Bueno, primero que nada, mil disculpas por actualizar hasta esta hora... enserio, lo lamento.
Ehm... Hetalia no me pertenece, sino a su guapo y sexy creador (¡porque si es guapo eh!)
Disfruten del capitulo final:
CAPITULO 18. EL FINAL O ¿UN NUEVO INICIO?
Francis, quien había sido ignorado de la hermosa escena que acababa de acontecer, desde el muelle, presencio todo el espectáculo que sucedió entre Alfred y Arthur con lujo de detalle. Ahora, al ver que ambos se encontraban nadando hacia la orilla, decidió tomar cartas en el asunto. Sin prisa ni apuro, tomo prestado una pequeña lancha de motor, con gran tranquilidad la encendió y se dirigió al encuentro con ese par de tontos. Elegantemente sostenía una de sus manos sobre su cabeza, intentando no despeinarse, mientras con la otra, manejaba el motor, el aire salado mecía sus suaves hebras provocando que algunas chocaran contra sus ojos, sin embargo, eso no le impedía de continuar. Después de varios metros, logro vislumbrarlos –¡Arthur, Alfred!- exclamo para que ambos lo escucharan al tiempo que alzaba uno de sus brazos, provocando que el rebelde viento helado despeinara sus rubias hebras.
Ambos rubios, aun flotando en las frías aguas inglesas, agitaron sus brazos en señal de haberlo escuchado y posteriormente iniciaron a nadar directo a la lancha. Minutos más tarde, tanto Arthur como Alfred se encontraban cansados y jadeantes debido al esfuerzo.
-Thank you wine bastard- agradeció Arthur. Alfred simplemente asintió con su cabeza, le faltaba el aire para agradecerle de manera verbal. Por su parte, Francis se dedico a observar a ambos mientras afilaba la mirada –que poco aguante han desarrollado con el paso de los años- comento –definitivamente no aguantaran una noche de amour con esa condición física que tienen- una sonrisa lasciva nació de sus labios y adorno su rostro.
Tanto Alfred como Arthur se sonrojaron estrepitosamente -¡no digas eso!- regaño el ingles –mejor pon en marcha la lancha- ordeno. Y tras haber escuchado la orden, el francés arranco el motor y encamino la lancha hacia el muelle.
Ya en el muelle, los tres ascendieron hasta este a través de unas improvisadas escaleras que el ingles había hecho con sogas. Francis sabiendo que ambas naciones necesitaban discutir varias cosas, decidió dejarlas solas con la excusa que necesitaba verse en un espejo para comprobar si el aire salado no había afectado la sedocidad de su cabellera, suficiente tenia con que lo haya despeinado -au revoir~- tarareo suavemente mientras se alejaba del lugar.
En cuanto el francés dejo la escena, ambos se miraron fijamente -¿lo decías enserio?- pregunto el ingles en un hilillo de voz –lo de que tu… ya sabes…- dijo sonrojándose.
-¿Qué TE AMO?- pregunto el de gafas en un tono casual y simple.
Arthur asintió con la cabeza aun con sus mejillas sonrojadas. El ex-americano se agacho intentando quedar de frente con el ingles –don´t be silly- le regaño, no obstante, su semblante se mostraba suave -¿acaso no te quedo claro ese día en casa de Italia del Norte?- pregunto.
-si… pero…. Yo pensé que después de lo que había ocurrido con Matthew… tu….- empezó a explicarse el ingles, sin embargo, los cálidos y dulces labios del mayor le impidieron continuar. Dejándose llevar por aquella desbordante pasión, el menor se sujeto del cuello de Alfred, profundizando así cada vez mas aquel beso el cual podía jurar, tenía un rico sabor a panqueques, mentas y sal.
Lentamente Alfred fue separando sus labios de los del ingles y aun con su semblante suave, continuo frente a este –nunca pienses por los demás- comento mientras acariciaba los rubios y empapados cabellos de este.
Arthur soltó el agarre que minutos atrás había creado y se aparto del mayor -Alfred… ¿Qué pasara con la alianza Américo-Canadiense?- pregunto desviando ligeramente su mirada.
El de gafas se limito a sonreír –en estos momentos Mattie ha de estar encargándose de todo eso- comento sabiendo lo eficaz que podía llegar a ser su hermano –después de todo, el es mi mellizo- agrego al tiempo que guiñaba su ojo izquierdo.
El ingles se sonrojo por aquel guiño de ojos, ver al de gafas comportarse de aquella manera le impresionaba -creo que mejor vamos al auto- dijo intentando olvidarse de todos esos temas que le traían malos recuerdos.
Gentil y caballerosamente Alfred extendió su mano en signo de reverencia –me permite su mano mi joven señorito- dijo intentando sonar tan caballeroso como lo era el ingles, sin embargo, en vez de recibir la mano de este en respuesta a la petición, recibió una risita burlona. Alzando su rostro, el de gafas observo los gestos del menor, aquellos de los cuales se había enamorado. Aprovechándose de la situación, Alfred tomo al ingles y lo alzo al estilo novia. Los gritos de protesta del menor junto con unos golpecitos en su pecho se hicieron presentes, sin embargo, eso no lo desanimo de seguirlo cargando en esa posición, al contrario, provoco en él una gran necesidad de apresar los labios de aquel revoltoso ingles y sin dudarlo, le robo un beso provocando que las protestas cesaran.
Mientras tanto, el francés había llegado al auto. Tranquilamente abrió la puerta del lujoso mercedes –ese Arthur, nunca le pone seguro a su auto- susurro con una nostálgica sonrisa –algún día se lo robaran-. Calmadamente se sentó sobre el suave y mullido asiento del copiloto y posteriormente saco un pequeño celular del bolsillo de su saco –siempre hay que estar precavido- comento mientras marcaba a un numero que se sabía casi de memoria –Bon soir, ¿Mattheu?- saludo.
Del otro lado de la línea, la tartamudeante voz del ex–canadiense respondió suave y dulcemente. Francis aspiro elegantemente el aire a su alrededor, intentando capturar la dulzura que emanaba de las palabras del menor –Alfred logro salvar a Arthur- comento con un tono de tristeza en sus palabras. Del otro lado, se escucho un suspiro ahogado y después, varios segundos de silencio –y por lo que veo, no pierden el tiempo- dijo divertido mientras observaba desde su asiento, como las sombras de aquellos dos se fundían en una sola. Una risita pervertida salió de su boca, sabía que esos dos estaban necesitados de amor.
-Merci France- por fin hablo el chico amante del maple, sacando al francés de su trance –se que tu amabas a England y haber reprimido tus sentimientos solo para que mi hermano y el sean felices… lo aprecio-.
Por unos instantes, un nudo se formo en la garganta del francés –no tienes que agradecer- susurro –después de todo, soy el país del amour y si mon amour Arthur es feliz, yo también lo soy- nuevamente lagrimas querían brotar de sus ojos –además, el amour no solo se trata de dar y recibir, a veces también se trata de dejar libre y comprender al que no te ama- finalmente, una solitaria lagrima resbalo por su mejilla izquierda, le dolía perder para siempre a su amado ingles. Matthew nuevamente se quedo callado, no quería darle palabras de consuelo al mayor, ni tampoco quería decir algo que lo hiriese mas –dime mon petit, ¿Cómo vas con el asunto de la alianza?- pregunto el francés, intentando desviar el tema inicial.
-Bien, en estos momentos nuestros mandatarios están haciendo los movimientos necesarios para romper la alianza- respondió tranquilamente. Del otro lado de la línea, se pudo escuchar como el francés suspiraba de orgullo –ese es mon petit, siempre tan capaz- dijo orgulloso. El ex-canadiense frunció los labios –no me digas así- le cayó –no soy ton petit- aclaro con un tono severo en sus palabras. Francis se quedo en silencio, no entendía lo que ocurría últimamente con Matthew –France, no eres el único que abandono a la persona que mas amaba solo para hacer feliz a otra- la voz del chico se oía quebrada y llena de dolor.
-¿a qué te refieres con eso?- pregunto el francés, entendiendo que después de todo, no conocía en su totalidad al menor. Un silencio sepulcral se hizo presente en la línea, solo se escuchaban pequeños quejidos producto de las lagrimas -¿Mattheu?- pregunto, temiendo que este le hubiese colgado.
Matthew se limpio las lagrimas que inconscientemente brotaron de sus ojos y se aclaro la garganta –lo que quiero decir es…- dudo en confesarlo, temía que el mayor lo tomara a mal. Nuevamente, la voz interrogante y ahora preocupada del francés se escucho a través del auricular. El chico amante del maple, no se pudo contener mas, había estado guardando todos esos sentimientos desde hacía décadas o quizás siglos –JE T´AIME FRANCE!- exclamo firme y claramente.
Francis escucho impactado la confesión de amor del menor quedándose estático por algunos segundos. Del otro lado, Matthew esperaba una respuesta pero en cambio, solo escucho el pitido del teléfono al ser colgado –lo siento Mattheu- susurro el francés mientras veía de forma triste el teléfono en el que segundos atrás había hablado con él –soy demasiado impuro para tus puros sentimientos de amour-.
Semanas más tarde, la alianza Américo-Canadiense se disolvió alegando que ambas naciones por si solas eran demasiado poderosas para continuar juntas lo cual dejo a muchas personas decepcionadas. En el transcurso de esas semanas, Alfred decidió permanecer en casa del ingles para recuperar el tiempo perdido y ponerlo al tanto de varias cosas, entre ellas, le explico todo lo que había ocurrido, incluso, que había utilizado a su hermano, como una forma de olvidar sus sentimientos hasta el. El de ojos esmeraldas escucho atentamente la historia y las situaciones que había vivido el americano, no obstante, saber que su amado estuvo a punto de tener un hijo con alguien que no era él, le hacía doler el corazón –Alfred, si tu no amabas a tu hermano, ¿Cómo es que quedo embarazado de ti?- surgió la pregunta al aire, los ojos del demandante lucían opacos y tristes.
Alfred se tenso un poco –bueno, es que eso fue causa del alcohol- confeso –realmente no sé que me paso ese día, solo sé que TODO me recordaba a ti- un ligero rubor se expandió sobre sus mejillas, era un poco vergonzoso confesar aquello.
-Tengo que confesar que a mí también me paso lo mismo- comento el ingles, intentando crear empatía con el mayor mientras que en su interior, su corazón latía de gozo al saber que el de gafas no procreo queriendo hacerlo y más que nada, sabiendo que lo hizo pensando en el –tuve una aventura con un sujeto casado que se parecía a ti- ahora él era el que estaba apenado y sonrojado.
-¿tú también?- se escucho la voz incrédula y sorprendida del americano. Arthur asintió –fue con un sujeto que conocí en el bar de un hotel aquí en mi pais- dijo algo avergonzado.
-¡que coincidencia!- exclamo Alfred, no creyendo lo que acababa de decir –a mi me ocurrió lo mismo-. Rápidamente ambos rubios empezaron a analizar la confesión del otro –oh fuck!- exclamaron al mismo tiempo, dándose cuenta que la aventura que tuvieron, fue con ellos mismos. Tanto el ingles como el americano se voltearon a ver de manera avergonzada, sin embargo, todo eso se desvaneció al mirarse fijamente; unas risas empezaron a surgir de sus labios, no creían como el destino había actuado con ellos.
-¿enserio eras tú ese sujeto tan atrevido y sexy?- hablo primero el de gafas. El ingles asintió –fue idea del wine bastard- dijo encogiéndose de hombros. Alfred dejo de reír –entonces, ese sujeto que se parecía a mi…. ¡ERA EL!- exclamo impactado, el color de su piel se desvaneció, dejándola blanca. Ahora el que reía era Arthur –obvio idiota- se limito a contestar. El mayor decidió olvidar eso ultimo y se unió a las risas del menor, posesivamente lo rodeo con su brazo izquierdo y lo acerco a su rostro -¿no quieres experimentar otra aventura?- le interrogo. Arthur cerró sus ojos –solo si es contigo- susurro y posteriormente sello sus labios con los del mayor.
Matthew por su parte, ahora ya recobrado totalmente de todo lo que había sucedido, excepto del aparente rechazo por parte del francés, se reinstalo en su vieja casa y ahora feliz, pasaba sus días junto a su oso blanco. Francis quien después de ver como su mejor amigo y rival por fin había encontrado la felicidad con esa persona especial, decidió retirarse a su casa –l´amour~ - tarareaba feliz de ver a ese par por fin juntos, sin embargo, aun existía en el esa parte de querer ser el único en el corazón del ingles, además de que, aun existía un conflicto interno, referente a la confesión que había recibido por parte del canadiense.
Una mañana después de una ardua noche de acción en casa del americano, Arthur se encontraba tomando té en la cocina, pronto, el sonido de las pisadas de Alfred al bajar las escaleras se hicieron presentes -¿vas a querer desayunar?- pregunto.
Alfred aun adormilado empezó a balbucear –mmmngh si p´ro q´e nghno s´a alg´ h´echo p ´r ti- (si, pero que no sea algo hecho por ti).
-ingrato- murmuro el ingles al escuchar la respuesta de su pareja –y todavía que te lo ofrezco amablemente- empezó a refunfuñar mientras se servía una nueva tasa de te.
El americano al notar que había hecho rabiar al ingles, intento cambiar la conversación –hey iggy, ¿Qué te parece si salimos a desayunar fuera?- propuso.
Arthur alzo una de sus cejas y volteo a ver al mayor –supongo que a un mcdonals- dijo sabiendo que posiblemente esa sería su respuesta.
Alfred negó con la cabeza –no, estaba pensando en ir a un restaurant, ese que tanto te gusta- comento sentándose frente a Arthur.
-¿enserio?- pregunto incrédulo el ingles -¿acaso vamos a celebrar algo especial?- cuestiono debido a que generalmente el americano lo invitaba a comer a esos lugares solo cuando celebraban cosas especiales o importantes.
-No- respondió Alfred -¿acaso tiene que haber motivo para ir allá?- pregunto un tanto ofendido por la poca credibilidad que tenia ante su pareja.
Aun sin creerle, Arthur finalmente acepto, claro está, no para ir a desayunar, sino mas bien, para ir a cenar. Alfred cedió ante la petición y alegando que tenia junta de trabajo, se cambio y marcho de la casa dejándolo solo.
Mientras tanto, en casa de Matthew, este se encontraba junto con su osito blanco disfrutando de un gran y balanceado desayuno de panqueques con miel de maple. Pronto, el golpeteo incesante en la puerta, hizo que este dejara de comer y fuera a ver de quien se trataba, grande fue su sorpresa encontrar a Alfred frente a la puerta de su casa.
-¡tienes que ayudarme Mattie!- exclamo el americano tomando a su hermano de los hombros y adentrándose a la casa.
-¿ayudarte en que Al?- pregunto el canadiense al ver la urgencia con la que se expreso su hermano.
-Quiero pedirle a iggy que forme una nación conmigo – contesto.
Matthew abrió su boca en signo de admiración, sin embargo, accedió a ayudar al americano. Ahora los dos se encontraban desayunando panqueques en la mesa de la cocina –y bien, ¿tienes pensado algo en especial?- pregunto.
-P´r sp´est´- (por supuesto) respondió Alfred con la boca llena mientras sus ojos se iluminaban. El canadiense se tenso un poco, esa luminosidad en los ojos de su hermano demostraban que sería algo grande.
Cuando llego la noche, Alfred junto con Arthur partieron hacia el restaurante. En el camino, comenzaron a pelearse por las estaciones de radio –¡yo no quiero escuchar a Miley Cyrus!- expreso el ingles mientras le cambiaba de estación a la radio.
-hey!- bufo infantilmente el de gafas mientras le daba un pequeño manotazo a Arthur –no quiero escuchar a Coldplay-. Ambos se vieron con miradas serias, ninguno quería ceder a los gustos musicales del otro –esto es una guerra…- susurraron ambos a la vez mientras se daban pequeños manotazos. Y cuando finalmente llegaron a su destino, ambos traían sus ropas arrugadas y maltratadas, afortunadamente, aprovecharon el estacionamiento para acomodarse las prendas.
-Llegamos- anuncio Alfred mientras extendía ambos brazos.
Arthur rodo los ojos –si no me lo dices, no me entero- comento con su clásico tono sarcástico. El de gafas no captando el tono de las palabras del menor, simplemente sonrió y lo encamino a la entrada.
En la entrada del restaurant, se encontraba un joven quien confirmo la reservación y los llevo hacia sus lugares. La pareja atravesó un pequeño vestíbulo decorado hermosamente de rosas blancas y rojas, posteriormente, atravesaron las mesas que yacían vacías –reserve el restaurante totalmente para los dos- susurro Alfred un poco orgulloso de aquello mientras Arthur recorría con la mirada el lugar que no importase cuantas veces fuera, seguía impresionándolo. Cuando llegaron a su mesa, el joven les señalo sus lugares y posteriormente se marcho, no sin antes desearles una agradable cena, ambas naciones se sentaron y esperaron la llegada del camarero que tomaría su orden.
-¿Qué van a ordenar?- se escucho la voz seca y hostil de camarero que tenía un prominente acento alemán.
El ingles viendo atentamente la carta, empezó a ordenar -bueno a mi me gustaría un…..- la frase se corto ya que se do cuenta que su mesero se trataba de un sujeto sumamente idéntico a -¿Alemania?- pregunto.
Alfred intento distraer a Arthur –no no, el no es Alemania- empezó a contradecir al ingles de manera nerviosa –mesero, pediremos pasta, sopa, bistec y lo mejor que tengan de postre- dijo guiñándole el ojo.
Arthur al ver como Alfred le guiñaba el ojo al camarero el cual tenía un gran parecido a Alemania, se lleno de celos y no soportándolos, golpeo fuertemente en la cabeza al americano.
-¿Por qué hiciste eso iggy?- pregunto Alfred con su voz chillona y llena de dolor mientras se masajeaba el área afectada.
-Por infiel- se limito a contestar el ingles al tiempo que ladeaba su cabeza hacia arriba y la ponía de lado. El de gafas, dejo de sobarse donde minutos atrás el menor lo había golpeado y se acomodo nuevamente en la silla, sonriendo de sobremanera.
Minutos más tarde, llego otro camarero, ahora idéntico a Italia del Sur, acompañado de uno idéntico a España –aquí tienen su estúpida comida- dijo molesto al tiempo que colocaba los platos de forma desinteresada –y más les vale que me dejen una buena propina- ordeno, aunque más bien sonaba a amenaza, posteriormente abandono la escena junto al otro mesero que se le arrimaba de manera melosa.
Arthur ahora estaba confuso -¿acaso ese no era Italia del Sur y España?- pregunto tan pronto como los camareros se alejaron.
-No no, estas alucinando- respondió Alfred nervioso intentando desviar el tema.
Ahora ambos empezaron a comer los platillos que Alfred había pedido, sin embargo, el ingles noto algo peculiar en estos –Alfred…. ¿Soy yo o toda la comida es pasta?- pregunto nuevamente.
El americano se atraganto por la pregunta y dándose pequeños golpecitos en el pecho regreso a la normalidad -¿enserio?- comento sin ningún tono de sorpresa –no me había dado cuenta- agrego intentando sonar escéptico. El ingles se encogió de hombros y decidió atribuirlo a la locura que alegaba Alfred.
Minutos más tarde, después de haber terminado el entremés y el plato fuerte, un nuevo mesero traía el postre especial del restaurant.
-Aquí tiene su postre- hablo amablemente el mesero al tiempo que lo colocaba frente al ingles.
El ingles se recreo la pupila con el postre que estaba siendo colocado frente a sus ojos y en acto de gratitud, volteo a darle las gracias al mesero -muchas gra….- dijo, sin embargo no termino la oración debido a que su mesero se parecía a -¿Matthew?- pregunto atónito.
-JAJAJAJA- empezó a reír estruendosamente Alfred intentando llamar la atención del ingles –es una coincidencia iggy- empezó a decir mientras se levantaba de la silla y le daba pequeñas palmaditas en la espalda al mesero -¿no es verdad?- pregunto nerviosamente mientras el menor asentía y se retiraba corriendo del lugar.
Ahora Arthur empezaba a sospechar del americano, sin embargo, prefirió dejarlo con el don de la duda y centro su atención a ese fabuloso y exquisito postre el cual coincidentemente era su favorito, un pudin ingles llamado "Queen of puddings". Dispuesto y listo para comer ese asombroso postre, tomo una pequeña cucharita y cuando estaba a punto de enterrarla sobre el postre, la voz de otro camarero se hizo presente.
-Bon nuit jóvenes llenos de amour- hablo esa voz con el más puro acento francés –nos complacería mucho si ustedes aceptaran que el personal les dedicase una hermosa canción- dijo guiñándole el ojo al ingles quien no se percato de aquello.
El americano asintió efusivamente con la cabeza y el ingles, se limito a suspirar sabiendo que tendría que aguantar a que ese sujeto terminara de cantar para poderse comer su postre. La grave y viril voz del mesero francés empezó a sonar junto con una melódica y lenta canción de fondo que era proporcionada por un fino piano, pronto, el ritmo de aquella canción empezó a hacerse cada vez mas acaramelada y junto con esta, los toqueteos desvergonzados de aquel camarero. Sintiéndose demasiado acosado, Arthur decidió confrontar a ese sujeto, sin embargo, este lucia como -wine bastard?- pregunto ahora mucho más confuso.
-oh mon dieu, no se a quien te refieres- dijo el camarero intentando sonar sorprendido mientras se llevaba una de sus manos hacia la boca –seguramente busca una excusa para aprovecharse físicamente de este humilde servidor- empezó fingir que sollozaba mientras sacaba un pañuelo y lo mordía fuertemente y agitaba su cabeza de un lado al otro –oh Monsieur, si desea desquitar sus bajos instintos acumulados debido al poco desempeño sexual de su pareja, ¡estoy a su servicio!- exclamo con la voz más dramática posible mientras se arrancaba su uniforme y extendía sus brazos hacia el menor.
El ingles ahora molesto y avergonzado, no se contuvo mas -¡¿es que todos están fingiendo?- grito –and for the queen! wine bastard, ¡ponte algo!- ordeno mientras le arrojaba una de las rosas que estaban puestas en el centro de mesa.
Francis suspiro –que aguafiestas eres angleterre-dijo llevándose ambas manos hacia los costados al tiempo que mostraba orgullosamente su rosa censuradora.
Arthur empezó a observar a los presentes, todos eran naciones, desde el que tocaba el piano hasta el cocinero y finalmente, poso su mirada en su acompañante –Alfred, me puedes explicar ¿Qué sucede aquí?- ordeno cruzando sus brazos y mirándolo de forma acusadora.
Alfred entrelazo nerviosamente ambas manos –es que quería darte una sorpresa- confeso un tanto apenado, mientras una tímida sonrisa se asomaba por sus labios.
-¿sorpresa?- repitió el ingles un poco sorprendido mientras bajaba sus brazos.
El americano tomo entre sus manos el postre y se lo extendió -muérdelo- le sugirió aun con esa sonrisa tan tímida.
El ingles miro sospechosamente al mayor, sin embargo, accedió a hacerlo. Lentamente se acerco al pudding y le dio una pequeña mordida, sin embargo, en cuanto poso sus dientes sobre aquel exquisito postre, logro sentir algo duro y atravesado en este. Cuidadosamente extrajo el objeto que se hallaba dentro y se lo coloco en la palma de la mano. Los ojos del ingles se contrajeron y un gran sonrojo empezó a asomarse sobre sus mejillas.
-¿Te gustaría formar una nación conmigo?- se escucho la voz ahora seria del americano.
Arthur miro el pequeño anillo que yacía sobre la palma de su mano y posteriormente observo el rostro serio del americano. Una ola de sensaciones desde la vergüenza hasta la alegría empezaron a inundarlo y efusivamente empezó a agitar su cabeza de arriba abajo –I do Alfred!, I do!- contesto en un hilillo excitado de voz.
Las naciones presentes empezaron a gritar y aplaudir felices de que por fin el ingles sería feliz. Francis al ver que su participación había terminado, se giro y empezó a alegarse de la pareja mientras que la sonrisa que una vez adorno sus labios empezaba a desaparecer –l´amour ~ l´amour~- tarareo silenciosamente. Pronto, una suave y cálida mano detuvo su caminar –espera France- dijo una tímida y pequeña voz. Francis volteo a ver de quien se trataba, haciendo que su mirada se posara en aquella persona -¿Mattheu?- dijo sorprendido. El canadiense sonrió tímidamente mientras soltaba la mano del francés –merci …. por todo lo que hiciste por Al y England esta noche- expreso de corazón.
El francés cerro sus ojos y sonrió cálidamente –no hay de que petit Mattheu- respondió girándose y encaminándose hacia la puerta pero nuevamente, la cálida mano del canadiense lo detuvo, ahora sujetando la suya fuertemente –déjame estar a tu lado- suplico con sus ojos cristalinos. El francés aparto su mano y la poso en el suave rostro del canadiense -¿no te importa estar con alguien tan impuro como yo?- le cuestiono.
-Non- dijo firmemente el menor mientras movía frenéticamente de un lado al otro la cabeza, posteriormente clavo sus ojos en los del mayor –no me importa porque tú no eres un ser impuro, alguien tan bueno como tú no podría serlo- admitió. Por un instante, los ojos azules del francés se contrajeron, las sinceras palabras del menor lo hacían sentir bien. Una leve sonrisa broto por sus labios y posteriormente se volvió a encaminar hacia la puerta –angleterre está anclado de por vida en mi corazón- confeso.
Matthew agacho la cabeza, nuevamente era rechazado -¡no me daré por vencido!-exclamo mientras apretaba fuertemente sus puños. Francis se detuvo y la leve sonrisa se amplio, posteriormente volteo a ver al menor –eso quiero verlo mon amour- comento mientras le guiñaba el ojo –será divertido ser cortejado para variar- confeso mientras reía elegantemente y se retiraba finalmente de la escena. El canadiense observo cómo este desaparecía tras la puerta –l ´amour…- susurro con una sonrisa en sus labios, al parecer el mayor le estaba dando una oportunidad.
Mientras tanto, Alfred reía estruendosamente al tiempo que cargaba al ingles. Las naciones reían y otras platicaban pero todas alegres por el desenlace de aquella historia que se venía tramando desde hacía siglos atrás.
-¡Bájame!- se quejaba el menor quien estaba suspendido sobre el aire.
-No hasta que me lo digas- contesto Alfred con una gran sonrisa traviesa.
Sujetándose del cuello, el ingles se acerco hacia el oído del mayor –TE AMO… idiota- le susurro con un gran sonrojo en sus mejillas.
Ahora feliz con lo que quería escuchar en un principio, Alfred atrajo al ingles para finalmente unirse en un cálido y gentil beso.
FIN
Notas: http: /parquestrit. blogspot. com/ 2006/ 05/ cocina-inglesa-y-iv-postres. html
Y con esto, llegamos al final de esta hermosa historia de amor, realmente, muchas gracias por haberme seguido hasta el capitulo final, mas que nada, felicidades a ustedes por aguantar tanto drama y giros argumentales. Espero se hayan reido, llorado, enojado, divertido, etc asi como yo lo hice cuando escribi el fanfic. Agradesco a las ideas que me brindaron, intente ponerlas todas de una forma digerible en la historia y mas que nada, espero el final haya sido de su agrado, me esforce haciendolo solo para ustedes.
Finalmente, aunque me duele finalizar una historia como la que fue esta, se que esta es el final de algo para el principio de algo nuevo, talvez por eso escogi ese titulo y bueno, suena tonto, pero quisiera dedicar el fanfic a mi pequeño Lans, mi niño lindo con complejo de mamitis aguda (tenia 10 años y aun dormia conmigo x.x), mi pequeñito que nunca supe de su paradero, aun lo extraño T_T, no hay dia que no piense en el, espero que donde quiera que esa gente se lo haya llevado, este bien y sea feliz u_u...
Y bueno, el final FRUK aun lo estoy escribiendo, asi que lo tendre como para ... supongo el 30 de Julio, aguanten hasta esa fecha, si lo tengo antes, lo subo. Hasta entonces, nos vemos...
