.

-Angleterre, te he estado buscando como no tienes ni idea- comento preocupado el francés mientras se adentraba a la cabaña.

Arthur volvió a bajar la mirada, enterrando su cara entre sus brazos -¿para qué me buscabas?, ¿acaso para burlarte de mi mala suerte?- pregunto pesimistamente.

El francés negó con la cabeza mientras se colocaba a la altura del menor –que poco me conoces mon ami- respondió –me preocupo la forma como saliste corriendo del hospital ese día-.

Aun con la cabeza escondida, Arthur volvió a hablar –yo ya lo sabía…- susurro.

-¿saber qué?- pregunto extrañado el francés, acercando su rostro al del ingles ya que este hablaba demasiado bajo para ser escuchado.

Lentamente fue subiendo su cabeza dejando mostrar solamente sus verdes y apagados ojos –que Matthew había perdido el bebe- respondió.

Francis abrió grande su boca mientras se llevaba una de sus manos hacia esta –mon dieu angleterre, ¿Cómo lo sabías?- pregunto sorprendido por la declaración.

-Lo escuche de unas enfermeras- comento con un semblante triste y apagado.

Después de haber oído la razón por la que Arthur había huido de aquel lugar, una nueva duda surgió –angleterre, ¿Por qué te afecto lo del bebe?- pregunto perspicazmente el francés.

Arthur ladeo su cabeza y sin voltear a ver al francés respondió –porque antes que Matthew lo perdiera, Alfred y yo…- dudo en terminar aquella frase, aun se sentía mal por lo ocurrido.

-¿Alfred y tu…?- pregunto curioso el de cabellos semi largos, ansiando saber la verdadera razón por la cual su amigo/rival había huido de aquella manera del hospital. El menor guardo silencio unos minutos, no quería confesar el porqué le afecto lo del ex-canadiense. Francis al ver que el de apagados ojos esmeraldas no terminaría su frase, volvió a insistir -¿Alfred y tú que…?- le interrogo ahora más serio.

La presión que ejerció el francés sobre el termino siendo más fuerte -¡Alfred y yo estábamos a punto de besarnos!- exclamo el ingles mientras sus mejillas se tornaban rojas y se ponía de pie. Unas ligeras y casi invisibles lágrimas empezaron a amenazar con salir a través de sus ya enrojecidos, apagados y ojerosos ojos.

-angleterre ¡cómo pudiste!- ahora exclamo el francés poniéndose el también de pie –condujiste a Alfred hacia el adulterio- comento molesto mientras que ambas cejas se contorsionaban.

-¡ya lo sé bloody frog!- respondió Arthur con un gran tono de desesperación en sus palabras -¡pero, ¿tu quien eres para juzgarme?, te acuestas con cuanta persona se te atraviese!- hablo intentando darle un giro a la situación.

Francis se mordió el labio inferior mientras maldecía por lo bajo. Intentando mantener la calma, suspiro sonoramente y volvió a iniciar la conversación –angleterre, yo doy amour al mundo entero pero no me meto con parejas que esperan un bebe- explico.

-¡ja!- exclamo el ingles –ahora el wine bastard me sale con que tiene moral y ética en lo que hace- comento ácidamente mientras una sonrisa de lado se asomaba por sus resecos y agrietados labios.

El francés harto de la situación, tomo de los hombros al menor –escúchame bien angleterre- dijo molesto –olvídate de ese amour enfermizo que tienes por Alfred y deja que él junto con mon petit Matttheu sean felices-.

A Arthur no le gusto el tono de las palabras del francés y empujándolo a un lado decidió contestarle –¡tú no me dices que hacer!- exclamo. Lentamente fue llevándose ambos brazos hacia su pecho, simulando autoabrazarse, mientras entrecerraba sus ojos y se encorvaba -¡¿acaso yo no puedo disfrutar de la felicidad?- exclamo mientras pequeñas lagrimas empezaban a brotar de sus ojos.

-Angletere…- susurro Francis compadeciéndose de su amigo y su mala suerte.

El ingles al ver que su pregunta no tenia respuesta clara, decidió abandonar aquella cabaña. Francis corrió tras él en un vano intento de detenerlo -¡Arthur, ¿A dónde vas?- gritaba mientras seguía los pasos del menor. Arthur quien corría bajo la ligera lluvia inglesa, al sentir como el francés se acercaba cada vez más y más, empezó a correr cada vez mas fuerte -¡no te acerques France!- exclamo volteándolo a ver.

Un gran ruido sordo hizo eco en todo el bosque, Francis al ver de qué se trataba, exclamo intranquilo por el bienestar de su amigo -¡Arthur, ¿estás bien?- pregunto asomándose por un pequeño barranco. El cuerpo del pequeño ingles yacía boca abajo intentando reincorporarse, mientras las ligeras gotas de lluvia empapaban cada vez más su delgado y frágil cuerpo; el no haber comido en días lo había debilitado impidiéndole la acción, además había que sumarle el hecho que aquella caída le había lastimado considerablemente -bloody hell!- exclamo desesperado mientras una a una las lagrimas que había estado conteniendo, empezaban a mojar su rostro lleno de lodo -¿Por qué me pasa todo esto a mi?- se lamento mientras continuaba llorando aun en la misma posición. Una de sus manos se enterró sobre la tierra empapada dejando tras esta, una pequeña marca.

Francis preocupado por el menor, busco una forma de llegar a este; con cuidado se adentro al barranco a través de una enredadera que se encontraba cerca. Tan pronto bajo, corrió a socorrer al ingles. Con suavidad lo tomo de un brazo colocándoselo alrededor de su cuello –angleterre…- susurro mientras veía el deplorable estado de este. Los una vez ojos esmeraldas llenos de brillo, ahora se mostraban opacos y enrojecidos de tanto derramar lagrimas, bajo estos, habían pronunciadas y negras ojeras frutos de no haber dormido en días, su rostro antes terso, ahora se encontraba completamente lleno de lodo, lleno de rasguños debido a la caída y bañado de lagrimas y finalmente, aquellos labios tan finos y rojos, ahora eran un recuerdo de lo que llegaron a ser. Lentamente ayudo al menor a subirse por la enredadera y ya estando en suelo firme, Francis empezó a conducirlo a rastras hacia la mansión. Al llegar a esta, lo coloco sobre uno de los sillones y posteriormente se sentó junto a este; lentamente con un pañuelo, empezó a limpiarle el lodo del rostro y cuando termino la acción, se levanto –ahorita vengo angleterre, iré por el botiquín medico- dijo. Arthur quien continuaba llorando, tomo de la muñeca al mayor –no te vayas- le rogo mostrando un rostro de desesperación. Francis volteo a verlo y enseguida comprendió las palabras de Arthur, no era tan desalmado para dejarlo solo en un momento difícil. Cariñosamente lo estrecho en un gran abrazo mientras este se desahogaba en un mar de lagrimas –ni siquiera yo sé porque no eres feliz mon angleterre- susurro inaudiblemente el francés.

Regresando con los hermanos de la alianza Americo-Canadiese, habían pasado varios días y Alfred por fin había cedido ante las suplicas de Matthew de dejarlo andar por la casa por su propia cuenta. Haciendo pucheros, observaba como su mellizo disfrutaba de aquella libertad, sin embargo, lo único que no dejaría que hiciera seria cargar a kumajirou, era demasiado pesado para que lo cargara en su estado, así que aquella cosita peluda simplemente caminaba tras su amo.

-Ves Al, no hay nada de que preocuparse- sonrió feliz el ex-canadiense.

-yep yep, como digas- respondió a un molesto por haber sido rechazado como cargador humano por su hermano.

Amigablemente, Matthew se sentó alado de su hermano -Al, necesitamos hablar- comento.

Alfred quien en esos momentos tenía su cabeza apoyada sobre su mano, dejo de hacerlo y volteo a ver a su mellizo –¿hablar qué?- pregunto.

-Tú sabes perfectamente de que Al- respondió Matthew –de ti y Arthur…- complemento.

El de gafas se fue instintivamente hacia atrás, hablar sobre su relación con el ingles era algo que no necesitaba tocar en esos momentos –oh mira Mattie, ya es hora de tu medicamento- comento intentando re-direccionar la conversación. Sin embargo, Matthew continuo firme con el tema principal –Al, mi medicamento es hasta dentro de una hora- respondió. Ahora Alfred no tenía salidas ni excusas que inventar. Derrotado, se acomodo en el sillón y empezó a pensar las palabras correctas que le diría a su hermano.

-el día de la reunión en casa de Italia del Norte- hablo Matthew con un ligero sonrojo –yo los vi…- declaro mientras jugaba nerviosamente con sus dedos.

Alfred palideció, su hermano había presenciado como él le era infiel –Mattie… esto… mmm…- intento explicarse.

-No tienes nada que explicar Al- corto Matthew mirándolo fijamente, casi chocando su rostro contra el de este –desde pequeños he sabido que tu siempre has amado a Arthur- confeso desviando su mirada.

La mandíbula del de gafas se disloco por la impresión -really?- pregunto incrédulo.

Matthew aparto su rostro, agacho su cabeza y enfoco su mirada al suelo –si Al- respondió –aquella noche que engendramos a nuestro bebe, tú estabas muy bebido y bueno… sabes que una cosa llego a otra y…- intentaba explicarse –bueno…. Mientras "lo hacíamos", pronunciaste su nombre una y otra vez- concluyo aumentando el sonrojo que ya tenía en sus mejillas al recordar aquel día.

El de gafas quedo estático por la explicación de su hermano, recordaba que ese día había bebido mucho debido a algo un suceso ocurrido horas anteriores del cual no quería ni mencionar pero no recordaba haber pronunciado el nombre del ingles una y otra vez mientras tenia sexo con el ex-canadiense.

El menor al no ver reacción por parte del mayor, continuo explicando –ese día en casa de Italia, los vi como expresaban su amor y no sé porque empecé a sentirme triste- admitió empezando a sollozar –eres mi hermano, sin embargo verte así con Arthur me dio celos y miedo de perder todo lo que hemos logrado-.

Alfred observo como su mellizo confesaba todo. Un gran sentimiento de culpabilidad empezó a brotar de el –Mattie, yo lo siento- dijo intentando disculparse por todas aquellas cosas por las que había hecho pasar a su hermano –te metí en problemas, hice cosas sin tu consentimiento y aun así, no supe compensarte-.

El ex-canadiense empezó a secarse las lagrimas que momentos atrás habían brotado de sus ojos –no te preocupes ya por eso Al- le respondió. Lentamente fue girando su rostro hasta quedar frente a frente con el de su hermano –deberías irlo a ver- dijo esbozando una suave sonrisa.

-¿ver a quien?- pregunto confuso Alfred.

-A Arthur- respondió Matthew –el tiene un gran corazón e imagino que se siente culpable por lo que ocurrió semanas atrás- comento.

Ahora Alfred comprendía las palabras de su hermano. Como si nuevas energías y deseos ardientes brotaran de su interior, Alfred se levanto del sillón dispuesto a cambiar todas las cosas que habían estado pasando entre él y Arthur –Mattie, eres el mejor- expreso con una gran sonrisa en los labios.

-Eso ya lo sé bro- comento con la misma sonrisa radiante que poseía el de gafas –ahora ve tras el antes que haga algo peligroso y desesperado- ordeno.

Alfred asintió con su cabeza y corrió hacia la salida -¡iggy, voy por ti!- exclamo –¡you hero va en camino!-.

Matthew desde la ventaba observo como su hermano se subía a la Hummer y tomaba rumbo hacia el aeropuerto internacional –go Al!- susurro feliz de saber que después de tantos años, todos aquellos problemas pronto se solucionarían.

Mientras tanto, en casa de Arthur, este por fin había recuperado parte de las fuerzas que había perdido y ahora se hallaba el junto con Francis dentro su habitación –¿estás seguro de querer hacer esto angleterre?- pregunto el francés.

Arthur quien estaba acomodando cuidadosamente su ropa sobre una serie de maletas asintió con su cabeza –si Francis, no hay nada que continúe atándome aquí- comento aun absorto en su actividad.

El francés se limito a observar como aquel pequeño y rubio ser se adentraba mas a aquel mundo de penuria, tristeza y desesperación –angleterre…- susurro. Si tan solo pudiese hacer algo para impedir aquello que pensaba hacer su amigo.


Bueno, ya estamos en el capitulo 15, muy cerca del final y como siempre, muchas gracias a sus comentarios e ideas :D. He intentando poner un poco de FRxCAN a la historia pero como les comentaba (si lo hice ¿no?), ya esta muy cerca del final y seria algo apresurada esa pareja, de todos modos, quedara como un ligero FRxCAN con un final donde puede que mas adelante lleguen a ser algo o. Bueno eso es todo y nos vemos el proximo domingo.