CAPITULO 17. YOU NEED A HERO

Después de haber estacionado el auto muy cerca del muelle, Francis y Arthur bajaron del auto, este último, empezó a buscar con la mirada a cualquier persona que le diera información –oiga usted, marinero- hablo el ingles intentando llamar la atención de un joven pelirrojo no mayor de los treinta quien caminaba cerca del muelle.

El joven al escuchar como era llamado, ya que era el único caminando por esa zona, se giro, logrando vislumbrar a dos rubios bien vestidos -¿Qué desea joven?- se dirigió a Arthur.

-Necesito hablar con el capitán de un barco- respondió el de ojos esmeraldas mientras daba unos pasos hacia adelante.

Por unos instantes, el joven sintió desconfianza, ¿para qué dos jóvenes elegantemente vestidos querrían hablar con su capitán?, sin embargo, la mirada seria y casi fulminante del ingles le hizo obedecer -Entonces sígame- ordeno, reanudando su camino.

Arthur y Francis empezaron a seguir al joven -¿estás seguro de hacer lo que tienes pensado hacer?- pregunto Francis viendo de reojo al menor. Arthur aun con la mirada puesta sobre el joven que iba delante de ellos respondió –por supuesto wine bastard-.

Mientras tanto, en el país de la unión Américo-Canadiense, Matthew se encontraba conduciendo un Civic de la Honda color azul eléctrico rumbo a interrumpir una reunión que sus jefes estaban llevando en esos instantes –menos mal que teníamos un auto de emergencia- le comento tranquilamente a su oso, el cual iba en el asiento del copiloto sujetado por un cinturón de seguridad. El oso guardo silencio y asintió con su cabeza mientras jugaba con sus patas.

Al llegar a su destino, el chico estaciono el auto en un lugar no muy lejano y ahora, junto con su fiel y peludo acompañante, se dirigieron a un gran edificio blanco lleno de ventanales –es hora de actuar- susurro mientras se llenaba de ánimos para lo que estaba a punto de hacer. Decididamente emprendió el rumbo, mostrándole su identificación oficial a cada oficial que se la pidiese; era sorprendente como después de tantos años, aun no lograban reconocerlo como su nación –mil disculpas mi señor- dijo el último de los oficiales con los que tuvo que pasar. El ex-canadiense sonrió amablemente y continúo su camino.

Ahora el chico se encontraba parado frente a la puerta donde en estos momentos sus jefes se encontraban en una reunión de suma importancia y por lo mismo, todos estaban reunidos –esta es mi oportunidad- susurro volteando a ver la aprobación de su mascota. Kumajirou cruzo sus ojos con los de su amo, en ellos, podía ver la luz de esperanza y seguridad que pocas veces lograba admirar -¿Quién eres?- pregunto por inercia. Matthew sonrió –Soy C-A-N-A-D-A- le deletreó dulcemente mientras que con su dedo índice le daba énfasis a cada palabra -recuérdalo-. El oso ladeo su cabeza y se llevo una pata al hocico, mordiéndosela ligeramente, al parecer había entrado en conflicto interno debido a la contestación que recibió, su amo nunca le había deletreado su nombre. Matthew giro su rostro, aspiro fuertemente el aire a su alrededor y tomo una de las manijas de la puerta, lentamente empezó a girarla mientras tragaba saliva de lo nervioso que empezaba a sentirse –ya no hay vuelta atrás- se dijo para sus adentros mientras finalmente abría la puerta de par en par. Los presentes en la junta voltearon extrañados que la puerta se abriera tan estrepitosamente -¿Quién osa interrumpir nuestra importante reunión?- hablo el presidente quien se encontraba dando un discurso sobre algo que poco le importaba al chico.

Matthew se acomodo sus gafas haciendo que la luz artificial de los focos se reflejaran en estas –fui yo- dijo con el tono más frio y serio que pudo sacar -¿algún problema con eso?- interrogo a los presentes, viéndolos retadoramente.

-N..no, ninguno- respondió de forma nerviosa el vicepresidente mientras tras el ex-canadiense, una veintena de hombres le rodeaba, al parecer la acción del chico los había alertado. Matthew suspiro levemente, no podía creer lo rápido que los oficiales se habían olvidado de su identidad -¿pueden decirle a los guardias que se retiren?- pregunto amablemente –o no seré responsable de lo que Kumajirou les pueda hacer- agrego.

Un gruñido fuerte y resonante inundo la escena después de que finalizaron las palabras del ex-canadiense, mientras que dicho oso se paraba en dos patas y revelaba su verdadera forma a los presentes, aquella figura que nunca de los jamases alguien pudo observar en el, solo el mismo Matthew. Los miembros de la guardia, asustados por la presencia del gran oso blanco, retrocedieron algunos pasos –pueden retirarse- ordeno el general de la armada queriendo evitar pérdidas entre sus hombres. Los soldados, apresurados huyeron de la escena, dejando a los miembros de la junta junto con el chico y su oso solos.

-Señores, vengo a darles increíbles noticias- se escucho la voz del ex-canadiense el cual ahora se encontraba sentado en el sillón del presidente con los pies arriba de la mesa de juntas, sobre su regazo, se había posado el fiel compañero blanquecino –a partir de hoy, la unión Américo-Canadiense ya no existe- sonrió mientras nuevamente las luces del lugar se reflejaban en sus lentes.

El presidente apretó fuertemente sus puños -¿su hermano está de acuerdo con esa decisión señor?- le interrogo con una pequeña esperanza de que la respuesta fuera "no". Matthew se recargo sobre la silla –por supuesto que lo está- comento riéndose ligeramente por la pregunta –él fue el que lo propuso- mintió, sin embargo, estaba por seguro que si su hermano estuviese ahí, diría aquello.

La sala quedo en silencio por algunos segundos –está bien señor- suspiro el vicepresidente –empezaremos a informar el rompimiento de la alianza- agrego mientras se dirigía a la puerta junto con los demás representantes.

-Merci beaucoup ~ - tarareo el chico de forma altanera mientras presenciaba la retirada de aquellos sujetos. Cuando por fin estuvo completamente solo, bajo sus pies de la mesa, abrazo a su oso y dio un gran suspiro de alivio –un minuto más y no hubiese podido continuar con mi actuación Kumajuma- confeso. El oso se giro ligeramente, apresando con sus patas la cabeza de su amo, dándole a entender que sentía lo mismo.

Por otro lado, Alfred se encontraba corriendo a través de las compactas y empedradas calles costeras, implorando no llegar demasiado tarde y detener a Arthur de la locura que intentaba hacer.

Los tres jóvenes caminaron a través del gran muelle hasta llegar a un gran barco de apariencia vieja y desgastada. El jovencito les hizo una seña indicándole que habían llegado y posteriormente, les guio a través de unas escaleras improvisadas hasta llegar a la cabina del capitán, la cual era algo pequeña, con dos sillas de madera algo viejas y muchos papeles que al parecer eran mapas -Ya llegamos- anuncio el joven marinero –mi capitán es ese señor- dijo señalando a un gran y corpulento hombre que yacía de espaldas -¡capitán, hay unos jóvenes que desean hablar con usted!- grito.

Aquel gran hombre dejo la actividad que estaba haciendo y volteo hacia su subordinado, tras este, se encontraban dos hombres rubios -¿Qué desean?- pregunto hostilmente el capitán.

Tanto Arthur como Francis se tensaron al escuchar la gruesa y rasposa voz de aquel sujeto, no obstante, Arthur armándose de valor, se postro delante del capitán e inicio la conversación –sr. Capitán, necesito pedirle un favor- dijo con la voz un tanto temblorosa. Tras él, el francés y el joven marinero temblaban como gelatina.

-¿petición? ¿tu?- repitió escéptico el hombre achicando sus ojos y observando fijamente al menor; tan pronto como sus ojos se posaron en los del de ojos esmeraldas, logro observar a través de esos, una mirada retadora, determinada y segura de sí, provocando que aquel gran escepticismo desapareciera –bien- dijo –ustedes dos, váyanse y déjenme solo con el pequeñito- ordeno.

El joven junto con Francis abandonaron rápidamente la escena dejando solo a Arthur con el capitán.

-¿Cuál es tu petición pequeño?- pregunto el capitán al tiempo que jalaba una silla y se sentaba sobre esta.

Arthur imitando la acción del capitán, tomo otra silla y se sentó –por favor acépteme como uno de sus subordinados- suplico con gran determinación.

El capitán se inclino y miro fijamente al ingles –eres demasiado blandengue- comento observando ahora el cuerpo de este –no tienes músculos- dijo despectivamente mientras señalaba los delgados brazos de este -y pareces señorita con ese rostro limpio y de apariencia suave- termino de enumerar sus obvios defectos –no estás hecho para el mar pequeño enclenque- fue su veredicto.

-No siempre los mejores marineros fueron hombres musculosos y de extraordinaria fuerza señor- contra-ataco Arthur sabiendo que si no convencía al capitán, no lograría su objetivo.

Aquel gran sujeto se inclino para ver mejor las facciones serias del ingles -¿Cuáles son tus habilidades blandengue?- pregunto un poco interesado en lo que diría este.

Arthur se inclino en la misma posición del capitán –si le dijera, la tarde se transformaría en noche y la noche en mañana- contesto con un gran brillo en sus ojos –pero le aseguro que aunque me vea joven, tengo el conocimiento de un marinero experimentado- comento con la mirada más seria mientras que en sus labios, una sonrisa de satisfacción se dibujaba.

Aquel hombre por un segundo dudo de las palabras del ingles, sin embargo, aquella mirada, la determinación en sus palabras, el tono con que las pronunciaba y su forma de actuar, le demostraban que tal vez y aquel joven no mentía -bien- dijo el capitán –pero antes que te unas a nuestra embarcación, necesito que me digas cual es el verdadero motivo por el que deseas unirte con nosotros y dedicar tu vida al mar-.

Los ojos que una vez mostraron determinación, perdieron el brillo y finalmente se desviaron. Lentamente el ingles regreso a su antigua posición y suspiro –sabe capitán, desde que recuerdo, dicen que en esta vida nacemos para algo especial y único; para ser felices- comento –pero ¿y si la vida se equivoco al dejarte nacer?- pregunto retóricamente –ese es mi caso capitán, naci para crecer y vivir desdichado, sin amor y odiado por todos a los que una vez ame-.

-Ya veo- fue lo único que supo contestar el capitán. Aquel joven y sus palabras eran demasiado profundas para alguien de la edad que aparentaba. Llevándose una mano hacia su gran y prominente barba, empezó a analizar nuevamente al ingles –supongo que puedes servirnos de algo- dijo finalmente.

Con aquello, el capitán aceptaba oficialmente a Arthur como miembro de su nave –zarpamos en quince minutos- anuncio aquel hombre dejando solo al ingles. Arthur esbozo una leve sonrisa de superioridad, era imposible que alguien le negase el derecho a pertenecer a una embarcación.

Francis quien esperaba el regreso del ingles, vio como este caminaba hacia el -¿y bien angleterre?- pregunto interesado en saber la respuesta de este. Arthur al estar frente a Francis, mostro su mejor semblante de superioridad –lo logre- dijo –en diez minutos me iré para jamás volver-.

-mon dieu Arthur!- exclamo el francés –entonces quieres decir que solo viniste a….-.

-despedirme…- complemento Arthur. Gentilmente, tomo la mano izquierda del francés y la acerco a su rostro –Thank you Francis- susurro dulcemente, como pocas veces lo hacía frente a este.

Francis guardo silencio, intentando no romper esa atmosfera que el ingles había creado para ambos, sabía que posiblemente sería la última vez que estaría así con su amado rubio. Al cabo de unos minutos, ambos se separaron –te voy a extrañar angleterre- comento tristemente evitando derramar lagrimas de tristeza.

-Don´t lie to me- contesto el ingles intentando sonar escéptico por las palabras del francés.

-enserio- insistió Francis entre risas intentando disimular la gran tristeza que en ese momento lo embargaba.

Arthur aun algo escéptico, bufo sonoramente. Francis al escucharlo, dejo de reír y se inclino dándole un cordial, afectuoso y conocido saludo a la francesa.

-¿¡pero qué haces wine bastard?- exclamo el ingles exaltado llevándose ambas manos a ambas mejillas ahora color carmín.

Nuevamente Francis comenzó a reír –oh mon ami, no me digas que te apena que te den saludos franceses- comento burlonamente deseando que esa última vez que hablaba con él, no fuera de manera triste, sino, como los amigos/rivales que eran.

Arthur aun sonrojado, empujo al francés haciendo que este retrocediera unos pasos – you idiot- susurro. Pronto, el sonido de las anclas siendo levantadas, dio a conocer que la hora de marcharse había llegado. El ingles empezó a correr hacia el barco dejando solo al francés. Desde el barco, Arthur alzo ambos brazos y empezó a agitarlos –¡Francis!- grito –you´ll be always my best mate!- grito con una gran sonrisa sincera en sus labios.

Francis sabiendo perfectamente el significado de aquellas palabras, alzo su brazo derecho y empezó a agitarlo –aussi Arthur! Aussi!- exclamo mientras veía como la pequeña silueta de su amigo se adentraba dentro del gran barco. Sin poder resistirlo más, dejo brotar unas ligeras lágrimas para ser posteriormente secadas con su pañuelo de seda.

Alfred por fin había llegado al muelle de la ciudad. Con la mirada inicio a buscar indicios de la presencia de Arthur y Francis y efectivamente, encontró lo que buscaba, cerca de este, a un par de botes de distancia, se encontraba el mercedes favorito del ingles –estoy cerca- dijo al tiempo que empezaba a adentrarse al muelle.

Tras haber avanzado unos cuantos metros, Alfred logro vislumbrar la silueta del francés –hey, France!- grito fuertemente llamando la atención de este.

Francis giro su rostro al escuchar el llamado del ex-americano -¡Alfred!- exclamo -¡llegas tarde!- dijo mientras limpiaba desesperadamente las pocas lagrimas que aun brotaban de sus ojos

-¿Tarde?- pregunto confuso el de gafas -¿a qué te refieres?-.

-¡Arthur esta en ese barco!- dijo Francis señalando el gran navío –y se irá para jamás volver, así que si quieres algo serio con él, esta es tu única oportunidad- comento.

El de gafas entendió inmediatamente lo que el francés quiso decirle. Ahora tenía una nueva misión frente a él y confiado de poder cumplirla, se acomodo sus gafas, se abrocho su chaqueta y empezó a correr tras el barco –The hero to the rescue!- exclamo fuertemente mientras emprendía marcha tras aquel navio. Francis continuo secándose las lagrimas mientras rogaba que el autoproclamado héroe llegara a tiempo.

Arthur por su parte, para iniciar su vida de marinero prófugo, se dedico a recoger todas las sogas y a atar otras que se encontraban flojas. Aun absorto en aquella actividad, logro escuchar los ligeros gritos del ex-americano -¿Alfred?- se pregunto dejando a un lado la actividad, sin embargo, sabía perfectamente que era imposible que Alfred se encontrara en aquel lugar –debe ser mi imaginación- dijo retomando lo que se encontraba haciendo. Tras unos segundos, volvió a escuchar los gritos, pero ahora más fuertes.

-¡iggy!- gritaba angustiado el joven de gafas -¡no te vayas!-.

-ahora debí de haber enloquecido- dijo Arthur llevándose una de sus manos hacia la frente. La voz del ex–americano volvió a escucharse ahora más fuerte -¡por favor iggy!-.

Cansado de sus alucinaciones con Alfred, el ingles decidió relajarse y apoyándose sobre uno de los barandales del barco, empezó a tomar aire. Desde lo lejos, vio como una gran silueta se acercaba al barco. El fugaz y tenue resplandor de la luna permitió saber de quién se trataba, grande fue su sorpresa al notar que se trataba del de gafas -¡Alfred!- grito -¡¿Qué haces aquí?- pregunto inclinándose sobre el barandal.

Alfred quien empezaba a fatigarse de tanto correr le contesto entrecortadamente -¿acaso…. Un héroe… no puede…. Salvar a …. Su …. Damisela en peligro…?- pregunto.

Arthur se sonrojo con la pregunta –you idiot!- exclamo -¡se supone que deberías estar cuidando a Matthew!-.

-Para tu información…. Mattie fue…. El de la…. Idea de… que yo… me encuentre…. Corriendo tras… un gran barco….intentando…. salvar a…. mi damisela en peligro….- respondió Alfred de manera agitada.

Definitivamente el ingles no comprendía. El había dado por sentado que debido a la repentina perdida de su bebe, Alfred decidiría compensar aquello quedándose para siempre junto a Matthew –no lo entiendo…- susurro mientras pequeñas gotas de agua brotaban de sus ojos -¡¿Por qué haces esto Alfred?- pregunto apoyándose mucho mas fuerte al barandal.

-¡porque…. Yo…TE AMO!- grito el ex –americano enfatizando lo último. Finalmente, con aquel último esfuerzo, cayó abatido sobre el muelle.

Arthur vio como su héroe caía agotado sobre el suelo de madera del muelle, sin embargo, después de haber escuchado aquella confesión, quedo aturdido, ahora no sabía que hacer, se encontraba en una gran encrucijada. De pronto, una firme mano se apoyo sobre su hombro –al parecer la vida te está dando una oportunidad de ser feliz- comento el capitán mientras observaba como Alfred intentaba reincorporarse –deberías aprovecharla blandengue- complemento.

Arthur volteo a ver a su capitán -pero señor…- intento contradecir, una parte de el tenía miedo de que al corresponderle al mayor, el destino hiciera de las suyas como lo había estado haciendo desde hacía ya bastante tiempo.

Lentamente Alfred fue poniéndose de pie y haciendo un gran esfuerzo, inicio a correr nuevamente tras el barco el cual se había adelantado varios metros y lentamente empezaba a dejar atrás el muelle -¡no te vayas iggy!- exclamaba intentando cambiar de parecer al menor.

El capitán al notar la gran indecisión del ingles, opto por tomar cartas en el asunto. Firmemente tomo al menor del cuello de su camisa y juntando todas sus fuerzas, lo arrojo hacia el muelle -¡que sea muy feliz pequeñín!- grito en señal de despedida -¡y no quiero verlo de nuevo por estos rumbos!- exclamo.

Arthur sorprendido por la acción de su capitán, no pudo darle contestación alguna, sin embargo, muy dentro de su corazón, le agradecía por haberlo ayudado a escoger lo que parecía ser, la decisión correcta.

-¡y usted autoproclamado HERO!- grito el capitán señalando a Alfred -¡si llega a hacerle algo malo a mi subordinado, iré a tomar represarías personalmente!- exclamo y posteriormente se giro, dirigiéndose hacia la cabina, después de todo, en aquella escena, el sobraba.

Alfred al ver como Arthur había sido lanzado hacia el muelle, empezó a correr cada vez más rápido -¡iggy!- gritaba.

Arthur empezó a sentir la fuerza de atracción de la gravedad y con ella, como poco a poco empezaba a descender directo al mar. Previendo un choque próximo contra los salvajes oleajes y el agua marina, puso ambos brazos cruzados sobre su rostro y cerrando sus ojos espero paciente la colisión.

-ya falta poco- se daba ánimos el de gafas, sin embargo, se dio cuenta que aquello junto con sus esfuerzos serian en vano ya que el ingles estaba a un par de metros de estrellarse contra el mar. Sin darse tiempo para pensar su siguiente movimiento, Alfred corrió mucho más fuerte y tomando impulso, salto lo más fuerte que podía -¡ahí voy iggy!- exclamo.

El ingles esperando estrellarse contra el mar, permaneció con sus ojos cerrados, sin embargo, al no sentir su cuerpo golpear el agua, abrió sus ojos y aparto sus brazos, al fijarse mejor, se dio cuenta que se encontraba de frente al rostro del mayor -¿Alfred?- pregunto asombrado.

-Yep- contesto sonriente –tu hero favorito llego al rescate- dijo. Por unos instantes, ambos permanecieron suspendidos sobre el aire, una gran atmosfera de tranquilidad los envolvió provocando una sonrisa boba en ambos.

Aun absortos en su mundo de ensueños, ninguno se fijo que estaban a unos centímetros de colisionar y cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. Una gran ola se hizo presente junto con el sonido hueco de los cuerpos al golpear el agua. Segundos después, ambos cuerpos emergieron de las profundidades.

-uff estuvo cerca- dijo aliviado Alfred.

Junto a Alfred, emergió Arthur –idiot!, ¿Por qué te arrojaste a salvarme?- le pregunto mientras flotaba entre las frías aguas inglesas. Alfred nado, intentando acercarse lo más posible al menor –porque un hero tiene que salvar a su damisela- contesto sonriente. Arthur cerro sus ojos e intento disimular el carmín que se difumino a través de sus mejillas –nademos a la orilla- ordeno mientras empezaba a nadar hacia la esta. Tras él, fue el de gafas las cuales estaban empapas y le impedían ver correctamente, sin embargo, aquello no era obstáculo para el mejor héroe de todos, así que continuo nadando, claro está, sin perder de vista a Arthur.


Ya estamos a un capitulo del final y quiero pedir disculpas publicas porque centre todas las cosas malas que me habian pasado en el pobre de Arthur (aunque he de admitir que gracias a eso la historia es lo que es) y ya es hora de que el sea feliz asi como todos los personajes de la historia. El siguiente capitulo es el final y terminara de forma alegre en lo que cabe. Intentare dejar abierta la relacion de Matthew y Francis y tambien, por ahi le habia prometido a woooaaaally ~ ~ (perdon, me gusta decirte asi jejeje) un final alternativo FRxUK que de hecho lo escribire despues de que termine de escribir el capitulo final. Si ustedes deseen que lo suba como un extra, lo hare con gusto, solo diganlo jejeje...

Pasando a otro punto, quiero hacer referencia al otro fanfic que estoy escribiendo, como les dije, va por el capitulo 19 y creo que seran como 21 o 22... es acerca de una promesa que se hace en le pasado (no se sabe quienes la hicieron) y ahora en el presente, se encuentran dos grupos de musica (una de Arthur y otra de Alfred), ambos, sobresalientes por el contenido de sus canciones y bueno, los lideres de cada grupo estan buscando a traves de su musica a esa persona... y es una cosa complicada donde llegas a pensar k Alfred busca a Arthur y viceversa pero conforme pasa el tiempo... te enteras de nuevas cosas y terminas con cara de "OMG eso no me lo esperaba" jajaja... aun estoy buscando que clasificacion ponerle y un summary x.x...

Y finalmente, gracias por sus comentarios y por ser mis fieles lectores k aguardan a que sea domingo para leerme. Enserio, estimo eso n.n. Saludos y nos vemos el proximo domingo para leer el final.

PD: por ahi me sugirieron hacer una tercera guerra mundial pero no... no lo hare x.x... aunque lo tuve en mente jajajaja...