Cap 27. Expectro patronus.
La vida no era fácil en el mundo mágico… con el fallecimiento de Dumbledore, los mortífagos se estaban haciendo cada vez más fuertes, haciéndose con el poder. Controlaban el ministerio, donde pusieron a Harry en busca y captura, acusándole del asesinato de Albus Dumbledore. Los hijos de muggles eran acusados de traición y eran mandados a Azkaban. San Mungo también estaba controlado por ellos y por supuesto Hogwarts. Hermione recordaba aún, con un dolor en el estómago cuando vio en el profeta la fotografía del que había sido todo para ella, convirtiéndose en un malvado director.
Aunque por fortuna, aún quedaban valientes para hacerles frente… La orden del fénix se había quedado sin líder, pero sus ganas de luchar no se habían desvanecido, haciéndoles frente. Eran muchos los que oponían resistencia al nuevo régimen. El trío de oro de Hogwarts, habían comenzado la difícil y peligrosa tarea de destruir los horrocruxes...
Harry y Hermione corrían por un sendero de aquel bosque a toda velocidad, iluminados únicamente por la inmensa luna llena, que brillaba en un manto celestial lleno de estrellas. Seguían a un patronus con forma de cierva a través de la maleza del bosque. Harry, le adelantaba a su amiga unos metros en su carrera, aunque la chica había demostrado poseer una gran resistencia. Lo que habían vivido últimamente, la había endurecido de alguna forma. Ya no sonreía nunca, estaba siempre seria y se había formado a su alrededor una coraza, como si llevase siempre encima una impenetrable armadura. Sus amigos habían achacado su actitud a la cantidad de cosas que habían pasado en los últimos tiempos, pero Ginny era la única que conocía la fuente de todos los males de su amiga. Nunca hablaban de él abiertamente, y Ginny había respetado siempre el silencio que había impuesto su amiga al tema de Snape. Hermione por supuesto nunca hablaba de él, pero ambas sabían que su presencia se hallaba flotando en el aire. Últimamente todo lo que habían hablado de Snape era para maldecirle, odiarle o para contar noticias de sus últimas maldades en Hogwarts y sus maquinaciones con Voldemort. Hermione siempre se mantenía en silencio y escuchaba todo aquello guardando la compostura, aunque lo que más deseaba era ponerse a llorar. Pero se había prometido que no lloraría más por él. Dudaba mucho que Snape la recordase. Seguro que sólo lo hacía para burlarse de ella, para fardar de cómo había engañado a la estúpida amiga de Potter sin necesidad de magia…
Harry comenzó a ganarle un poco más de distancia. Hermione intentó apretar un poco más su paso, pero estaba al borde de sus esfuerzos. Su respiración era entrecortada y notaba una punzada en su costado del esfuerzo.
Unas raíces de un árbol la hicieron tropezar, cayendo violentamente al suelo. Harry sintió el golpe y se volvió.
-¡Sigue Harry! –Gritó Hermione- ¡No la pierdas, yo sé cuidarme sola!
Harry dudó un momento, pero sabía que su amiga tenía razón. Siempre había demostrado que sabía desenvolverse sola, así que desapareció siguiendo aquella plateada cierva, que saltaba con gracilidad entre los árboles.
Hermione se incorporó con dolor, intentando reponerse a su resuello. El tobillo le dolía horrores, parecía que se lo había torcido. Entonces estudió con atención las extrañas raíces de aquel árbol. No había tropezado con ellas como había pensado, éstas se habían enrollado en su tobillo haciéndola caer, formando una extraña mano, como si la hubieran agarrado a propósito…
Sintió una oleada de pánico. Así que se deshizo de las raíces como pudo, rompiéndolas con la mano, e incluso dándole patadas a las raíces, ya que estas estaban aferradas con fuerza a su pie, impidiéndola liberarse. Cuando lo consiguió, comenzó a curarse el tobillo. Una luz blanquecina y densa comenzó a brotar de la punta de su varita, cayendo suavemente en su dolorida pierna. Era el mismo hechizo curativo que había usado Albus con Snape aquella noche que llegó herido. Desde entonces había sentido curiosidad por la medimagia, aprendiendo por su cuenta varios hechizos útiles. Sintió como aquel punzante dolor se fue aliviando poco a poco. Giró suavemente el pie, para corroborar que estaba en buenas condiciones, el tobillo ya no le dolía. Estaba totalmente curada.
El sonido de una rama al quebrarse la puso en alerta. El ruido había sucedido muy cerca de donde ella estaba. Se puso en pie con vehemencia, con la varita en alto… lo notaba, lo percibía mirándola en la lejanía. Ya había jugado a eso antes, había alguien allí acechándola como una presa. Intentó tranquilizarse, ya que el sonido de su propia respiración entrecortada la impedía escuchar con atención, el bosque estaba tan sumamente… silencioso, como si algo maléfico estuviera en el lugar.
Cerró los ojos, para concentrarse sólo en uno de sus sentidos y entonces pudo oírlo perfectamente… el sonido de pisadas de botas sobre las hojas secas caídas de los árboles, una capa rozando suavemente la maleza del suelo. Abrió los ojos bruscamente y se volvió sobre sus talones, apuntando un punto oscuro del bosque.
-¡Sé que estás ahí! ¡Descúbrete!-ordenó con firmeza.
Hermione pudo sentir como retrocedía levemente sobre sus propios pasos, sabía quien era, conocía tan bien su forma de moverse, su forma de caminar, de acechar a su presa…
-¡Cobarde de mierda! –Gritó Hermione a pleno pulmón- ¿acaso eres incapaz de descubrirte ante mí?
De la densidad de los árboles, emergió una siniestra figura, arrastrando su impecable capa oscura, acercándose a ella. Hermione le apuntó con la varita, sabía que era él. Sintió cómo su cuerpo se estremecía ante la imagen de la persona que amaba. Severus Snape estaba de pie, a unos metros alejado de ella. Le miró cómo si fuera la aparición de un fantasma, después de todo, ella se había hecho la idea de que estaba muerto. La miró con aquellos profundos ojos negros, brillantes, húmedos. Su expresión era de un profundo sufrimiento. Estaba muy pálido, el contorno de sus ojos, habían recuperado aquellas profundas ojeras y en su mejilla tenía una fea y larga cicatriz que Hermione reconoció al instante, porque fue ella quien se la hizo. Severus no la apuntaba, tenía su varita en su mano, pero esta estaba relajada, con el brazo pegado al cuerpo, como si no tuviera alguna intención alguna de usarla.
Aquella mirada se hizo eterna, Snape quería que se prolongase hasta el infinito. Sólo con contemplarla se conformaba, después estaría dispuesto asumir la muerte sin más. Hermione aguantaba su posición, desafiante, sin miedo. Estaban separados por unos seis metros, ella le seguía apuntando amenazante con su varita, pero Snape nunca apuntaría a su pequeña… La amaba por encima de todas las cosas.
-Te quiero…- dejó escapar sin mas sus labios, menos que un susurro.
-¿Cómo te atreves a decirme eso Snape? ¡Nunca has querido a nadie! ¡Eres un embustero!-gritó la chica furibunda.
-Te quiero…- volvió a decir un poco más alto, dando un paso hacia la muchacha.
-¿Sigues aún riéndote de mis sentimientos? Eres despreciable, Snape. ¡Impedimenta!
Snape repelió el ataque con un movimiento brusco de varita y dio un paso más a Hermione.
-Te quiero.- dijo con más firmeza.
-¿Por qué sigues burlándote de mí?- chilló la chica aguantándose las ganas de llorar-¡Reducto!
Snape volvió a rechazar el ataque con destreza. Hermione temblaba, mientras se debatía internamente con un cúmulo de sentimientos contradictorios, ante la visión de su amado profesor de pociones, era incapaz de razonar con claridad… lo amaba. Lo amaba profundamente, pero él se había burlado de ella, la había utilizado y ahora estaba intentando repetir su hazaña.
-¡Te quiero Hermione! ¿Aún no te das cuenta?- dijo dando un par de zancadas poniéndose casi al lado de la muchacha. La chica hizo un gesto amenazante con la boca.
-No te acerques tanto a mi… sucio traidor. ¡Expeliarmus!
La varita de Severus saltó de su mano sin poner resistencia. El hombre dio otro paso decidido hacia su amor.
-Te dije que te lo diría, cuando necesitases que te lo recordara… Te quiero Hermione, te quiero.
La chica apuntó con la punta de su varita el cuello blanquecino de su profesor, sintiendo como se hundía levemente en su piel. El profesor desarmado, se dejó caer de rodillas en el suelo, a sus pies, ante ella. Aquello no lo esperaba la chica y se sorprendió mucho. Pero no bajó la guardia, ni retrocedió. Se mantudo fuerte y inamovible como las torres del castillo de Hogwarts.
Las manos fuertes y firmes de Snape le rodearon la cintura atrayéndolo hacia él. Hundió su rostro en su vientre, aferrándose a su cuerpo y abrazado a ella, comenzó a llorar. Hermione no cabía dentro de sí de asombro... ¿Severus Snape llorando? ¿El murciélago de la mazmorra tenía sentimientos después de todo lo que había hecho?
-Te quiero Hermione… no lo dudes. Yo... Tendría que habértelo contado, tendría que haber confiado en ti.
La chica dejó de apuntarle, y sin pensarlo mucho acarició con suavidad su pelo. ¡Cuánto había extrañado su suave tacto! Verle llorar la había impresionado enormemente. Snape desenterró su rostro del cuerpo de Hermione y la miró desde abajo, humillándose.
-Quiero que veas algo…
Severus cogió con la yema de los dedos suavemente la punta de la varita de Hermione y se la llevó a la frente. Apoyó su cabeza en ella.
-Conoces el hechizo. Creo que es mejor que lo veas por ti misma...
-Snape... quieres que...-dudó la chica un momento.
-Quiero que me leas la mente. No tengas miedo, no te haré nada.- dijo Snape con lágrimas en los ojos- Nunca te haría daño Hermione... y lo sabes.
Hermione se perdió un instante en los ojos de su profesor y respiró profundamente. ¿Que perdería con ello? En realidad, ya lo había perdido todo. Sujetó con firmeza la varita y se concentró.
-¡Legerement!
Vio a Dumbledore en su despacho, Severus estaba con él. Le curaba la mano, se había puesto un anillo que le había transmitido una maldición que se extendía por su cuerpo, como un cáncer. Severus le regañaba y le echaba en cara su temeridad. Le anunció que tendría un año más de vida, antes que la maldición le consumiera por completo. Pasó a otro recuerdo. Reconoció la vieja y desangelada casa de Severus. En ella estaba Bellatrix y la madre de Draco. Le vio pronunciar el juramento inquebrantable. Los envolvió en una neblina y pasó a otro recuerdo. Snape y Albus discutían acaloradamente. Albus le pedía que le matase, ya que el encargado de aquella misión era Draco, su alma aún no estaba mancillada por la maldad. "¿y mi alma Albus? ¿Qué pasa con ella?" "Sólo ayudarás a un amigo". Cambió al dormitorio de Severus, volvían a discutir, Snape tenía miedo de perder a su pequeña. Albus le decía que tenía que luchar por Hermione, ya que Voldemort perseguiría a todos los nacidos de muggles. Le gritaba que ya no se podía negar, se había comprometido y no podía echarse atrás. El siguiente recuerdo era Snape sentado en el suelo de un cuarto de baño, echo un mar de lágrimas.
Hermione dejó caer su varita en el suelo, su cabeza le daba vueltas, estaba mareada por lo que acababa de ver. La verdad la abofeteaba sin piedad. Lo sabía, en el fondo de su alma lo sabía. Aquel hombre la amaba, ese amor que se profesaban era real. Abrazó a Severus con fuerza, ella lloraba.
-¡Perdóname cariño! ¡Perdóname por desconfiar de ti! Yo creí... Pensé mal de ti...- la chica enterró su rostro en su cuello, el mejor sitio del universo. El aroma de Snape la embriagó. Hacía tanto que no lo estrechaba entre sus brazos, una eternidad.
-¡Perdóname por hacerte sufrir! ¡Debí habértelo contado! ¡Debí decírtelo! Hermione, te lo dije, a veces la vida no es justa...
Entre lágrimas, Hermione buscó los labios de su profesor. Comenzaron con un beso tierno, tímido. Que encendió la llama de la pasión, de tanto tiempo contenida. Profundizaron el beso, recordando el sabor del otro. Snape se separó de ella, para poder mirarla mejor, no lo podía creer. Desde aquella asquerosa noche había deseado con todas sus fuerzas un reencuentro con ella. Recordar lo que era tenerla tan cerca, había soñado con ese momento, lo había deseado tanto... cuando la vio correr acompañada a Potter, no lo pudo evitar, hechizando las raíces de aquel árbol.
Sonrió cansado. La chica acercó sus labios y volvió a besarle en la boca. Su lengua se introdujo en la boca del hombre, reclamando lo que era suyo. El temible profesor de pociones emitió un gruñido y la atrajo más hacia sí. La chica se tumbó encima del cuerpo de Snape, se hallaran en un claro del bosque, pero les importaba poco ser descubiertos. Estaban a la vista de cualquiera que los pudiera sorprender, pero estaban a otros menesteres.
Sus respiraciones eran aceleradas y excitadas. Snape introdujo las manos bajo el jersey de la muchacha, pasando el dedo índice por su espalda, dibujando la línea de su columna vertebral. Su piel suave y cálida le excitó aún más. Hermione besó su cuello, succionando cada tramo de piel amada, se lo quería comer, quería devorarle. Deslizó las manos bajo la levita, estaba mucho más delgado. Sintió como su miembro crecía dentro de su pantalón. Casi sin preámbulos, sin desvestirse siquiera, Snape penetró a su pequeña. La chica se movió con furia sobre él, golpeando con vehemencia su pelvis contra la de él. Quería hacerle suyo, porque él le pertenecía... Ella era dueña y señora de Severus Snape y le pertenecía por completo. Sintió como su sexo palpitante llegaba al clímax. Severus gemía de placer bajo la Gryffindor, cerró los ojos con fuerza y sintió cómo su pequeña cabalgaba desenfrenadamente sobre él, ya casi no podía aguantarlo más, sentía cómo iba a explotar de placer. La chica gritó al llegar al orgasmo y se dejó llevar. Sintió cómo llegaba a lo más hondo de su ser. Hermione se dejó caer encima del cuerpo de su profesor, aún estremeciéndose de gozo. Sonreía.
-Te quiero Hermione. - Dijo suavemente Snape, mientras le acariciaba aquella indomable melena.
¡Hola a todas/os!
Espero que os haya gustado... No hay nada como un buen meneo para sellar una reconciliación. jejejejeje
Ya sólo quedan cuatro cap para que termine este fic y el epílogo. Así que entramos en la recta final.
Gracias a todos los que me leéis y aquellos que empleáis un poco de vuestro tiempo a dedicarme unas palabras, significa mucho para mí... ¡Va por vosotros!
