CAPITLO 19. ¿Y EL FRANADA?

Habían pasado algunos años desde que Alfred le había pedido al ingles formar una nueva nación a su lado y este había aceptado gustoso; ahora, todo era paz y tranquilidad, a excepción que ese par, se encontraba aun viendo los tramites de su alianza que, comparada con la Américo-Canadiense, esta era más complicada por ciertos problemas. Matthew quien después de haberle expresado sus sentimientos de amor al francés, no había sido ni rechazado ni aceptado por este, los meses siguientes, intento acercarse mas y mas al mayor, expresándole su amor con gestos tiernos y acciones convincentes que estuvieran a su alcance, sin embargo, en cada oportunidad que tenia, el francés le daba un revés a aquello mientras se alejaba riendo elegantemente.

Harto de la situación que se acontecía de un tiempo para a actualidad, Matthew se animo a hacer una visita el país del francés, claro está, sin avisar. Acababa de llegar a la terminal aérea de la nación del amor, con su oso en un brazo y su maleta en otra, avanzo a través del mar de gente, evitando golpear y se golpeado por esta –vas a ver France, esta vez corresponderás a mis sentimientos- decía decidido. Al llegar a la estación de taxis, el chofer le abrió la puerta y este subió primero a su oso, posteriormente se subió él y le indico al chofer que lo llevara al hotel más cercano a la casa del francés. En el camino, vio a través de la ventana el hermoso paisaje que ofrecía la ciudad más hermosa y romántica del mundo, un suspiro se escapo a través de sus labios y cerrando sus ojos, empezó a remembrar el plan que había empezado a planear hacia tan solo unas semanas atrás, tan solo después de que le había recientemente fallado uno.

El mes de Octubre estaba finalizando y con ello, el viento frio empezaba a hacerse presente, las hojas de maple tan características de su país adornaban el hermoso cielo claro. La escena que acontecía era una de película, lástima que lo que sucedía no. Bajo uno de los arboles más grandes que se hallaba cerca de la casa del canadiense, se encontraba este con el francés. Matthew sostenía un ramillete de flores de lys con una mano y un empaque que llevaba dentro un exquisito vino blanco, producido únicamente en su país y que destacaba de entre todos por su inigualable sabor, dulzor y color en la otra –quisiera que probaras lo mejor de mi viñedo- dijo un poco nervioso y sonrojado. El francés tomo entre sus manos el vino –merci beaucoup- agradeció mientras lo inspeccionaba –cosecha de 1900 eh- comento impresionado que el menor tuviera de esa época. El canadiense, saco un destapa corchos en forma de maple de su bolsillo derecho y se lo extendió –pienso que deberías probarlo- aconsejo mientras se lo entregaba.

-piensas bien Mattheu- dijo elegantemente –pero no es el momento ni el lugar para beberlo, pardon- se disculpo mientras se colocaba el empaque bajo el brazo –la abriré en la casa- atino a decir mientras le hacia un gesto al menor de retirarse. Matthew suspiro y agacho la mirada, el plan no había resultado –esta bien- susurro. El chico se quedo varios minutos de pie frente a aquel árbol –y pensar que todo iba tan perfecto- nuevamente suspiro –si tan solo lo hubiese abierto-.

El taxi se detuvo frente a un elegante hotel ubicado en la zona más lujosa de Paris –incluso tus hoteles se parecen a ti- comento apreciando la belleza de este. Después de admirar la fachada, ingreso dentro del edificio, a su lado, caminaba Kumajirou. Pronto, uno de los botones, un joven elegantemente vestido y bien parecido corrió hacia el –¿le ayudo con su equipaje señor?- dijo mientras prácticamente se lo arrancaba de las manos; sin tener otra opción, Matthew dejo que el botones le llevara la única maleta que traía consigo. Cuando llego a la recepción, una señorita igual de elegante le atendió -¿reservación?- le interrogo.

-eh… si- dijo un poco nervioso –a…a nombre de… Al…Alfred Jo…Jones- mintió, no quería que el francés se enterara que estaba en su país, así que la reservación la hizo a nombre de su hermano, después de todo, el no se enteraría y nadie se daría cuenta, total, era su mellizo.

-bien señor Jones, aquí tiene- dijo extendiéndole la llave de su habitación –que tenga feliz estancia- dijo amablemente. Matthew asintió levemente y se retiro, siendo perseguido por el botones y su oso.

Horas más tarde, el canadiense había terminado de instalarse en la habitación y con el tiempo justo, empezó a repasar nuevamente su plan –Kumiyumi, ven, vamos a repasar el plan- le ordeno gentilmente mientras le hacía señas para que se acercara. El gran oso blanco camino lentamente hacia su amo y cuando estuvo frente a este, se subió sobre la cama donde este se encontraba acostado. Ahora los dos veían una gran hoja de papel con garabatos y palabras extrañas en quebequoi –bien, primero haremos esto y luego esto, pero en caso de que esto falle, haremos aquello y si eso no funciona, haremos esto otro- empezó a señalar cada garabato mientras su mascota asentía –y aquí entraras tu kumayuma- le señalo -¿me entendiste?- pregunto cuando finalmente termino de dar las explicaciones. El oso se llevo una pata al hocico e hizo un pequeño gruñido en señal de haber entendido.

Ahora con todo planeado, el canadiense decidió salir –hoy será un día largo- dijo feliz y esperanzado que tal vez y ese plan si funcionaria a como él deseaba –y si todo resulta, Francis por fin aceptara mis sentimientos- sonrió.

Eran las seis de la tarde y Matthew estaba terminando de llevar a cabo su plan, solamente necesitaba una cosa y esa era Francis –ven Kumogi, regresemos al hotel- le dijo a su oso quien se encontraba correteando palomas. Al llegar al hotel, el joven le pidió a la señorita que se comunicara a casa del francés y le avisara que Alfred Jones deseaba verlo en el parque Monceau a las siete de la noche del día siguiente. La joven apunto los datos dados por este y posteriormente los confirmo. Satisfecho, el canadiense se marcho a descansar, mañana seria un día pesado.

Mientras tanto, el francés se encontraba en su majestuosa casa ubicada cerca de Paris, con una copa del vino canadiense en una mano y el empaque en la otra –ese Mattheu, escribir un poema para mí- menciono mientras veía el contenido del texto, escrito en una perfecta caligrafía. Una de sus sirvientas, una joven vestida con un traje bien ceñido, se adentro a la habitación donde este se –Monsieur Bonnefoy, nos han informado que Alfred Jones se encuentra de visita en Paris y desea verlo mañana a las siete en el parque de Monceau-.

Al escuchar aquel mensaje, el francés dejo de beber su vino y cerro sus ojos –eso debe ser imposible, en estos momentos el se encuentra con mon amour Arthur viendo los preparativos para su enlace – comento –a menos que…- una sonrisa engreída nació de sus labios mientras sacaba conclusiones, posteriormente, le dio otro sorbo a su copa.

La mañana siguiente, el canadiense se levanto entusiasmado, nada podía salir mal y lleno de energía y positividad, empezó a caminar de un lado al otro de la habitación –se que hoy todo será magnifico- comento. Pronto, una llamada a su habitación le interrumpió -¿bueno?- contesto extrañado que alguien le llamara.

-¡Mattie, como te atreviste!- exclamo una voz chillona del otro lado de la línea -¡usurpaste mi identidad!-. Matthew se tenso y palideció al verse descubierto por su hermano –p…pu…puedo explicarlo- tartamudeo nervioso. Alfred del otro lado sonaba furioso -¡hazlo y que sea creíble!- le volvió a gritar.

El canadiense trago saliva –bu…bu….bueno, quería hacer algo para ganarme el corazón de France y… y…- no sabía como completar la frase.

-y fingiste ser yo…¿estás en Francia verdad?- le interrogo cambiando de tema.

-así es, ¿por qué?- le pregunto el menor. Del otro lado de la línea, se escucho la risilla de su hermano y como alguien le quitaba el teléfono –Matthew, soy England, ¿puedes bajar al lobby?- dijo ahora la voz del ingles. El chico se extraño por la petición, sin embargo, obedeció y después de despedirse y colgar, bajo al lobby; al estar en este, la feliz pareja lo recibió –tiempo sin verte bro- saludo el americano.

-h…ho…hola- saludo nervioso -¿Q…que hacen aquí?- pregunto. Arthur quien se encontraba siendo abrazado por el americano se separo y camino hacia el –venimos a entregarle una invitación a Francis para que asista a nuestro enlace - comento con una sonrisa –y bueno, queríamos hospedarnos en un lugar cerca de su casa y permanecer unos días de paso pero…-.

-pero resulta que ya había un Alfred Jones hospedado aquí- corto el verdadero Jones –y resulta que eras TU- comento riéndose. Matthew se sintió apenado por lo que había hecho –lo lamento bro- se disculpo. Alfred rio y abrazo a su hermano –no tienes nada de que disculparte Mattie, es mas, déjanos ayudarte- le suplico.

-sí, Alfred tiene razón, déjanos ayudarte- se unió el ingles a la charla –incluso, podemos hacerla de Cupido, ¿no es verdad Alfred?- comento sonriendo.

-lo seremos siempre y cuando esta noche uses ese conjunto de Angel Britania- respondió guiñándole el ojo. El ingles se sonrojo –idiota, eso no se dice a la luz pública- le cayó. Alfred se rio por el comentario de su chico de ojos verdes y sin importarle que hubieran presentes, lo beso. Matthew se sonrojo por lo que estaba presenciando, sin embargo, dejo que ese par desplegara todo su amor.

Horas más tarde, después de aquel evento, los tres idearon un nuevo plan, bueno, mas bien, rehicieron el plan inicial del amante del maple, incluyéndose en el –entonces ¿así quedamos?- pregunto el ingles mientras los hermanos observaban las ilustraciones que este había hecho –iggy, ¿me puedo quedar con tu dibujo?- pregunto el de gafas –lo deseo para las noches que no estés a mi lado- dijo el comentario al aire.

-¡absolutamente NO!- exclamo avergonzado el de ojos esmeraldas mientras le arrancaba de la mano la hoja con el plan a seguir. El de gafas hizo un puchero y alego un "me las pagaras" casi mudo.

Matthew ignorando a la pareja, se empezó a arreglar para la reunión con el francés. Después de que se arreglo, salió de la habitación ahora vestido en un traje color negro –les encargo a Kumigumi- dijo entregándole el oso a su hermano.

-no te preocupes bro, lo cuidaremos bien- respondió el americano con una gran sonrisa mientras sostenía en sus brazos Kumajirou quien parecía estar incomodo con alguien que no fuera su dueño. Ahora con todo listo, el canadiense se encamino al lugar donde se encontraría con el francés.

-es nuestro turno de actuar- dijo Arthur mientras seguía en otro auto al menor de los hermanos. Francis espero con ansias el ver la razón por la que el americano lo habia citado, algo le decía que aquello seria inolvidable. Poniéndose uno de sus mejores trajes color blanco y su mejor camisa semi abierta de seda color vino, empezó a tararear la marsellesa, posteriormente, tomo las llaves de su auto favorito, un Peugeot convertible color rojo y se encamino a la salida.

En el lugar indicado, un lugar hermosamente decorado para la ocasión la cual sería una cena, se encontraba el canadiense temblando de nervios, era su última carta y debía jugarla bien para poder ganarse el corazón del francés de una vez por todas.

-tu puedes bro- se escucho el susurro animador de su hermano quien se encontraba escondido entre los arbustos. Matthew asintió y agradeció con una sonrisa. Mientras tanto, Arthur empezaba a hacer los preparativos –esto está listo- comento mientras terminaba de darle los últimos toques a la cena -¿tú qué opinas Alfred?- le interrogo buscando una opinión ajena.

Alfred miro los platillos que el ingles preparo para la cena de su hermano, aquellos lucían menos quemados de lo usual, sin embargo, algo le decía que sabían peor de lo que aparentaban –se ve que te esforzaste- atino a decir, buscando no lastimar los sentimientos de su amado. Arthur esbozo una gran sonrisa y regreso a su deber mientras tarareaba feliz.

Francis por fin había llegado al parque donde sería su cita con Alfred, impaciente, estaciono el auto en una zona aledaña y se encamino a través del parte. La luz del sol empezaba a esfumarse y la oscuridad empezaba a inundar aquella zona boscosa -¿Por qué querrá verme en un parque?- se pregunto mientras continuaba internándose. Alanzado la mirada, logro vislumbrar a lo lejos, un pequeño sendero de linternas hechas de papel que al parecer le guiarían hacia el americano. Entusiasmado con la idea de lo que aquello le quería dar a entender, el francés rio inaudiblemente y avanzo hacia donde aquellas linternas le indicaban.

Entre más avanzaba entre aquel sendero luminoso, el francés se impacientaba cada vez más, no obstante, aquello no impidió que se deleitara con lo hermoso que el parque había sido mandado a decorar para la ocasión –ese amérique, debe ser algo importante para esforzarse en todo esto- comento para sí. Cuando el sendero termino, las luces se reunieron en un escenario tan hermosamente decorado como el sendero mismo. El paisaje era en sí, una mesa para dos, con una rosa roja en medio, dos sillas y tras la mesa, el fondo, grandes pilares de roca blanca hermosamente iluminados bajo la luz de la luna y de los faroles mismos; mas al fondo, un hermoso lago en donde la luna se reflejaba, mostrándose más llena y grande de lo normal -amérique!- exclamo a su anfitrión, sin embargo, al enfocar mejor su vista, se dio cuenta que no era el –Mattheu- susurro.

-Bonne nuit France- saludo tranquilamente el canadiense, ignorando el hecho que hacía unos segundos lo había confundido con su hermano –estaba esperándolo- le sonrió de forma gentil mientras se colocaba a la altura de este.

Francis rodo sus ojos y suspiro, hacía varios años desde que ese joven se le había declarado y al parecer aun no se daba por vencido –bonne nuit Canada- le regreso el saludo mientras se acomodaba el saco –¿Por qué usurpaste a ton frère?- le cuestiono sin siquiera mirarlo a los ojos.

-porque si no lo hacía, no vendrías- respondió un poco triste, al parecer el mayor se había cansado de su insistencia. Francis contemplo por algunos segundos la luna y posteriormente se giro, viendo la mesa colocada específicamente para ambos –bueno, no hay que desperdiciar la comida- comento mientras avanzaba hacia la mesa. Tras él, le siguió el canadiense quien intento comportarse de manera caballerosa y servicial –tome asiento Francis- dijo extendiéndole la silla. El francés le dio un ligero manotazo –no es necesario Mattheu- dijo sentándose finalmente en esta.

Alfred y Arthur miraban tras unos arbustos el transcurso de los eventos y por lo que podían observar es que el francés estaba un poco de mal humor –frog idiota- susurro el ingles un poco molesto por el comportamiento de su rival, era la primera vez que lo veía actuar de esa manera frente a alguien que se declaraba loco por él.

El canadiense al ver a su anfitrión esperando la comida, decidió irla a buscar detrás de los arbustos donde la pareja se encontraba escondida -¿ya está todo England?- pregunto nervioso. El de ojos esmeraldas asintió y le entrego dos platos –good luck- le deseo de corazón. Minutos más tarde, apareció de detrás de los arbustos con dos platos en una charola –lamento la tardanza- se disculpo mientras colocaba la comida en la diminuta mesa para dos. El francés observo de manera critica la comida –Mattheu, ¿tu cocinaste esto?- pregunto al ver lo poco apetitosa que se veía esta, era la primera vez que el canadiense hacia algo tan horrible a su parecer. Matthew alimento la mentira –claro que si- sonrió mientras terminaba de colocar los cubiertos.

Ahora los dos se encontraban viendo frente a frente, el silencio de la noche se hacía incomodo y el chico habia olvidado por completo todos los planes que habia trazado en compañía de su hermano y su futuro cuñado -¿y cómo has estado le pregunto al su acompañante.

-como siempre- contesto cortantemente el francés mientras se metia a la boca un trozo de carne quenada y la masticaba.

-je je si, tienes razón- rio nervioso el canadiense mientras cortaba un trozo de su carne. Tras aquel fugaz comentario, nuevamente quedaron en silencio. Del otro lado del arbusto, la pareja empezaba a molestarse –haz algo Mattie- insistía el de gafas. Matthew continuo comiendo su platillo, ignorando el hecho que la comida sabia pésimo, se encimo en sus pensamientos –tengo que impresionarlo- pensaba repetitivamente.

-Canada, ¿y el vino?- le interrogo el francés al ver que no había nada para pasar la comida. Rápidamente el chico salió de sus pensamientos y se disculpo, posteriormente fue a buscar la botella de vino que había dejado tras el arbusto.

-ten- dijo Arthur extendiéndole la botella de vino tinto –es del año de cosecha favorito de el- menciono con una sonrisa, el canadiense la tomo entre sus brazos –y algo mas, se tu mismo- le aconsejo.

El francés esperaba pacientemente su vino, no le gustaba comer sin el. Mientras el chico se encontraba buscándolo, el empezó a meditar la forma amable de decirle al canadiense que dejara de intentar conquistarlo. Al principio le había dado la pauta para hacerlo sin haber pensado que este cumpliría sus palabras y ahora, después de haber observado todos los intentos fallidos de este al intentar conquistarlo, ya empezaba a sentirse mal consigo mismo al dejar que el chico continuara con el juego que él empezó -¿Cuándo entenderás que lo limpio no se puede mezclar con lo sucio?- pensó para sí mientras jugaba con su vaso de vino vacio.

-perdón por la tardanza- la voz del menor lo saco de sus pensamientos –traje el vino- agrego mientras empezaba a destaparlo. Posteriormente le sirvió un poco en la copa –espero sea de tu agrado- susurro mientras se acomodaba en la silla.

Francis aspiro el aroma de la bebida la cual era demasiado fuerte –añejo seguramente- pensó mientras sorbía un poco de este. El fuerte sabor de este inundo todo su paladar –muy bueno- comento satisfecho con el sabor -¿de qué año es la cosecha?- pregunto curioso ya que el sabor era demasiado destacado para ser reciente. Rápidamente el menor acerco la botella y empezó a buscar la etiqueta –n…no tiene- dijo al no encontrarla -perdón-.

-no importa- corto el mayor, volviendo darle un sorbo a la bebida. Minutos más tarde, después de aquella escena, llego la hora del postre y el canadiense aun no lograba hacer click con su invitado –hice un tiramisú especialmente para la ocasión- dijo entregándole un platito con aquel exquisito postre. El mayor observo detenidamente la apariencia –nada mal- dijo en un tono suave. Los ojos del canadiense se iluminaron por el comentario del de ojos azules y rápidamente tomo asiento. En silencio, ambos rubios empezaron a comer el postre –debo confesar que estoy impresionado Mattheu, hacer todo esto por tu cuenta solo para llegar a mi corazón, es una gran hazaña- comento antes de meterse la última porción del postre que quedaba.

-me halagan tus palabras- agradeció el menor quien ni siquiera había probado el postre –sabes que nada es lo absolutamente grande o difícil para llegar a tu corazón France- dijo con dulzón en sus palabras. El francés las ignoro y termino de comer su postre –es hora de irse- dijo levantándose de la silla, la cena había finalizado y el no tenía nada que hacer ya ahí. Rápidamente el chico de gafas lo detuvo -¿no quisieras platicar?- le pregunto intentando hacer tiempo para que el mayor viera los fuegos artificiales que había mandado a hacer -y…ya s…sa….sabes, chismes- dijo lo primero que se le ocurrió.

-¿chismes?- repitió confuso el francés, ¿acaso le vio cara de vieja chismosa? -¿Cómo cuales?- pregunto interesado. Matthew aprovecho que había llamado la atención del mayor –siéntate, te puedo contar varios- contesto mientras pensaba que podía decirle. El de cabellos semi largos accedió a la propuesta y regresando a su lugar, espero atento a lo que el otro le diría -¿y bien?- pregunto.

Matthew empezó a rodar los ojos mientras intentaba recordar algún comentario de relevancia durante los últimos meses y que no tuviera nada que ver en un interés romántico hacia el francés –s…sa…sabias que…- aun seguía inventando. Pronto, su mirada se desvió hacia los arbustos, ahí, su hermano se auto señalo, dándole a entender que hablara de él, o eso quería pensar –sobre el enlace de mi hermano con England…- finalmente dijo.

Francis hizo una mueca de molestia, aun le desagradaban los comentarios que tuvieran que ver con su viejo amor no correspondido -¿Qué tiene?- pregunto apáticamente. Matthew empezó a jugar con sus dedos debido a los nervios –b…bu…bueno, ellos pr…pronto se van a unir- dijo sin mirar a los ojos al mayor.

-eso ya lo sé- respondió el francés -¿era todo?- volvió a preguntar. Matthew negó con la cabeza de forma débil –m…me p…pre…pregunto si t…tu qui…quisieras i…ir conmigo al evento- dijo de forma entrecortada, le costaba pedirle aquello.

-non merci- suspiro el mayor al tiempo que se levantaba de la silla –gracias por la velada petit- dijo con el mismo tono monótono. El chico guardo silencio, su último intento y había sido un fracaso y ya no tenía más oportunidades –de nada- contesto abatido.

Arthur ardía de molestia al haber visto como su rival se comporto de manera cortante con el canadiense -¡ya verá ese wine bastard!- exclamo mientras se dirigía hacia donde este se había encaminado. Alfred al ver como su pareja se alejaba, decidió ir a consolar a su hermano -¿te encuentras bien bro?- le pregunto inocentemente. El canadiense negó con la cabeza baja, intentando ocultar el rostro de decepción que traía en esos instantes –falle Al- susurro triste. El mayor negó con la cabeza y se inclino, abrazándolo –no fallaste Mattie- le contradijo de manera dulce –es solo que…. Francis es difícil de conquistar- le mintió, sabía perfectamente que ese sujeto era muy fácil de conquistar. Kumajirou observo a su amo y al hermano de su amo, posteriormente, camino hacia los pilares y se sentó a esperar la hora de los fuegos artificiales que habían programado, en su interior, también se lamento por lo que había ocurrido, además, no pudo hacer su actuación estelar.

Francis caminaba de regreso a su convertible, por dentro, le carcomía el dolor que le había infringido a su pequeño canadiense. Si bien el sentía aunque sea un leve sentimiento de amor hacia él, no podía darse el lujo de amarlo, no, sabiendo que aun no podía superar lo suyo con Arthur, además, se conocía perfectamente, tarde o temprano terminaría haciéndolo sufrir. El estaba manchado por un pasado lleno de aventuras y amoríos sin sentar cabeza jamás, llegándose a auto engañar diciendo que él era un ser impuro que no merecía estar con nadie más que otros de su misma calaña.

-you bloody fucking bastard!- se escucho el grito furioso en un marcado acento ingles. El francés se giro levemente mientras abría sus ojos para ver de quien se trataba. No había girado completamente cuando fue recibido por un fuerte puñetazo en su mejilla izquierda. Con la mejilla roja y el labio partido, Francis observo por fin a su agresor quien no era ni nada más ni nada menos que el ingles -¿Por qué lo hiciste?- le pregunto molesto. Arthur lo miro con odio mientras cruzaba ambos brazos –eso deberías saberlo tu bloody frog- comento fríamente.

-no, realmente no- contesto confuso el mayor mientras se limpiaba la poca sangre que había brotado de su labio. El de ojos esmeraldas aun mostraba su semblante serio y lleno de ira –como te atreviste- dijo fría y cruelmente -¿porque lo rechazaste de esa forma?- le interrogo –presumes ser el país del amor pero realmente eres una shit- dijo esto último con un tono despectivo en sus palabras.

-era por su bien- objeto mientras desviaba su mirada –no merece estar con alguien como yo, prefiero mil veces que me odie y me mire con otros ojos a que insista y se haga daño- confeso.

-awww el wine bastard tiene sentimientos- dijo burlonamente el ingles mientras intentaba hacer una cara de tristeza –Francis, eres un idiota- comento en un suspiro, posteriormente avanzo un poco más, quedando de frente a este -¿acaso no has aprendido de mi experiencia?- le interrogo con ojos severos –estás haciendo lo mismo que Alfred y yo hicimos-. Los ojos del francés se abrieron de sobremanera al escuchar lo que su viejo amor le decía, sin embargo, guardo silencio, atendiendo lo que este le tenía que expresar –no rehúyas a los sentimientos que Matthew quiere brindarte. Sé que no eres el mejor hombre del mundo, cada noche te acuestas con una persona diferente y amaneces con otra mucho mas diferente, sin embargo, el te acepta tal y como eres, no te pone trabas, no te pide nada, simplemente busca que le correspondas a sus sentimientos, sentimientos únicos y puros que no obtendrás de ninguna otra persona- las palabras del ingles fueron suaves y serenas, realmente aquello lo sentía de corazón –Francis, es hora que olvides el pasado y empieces a caminar hacia el futuro, no pido que olvides mi amor hacia mi así como yo no olvidare lo que llegaste a significar en mi vida, pero, porque te estimo, deseo que seas feliz, no quiero verte vagando siglos en completa soledad, quiero que experimentes la alegría de dormirte y levantarte al día siguiente con la misma persona, esa que tanto te ama a tu lado…- no pudo seguir explicándose más, las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos, realmente todo aquello le salía del corazón.

-angleterre yo…- intento interrumpirlo al darse cuenta que este se encontraba llorando, no obstante, se guardo lo que quería decir. Por varios minutos el silencio reino en la escena, a veces cortado por los pequeños sollozos del menor. Francis decidió consolarlo, atrayéndolo a su lado -¿Por qué lloras mon ami?- le pregunto gentilmente. Arthur se limpiaba frenéticamente sus lagrimas –por ti, porque no puedo soportar que tú te auto flageles al apartarte de Matthew-. El mayor cerro sus ojos, frente al ingles, el era como un libro abierto, no podía esconderle nada –pero… ¿y si le hago daño?- le pregunto.

Arthur dejo de limpiarse las lagrimas y aun con sus ojos acuosos, miro de frente a su amigo –no lo harás, porque Alfred y yo estaremos ahí para impedir que lo hagas- hablo confiado –incluso si tengo que espantarte a las chicas con las que planeas tener fiesta bacanal, yo cuidare de ti y la felicidad de ambos- hablo firmemente mientras una sonrisa brotaba de sus labios. Francis le correspondió a la sonrisa, incluso el pequeño ingles en esos momentos le hacía sentir dichoso y feliz. De pronto, la escena se corto por el sonido proveniente del cielo además que este, se empezaba a iluminar de diversos colores.

Ambos rubios fijaron su mirada al cielo nocturno, admirando los fuegos artificiales, muchos de ellos, con figuras de aspecto infantil y graciosas –esto fue obra de Mattheu- dijo al aire mientras seguía embelesado con lo que observaba. Las figuras seguían adornando el cielo nocturno y con ellas, pequeñas tipo fotografías de los momentos felices entre él y el canadiense. Sin darse cuenta, pequeñas lagrimas empezaron a brotar de sus ojos -ten- Arthur le extendió un pañuelo para que secara sus lagrimas. Francis tomo el pañuelo y lo estrujo fuertemente –creo que, después de todo, puedo intentarlo…. Lo mío con Mattheu…- susurro mientras limpiaba las finas gotas de agua que surcaban su rostro.

Mientras tanto, Alfred y Matthew observaban sentados en la mesa el espectáculo de fuegos artificiales –sabes bro- dijo Alfred sin apartar la vista del cielo nocturno –no importa lo que suceda de aquí en adelante, sabes que puedes contar conmigo- aquello ultimo fue dicho de forma gentil y con una sonrisa. Matthew cerró sus ojos y dejo salir una sonrisa de sus labios –merci Al- agradeció, sintiéndose la mejor persona del planeta y, sabiendo que tenía el mejor hermano del mundo.

Cuando los fuegos artificiales terminaron, Arthur y Francis regresaron, ambos con una sonrisa en los labios –Alfred, vámonos, regresemos al hotel- ordeno el de ojos esmeraldas al tiempo que lo tomaba de una mano. El de gafas sonrió por lo posesivo que estaba actuando su pareja –nos vemos mañana bro- se despidió antes de abandonar la escena junto a su ingles. Ahora, Francis y Matthew se habían quedado completamente solos, ni siquiera había rastros de Kumajirou quien misteriosamente desapareció –H…ho…hola- saludo tímidamente el menor.

-hola- respondió el francés al saludo –angleterre y yo tuvimos una larga charla- comento de forma casual, iniciando el la conversación. Matthew contrajo los labios, mordiéndolos -¿enserio?- pregunto intentando no sonar muy entusiasmado. El mayor sonrió –oui y he decidido que ya es hora de dejarnos de jueguitos- cerro sus ojos y sonrió por lo último que dijo, como si hubiese recordado algo irónico de su vida. El canadiense bajo su cabeza, seguramente el había venido a rematarlo en el rechazo –el papel de chica en la relación realmente no va conmigo y a ti no te va el papel de conquistador mon petit- dijo divertido -¿Por qué no cambiamos papeles?- ofreció con una sonrisa. Los ojos de chico amante del maple se contrajeron al escuchar eso ultimo, no esperaba que el francés le llegase a decir eso -¿l..lo... lo di…dices enserio?- pregunto inseguro. Francis aun con su sonrisa en los labios, tomo al menor del mentón y le levanto el rostro para que lo mirara fijamente –nunca miento mon amour- asevero. Por primera vez en su vida, el canadiense sintió un sentimiento mucho más fuerte que el amor, la alegría y cualquier otro relacionado; una sonrisa nació en sus labios y todas las preguntas y dudas que tenia sobre el comentario del francés se desvanecieron.

Kumajirou quien había permanecido escondido de ambos, al verlos en una escena casi de película, decidió que era turno de su papel estelar y corriendo lo mas que podía, fue directo a empujar al francés, provocando que este se acercara a su amo, dejándolos a escasos milímetros uno del otro. Avergonzado, el canadiense agradeció en sus adentros la acción que su mascota acababa de hacer e importándole lo último que el francés le había dicho sobre el no querer ser la mujer de la relación, tomo las riendas de la situación y sobre todo, de sus sentimientos. Posesivamente tomo al francés del cuello y lo atrajo hacia sus labios, sellándolos. Francis sintió la adrenalina recorrer por todo su organismo –así que esto es lo que sienten los ukes- pensó mientras profundizaba aquel contacto. Tras los arbustos, a lo lejos, Alfred y Arthur observaban como finalmente ese par caía en las redes del amor –bien hecho bro- susurro el de gafas al ver como este hacia el papel de seme –ser activo es de familia- agrego. El ingles suspiro debido al comentario de su pareja –pero que dices Al, si a ti te encanta ser uke- soltó el comentario al aire, provocando que este se sonrojara –¡n…no es cierto!- exclamo no muy fuerte el de gafas –solo fue en esa ocasión y ya- agrego con su rostro teñido en rojo. Arthur se rio por lo lindo que lucía su pareja –lo que tu digas darling- se limito a contestar.

Meses más tarde, el francés y el canadiense entraron juntos y tomados de la mano al evento donde Arthur y Alfred unirían sus países. La feliz pareja iba vestida de blanco y bien peinada; sonrientes, dieron sus votos y juraron que nunca dejarían que nada les separara –que lindo- comento el canadiense con un tono de ilusión en sus palabras. Francis apretó más fuerte la mano de su pareja –no Matthew- le contradijo –angletere y amérique no son lindos, nosotros si- aseguro con una sonrisa presumida en sus labios. El menor sonrió lo por el comentario tan ególatra de su pareja y posteriormente, se arrimo sobre el hombro de este –France, ¿eres feliz?- le pregunto mirándolo a los ojos.

-más que nunca mon amour- le respondió en un susurro mientras acercaba su rostro al del menor y lo besaba gentilmente –más que nunca- repitió en sus pensamientos, agradeciéndole al ingles que le haya abierto los ojos.

FIN


Nota: si desean saber como era el parque donde tuvieron la cena Matthew y Francis, este es : http: / www. mundocity. com/ europa/ paris/ monceau. html

Bueno, mil disculpas, aun no tengo el final FRUK, creanme, he intentado escribirlo pero no me sale, en cierto punto me quedo trabada y bueno, anoche lo termine en la madrugada pero, hoy leyendo la actualizacion de un fanfic, me di cuenta que... era identico al final que escribi y aquell no me agrado para nada, asi que volvere a rehacerlo. Ademas, he intentado inspirarme viendo historias y videos FRUK, pero por alguna extraña razon, todos son taaan agresivos y sin darme cuenta, despues de no se cuantos videos, termino viendo USUK x.x.

En fin, les prometo que la semana que viene tendran su FRUK si no, sera hasta la que le sigue ... adiositooo :). Ha si, finalmente, el capi se lo dedico a un amigo xD, si es que llega a leer hasta aqui jajaja.