Cap 29. El mejor regalo.
Este capítulo contiene escenas subiditas de tono...
Hermione y Severus se contenían la mirada en silencio, porque las palabras no hacían falta. Era la primera vez que se contemplaban realmente desnudos, tal y como eran en realidad. Habían desnudado el alma, lo más íntimo y valioso del ser humano, lo único que le hace ser tan especial.
Ahora le entendía mejor, Hermione sabía todo lo que había sufrido su marido en el pasado…
-No tenía ni idea Severus…- dijo, mientras clavaba sus pupilas en las suyas.
-¿El qué?- preguntó aún aturdido por las imágenes que habían invadido su mente, aún disfrutando de sentir dentro de sí un fragmento de su esposa.
-Lo de Lily… No sabía que la amas.
-Amaba. En pasado. – Severus la rodeó con sus brazos- Fue una persona muy importante para mí, no lo niego y pasé mucho tiempo amargado… pero a quien amo es a ti. No lo dudes jamás. Ya deberías saberlo. –Severus levantó su varita- ¡Expectro patronus!
De la punta de la varita de Severus, emergió una nutria, idéntica a la que invocaba Hermione. Se paseó alegremente por la habitación, haciendo círculos alrededor de la pareja, antes de desaparecer.
-¡Tu patronus Snape! ¡Cambió de forma!- dijo sorprendida la chica.
-Ahora comparto alma contigo y patronus… eres mi vida Hermione.
Snape pasó una mano por su cabello, observándola con verdadera devoción.
-¿No tienes miedo que Voldemort perciba que has enlazado tu alma con la de alguien?- peguntó de pronto, como una bofetada en la cara.
-No Hermione, esta es una magia que surge del amor. Ese engendro no tiene ni idea qué es eso.- Bajó la voz, como si temiera que alguien pudiera oírles- Ya sabes de qué es capaz, sólo un monstruo haría lo que ha hecho con su alma… - Luego se incorporó con una sonrisa sarcástica, deseando cambiar de tema. No le apetecía para nada desperdiciar su noche con ella hablando de aquel mierda.- Por cierto ya sabía que erais vosotros los que robabais ingredientes de mis aposentos…
-¡Snape! ¡De eso hace mucho!
-Y la próxima vez que me cruce con ese mentecato de Krum se acordará de mí…- dijo mientras recordaba con incomodidad el primer beso de Hermione. Su egocentrismo le había hecho pensar que habría sido con él, se había llevado una gran sorpresa al ver los recuerdos de quinto curso de Hermione. Al menos no había sido con ninguno de aquellos niñatos indeseables de San Potter y el zanahorio.
-Severus… ¡Que te puedo recitar de memoria toda tu lista de amantes y quedarme sola!
Snape se ruborizó, era lo malo de la ligadura de almas, que ella era conocedora también de sus secretos.
Se miraron fijamente, estudiándose con atención, aún era extraño acomodarse a esa nueva situación… era tan placentero sentirse amado, sentir dentro de tu propio cuerpo parte de la persona a la que más quieres.
Hermione pasó sus dedos por la cicatriz del rostro de su marido, rozando suavemente la yema de los dedos por su pálida piel. Ahora veía tan absurdas sus dudas, aquel rencor que la había arrastrado desde aquella noche que se había sentido tan engañada. Ahora que lo entendía todo, veía tan absurda su actitud. Severus había sido maltratado toda su vida, desde muy temprana edad por su padre, le habían seguido los compañeros de la escuela…nunca había tenido auténticos amigos. Y había cometido tantos errores en su vida… pero lo que más le gustaba de él era su determinación a enmendarse, quería rectificar sus errores, aunque el más grave lo tuviera grabado en su antebrazo. Pero él luchaba por su redención.
Hermione sentía que tenía algo muy grande por lo que luchar: Severus.
Se puso de puntillas y comenzó a besar la cicatriz de su mejilla, con minúsculos besos, perfilando su forma, hasta llegar a la comisura de sus labios. Hermione tomo su rostro entre sus manos y le besó en la boca, saboreándola, degustándola, recreándose en el profundo beso. Pudo sentir la lengua de su marido chocando con la de ella, en un duelo amoroso. Una sensación de quemazón le subió por el vientre, explotando en su interior.
Le deseaba.
Respiraciones entrecortadas, las manos de Severus recorriendo con delirio cada curva de su anatomía... Todo aquello encendía más y más su excitación.
Severus Snape cerró los ojos, quería concentrarse sólo en sentirla, en amarla también con su cuerpo. La chica tomó aire rompiendo su prolongado beso, oportunidad que aprovechó el hombre para surcar su voluptuoso cuello, pudiendo percibir el suave aroma a jazmín de su cabello. Le besó el cuello, succionando aquella delicada piel. Su esposa soltó un gemido agarrándole con más fuerza. Sin esfuerzo aparente la cogió en brazos, como si se tratase de una niña pequeña. No pesaba nada y la arrojó al colchón de la cama. La chica dejó escapar una leve risita, hizo un movimiento leve de varita, abriéndole de golpe todos los botones de la levita, haciendo sonreír a Severus, siempre la habían impacientado mucho. La chica lanzó sus zapatillas con desdén al suelo y le llamó con el dedo desafiante. Snape dejó caer de sus hombros la levita y la capa, adentrándose en las profundidades de aquella cama, gateando hacia ella. Fueron desprendiéndose del resto de sus prendas, quedándose desnudos por completo ahora: tanto en alma, como en cuerpo.
Snape yacía al lado de su reciente esposa. La contemplaba con fervor, cada curva de su cuerpo, cada lunar en su piel. Conocía aquel cuerpo tan bien, el cuerpo adorado de su pequeña. Bendita era su suerte que podía tenerla entre sus brazos. Desde la noche que le había hecho la cicatriz en la cara, había creído que la había perdido para siempre, que jamás querría escucharle... Y ahora estaba allí, con la mujer dueña de su alma y sencillamente no lo podía creer. La chica le besó con énfasis, percibiendo el hilo de sus pensamientos. Snape le acarició los pechos, mientras le lamía un pezón. Jugueteaba con el, mordisqueándolo, succionándolo repasándolo con su lengua. Hermione gemía de placer. Decidió ir más al sur… Deslizó su mano con suavidad al interior de sus muslos, donde aquel trozo de cielo desprendía calor a raudales. Severus apretó con avidez aquel botón de placer. Su mujer se estremecía a cada movimiento de su dedo, llenándola de gozo. Se inclinó y con la punta de lengua jugó con la parte más secreta de su cuerpo. La chica no pudo evitar proferir un grito. Él proseguía con lo suyo, ignorando sus voces, ignorando su temblor de piernas... Seguía degustando aquel néctar de mujer... así debían de saber los ángeles.
Snape se incorporó levemente, la chica tiraba de él. Snape se puso sobre su cuerpo, notando el pequeño cuerpo de su mujer bajo el suyo, Hermione le gritaba que la hiciese suya. Podía percibir su calor voluptuoso derramándose por todos los poros de su piel, excitándole como nunca. Se tendió suavemente sobre ella, haciéndose rogar, y en un movimiento certero, se introdujo dentro de ella, estremeciéndose de puro y mero placer. Hacerle el amor a Hermione, eso es lo único que quería hacer... durante toda la noche.
Besos, caricias... Snape empujaba en su interior. Comenzando con un ritmo apacible, descansado. Hasta que la excitación comenzó a impacientarle, llevándolo a un ritmo más frenético, cada vez más rápido. Rodaron por el colchón en múltiples posturas, como si libraran una lucha a cuerpo a cuerpo... Hermione sintió como le hormigueaba la entrepierna, subiéndole por el vientre, con fuertes calambrazos. Sus manos se aferraron a las sábanas, y gritó. Era el mayor orgasmo de su vida.
Las piernas las tenían entrelazadas bajo el peso de aquella ropa de cama, desmantelada completamente. Las sábanas y las mantas habían quedado desordenadas, mezcladas con aquellos dos cuerpos que prendían llamas en aquella vieja cama, que había cedido al segundo "asalto", rompiéndose las patas y cayendo al suelo. Pero ni se habían molestado en coger la varita y repararla. Aquella noche lo estaban empleando únicamente y exclusivamente para darse placer, para amarse bajo aquel derruido techo que los había cobijado de miradas hostiles.
-Severus...- dijo Hermione ronroneando como un gatito.
Snape profirió de sus labios un leve gruñido. Él estaba en forma, pero se notaba claramente que era mayor... necesitaba un poco más de tiempo para recuperarse de sus sesiones de amor con su mujer.
-He pensado que quizás... debería compartir ciertos conocimientos con Harry. Lo que sé ahora nos puede ayudar a derrotar a-quien-tu-ya-sabes. Además... creo que debería contarle lo que ocurrió con Dumbledore.
-¡No!- Dijo Snape incorporarse- Lo estropearás todo. Además no querrá escucharte. Él... no quiero que sepa ciertas cosas sobre mí Hermione.
-¡Pero seguro que mí me escucha! ¡Él siempre ha confiado en mí!
-Te voy a pedir una cosa Hermione. Puedes usar toda la información que ahora posees para derrotar al Señor tenebroso sin que se te note la fuente. No lo cuentes por ahora. Me pondrías en peligro...
-¡Estando al lado de esa víbora ya estás en continuo peligro! ¡Sé como te castiga Severus! ¡No quiero que siga haciéndolo! ¡Quiero que te vengas conmigo!
-¿Sabes que tu amigo Potter me mataría sólo con verme? Dejémoslo por ahora todo como está. No te preocupes por mí, ya sabes que siempre sobrevivo... mala hierba nunca muere ¿Recuerdas?- Hermione dejó de escapar una sonrisa de sus labios- Pero prométeme algo...
La chica aguardó con la mirada.
-Ayuda a Potter en todo lo que esté en tu mano. No dejes que el señor tene... ese cabrón, se salga con la suya.
Hermione asintió con la cabeza.
-¡Y ni una palabra de lo que sentía por Lily a Potter!
La chica hizo el gesto como si se cerrase los labios con una cremallera invisible.
El alba golpeó aquellos sucios cristales, aún se hallaban despiertos, no habían querido desperdiciar ni un minuto de su tiempo juntos, en algo tan banal como dormir. Además Severus no lo había echado en falta. Después de pasarse media vida entre noches insomne, le parecía un desperdicio dormir si tenía a semejante criatura a su lado. Desconocían cuando sería la próxima vez que pudieran estar juntos, así que habían invertido su tiempo en hablar en susurros, reír, acariciarse, besarse... hacer el amor. Por desgracia el reloj corría en su contra, llegaba la hora de marcharse...
Hermione sentía que aquella noche, Severus le había hecho el mejor regalo de su vida.
Lo que no sabía aún es que así era...
Lloros, sollozos que se escapaban bajo el vano intento de controlarse. Hermione no pudo evitarlo, las lágrimas surcaban sus mejillas a pesar de que Severus le prometía que pronto volverían a estar juntos, que era un mero "Hasta luego". Además, sólo tenía que concentrarse para poder percibirle, para notarle. El momento de decir adiós fue muy duro, a pesar de sus palabras. No quería despedirse de su marido. No quería dejarle ir, y menos en las compañías que no le quedaba más remedio que frecuentar. Sentía temor por él. Con el pulgar acariciaba su alianza mágica de casada, mientras veía como su capa hondeaba ya a lo lejos. Severus se volvió por última vez para decirle adiós agitando una mano.
Hola a todas/os
Hasta aquí un nuevo cap. Lamento si esperabais un lemmon, pero ya sabéis que yo no escribo del todo bien esas escenas. Mujajajajaja. Me cuestan mucho...en serio.
Comenzamos ya la final del fic... ¡comienza la batalla contra el psicópata viborino! Jejejejejejejejejejeje
Gracias a todos los que leéis este fic, vosotros hacéis que tenga ilusión por esta historia.
Besiños para todos. ¡Sois estupendos!
Anita Snape
